Holi (?) Hoy, por una vez, seré breve y conciso.

Quisiera dedicarle este capítulo a Pao, como siempre. Me apoya más que cualquier otra persona, y eso se agradece infinitamente. Gracias, kouhai.

He empezado a ver Inazuma Eleven Go y es genial; Shindou es tope emo y Tsurugi es tope troll. Sí, estaba viendo Chrono Stone y escribiendo un fic largo sobre Go sin haberla visto. Tengo mucho swag. (?)

No valgo para escribir ni drama ni romance. Shame on me.

Y... lo siento por el final del capítulo. Pero os diré que ese personaje existe.

Ale, ya está. Que os aproveche. Tendrá errores porque sólo lo he revisado una vez, pero es que no puedo con mi alma ya XD


Tras unos segundos de extrema tensión en los que ni siquiera Rika fue capaz de hablar, el ambiente se relajó. Los pájaros que antes sobrevolaban la cabeza de Mamoru, una pequeña bandada de diamantes tricolor, se posaron en los árboles tras los que las cuatro chicas se ocultaban, como si estuviesen cogiendo sitio para observar de cerca qué sucedería a continuación aunque tuviesen que acostarse un poco más tarde esa noche. Sus cuerpecillos se reclinaban sobre el vacío y sus atentas miradas taladraban la escena en silencio. Como si de espectadores en el cine se tratasen, ninguno trinaba, se movía de su sitio o daba el más mínimo indicio de seguir vivo salvo por el irregular latir de sus corazoncitos, tan solo apreciable de haber estado a escasos milímetros de las aves en aquel momento.

El silencio sepulcral fue repentinamente roto por las pisadas de Gouenji, quien atrajo toda la atención sobre sí: en semejante ambiente, cada uno de sus pasos producía un sonido tal que parecía que la tierra se sacudiese bajo sus pies. Tras darse media vuelta, el delantero de fuego se dirigió hacia Kanon y Masato. Mediante un gesto con el dedo y sin mediar palabra, ordenó a los niños que le acompañasen y que dejasen a Endou tranquilo.

–¡Pero yo quiero quedarme con Ojii-chan! –repuso Kanon en un mohín en cuanto comprendió lo que Gouenji trataba de decirle.

–No es negociable, Kanon. Vámonos –dijo Gouenji con voz cortante.

–¡Pero, pero…! ¡Éste es un momento clave en la vida de Ojii-chan! ¿Y si resulta que Kino-san es mi abuela?

Aki trató de disimular su creciente sonrojo bajando la mirada.

–…Si de verdad es un momento tan importante para él, debes dejar que lo viva y lo disfrute por su cuenta. Él debe ser quien elija qué es lo que tú debes saber y qué es mejor que permanezca en secreto.

–¡Pero, Gouenji-san…!

–Vá-mo-nos.

El bisnieto de Endou suspiró profundamente y acabó por ceder. Una vez tuvo a Kanon a su lado, Gouenji echó la mirada atrás y le ofreció una amistosa sonrisa a Endou.

«Esto es cuanto puedo hacer, Endou. El resto corre de tu cuenta».

Endou devolvió la sonrisa con nerviosismo, pero lleno de gratitud.

«Muchas gracias, Shu-shu; te debo la vida. ¡Eres el mejor amigo que nadie pueda tener!».

Gouenji frunció el ceño durante un segundo.

«…No me llames Shu-shu».

Tras soltar Endou una extraña carcajada, Gouenji posó sus manos en las espaldas de los chicos y les empujó con suavidad para que echasen a andar en dirección al Ohisama-En. Mientras caminaba, Kanon se giró y miró a su abuelo una última vez.

–¡Buena suerte, Ojii-chan!

Endou hizo un amago de despedida con la mano e inmediatamente se dio la vuelta, justo a tiempo para ver cómo Rika se abrazaba con fuerza a uno de los árboles tras los que las chicas estaban antes escondidas y comenzaba a chillar.

–¡ME NIEGO EN REDONDO A IRME AHORA!

–¡No puedes quedarte aquí, Rika! ¡Tenemos que dejarles a solas! –reprendió Touko, tratando en vano de razonar con ella.

–¡Déjales TÚ a solas si quieres, pero yo no pienso perderme esto POR NADA DEL MUNDO!

–No pasará nada mientras tú les estés mirando –razonó Fuuko de brazos cruzados, ya impaciente por irse de allí.

–¡PASARÁ! ¡Tiene que pasar! ¡Está escrito en las estrellas que pasará! ¡Y YO SERÉ TESTIGO DE SU AMOR! –chilló Rika antes de echarse a reír como una histérica.

