Disclaimer: no soy propietaria ni creadora de Avatar The Last Airbender (En español, Avatar: La Leyenda de Aang), estos títulos les corresponden respectivamente a Nicklodeon y Michael Dante DiMartino/Bryan Konietzo.
Este fic participa en el reto temático "Sidra, Galletas y Villancicos" del foro ¡El Cometa de Sozin! Con el desafío Suicidio en Año Nuevo
NOTA: Esta es una sidestory/continuación de mi otro fanfic titulado "La Noche de los Cuentos", una historia escrita para el reto de noviembre de este fórum "Orgulloso de Amar". No es necesario leer la primera para leer esta pero yo lo recomendaría. Este es el sexto capítulo, espero les entretenga. El último será después del 31 de diciembre así que de antemano les deseo a todos un ¡FELIZ AÑO NUEVO 2015!
No había acabado Iroh de arropar a Zuko bajo las mantas de su cama, luego que este se derrumbara entre sus brazos, exhausto por la ansiedad, la tristeza, el alcohol y la falta de sueño, cuando un guardia llamó a la puerta con urgencia en su voz.
"¡Mi señor! … Ha habido una situación con su hermana en la clínica mental. Solicitan su presencia urgentemente"… -BANG, BANG, BANG-. Con todo el ruido fuera de la habitación, Iroh pensó que Zuko se despertaría, pero este solo se dio vuelta en la cama y se cubrió la cabeza con las mantas para continuar durmiendo a pierna suelta, momento que aprovechó Iroh para abrir la puerta y responder al llamado del guardia, que reculó sorprendido cuando en vez del Señor del Fuego, apareció a través de la puerta la imponente figura del General Iroh, el Dragón del Este.
"El Señor del Fuego se encuentra descansando soldado. Yo me ocuparé de los asuntos de La Nación por las siguientes veinticuatro horas"
"S-, S-… ¡Sí Señor!", respondió el guardia colocándose en posición de firmes.
Para cuando Iroh llegó a la clínica mental, los médicos ya habían estabilizado y sedado a Azula, que se encontraba en su cama contenida mecánicamente con esposas de cuero, para evitar que intentase manipular su elemento y se lesionase ella misma o a otros.
El viejo maestro fuego contempló con tristeza a su sobrina. Luego de la muerte de Lu Ten, Iroh todavía no se resignaba a su pérdida y aunque el dolor en su corazón había disminuido con el paso del tiempo, lo que Zuko le había revelado en la última hora había reabierto la herida.
La monstruosidad de lo que Ozai le había hecho a sus hijos escapaba a la comprensión, la lógica, la razón y los sentimientos. Porque, mientras Iroh había tenido un único hijo adorado, Ozai había concebido a una hermosa niña y un apuesto niño ni más ni menos, mientras Iroh había tenido que estar lejos de su hijo, Ozai había tenido la opción de estar al lado de los suyos gran parte del tiempo, mientras Iroh había perdido al único ser que le recordaba a su esposa, Ozai había logrado mantener a sus dos hijos a su lado luego de exiliar a la suya. ¿Y todo para qué?, para lastimarlos de manera reiterada, para traicionarlos de la manera más abyecta… para que perdieran la fe en ellos y los demás.
Iroh siempre había desconfiado de Ozai y aun cuando entre ellos el afecto siempre había sido algo difícil de expresar, por la natural propensión de su hermano a la inquina y la maldad, Iroh siempre había intentado protegerle de cualquier daño a él y por extensión a su familia, a la que el viejo general amaba. Primero había sido sólo Ursa cuando llegó al palacio luego de casarse con Ozai y después también a los niños que nacieron de esa unión, de los que Zuko siempre le había generado un cariño especial porque le recordaba muchísimo a Lu Ten.
Y aunque Iroh siempre había sospechado muy dentro de su corazón que algo no andaba bien con Ozai y los niños después de la ida de Ursa, ni en sus peores sueños habría sospechado algo de lo que Zuko le había revelado.
"Qué pasó doctores. Por favor explíquenme.", le preguntó el General al jefe de médicos de la clínica. El hombre pasó saliva ruidosamente antes de moverse con incomodidad en la silla frente a Iroh e iniciar su relato.
"Mi general, siguiendo la rutina diaria, esta tarde después de comer la princesa se retiró a su habitación para tomar una pequeña siesta antes de volver al salón para iniciar las actividades didácticas propuestas por el equipo de especialistas en la salud de la mente. Sin embargo para esa hora la princesa no se presentó al salón principal por lo que un miembro del equipo fue a echarle un ojo. Cuando llegó a la habitación, la princesa expresó su deseo de no acudir hoy a la actividad y lo amenazó con reducirlo a cenizas, cosa que ya había pasado antes y dado que con la princesa la política es no forzarla a hacer cosas que ella no desea a menos que fuese absolutamente necesario, se le dejó en su habitación recordándole la hora de la cena…"
"Pero…", interrumpió Iroh, provocando que nuevamente el hombre se atragantara con su saliva.
"Gulp… Pero para ese momento, una hora después, la princesa no volvió a aparecer. Nuevamente un miembro del equipo acudió a hablar con ella, pero cuando llegó a la habitación, la puerta estaba trancada por dentro y al mirar por la ventanilla se encontró con que la princesa se encontraba inconsciente en el piso. Menos de cinco minutos después, el equipo completo acudió a ayudar, derribando la puerta con la ayuda de los miembros maestros tierra, iniciando maniobras de reanimación básica y avanzada por parte de los miembros maestros fuego hasta estabilizarla para así proceder a extraer la sobredosis de sedantes en su sistema sanguíneo con la ayuda de los miembros maestros agua del equipo.", finalizó el médico.
"¿Y cómo consiguió mi sobrina esos sedantes si se puede saber?", preguntó Iroh con un tono de voz en el que se notaba el enfado apenas contenido.
"Gulp…gulp…" tragó en seco el director médico varias veces antes de responderle. "Al parecer la princesa acumuló los sedantes durante unos dos meses sin que el equipo lo notara señor. Es algo que no volverá a pasar. La vigilaremos día y noche hasta en los más pequeños detalles."
"No se preocupe doctor. Después de esta noche estoy seguro que la princesa comenzará a mejorar y a responder al tratamiento.", dijo Iroh mientras acariciaba el pálido rostro de su sobrina antes de levantarse y salir silenciosamente fuera de la habitación.
Cuando Lu Ten había muerto a manos de sus enemigos, Iroh se había consumido en la rabia y el odio hacia los asesinos de su hijo, los había cazado y ejecutado de la manera más dolorosa posible. Pero eso no le había devuelto a su hijo ni había traído paz a su alma.
Pero ahora, otra vez la rabia y el odio burbujeaban en su corazón esperando y sabía perfectamente que lo que iba a hacer, aliviaría al menos el miedo y la inseguridad que aun acorralaban a sus sobrinos y les impedía sanar sus heridas.
Nuevamente Iroh era un hombre con una misión y Ozai era hombre muerto.
N/A: espero les haya gustado este capítulo, el próximo ya se encuentra en proceso de escritura. Quiero aprovechar y dar mis agradecimientos a Lupita Leal, Lover Fics1, Gatito-Pizza Humpty, mar0669 (Sí ya sé que los capítulos no son muy largos, pero ten en cuenta que el fic participa en un reto y hay un número límite de palabras que no puedo sobrepasar... lo siento u_u) y Devil-In-My-Shoes por sus valiosos comentarios.
De los demás lectores espero que disfruten y ojalá me envíen sus reviews o PMs. Todos los comentarios serán bienvenidos. Y si se animan tengo otras historias para que lean.
FANATLA
