Capítulo 6: Si la montaña no va a Mahoma...
1ª parte
N/A: Hola a todos de nuevo y perdón por la larga espera. Este capítulo me llevó mucho tiempo ya que me ha ocupado casi 20 páginas de Word (WTF?)
Por eso he decidido dividirlo en dos partes, para que no se haga demasiado pesado de leer. Perdón por las molestias que pueda ocasionar xd Intentaré subir la segunda parte la semana que viene, si me da tiempo, ya que quiero tener terminado el próximo capítulo también x_X Argh, no sabía que escribir fanfics fuese tan difícil y estresante xD
P.D.: Espero haber hecho bien todo el rollo de Ryoko y todo lo que conlleva, ya me entendéis, lo de ser alien, los poderes que tiene Yuki, las repercusiones, etc... Yo me baso según lo que vi en el anime (las novelas no las he leído) y espero haberlo hecho todo correcto, o similar a lo que sale en el anime.
En fin, espero que haya valido la pena la espera, y disculpas de nuevo x3
Cuando abrí los ojos sólo podía distinguir sombras y bultos borrosos. Enfoqué mi vista en un punto lejano y abrí mis ojos pesadamente, hasta que por fin parecía que todo cobraba nitidez. Oscuro. Todo estaba muy oscuro. Oía una risa a lo lejos, una risa que me resultaba familiar, algo distorsionada y malévola. Me incorporé del sofá donde me encontraba y me puse en pie. Parecía la sala de espera del hospital, pero la verdad no podía saberlo con certeza porque apenas veía nada. ¿Se habría ido la luz? Me acerqué a la puerta de lo que se suponía era la sala de espera y la abrí, tanteando el pomo en la oscuridad. Creía que al abrirla encontraría la luz cegadora del pasillo del hospital, pero no fue así. Estaba igual de oscuro que el interior de la sala, o incluso más. Definitivamente ha tenido que haber un fallo eléctrico.
Me resultó raro no escuchar a nadie por ningún sitio. No escuchaba a las enfermeras caminando de un lado a otro, hablando animadamente entre ellas o con pacientes, ni a los médicos, ni a los propios pacientes o a sus familiares.
¿Estoy yo solo? ¿Por qué me han dejado solo en el hospital? Esto no tiene sentido. Otra vez esa risa distorsionada, esta vez la escuchaba más cerca. Me ponía los pelos de punta y empezaba a tener algo de miedo. Entonces, noté una brisa gélida alrededor de mí.
—Kyon-kun…
¿¡Qué demonios ha sido eso!? La risa distorsionada otra vez. La brisa gélida de mi alrededor no se iba y empezaba a tener frío.
Sin pensarlo, salí corriendo a lo largo del pasillo. Me da igual estar en un hospital, en esta clase de situaciones es mejor correr sin pensar en nada antes de que te atrapen y te destripen. Creo que no debí ver esa película de miedo con mi hermana. Seguía corriendo por el pasillo, no recuerdo que fuese tan largo, parecía que no se acababa nunca. Hasta que me choqué fuertemente con algo. Parecía una persona, pero no podía distinguirla en la oscuridad. Mierda, eso ha dolido. Me toqué la frente y mis dedos se mancharon de algo. Me acerqué la mano para olerlo. Era sangre.
"Vaya, debes tener más cuidado" dijo la misma voz que me había susurrado antes. ¿Por qué me resultaba tan familiar? La risa distorsionada se escuchó otra vez, y un destello de luz iluminó todo el pasillo, impidiéndome ver nada.
Cuando abrí de nuevo los ojos después de aquella luz cegadora, me encontraba en un quirófano. Espera… ¿qué? ¿Por qué me tienen atado a la camilla? Hay un montón de médicos y enfermeras con mascarillas dando vueltas a mi alrededor, preparando material quirúrgico. ¿Tan grave es el golpe que me he dado en la cabeza? Creo que con un par de puntos de sutura estaría curado, no hace falta todo esto.
—Doctora *******, todo está listo para operar. Cuando quiera puede comenzar —Dijo una de las enfermeras.
No pude escuchar bien el nombre de esa doctora, una máquina hizo ruido justo cuando lo decía. Todos los médicos y enfermeras comenzaron a salir del quirófano hasta que sólo quedé yo. De repente, entró alguien. Era una mujer. Llevaba bata, mascarilla y un pañuelo en la cabeza. No sabía quién podría ser. Se acercó a mí y pareció sonreír detrás de la mascarilla, ya que sus ojos se arquearon. Tenía unos ojos bonitos, pero daban algo de miedo. Espera… esos ojos azules… ¿de qué me suenan?
—¿Estás cómodo, Kyon-kun?
Esa voz… no, no puede ser. Por favor, dime que tú otra vez no.