Fuuko y Touko, ya exasperadas, agarraron a Rika de la cintura y de las piernas y comenzaron a tirar de ella con fuerza. Rika pataleaba y chillaba, compungida, tratando de zafarse de ellas y lanzando a la vez todo tipo de ridículas maldiciones salteadas con lastimeros ruegos en los que les pedía a sus amigas que la dejasen quedarse allí a contemplar el espectáculo.

Endou no se lo pensó un segundo. Aprovechó la confusión y el hecho de que las chicas habían dejado de prestarles atención para acercarse a Aki rápidamente, agarrarla de la mano y llevársela lejos de allí bosque a través tan rápido como sus piernas se lo permitieron.


Endou soltó la mano de Aki y se detuvo momentáneamente a coger aire con las manos apoyadas en las rodillas. A su espalda pudo escuchar un repentino "plof": Aki, aún más falta de aire que él, se había caído de culo al suelo en cuanto Endou la había soltado y, ahí, tirada en la hierba, luchaba por recuperar el aliento.

–¡A-aki! –exclamó Endou instantes antes de lanzarse a socorrerla–. ¡P-perdona, tendría que haber ido más despacio…! ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?

–¡Estoy… bien, Endou-kun…! –dijo Aki entre bocanadas de aire–. No te preo… cupes, sólo dame unos… s-segundos…

Endou se dejó caer al lado de su amiga y, al comprobar que realmente estaba bien y que ya empezaba a recuperarse, esbozó una sonrisa de alivio. Una vez se le hubo pasado el susto, Endou cayó en la cuenta de que había estado corriendo a ciegas y sin fijarse siquiera en qué camino había tomado. Todo lo que había inmediatamente a su alrededor eran árboles, arbustos y demás flora local, pero, por suerte, reconoció no muy lejos de allí un pequeño parque que le era ya bastante familiar.

Se trataba de un parque discreto, totalmente aislado por los árboles y que ni siquiera tenía un camino que condujese hasta él ni ningún tipo de señalización que indicase que existía: para encontrarlo, era indispensable caminar entre árboles y rebuscar por cuenta y riesgo de uno mismo. El parque, de todos modos, estaba bien delimitado y resaltaba una vez se estaba cerca: la hierba del bosque que lo rodeaba se terminaba abruptamente para dar paso a un campo térreo que, por alguna razón, estaba dividido en dos rectángulos, el uno pegado al otro.

El primero y más grande no era más que una gran explanada desierta que, por alguna razón, tenía una barra fija de gimnasia colocada en el centro de cada uno de los lados pequeños del polígono. Las barras, no obstante, tenían una longitud mucho mayor a la habitual en este tipo de instrumentos y eran ridículamente altas teniendo en cuenta que los que allí jugarían serían, en su gran mayoría, niños pequeños. Endou estuvo convencido desde el primer instante de que aquello era un campo de fútbol camuflado, diseñado para que las barras fijas se usasen como porterías.

El rectángulo pequeño colindaba con una de las esquinas del rectángulo grande, y se diferenciaba claramente del otro por estar cubierto de corcho para evitar que los niños se hiciesen daño en caso de caerse de uno de los dos columpios que allí había o de aterrizar mal tras deslizarse por aquel tobogán de caracol que, por su impresionante altura, destacaba sobre la simpleza del resto del conjunto. Cerca de esa zona había un par de bancos de granito, totalmente planos.

Endou encontró aquel parque por casualidad mientras buscaba un lugar apartado en el que pasar tiempo con Yagami, lejos de lo que ella llamaba "miradas indiscretas". Aunque durante un tiempo ése fue su sitio, el cual solamente compartían ellos dos, acabó convirtiéndose en el campo de fútbol oficial del Ohisama-En, y los huérfanos, arrastrados por Endou, solían reunirse allí para jugar desde pequeñas pachangas hasta auténticos y vibrantes partidos once contra once.

Pero ese día, el parque parecía estar absolutamente desierto.

Endou se levantó del suelo, se sacudió algunas briznas de hierba del pantalón y finalmente ayudó a la ya completamente recuperada Aki a incorporarse.

–¿Nos hemos perdido, Endou-kun…? –preguntó Aki, claramente preocupada.

–¡No, no, tranquila! –se apresuró a contestar Endou–. ¡Sé muy bien dónde estamos! ¡Ven, sígueme!

Endou trató de agarrarle la mano de nuevo a Aki, pero ella se zafó rápidamente. Endou, extrañado, miró a la chica, pero ella se limitó a mirar hacia otro lado y a esconder la mano tras su espalda. Su cara se había enrojecido ligeramente.

