Caminó por el bosque. Aunque había bastante nieve, el paseo le estaba resultando muy agradable. El frío le permitía poner sus pensamientos en orden, ya que las últimas 24 horas habían sido una completa locura. Sobre todo, por el regreso de Marian.

Regina se había enfadado, Marian se había enfadado, Roland no comprendía nada y él estaba a punto de colapsar, por lo que había decidido, primero intentar hablar con la Reina y como el resultado había sido nefasto, su segunda opción había sido salir a caminar por el bosque. Al menos, el aire fresco le permitía pensar con claridad.

Flashback. La noche anterior

"Me habías olvidado y reemplazado por ella", le gritó Marian.

"Sabes que eso no es así…".

"¡Con la Reina Malvada! ¡Pero, en qué pensabas!", volvió a la carga. "¡No quiero a esa mujer cerca de mi hijo!".

"No la conoces. Regina es buena. Y jamás le haría daño a Roland", intentó explicar.

"Me da igual, Robin. Tendrás que elegir entre ella o yo", lo miró fijamente. "Elije bien, porque dependiendo de lo que hagas, podrás ver a Roland o no".

Fin del Flashback.

Marian había cambiado. No era la mujer que él había conocido, ni la mujer con la que se había casado. Y lo tenía entre la espada y la pared, porque aunque se alegró muchísimo de verla, cuando ella fue a besarlo, no sintió nada. Sin embargo, la relación con su hijo Roland pendía de un hilo: Solo si se quedaba con Marian, podría verlo crecer, pero para ello, tenía que renunciar a Regina, su amor verdadero, y no estaba dispuesto a hacerlo.

Siguió andando un rato más. Ya estaba oscureciendo cuando oyó un ruido. -¿Hay alguien ahí?-, preguntó en voz alta. -¿Hola?-.

Iba a continuar cuando de refilón vio una silueta femenina esconderse entre los árboles. –¡Eh, espera!-, gritó y siguió a la chica. -¡Espera! No voy a hacerte daño…-.

La muchacha asomó la cabeza desde su escondrijo. -¿Seguro?-.

-Seguro. No estoy armado-, dijo levantando las manos en son de paz. –Me llamo Robin. Robin Hood-.

Finalmente, ella salió a su encuentro. –Soy Elsa-, se presentó tímidamente.

-Encantado-, sonrió. –Debes estar helada. Toma, ponte mi chaqueta. Te acompañaré al pueblo-.

-No, no. No te acerques-, dio un paso atrás asustada.

-No voy a hacerte daño-, Robin se acercó a ella dispuesto a ponerle la chaqueta.

-¡HE DICHO QUE NO TE ACERQUES!-, gritó y de sus manos brotó hielo, haciendo que el hombre se congelara y convirtiera en una estatua instantáneamente. –Mierda… Mierda… Yo… Yo… Lo siento-, dijo y salió de allí rápidamente, antes de que alguien la atrapara.


-He dicho que no tenemos nada que hablar, Regina-, dijo entre dientes. Apartadas en una esquina, la Salvadora tenía a la Reina Malvada cogida del brazo. –A no ser que vengas a contarme cómo planeas evitar que Milah vuelva a morir dentro de unos días-.

La morena sonrió. –Tenía pensado algo más condescendiente… Como arrancarle en corazón y aplastarlo delante del pirata… Así no sufrirá los cambios de humor y el período de agonía que caracterizan a la muerte por resucitación-.

La reacción de Emma no se hizo esperar. Le dio una bofetada con la mano abierta a Regina, que aún así, sonrió. –Te aseguro que no me ha dolido más que ver a Robin con su querida Marian de nuevo-, contestó.

-Arréglalo, Regina. Porque si veo a Killian sufrir por tu culpa, te haré pedacitos-, amenazó.

-¡Qué susto!-, comenzó a reírse a carcajadas. –Le arrancaré el corazón a él también, si es necesario, para verte caer, Emma Swan-.

Fue a decir algo más, pero la puerta del comedor se abrió de golpe. Fuera nevaba y el frío era intenso. –¡Ayuda! ¡Ayuda!-, pidió Marian, entrando.

-Eh, Marian, ¿qué ocurre?-, Emma se acercó a ella, dejando a Regina a un lado.

-Robin… No ha vuelto a casa desde este mediodía. No sé dónde está-.

-Eh, bueno… Tranqui…-.

-¿Robin no ha vuelto a casa?-, la Reina entró en la conversación.

-No-, iba a acusarla de secuestro o algo por el estilo, pero se contuvo al ver la cara de preocupación de Regina. –No sé dónde está y no sé por dónde buscar…-.

-De acuerdo, tranquilízate, ¿vale?-, suspiró. –Vamos a avisar a la gente y nos pondremos en marcha. Debe andar por el bosque… Le gusta pasear por allí… Quizás… Quizás se haya desorientado con tanta nieve… No te preocupes-.

Marian asintió. –Vale… Gracias, Regina-.

-No hay de qué…-, contestó y miró a Emma. –Sheriff Swan. Ya sabe lo que tiene que hacer-.


Hicieron una batida por todo el bosque. Encantador, los hombres de Robin, Regina, Ruby, los enanitos, Emma y Garfio.

-Deberías haberte quedado con Milah-, protestó la Salvadora.

-Está con su nieto. También necesita tiempo para estar con él…-, suspiró. –Y yo necesito tiempo para estar contigo…-.

-Deja de decir tonterías…-.

-No son tonterías, Emma-, insistió.

-Cállate…-, se paró en medio de un claro. –Aquí hay huella de botas. Sígueme-.

Se adentraron en el espesor del bosque. –¡Por los siete mares!-, exclamó Killian al ver la estatua de hielo en la que acababan las huellas. –Ese es…-.

-Robin Hood-, terminó Emma.