seis
Las voces de las piedras
El Santuario
Jorge golpeó el saco de arena con tanta fuerza que la arena empezó a escaparse por un agujero. Sin embargo, no había usado toda su fuerza... no quería hacerlo en ese momento en que podía sentir la cercanía de alguien más.
-¿Entrenando o dejando salir la presión? –preguntó Seiya de Sagitario.
-Sólo tratando de mantener la calma. Me sorprende que me hables, parece que todo el mundo me está aplicando la Ley del Hielo.
-Y se pondrá peor, pero yo no soy "todo el mundo" ni formo parte de "los demás".
-Es una maravilla poder sentirse un individuo en medio de la masa –respondió Jorge con una sonrisa.
-Gracias.
Pero todo eso lo había dicho Seiya muy serio, al parecer no se trataba de una broma.
-Según parece, he causado un gran problema por aquí... –comenzó Jorge.
-Yo diría que la causa del problema es Keres, no tú.
-En tal caso, debes ser la única persona que no me ha condenado por denunciarlo. La propia Atenea pone muy mala cara al verme.
-Saori tiene el deber de respaldar a su Patriarca, aunque sea en contra de uno de sus Caballeros de Plata. Está atrapada entre el deber y la lealtad, como toda la vida.
Esta vez fue Seiya quien golpeó el saco de arena, destrozándolo. Jorge frunció el ceño, eso sonaba como una opinión demasiado personal.
-Hay una máxima del Derecho Romano que me impresionó mucho desde la primera vez que la leí –continuó Seiya con voz calmada-. "Fiat Iustitia, ruat coelum".
-¿"Hágase la Justicia, aunque se hunda el cielo"?
-Yo no le agrego el "aunque" para traducirlo... Quiero que sepas que puedes contar conmigo y con Verena si llegas a necesitar ayuda, Canes Venatici.
-Gracias.
Seiya se despidió con una inclinación de cabeza, pero agregó algo más antes de salir.
-Me alegra ver a alguien que todavía puede ser idealista.
A Jorge no le hizo gracia el último comentario.
-"Hágase la Justicia, húndase el cielo" –murmuró mientras buscaba alguna cosa lo suficientemente sólida como para poder golpearla hasta desahogarse-. Me pregunto si Sagitario sabrá que lo único que temían los galos era que el cielo cayera sobre sus cabezas...
México
Cuando regresó a su casa después de despedir a Marijose en el aeropuerto, Leonel le entregó la llave a Alex para que abriera la puerta de la casa mientras él ayudaba a bajar del auto a la pequeña Diana, pero Alex no se acercó siquiera a la puerta.
-Hay alguien adentro.
No era la primera vez que su primogénito le avisaba de la cercanía de alguien, en ocasiones incluso había adivinado la identidad de alguna persona que estaba por llegar, pero esta vez las cosas no parecían normales. Leonel dejó a Diana en el suelo y les indicó a los dos que fueran inmediatamente a casa del vecino.
-Si en diez minutos no he ido a recogerlos, díganle a don Pablo que llame a la policía.
Alex asintió y se llevó a Diana, que abrazaba a su Tigger de peluche tratando de no demostrar lo asustada que estaba.
Leonel los vio llegar a la casa de al lado y entonces se aproximó a la suya. La cerradura de la puerta principal estaba forzada y la puerta se abrió suavemente cuando la empujó con la punta de los dedos.
El intruso estaba en la sala, sentado en el sillón favorito de Leonel, y hojeaba con suma atención el álbum familiar mientras tomaba algo de café.
¿Qué clase de ladrón entra a una casa y se toma tiempo para preparar café y ver fotografías?
-Hola –saludó el desconocido, sin mirarlo.
Una cosa era cierta, con ese acento no podía ser mexicano. Era un hombre de aproximadamente la misma edad que Leonel, 1,80 de estatura, cabello rubio, muy corto, y ojos grises; cuando por fin se dignó mirar al dueño de la casa, éste pudo apreciar una fina cicatriz en su frente, justo sobre la ceja izquierda.
-¿Qué es lo que busca en mi casa? –preguntó Leonel fríamente.
-Sólo pasé a saludarte.
-¿Destrozando la cerradura? ¿Quién es usted?
-¿Qué, no me recuerdas? Soy Jean-Michel.
-No conozco a ningún Jean-Michel.
El rubio sacudió la cabeza con una mirada llena de desilusión.
-Mis amigos me llaman "Misty".
-¿Como la niña de Pokémon?
-¡Ey! ... Ahora que lo pienso... nunca me dijeron por qué llamaban así... ¿Sería por eso?
-Salga de mi casa antes de que me enfade.
-Viene a visitarte un amigo después de casi veinte años y lo primero que haces es tratar de echarlo. Nunca fuiste muy sociable, pero veo que tu carácter ha empeorado con los años. Cualquiera diría que el matrimonio te habría hecho aprender un poco de modales.
Leonel lo sujetó por un brazo, obligándolo a levantarse.
-¡Salga de mi casa!
-¡Cálmate un momento, Aioria!
-... ¿qué?
Misty sonrió.
-¿Vas a negarme que eres Aioria de Leo?
-Lo que me faltaba. Otro loco.
-¿Eh?
