Disclaimer: Quiero aclararles que, como todos sabemos, los personajes, lugares y el mundo maravilloso de magos sobre los que trata mi historia no son producto alguno de mi imaginación! Harry Potter es producto de JKR.
Buenas noches a todos/as! Cómo están? Sé que he actualizado un poco tarde, y seguro van a reprocharme por eso (y acepto que tengo toda la culpa), pero he tenido algunos inconvenientes, y recién hace unas horas pude agarrar mi pc como es debido para editar el capítulo (porque, les cuento que antes de publicar un capítulo doy varias vueltas hasta dejarlo como realmente me gusta). Y, bueno, manías de cada uno, qué más podré decirles! Espero que les guste!
Gracias a todos los que me siguen leyendo! Muchas pero muchas gracias! Y gracias a los que me han dejado un comentario, me siento muy feliz cuando cada vez que veo algún review nuevo, por lo menos a alguien gusta mi historia!
Gracias a Ryro, Dani y Graypussycat!
Euge: me mataste con lo de león arrepentido, fue muy gracioso! Aunque hasta muy el final no se sabrá lo que realmente sucedió con ese león que no fue león, te dejo con la intriga, besitos, y espero saber de vos ;)
Yo (me gustaría saber tu nombre!): Gracias por desesperarte por mí, es un honor! Y pronto subiré el siguiente, así que no desesperéis tanto, jaja.
Alissa-2012: Exactamente pienso lo mismo que vos! Estoy preparando un Ginny/Draco, pero es mucho más elaborado (por el peso que ya llevan estos personajes), así que quisiera tenerlo un poco más cocinado antes de subirlo. Espero que igualmente este Lily/Sorp sea de tu agrado :D
Candelaria: Gracias muchas gracias por decirme que escribo bien! Me sentí muy feliz! En cuanto a la historia, es cierto, JKR no ha desarrollado mucho, y por eso me da más facilidad para jugar con todo. Espero que lo que continúe te guste también! :)
Y hasta aquí llegué! El próximo capítulo será antes del 23 de Octubre (y esta vez sí cumpliré porque ya está prácticamente editado). Saludos y nos leemos prontísimo!
Scorpius & Lily
Capítulo 6: Es hora de dejar ese título atrás.
Tres días habían transcurrido ya desde el comienzo de las clases. La Cena de Selección había pasado también y, con ella, el nerviosismo y la exaltación constantes que habían perseguido a Lily durante varias semanas. Hugo había quedado en Gryffindor, al igual que ella, con la única diferencia principal de que, con él, el Sombrero sólo tardó una milésima de segundo en gritar su casa. Pero, no era un tema que a Lily le gustara tratar. Cada uno de los miembros de su familia, especialmente su hermano James, intentaban sacarle algún comentario sobre el por qué de que el Sombrero tardara varios minutos en ubicarla en alguna casa, a lo que ella se limitaba a comentar: "¿en serio fue tanto?", o "estás exagerando, sólo estuvo comentando algunas cosas sin sentido, y luego dijo que era una Gryffindor, sin ninguna duda", o "me hizo un relato del parecido que tengo con papá, nada más, tal vez se extendió un poco". Pero, cuando respondía con alguna de estas frases, todos volvían a preguntar qué era lo que había dicho el Sombrero, y ella respondía, poniendo cara de concentración, como intentando recordar algo que realmente no estaba ahí: "sinceramente, no recuerdo, seguro fueron los nervios".
Muchos, como Rose, Albus, Louis, Fred, Roxanne y Hugo, quieres eran con los que Lily más compartía horas en su tiempo libre (con el único que compartía todas las horas de clase era con Hugo), se habían olvidado ya del tema, o sólo lo comentaban al pasar, sin darle más importancia de la necesaria, ya que creían en la palabra de Lily. Quienes estaban increíblemente insoportables con el tema, eran James y Matt (este último parecía tener una muy desarrollada habilidad, según Lily, y aquella era repetir lo que su las estupideces que su hermano decía). Cada vez que la veían, tenía que sobrevivir al caudal de hipótesis que los dos desarrollaban acerca del motivo del que Lily no fuera seleccionada al instante a Gryffindor, como había sucedido con Hugo. Para James, su pequeña hermana no estaba siendo completamente sincera con ellos y, si bien Lily sabía que no se equivocaba en lo más mínimo, no se lo diría nunca, bajo ningún concepto.