Endou comprendió el mensaje, arrugó los labios por un instante y echó a andar, asegurándose de que Aki, al menos, le seguía. La guió despacio entre los árboles hasta llegar a la explanada de tierra, donde esperó pacientemente a que Aki terminase de observar el lugar con detenimiento.

–¿Ya habías estado aquí antes? –preguntó Aki.

–Sí –respondió Endou mientras asentía–. Ya sabes que vengo mucho al Ohisama-En y, bueno, acabé encontrando este sitio, supongo...

–¡…Parece un buen sitio donde jugar al fútbol! –sonrió Aki, tratando de quitarle tensión a la situación.

–¡Ah, sí, sí que lo es…! ¡De hecho, suelo venir aquí a jugar con los chicos!

–Deja que lo adivine: les arrastras hasta aquí para que jueguen contigo aunque se nieguen, ¿verdad? –dijo Aki, soltando una risilla.

Endou soltó una carcajada nerviosa mientras se rascaba la mejilla levemente. Aki le conocía demasiado bien.

–Oye, Aki-chan, ahora que estamos tú y yo solos…

Aki clavó los ojos en Endou y sintió cómo sus mejillas volvían a calentarse de golpe.

–¿…te apetecería jugar al fútbol conmigo?

Resopló suavemente, entre aliviada y decepcionada.

–¡Claro, por qué no…! –sonrió–. Pero necesitaremos un balón, ¿no?

–¡Está controlado!

Endou le hizo a Aki un gesto para que no se moviese del sitio y echó a correr hacia el tobogán. Empezó a ascender por la larga escalera que la atracción tenía por detrás y llegó hasta la parte más alta. Aki pudo ver cómo Endou se agachaba y, al volver a incorporarse, ya sostenía bien alto y con orgullo un balón de fútbol. Se tiró por la rampa y volvió rápidamente al lado de Aki con una sonrisa en los labios. Aki devolvió la sonrisa, asombrada por la idea de Endou de utilizar el tobogán como almacén de balones, pero no sorprendida en absoluto: a fin de cuentas, estaba hablando de un chico que escondía balones en arbustos por toda la ciudad para poder jugar al fútbol dónde y cuándo quisiera sin tener que acarrear con un balón a todas partes.

–Eh, Aki-chan, ¿qué te parece hacer de portera hoy? Hace una barbaridad que no juego como líbero; ¡empiezo a echar de menos eso de chutar!

Aki asintió en silencio y con una sonrisa: defender la portería le traía siempre muchos y muy gratos recuerdos de cuando Tachimukai y Endou le enseñaron a utilizar algunos de sus hissatsus para que ella también pudiese disfrutar del fútbol en el campo y no solamente como espectadora o gerente del equipo. Aunque aún no estaba al mismo nivel que ellos, Aki había demostrado talento desde el primer instante y se había convertido en una portera excelente, consiguiendo dominar avanzadísimas técnicas en un corto espacio de tiempo.

Aki se dirigió rápidamente hacia la barra fija más cercana y Endou se colocó frente a ella, a unos diez metros de distancia. Colocó el balón en el suelo y lo sujetó con el pie.

–¡P-preparada, Endou-kun!

–¡Muy bien! –respondió Endou con alegría–. ¡No pienso contenerme!

Aki frunció ligeramente el ceño y asintió. Arrastró un poco los zapatos por la tierra mientras se ponía en posición; ya ni se acordaba de que aún llevaba su uniforme habitual de clase, que, desde luego, no era la indumentaria más indicada para jugar al fútbol. Separó los brazos, echó el cuerpo hacia delante. Apretó los puños durante un instante antes de colocar las manos sobre la altura de sus hombros, ligeramente por delante de su cara. Clavó sus ojos en el balón.

Estaba lista.

–¡Allá va!

Endou dio un par de pasos hacia atrás e inmediatamente volvió a correr hacia el balón, chutándolo con todas sus fuerzas.

El disparo se dirigía a toda velocidad hacia la derecha de Aki, muy a ras de suelo. Aki dio una pequeña patada al suelo con la pierna izquierda, consiguiendo así impulso para echar a correr. Instantes antes de que el balón llegase a la improvisada portería, Aki consiguió poner el pie en medio y desvió el tiro de su trayectoria original. Aunque no pudo ni pararlo ni evitar que siguiera avanzando, sí que consiguió que, al menos, no traspasase los tres palos, salvando así el gol.

–¡Muy bien hecho, Aki-chan! –gritó Endou desde su sitio.

–¡G-gracias, Endou-kun! –respondió la chica, alegre tanto por haber conseguido evitar el gol como por estar jugando con Endou después de tanto tiempo. Enseguida, Aki recogió el balón y volvió a lanzárselo a Endou.

