6. Visitas inesperadas
Esa tarde, Hermione regresó con Ginny, pero solo para recoger sus cosas, y regresar con sus padres.
Ginny estaba muy triste, le rogó que se quedara, pero Hermione le prometió que la vería todos los días, y saldrían a tomar el té cómo lo hacían siempre. Le explicó que el apartamento ya no lo tendría que pagar. Las cuotas ya estaban saldadas, y se podía quedar con el si quería. Por supuesto que eso a Ginny no la hizo sentir mejor. Renegó y renegó para que no se fuera. Pero Hermione ya había tomado una decisión.
Al final, su amiga terminó accediendo a verla todos los días aunque ya no vivieran juntas.
Le explicó solo un aparte de lo que había pasado, omitiendo varios hechos que no quería recordar, tanto de esa tarde como de aquella noche. Le dijo que no tenía las palabras suficientes para terminar con Harry, pero que por fin se lo había dicho. Le dijo también, que la historia no se la había contado completa. Que habían un montón de situaciones incómodas detrás de todo aquel drama. Pero a Ginny le bastó ver la manera en que se lo decía, para quedar conforme y no preguntar más.
En cuanto a sus clases, asistía a ellas cómo siempre, y en las que coincidía con Harry, se la pasaba ignorándolo y haciendo dibujitos en la parte de atrás de su cuaderno para distraerse. Esto parecía no afectarle a Harry, pues el parecía no percatarse de su mísera existencia.
De vez en cuando, cuando se encontraba charlando a solas con Ginny, a la hora del almuerzo, o cuando salían a tomar el té, le preguntaba furtivamente, si Harry se encontraba bien. Ginny siempre contestaba con un no lo sé. Eso la irritaba, pero se lo merecía.
-Te digo la verdad, está muy extraño, por eso te digo que no lo sé, a veces sonríe, a veces está serio. Que se yo-le había dicho un día, desesperada.
Después de un mes, la señora Weasley la seguía invitando a cenar a la madriguera, pero ella apenada le decía que no. Sospechaba que ya estaba un poco enterada de lo que había pasado, pues la miraba con lástima, y comenzaba a aconsejarla como si fuera Ginebra Weasley con la que hablaba.
No sabía porqué, pero su apetito aumentaba cada vez más. Su madre le decía que era la misma depresión la que la hacía tener ansias. Y casi siempre lo que le decía Jane Granger, salía verdad.
Solo una vez se había encontrado con Harry en el pasillo. Tubo la intención de decirle Hola, pero este había pasado veloz junto a ella.
Estaba pagando todos los platos rotos.
Un día, después de salir de la academia, sintió remordimiento por no haber visitado a Tonks y a Remus el día de la cena que celebraban su compromiso. Decidió que para sentirse mejor, los iría a visitar a la casa de los Tonks, y les llevaría un regalo adecuado. Los extrañaba, extrañaba a todos. Inclusive a Él.
Se bajó del auto, que por fin había aprendido a conducir, gracias al necio de su padre. Sacó la bolsa del regalo, cerró la puerta, y guardó su varita dentro de su chaqueta blanca larga. Ese día habían tenido práctica médica, y había salido tan aprisa que había olvidado quitársela, además no le estorbaba.
Cruzó el jardín que tenía meses de no ver. Llegó hasta la puerta, y llamó por el timbre.
Detrás de la puerta se escucharon muchas voces, per nunca se esperó encontrarse a tantas personas dentro.
Lo más sorpresivo de todo, fue la persona que abrió la puerta.
Se heló, el cerebro comenzó a latir de tanta sangre que se le subía. En sus dedos llevaba la bolsa de regalo que les daría a Remus y a Tonks. Ésta casi resbala, del susto que se llevó.
-Eh, Yo, venía a entregarle esto a Tonks y a Remus-dijo levantando levemente la bolsa de su mano- ¿Están ellos aquí? Sino puedo regresar más tarde o mañana-habló muy rápido.