El comienzo de las clases era algo de lo que Lily más había disfrutado. Había cursado ya la mayoría de las materias, algunas como Transformaciones, la cual era dictada por Susan Bones, quien era conocida por sus padres y tíos, ya que había ingresado en el mismo año que ellos a Hogwarts; Historia de la Magia, con el profesor Binns, quien como fantasma seguía impartiendo clases (Albus le había advertido de lo aburrida que era aquella materia, especialmente cuando explicaba con sumo detalle la historia de la sublevación de los duendes, año tras año. Y, luego de cursarla, Lily se encontró en acuerdo con su hermano, algo que Rose había desaprobado diciendo que, más allá de todo, "es importante el conocimiento del pasado, y la comprensión de la historia, porque es un hecho que todos formamos parte de ésta"); Astronomía, con la profesora Sinistra, quien ya se encontraba bastante avanzada en edad, teniendo en cuenta que también había sido profesora cuando sus padres asistían al colegio, por lo que se irritaba hasta con el vuelo de un mosquito y, por lo tanto, sus clases resultaban un poco violentas; Encantamientos, con el profesor Flitwick, un hombrecito narigón un tanto bajito, quien había admirado, en las únicas dos horas seguidas de clase que habían tenido hasta ahora, la asombrosa habilidad de Lily para la materia, algo de lo que ella misma también se había dado cuenta, ya que había logrado realizar el encantamiento Wingardium Leviosa de manera perfecta en tan sólo un intento; y, por último, había cursado la materia preferida de su padre, Defensa Contra las Artes Oscuras, la cual se convertiría también, para Lily, en su predilecta, porque había resultado ser especialmente buena en ésta, y porque era dictada por Lee Jordan, un gran amigo de su tío George y de su difunto tío Fred, muy bromista y alegre como ellos y, aunque habían pasado los años, su personalidad no había cambiado, haciendo de las clases una de las más divertidas y llevaderas de todo Hogwarts.
Aquella mañana del jueves, Lily se había levantado más temprano que de costumbre. Su habitación aún estaba en penumbras, así que supuso que todavía no había llegado el amanecer. Observó las camas de sus compañeras de cuarto para ver si notaba algún movimiento, pero todas se encontraban plácidamente dormidas. Lily había tenido mucha suerte con las compañeras que le tocaron para el resto de sus años, ya que todas resultaron ser alegres, simpáticas y muy divertidas. Una de ellas se llamaba Marie Lauper, de cabellos marrón claro, lacios y brillantes, que llegaban hasta el hombro, y ojos oscuros y saltones. Sus padres eran muggles, y lo que más le había causado desconcierto a Lily al conocerla era que, a pesar de saber muy poco sobre el mundo de magos del que formaría parte por el resto de su vida, tenía bien en claro quien había sido Harry Potter.
-Soy Lily-, se había presentado hacía tres noches, luego de la Cena de Bienvenida, cuando fueron todos los alumnos de primero a conocer la Torre de Gryffindor y sus respectivos cuartos. -Lily Potter.
Al escucharla, Marie prácticamente había palidecido hasta el punto de la transparencia y abierto la boca en un círculo gigante, sin poder emitir sonido alguno. Cuando se recuperó de la sorpresa, varios minutos después, sólo pudo acotar: -¿La hija de salvador del mundo mágico? ¿Harry Potter?
-Eh…-, Lily no se esperaba aquella respuesta de una chica que había sido criada en otro mundo. Si bien sabía que todo mago conocía a su padre y la historia que lo rodeaba, no esperaba que ella, como hija de muggles, también estuviera tan enterada. Pero, por lo visto, estaba completamente equivocada. -Sí. Harry Potter es mi papá-, respondió un tanto incómoda por la mirada que le devolvía aquella chica.
-¿Es verdad todo acerca de él?- había dicho la susodicha acercándose a Lily un poco más, para que sólo ella la escuchara. -¿Es verdad que sobrevivió dos veces a la muerte?-. Había hablado tan suavemente que Lily se preguntó si creía que aquel tema de conversación estaba prohibido.
