Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a J.K. Rowling y a Warner Bros, yo solo tomo prestado los escenarios y los personajes para divertirme un ratito.

Esta historia participa en el Reto #31: "NaNoWriMo" del Foro "Hogwarts a través de los años".

Nunca me cansaré de agradecer a todas las que cada día siguen este proyecto y agregan a favoritos, dejan reviews y siempre estan al pie del cañon con comentarios muy bellos sobre cada locura que se me va ocurriendo. Los amo.


Solo un estúpido plan

Después del "pequeño incidente" nadie entendía porque Hermione no podía mirar a Malfoy a la cara sin que un violento rubor cubriera sus mejillas, sin embargo, trataba de ocultarlo lo más dignamente posible, pero las sonrisas insinuantes de la horrorosa serpiente no ayudaban demasiado.

Draco disfrutaba mucho haciendo sufrir a la leona, no habían insultos pero vaya que está nueva forma que sin pensarlo había encontrado resultaba más gratificante.

Una semana había pasado desde la llegada de Draco a la casa de los Granger y a pesar de sus gestos mal encarados y sus comentarios ácidos, poco a poco iba acoplándose a la rutina.

Hermione había decidido que el momento de encontrarle un trabajo a Malfoy había llegado, a petición de Kingsley y se encontró en la posición de tener que encontrar un empleo duro para él, doloroso y con mucho sudor implicado.

Harry, Ron y Ginny, se habían presentado esa misma mañana después de haber recibido una carta la tarde pasada, en donde Hermione les contaba su itinerario del día siguiente.

─¡Hermione! ¡Draco! ¡Los chicos ya están aquí!─ gritó Jane desde el piso de abajo.

─¿Qué chicos?─ preguntó Draco asomando su cabeza por la entrada al desván.

─¡¿Puedes dejar de hacer eso?!─ gritó ella mientras se recuperaba del tremendo susto que el idiota le acaba de regalar, últimamente, desde aquel día para ser más precisos, él había optado por disfrutar asustando a la chica cuando menos lo esperaba.

Él sonrió ampliamente y asintió.

─Claro que podría, Granger─. Dijo él ─Pero es demasiado divertido verte saltar como gatito asustado, así que prefiero no dejar de hacerlo.

─Idiota─ susurró, Hermione, lo suficientemente alto.

─Sí, creo que así me llamas a menudo─. Argumentó el rubio mientras bajaba las escaleras ─Pero de cualquier forma, ¿los chicos? ¿Son San Potter y las comadrejas?

─¡No los llames así, hurón!─ amenazó ella, clavando su dedo firmemente sobre su pecho ─Recuerda que tú solo eres un huésped.

Hizo una mueca desagradable y puso los ojos en blanco.

─Date prisa, tenemos que salir─. Le apremió la ojimiel y bajó las escaleras que conducían al rellano, entró a la sala de estar y en ella vio a sus amigos esperando mientras miraban fijamente el televisor.

─¿Qué Merlines hacen aquí?─ preguntó, Hermione, al hacerse notar en la estancia ─Según recuerdo en mi carta, no les pedí que vinieran a ayudarme con Malfoy.

─Si, no lo hiciste─, contestó Ron ─ pero nos pareció algo injusto que solo tu disfrutes de las hermosas caras que pondrá el hurón botador, al verse implicado en un trabajo para muggles.

Harry y Ginny asintieron dándole la razón y se pusieron en pie, mientras el pelinegro se estiraba y hacía tronar sus huesos, nadie noto que un chico rubio los estaba observando atentamente, hasta que este carraspeó fuertemente, asegurándose de sorprender a todos los que pudiera. Sonrió encantado cuando noto el leve respingo de la castaña.

¡Oh, era tan estúpidamente predecible!

Los amigos de la chica, notaron su incomodidad pero tuvieron la sutileza de no decir nada, más que unas cuantas miradas entre ellos.

─Vayámonos─ insistió ella, saliendo al rellano mientras se ponía su abrigo y abría la puerta para escapar lo más rápido posible. En otro momento y situación hubiera estado encantada de encarar a Malfoy, pero no quería darles más material de cotilleo a sus amigos, de por si ya eran bastante metomentodo como para agregar la guinda del pastel y que ellos siguieran cuestionando su peculiar venganza y sobretodo su incomodidad con el rubio.

A los pocos minutos los cinco se encontrában en la entrada del subterráneo.

─¡Genial! En la entrada del infierno otra vez─ se quejó que el blondo.

Ginny soltó una leve carcajada y levantó los hombros.

─No es tan malo cuando te acostumbras, cosa que vas a tener que hacer─ le guiñó un ojo y bajo a la estación.