-Pasa-le dijo Sirius abriendo la puerta para que pasara. Había vacilado un rato antes de contestar, pero al parecer esto lo había hecho, por la conmoción de ver a quién tenía en frente.
Hermione dudó unos segundos si pasar o no, pero vencida, decidió entrar.
Al para junto a Sirius, sintió un cosquilleo en el estómago. Con la cólera y la tristeza renovada, se adentró hasta la sala.
Al parecer, las sorpresas amargas no terminaban ahí.
-¡Hermione!-saltó Tonks desde el sofá. Caminó hasta ella para abrazarla, y la chica le respondió. Sobre su hombro vio a Harry sentado cerca de Remus, luego estaba Patricia, los Weasley y Andrómeda y Ted Tonks.
La mirada de Harry se conectó con sus ojos por unos segundos, pero esta vez, fue Hermione quién la aparto. Harry parecía sorprendido.
Si hubiera sabido que todas esas personas iban a estar ahí, ni siquiera hubiera pensado en poner un pie cerca.
Pero ella no era Sybill Trelawny para adivinar que ellos estarían ahí. Vaya, que comparación más estúpida.
Los Weasley la saludaron con amplias sonrisas seguidas de miradas preocupadas.
Remus la abrazó repentinamente, cuando Hermione le comenzó a explicar lo mucho que sentía haber estado ausente en esa cena, y le entregó en regalo.
Luego, mientras los demás comenzaban a charlar entre ellos, Andrómeda y Ted Tonks caminaron hacia ella, y la saludaron con mucho ánimo.
Hubo un instante, en que Hermione se quedó mirando a Harry de soslayo. Andrómeda colocó su mano el hombro de la joven, Hermione apartó la vista de inmediato, para verla. Ella le sonrió, y Hermione no supo ni qué expresión puso en ese instante.
Sirius no había entrado aún a la sala, pero cuando Hermione se levantó del sofá para acercarse a Tonks y despedirse de ella, el entró, despidiendo un olor a cigarro.
Hermione se dio cuenta de algo curioso. Y es que todos parecían charlar con Sirius, a excepción de Remus. Este a veces lo miraba ceñudo desde el otro extremo de la sala. Y otras, en las que le tocaba cruzar palabra con él, lo hacía muy serio, y entre dientes.
¿Se lo habría contado? Pensando así, aquel abrazo de Remus tenía más sentido.
Hubo un momento en que por fin se decidió en acercarse a Tonks para decirle que se marcharía. Cuando estuvo cerca de ella, Harry le jaló la manga de la chaqueta blanca. Ésta se sorprendió al ver que era él quien la había tocado.
Lo miró sin decir nada, pero este le indicó que lo acompañara fuera.
Lo siguió decidida, y justo antes de salir de la sala, miró como la cabeza de Sirius se giraba intuitivamente para seguirlos con la vista, hasta que desparecieron.
Estando fuera, Harry se sentó en la gradilla que seguía a la puerta. Hermione evaluó un rato si sentarse o no junto a él, y luego pensó que a lo mejor Harry quería hacer las pases, así que se sentó.
El lo sabe Hermione, lo sabe.
Se quedó mirando al frente, casi sin pestañar.
Y la pregunta de Harry le tomó por sorpresa.
-Y, ¿Cómo has estado?
Vaciló antes de contestar.
-Bien, supongo-le dijo poniendo su mirada más blanda- Es decir, no perfecta ni estallando en felicidad, pero he tenido tiempo para reflexionar muchas cosas –habló haciendo pausas- ¿Y tú?
-Genial-dijo Harry con una risa amarga- comenzando por que he estado lejos de mi mejor amiga más de un mes.
Harry tampoco la miraba, miraba al frente igual que ella.
Sintió un vuelco en el estómago. Y las ganas de llorar como niña pequeña llegaron atropelladamente hasta ella. Sin embargo, no lloró. Ni dijo nada.