-Eh…-, otra vez no sabía que responder, principalmente porque tenía conocimiento de que a su padre no le gustaba para nada que dijeran que había sobrevivido a la muerte. Si bien era prácticamente así, él siempre se ocupada de explicar los por qué, y esclarecer los hechos, para que no lo creyeran inmortal ni nada por el estilo, como solía suceder. -No lo diría tan así…
-¡No puedo creerlo!-, la había cortado con una exclamación bastante audible, y Lily pensó tenía la voz un tanto chillona, pero que no llegaba a ser molesta. Luego de aquel intercambio de palabras que a Lily le había resultado muy extraño, Marie comenzó a contarle que, luego de recibir la carta de Hogwarts, sus padres se habían conmocionado tanto por el descubrimiento que decidieron averiguar de qué se trataba aquel mundo, y lo que descubrieron aún los impresionó más. Compraron varios libros de historia en su primer paseo por el Callejón Diagon, y en casi todos hablaba sobre "el niño que sobrevivió" y la lucha contra el Señor Tenebroso, y luego de leer y leer sobre el tema, habían quedado tan admirados que decidieron que su hija debía formar parte de aquel mundo lleno de magia.
Otra de sus compañeras era Anne Sweeney, bastante bajita y rellenita, con rizos de color negro que hacían resaltar sus ojos, de un tono celeste extremadamente claro, que casi se confundían con blanco. Anne, como hija de magos, la había reconocido al instante, y lo que más le gustó de ella era que, en vez de exclamar todas las hazañas de su padre de principio a fin, sólo se había limitado a sonreírle de forma cómplice, y decirle con un guiño en el ojo: -Debe costar un poco ser la hija menor de Harry Potter, ¿no?
-No sé si costar es la palabra correcta-, le había respondido Lily, moviendo la mano como restándole importancia. -Es complicado aguantar el que todos hablen de cosas que ya conozco de memoria, pero te acostumbras, con el tiempo, y con paciencia.
-No te preocupes-, aseguró Anne dándole un abrazo amistoso. Y, con una mirada sincera en el rostro, añadió: -para mí serás Lily. Hasta yo me agoté de escuchar la historia de tu padre, y también la tengo memorizada. Así que mejor será que hablemos de cosas más divertidas, ¿no crees?-. Y, luego, como si se conocieran desde hacía años, comenzaron a comentar acerca de sus vacaciones y de qué esperaba cada una para el inicio de las clases.
Eva McLaggen era el nombre de otra de sus compañeras de cuarto. Era una chica alta y muy delgada que llevaba su pelo color miel hasta más allá de su cintura. También hija de muggles, era tímida y bastante callada, por lo que no había cruzado muchas palabras con Lily, suponía que porque aún se sentía un poco indecisa y turbada con su nuevo estilo de vida. Cuanto entró en la habitación, luego de que Lily, Marie y Anne ya estuvieran acomodadas en sus respectivas camas (las cuales llevaban el nombre tallado en color dorado de cada una de ellas, en los altos respaldos de madera oscura), sólo dijo con voz suave un "hola", al que todas respondieron con saludos y preguntas de su nombre, de dónde venía, y de cómo se sentía, pero la chica se había limitado a contestas con simples monosílabos, así que decidieron no incomodarla más de lo que se notaba que estaba.
Su última compañera de cuarto era Irina Macmillan, a quien Lily ya conocía porque era la hija menor de Ernie Macmillan, quien había asistido a Hogwarts durante los mismos años que sus padres y tíos, y porque además trabajaba actualmente con su tía Hermione en el ministerio. Al verla ingresar al cuarto, Lily la había saludado muy contenta diciéndole que no recordaba que empezaría su primer año, e Irene le había respondido animadamente el saludo, afirmando que se sentía feliz al saber que compartiría con ella la misma habitación durante muchos años.
-¡Hugo también comienza primer año!-, le contó Lily. -Y quedó en Gryffindor, ¡al igual que nosotras!
-¡Lo sabía!-, le respondió Irene con un movimiento de la cabeza. -¡Los he visto a ambos en el momento de la selección!
-¡Claro!-, comprendió Lily. -A ti te llamaron antes que a nosotros-, y acotó como si fuera un secreto: -La verdad estaba tan nerviosa que no recuerdo nada.
