Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, aunque la historia si.
Lo que está escrito "entre comillas" con los pensamientos de la gente.
Lo que está escrito en cursiva son conversaciones telefónicas o en la lejanía.
Algunos capítulos son Pov Jacob y otro Pov Renesmee, ya lo iré indicando.
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Capítulo 6
Fin de semana de ensueño.
POV RENESMEE
No pude dejar de mirar a Jacob durante todo el día. Él también me iba mirando, e intentó acercarse a mí en varias ocasiones, pero le rehuí todas ellas. Me había ido de la lengua con el tema de Paul y estaba segura que, en cuanto se acercara, intentaría preguntarme sobre ello.
Cuando al fin terminaron las clases de ese día, me despedí de Alice y fui a toda prisa hacia el parquing, pero entonces me di cuenta de que esa mañana no había llevado mi coche.
- Mierda!
- ¿Te llevo a alguna parte?
Cerré los ojos y respiré profundamente.
- ¿Vuelves a huir de mí?
- ¿Debería hacerlo?
- Sabes que no. - me volví y miré a Jacob, que llevaba un casco de moto en la mano. - Sé porque has estado huyendo de mí toda la mañana. Tranquila. No voy a hacer preguntas.
- Gracias. - dije, emocionada por el detalle.
- ¿Te llevo?
- ¿Qué? ¿En moto? Ni loca. Antes me voy andando.
- ¿Con esos tacones?
Bajé la vista a mis pies y suspiré. Tenía razón.
- Soy bueno conduciendo.
- Pero solo llevas un casco. - dije, en busca de una excusa.
- Y?
- ¿Como que y?
Jacob me cogió de la mano y me dejé llevar por él hacia una enorme y preciosa moto negra.
- ¿Es una harley?
- Así es. Y mira. - abrió una de las maletas laterales y sacó otro casco.
- Vaya. - "Mierda"
- Si. Ahora no te puedes librar de mí. - dijo, guiñándome uno de sus preciosos ojos oscuros. - A ti te toca llevar el caso ridículo.
- ¿Por qué a mí? - dije, al ver su cara de diversión. Él mismo me quitó la boina y me puso el pequeño casco negro. - ¿Como estoy?
- Preciosa. - besó mi mejilla y se puso el casco.
Me quedé como una idiota mirándole mientras se subía a la moto, aun sintiendo el calor de sus labios sobre mi mejilla. Jacob me hizo un gesto para que me sentara tras él y lo hice, aunque con un poco de torpeza.
Cerré los ojos. Las motos me daban miedo desde que...
- Renesmee...
- Eh?
- Nena, ya hemos llegado.
- No me llames nena.
Abrí los ojos y me encontré con un Jacob sonriente.
- ¿De qué te ríes?
- ¿Te dan miedo las motos? - me cogió por la cintura y me ayudó a salir de encima de la moto.
Una vez que tuve los pies en el suelo, respiré. Dejé que Jacob me quitara el casco y me cogiera de la mano.
- ¿Donde estamos?
- En mi casa.
- ¿Me has traído a tu casa? - exclamé, soltándome de su mano - Yo no soy uno de tus ligues a los que traes para follar.
- Así que eso es lo que realmente piensas de mí. - dijo, ofendido, mirándome fijamente. - ¿Crees que solo me acerco a ti para meterte en mi cama? - No respondí. Estaba comenzando a arrepentirme de mis palabras. - Estás muy equivocado conmigo.
- Jacob...
- Joder! Ya somos mayorcitos y no te niego que si surge la ocasión, pues la aprobecho, pero no tienes que juzgarme por ello. También sé pensar con la cabeza, no solo con la polla.
Asentí con la cabeza, arrepentida.
Tenía razón. Él solo me trataba como a una amiga y yo no sabía cerrar mi bocaza.
Me acerqué a él, pero se apartó de mí y se fue directo hacia la casa. No pude moverme, no sabía qué hacer.
- ¿Vas a entrar o te quedas fuera? - dijo, asomándose a la puerta.
Agaché la cabeza y fui tras él. Entré en la casa y seguí a Jacov hacia un espacioso y luminoso salón. Dejó los cascos encima de la mesa y fue hacia la cocina, que se separaba del salón por una larga barra.
- ¿Quieres una copa de vino?
- Si, gracias.
- ¿Rosado?
- Si lo tienes blanco mejor.
- Sientate, ahora vengo.
Me senté en el largo sofá blanco, mirando a mi alrededor. Era una casa muy grande y hermosa.
- ¿Es que piensas? - Jacob se sentó a mi lado y me dio una de las copas. - ¿Te gusta la casa?
- Mucho.
- La heredé de mi madre. Murió hace cuatro meses.
- Lo siento mucho. - dejé la copa sobre la mesita de te para estrechar su mano entre las mías.
- Tranquila. - acarició mi mano y sonrió. - Por eso vine. Necesitaba marcharme de casa. Y cuando el abogado y el notario nos dijeron que la casa era para mí, pedí el traslado en la universidad y me vine a vivir aquí.