-¿No vas a decirme nada?-reclamó.
-Tu me dijiste que ya no querías que te dijera nada-corrigió, esta vez mirando su perfil.
-es verdad-bramó el chico de gafas.
No entendía, no entendí nada en lo absoluto. Porqué si Harry sabía todo ya, solo estaba enfadado con ella. ¿Y Sirius? Era tan injusto, que le daba náuseas solo pensar que mentira le había dicho Sirius.
-El día que vi a Tom Riddle tendido sobre el cemento, muerto-dijo el chico después de unos segundos. Mirando siempre al frente- y ustedes dos estaban a mi lado, juré que nunca los abandonaría. Porque siempre-de detuvo un instante- siempre han estado a mi lado. A pesar de saber que corrían riesgos junto a mí.
Harry la conocía, y sabía que su amiga quería darle un abrazo, como los que le daba a él y a Ron cuando acababan de salir de algún embrollo.
-Puedes hacerlo-murmuró Harry con la misma seriedad anterior, y sin apartar la mirada del frente.
-¿El qué?-dijo Hermione confundida.
-Puedes abalanzarte sobre mí como lo hiciste el día en que Ron y yo salimos del lago negro, en el torneo de los tres magos.
Hermione lo miró, anonadada. El pliegue de Harry en la boca, en forma de sonrisa, le hizo saber que eran amigos otra vez.
Harry no lo sabe. Por supuesto que no.
**
Una tarde en la que Hermione ayudaba a estudiar a Ginny en la sala de estar del apartamento en el que había vivido. Dos lechuzas marrones, adornadas de las patas con listones dorados, entraron por la ventana hasta posarse majestuosamente frente a ellas.
En los listones, venían unos sobres de papel vegetal decorado.
Las tomaron, y recibieron la grata sorpresa de la invitación a la boda de Remus y Nymphadora.
Un par de días después, se habían quedado charlando hasta tarde, de qué vestirían esa noche. A Hermione no le importaba mucho, pero Ginny estaba tan emocionada, que parecía la novia que se casaría dentro de poco.
Luego de reír un rato, ambas se habían quedado tendidas sobre la alfombra, mirando el techo.
-Hermione-murmuró Ginny con cautela.
Hermione estaba tan apaciguada y cómoda en esa posición, que con pereza, soltó un leve mmm para indicarle que preguntara.
-¿Si te digo algo te enojas?
Su voz sonaba tan inocente, que Hermione se obligó a mirarla. Sin embargo, Ginny seguía viendo el techo.
-Ni siquiera sé que me vas a decir-contestó la castaña, un poco somnolienta.
Hubo unos segundos de silencio, Ginny repensó lo que iba a decir.
-anda, puedes decírmelo, no me enojaré-apuntó Hermione con calma. Acto seguido, Ginny comenzó a chocar sus pies en el aire, como quién no quiere la cosa.
-Pensarás que soy una estúpida, zorra, y quién sabe cuanta cosa más-finalizó.
A Hermione le palpitó el corazón con fiereza y tubo miedo que Ginny notara que se había puesto nerviosa.
Zorra ella por acostarse con Sirius Black y seguirlo deseando.
-Nunca pensaría eso de ti. Por sobre cualquier cosa que me contaras, tu imagen la tengo muy bien puesta- dijo mientras sonreía con nerviosismo; si hubiera sido ella, le hubiera gustado que Ginny le dijese las mismas palabras. En el fondo, sentía que ser juzgada por aquello, era un poco injusto. En todo caso, no tenía idea de lo que Ginny le quería contar.
Ginny la miró un instante, y regresó la vista al techo, notablemente relajada.
-No quiero que pienses que ahora soy yo la que está recogiendo sus pedazos –comenzó muy lentamente- Pero quiero que seas la primera en saberlo-chasqueó la lengua, molesta con ella misma- Realmente no sé ni que es… Si a lo mejor es algo pasajero, y se irá como lo hizo hace algunos años.