-¡Es entendible!- dijo Irene y, como queriendo sacar a colación el tema, añadió: -Si el Sombrero hubiese tardado tanto conmigo estaría en este momento en la enfermería.
-Sólo me habló de mi padre, y otras tonterías-. Lily esperaba que le creyera. Y pensó que seguramente lo hizo, porque instantes después había cambiado de tema, preguntándole por James, Albus y sus primos, a quienes también conocía.
Lily había despertado tan temprano ese día, que se quedó dando vueltas en la cama, pensando. ¿En qué pensaba realmente? Ni ella podía decirlo. Su cerebro divagaba entre todo lo que había sucedido aquella vez en el Expreso, cuando se cruzó a Malfoy en el vagón de los baños. Su principal cuestionamiento era qué habría pasado si Parkinson (quien ya se había ganado el desprecio de Lily) no llegaba en el momento en que ella se había girado para enfrentar a Scorpius. Y, podría jurar (tal vez no por su vida, pero sí estaba segura casi al ciento por ciento) que él iba a decirle algo, tal vez no lo que ella esperaba, tal vez sólo iba a decir "permiso, necesito pasar al baño". Pero, era algo, al fin de cuentas.
Y por eso Lily se encontraba bastante embroncada. Todos y cada uno de sus intentos por acercarse a Scorpius habían resultado un fracaso. Siempre alguien los interrumpía, y Lily así nunca podría saber si Malfoy la odiaba o no por ser hermana de James. Y, de esta forma, siempre llegaba al mismo dilema: si Malfoy pensaría en todos los Potter como una familia de insufribles, o no le interesaría nada de ellos, como había asegurado una vez Rose, y como él mismo había afirmado frente a Parkinson y frente a ella misma, aquel día. No me interesa. No me interesa. No me interesa. Su grave y refinada voz parecía repetirse en sus oídos constantemente.
Se levantó de la cama cuando notó los primeros rayos del sol asomar por la ventana. Miró a través de ella, y sintió como la luminosidad llenaba sus poros. Algo que realmente amaba era disfrutar del amanecer, tal vez era su momento preferido del día, ya que sentía que la tranquilidad y serenidad de la noche se extendía hasta la llegada de la mañana, para acompañar su claridad. Se vistió rápidamente, con su uniforme con la insignia de Gryffindor y bajó a la Sala Común. Era una sala muy espaciosa, repleta de mesitas ratonas y sillones mullidos de color rojo escarlata. Las paredes estaban adornadas con ventanales altos cargadas de cortinas pesadas de color dorado, menos una de ellas, que estaba ocupada en toda su plenitud por una chimenea de grandes proporciones, en donde ardía un fuego pequeño, dado que aún el frío no había llegado a los terrenos del colegio. Había, por aquí y por allá, estatuas pequeñas y cuadros que representaban a leones, el símbolo característico de la casa.
-¡Lily!-, su prima Rose la había llamado por detrás, por lo que la hizo saltar del susto, ya que pensaba que se encontraba sola a esa hora de la mañana.
-¡Por Merlín, Rose!- le dijo con el ceño fruncido. -¿Estabas escondida o qué?
-No, sólo me levanto temprano todas las mañanas- respondió tomando su bolso, que se encontraba sobre una mesita, cerca de la chimenea. -Me gusta desayunar con tiempo para luego repasar los temas de la materias que tengo cada día-, le explicó como si levantase a leer a las siete de la mañana fuera lo más normal del mundo. -¿Vienes conmigo?
Lily se sonrió a sí misma y negó con la cabeza, Rose era exactamente como su padre había dicho que era su tía Hermione, "un adicta a los libros y al estudio". -Sí, te acompaño- respondió tomando también sus pertenencias, las cuales parecían mucho menores que las de su prima, a quien el bolso le iba a explotar en cualquier instante. -Pero no pienso repasar para ninguna materia- le aclaró, sabiendo que Rose se ponía la mayoría de las veces bastante exigente con los demás, especialmente si se encontraban cerca de ella cuando estaba estudiando.
Rose le dio un suave golpe en el hombro, cuando estaban saliendo de la sala. -¡No iba a decirte nada a ti! Sólo presiono un poco…- ¿un poco?, pensó Lily, - ...a James, y Louis y alguno que otro más, pero porque la mayoría vive para perder el tiempo-, dijo como si fuera una realidad indiscutible. -Albus, en cambio, es un poco más aplicado.