Malfoy dejó escapar un gruñido, haciendo que el trio dorado se riera por lo bajo, disfrutando el bello inicio del día. Eso solo ocasiono que el rubio frunciera el entrecejo y tornara su mueca a "marca registrada Malfoy", básicamente como si estuviera oliendo mierda constantemente.

Draco, recordaba su primera experiencia en el enorme gusano repleto de muggles de la semana pasada, odiaba toda esa bazofia, pero a pesar de todo era una persona con honor y orgullo, aunque todos pensaran lo contrario. Por lo que encararía de la mejor forma cada prueba que esos estúpidos leones le pusieran enfrente.

El trayecto fue relativamente bueno, todos conversaban animados, aunque decir todos era generalizar demasiado, en realidad el único que se mantenía muy silencioso y ajeno a la charla era Draco Malfoy, pues encontraba mucho más interesante los túneles débilmente iluminados del subterráneo que la plática de sus némesis.

Les tomo poco más de diez minutos llegar a la estación del centro y eso pudo saberlo, Draco porque una de sus grandes virtudes era la memoria y jamás olvidaría ese odioso tornimete que lo había arrojado igual que un impedimenta en medio de toda la gente que se había burlado de él tan insolentemente.

Le dedicó una mirada hostil al aparato y salió de la estación como si estuviera en una pasarela de modas.

─¿Soy yo o Malfoy acaba de ver como si el torniquete fuera el mismito Voldemort?─ preguntó Harry, aguantando una sonrisa sin tener mucho éxito.

─Es una larga historia─, contestó Hermione ─pero digamos que el torniquete y Malfoy no se llevan muy bien.

─¡Quiero saber sobre esa historia!─ dijo Ginny entusiasmada.

Hermione negó con la cabeza y sonrió divertida ─En otra ocasión les contaré.

Al salir de la estación el caos comenzó, literalmente.

Al ser las nueve de la mañana nadie contaba con que Londres estaría infestado y demasiado concurrido por cientos y cientos de personas, todos supieron manejarlo medianamente bien, todos menos Draco.

Siempre había sido muy solitario y realmente disfrutaba mucho los espacios vacíos o con poca gente, por eso verse inverso en una ciudad demasiado movida le causo un poco de escalofríos y un sudor frió le recorrió toda la espalda y tuvo que recurrir a todo su autocontrol para permanecer lo más sereno posible.

─Vamos de este lado, me pareció ver un cartel la otra tarde sobre un trabajo en un restaurante famoso de por aquí─. Dijo la castaña, animada.

Hermione comenzó a avanzar internándose entre la enorme ola de gente súper ansiosa y todos comenzaron a seguirla. A unas cuantas calles de distancia encontraron el lugar al que ella se había referido, un gran cartel de reclutamiento de personal estaba colgado en lo alto del modesto edificio.

─Creo que el puesto de ayudante de cocina le quedaría muy bien a Malfoy, ¿no creen?─ preguntó Ron, poniéndose realmente feliz por momentos.

Draco lo miró con odio puro y seguramente si las miradas mataran Ron hubiera caído sin vida sobre el sucio piso hace bastante rato.

─Vayamos a preguntar─. Dijo la siempre oportuna Granger.

Todos entraron al gran restaurante que en ese momento estaba bastante lleno de gente comiendo y compartiendo desayunos, era una de esos típicos restaurantes bufetes, donde todo el tiempo tenía que haber comida caliente y lista en una gran línea donde la gente podía pasar y servirse a su antojo.

─Por Morgana, aquí huele realmente delicioso─ dijo Ron salivando sin dejar de observar atentamente toda la comida servida a unos cuantos pasos de distancia.

Un pescozón por parte de Harry, lo saco de su estado orgásmico que siempre tenía cada vez que la comida se atravesaba en su campo de visión,

¿Será que la comadreja siente deseo por la comida al igual que por las mujeres? Se preguntó Draco internamente y apunto mentalmente investigar más a fondo.

─Bienvenidos, ¿mesa para cinco?─ preguntó una chica muy mona y de enormes pechos… muy enormes pechos frente a ellos.

Hermione negó, sintiéndose un poco relegada pues de repente las miradas de todos los varones estaban fijamente posadas sobre la atractiva señorita.

─¿Dónde pueden darnos informes sobre las vacantes?─ preguntó Hermione, tratando de sonar indiferente, pero a cambio salió una voz bastante ahogada y chillona. Se reprendió y carraspeando añadió ─¿Podrías decirnos en dónde?

La joven sonrió y asintiendo los insto a seguirla a la parte trasera del restaurante a una pequeña puerta al fondo.

