-No… no, por favor…- susurraba desesperado Severus Snape en su cama, mientras se descontrolaba entre las sábanas y respiraba agitadamente.

-Mátala, Severus… ¿o es que no tienes valor?

-Sí tengo valor.

-¿No me eres fiel, acaso?

-Claro que sí, mi Lord.

-¡Entonces mátala de una vez!- gritó Voldemort enfurecido. En el piso yacía atada una mujer de pelo castaño claro, lacio, y ojos azules, llorando e implorando piedad. Snape tenía la varita alzada hacia ella, con manos temblorosas y el corazón latiéndole a mil por hora. No podía hacerlo. Su varita cayó al suelo y se quitó la máscara ante la mirada sorprendida de la chica.

-No puedo, mi Señor, no puedo…

-¿No puedes?- él negó con la cabeza. Los ojos rojos chispearon de furia.- ¡¿NO PUEDES?! ¡¡CRUCIO!!- el hombre se retorció en el suelo de piedra, siendo invadido por el intenso dolor de la maldición. Sentía su cabeza a punto de partirse; los pulmones estaban cerrados al aire y su garganta desgarrada por gritos espantosos de dolor. Todo cesó en segundos que le habían parecido una eternidad. Abrió despacio los ojos y vio a la joven atada, la cual le sonreía con agradecimiento; sus intensos ojos azules centellando por las lágrimas.- ¡¡SI NO MUERE ELLA MORIRÁS TÚ, MALDITO TRAIDOR!!- dirigió su varita de hueso a su rostro, que se contorsionó en una mueca de pánico.- ¡AVADA KEDAVRA!- un rayo de luz verde brillante inundó la escena, y lo último que vio fueron esos ojos azules…

-¡AAAAAAAAHH, NOOO!- gritó el hombre de ojos negros incorporándose de golpe en el colchón y sudando frío. Miró a su alrededor y se tranquilizó al ver que estaba en su habitación.- Esa pesadilla otra vez…- se dijo mientras se cubría la cara con las manos.- ¿Qué quiere decir?


-¡Te quiero, rollito de crema con canela!- decía Lavander a Ron empalagosamente mientras frotaba su nariz contra la de él.

-¡Yo también te quiero, bomboncito de chocolate con dulce de leche!- respondía el otro de manera melosa. Harry y Hermione se miraron con caras de asco, frunciendo la nariz ante el acostumbrado acto de cariño.

Hermione no podía creer que estuviera enamorada de ese chico; si así era con Lavander, ¿cómo sería con ella?

-¡Te quiero, mi grueso librito de runas antiguas!

-Eeh… yo también, Hermione.

La chica rió ante la ocurrencia y Harry rió con ella, pensando que se divertía con los tórtolos. De pronto, la puerta del Gran Comedor se abrió, dando paso a una soberbia figura vestida totalmente de negro. Todo calló de repente. Snape Se abrió paso entre las mesas con su capa ondeando detrás y se detuvo de súbito en la mesa Gryffindor, donde Lavander y Ron seguían con sus cursilerías.

-Aggh, creo que ya perdí las ganas de desayunar.- dijo, y siguió caminando. Hermione se le quedó mirando mientras se dirigía hasta la mesa de profesores.

-¿Qué se cree ese murciélago grasiento?- se quejó el pelirrojo, molesto.- Seguramente jamás ha tenido novia, que no nos venga a decir nada a nosotros.

-No sé si haya tenido novia, Ron, pero es seguro que no hizo todo lo que tú haces con tu novia.- rió Harry.

-Oh, cállate.- el moreno soltó una carcajada. Hermione ya había dejado de prestar atención a la riña al estar prendada a la figura de su profesor, que se movía elegante hasta sentarse en la silla a un lado de Albus Dumbledore. No sabía por qué, pero desde que la cuidó cuando tuvo fiebre, cada vez que lo miraba algo en ella se estremecía y el mundo se borraba de su alrededor. No se dio cuenta cuando sus ojos melados cruzaron mirada con los negros de aquél misterioso hombre y no pudo ni quiso ver la luz en esos túneles oscuros…

-Hermione, ¿te sientes bien?- preguntó de repente Lavander.

-¿Ah? S-sí, estoy bien, no se preocupen.- quiso volver a mirar a su profesor, pero éste se encontraba charlando con el director. Bufó molesta y se volteó a sus compañeros. Snape la miró de soslayo y, haciendo como si nada pasara, volvió a su conversación con Dumbledore.