Cuando llegaron al Gran Comedor, este se encontraba prácticamente vacío. Sólo había algunos alumnos de Slytherin y de Ravenclaw, pero Lily no divisó ninguna cabellera platinada. Todas las mañanas intentaba verlo, al menos mirarlo unos segundos. No era su intención observarlo detenidamente ni hacer una escultura de Malfoy, pero su curiosidad, ahora que estaba en Hogwarts, había aumentado a pasos considerables. O mucho más que considerables, si tenía en cuenta que la situación de ser una Potter interesada en una Malfoy, no era para nada favorable. Se sentó con Rose en la mesa de Gryffindor, y ambas comenzaron a servirse el desayuno. Lily tomó un poco de leche con chocolate y unas tostadas con dulce de fruta.
-¿Cuántas asignaturas estás tomando, Rose?-, le preguntó Lily a su prima, al notar la cantidad de libros que sacaba de su bolso. Si debía repasar de todos esos libros para las clases que tendría hoy, imaginó que debía estar cursando más de que las debería.
La aludida la miró entre su pelo todo alborotado y, retirándoselo del rostro con un gesto de fastidio, le respondió: -Mmm… Todas, menos Adivinación.
-¿Todas?- Lily cuestionó a su prima sin comprender, mordiendo un pedazo de su tostada con dulce. -¿Cuántas son todas?
-Unas…- Rose pensó unos segundos, contando las materias que estaba cursando con los dedos de las dos manos, y tres, si tuviera, notó Lily, - …once. Sí, once.
-¿Once?-, repitió como si no hubiese escuchado bien lo que decía. -¡Pero, Rose, Albus dijo que en tercero tiene que cursar nueve asignaturas!
-No, no, no- aclaró con un movimiento de su cabeza y una sonrisa de suficiencia. -Como mínimo nueve. Podemos elegir todas las asignaturas optativas que queramos.
-¿Y tú las elegiste todas?- exclamó Lily sin poder creer lo que decía su prima. Si bien todos sabían que era el vivo reflejo de su madre, tanto física como cerebralmente, no creía que nadie fuera tan tonto como para perder todo el tiempo libre en cursar once asignaturas, sólo porque le pareciera productivo estudiar.
-Todas, menos Adivinación- repitió alegremente Rose.
-Mamá dice que es una pérdida de tiempo estudiar algo que no puede ser comprobado con hechos científicos-, acotó Hugo que recién llegaba a la mesa para el desayuno.
-Mamá tiene razón, Hugo- puntualizó Rose. -Es una especialidad completamente inexacta y sin fundamentos.
-¿Y yo qué dije?- le respondió su hermano, con cara de burla. Tomó una porción de tarta de ciruela, y luego se dirigió a Lily: -¿Con qué comenzamos hoy?
-Hoy tenemos primero clase con Neville- le respondió sonrientemente Lily. Había esperado mucho esa clase, principalmente porque conocía la personalidad del amigo de sus padres, y sabía que se la pasaría muy bien, además de que lo consideraba prácticamente como si fuera su tío. -Luego tenemos Defensa contra las Artes Oscuras, Pociones e Historia de la Magia-, completó.
-Uh…- Hugo puso los ojos en blanco, -¿no hay descanso?
Lily negó con la cabeza. -Es el único día de la semana que no tenemos hora de descanso.
Al terminar de decir aquellas palabras, Lily miró a la entrada del Gran Salón, en donde varios estudiantes se reunían apretujados frente a una escena que ellos no podían observar. Hugo y Rose también se giraron al escuchar el alboroto e, inmediatamente, su prima se puso de pie y caminó firmemente hacia donde se encontraban todos. "Juro que es James", escuchó decir a ésta mientras se alejaba. Así que, de un brinco, Lily se dispuso a seguir a su prima sin perderse de nada. Pero, la escena que encontró al llegar al sitio en cuestión, no le agradó en absoluto.