Qué podía ser, sobre quién podría ser. Ginny no le estaba dando ni pistas, para hacerse sola ideas en la cabeza. Sus pedazos. ¿Pedazos de qué? O quién.
-Es sobre Harry-dijo de una, mientras la peli roja sentía que el corazón se le salía.
Entonces lo comprendió. Eran los pedazos de Harry.
Ginny se había sentado, y se había girado para mirarla con una mezcla de tristeza y curiosidad.
-Soy cruel contigo, porque me gusta.
Hermione se sentó para quedar a la altura de Ginny, le puso una mano en el hombro, un poco asustada, y sorprendida a la vez. Al principio, sintió un leve ardor en el estómago, y supo la razón. Después, simplemente creyó que se acostumbraría, y ese malestar se iría con el tiempo. Después de todo, Harry había sido todo un año y un poco más, solo suyo.
-Está todo bien-le dijo mordiéndose el labio inferior, mientras ambas amigas se miraban con aprensión, sorprendidas por la reacción de la otra.
Lo de nosotros ya pasó-dijo después de un rato-Si quisiera algo con el de vuelta, no te dijera esto.
Ginny, apenada, se miró las manos unos instantes. Luego le dio un abrazo tosco a Hermione, y le susurró gracias.
-Debes estar bromeando, tu no cocinaste esto-le dijo su ahijado, mirándolo con incredulidad, mientras terminaba de masticar los últimos espaguetis de su plato.
Sirius lo miró con los ojos entrecerrados un rato, y con elegancia, se balanceó sobre su silla, apoyándose en las dos patas traseras.
-Por supuesto que no. No soy doméstica.
Harry rió por lo bajo, y no tuvo que decirle con palabras qué le explicara, pues sus ojos le dijeron que quería una explicación.
Maldito chico. Maldita castaña. La había traicionado en secreto, y se había traicionada a si mismo. Había actuado en contra de lo que sentía. Hace años aquello no le hubiera importado, pues ninguna chica se había quedado de inquilina en su mente por más de tres horas, o tres minutos.
-Trisha se quedó un rato conmigo, ayer por la noche.
Harry levantó las cejas, sonriendo.
-Y por tu cara hizo más que cocinar- exclamó a punto de echarse a reír; por alguna razón que desconocía, el tono de su padrino era tosco, agrio, simple.
¿Irás con ella a la boda?-preguntó después de unos segundos en los que Sirius había estado enredando su tenedor en los espaguetis sin llevárselos a la boca.
-Supongo que Remus la invitará-dijo Sirius jugando con su plato- Además si quiere ir, que vaya sola. No es mi novia, ni mucho menos mi esposa.
Su voz tenía cierto deje de desprecio.
-Ya no me extraña- Harry bebió un poco de su cerveza de mantequilla, y dejó la botella de regreso con un golpe que no planeó- Pasará a ser una más da tu lista. Cómo Monique, Clarisse, Summer, Jessica, Roxanne, Rose, Sussie… ¿Margarette?
-Cállate-le dijo Sirius bufando. Se levantó de la mesa y botó la comida de su plato en el cesto de basura que estaba bajo el fregadero. Después, apoyó sus manos sobre el mismo fregadero, y se quedó estático, mirando con amargura las gotas que caían del borde de la manija.
-Hablé con Hermione aquel día en casa de los Tonks-le dijo Harry mirando su plato. Sirius se dio vuelta para verlo a pesar que éste le daba la espalda. Tenía mucho de no escuchar su nombre, y ya había olvidado los vuelcos que le provocaba en el pecho- La extrañaba-continuó con vergüenza- Todo está mejor ahora, supongo.
La luz del día que entraba por la ventana, hacía que el ambiente fuera más tranquilo y pacífico. Kreacher se había pasado toda la semana durmiendo en su ratonera, afortunadamente para él. Y por un momento se sintió alegre de pensar que por fin se había muerto. Lamentablemente Harry le dijo que Fred y George le habían dado una poción para dormir, accidentalmente por supuesto.