-¿Qué estabas mirando, Hermione? O más bien… ¿a quién?- preguntó Lavander con picardía y una sonrisa estúpida, mientras los chicos seguían discutiendo si Snape había tenido o no una novia en su vida.

-No estaba mirando NADA ni a NADIE, Lavander.- le respondió molesta.- ¿Dónde está Ginny?

-Aquí.- dijo la pelirroja por detrás, sorprendiendo a Hermione. La castaña se dio vuelta y sonrió, feliz de que ya no tendría que aguantar a la hueca de Brown tirándole unas indirectas más directas que las quaffles.

-Ya terminé de desayunar, ¿nos vamos?

-¿Qué? ¡Pero si yo todavía…!

-¡Nos vamos!- sentenció Hermione y se llevó a la chica de la mano fuera del Gran Comedor.

-¡Oye, yo no había comido!- protestó Ginny.

-Lo sé, lo sé, ¡pero no sabes lo insoportable que es Lavander! Estaba insinuando que yo miraba a Snape en la mesa de profesores.

-Yo andaba por ahí cerca y en ningún momento dijo "estabas mirando a Snape".- la castaña cayó en la cuenta de que se había delatado ella misma cuando su amiga se tapó la boca con una mano, sorprendida.- ¿Estabas mirando a Snape?- la chica se sonrojó violentamente.- ¡Sí, lo estabas mirando! ¡No lo puedo creer! ¿Te gusta?

-¡No!

-No, claro que no; ¡te encanta!

-¡No, Ginny! No me gusta ni me encanta.

-Oooh… ¡lo amas!- dedujo con tono soñador.

-¡¡No, Gin, basta!! No me gusta, ni me encanta, ni lo amo, ni nada. Si lo miré, fue sólo por accidente.

-Ah, pues a ver qué tal manejas ese accidente ahora que tienen Pociones con Slytherin.

-¿Q-qué…?

-¡Sí, mujer! ¡Hola, hoy es VIERNES! ¡Pociones a primera hora!- dijo la menor de los Weasley mientras hacía gestos de aviso con las manos.

Hermione quiso darse la cabeza contra la pared; ¿cómo pudo haberse olvidado de eso? Y peor: ¿Cómo había pasado la semana tan rápido?

-Mejor te vas apurando que ya faltan unos minutos, Herm.

-¡Oh, sí! ¡Adiós Ginny, nos vemos después!- gritó a lo lejos mientras caminaba apresurada hacia las mazmorras.

Llegada ya a los pasillos de piedra fría y húmeda, se reprochó el haber ido tan rápido: había sido la primera en llegar. Dio un vistazo a su reloj de pulsera y vio que aún faltaban veinte minutos para la clase. Molesta, se apoyó en la pared a esperar. No tendría caso volver a subir; cuando llegara al Gran Comedor de vuelta ya sería la hora de clase.

No tenía mucho que hacer y se puso a pensar en cualquier cosa. Bueno… no exactamente en "cualquier cosa", sino en por qué demonios se había quedado hipnotizada con la mirada de Snape. Está bien, lo aceptaba, sus ojos estaban llenos de misterio y oscuridad, eran… ¿cómo decirlo? Especiales, pero fascinación no fue lo único que sintió cuando sus miradas se conectaron. Entonces, ¿qué fue?

Miró su reloj; habían pasado apenas cinco minutos.

Recordó cómo se había estremecido algo en ella y cómo no le había podido quitar los ojos de encima. No entendía nada, ¿qué eran todos esos sentimientos? ¿Acaso era por lo del otro viernes? ¿Acaso era culpa, tendría que agradecerle? ¿O sería que ella se estaba…? No, no podía ser; ¿cómo iba a estar… enamorada de Snape?

Otros cinco minutos ya habían pasado.

¡No tenía lógica! Él casi la había violado. Pero… ahora que lo pensaba y recordaba todo lo sucedido aquella noche… no parecía una violación; sino que parecía… y sólo parecía… que hubiera querido hacerle el amor. ¡Pero a través de una extorsión, maldita sea, no podía dejarlo pasar así como así!

Iba a mirar su reloj otra vez cuando unos pasos resonaron en el lugar. Se levantó rápidamente con la varita en alto, mientras la sombra de la persona se iba divisando de a poco. Pudo ver una capa ondeante y una silueta alta bastante familiar. Snape.