En el hall de entrada, se encontraba James en disputa con Malfoy. Scorpius… Lily observó todo con indignación. Detrás de James, Matt y Fred miraban al Slytherin con cara de odio y repulsión. Rose, inmediatamente, fue hacia donde estaban Albus y Louis, y Lily vio que ambos le contaban algo apresuradamente, mientras ésta ponía los ojos en blanco y negaba con ambas manos, como intentando explicar algo. Lily, mientras su hermano decía cosas que para ella eran inentendibles, se concentró en Scorpius, quien miraba a James con un claro gesto de desdén, aunque su semblante era serio, y no perdía esa elegancia tan propia de él.
-Ya te dije, Potter- escuchaba que Scorpius le respondía. ¿De qué lo estaría acusando?, se preguntó Lily inmediatamente. -No me interesa-. Su voz sonaba grave, y arrastraba las palabras más de como acostumbraba, como si intentara controlarse.
-Yo te avisé, Malfoy-. Le respondió James, escupiendo cara palabra con malicia. -Te acercas a mi hermana, y sufres las consecuencias.
¡QUÉ! Por Merlín, ¿qué cosa dijo?, Lily imaginó que no había escuchado bien. Sí, eso tenía que ser. ¿Acercarse a mí? ¿James enloqueció repentinamente que piensa que Malfoy se acercó a mí? ¿Acaso sabe lo que dice? ¿Está demente?
-¿Quién te dijo semejante estupidez?-, le respondió Malfoy. Lily notó que sus ojos, de un habitual gris claro, se habían oscurecido hasta parecer una tormenta tempestuosa, y sabía que así debía sentirse internamente, ya que James lo estaba recriminando por algo que era incierto e injusto, y no tenía ni la más remota idea de donde había sacado una acusación tan disparatada. -Además, no me interesa acercarme a tu hermana.
-¿Vas a negar que tu y Parkinson no estuvieron molestando a mi hermana en el Expreso?- le cuestionó acercándose un paso. Al escuchar el por qué del enojo de su hermano, Lily sintió que su rostro se enrojecía de furia y tensión. ¿Quién podría haberle contado ese hecho? Rose, seguro que no, por la expresión que había puesto en ese instante, supo Lily que se estaba preguntando lo mismo. ¿Molly? ¿Lucy? ¿Roxanne? ¿Quién? Escuchó la voz de James que continuaba: -¿Lo niegas?
-No lo niego, ni lo confirmo-, respondió Malfoy con tono de superioridad. Lily lo observó una vez más, su rostro mostraba la indiferencia que le causaba esta situación, como si fuera una pelusa en su zapato. -Y ya déjame en paz, Potter- dijo con un tono aún más frío si era posible, dando media vuelta, y empezando a caminar hacia la escalera principal.
-¡EXPELLIARMUS!
Malfoy recibió el impacto del encantamiento de lleno en la espalda. James había sacado la varita en cuanto este se volteó para marcharse y, completamente enfurecido, le apuntó. Había provocado que el Slytherin saliera disparado del suelo hacia el extremo de la escalera, chocando con un ruido seco en el mármol. Varios alumnos gritaron, algunos festejando la hazaña y otros espantados, ya que Malfoy parecía que se había desmayado. Albus, en ese instante, corrió hacia su hermano y le quitó la varita de la mano, gritándole algo que Lily no pudo escuchar, porque no había podido frenar sus piernas, y estas la habían llevado hacia donde estaba Scorpius Malfoy inconsciente.
Lo miró, sintiendo que su corazón quería escapar de su pecho, latiendo frenéticamente. Su piel parecía más pálida y traslúcida que de costumbre, seguramente por el impacto que había sufrido con el encantamiento. Rose llegó a su lado, con un gesto de notable preocupación. Lily se inclinó junto a Malfoy, y sin siquiera notarlo, apartó unos mechones de sus ojos. El contacto le provocó escalofríos. Su cabello era liso y suave, como si del tacto con una rosa se tratara. Giró la mirada a su prima, quien parecía tampoco haber notado el gesto de Lily, porque miraba al Slytherin como esperando que se despertara.
-Rose, ¿qué podemos hacer?-, preguntó a su prima con voz temblorosa.
-Llevarlo a la enfermería, Lily- respondió simplemente.
-Hagamos algo para que despierte-, aconsejó Lily. -Algo…- miró a su prima esperando su aprobación.
-¿Un poco de agua, tal vez?- pensó Rose en voz alta. -James esta vez estuvo realmente mal.