-¡Desde que me dejé convencer por Marijose para ayudar en ese proyecto del manga, siempre aparece algún idiota que me confunde con el personaje de Kurumada! ¡Sepa usted que los tales caballeros del zodiaco no son más que el resultado de un exceso de imaginación por parte de un japonés que probablemente había recibido un golpe en la cabeza cuando empezó a dibujar! ¡Y ya he tenido demasiado de eso!
A empujones, Leonel consiguió sacarlo de la casa.
-¿No puedes escucharme siquiera un minuto?
-¡No!
-¡Es importante! ¡Es acerca de Atenea y del Santuario!
-¡Yo no...!
-¿Qué le sucede a Atenea? –preguntó otra voz, una voz de niño.
Leonel descubrió con sorpresa que Alex estaba ahí. Y no sólo Alex, Diana estaba junto a Alex y miraba fijamente a Misty, lista para esconderse detrás de su hermano.
Leonel apretó los puños al ver que Misty se arrodillaba frente al niño para poder mirarlo a los ojos.
-Tienes una hermosa familia, Aioria, algunos matarían por un privilegio así.
-Mi nombre no es...
-Ya, ya, lo que tú digas. Leonel, entonces –Misty dejó de prestar atención al padre para concentrarse en los hijos-. Así que ustedes son Alexander y Diana. Alexander como el joven guerrero que conquistó el mundo y Diana como la diosa de la caza, los bosques y la luna... ¿Bajo qué constelaciones nacieron?
-Los dos somos leo –respondió Alex inmediatemente-, yo tengo la protección de Sagitta y mi hermana, la de Leo Minor.
-¿Así que esta niña es una leoncita? ¿Y tú eres la flecha que destruyó al águila de Zeus para salvar a Prometeo de su tormento? Vaya, Leonel, parece que nunca podrás estar lejos de leones y arqueros –siempre mirando a los niños (y, por lo mismo, dándole la espalda a Leonel), Misty siguió hablando con voz reposada-. Algunos caballeros de plata sobrevivimos a la masacre que organizaron los traidores de la Fundación Graude. Hemos estado escondiéndonos durante veinte años, esperando a reunir las fuerzas suficientes como para vengar al Maestro Arles y recuperar el Santuario. Vine a solicitar tu ayuda. Como Caballero Dorado de Leo, es tu deber...
-Yo no...
-Está bien. Sigue negándolo todo el tiempo que quieras. Yo estaba en contra de hablar contigo, de todos modos, y me da igual cuál sea tu decisión... sin embargo...
Con un movimiento lento, casi como en una ceremonia, Misty se quitó una cadenita de plata que llevaba consigo y la colocó alrededor del cuello de Diana. Leonel quiso intervenir, pero ya Misty se había apartado de ella. De la cadena colgaba un anillo de oro blanco con un brillante.
-¿Qué significa esto?
Misty sólo sonrió y se alejó con paso tranquilo.
-Filia lunae, ave. Nos veremos de nuevo, viejo amigo. Au revoir!
Leonel miró a los niños, luego a Misty, que pronto desapareció al doblar una esquina y finalmente entró a la casa con paso decidido.
-¿Qué haces? –preguntó Alex cuando vio a su padre meter ropa en una maleta con verdadero apresuramiento.
-Ve con tu hermana y no te alejes de ella. Vamos a ir a Grecia.
No muy lejos de ahí, Misty se reunió con su socio.
-¿Hubo suerte?
-Lo negó todo, por supuesto, pero se puso en movimiento.
-Algo es algo.
Ya en el avión, Alex se atrevió a hacer la pregunta que rondaba su mente desde hacía rato.
-¿Por qué ese señor le dio un anillo a Diana, papá?
Leonel miró con atención a la pequeña que dormía en sus brazos y luego al niño de brillantes ojos verdes que estaba a su lado.
-Antiguamente, se señalaba con una joya a los que habían sido elegidos por los dioses. Y el diamante es la piedra de Leo –respondió finalmente.
-¿Elegidos para qué?
-Para la gloria –la mirada de Leonel se oscureció-. Pero es mejor ser el último esclavo entre los vivos que reinar entre los muertos.
-No te entiendo.
-Es lo que le dijo Aquiles a Odiseo cuando se encontraron en el Hades.
El Santuario
Otra vez estaba el Santuario a la vista, siempre tan impresionante como el primer día. Misha contempló largamente los edificios de mármol blanco, agradeciendo al cielo esos pocos instantes de soledad en los que podía dejar a un lado la máscara de una sonrisa falsa y una alegría forzada.
-¡Misha!
Unos pocos instantes en verdad. Ya Ginsei lo había alcanzado. Menos mal, ahora tal vez podría apresurar un poco el paso y alcanzar a Geki, que los había dejado atrás sin darse cuenta de que Ginsei retrasaba la marcha.
No habían tenido tiempo de alejarse mucho del Santuario antes de recibir la orden de regresar. El Maestro Keres estaba preso y Atenea quería a todos sus caballeros y aprendices en el Santuario. Una medida que a Misha se le antojaba poco prudente, las personas ajenas al Santuario podrían interpretar aquello como si Saori estuviera reuniendo fuerzas para desafiar a las autoridades.