-¿Qué hace aquí, Señorita Granger?- preguntó el maestro con el seño algo fruncido.- Aún faltan diez minutos para mi clase.

-Ah, pues… yo…

-Baje su varita, por favor.- Hermione miró su brazo y vio que aún seguía apuntando a su profesor. La bajó al instante, avergonzada.

-Lo siento, profesor…- se disculpó con la mirada gacha.

-No importa, Granger. No se va a quedar aquí hasta que vengan todos, ¿o sí?

-Bueno… no tengo otro sitio a donde ir.

-Entonces pase al aula.- le dijo mientras abría la puerta y le ofrecía pasar primero. Ella pasó con un leve sonrojo en sus mejillas y él cerró la puerta. Silencio…

-¿Vendrá hoy en la noche?- preguntó Snape sin saber cómo abrir una conversación.

-Siempre lo hago, profesor.

-Por el bien del promedio…- dijo algo sombrío.

-Así es, por el bien de promedio. Pero… me entró una duda mientras esperaba allá afuera.

-¿Es algo que yo puedo contestar?

-Sí.

-Dígame entonces.- Snape se recargó sobre un pupitre de allí cerca.

-Usted… la primera noche, la de la extorsión…- el hombre se vio claramente incómodo por cómo se refería a aquel día.-…usted no quería violarme. Usted quería…

-No importa ya. De todas formas, no funcionó.

-Sí, eso nos quedó muy claro a los dos.- él asintió con pesadez y suspiró.

-¿Por qué no hizo nada? Esa pregunta resuena en mi cabeza todo el tiempo. Otra alumna me habría mandado a volar con apenas un roce.

Hermione se vio sorprendida por la pregunta que no podía responder. ¿Por qué no había hecho nada?

-Yo… no lo sé. Supongo que estaba muy desesperada por la nota después del castigo…

-O lo deseaba también.- sugirió acercándose a ella y mirándola siempre a los ojos. La joven tragó con fuerza y balbuceó antes de hablar.

-N-no, no, ¿q-qué dice? ¿No vio cuando me fui? ¿No oyó cuando le pedía que parara?

-Yo sólo escuché cómo usted gemía y jadeaba; no parecía querer que me detuviera.

-¡Pues ya ve que sí! ¿Le parece un buen trato intercambiar mi virginidad por una buena nota en Pociones?

-¡No pareció molestarse en pensar si era un buen trato o no, Granger! ¡Usted sólo se dejó hacer!

-¡¿Por qué es así, por qué siempre tiene que ser tan despreciable?!- le gritó mientras las lágrimas rodaban por su cara.- ¡¿Por qué tiene que echarme en cara que fui una idiota?! ¡No, suélteme!- exigió cuando él la rodeó con sus brazos y le acariciaba el cabello. Poco a poco fue calmando su llanto y la sensación que tuvo en el comedor acudió de vuelta a ella.- Suélteme…

-No fue usted la idiota.- susurró, besando ligeramente la castaña cabellera.- No debí hacerle eso. Sin embargo, he de admitir que no me arrepiento.- la joven lo miró con confusión y hasta algo de furia, aún abrazada por su profesor. ¿Qué no se arrepentía? ¡¿Qué quería decir eso?!- Quiero decir que, si no hubiera pasado aquello, no la tendría cada viernes conmigo en la noche.

-¡Sí, el castigo pudo haber sido ese!- le dijo separándose bruscamente de él.- No hubiera sido necesario hacerme pasar por lo que pasé…. Tengo pesadillas con eso, ¿sabe? Todas las noches…- confesó con agobio y nuevas ganas de llorar. Snape alzó su rostro bañado en lágrimas entre sus manos y las limpió suavemente con los pulgares.

-No lo sabía; lo siento. Pero, ¿a usted le parece un castigo pasar conmigo la noche una vez a la semana?- ella no respondió.- Porque jamás la he sentido moverse o estremecerse por una pesadilla.

-Porque… cuando estoy con usted… yo no tengo pesadillas.- concluyó bajando la mirada. Él volvió a acariciar su cabello.

-Qué interesante…

-¿Qué es interesante?- preguntó con curiosidad y volviendo a mirarlo

-Que estando con la persona que intentó profanarla sea el único momento en donde no tenga malos sueños.- la castaña asintió con algo de confusión.- Y sólo por preguntar, ¿cómo son esos sueños?

