Clases particulares.

Capítulo 6: Tu eterna pesadilla.

—Mallow, ven a ver esto —me llama Lana. Ella se encontraba al otro lado del pasillo del departamento, mirando una vitrina repleta de artículos de pesca. Una joven dependiente del local le acompañaba.

—Sí, ya voy.

—¿Qué te parece ésta? —Me muestra una caña de pescar de buen tamaño, de color blanco con pequeños detalles verdes—. Combina con la ropa de Kukui-sensei, ¿no crees?

—Hasta parece que se la mandaron a hacer. —refunfuño cargada de ironía, frunciendo ligeramente el entrecejo.

El centro comercial Haouli es uno de mis sitios favoritos de toda la ciudad. En otras circunstancias, andar de compras ahí me resultaría una experiencia de lo más divertida; podría pasarme horas y horas visitando cada local, mirando uno por uno todos los escaparates. Pero este día en particular…

—Vamos, anímate —me dice mi amiga—, todavía tenemos mucho tiempo. Estoy segura que pronto encontrarás un buen obsequio.

—Si tú lo dices. —Mis ojos se giran hacia arriba en una expresión que dice más que mil palabras. No parece que Lana la haya notado, pues está muy ensimismada examinando los accesorios para cañas de pescar que la dependienta le ofrece, aunque creo que Tsareena sí la notó.

"Qué irónica es la vida" pienso. "Yo que me había propuesto encontrar una manera de hacerle pagar a Kukui-sensei por lo que me hizo esa tarde. ¡Y véanme ahora!"

—Ya está decidido. Le voy a llevar éste. —Lana le pide a la dependienta que le envuelva para regalo la caña de pescar. La joven, una chica muy bonita de cabello castaño y ojos violetas, asiente con una sonrisa y se lleva consigo el artículo.

"Obligada no sólo a preparar un pastel de cumpleaños en su honor sino también a darle un presente. No quiero ni imaginar la cara que va a poner Kukui-sensei cuándo lo sepa, ni la rabia que me va a dar cuando le tenga que entregar su obsequio en frente de toda la clase. Ya lo veo sonriendo y diciéndome que le gustó mucho mi obsequio, con una expresión de lo más cínica y sinvergüenza mientras que yo me muerdo el labio mientras me aguanto estas terribles ganas de gritarle en su cara que es una basura de ser humano. ¿Por qué? ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?"

—Listo. —Lana se acerca de nuevo a mí. Llevaba ahora en sus brazos una caja con envoltura para regalo, de casi un metro de largo y decorada con un moño azul brillante—. Ahora sólo nos falta tu regalo. Vayamos a la siguiente tienda a ver si encuentras algo que te guste.

La hora pico había llegado, por lo que los pasillos del Mall estaban atestados de gente que paseaba muy alegre de tienda en tienda cargando bolsas de compras de todos tamaños y colores. Verlos así de contentos hace que mi estado de ánimo ya de por sí deplorable caiga en picada. Camino lentamente detrás de Lana, con los ojos señalando al suelo.

—Oye, Lana —musito en voz apenas audible—, creo que será mejor que nos vayamos. Ya llevamos más de dos horas aquí. Mañana vendré de nuevo a buscar un obsequio para sensei.

—No te des por vencida. Si necesitas que te ayude a escoger un buen regalo, cuenta conmigo. Al fin y al cabo yo ya conseguí el mío.

"Lana en verdad piensa que yo siento algo por Kukui-sensei. Ella sólo lo está haciendo porque es mi amiga y quiere verme feliz. No merezco que alguien se preocupe tanto por mí. Pero tampoco quiero hacerla sentir mal, no se lo merece de ningún modo."

—Está bien, Lana, vamos a una tienda más —le respondo fingiendo una sonrisa.

No debí haber hecho eso. Se me olvidó que Lana sabe diferenciar cuando sonrío de verdad a cuando no. Ahora ella luce todavía más preocupada por mí.