Había que ser muy cuidadoso.
-Hay alguien allá adelante –dijo Ginsei, señalando un destello dorado. Era sólo un punto de luz, pero tenía que venir de una armadura.
-Es Hyoga –dijo Misha de inmediato.
-¿Cómo lo sabes desde esta distancia?
-Sabe que regresamos, él y Vega siempre me esperan ahí cuando vuelvo de los viajes de entrenamiento.
-Te quieren mucho, ¿verdad?
El dejo de amargura en la voz de Ginsei hizo que el muchacho la mirara extrañado.
-"La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?"
Ella enarcó una ceja, sin comprender de qué le hablaba.
-"Los suspiros se escapan de su boca de fresa / que ha perdido la risa, que..."
-¿Qué es eso? ¿Una poesía?
-"Sonatina", de Rubén Darío. Parecía apropiada para el momento.
Finalmente la hizo reír. Eso era bueno, las personas que ríen pueden resolver cualquier problema, o al menos eso era lo que opinaba el padre de Misha... o al menos eso era lo que le habían contado.
-No estoy triste... es sólo... un poco de envidia.
Misha bajó la mirada, prestando atención a una parte del camino que estaba en mal estado.
-No es bueno envidar la suerte ajena, Ginsei. No puedes saber si es buena o mala a menos que la experimentes.
-¿Qué quieres decir?
-Cuando llegué al Santuario, jamás me pasó por la cabeza terminar siendo parte de una familia. No vine aquí a tratar de conseguir la armadura de Ursa Minor, no tenía la menor intención de ser un caballero...
-¿No?
-Yo vine aquí a matar a alguien.
-¡¿Qué?
Fue entonces cuando la miró sin su máscara alegre. El verdadero Mihail tenía un rostro sereno, pacífico como el de una estatua de Apolo, pero con una mirada de hielo azul que parecía llena de una decisión irrevocable. Ginsei palideció.
-Vine aquí desde mi patria para matar al asesino de mi padre –dijo él, suavemente.
-¿A-a quién?
-Eso no te lo diré. Ya está en el pasado. Aquí encontré una familia que me acogió sin hacer preguntas. Por eso dejé de pensar en mi venganza.
-Pero... si esa persona a la que viniste a buscar asesinó a tu padre, ¿no deberías denunciarlo?
-No serviría de nada. Mi padre no revivirá. Además...
Se acercó un poco más como si fuera a hablarle al oído... y empezó a reír a carcajadas.
-¡Te lo creíste!
-¿E-era una broma?
-Por supuesto, ¿o en serio me crees capaz de matar a alguien?
Ginsei sacudió la cabeza con energía y empezó a reír ella también. Geki volteó a verlos.
-¡Mihail! Deja la comedia un momento y ven, por favor, necesito hablar un momento contigo.
El muchacho asintió y corrió para alcanzar a su maestro, dejando atrás a Ginsei.
-¿Cómo la encuentras? –preguntó Geki en voz baja.
-Tiene una gran fuerza... de voluntad. Su condición física es un desastre: está en su peso exacto, y es bastante ágil teniendo en cuenta que no ha recibido entrenamiento, pero podríamos lastimarla seriamente si quisiéramos practicar ahora con ella. Nos tomará toda la vida convertirla en una amazona.
-Jum... ¡Ginsei, si haces un esfuerzo ahora, tal vez puedas llegar hasta aquí!
-¡Voy!
Aquello era vergonzoso, se quedaba atrás con tanta facilidad y ellos ni siquiera caminaban muy rápido... cuando llegó hasta donde estaba Geki, se encontró con que Misha corría más adelante, hacia donde lo esperaba el destello dorado, al que acababa de unirse uno más, plateado. Y el Caballero de Tauro estaba esperándola a ella con aire severo.
-Si ni siquiera aguantas una caminata, ¿crees que sobrevivirás al entrenamiento?
-Maestro, yo...
-Has empezado muy tarde. Si querías ser una amazona tenías que haber empezado hace seis o siete años. Al menos en lo que se refiere a la clase de entrenamiento que puedo darte.
-Yo...
-¿Sabes en qué se diferencia la armadura de Tauro de sus once hermanas?
-No.
-Pesa más del doble que cualquiera otra.
-¿Qué?
-Eso hace que su portador parezca lento, aunque en realidad debe ser más veloz que los demás. Tradicionalmente, sólo los más fuertes han podido alcanzar esta armadura. Para ser caballero de Tauro hay que ser fuerte de cuerpo, mente y espíritu. Nuestro entrenamiento es el más rudo y se concentra en dos puntos: fuerza y velocidad. Tú no tienes las cualidades para ser entrenada de esta manera. Eres lenta. Y débil.
-¡Yo no soy débil!
-Eres exactamente como tu madre. No confundas tu terquedad de niña caprichosa con la fuerza de un guerrero.
-¿¡¿Estás diciendo que la diosa Atenea es débil?
-Y tú eres una vergüenza.
Ginsei lanzó un golpe sin mirar realmente a dónde lo dirigía. Sus nudillos se estrellaron contra el pecho de Geki, sin que él parpadeara siquiera. La muchacha se quedó inmóvil unos instantes, consciente sólo del dolor que le recorría el brazo.