Hermione dudó un poco de si contarle o no. Cerró los ojos y recordó el que había tenido la noche anterior.

-Son… escenas de ese momento, mezcladas con cosas que no llegaron a suceder.

-¿Qué es que "no llegaron a suceder"?

-Una vez soñé que… que…- vaciló.

-Dígamelo; ¿qué fue?

-¿De verdad se lo tengo que decir?- inquirió con los ojos nuevamente inundados en lágrimas.

-Así sabré qué tan grave es. Pero si no quiere contármelo…

-Soñé que me violaba de verdad.- le soltó de golpe y volviendo a romper en llanto.- Fue horrible… se sintió tan real…- la joven se aferró al pecho de su profesor y lo empapó del salado líquido, haciéndolo temblar. Él sólo pudo abrazarla fuertemente mientras acariciaba una y otra vez su pelo ondulado.

-No, yo nunca le haría eso.- le dijo besando su frente.- Ya pasó, fue sólo un sueño. Tranquila.- Hermione se calmó un poco y sus sollozos se fueron acallando despacio.- Venga, le daré una poción de Sueños.

La castaña se limpió los ojos con un pañuelo y trató de parecer lo más calmada posible para la clase, que empezaría en unos pocos minutos. El hombre buscó en un gran armario donde tenía los ingredientes para las pociones y le dio un pequeño frasco de color magenta.

-Tómeselo. Y si vuelve a tener pesadillas me lo dice, ¿si?- ella asintió y se tomó el contenido del frasco ahí mismo. Era una sensación extraña, como si lo que estuviera pasando por su garganta no fuera líquido, sino… humo.

-Gracias, Señor.- Snape sonrió brevemente e hizo aparecer un vaso de agua. Ella frunció levemente el seño y lo miró inquiridoramente.

-Sé lo que se siente tomar eso. Lo mejor es tomar un poco de agua luego.- la chica apuró el agua del vaso en su garganta reseca; realmente esa poción era muy desagradable. Cuando terminó, miró a su maestro de nuevo.

-¿Y usted por qué tuvo que tomarla?- pero antes de que él pudiera contestar, se oyó desde afuera el barullo de los alumnos ya reunidos.

-Mejor hablamos en la noche. Vaya a sentarse a su mesa.- Hermione obedeció y se sentó en su lugar acostumbrado con Harry y Ron. Cuando se abrió la puerta, el primero en entrar y ver a la joven fue Draco Malfoy.

-Vaya, vaya, Granger, se ve que eres tan come-libros que no aguantas a que empiece la clase. ¡Oh, espera! ¿Qué habrás estado haciendo con Snape hasta entonces?- Crabbe, Goyle y Pansy se echaron a reír junto con el rubio.

-Cállate, Malfoy.

-¡Oh, Potter, qué sorpresa! Oye, ¿por qué no le preguntas a la sangre-sucia qué ha estado haciendo con Snape hasta ahora?

-¿Qué pudo haber estado haciendo Hermione con Snape que tú no hayas hecho con McGonagall, hurón?- saltó Ron con, hay que admitirlo, mucha elocuencia.

-Entren todos, rápido.- dijo Snape. Draco gruñó y les lanzó a Harry y a Ron una mirada asesina antes de entrar al aula con su pandilla. Los chicos sólo se echaron a reír.

-Gracias, chicos.

-De nada, Herm. A ver, déjanos un lugar. – le dijo Ron cuando llegaron a la mesa. El profesor ya estaba al frente de la clase hablando de la poción que realizarían ese día.

-Hoy elaborarán la poción Envejecedora, de la cual los Señores Weasley ya nos dieron una demostración hace dos años.- los Slytherins rieron con sorna del incidente durante el Torneo de los Tres Magos.- Ahora aprenderán a hacerla sin tener que robarme de mi almacén. ¿Alguno de ustedes sabe quién fue el inventor de dicho brebaje?- Hermione levantó la mano como resorte.- Y ahí está la señorita sábelo-todo. Pero veo que nadie más sabe la respuesta, así que ilumínenos, Señorita Granger.

La chica se aclaró la garganta antes de hablar.