- Oye, yo... Siento lo que te he dicho ahí fuera. - conseguí decir tras beber un trago de vino. - Yo... Supongo que no confío en los hombres.
- Así que no solo se trata de mí. - dijo, sonriendo. - Yo también me pasé.
- No. Respondiste como hubiera hecho yo.
- Para ser tan pija tienes una lengua muy sucia. - dijo, tocando la punta de mi nariz con un dedo. Sonreí.
- Que vista de esta forma no significa que no sea como las demás. - sonrió de nuevo. Cada vez me gustaba más esa sonrisa. - Solo soy una chica.
- Me agrada saberlo.
- Yo... Odio a los hombres...
- Vaya, gracias. - dijo, riendo.
- Mi hermano y tu, de momento, sois la excepción.
- Deduzco que esto tiene algo que ver con Paul. - asentí con la cabeza. - ¿Tanto daño te hizo? - volví a asentir con la cabeza. - No pasa nada. - se acercó un poco más y me abrazó. Era justo lo que necesitaba.
Me puse a llorar como hacía mucho tiempo que no lo hacía.
- Me mintió. - sollocé. - fingió quererme para llevarme a la cama.
- Sht...
- Casi lo hace... Yo no quería, pero él no me hacía caso.
- ¿Te violó? - preguntó al tiempo que secaba mis lágrimas con sus dedos. Jacob suspiró. Se le veía aliviado. - No va a volver a tocarte.
- No se lo voy a permitir. - dije. Jacob sonrió levemente. - Por eso respondí como lo hice cuando me propusiste salir de fiesta con ellos.
- Ahora lo entiendo. - besó mi mejilla y la acarició. - ¿Cuando ocurrió?
- Hace tiempo. Estábamos en el instituto. Tenía diecisiete años. - cogí mi copa de vino y bebí un largo trago de vino. - Quería que él fuera el primero, pero no en un coche.
- Gilipollas. - masculló.
- Lo es, pero aquello ya pasó. - acaricié su brazo, intentando calmarle. - Supongo que por eso soy un poco borde con los chicos.
- ¿Solo un poco?
- Vale, mucho. - ambos reímos.
Me encantaba estar así con él. Jacob era un chico muy majo, simpático y me estaba demostrando que era un gran amigo. Y me gustaba.
- Yo no soy como Paul.
- Ya lo sé. - acaricié su rostro. No sabía el porque, pero me moría de ganas de hacerlo, y decidí dejarme llevar. - Me alegro de haberte conocido.
- Y a mí. - Jacob tomó la mano con la que le acariciaba y besó la palma. - Me gustas, Renesmee.
- Oh.
- No quiero estropear nuestra amistad, pero tenía que decírtelo.
Besó el dorso de mi mano y sonreí.
- También me gustas, pero creo que deberíamos seguir con la relación que tenemos. - dije. Gracias a dios, Jacob asintió.
- Lo acepto. Por el momento. - sonrió y me dio un breve beso en los labios que me dejó tonta. - ¿Quieres que te enseñe la casa?
- Me encantaría.
Cogidos de la mano, fuimos de tour por la casa. Era preciosa. Y Jacob se portó como un auténtico caballero.
Pasamos la tarde en su dormitorio, hablando, viendo la televisión, él pintándome las uñas con el pintauñas nuevo que llevaba en el bolso, mientras yo hablaba con Alice por teléfono y le contaba que esa noche no iría a casa. Me quedaría a dormir en casa de Jacob.
- ¿Como es tu familia? - preguntó cuando estábamos cenando comida china que habíamos pedido.
- Mis padres... Bueno... Hace poco más de dos años que no me hablo con ellos. El único que me importa es mi hermano. Le quiero, le adoro. Él lo es todo para mí.
- ¿Qué pasó...?
- No me creyeron. - dije, dejando de comer. - Les conté lo de Paul, vieron las marcas en mis brazos y mi labio partido, pero aun así no me creyeron.
- ¿También te pegó? - asentí con la cabeza. - Lo voy a matar.
- No vas a hacer nada. - dije, sujetándole por la muñeca, ya que vi que estaba poniéndose nervioso.
- ¿Por qué?
- Porque nadie más lo sabe, solo nosotros cinco.
- ¿Cinco? - Jacob contó con los dedos y pronto cayó en la cuenta. - ¿Tu hermano no lo sabe? - negué con la cabeza. - ¿Por qué?
- No quería que sufriera. Sabe que no me hablo con mis padres, pero no conoce el motivo real. Cree que es por la carrera que elegí.
- Creo que debería saberlo.
- ¿De qué serviría ahora? - Jacob me abrazó y besó mi pelo. - No quiero que sufra.
- De acuerdo. Lo entiendo, aunque no comparto tu opinión.
Continuamos cenando en silencio.
Cuando terminamos, lo recogimos todo y fuimos a dormir, cada uno en una habitación distinta, aunque a media noche me desperté y fui hacia su casa, en la que dormimos abrazados.
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Hola de nuevo!
¿Qué tal os ha parecido? Dos revelaciones en una.
Espero que os haya gustado.