-Débil –repitió Geki.
Sorrento, Italia
-Bueno, ¿y vas a decirme o no quién era ese? –preguntó Junta, cansado del silencio de Sheena.
-Sorrento de Siren.
-¿Eso será un nombre o un insulto?
-¿Lo dice el sujeto que se llama como un personaje de anime?
-Sheena, el que tiene techo de vidrio...
-No debe tirarle piedras al del vecino, ya sé, ya sé. Es que todo este asunto se me antoja tan extraño... No había vuelto a ver a Sorrento desde que él y Julián Solo visitaron a Atenea, poco después de que nació Ginsei. Y ahora...
-¿Y ahora...? –la animó él.
-Bueno, iba siguiendo a otra persona y me tropecé con él, pero fue como si se hubiera atravesado a propósito en mi camino, para impedirme alcanzar a aquel sujeto.
-¿Y ese otro era...?
-Alguien que se supone está muerto. Albiore de Cepheus. ¿Puedes creerlo? ¡Sheena de Ofiucco viendo fantasmas a medio día!
-Asombroso... ¿Crees que debamos investigarlo?...
Una sonrisa cómplice apareció en los labios de Sheena.
Rodorio
-Temo que no es una buena idea, señora –dijo el oficial.
-No pregunté su opinión. Quiero hablar con ese hombre –dijo Raquel.
-¿Por qué no? –preguntó Asbeel.
El joven policía no pudo evitar un respingo al descubrir de pronto que Asbeel estaba a su lado.
-Teniente, eso no...
-Cállate, la señora González tendrá su entrevista. Diez minutos, señora. Ni uno más.
Raquel se lo agradeció en silencio.
Azrael se dejó conducir al cuarto de interrogatorios. Se las había arreglado para no decir una sola palabra más de lo indispensable desde su arresto y no estaba muy seguro de qué era lo que estaba esperando, pero sí sentía que en caso de duda era mejor callarse.
Lo dejaron solo en la pequeña habitación. Segundos después, alguien entró. Era una mujer menuda, de cabello negro, que lo miraba con una expresión de infinito reproche. Por un momento, Azrael recordó a su propia madre, pero no, Raquel era mucho más joven que Zuleica, aunque también había pasado por mucho sufrimiento.
-Soy Raquel González. Raziel es mi hijo.
Azrael se había puesto en pie al verla entrar y le ofreció una silla con el mismo ademán que habría usado en su palacio ante una visita importante... claro, exceptuando el detalle de que había hecho la señal con ambas manos porque las tenía esposadas...
-Quisiera poder decir que me alegra conocerla.
-Ahórrese las palabras amables. Sólo quiero saber dónde está mi hijo.
-No lo he visto desde... el restaurante.
¿Así que el niño había escapado? ¿Qué pretendía Asbeel al dejar que Raquel se lo dijera? Quizá era una mentira y solo querían darle falsas esperanzas... tal vez Raziel estaba en poder de las Sombras y la pobre señora solo sabía que había desaparecido...
-Escapó.
Él sacudió la cabeza.
-Quiero saber a dónde pudo haber ido –insistió ella.
-Raziel no conoce esta región. Es su primera visita a Grecia y sólo ha visto el Santuario. Si yo fuera él, habría vuelto directo al palacio, o, si no, a la Casa de Sagitario. Pero siempre podría haberse extraviado durante el camino. Supongo que no servirá de nada decirle que lo lamento y que yo también estoy preocupado.
"Hipócrita" parecían decirle los ojos de Raquel. Permanecieron en silencio unos instantes, hasta que ella se decidió a preguntar.
-¿Por qué hizo esto?
Vaya pregunta difícil...
El Santuario
-Pienso que deberías entrenar con el Caballero de Virgo. Lilith tenía razón cuando recomendó que él fuera tu maestro.
Ginsei retrocedió un poco, frotándose el brazo. Ahora estaba tan furiosa que casi se le escapaban las lágrimas. Geki la contempló detenidamente y sacudió la cabeza.
-Pero tienes que madurar un poco primero, o solo serás otro dolor de cabeza para Shun.
Ginsei solo atinó a gritar y hacerse a un lado cuando Geki atacó. La grieta que se abrió en la roca, a centímetros de su cara, le advirtió que ese golpe habría bastado para matarla.
-¿Por qué te apartas? –reclamó el caballero-. Tú lanzaste el primer golpe, ¿no querías pelear?
-¡Jamás podría ganarle! –chilló ella.
-¿Eso lo dices por lo que acabo de decirte o es tu propia convicción? ¡Anda! ¡Dime qué es lo que piensas realmente!
Difícil responder a esa o a cualquier otra pregunta, Geki continuaba atacando y ella sólo podía concentrarse en esquivarlo, cosa que conseguía a duras penas; lo peor era que él seguía hablando, con voz calmada, como en una conversación cualquiera, mientras lanzaba un golpe detrás de otro.