-El inventor, o más bien descubridor, de la poción Envejecedora fue Bilius Sunwarmth quien, ingiriendo por accidente una seta Celeris Tempo, descubrió que su sistema envejecía con rapidez y, en el tiempo que le quedaba de vida, elaboró la poción Envejecedora, muriendo antes de que ésta fuera fomentada en el mundo mágico.

-¿Y cómo llegó a ser conocida entonces?

-Su mujer, Amelia Sunwarmth, descubrió la botella y los ingredientes restantes en el laboratorio de su marido, con él tirado en el piso. Con el dinero que consiguió de la poción pagó su funeral.

-Gracias, Señorita Granger. Le daría puntos a Gryffindor…- todos los de la casa del león le miraron expectantes.-… si no fuera porque el Señor Longbottom se quedó dormido. ¡Despiértese, Longbottom!- le gritó dándole un golpe a su mesa, lo que le hizo pegar un brinco y gritar "¡sándwich de comadreja!". Todos los Slytherins se echaron a reír a carcajadas.- Tendrá que aguantarse el hambre hasta que termine la clase. Diez puntos menos para Gryffindor.

-¡Oiga! ¿Y todo lo que dije?- le increpó Hermione.

-Ah, cierto. Diez puntos para Gryffindor.- todos los Gryffindors se pusieron a salar y a gritar de alegría por el extraño suceso.- ¡¿Pero qué es todo este descontrol?! ¡Veinte puntos menos, y siéntense!- todo el mundo se quedó callado y de muy mal humor por el resto de la clase, mientras las serpientes se burlaban de los leones. Pero Hermione no estaba para prestarles atención. Estaba demasiado ocupada en admirar los gestos de severo profesor mientras corregía trabajos como para escuchar las estúpidas burlas de los de la otra casa.

De repente, el hombre levantó la vista y la miró; ella sintió a su corazón saltar e inconscientemente se acomodó el pelo. ¿Pero qué hacía? ¡A ella no le importaba que la viera linda! Pero no podía evitar querer sonreírle como una tonta cuando la miraba. Suerte que podía contenerse.

Frunció el seño; ¿qué pasaba? ¿Acaso no le gustaba que quisiera verse bonita para él? ¡¿"Verse bonita PARA ÉL", qué estaba pensando?! Sintió un olor extraño llegar a su nariz. Olía a…

-¡Ustedes tres, salgan de ahí!- gritó el hombre de negro levantándose de su escritorio.

Olía a una poción mal hecha.

Hermione miró su poción, que debería ser azul, de un color gris mezclado con verde y un aspecto bastante repulsivo. Y no sólo eso: el caldero temblaba y echaba un espeso humo grisáceo a más no poder. Sintió a Harry y a Ron pasar detrás de la chica mientras ella se había quedado pasmada pensando qué pudo haber hecho mal. No se movía.

-¡Granger, muévase! ¡Ese caldero va a explotar!- le gritó Snape. Ni se inmutó. Cuando el contenido se descontroló y tembló, sintió un fuerte tirón en el brazo y cómo su profesor la abrazaba contra sí, cubriéndola con su larga capa.

"¡BOOM!" se escuchó. El caldero había explotado. Tendría una mala nota pero… ¿por qué se sentía tan bien?

En ese momento, se dio cuenta de cómo y con quién se encontraba. Levantó la mirada y se encontró con un par de negros y profundos ojos. Se sentía acogida en los brazos de aquel hombre; no podía explicar cómo, pero era un sentir especial. Él quitó la capa y dejó que ella viera el desastre que había provocado: el caldero peltre estaba totalmente destrozado; había restos de la preparación en paredes, piso, otras mesas, y un humo negro se extendía por encima de lo que quedaba de los elementos de trabajo. La chica se mordió el labio, apenada. Snape sacó la varita y, con un simple pase, todo estuvo arreglado.

-No es que tuviera muchas expectativas sobre usted, Señorita Granger, pero esto no me lo esperaba.- le dijo fríamente.- Y no pretendo tenerla junto a mí todo el día, así que hágame un favor y sepárese.- Hermione se apartó de él como si quemara, totalmente sonrojada. Sonó el timbre.- Muy bien, todos dejen sus muestras en mi escritorio y váyanse. Treinta puntos menos para Gryffindor por el incidente de la poción.


-¿Por qué Snape no te puso ningún castigo? Si yo hiciera eso, me mandaría a limpiar los baños con la lengua.- protestaba Ron mientras él, Harry y Hermione caminaban por los terrenos.