Endou controló el balón con el pecho y volvió a colocarlo a sus pies antes de dar un par de pasos hacia atrás. Aki volvió a colocarse en posición.

–¿Preparada? ¡Esta vez pienso ponerme más serio! –gritó.

–¡Por supuesto! –respondió ella.

–¡Muy bien, entonces! ¡A ver qué te parece esto!

Endou cerró los ojos, cogió aire profundamente, exhaló, abrió de nuevo los ojos y echó a correr; pero, para sorpresa de Aki, en vez de chutar, deslizó el pie bajo el balón y lo lanzó por los aires, totalmente en vertical.

Esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción.

Endou se encogió ligeramente durante un segundo, concentrándose en reunir energía desde todos los rincones de su cuerpo. Se volvió a erguir con violencia, soltó un grito de furia e hizo surgir así una enorme mano resplandeciente sobre su cabeza. Con la mandíbula apretada, cruzó los brazos sobre su frente para acumular en ese punto toda la energía que había reunido instantes antes; la mano se cerró en un puño.

–¡Megaton Head… G4! –gritó Endou con entusiasmo.

El líbero echó el torso hacia atrás, haciendo que la mano retrocediese junto a él. Esperó unas milésimas de segundo y, con una precisión milimétrica, volvió a lanzar su cuerpo hacia delante y dio un fuerte cabezazo que el puño siguió obedientemente, golpeando el balón de lleno mientras gritaba a pleno pulmón.

El balón se dirigió hacia la barra fija a una velocidad vertiginosa.

Aki dio un paso atrás, ligeramente acobardada.

«¿U-un hissatsu?», pensó la chica. Ahora que lo pensaba, era la primera vez que tenía que hacer frente a una supertécnica de verdad. «…Bueno, ¡da igual! ¡Quizás no pueda con él, pero… tengo que intentarlo! ¡Endou-kun no me perdonaría si no lo diese todo al jugar contra él! ¡Tengo que demostrarle que mi entrenamiento… no ha sido en vano!».

Aki volvió a adelantar el pie y apretó el puño mientras mantenía la vista fija en el balón que se le acercaba, tal y como Endou le había enseñado a hacer. Un aura agitada y centelleante rodeó su cuerpo, muestra de toda la fuerza que había acumulada en él. La portera canalizó toda aquella fuerza y la concentró en el puño derecho, lo cual hizo que su mano comenzase a brillar intensamente. Lanzó el puño al aire y abrió la mano, desatando una explosión de energía de la cual nació una resplandeciente mano gigante, conectada a la propia mano de la chica por una serie de feroces relámpagos.

–¡God Hand… Kai! –exclamó Aki con fuerza. Endou parpadeó y endureció su expresión ligeramente.

Aki torció el torso hacia la derecha, retrasando así tanto su hombro como su brazo. Instantes después, y justo a tiempo para hacer frente al disparo de Endou, Aki lanzó un empujón hacia delante con la mano derecha, haciendo que la gigantesca mano bloquease con su palma el camino que el hissatsu de Endou recorría.

El balón y la mano colisionaron.

Aki notó cómo la fuerza del disparo la arrastraba hacia atrás. En un intento desesperado, clavó los pies en el suelo y se sujetó la muñeca derecha con la mano izquierda, tratando de mantener el brazo firme. Aki empujó con todas sus fuerzas, pero todo fue en vano: el disparo acabó por atravesar su hissatsu y la golpeó de lleno antes de atravesar la línea de meta.

–¡A-aki-chan! –gritó Endou al ver cómo su disparo golpeaba a Aki de aquella manera. Echó a correr hacia la barra fija, donde Aki aún yacía en el suelo, atontada. Al llegar hasta allí, se arrodilló a su derecha y la ayudó a incorporarse. Aki-chan, ¿estás bien? ¿Te has hecho daño?

–T-tranquilo, Endou-kun; ¡estoy bien, de verdad…! –dijo ella, sonriendo levemente–. Sólo ha sido un golpe; no importa…

Endou se fijó entonces en la mano derecha de Aki. Estaba completamente roja y algo magullada.

–Aki, tu mano… ¡A-agh, maldita sea! ¡Tendría que haberte prestado mis guantes!

Endou se quitó el guante derecho a toda prisa y, sin pensarlo siquiera, agarró la mano dolorida de Aki y le puso el guante con cuidado. Al verla sonrojarse de repente, Endou se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se apartó de ella mediante un brinco hacia atrás más bien torpe. Aki se colocó el guante ella misma sin decir una palabra.

–Aun así, ¿por qué? ¿Por qué has hecho eso?