-Tu primer error fue iniciar una batalla, especialmente si estabas segura de no poder ganar. Lo de perder la vida por una causa está bien, lo puedo entender, pero primero tiene que haber una causa, ¿no crees? Te insulté e insulté a tu madre, ¿eso es suficiente para perder la cabeza de esa forma y lanzarte a ciegas? Vi que cerraste los ojos, ni siquiera sabías a dónde estabas golpeando, ¿o me equivoco? En otras palabras, dejaste que la rabia tomara el control, a partir de ahí tenías perdida la batalla. El segundo error fue no elegir bien el blanco. No buscaste un punto débil en donde pudieras aprovechar toda tu fuerza y lastimarme aunque fuera un poco o por lo menos sacarme de balance. Quiero que recuerdes algo, si después de esto queda suficiente de ti como para recordar: jamás, jamás, jamás debes desperdiciar ni un solo golpe, porque puedes lanzar el primero pero nada en el mundo te garantiza que puedas lanzar el segundo. Eso me recuerda, no has intentado el segundo golpe todavía. ¿Es porque mi defensa es demasiado cerrada o porque tienes miedo de que yo sea más rápido y te golpee primero antes de que puedas alcanzarme? Otra cosa, si vas a ser una Amazona debes hacerte a la idea de no iniciar una pelea a menos que te lo ordene tu Señora, o para defender a alguien, o para defender al Santuario. ¿Crees que puedas aplicar esa norma? No hay que buscar peleas o caer con facilidad en las provocaciones. ¿O crees que este sitio no estaría lleno de matones en busca de demostrar algo si los Caballeros de Oro respondiéramos a cada reto que nos lanzan? Y por último, si definitivamente estás lo suficientemente loca como para retar a alguien a quien no vas a vencer... ¡entonces trata de aguantar las consecuencias con un poco de dignidad!
Isla de la Reina Muerte
-¡Vuelve aquí, pedazo de cobarde! –gritó Fénix.
Terry la miró con el ceño fruncido, en ese momento tenía muchas dudas, pero estaba seguro de una cosa: su prima no estaba pensando con claridad.
Un minuto después de que la extraña visitante le entregara un papel y se marchara, Fénix había atacado. Ni siquiera le había dado tiempo de ver con claridad lo que había en el papel. Suzaku había ido a esconderse detrás de una piedra nada más verla venir. Podría tener cerebro de pájaro, pero era más inteligente que muchas personas...
Al parecer, Fénix sólo había esperado que le llevara el almuerzo para poner fin al combate que habían iniciado cuando la había ido a buscar a su rincón favorito, lo que no había podido continuar en el hospital gracias a Andy y que luego Deyanira se había encargado de interrumpir la noche anterior.
Fénix detestaba esa costumbre de Terry de ser tan escurridizo, el chico simplemente saltaba de un lado a otro obligándola a correr tras él sin alcanzarlo nunca. Era su reacción de siempre, incluso en las prácticas. Por eso se sorprendió tanto cuando él finalmente se volteó a enfrentarla.
-¡De acuerdo, acabemos! –dijo, en voz muy alta, pero extrañamente calmada.
-¡Perfecto! –respondió Fénix
Aquel material vivo y casi inteligente que era su armadura formó nuevamente una especie de garra en su mano derecha y ella lanzó un golpe, dirigido al corazón de Terry. Él logró sujetarla por la muñeca con una mano. La otra mano tuvo que hacer lo mismo cuando ella atacó con la izquierda.
Fénix sonrió. Cierto, la tenía bien sujeta por las muñecas, pero bastaría una orden mental a su armadura para que las garras se alargaran lo suficiente de golpe. Sería más que un milagro si Terry lograba salir de eso.
-No lo hagas –dijo Terry, hablando entre dientes. ¿Le habría adivinado el pensamiento o era simple lógica?
-¿Por qué no? –sonrió ella.
Terry dejó que su cosmos se elevara. Era un mal momento para empezar a usar esa técnica, pero...
Tampoco tuvo que hacerlo. Suzaku se lanzó contra Fénix, atacándola a picotazos.
Por un momento, el muchacho se quedó estático, contemplando una de las situaciones más extrañas que le había tocado ver en la vida. Cinco segundos después estaba sujetando al pavorreal con bastantes dificultades, el pájaro seguía insistiendo en tratar de picotear a Fénix y se retorcía de una manera que parecía imposible.
Fénix los miraba fijamente a ambos... y de pronto estalló en carcajadas.
Eso era todavía más increíble que ver a Suzaku peleando.
-¿Y cómo le llamas a eso, primo? ¿El ataque del pavo?
Fuera lo que fuera que había impulsado a Fénix a tratar de matarlo, parecía ser que había pasado... Un dato más para añadir a la lista de síntomas extraños que presentaba la muchacha. No tardó mucho en comprobar que no se daba cuenta de que cinco minutos antes había tratado de hacerle un favor al universo quitándolo de la lista de los vivos. Y si Fénix fuera la de siempre, habría sido la primera en preocuparse por esas lagunas en su memoria. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta de que algo marchaba mal en ella? A menos que fuera lo suficientemente orgullosa como para no querer admitirlo delante de él. Terry decidió aceptar esa explicación como la más probable. Por el momento.
Rato después, mientras ella comía y trataba de poner en orden sus ideas para cuando llegaran sus amigos a la isla, Terry le echó un vistazo más largo a la hoja de papel.
Era un dibujo a lápiz de la fachada de la Casa de Virgo.
Al parecer, era hora de volver a casa.