-Quizá porque sabe que comes de todo, Ron.- rió el moreno de ojos verdes.

-Tampoco exageremos, Harry. El hecho es que el murciélago no le dijo nada a Hermione porque hizo reventar su caldero, y eso es algo que pasa cada muerte de Obispo. ¡Ni siquiera eso! Cada muerte de Nicholas Flamel.

-Primero:- empezó la castaña.- ya te dije que no le dijeras "murciélago" al Profesor Snape. Segundo: si no me dijo nada, fue porque quizá tengo mejor promedio que el tuyo; y tercero: ¡¡ya deja de aprovecharte de que este año murió Flamel, Ron!!

-Por lo que sea que haya sido, sigue siendo raro….- dijo Harry.- Él te salvó de ese accidente y, por lo que sé, eso implica una deuda mágica.

"Una deuda mágica" repitió mentalmente Hermione. Eso significaba que le debía algo; pero no un algo cualquiera, sino que tenía que salvarlo ella también de algún peligro. Seguramente él también era consciente de ello.

-Ya falta poco para la cena; ¿entramos al castillo?

-Ron, falta media hora para la cena. ¿No puedes aguantar un rato para comer?- le espetó la castaña al pelirrojo.

-¡Pero tengo hambre!

-¡Tú siempre tienes hambre!- le dijeron Harry y Hermione a Ron, para luego echarse a reír los tres.

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-Ahh… ahh…- gemía Hermione repetidamente en medio de su sueño.

Sentados y abrazados en una gran cama de doseles, la mano grande de un hombre se perdía en sus rizados cabellos mientras otra, traviesa, exploraba y jugaba entre sus piernas.

-¿Te gusta, Hermione…?- le preguntó al oído una voz suave y sedosa.

-S-sí…

-¿Cuánto?

-Mucho…- le respondió ella con una breve sonrisa en sus labios y los ojos cerrados. El misterioso hombre besó su mejilla e intensificó su juego. Hermione se arqueó y jadeó con fuerza.- Necesito verte…

-No puedes.

-Por favor…- le suplicó; no hubo respuesta. Giró su rostro y le mordió el lóbulo de la oreja con suavidad. La chica pudo sentir cómo se estremecía y aspiraba con fuerza.-… déjame verte.

-Te dije que no.

-¿Por qué?

Hermione sintió que la mano en su cabello bajaba por su espalda, acariciaba su costado y estimulaba lentamente su pezón ya erecto. Él besó su cuello.

-Se perdería el misterio.

-Pero…

-Shh… calla…

La castaña pudo sentir, aún con los ojos cerrados, cómo los finos labios iban besando su cara desde la oreja hasta llegar a su boca, donde la besó con delicadeza y amor. Quiso acercarlo más a ella para profundizar el oscuro contacto, pero no aguantó la curiosidad de tener ahí ante ella y se separó de él. Quiso, de verdad que quiso abrir los ojos, pero tenía algo sobre ellos que no la dejaba ver. Era una venda de seda. Bufó frustrada y lo escuchó reír.

-No te rías.- le dijo mientras trataba de quitarse la tela de los ojos. El amante secreto le tomó las manos y se las besó con cariño, colocándolas en sus hombros para que lo abrazase. La acercó hacia sí y la volvió a besar suavemente.

-La curiosidad mató a la gatita, pequeña.

-Pero quiero saber…- le rezongó.

-¿No puedes sentir en vez de ver? ¿No puedes dejarte llevar?- ella se quedó callada.- Déjame mostrarte todo lo que los ojos no te dejan ver…

Dicho esto, se puso a besar sus labios, bajando por el cuello y saboreando, luego, los pechos de la joven. La fue recostando en el colchón poco a poco, mientras seguía besándola y robándole suspiros de placer. Fue quitándole despacio su última prenda interior y acarició su centro con suavidad. Hermione tembló y gimió ante el roce. El hombre se colocó arriba suyo y le acarició el cabello para calmarla de su visible nerviosismo.

-Tranquila, todo estará bien.- le susurró la voz mientras le quitaba la venda de los ojos. No quiso abrirlos. Sólo quería dejarse ir, confiar…

Lo sintió entrar con mucha delicadeza en ella y no pudo resistir mirarlo; quiso compartir con él aquel instante mágico, y lo único que vio fueron dos ojos oscuros como la noche, enmarcados por el pelo negro azabache y la piel cetrina.