Pero está muy distinta-le dijo Harry con un tono levemente turbado.
¿Distinta? Claro que estaría distinta. El no quería aceptar que también lo estaba.
-¿por qué lo dices?-preguntó Sirius, inconscientemente.
-No lo sé-bramó el chico para sí mismo- no lo sé… A veces tengo mis leves sospechas-a Sirius se le encogieron las entrañas- Paga por no asomarse a Grimmauld Place-su ahijado miró las paredes del lugar, cómo si no supiera en qué lugar estaba.
Tragó y tragó. Tenía la garganta reseca, y sintió como si se desangrase por dentro. Prefirió dejar que él siguiera hablando. Aún tenía que buscar palabras para salirse por la tangente, invicto.
-Sirius-le dijo con el tono antecesor de que iba a preguntarle algo.
Lo sentía venir, y el miedo se había apoderado de él, sin perdón. Martillando su cordura y su conciencia.
-¿Qué paso la noche de mi cumpleaños?
Aquí es cuando te cagas, te jodes, te hundes en tu propio temor, cuando quisieras enterrarte vivo bajo el excremento, pues eres tan miserable, que solo el excremento podría estar a tu nivel.
-No pasó nada Harry, más que lo que sabes- dijo con un hilo grave de voz; Acababa de delatarse.
Las ganas de querer saberlo, chocaban y se mezclaban con el misterio y el temor de no querer. Tenía taquicardia, y no quería mover ni un solo centímetro de su cuerpo, cómo si solo así pudiera quedarse seguro. Pero Harry no supo que seguía porque Sirius salió espantado de la cocina, con el único sonido de sus botas con la madera crujiente del piso, y el rose de la tela de sus pantalones.
**
-Será mejor que nos vayamos ya- decía Ginny, apoyándose sobre la puerta del baño. Al otro lado, Hermione estaba sentada en el piso, con cara de asco, mareada-¿Te sientes mejor?
-Vete sin mí- murmuró-No me siento bien Ginny, debió haber sido el almuerzo-sintió malestar en el estómago y entrecerró los ojos, arrugando la boca.
-No seas tonta, no me iré sin ti-dijo la otra, tajante.
Hizo un esfuerzo sobre humano para levantarse. Los tacones le incomodaban, y apenas podía sostenerse por el mareo. Luego de unos segundos de quedarse apoyada sobre el lavabo, abrió la puerta, y se encontró con una cara muy angustiada y maquillada.
-Vamos-le dijo su amiga, tomándola de la muñeca- Cuando estemos allá, le decimos a mamá que te prepare algo ¿Sí?
-Claro-suspiró resignada.
Se miraron y se tomaron del brazo para aparecerse juntas, en la cocina de los Tonks.
Las dos chicas usaban vestidos nuevos, y lucían muy guapas. Hermione llevaba el mismo bolso de cuentas que había llevado para la boda de Bill y Fleur. Y como tenía sobras de la poción que mantenía su cabello lacio y brilloso, esa mañana su rostro llamaba mucho la atención. Fred hasta le había dicho que se miraba más alta. ¿O habría sido George? Daba igual.
La madre de Tonks y la señora Weasley, estaban muy atareadas colocando los últimos detalles en las mesas, alistando los menús, organizando a los invitados que iban llegando.
Remus estaba con todo el color en su rostro. Con su mejor túnica de gala, y un corbatín que no se dejaba en paz, estaba plantado hasta adelante, sonriendo y agradeciendo a todo el que le felicitaba. Ginny la llevó casi arrastrada hasta donde él, para ir a felicitarlo. Y Hermione al ver quién estaba dándole codazos al novio, sintió que las rodillas se le doblaban.