Por eso no protestó (demasiado) cuando Shun lo llamó esa noche y le indicó lacónicamente que regresara, aunque eso significara un nuevo fruncimiento de cejas por parte de su tío, que no sólo estaba intrigado por su repentina obediencia hacia su padre sino también porque Shun había hecho algo que no acostumbraba tratándose de sus hijos: había dado una orden sin añadir ninguna explicación.
México
Misty regresó a su apartamento después de una larga caminata. En realidad no le agradaba pasar mucho tiempo en aquel estrecho lugar que compartía con tres personas más, así que salía a caminar siempre que podía. Tan pronto como abrió la puerta, lo golpeó el tema musical de "Buffy, la Cazavampiros", en la pantalla del televisor, una chica rubia exterminaba monstruos y demonios valiéndose de un par de estacas. En el sillón frente al televisor, un muchacho de cabello negro comía palomitas de maíz bastante ruidosamente.
-Mfha, Mnisfffy –con algo de buena voluntad y mucha imaginación, aquel sonido podía interpretarse como "hola, Misty".
-Hola. ¿Alguna novedad?
-Se acabó la leche. Esos dos imbéciles discutieron otra vez. Llegó la cuenta del teléfono, será mejor que te sientes antes de verla. La vecina de al lado sigue tratando de convencerme para que salga con su hija. Ah, y hubo una llamada para ti, de Inglaterra, parece ser que Dhani tuvo otra pelea en el colegio.
-Rayos. ¿Quién atendió esa llamada?
-Tu humilde siervo, pero no te preocupes, recordé mis líneas a la perfección: "Rossi, Armendáriz, Beaumont y Reyes, buenas tardes", y hablé con mi mejor voz de asistente ejecutivo, creo que impresioné a la directora.
El muchacho señaló una tarjeta blanca que destacaba en el centro de un espacio limpio en medio del desorden que cubría una mesa cercana. Los datos de la llamada y el firme mensaje de la Hermana Catherine estaban anotados con una caligrafía perfecta.
-No sé que voy a hacer con ese niño –murmuró Misty, abatido, luego de leer el mensaje.
-¿Por qué no le preguntas a él? Tal vez tenga alguna sugerencia.
-Ya lo hice. Quiere ir al Santuario y entrenar para convertirse en el caballero de Cetus.
El muchacho se atragantó con las palomitas.
-¡Cof! ¡Cof! Eso es ¡Cof! vocación ¡Cof! ¿Y por qué no lo dejas? Su madre está ahí, ¿no?
Misty tomó el teléfono y empezó a marcar el número del colegio.
-Los dioses saben que preferiría cualquier otra cosa para él y su hermana, todo lo que hago es tratar de convencerlos de que no tienen que seguir nuestros pasos. No quiero que acaben como yo...
-¿En malas compañías?
-Ja-ja. Osvaldo, haz el favor de bajarle el volumen a eso, quisiera algo de silencio mientras me concentro en suplicar para que no expulsen a mi hijo del colegio.
-Bueno –respondió el otro mientras apagaba el televisor-, pero pienso que sería menos humillante si le hicieras caso al muchacho. Hay ocasiones en que los adolescentes llegan a tener razón. Después de todo, son seres pensantes... casi se podría decir que son seres humanos...
-Ja-ja, otra frase de Les Luthiérs y tú y ese argentino amigo tuyo se van a encontrar sin casa en menos de cinco segundos.
-Yo sólo trataba de animarte...
Osvaldo se encogió de hombros y atacó de nuevo las palomitas mientras Misty hablaba con la directora del colegio.
Nueva Jersey, Estados Unidos
Salvador y compañía salieron del edificio con el aspecto de un grupo de alegres amigos que planean divertirse un rato o tal vez toda la tarde y parte de la noche. Aunque quizá podía llamar la atención el que cada uno llevara consigo por lo menos una mochila, y el que sus risas sonaran ocasionalmente forzadas, como si estuvieran nerviosos. Como si en lugar de un risueño grupo de amigos fueran un nervioso grupo de fugitivos que abandonaban el último escondite llevándose sólo lo indispensable.
Desde la ventana de su habitación, en el segundo piso, un niño los vio marcharse y luego salió a todo correr para reunirse con alguien que no estaba muy lejos.
-Se fueron. Creo que no van a volver. Van a reunirse con Fénix, señor.
Exael asintió gravemente y agradeció con un gesto el buen trabajo del joven tecnomago. Luego siguió la dirección que había tomado el grupito, orientándose por la señal que producía el implante en Marcela.
Stonehenge, Inglaterra
El círculo de piedras estaba cerrado al público, pero eso no le importaba a Lilith. Nadie la vio introducirse ahí.
Las voces antiguas que normalmente dormían en el corazón de las enormes piedras quisieron llegar hasta ella, pero las descartó enseguida. No le interesaba escuchar otra vez las viejas canciones acerca de un mundo que se había ido y que no volvería nunca.
En el centro del círculo, las piedras insistieron. Guardaban silencio durante tanto tiempo, esperando a alguien que pudiera oírlas, y ahora que había llegado Lilith, exigían ser escuchadas.