—¿Quieres que te dé un consejo? —me dice, alzando levemente la mirada—. Cómprale algo a Kukui-sensei que deba llevar siempre puesto, como un reloj, un colgante o una pulsera. De esa manera, siempre que lo lleve puesto y lo vea se acordará de ti.

"Sí, claro. Si el profesor Kukui tuviera tan buena memoria y se acordara de mí y de lo que me hizo el muy cabrón, no andaría por ahí, tan campante, actuando como si nada hubiera sucedido. Cómo quisiera encontrar una manera, algo con qué poder borrar esa sonrisa y actitud entusiasta."

—Además —añade Lana—: conociendo al profesor, si se trata del regalo de uno de sus estudiantes estoy segura que él se lo pondría todos los días sin importar lo que fuera. Ese es el tipo de persona que es.

Detengo mi paso. Las palabras de Lana han hecho estallar algo dentro de mí.

"Eso… ¡Eso es!"

—¡Lo tengo! —exclamo mirando hacia el techo.

—¿Eh? ¿Qué pasa? —Lana, Popplio y Tsareena me observan con extrañez.

—¡Lana! —Me acerco a ella y la tomo de los hombros—. ¡Me acabas de dar una grandiosa idea! ¡Muchas gracias! —y salgo corriendo a toda marcha en dirección a la boutique más cercana que conozco, dejando atrás incluso a Tsareena.

"¡Ya sé! Ya sé cómo le puedo hacer para que Kukui-sensei quede expuesto en frente de toda la clase como el patán sinvergüenza que es."

Entro a la tienda de ropa y rápido me dirijo a la sección de caballeros. Uno de los que trabajan ahí me grita que no debo correr dentro, pero lo ignoro por completo.

"Tal y como dijo Lana: si alguien te regala algo, tu obligación moral es utilizarlo. Ya que si no lo haces le estarías dando a entender a la persona que te lo obsequió que no apreciaste su esfuerzo y el cariño que le puso al darte ese obsequio."

Busco entre una enorme pila de prendas en rebaja, echando al suelo las playeras, camisas y pantalones. Busco frenética hasta el más profundo hoyo de la pila.

"Si es así, entonces voy a regalarle a Kukui-sensei algo que él jamás, pero jamás en la vida usaría:

"Una camisa."

Un par de dependientes me miran nerviosos. Creo que quieren pedirme que me detenga, pero no se atreven ni a acercarse a mí.

"Pero no va a ser cualquier camisa; no, señor. Le regalaré la camisa más horrible, fea, horrenda y ridícula que pueda existir. Una camisa tan espantosa que ningún hombre en sus casillas y con un mínimo de dignidad se atrevería a usar en público."

—¿Éstos son todos los modelos que tienen? —me quejo en voz alta con uno de los encargados—. ¡Por favor! ¡Estos diseños son bastante simplones! Necesito algo más extravagante.

"Ya puedo ver su cara cuando abra el regalo frente a todos. Al principio estará sonriendo, pero luego su sonrisa se desquebrajará en pedazos en menos de un instante.

"—¿Verdad qué es muy linda, Sensei?

"Fingiré que para mí es la camisa más hermosa del mundo, que la escogí con todo mi cariño y esmero, por lo que a Kukui-sensei no le quedará más opción que sonreír en frente de todos para no quedar como un malagradecido.

Me encanta… —dirá el muy cobarde, con una sonrisa más falsa que su hombría.

"Y por primera vez tendrá que pretender que está contento frente a todos los demás. Así, de la misma manera en que yo he tenido que hacerlo durante estos últimos tiempos por su culpa. Al fin Kukui-sensei sabrá cómo se siente."

El dependiente me lleva a una sección distinta, una donde tienen prendas para toda la familia en liquidación. Esculco entre los racks de ropa, los botaderos y escaparates. Mi instinto me dice que si busco en las rebajas más grandes encontraré lo que estoy buscando.

Hasta que al fin doy con ello.

