DISCLAIMER: El software Vocaloid, la novela escrita por Akuno-P y las canciones a las que se hace mención no son de mi autoría y no me pertenecen, lo único que es mío es la trama y los personajes secundarios (la gente del pueblo, el ministro,…)

NOTAS: "Mejillas de manzana" es el apodo que Vanika le puso al pequeño aprendiz de chef debido a que le gustaba como el color de sus mejillas cambiaba cuando se las pellizcaba, el hecho de morderlo, lo hacía como un juego (no por que quisiera comérselo XD).

ACTO VI.- ESPECIAS AGRESIVAS.

Luego de Conchita estallara en crisis, el médico que la vio no pudo explicar por qué no podía percibir el sabor de las especias, su teoría más lógica fue:

—Tal vez su lengua ya se ha acostumbrado a esas especias y por eso ya no las percibe como antes.

Lo único que le recetó fue un tónico para los nervios, jarabe por si volvía a darle fiebre, le puso sanguijuelas en la espalda y ordenó que guardara reposo absoluto un par de días. Conchita, estaba triste, no podía percibir el sabor de todo lo que comía, sentía que comía sin comer realmente, nada le sabía. Maldijo mentalmente al ministro, pues había dejado de percibir el sabor de la comida la misma tarde de su visita.

La servidumbre se veía preocupada, su patrona estaba enferma y no sabían de qué. El más preocupado era Kamui, porque Conchita no percibía el sabor de su comida.

—Estoy segura de que encontraremos la solución. —dijo para animarlo su esposa.

La siguiente semana en el castillo de piedra, no se escuchaba más que los fuertes quejidos de Conchita, le dolía la cabeza y el estómago, gritaba que tenía hambre, pero al no encontrarle sabor a la comida, la dejaba. Si esto continuaba así moriría de hambre. Miku que pasaba todo el día al lado de Conchita, intentaba animarla, intentaba hacerla comer aunque sea un poco, pero no resultaba, ella también se estaba poniendo triste, pues aquella mujer a la que le tenía un gran amor, podría morir.

Rin y Len tampoco sabían que hacer, su querida Conchita, ya no sonreía, ya no les decía "mis pequeñines", ya no les acariciaba sus rubias cabezas y les desacomodaba el pelo, ya no les pellizcaba las mejillas y les daba besos. Ya no era la misma Conchita alegre de siempre.

Kamui se sentía culpable, no podía cocinar algo que tuviera sabor para Conchita, si ella moría la culpa sería de él, estaba frustrado entre tantos ingredientes y ollas.

Luka estaba preocupada por Conchita y su marido, y por todo el mercado de Lucifenia buscaba especias diferentes, pero nadie tenía. No había más que pimienta, ajo, tomillo, romero y paprika. Estaba desesperada.

Pero aquello no duraría mucho, al parecer había llamado la atención de una extraña persona.

—Señora, he escuchado que busca especias —le dijo una mujer que se le acercó.

Luka observó a la mujer detenidamente, le parecía conocida, observó que era vieja y que su cabello antes rosado como el suyo, estaba casi cubierto de canas, sus profundos ojos verdes la miraban atentamente, tragó saliva y dudó en hablar…

—Así es, las necesito porque mi patrona está enferma —dijo preocupada y con cierto miedo.

—Mi nombre es Ellu, soy curandera y tal vez pueda ayudar, ¿Por qué no viene a mi casa linda señora? —dijo la curandera tendiéndole la mano a Luka.

La mucama dudó en darle la mano y seguirla, pero tal vez no habría otra opción. Le estrechó la mano y sin decir palabra alguna siguió a Ellu por los barrios de la ciudad, hasta llegar a una pequeña casa, la cual lucía muy sucia por fuera. Al entrar pudo percibir olor a incienso quemado y cierto grado de tranquilidad, había todo tipo de objetos ahí, pero Luka prefirió no preguntar nada.

—Y dígame, ¿Qué es lo que tiene su patrona? —preguntó Ellu sentándose frente a una mesita de la casa.

Luka se sentó frente a la curandera y habló. Ellu escuchó el relato de Luka, sobre la dama que vivía en el castillo de piedra y su lengua incapaz de percibir sabores.

—Manía, eso es lo que tiene tu patrona, una manía muy peligrosa —dijo la curandera —Esa manía acabará arrastrándola al infierno, esa manía se llama gula —dijo alterada la mujer.

— ¿No la gula es un pecado? —preguntó Luka.

—Lo es linda señora, lo es, su patrona es dominada por ese pecado, si la controla por completo, todos en ese castillo se hundirán en el infierno —dijo alzando la voz —No deje que la controle, si ella empieza a ser dominada por la gula, tenga seguro que correrá sangre, abandonará la religión y todos los que habiten el castillo acabarán muertos y en el mismo infierno —dijo Ellu mirando fijamente a Luka.