"Bueno" pensó ella, dirigiéndose a las piedras "pero que sea breve"
El castillo de Monsalvat, que estaba en todas partes y en ninguna, se encontraba por fin a la vista. La princesa dejó que su corazón sintiera algo de alivio.
Pronto se reuniría con su padre, el Rey Pescador, y sólo quedaría aguardar. Galahaad tendría que volver algún día. Y quizá también regresaría Lancelot.
(Porque las baladas aún no estaban escritas entonces y los inocentes aún podían creer en finales felices)
Y cuando Galahaad regresara a reclamar el Santo Grial (¿En nombre de quién?), Monsalvat quedaría fijo sobre la tierra y nunca más sería que aquel espejismo que sólo encontraban los más puros (y los que tenían ¿buena o mala? suerte). Los demás tesoros del castillo, la Lanza de Longino, la Piedra Filosofal... todo pertenecería a la humanidad y así, aunque acabara el Tiempo de las Hadas, un trozo de esta época maravillosa sobreviviría para proteger al mundo (de la misma manera en que el Santuario de Grecia había sobrevivido a los Tiempos Heroicos). Y todo sería lo mejor posible.
Y tal vez (solo tal vez) la princesa tendría una recompensa. Volver a abrazar a su hijo Galahaad (y tal vez también al padre, ¿por qué no?).
El castillo estaba tan cerca...
La princesa se detuvo. Alguien se acercaba a ella, con paso lento. Ella refrenó su caballo y miró con atención a aquella persona.
Los rasgos delicados de una adolescente, el largo cabello rubio, los dulces ojos azules... parecía un hada más que una humana, pero vestía como un hombre, ¿qué podía significar eso? Cuando saludó a la princesa, habló con una voz que no era ni grave ni aguda.
-Bienhallada sois, milady.
-¿Quién sois vos?
-¿No me reconocéis, milady? Soy vuestro hijo Anmael.
(Con razón la confusión...)
La princesa empezó a sentir inquietud.
-No hay ningún Anmael en mi familia. Jamás se ha usado ese nombre entre los descendientes de José de Arimatea.
-Ni se usará jamás, puesto que no habrá más descendientes suyos después de esta generación –respondió Anmael, con voz triste, mientras se arrodillaba frente a ella.
-¿Por qué no habría de haberlos? ¿Acaso sois brujo y veis el futuro?
-Veo el pasado y veo el presente, y con eso puedo saber lo que pasará mañana. Por ejemplo, vuestro hijo Galahaad. Veo que cumplirá con vuestro deseo y emprenderá la búsqueda del Grial. Decidme, milady. ¿Por qué el nieto y heredero del Rey Pescador debe salir del castillo de su abuelo para buscar el tesoro que está guardado en el mismo castillo en el que ha pasado toda su vida?
-Así es como debe ser para que se cumplan las profecías. Monsalvat cambia siempre de lugar y Galahaad no encontrará la entrada en el mismo lugar donde la vio por última vez, por eso tardará en volver. Pero no basta con que él busque el Grial, todos los caballeros del Rey Arturo deben realizar la Empresa.
-¿Para poner fin a esta era? ¿Para dar la última señal al Tiempo de las Hadas?
-Así debe ser.
Anmael inclinó la cabeza.
-¿Os dais cuenta que el triunfo de Galahaad será la muerte de las hadas? ¿Comprendéis que si vuestros planes tienen éxito habréis sentenciado a muerte a vuestros herederos?
-¿De qué habláis? ¡Galahaad no tiene que morir por esto!
-Pero los hijos de Lilith seremos expulsados de estas islas. Ya no habrá refugio para nosotros en...
-¿Los hijos de Lilith? ¿Los hijos de la diablesa?
Anmael la miró a los ojos y ella se sorprendió de ver que estaba llorando.
-Vuestros hijos, milady, los hijos a los que habéis traicionado al favorecer a los hijos de Eva.
El caballo de la princesa se encabritó de repente, tirándola al suelo para luego escapar al galope, quizá había sentido la verdadera naturaleza de Anmael. Aterrada, la princesa echó a correr sin darse cuenta de que tomaba la dirección equivocada, alejándose del castillo.
No supo cuánto tiempo corrió, pero se detuvo ante un pequeño lago. Jadeando por el esfuerzo, se dejó caer de rodillas, preguntándose si ahora ella misma tendría que emprender su propia cruzada para poder volver a su hogar o si sería mejor solicitar refugio al rey Arturo y esperar el regreso de Galahaad.
-Es curioso que hayáis venido justo aquí.
Horrorizada, descubrió que Anmael estaba junto a ella. ¿Cómo era posible que hubiera podido alcanzarla? ¿Acaso había (volado)?
Porque ahora podía ver algo que no había notado antes, Anmael vestía una extraña armadura azul y negra, y un par de alas blancas (alas de cisne) nacían de su espalda.
-¿Sois... sois un ángel? –preguntó ella con voz temblorosa.
-Soy una Sombra.
Había logrado ponerse en pie y retrocedió hasta el borde del agua, temblando de miedo.
El agua cobró vida y atacó.
Lo último que pudo ver la princesa fue que su asesino estaba llorando mientras la ahogaba en el lago.