La doctora se quitó a la vez el pañuelo y la mascarilla que llevaba puestos en un rápido movimiento que me dejó algo perplejo. Cuando vi quién era, noté como se me helaba la sangre. Comencé a sudar frío y a temblar descontroladamente. Ryoko Asakura.
—¿Me tienes miedo, Kyon-kun? —Preguntó Ryoko con una dulce sonrisa.
¿Por qué me llama por mi apodo? Ella nunca me ha llamado así. La verdad, creo que nunca se ha dirigido a mí de ninguna manera. Pero eso ahora me daba igual. Desesperadamente, intenté librarme sin éxito de las correas que me ataban a la camilla, mientras Asakura me miraba con una sonrisa en su cara. Esa sonrisa que no quería volver a ver nunca más.
—No te preocupes, el miedo es normal en seres humanos débiles cómo tú. Me pregunto que se sentirá al tener miedo. Es una lástima no poder saberlo. Al fin y al cabo, yo no tengo sentimientos.
Al decir eso, comprobé que metió su mano en el bolsillo de la bata que aún llevaba puesta. No sé porqué pero el objeto que sacó lo veía desenfocado. Hasta que comprobé con horror de qué se trataba. El cuchillo de lucha con el que había intentando matarme dos veces, y que la segunda casi consigue.
El pánico se apoderó de mí como nunca antes lo había hecho. Empecé a respirar con dificultad. El sudor frío se me clavaba en la piel como pequeños alfileres. Intenté hacerla entrar en razón, pero no podía hablar. ¿Por qué mierda sólo puedo hablar conmigo mismo? Forcejeé de nuevo con las correas que me apresaban, sin ningún resultado. Miré horrorizado cómo se acercaba aún más con el cuchillo en la mano.
—Qué reacción tan curiosa —Dijo Ryoko alegremente—. Los humanos sois realmente interesantes.
Fue un movimiento rápido, no lo vi venir. Me había clavado el cuchillo en el costado, como aquella vez. Levantó el cuchillo sonriente y lo zarandeó de un lado a otro, haciendo que gotas de sangre saliesen despedidas por el aire. Mierda, eso duele. Duele mucho.
Otro movimiento rápido. Esta vez noté una punzada en el estómago. Me retorcí de dolor como pude, atado con aquellas correas, mientras que Asakura me miraba con su típica sonrisa.
—Es una pena que Nagato-san no esté aquí para ayudarte, ¿verdad? Supongo que por fin tendré el gusto de matarte —Sonrió.
Otra puñalada en el estómago. La vista se me nublaba y empezaba a marearme. Asakura me asestó repetidas puñaladas por todo el cuerpo. Ya no podía sentir nada. La sangre que brotaba de mi cuerpo a través de mi ropa desbordaba por la camilla y goteaba en el suelo. Noté un hilo de sangre resbalar por mis labios hasta mi barbilla.
De repente, alguien apareció y agarró el brazo de Asakura, impidiendo que pudiese continuar. No podía distinguirlo bien, lo veía todo borroso por el dolor y la pérdida de sangre. No era Nagato, era una persona mucho más alta y parecía un hombre. A punto de morir desangrado, sólo se me venía un nombre a la cabeza. Koizumi…
—¿Estás bien?
Alguien me zarandeaba suavemente. Abrí mis ojos lentamente, los párpados me pesaban. ¿Aún estoy vivo? ¿O ya estoy camino al limbo? Descubrí que me encontraba de nuevo en la sala de espera, sólo que esta vez sí que había luz.
—Ah, ya estás despierto, me has dado un buen susto.
¿Quién me habla? Parece como si me hubiesen drogado. Cuando terminé de espabilarme, me di cuenta de que estaba abrazado a alguien con fuerza. Me separé un poco, aún abrazado. Era Koizumi. Me miraba algo preocupado. Su cara estaba demasiado cerca para mi gusto, pero no me importaba demasiado, no sé porqué. Nos quedamos unos segundos mirándonos como idiotas, hasta que su intensa mirada me sacó de quicio. Dios, ¿pero qué demonios me pasa? Me separé de él rápidamente y miré hacia otro lado. Mi cara desprendía bastante calor.
—¿Qué se supone que estás haciendo, idiota? —Preguntó Kyon alterado.
—Estaba preocupado. Parece que tuviste un sueño bastante perturbador.
¿Un sueño?
Kyon se llevó la mano al costado. No sentía dolor ni tampoco había sangre, y comprobó con incertidumbre que no había rastro de heridas por ninguna parte. Se quedó algo atónito.
—¿Ocurre algo? —Preguntó Koizumi.