–A… ¿a qué te refieres? –preguntó ella, a pesar de que ya sabía de antemano qué es lo que Endou iba a decirle.

–La God Hand. ¿Por qué la God Hand? ¡Te he dicho que iría en serio, y ya deberías saber que la God Hand no es lo suficientemente fuerte como para hacer frente a un disparo así! ¡Estaba claro que no ibas a poder hacer nada…!

–Pero, Endou-kun, es que… yo… –susurró Aki, bajando ligeramente la mirada.

–¿Qué sucede? ¿…Ya no recuerdas cómo se usan los demás? –preguntó Endou, parpadeando de sorpresa ante la simple idea de que alguien pudiera olvidar cómo utilizar un hissatsu.

–No, pero la God Hand es… especial…

–¿Especial? Bueno, sí, era el hissatsu del abuelo, pero…

–¡Y a mí qué me importa tu abuelo! –gritó Aki sin pensarlo. Todos sabían que, en cuanto Endou sacaba a relucir a su abuelo en una conversación, el discurso del nieto acerca de su adorado Daisuke Endou podía durar horas, y la gente trataba de cortar el tema tan rápida y tajantemente como fuese posible; tanto, que ya se había convertido casi en un acto reflejo. Al darse cuenta de lo que había dicho, Aki se tapó la boca y la cara con las manos y apartó la mirada de él. Endou frunció suavemente el ceño, preocupado.

–¿A qué te refieres entonces con "especial", Aki-chan? –preguntó Endou tras una pausa.

–…Tú –contestó Aki con un hilo de voz, aún con la cara cubierta–. Este hissatsu… es tuyo. Y el primero que me enseñaste. La God Hand es… lo que nos une, al fin y al cabo…

Endou se quedó tieso como una estatua durante unos segundos. Tragó saliva con dificultad, sacudió la cabeza con fuerza y cerró los ojos.

–¡N-no digas tonterías, Aki! –gritó con voz temblorosa y con los ojos aún cerrados–. ¡Eso no es verdad y tú lo sabes! ¡Lo que nos une no es un hissatsu, ni el Raimon, ni el fútbol siquiera…! L-lo que nos une… Lo que nos une… es…

Aki dejó al descubierto la cara y miró a Endou con los ojos llenos de lágrimas y los labios apretados.

–Endou… kun… –susurró Aki, al borde del llanto. ¿Qué nos une…?

Endou no conseguía responder. No podía dejar de mirarla. Allí estaba la que, durante tres años, había sido su mano derecha, su mejor amiga, su confidente, su compañera de penas y glorias. Pero ya no la veía de la misma manera. Aki era mucho, muchísimo más.

–Aki-chan, lo que nos une es… E-es…

Rodeó el cuello de Endou con la mano derecha y colocó la otra en el suelo para mantener el equilibrio. El desgastado y deshecho guante le rozaba el cuello terriblemente a Endou, pero a él no le importaba siempre y cuando fuese Aki quien lo llevase puesto. La chica tiró de él hacía sí lentamente hasta que le hizo arrodillarse a su lado.

–Endou-kun, yo… quiero que nos una algo más…

Endou susurró el nombre de Aki mientras la miraba de hito en hito con la cara totalmente roja. Aki volvió a tirar de él, arrastrándole hasta que estuvo prácticamente encima de ella.

–¿Y lo que has dicho antes, cuando estabas con Gouenji-kun…? –preguntó Aki.

–…Lo he pasado realmente mal, Aki-chan… No… no sabía qué sentir ni qué hacer. O… quizás no quería saberlo siquiera; la verdad es que no lo sé. Pero… ¡ahora sí que sé lo que quiero! ¡Lo único que quiero es que no me dejes…! ¡Lo que me une a ti es que… te necesito a mi lado!

Aki sonrió débilmente. Se aferró con fuerza al cuello de Endou mientras, con su mano libre, buscaba la mano desnuda del chico. Endou correspondió por acto reflejo y entrelazó sus dedos sin cubrir con los de Aki. Posó la mano del guante en la mejilla de la chica y le secó con cuidado algunas de las lágrimas que habían humedecido su cara.

–Endou-kun… Yo… Yo tampoco sabía qué hacer… Pero llegó Rika y…

Endou, cada vez más rojo, pasó el pulgar por encima de los labios de Aki, haciéndola callar.