─Está es la oficina del gerente y dueño─. Dijo ella y se dio la vuelta para irse, no sin antes guiñarle un ojo a Draco muy coquetamente para el gusto de Hermione.

La chica no supo por qué, pero de repente ese lugar le parecía demasiado horrible incluso para Malfoy. Estuvo tentada en dar la vuelta y nunca, jamás volver a ese restaurante de segunda con empleados totalmente poco profesionales.

Pero sus intenciones se fueron al traste cuando la puerta se abrió y por ella salió un señor de unos treinta y tantos, el cual se presentó como el dueño del restaurante y los invito a entrar a todos a la pequeña oficina.

─Buenos días, chicos. Mi nombre es James O'Donall, espero que el restaurante sea de su agrado.

Todos asintieron, menos Malfoy como era costumbre. Él permaneció totalmente tieso como una estatua enfurruñada y se negó a decir nada.

─Me temo que por ahora solo tengo dos vacantes en el lugar, por más que quisiera no podría contratarlos a todos, no hasta que abra la nueva sucursal del sur.

─¡Oh! ¡Eso es excelente! En realidad solo venimos acompañando a mi amigo─, Hermione señalo a Malfoy, que miró al pobre James con cara de pocos amigos, logrando que el aludido se estremeciera un poco en su lugar ─él es Draco Malfoy y acaba de llegar de Paris, está ansioso por conseguir un trabajo. Espero y le pueda dar una oportunidad.

─¡Me encantaría! ¡De verdad! Pero me temo que alguno de ustedes tendría que aceptar trabajar también aquí por un tiempo, solo en lo que encuentro a una mejor opción. Los puestos llevan libres desde hace tres meses y nadie había venido a preguntar antes, es por eso que debo aprovechar a un grupo tan numeroso como este.

─Pe…pero─. Tartamudeó Hermione, agradeciendo a Godric por su pésima suerte.

Por primera vez en lo que habían salido de casa el sol volvía a alumbrar la suerte de Draco, sonrió ampliamente y antes de pensar las consecuencias tomó con fuerza la pequeña mano de Granger y miró con determinación al tal James.

─¡Aceptamos!─ grito él ─Y no se preocupe por buscar un remplazo para ella pronto, la verdad es que no tenemos prisa.

─¡Bien! ¡Genial! ¡Maravilloso!─ dijo el bonachón hombre bastante emocionado. Draco no pudo evitar pensar que se parecía vagamente al profesor Horace, solo que con unos 30 años menos y un poco más apuesto.

─Si no les importa mañana empezarían a trabajar inmediatamente, la verdad es que realmente necesitamos unas cuantas manos extras en la cocina, últimamente no nos damos abasto y recibir ayuda extra nos será muy beneficioso.

Hermione parpadeaba sin comprender un carajo lo que acababa de pasar y la situación solo empeoraba por momentos mientras escuchaba a los tres neandertales riéndose de las desgracias ajenas, pero sobretodo sentía unas inmensas ganas de asesinar lenta y muy, muy dolorosamente posible a alguien, en especial si ese alguien en cuestión fuera rubio, con un cuerpo de infarto y una sonrisa sarcástica que la exasperaba la mayor parte del tiempo.

¿En qué momento había dejado de tener el control sobre la situación? ¿Cuándo una venganza había salido tan contraproducente? Y sobre todo ¿en qué momento esa estúpida idea de "castigar" a Malfoy se le había ocurrido?

Maldita fuera ella, maldita fuera su cabeza, maldito fuera Kingsley que la había catalogado como la bruja más brillante de su generación, maldito fuera James por no poder contratar únicamente a Malfoy, malditos fueran el trío de traídores que se reían en este momento tan fuerte que las lágrimas resbalaban por sus malditas mejillas y sobre todo maldito fuera Draco Malfoy que sonreía con esos malditos finos labios y disfrutaba de hacerla sufrir aun cuando se suponía que esa estúpida idea de la venganza era para que el sufriera y al parecer él estaba haciendo de todo menos eso.

Porque a veces siempre es mejor no levantarse de la cama para evitar que cosas como estas sucedan. Hermione jamás deseo nada como en ese momento tener de vuelta el giratiempos y abofetear y encerrar bajo llave y cien encantamientos a su yo de hace semana y media, que felizmente escribía aprisa la idea más tonta que jamás había tenido en su vida.


Haré un calendario de actualizaciones, solo debo acomodar mis actividades diarias y la escritura. Estos días he estado algo ausente porque el fin de semestre esta a la vuelta de la esquina, pero nunca se me olvida el fic.

¡Tal vez el viernes suba nuevo capítulo!

Nos leemos, Ane.