Beso
La noche fría caía sobre los licántropos de Lucian. El manto de estrellas les daba muestra de que había luna nueva. El aire era fresco a las cinco de la mañana y pronto empezaría a amanecer.
Raze revisaba a Remus que se quejaba por la fiebre que lo atacaba. El sudor corría por su cuerpo y los jadeos provocaban que los demás miembros de la manada trataran de pensar en otra cosa. Todos sabían que cuando despertaría no sería el más feliz de los hombres y no sabían cómo reaccionaría.
-¿Cómo se encuentra?
Todos vieron cuando Raze salió de la carpa donde había estado revisando a Remus. Lucian había estado pendiente de lo que le dijera su amigo sobre el hombre que rescataron de la celda donde Fenrir Greyback lo había violado.
-Está muy mal, Lucian -le dijo con aire abatido y sentándose junto a la fogata. Todo el mundo tenía su atención en él-, tiene múltiples lesiones, además su cuerpo está lleno de cicatrices, al parecer la ha pasado muy mal.
-Quizás estuvo mucho tiempo bajo la custodia de Greyback.
-Es lo más probable.
Todos se quedaron callados esperando a que alguien dijera algo, pero al parecer nadie tenía idea de lo que se podría hacer.
Lucian se sentía en una encrucijada. Sentía lastima por el cachorro por lo que le había hecho uno de sus infectados, claro que a muchas generaciones de diferencia, pero también está el hecho de que él podía ayudarlos, pero eso significaría una vida eterna condenada a ser un licántropo. Sólo unos 50 o algo más eran licántropos puros, contaminados directamente por Lucian, que les brindó fuerza y vida eterna, pero también ellos podían infectar a más personas; sin embargo la calidad de la infección iría decayendo hasta lograr lo que era Remus. Una especie de hibrido, entre licántropo y humano. Con la fuerza de un licántropo y la capacidad de transformarse a la luna llena, pero no el poder de cicatrizarse a una gran velocidad o una rapidez increíble, además de poder transformarse en lobo cada vez que lo requerían.
El problema residía ahora en que debía esperar a que el hombre despertara, porque no lo podría condenar si él no lo quería y tomando en cuenta que al parecer su pareja había sido asesinada; quizás no tenga ganas de seguir con vida.
Podía recordar el dolor que lo embargó cuando Sonja murió ante sus ojos y tuvo que seguir adelante solo y sin su familia. Sus amigos fueron su apoyo y su sed de venganza era su combustible para seguir adelante.
Se puso de pie y se dirigió a la tienda de campaña que unos cachorros habían levantado para que Remus pudiera descansar y lo pudiera curar. Entró y lo vio jadeando por la fiebre, no se la habían podido bajar a pesar de los esfuerzos de Raze, que se había especializado en aprender técnicas rápidas de curación, por si era necesario curar a uno de los suyos.
Remus sudaba y apretaba la cobija que estaba sobre su pecho y se movía para tratar de liberarse de su cárcel de piel que lo trataba de cobijar en vano. Se acercó lentamente y se sentó a su lado para tratar de poner un paño frío en su frente. Pudo percatarse de las cicatrices que le había dicho Raze. Su cuerpo casi completo las tenía, seguramente las noches de luna llena tendrían un efecto terrible en él. Vio como abría los ojos y su mirada se notaba perdida, vio que trataba de estirar su mano para alcanzarlo.
-Si… Sirius.
-Lo siento, cachorro, no soy el que llamas.
-Sirius -vio como de sus castaños ojos caían lágrimas de dolor-. Lo siento, Sirius… ya no soy tuyo.
Le dolió que pensara que era a él a quien debía pedirle perdón. El cachorro no tenía por qué pedirle perdón a nadie, él no tuvo la culpa de lo que el desgraciado de Greyback le hubiera hecho y eso lo iba a pagar caro.
-Trata de tomar agua.
Le acercó un cuenco con agua y puso su mano bajo la cabeza del castaño para que pudiera incorporarse un poco, pero vio como ponía su mano en el envase antes de que tocara sus labios.
-Primero dime que me perdonas, por favor, Sirius.
-No soy tu Sirius, Remus.
-Por favor.
Al parecer no escuchaba más de lo que él quería oír y eso le estaba causando problemas al líder de los Licántropos.
-Remus, bebe el agua.
-¡No! Primero dime algo… por lo menos que me odias… —vio que las lágrimas caían a caudales —por lo menos… no me sentiré tan mal y te dejaré… ir.
Se escuchaba agotado y la fuerza con la que sujetaba el cuenco era tan débil que Lucian sabía que al retirarlo sólo unos centímetros, la mano caería. Pero no sabía qué hacer. Si le decía que lo odiaba podía causarle una depresión tan horrible que quizás tratara de quitarse la vida, sin embargo no le podía dar la esperanza con palabras de amor que saldrían de sus labios, pero a nombre de un ser que ya no pertenecía a este mundo.
-Remus… por tu bien, bebe un poco.
-Sirius.
-¡No soy Sirius! -se alejó de él y se puso de pie para no tener que soportar esa agonía. La agonía que le trasmitía en su plegaria.
-No me dejes.
Remus trató de ponerse de pie, pero la fiebre y su cuerpo lastimado se lo impidieron mandándolo directo al suelo. Lucian llegó rápido a su lado y lo ayudó a volver a tenderse sobre las colchas. Pero nada pudo hacer cuando Remus se acercó a él y lo besó de manera angustiante. Sentía los sollozos dentro del beso y como la lengua de aquel extraño entraba en su boca. No lo pudo resistir mucho tiempo. Terminó participando del beso, pero logrando dejar a Remus en su posición inicial. Se separaron jadeando.
-Vez, yo no soy tu amado.
Remus lo miraba con su vista nublada y jadeaba por aire.
-No, tú no eres mi Sirius.
Le dijo con sinceridad, pero lo acercó nuevamente y besó sus labios, antes de caer inconsciente por la fiebre, dejando a Lucian más confundido que antes de entrar en la tienda de campaña.
Continuará…