Una camiseta de manga larga, de un color rosa eléctrico bastante chillón y ridículo, con el estampado de un Muk* de caricatura recibiendo, sonriente y sonrojándose, un tacho de basura de parte de un Garbodor igual de caricaturizado, como si se tratara de un ramo de flores. El Muk lleva un moño rosa en la cabeza, lo que implica que debe tratarse de una Muk hembra. Al pie del dibujo se encuentra escrita la frase: 'Is That Trash For Me?' con gruesas letras multicolores y pequeños corazoncitos rosas alrededor.

Ni aunque lo intentara, la camiseta no podría ser más fea. Eso explica por qué tiene un descuento del ochenta por ciento y ni así se ha vendido. ¡Es perfecta! Es justamente lo que necesito.

"Pero mi castigo no se va a quedar ahí. sensei. Todavía falta la peor parte:

"—Kukui-sensei, ¿por qué…? ¿Por qué no está usando la camiseta que le regalé?

"Fingiré estar muy triste y desilusionada, que estoy al borde de las lágrimas. Todos mis compañeros me mirarán y se enfadarán con él. Entonces, Kukui-sensei intentará poner un montón de excusas.

"—Pero si usted me había dicho que le gustó mucho. ¿Eso quiere decir… que Kukui-sensei me engañó? ¡Kukui-sensei no es más que un mentiroso! ¡Kukui-sensei jugó con mis sentimientos!

"—Miren eso. Ha hecho llorar a Mallow. El profesor es un pelmazo —dirá uno de mis amigos.

"—¡Sí, sensei! ¡Púdrase! Por su culpa Mallow está triste —lo apoyará otro.

"—No, chicos. Cálmense un poco… Yo…

"—¡Basura!

"—¡Sí, basura!

"—¡Púdrase, sensei!

"Por fin todos te mirarán como la escoria malnacida que eres en realidad, Kukui-sensei. Sentirás en carne propia el desprecio y el rechazo de los demás. Y yo estaré ahí, en primera fila, para ver cómo eres abucheado y repudiado por tus propios alumnos. Vas a pagar por lo que me hiciste."

—Disculpe —le muestro la camiseta al dependiente—, voy a llevarme ésta. Por favor, ¿podría envolvérmela para regalo?

"Y aún si fueras tan tonto como para ponerte esa camiseta y así intentar quedar bien conmigo, adoraré ver tu cara avergonzada mientras todo el mundo se te queda viendo y se burla de ti a tus espaldas. Y entonces me acercaré a ti con una sonrisa y te diré:

"—Kukui-sensei, qué guapo se ve con esa camiseta.

"Sólo para echarle más sal a la herida y ya no puedas soportarlo más. Hagas lo hagas, yo ganaré. Ésta será mi dulce venganza."

Salgo del local, y tras caminar unos cuantos metros, me reencuentro con Lana, Tsareena y Popplio, quienes tienen pinta de haber estado buscándome hasta terminar exhaustas.

—¿En dónde te metiste? —me cuestiona Lana, mas de inmediato advierte la bolsa de compras que llevo en la mano y eso responde su duda—. ¡Mallow, no me digas que por fin conseguiste el regalo!

—¡Sí! —Le muestro con orgullo la bolsa—. Fue gracias a tus palabras que por fin se me ocurrió qué regalarle.

Lana abre mucho los ojos, se lleva las manos a la boca y se voltea hacia atrás a tratar de contener la risa.

—¿eh? ¿Qué pasa? —le reclamo—. ¿Acaso tengo algo en la cara?

—No, no es eso. Es qué… ¡ay, no puedo con esto! —se echa a reír—. Es que tu cara… ¡tendrías que ver tu cara! Tienes una sonrisa de oreja a oreja que apenas y te cabe toda.

Lana se lleva las manos al estomago y se pone en cuclillas a seguir riendo.

Y a mí se suben todos los colores al rostro; estoy que casi puedo echar vapor por las orejas.

—¡Espera un segundo, Lana, no es lo que estás pensando! ¡No estoy feliz por eso! ¿Me oyes? ¡Lana, detente!