Años después, Lancelot llegó a Monsalvat y habló brevemente con el Rey Pescador, sabiendo que no era digno de ver el Grial y que debería marcharse pronto. Cuando preguntó por la hija del Rey (la madre de su hijo, la madre de Galahaad), solo le dijeron que había muerto.
Y cuando Galahaad y Percival encontraron el Grial, terminó el Tiempo de las Hadas, pero las cosas no sucedieron exactamente como la princesa quería. A la muerte de Galahaad, el Grial fue arrebatado al cielo, y los demás objetos mágicos y sagrados que los descendientes de Percival protegieron con tanto ahínco, desparecieron poco a poco.
Esa fue la obra de las Sombras. Sin la princesa de Monsalvat, nadie se preocupó por compartir esos tesoros, todos trataron de esconderlos hasta que ya nadie supo encontrarlos.
No quedó nada para proteger a la humanidad.
Solo (las viejas canciones que hablan de una época perdida que no volverá nunca) canciones guardadas en el corazón de las piedras.
Las piedras callaron, tal vez molestas por los irónicos comentarios que la joven amazona había ido intercalando a lo largo del relato. Pero no había terminado, estaban esperando que ella les diera una historia a cambio de la que le habían contado. Con un suspiro de resignación, Lilith habló al círculo de piedras acerca de su visita a Londres y de su encuentro con su abuela, la matriarca del clan Mayfair.
Pero mientras hablaba a las piedras, no podía dejar de pensar en lo que éstas le habían contado. A pesar de que no había dejado en ningún momento su actitud del principio, aún a riesgo de irritarlas, habían logrado preocuparla. Un poco, por lo menos. De los fragmentos de recuerdos que conservaba de sus vidas anteriores, una de las ideas más claras era que Anmael siempre había sido muy apegado a ella, pero últimamente tenía la impresión de que se alejaba. ¿Sería por ese incidente, ocurrido quince o diecisiete siglos atrás?
No podía ser sólo eso, aunque no tenía la menor idea de cómo manejaría los recuerdos y el paso del tiempo un inmortal, pero de una cosa sí estaba segura: la conducta de la Sombra Azul era abiertamente autodestructiva.
Inaceptable.
De una transmisión del noticiero CNN
Se empezó a hablar sobre el Santuario de Atenea en los años ochenta, cuando se rumoraba que era el campo de entrenamiento de un grupo paramilitar. Circularon muchas historias en aquella época sobre las Doce Casas, un sitio misterioso al que se podía entrar, pero del que nadie salía con vida.
Los rumores nunca pasaron de eso y nadie solicitó la intervención de las autoridades ni aún cuando se habló de una serie de muertes de jóvenes y niños que habían intentado escapar de ese lugar. La gente de las montañas cercanas al Santuario, pastores en su mayor parte, es sumamente reservada y apegada a tradiciones que hacen parecer este sitio como si el tiempo se hubiera detenido y aún se viviera en la época heroica.
Los terrenos del Santuario pertenecen oficialmente, desde 1989, a la Fundación Graude, creada por un empresario japonés de nombre Mitsumasa Kido en la década de los '70 para fomentar, según indican sus estatutos, "el progreso mundial a través de la juventud". Supuestamente la Fundación Graude otorga becas de estudio a jóvenes de bajos recursos, en los cinco continentes. Así, el Santuario sería una especie de casa de enseñanza, donde se concentrarían los mejores estudiantes de la Fundación.
Sin embargo, el Santuario está bajo el cuidado de la Orden de los Caballeros de Atenea, una secta que, según se dice, busca revivir los ideales de la Grecia legendaria, recurriendo también a jóvenes de todas partes del mundo. Dicha secta venera a una mujer japonesa, Saori Kido (nieta del ya citado Mitsumasa Kido), a quien consideran la reencarnación de la diosa Atenea. Algunos han comparado esta religión con los grupos de monjes guerreros de China y Japón.
El líder de la orden es el Patriarca, quien reside en el Santuario y es el representante oficial de la diosa Atenea. El arresto del actual Patriarca, Keres de Eridano, por el secuestro de un menor de nacionalidad estadounidense, ha sacudido con fuerza el Santuario y la cercana ciudad de Rodorio, al tiempo que la opinión mundial vuelve a fijarse en Grecia.
No ha sido posible obtener hasta ahora declaraciones de ningún miembro de la Fundación Graude o de la Orden de Atenea y el Patriarca permanece en la cárcel de Rodorio a la espera de la primera audiencia con el juez.
Mientras tanto, el primer ministro de Grecia, Andreas Paupoulus ha asegurado que en esta ocasión se investigará a fondo tanto las acciones del Patriarca Keres como la actuación de la Fundación Graude en esta región.
Para CNN, informó Bárbara Checa.
Continuará...
Notas:
Fiat Iustitia, ruat coelum = "Hágase la justicia, húndase el cielo" (o "hágase la justicia, aunque se hunda el cielo", o "hágase la justicia y que se hunda el cielo", depende de qué tan enfático quiera ser el traductor) máxima del derecho romano según la cual debe hacerse lo que es justo a pesar de lo terribles que puedan ser las consecuencias.
Filia lunae, ave = "Saludos, hija de la luna" (en latín un tanto macarrónico).
Au revoir! = "¡Adiós!".