-Sí, eso- Lily aún no podía controlar completamente sus emociones, pero intentaba disimularlas lo mejor posible. -Agua, por favor.
Rose sacó su varita del interior de la túnica, y apuntando al rostro de Malfoy, dijo en un susurro, despacio: -Aguamenti-, y un chorro de agua pura y cristalina salió de la punta de su varita, mojándolo apenas.
En una fracción de segundo, Malfoy había abierto sus ojos de par en par, y Lily pudo notar que estaban desenfocados y perdidos, seguramente por el golpe que había recibido recientemente en la cabeza. -Malfoy-, le dijo con la voz apenas audible. -Malfoy, ¿me escuchas?-. En ese instante, la mirada del Slytherin se encontró con la de Lily, y sintió como le atravesaba el alma. Tenían ese color gris claro y perlado que había observado aquella primera vez en la estación de King's Cross, hacía ya más de un año, la primera vez que lo había visto. -Malfoy-, volvió a repetir, esperando alguna respuesta.
-¿Se puede saber que ha pasado aquí?-, la voz estruendosa de la profesora Bones resonó en todo el hall. La mayoría del alumnado que presenció la pelea había ido a clases cuando la campana sonó. Lily se percató de que tampoco se encontraban allí James, ni Albus, ni Hugo, ni ninguno de sus otros primos. La profesora parecía realmente enfurecida, y Lily intuía que había sido avisada de lo sucedido. Se acercó hacia donde estaba ella, junto con Rose y Malfoy, que se había incorporado con la interrupción, y se tomaba la cabeza con una mano, en un claro gesto de dolor, molestia, y desconcierto. -¡Señor Malfoy! ¿Qué ha pasado?-, la profesora se hallaba indignada al ver el estado del alumno. Acercándose a éste, lo ayudó a sostenerse firmemente, mirándolo intranquila, ya que no parecía recobrar por completo la lucidez. -Debe ir inmediatamente a la enfermería. Yo lo acompañaré-. Y, antes de alejarse, miró a Lily y Rose, quien aún estaban paradas en el inicio de las escaleras. -Potter, Weasley, vayan a sus respetivas clases. Si necesito hablar con ustedes las mandaré a llamar- y, sin más, se alejó.
-Vamos, Lily- le dijo Rose, calmadamente. -No podemos hacer nada más.
-Rose-, Lily la detuvo antes de que se alejara hacia su primer clase. -¿Cómo crees que James se haya enterado?
Su prima supo al instante de qué hablaba pero, si debía ser sincera, tampoco entendía como James sabía de lo sucedido en el vagón de los baños del Expreso. Se encogió de hombros. -No sé qué decir, Lily. Sólo lo sabíamos nosotras, además de Molly, Lucy y Roxanne. No creo que Parkinson haya abierto la boca. O tal vez sí. No sé-. Concluyó Rose, y se fue dejándola sola allí, en la escalera.
Lily observó el camino que había tomado Malfoy con la profesora Bones. ¿Se encontrará bien?, pensó. A James se le había ido la mano esta vez, indiscutiblemente, y no podía estar más furiosa e indignada por eso. ¿Por qué siempre tenía que sacar conclusiones erróneas por sí mismo? ¿Tanto le cuesta preguntar? ¿Tan difícil era para él no pensar tan mal de todos? En ese preciso instante, si debía ser franca consigo misma, lo odiaba. Odiaba a su hermano. Por su forma de ser. Por no preguntar a ella qué era lo que había pasado. Por acusar a Scorpius de algo que realmente no había hecho. No. Porque había sido Parkinson. Pero, claro, el gran James Potter, debía hacer justicia por ella, porque era su pequeña hermana. Y Lily se estaba cansando de ese título. Y se estaba cansando de que usara su nombre para enfrentarse a alguien que a él no le caía bien y aborrecía, sin motivo alguno. Porque ella no lo hacía. Y no le importaba si Malfoy se lo merecía o no, (aunque realmente pensaba que no se lo merecía). No dejaría que James volviera a atacarlo usándola como excusa. No, no lo justificaba. Y jamás lo haría. Las cosas debían cambiar.
A partir de ahora, no sería más la pequeña Lily Potter. No dejaría que nadie la llamara así. No, se dijo a sí misma. Es hora de dejar ese título atrás.