Cuando pasaron toda la masa de gente que se había cruzado entre ella y Remus, Hermione se desarrugó el vestido, y se aplastó el cabello.
Quizá había sido solo su imaginación, pero creyó ver cómo Sirius miraba hacia otro lado para esconder su leve sonrisa.
-¡Muchas felicidades!- exclamó Ginny besando la mejilla del licántropo.
-Te lo agradezco-le dijo él abrazando a las dos. Hermione no supo ni que le dijo, solo que fue entre una frase de felicitaciones a media, y un leve temblor. Sirius estaba tan cerca… y su calor la transportó a esa noche en que había pasado horas entre sus manos fuertes, que ahora parecían tan lejanas.
Cursi.
Sirius era el padrino de bodas de Remus, así cómo lo había sido en la boda de los padres de Harry.
Hermione salió de su ensueño, con un sabor amargo en la boca. Patricia acababa de llegar, y en esos momentos venía en su dirección.
Mierda, porque tenía que ser tan atractiva. Podría estar casi segura que aquella tipa con cualquier pedazo de ropa andrajosa luciría hermosa.
Sacudió su cabeza para sacar esos pensamientos de ella.
A lo lejos, cuando Harry miró quienes habían llegado, avanzó junto con Ron para juntarse con ellos.
-¿A que hora llegaron?-preguntó Harry, un poco atontado.
-Hace solo unos minutos-contestó Ginny. Hermione la miró de reojo.
Apenas y podía moverse, no quería cruzarse con la mirada de él. Si lo hacía, podría jurar que rompería como siete mil reglas de la naturaleza.
No podía vestir ese traje tan corto con tantos invitados hombres ahí, era una imprudencia, como se le ocurría siquiera asomarse con el cabello tan perfecto, que acaso era estúpida e ignoraba el riesgo que le hacía correr a él mismo de jalonearla de la muñeca tras unos arbustos, y acabar con su labial en dos segundos.
Chica boba.
Cuando todos los invitados se encontraban impacientes, sentados sobre sus respectivos asientos bajo la carpa adornada, Tonks se adentró del brazo de su padre, hasta donde estaba Remus.
Preciosa, era un adjetivo pobre para describirla. Hasta se podría jurar que irradiaba un leve brillo sobre ella, y su vestido blanco hasta el piso, con un velo sencillo que adornaba su cabello rojo, para la ocasión. Haciéndola parecer la hermana mayor de Ginny.
Al final de la ceremonia, muchas mujeres habían acabado con los parpados inflamados como pelotas, de tanto lloriquear.
Parecen Magdalenas, decía Fred cuando avanzaban a las mesas que estaban más allá de la carpa.
La mayoría de las mesas, estaban ocupadas por los miembros de la Orden del Fénix. Dumbledore, parecía muy a gusto con los dulces de limón que habían en el centro de cada mesa, hubo un momento en que se aburrió de estar extendiendo la mano para alcanzar uno por uno, así que jaló el plato y sonriente, comenzó a devorarlos mientras charlaba con Hagrid. Cerca de ellos, Elphias Doge entablaba una conversación con los Lovegood.
De repente, de algún lugar, comenzó a sonar música de violín y algo más que Hermione no reconoció. Remus y Nymphadora bailaban tomados de la mano en el centro de la pista de baile. Muchos se habían parado alrededor de ellos, para mirarlos, abrumados.
Luego de unos mágicos instantes, en los que casi se olvidaba del malestar en el estómago, Hermione sintió como si estuviera siendo observada, asustada, giró el rostro y con un vuelco en el estómago descubrió a Sirius observándola. Éste dio un leve respingo al darse cuenta que ella lo miraba también. La miró, con sus grises, lejanos algún tipo de frialdad.