–¿Sabes? ¡Estaba desesperado…! –dijo con una risilla nerviosa–. Busqué ayuda en la gente, traté de encontrar respuestas… Pero no encontraba ninguna explicación para lo que sentía. Hace unos días, sin embargo, un viejo amigo me dijo algo. No lo entendí en aquel momento, y por más que le di vueltas después, no conseguí encontrarle sentido. Y, aun así, algo me decía que debía seguir intentándolo, ya que entender eso me ayudaría a encontrar una solución. Le di vueltas, lo retorcí por todas partes, ¡y todo fue inútil! Pero, de algún modo, ahora que estoy aquí contigo… Creo que ya empiezo a verlo todo más claro. Y… puede que no lo esté haciendo bien, puede que ni siquiera se acerque a lo que él quería decirme, pero… Así es como lo entiendo yo.

Endou se acercó más a Aki hasta que, al fin, sus narices se tocaron. Endou cerró los ojos y acarició la nariz de la chica cariñosamente con la suya, despacio y sin prisa, como si, inconscientemente, quisiera acostumbrarla a su tacto. Aki, feliz y frustrada a la vez, no pudo contenerse un instante más y, envuelta en el calor que estar con aquél a quien tanto quería le hacía sentir, tiró de Endou por el cuello una última vez y, tras apretar su mano con fuerza y cerrar los ojos, le obligó a besarla.

No fue un beso emocionante, apasionado ni excitante. Sus labios, simplemente, se tocaron. No trataban de demostrar su amor, sino de embalsamar sus heridas; ése era el beso que acababa finalmente con la larga lucha interior que, cada uno por su lado, habían tenido que librar. Una lucha que les había dejado exhaustos y les había marcado para siempre.

Tendrían tiempo para demostrar lo que realmente sentían el uno por el otro. En ese momento, sólo querían descansar, por fin, juntos.

Los chicos abrieron los ojos despacio y se miraron el uno al otro en completo silencio durante unos segundos.

–Endou-kun… –dijo finalmente Aki en voz baja–. ¿Qué fue lo que te dijeron…?

–"Deja que el amor fluya dentro de ti".

Endou y Aki sonrieron, se fundieron en un fuerte abrazo y se quedaron allí sentados, disfrutando, como siempre, el uno del otro.


–¡Mira, Kuri, allí están! –exclamó Touko en voz baja mientras le hacía señas para que se aproximase. Fuuko se acercó despacio y se agazapó tras uno de los cientos de arbustos que rodeaban el parque.

–Sí, son ellos, no hay duda… –susurró Fuuko–. Fíjate, qué escena. Hacen bastante buena pareja, ¿verdad?

Touko asintió felizmente con una gran sonrisa en los labios, pero pronto la cambió por un ceño fruncido y miró hacia atrás. Algo se acercaba.

Tap, tap, tap. Cada vez más fuerte. Taptaptap. Cada vez más rápido.

Fuuko y Touko se incorporaron justo a tiempo para ver cómo Rika corría hacia ellas como una exhalación, dispuesta, de ser necesario, a pasar por encima de sus amigas para poder llegar al parque y ver de cerca el floreciente amor que, en su opinión, ella había creado.

Justo antes de que pudiera saltar por encima de los arbustos, Fuuko y Touko la placaron a la vez, la tiraron al suelo y la sujetaron por los brazos, cortando su avance en seco.

–¡SOLTADME, ENEMIGAS DEL AMOR! –chilló Rika, revolviéndose violentamente.

Fuuko y Touko le taparon la boca y chistaron con fuerza, tratando de hacerla callar. Viendo que no podía con ellas, Rika acabó tranquilizándose.

–¿No ves que, si te pones a gritar de esa manera, vas a acabar espantándolos? ¡Mira en silencio! –susurró Touko. Rika infló los carrillos y resopló, dando a entender que, aunque no le gustaba el sistema, les haría caso. Las chicas dejaron libre a Rika y volvieron a esconderse detrás del mismo arbusto.

–¿¡Qué!? ¡Pero si sólo se están abrazando! ¡Qué aburrimiento! –resopló Rika–. ¿Cuánto más van a tardar en darse el primer beso?

–De hecho, imagino que ya se lo habrán dado –dijo Fuuko–. No estarían tan cariñosos de no ser así, ¿no crees?

Rika miró con odio y desprecio a sus dos amigas.

–…Por vuestra culpa me he perdido su primer beso… –siseó, claramente resentida. Se incorporó y se dio la vuelta–. ¡Bah! ¡Para verles hacer manitas ya tendré tiempo, pero ya que por vuestra culpa me he perdido lo mejor, me largo de aquí!

Rika comenzó a andar y, cuando ya había avanzado varios metros, echó la vista atrás y fulminó a Touko y a Fuuko con la mirada.

–Esto es todo culpa VUESTRA.

Touko suspiró, dándose por vencida. Fuuko resopló, se cruzó de brazos y negó con la cabeza un par de veces. Ambas se levantaron y, manteniendo las distancias con la enfurecida Rika, volvieron paso a paso al Ohisama-En.