—Como sea. —Lana se limpia las lágrimas que se le salieron por tanta risa—. Es hora de marcharnos. Todavía hay muchas cosas que preparar para la fiesta sorpresa de Sensei.

—Sí, tienes razón —contesto luego de un resoplido y tratando de aparentar indiferencia—. Vámonos.

Por la tarde —casi noche—, y luego de haber tomado un relajante baño, me pongo a buscar entre los cajones de mi cuarto una de las tantas libretas de apuntes que llené durante mi estadía en el campamento de cocina. Mañana por la mañana Kiawe pasaría a entregarme los ingredientes para elaborar el pastel, pero para eso tendría que mandarle hoy mismo una lista por correo electrónico con todo lo que iba a necesitar.

Luego de haber comprado el regalo de Kukui-sensei, contemplé la posibilidad de agrandar mi venganza saboteando de igual manera su pastel de cumpleaños, pero lo descarté de inmediato pues mi orgullo como cocinera nunca me permitiría cocinar algo mal a propósito, sin importar que fuera para algo tan importante como lo es vengarme de Kukui-sensei por lo que me hizo. Además, aunque el pastel va a ser para festejar al profesor, mis amigos también van a probarlo. Tengo que hacer mi mayor esfuerzo; ellos me confiaron esta tarea y no los voy a defraudar.

Finalmente la encuentro: la receta para preparar un delicioso pastel de chocolate triple que aprendí durante el campamento de cocina. Al contemplar la hoja escrita con mi puño y letra, el orgullo infla mi pecho y recuerdos maravillosos de mi estadía en aquel lugar se me vienen a la mente.

Lo que hacía a esta receta tan especial era que me la había enseñado nada más ni nada menos que Siebold, uno de los chefs profesionales más reconocidos del mundo, mi modelo a seguir desde que era pequeña y uno de los anfitriones y profesores del evento.

—¡Kyaaa! —Me tiro a la cama y me revuelco sobre ella de la emoción, abrazando con fuerza la libreta, con una sonrisa de oreja a oreja cual fangirl desquiciada—. ¡Todavía no puedo creer que haya conocido en persona al mismísimo Siebold, y que hasta me haya dado clases! ¡A mí, en persona! ¡Inclusive reconoció mis habilidades culinarias y me dijo que me esperaba un futuro brillante!

Era por detalles como ese que, aún hoy en día, no me puedo decidir entre si el haberme vendido a Kukui-sensei a cambio de asistir al campamento fue el mayor de mis errores o la más sensata de mis decisiones. Por mucho que contemplo una y otra vez la balanza de mi corazón, que mide en cada extremo las cosas horribles que sufrí en la escuela y las buenas que viví en el campamento, no logro vislumbrar a la fecha a un vencedor claro.

Le envié una foto de la receta por E-mail a Kiawe. Luego me puse mi pijama, preparé mi cama y, como ya era costumbre en mí dado que de otra manera me es imposible conciliar el sueño, me masturbé hasta quedar satisfecha.

Sólo que en esta ocasión, en lugar de recordar y regodearme en mi experiencia indecente junto a mi profesor, me puse a fantasear sobre mi plan maestro para hacerle pagar a Kukui-sensei por sus acciones; con su cara apenada y completamente nerviosa, con la clase entera odiándolo, con la vergüenza insoportable al tratar de ponerse esa camiseta horrible que no podía rechazar por tratarse del regalo de cumpleaños de su queridísima alumna.

Como ya se imaginarán, el orgasmo que alcancé aquella noche fue de lo más increíble; placentero y satisfactorio como pocos puedo recordar. Caí profundamente dormida casi al instante, y con una enorme sonrisa que no se me borró del rostro hasta el día siguiente.


NOTA: Mallow es una chica de Alola, por lo que cada vez que se refiere a ciertos Pokémon con forma regional (como vuplix o, en este caso, Muk) se refiere por defecto a sus formas regionales (formas Alola), por lo que el Muk de la playera es un Muk Aloliano.