Tuvo miedo de que pudiera leerle el pensamiento, y bajó la vista hasta su bolso de cuentas. Lo sentía venir, el estómago se le revolvía como un remolino, se arrepintió de haber arrasado con todo su plato. No podía pasarle a ella, por qué ahí, por qué en ese instante. Sin sentir muy bien sus pies sobre la tierra, se paró para correr hasta dentro de la casa y esconderse en el baño. Sí, eso haría, se quedaría encerrada, le pediría algo para sentirse mejor a la señora Weasley y se marcharía a la casa de sus padres a descansar.
Quería vomitar, y resistirse le estaba haciendo mal.
De pronto, perdió el conocimiento, todo lo que tenía alrededor, las personas bailando, comiendo, las mesas, la carpa, el césped, las flores y la decoración, se revolvieron hasta hacerse una sola mancha borrosa para sus ojos, ya no sentía los pies. A lo lejos, distinguió la voz de Ginny, diciéndole que se sentara, alguien la había tomado del brazo, por fin, dejó de ver por completo, los párpado se cerraron, y ya no pudo sostenerse en pie.
Que suave y caliente que se sentía sobre lo que estaba. No deseaba cambiar su posición cómoda, y menos abrir los ojos. Pero varias voces se mezclaban detrás de sus párpados, y al final terminó accediendo a abrirlos.
En un principio, no pudo ver más que parches borrosos que se encaminaban hasta ella, pero cuando se sentó y se restregó las manos fuertemente sobre los ojos, las voces amortiguadas por su misma inconsciencia se hicieron más claras junto con los seres frente a ella.
La primera en notar que ya había despertado, fue Ginny. Estaba sentada junto a la cama donde ella se encontraba. Primero no supo bien si seguía donde los Tonks, pero con vergüenza y pesar recordó que esa era la habitación de Nymphadora.
-Ya ha despertado-dijo Ginebra Weasley a alguien más que probablemente se encontraba en la habitación colorida.
-¡Santo Dios, Hermione! –Exclamó con voz aguda la señora Weasley- Nos has dado un susto a todos. ¿Cómo te sientes querida?-le preguntó con un tipo de voz maternal consternada.
-Mejor-dijo la chica con voz temblorosa. Se llevó la manos a la frente y miró sobre los hombros de la señora Weasley para ver quiénes más estaban ahí.
Se sentía muy embarazada de estar ahí tendida sobre la cama, así que se sentó y puso las piernas fuera del colchón.
Harry estaba reclinado sobre el marco de la puerta, tenía el labio inferior un poco rojo, y Hermione supuso que había estado mordiéndolo. Ron estaba junto a el, y al verla, ambos se acercaron hasta donde ella estaba sentada.
-¿Qué te ha pasado allá afuera?-le dijo Ron como si fuera un reclamo y no una pregunta-Ginny dice que desde hace días te vienes sintiendo mal.
Hermione fulminó a Ginny con la mirada.
-no la culpes-le dijo Harry interponiéndose-¿Qué tal si hubieras estado sola y nadie hubiera estado cerca para ayudarte?
Hermione iba abrir la boca para protestar, pero la señora Weasley los riñó y les dijo que la dejaran descansar.
Por alguna razón, Molly la miraba de reojo, angustiada. Y después comenzó a hacerle preguntas cómo ¿Desde hace cuanto sientes mareos? ¿Has vomitado muchas veces o sentido cambios drásticos de apetito? A todas, ella respondió que sí.
Andrómeda se había aparecido en el cuarto con una bandeja plateada, en la que llevaba una taza de té y unas cucharillas con frascos de terrones de azúcar morena.
-bebe esto-le dijo inclinándose hacia ella y dándole la taza de té- te hará sentir mejor y aliviará el malestar.
Que horror. Quería que la tierra se la tragar de nuevo. Había echado a perder la fiesta, y ahora había conseguido que las personas se preocuparan por ella.
-Lo lamento-dijo mirando a Andrómeda con gravedad, sin poder detenerse.
Ésta la miró confundida y después comprendió.