La bandada de diamantes tricolor empezó a trinar con alegría desde la cima del tobogán, rompiendo de nuevo el frío silencio del parque y llenándolo de la alegría que aquel momento merecía. El majestuoso Sol de poniente le ofrecía a la pareja sus últimos y anaranjados rayos de luz, templando sus corazones con su suave calor.


–Me da que Kino ya no vuelve –dijo Fuuko, recostada sobre el brasero del salón principal del Ohisama-En, con el codo apoyado en la mesa y la cabeza apoyada en la mano.

–¡Tiene que volver! –gritó Rika, sofocada y sin dejar de deambular por toda la estancia–. ¡Prometió que volvería y nos lo contaría TODO!

–Tranquilízate de una vez, Urabe –resopló Fuuko antes de levantarse–. Ya son casi las doce de la noche: a estas alturas, ya debe estar en su casita. Imagino que se habrá vuelto con Mamoru; es una idea mucho mejor que venir aquí a que la sometáis al tercer grado, desde luego.

–Kuri tiene razón, Rika… –dijo Touko, tumbada en el suelo y con los brazos tras la cabeza–. Deberíamos irnos nosotras también a casa.

–¡NO! ¡Vendrá!

Rika sacó el móvil y marcó en un instante el número de Aki, pero el contestador le respondió que el teléfono al que trataba de llamar estaba apagado o fuera de cobertura. Rika lanzó una maldición silenciosa y volvió a guardarse el móvil en el bolsillo.

–…No vendrá –acabó admitiendo Rika, con la cabeza gacha y profundamente decepcionada–. Pero ya es muy tarde para volver a casa, ¿no, Touko-chan?

–Puede que tengas razón… No puedo molestar a mi padre con algo así a estas horas… –sopesó Touko mientras se levantaba.

Touko y Rika clavaron sus ojos de golpe en Fuuko.

Puso mala cara y suspiró.

–Podéis quedaros aquí esta noche, supongo. Total, por dos más…

Touko y Rika se lanzaron a abrazar a Fuuko con toda la efusividad del mundo, pero la centrocampista las esquivó con una rápida finta y las chicas acabaron chocando entre ellas y cayendo al suelo sin sentido debido al golpe.

Fuuko salió del salón justo a tiempo para toparse con Yagami, que llevaba en las manos una bandeja con una tetera y un par de tazas.

–Las has invitado a quedarse, ¿eh? –preguntó Yagami con sequedad.

–Bueno, Mamoru no va a quedarse aquí hoy, y con todo lo que ocupa ese chico cuando duerme, imagino que ellas dos podrán acomodarse bastante bien en la cama que solemos dejarle. …Aunque él prefería pasar las noches en la tuya, ¿verdad? –dijo Fuuko con retintín y deleitando a Yagami con una pérfida sonrisa dental.

La cara de Yagami se enrojeció ligeramente y soltó un pequeño resoplido.

–Eso no te incumbe, Kuri. Pero ya que él no va a estar aquí hoy, ¿te apetece a ti tomarte un té conmigo?

–…Claro, por qué no –respondió Fuuko, encogiéndose de hombros–. Así, al menos, tendré una excusa para librarme de esas dos durante un rato.

–Menuda te ha caído encima.

–Dímelo a mí.

Las chicas suspiraron levemente, intercambiaron pequeñas sonrisas y se dirigieron hacia el comedor del orfanato.


Su móvil comenzó a sonar. Se rascó los ojos y levantó la mirada para comprobar el reloj en forma de balón que colgaba de su pared: era la una y media de la mañana. Endou se dirigió hacia la luz y el sonido que el móvil producía y miró a la pantalla antes de contestar.

Shuuya Gouenji.

Pulsó un botón. Bip.

–¿Se puede saber qué horas son éstas de llamar, Shu-shu…? –dijo Endou en un suspiro mientras se rascaba el ojo izquierdo con la mano libre. Gouenji suspiró y se contuvo para no repetirle por enésima vez que dejarse de llamarle "Shu-shu".

–Dirás lo que quieras, pero apuesto a que no estabas dormido –contestó Gouenji.

–…En eso tienes razón. Pero, ¿a qué viene llamar a estas horas…? ¿No podías esperar hasta mañana?

–No. Con lo que me ha costado llevarme a Kanon de allí, exijo saber qué ha pasado al final entre Aki y tú. Además, supuse que querrías contármelo en privado.

–Bueno… Supongo que sí. No quisiera que se convirtiera en la comidilla de todo el equipo, y más después de todo lo que ha pasado…

–Entonces algo ha pasado, ¿eh? –dijo Gouenji, riendo suavemente–. Venga, escúpelo ya; prometo no contárselo a nadie.