-Profesor…

Hermione despertó de súbito de su placentero sueño; ¡vaya si esa poción surtía efecto! Claro, la poción de Sueños tomaba las pesadillas y las convertía en sueños gratos. Su inventor fue un verdadero genio.

La castaña miró a su acompañante y vio que se removía desesperado, sudando y balbuceando cosas inentendibles. Parecía tener una pesadilla.

-No puedo, mi Señor, no puedo…

-¿No puedes?- él negó con la cabeza. Los ojos rojos chispearon de furia.- ¡¿NO PUEDES?! ¡¡CRUCIO!!- el hombre se retorció en el suelo de piedra, siendo invadido por el intenso dolor de la maldición. Sentía su cabeza a punto de partirse; los pulmones estaban cerrados al aire y su garganta desgarrada por gritos espantosos de dolor. Todo cesó en segundos que le habían parecido una eternidad. Abrió despacio los ojos y vio a la joven atada, la cual le sonreía con agradecimiento; sus intensos ojos azules centellando por las lágrimas.- ¡¡SI NO MUERE ELLA MORIRÁS TÚ, MALDITO TRAIDOR!!- dirigió su varita de hueso a su rostro, que se contorsionó en una mueca de pánico.- ¡AVADA KE…!

-¿Profesor? Profesor Snape, despierte, yo estoy aquí.- lo tranquilizaba Hermione mientras le quitaba los mechones de cabello pegados al rostro por el sudor.

Una luz blanca iluminó el lugar, encandilando al Señor Oscuro y llenando la habitación de aquella luz pura. De entre toda esa luminosidad, surgió un ángel que hizo desaparecer todo alrededor, dejándolo solo a él con la bella mujer alada.

-¿Profesor? Profesor Snape, despierte, yo estoy aquí.- le decía la angelada mientras lo tomaba entre sus brazos. Se sentía seguro.- Despierte…

Así lo hizo. Y cuando abrió los ojos, lo primero que vio fueron los dos orbes melados que le quitaban el sueño el resto de las noches. Se le quedó mirando como si estuviera hipnotizado, fascinado con la belleza de aquellos irises. La chica sonrió levemente.

-Creo que ya sé para qué usa usted la poción de Sueños.- le dijo riendo.- ¿Con qué soñaba?

-No se lo puedo decir.- le dijo tomando su mano y entrelazándola con la suya.- Lo único que le diré, es que su deuda ya está saldada.


Hola!!

Dios, mi disculpas les pido por haber tardado TANTO tiempo (un mes y dos días), pero es que estuve muy ajetreada con lo último de colegio y el hecho de que me voy a Brasil de vacaciones. Sí, señoras y señores, el diez de diciembre me voy a Brasil y no van a saber nada de mí por diez días. Y con lo del colegio...

¡¡OIGANME TODOS: ESTOY ENTRE LOS ÚNICOS TRES ALUMNOS DEL CURSO QUE NO SE LLEVARON NINGUNA MATERIA!!

Ejem, nada importante, jeje. En fin, espero que les haya gustado el capítulo y muchas gracias a todos los que me hayan dejado review :) Aquí contest todos los reviews anónimos:

Mensaje especial para DarkReginaB19: Aguantá un poco que ya tengo planeadas las vacaciones de Navidad ;) Gracias por tu sugerencia y tu comentario; me alegra mucho que te guste mi fic.

Mensaje especial para belitsnape: ¡Y cómo no me ibas a andar de musa si esa ida del mal sueño era imperdible, mujer! Te agradezco mucho que me hayas ayudado en el capítulo 4 y lamento haberte hecho esperar tanto.

Mensaje especial para Lady Grayson: Hola, Lady!! Me alegro muchísimo de que te haya gustado el capi anterior; espero que éste también haya sido de tu agrado. ¿En serio te hice acordar a vos? Y claro, ¡qué pregunta! Con las reacciones de Sev en tu fic, es difícil que hayas adivinado el comportamiento de una persona violada :B Perdón, pero a esta hora de la noche el ingenio se me va de joda XD Muchos besos!!

Che, esto de responder comentarios está bueno, debería hacerlo más seguido.

Nos vemos en el próximo capítulo!!

Besos, cuídense!!

Balck Angel