-Todo está bien-le dijo sonriendo. Era muy bizarro verla sonreír con amabilidad, porque su parecido a Bellatrix era tan acentuado, que era cómo ver a ésa perra sonreír- No has hecho nada, además todos siguen divirtiéndose allá abajo.
-¿Dónde esta Nymphadora? Me hubiera gustado avisarle que no se preocupara-dijo con aprensión.
-Ella está bien-dijo la voz de Remus, que acababa de entrar a la habitación. Tras el había otra persona a la qué Hermione no tuvo valor de ver por miedo a que fuera quien estaba pensando- Subió un par de veces a verte, pero cómo le dijimos que estabas descansando, está muy tranquila con los demás invitados.
Remus le sonreía con una especia de lástima y preocupación.
-Gracias-suspiró la chica, desanimada.
Sirius se había quedado plantado tras Harry, con las manos en los bolsillos. Estaba realmente preocupado, lo podía ver en su gesto torcido. Más bien estaba algo pálido. El solo pensar que se había preocupado por ella le hizo saltar por dentro.
En lo que se tomaba el té, y Ginny le contaba algo de una botella de whisky de fuego y Elphias Doge, el cuchicheo susurrante y las miradas constantes de la señora Weasley y Andrómeda Tonks, la distraían.
La madre de Tonks, insistió en que sería mejor dejarla descansar un rato más, así que casi empujados salieron.
Miró alrededor y observo que la señora Weasley cerraba la puerta. Se había quedado con ella, solas las dos en la habitación. Sintió un poco de miedo, pero la alivió un poco el hecho de que ella le sonriera con amabilidad cuando se sentó frente a ella.
Luego de mirarla otro rato más, Molly se aclaró la garganta y con un tono muy bajo comenzó a hablar.
-¿Tienes alguna idea a que se deban estos síntomas?
-Pues… -vaciló. No tenía idea- Pueda que haya sido por algo que comí. A lo mejor desarrollé alguna alergia. Qué se yo.
Los ojos pequeños de Molly, se posaron en sus manos. Luego le acarició la mejilla.
-Soy madre de siete hijos, y he pasado por seis embarazos…
A Hermione se le congeló cada micro partícula de su sudoroso y asustado cuerpo. Podía imaginarse las venas sobrecargadas de tanta sangre que palpitaban en cada arteria hasta explotar. Se quedó ida. Y dejó de escuchar lo que la señora Weasley le decía. Su mente estaba volando fuera de esa casa, fuera de ese planeta. Entonces, todo comenzó a tener sentido, la falta de apetito, y de repente las ganas de comerse hasta las vasijas. Los mareos, la náuseas, la sensibilidad a lo olores fuertes y a los asquerosos.
Dentro de todo aquel remolino de su cabeza, por fin comenzó a regresar a su cuerpo, a lo lejos y detrás de las palabras de la señora Weasley, distinguió que la puerta de estaba abriendo, pero no le tomó importancia, en ese momento nada tenía importancia, solo quería sumirse sola en su propio lío.
-… ¿Hay probabilidades que estés embarazada, Hermione?- la pregunta del millón que sabía que vendrían en cualquier momento por fin había sido disparada como una bala.
La puerta estaba completamente abierta, y las personas menos indicadas en aparecer, aparecieron, con los ojos en blanco abiertos como dos platos gigantes.
Todo se congeló, como cuando se toma una fotografía y las personas y el ambiente quedan paralizados en ella.
La señora Weasley tuvo que girarse y seguir la línea que Hermione apreciaba con tanto terror.
Harry y Sirius habían entrado a tiempo para escuchar la comprometedora pregunta de Molly.
Y aquí, es cuando todos se preguntan por qué diablos siempre tienen que pasar cosas en el momento menos indicado, y por qué siempre tienen que aparecer las visitas menos inesperadas, en los momentos más inoportunos.
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el siete lo tengo casi completo, esta largo, y extraño. me faltan como dos páginas de word para completarlo .
un beso a todos.
y gracias.