–Eh, esto, bueno… –tartamudeó Endou, nervioso y sonrojado–. Nosotros estábamos jugando al fútbol y, en fin, empezamos a hablar y nos… besamos.

–Ya veo. Y, ¿entonces? ¿Cómo ha quedado la cosa?

–Decidimos no pasar por el Ohisama-En y volvimos en tren juntos a casa. Era el último tren e íbamos nosotros solos, así que, eh, bueno, volvimos a besarnos y…

–¿Estáis saliendo juntos?

–…Supongo.

–¿Que "supones"?

Gouenji cerró los ojos y soltó una carcajada sorda. Endou puso mala cara.

–¡Eh…! ¿Qué te hace tanta gracia? –preguntó Endou, ligeramente molesto.

–Nada, nada. Es sólo que me alegro.

–¿…De lo nuestro?

–En parte. Me alegra que por fin hayas descubierto lo que quieres, Endou, lo sabes… Pero me alegra más aún saber que, a pesar de todo, sigues siendo el mismo cabeza de balón de siempre que no entiende nada ni aunque pase delante de sus narices.

Endou arrugó la nariz. Se apartó el teléfono de la oreja, lo miró durante unos segundos y colgó sin despedirse. Bip.

Tratando de evadirse, se dirigió hacia la ventana de su cuarto y se asomó afuera. Era una noche tranquila y fresca, totalmente diferente a lo que el día había sido. La Luna brillaba con fuerza; el viento silbaba una melodía curiosa.

Endou oyó una voz bajo su ventana y, al mirar hacia abajo, pudo vislumbrar una silueta alta y fornida. Trató de ver mejor inclinándose sobre la ventana y entrecerrando los ojos. Al comprobar que le miraba, la silueta se acercó y Endou pudo verle la cara: se trataba de un chico al que había visto alguna vez en el Raimon y, de hecho, iba ataviado con uno de los chándales de la escuela.

Era un escalofriante chico de facciones cuadradas y muy marcadas, labios carnosos contraídos en una horrible sonrisa y pelo violeta cortado a tazón. Sus pequeños ojos negros estaban clavados en Endou como si fuesen cuchillos.

–Hola, Endou-san –dijo el chico con voz profunda y tranquila, como si el hecho de que él estuviese allí a horas intempestivas fuese algo de lo más normal–. ¿Qué haces tú por aquí?

–…Vivo aquí –respondió Endou con una mueca de confusión en la cara.

–Ah, claro, ¡has venido hasta aquí a invitarme a que me una a tu equipo! –prosiguió el chico, sin hacerle el más mínimo caso a Endou–. Pues, mmm, no sé qué hacer… ¡Ya lo tengo! Juguemos una pachanga y, si me ganas, me uniré a ti.

–…No, en serio, no he venido aquí para… ¡T-te digo que ésta es mi casa! –dijo Endou, tratando de no gritar–. ¿¡Y se puede saber qué haces tú por aquí!?

–Yo siempre estoy cerca de tu casa, Endou-san. Siempre.

Endou retrocedió despacio y, una vez le perdió de vista, cerró la ventana a todo correr y echó el pestillo. Desde la calle, pudo oír cómo el chico le gritaba "¿Te rindes?" con voz estridente. El portero estaba al borde del ataque de pánico. Se tomó aquel incidente como una señal divina de que, en aquel preciso momento de su vida, rehuir los problemas, por pequeños que fueran, era la peor idea posible.

En medio de su terror nocturno, vio que la luz de su móvil volvía a brillar. Se acercó y pudo comprobar que había recibido un mensaje de Gouenji.

"Me alegra que sigas siendo el mismo Endou de siempre. No quería perder a mi mejor amigo".

Endou no pudo evitar sonreír cuando leyó aquello, pero no quiso responder. Él prefería decir las cosas a la cara, a menos que fuese una emergencia. Y, desde luego, no consideraba una emergencia decirle a Gouenji que él seguía siendo su mejor amigo.

A fin de cuentas, casi podían leerse la mente.


Acabé por fin U^^ Bien, hagamos memoria, muy rápidamente también: Endou, que finalmente había confesado que quería besar a Aki, se aleja con ella de miradas indiscretas y, mientras juegan al fútbol, ambos acaban confesando lo que sienten. (Sí, ha sido muy poco para tanto texto.)

¿Qué les pasará a los tortolitos a partir de ahora? ¿Cómo se tomará la gente su relación tras tanto revuelo? ¡Todas las respuestas, en los últimos capítulos de "Es casi fraternal"!