Luka se estaba espantando, aquello le parecía horrible, ¿Y si en verdad Conchita estaba siendo controlada por ese pecado?, no quería que todos los habitantes del castillo acabaran en el infierno.

— ¿Qué debo hacer? —preguntó asustada.

—Una vez que la gula ha entrado al cuerpo de alguien es muy difícil que salga, lo que debe hacer es satisfacer ese pecado un poco, solo un poco, le daré unas especias agresivas que funcionarán, no se las dé completamente, en sus comidas solo ponga una cantidad mínima, eso la mantendrá ocupada un tiempo —dijo —Que nunca deje de faltar a las celebraciones religiosas, que nunca deje el acto de la confesión y que comulgue siempre, pues si no será arrastrada más rápido al infierno. —finalizó.

Luka estaba aterrada, no podía ser, Conchita, la bella y amable mujer del castillo de piedra, estaba siendo controlada por un pecado, por el demonio mismo, ahora más que nunca la necesitaba. Era la oportunidad de salvar su alma como ella había salvado el alma de su hijo. Se prometió que nunca dejaría que el pecado la controlara, se prometió que llevaría a Conchita a las celebraciones religiosas.

—Mire, esto es jengibre —dijo la curandera mostrando un pequeño tubérculo parecido a una papa —incluso la piel es demasiado picante, este es el condimento más agresivo de todos, y esto otro —dijo mostrándole unas hojas verdes —es menta fresca, si se ponen pedazos en una ensalada quedará tan picante que punzará en la lengua —dijo —pero si lo que quiere es algo más ocupe esto —le mostró unas semillas amarillas —Es mostaza, pica en exceso y si pone mucha en la comida los ojos llorarán, pero eso no es todo, estos pequeños —dijo mostrando unas especies de ramitas —Se llaman clavos, debe añadir solo uno por comida, son extremadamente fuertes, con esto saciará al demonio, ah, pero debe seguir usando las especias que ya comía antes, en menor cantidad, también debe usar el ajo y la cebolla de preferencia crudos, al igual que el tomillo y el romero, procure ya no usar las especias secas, el pecado que la controla se saciará con solo un poquito. —dijo y le entregó en un saco las especias que le había mostrado. —Ah, y también he añadido semillas de cada uno para que las plante en su jardín y nunca le falten, solo tenga cuidado de que ella no las muerda o coma completas. —finalizó.

Luka sonrió temerosa, tomó de su bolsa diez piezas de oro y las dio a la mujer.

—Buen pago, eh, se nota que quieren mucho a esa dama —dijo Ellu al contar el oro.

Luka se levantó, le agradeció a Ellu y se decidió a irse, pero algo llamó su atención.

—Disculpe, ¿Por qué aquellas tijeras son rojas? —preguntó señalando unas tijeras que se encontraban colgadas de un clavo, las cuales se veían hermosas y únicas.

— ¿Te gustan? —preguntó Ellu a Luka.

—Sí, ese color no puede ser usual, pero sin embargo se ven hermosas. —dijo Luka mirando embelesada las tijeras en el clavo.

—Ya una vez nos metimos con ellas, no puede suceder otra vez, son solo el recuerdo de la envidia que nos atrapó en un mismo cuerpo, hermosa Kayo, en esta vida será el único momento en que nos veremos, pero en la próxima tal vez renaceremos como una otra vez, perdona por asustarte querida Luka —dijo Ellu, con la mirada fija en la mujer de cabellos rosados.

Luka palideció, su respiración se agitó, en su cabeza revolotearon imágenes de una vida que al parecer no era la suya y por un momento se sintió mareada, apresurada abrió la puerta y se retiró de allí asustada, pues ella no había mencionado su nombre a la curandera y no entendía de qué le había hablado. La curandera rió al ver salir a Luka apresurada, guardó las piezas de oro que ella le había dado en una bolsa que llevaba colgada al pecho. Sonrió y suspiró.

—Olvidarás eso último Luka —susurró — pobre de ti y de los habitantes de ese castillo, la mujer terminará por volverse loca, acabará asesinándolos e incluso devorándolos, por lo menos te di un poco de tiempo para que se den cuenta y salgan de allí, es cuestión de un año o menos. —dijo y dio un gran suspiro.

Mientras tanto Luka, corría presurosa al castillo, su patrona volvería a ser la de siempre y ella evitaría que el pecado la dominara, ella estaba dispuesta a evitar que enloqueciera como le había dicho Ellu, el castillo estaría siempre en paz.

O al menos eso creía.

—Amor, he vuelto del pueblo —saludó a su esposo el chef al entrar a la cocina —he traído la solución —dijo.

— ¿Qué es? —preguntó el chef esperanzado.

—Especias agresivas —contestó con una radiante sonrisa.