—No, nada…
—Te quedaste dormido pacíficamente, pero luego empezaste a retorcerte como si alguien fuese a hacerte daño, entonces me preocupé y me senté a tu lado. Luego empezaste a llamarme repetidas veces de forma desesperada y te aferraste a mí con fuerza, entonces fue cuando decidí despertarte.
¿Repetidas veces? Que yo recuerde sólo dije su nombre una vez, aunque quién sabe, estaba dormido. Ni siquiera sé porqué me acordé de él, ¿tan desesperado estaba?
Kyon se quedó pensativo unos instantes. Desde aquel suceso en el mundo alternativo hace dos años, sus pesadillas con Ryoko eran constantes. La peliazul fue borrada del mapa definitivamente por Yuki y no había vuelto a aparecer en el mundo real desde el primer año de preparatoria, pero siempre acababa manifestándose donde Kyon no podía ser ayudado por Yuki, en sus sueños. Aunque no tuviese repercusiones en el mundo real, tenía miedo de caer en un sueño profundo.
—No sé si habré sido demasiado brusco en el sueño, pero la próxima vez procuraré no hacerte daño —Bromeó Koizumi intentando romper el hielo.
Kyon le miró algo perplejo, aún inmerso en sus pensamientos, hasta que se dio cuenta de a qué se refería y le golpeó en la cabeza.
—Sólo brom…
—Sí, ya sé que sólo bromeabas —Le interrumpió Kyon—. No sé porqué te has vuelto tan pervertido últimamente, bastante tengo con Taniguchi como para aguantarte a ti también.
—¿Y no te has parado a pensar que quizá yo sea así realmente? Recuerda que sólo actúo delante de Suzumiya-san. O quizá sólo quiera molestarte —Koizumi acercó su cara a la de Kyon, con una sonrisa.
—Ya he visto muchas veces tu verdadera forma de ser, y créeme, dista mucho de esa faceta de pervertido —Comentó Kyon, apartando la cara de Koizumi con su mano—. Con tu verdadera personalidad serías más bien una especie de psicópata o yangire, como esos personajes de anime.
—Si empezamos a compararnos con estereotipos de anime, tú serías como una perfecta tsundere. Eres bastante bipolar igual que ellas, ¿o me equivoco? —Sonrió Koizumi.
—Ah, cállate, estoy cansado de tus tonterías. Necesito despejarme… —Dijo Kyon apretándose el puente de la nariz.
—¿Jugamos a algún juego de mesa? —Propuso el esper.
—¿Eh? ¿Te has traído juegos de mesa al hospital?
—Sólo algunos para matar el tiempo. En casa tengo más.
Kyon le miró con el ceño fruncido durante unos segundos.
—No me mires así. Me gustan los juegos de mesa desde pequeño, aunque desde que te conocí me ha salido un duro competidor —Sonrió.
—Eres malo jugando, reconócelo.
—Puede ser —Sonrió de nuevo, sacando varios juegos de la mochila que llevaba a clase y poniéndolos sobre la mesa—. ¿Qué prefieres, Othello, damas, parchís?
—Es igual, al final acabaré ganando.
—Bien. Haremos una competición, igual que dentro de unas horas en el festival. Primero Othello —Koizumi eligió el juego y lo puso en el centro de la mesa, apartando los demás.
—¿Aún insistes con eso? Genial, mejor para mí cuando te gane en todo —Añadió el otro.
—¿Crees que seré tan permisivo? —Sonrió el esper.
Kyon le echó una mirada desafiante y comenzaron la primera partida del día.
Horas después, Kyon salió de la sala de espera para tomar algo de beber en la máquina de la entrada del hospital. Unas enfermeras estaban hablando cerca de él.
—¿Vais a ir al festival que se celebra estos días?
—Yo hoy no puedo, tengo turno de noche.
—Yo quizá vaya mañana con mi novio.
—¡Qué envidia Kurumada, yo también quisiera tener pareja!
—¿Por qué no le preguntas a este chico de la primera planta si quiere acompañarte al festival? Cómo se llama… ¿Koizumi?
Kyon tuvo un tic en el ojo al escuchar eso.
—¡Sí! ¡Es un chico muy atractivo!
—No sé… parece un poco joven para mí.
—No digas tonterías, sólo tienes 23 años. Aún le faltan unos meses para ser mayor de edad, pero no importa, he hablado varias veces con él y es muy educado y maduro para su edad.
—Sí, además de que está como un queso y es alto. Creo que haríais buena pareja.
—La verdad no lo sé, no le conozco demasiado. Apenas llevo unas semanas aquí.
—Mira, ese chico es amigo suyo, vamos a preguntarle.
Al decir eso, las tres chicas se dirigieron hacia Kyon.
—¿Tú eres amigo de Koizumi, verdad?
—Bueno, tanto como amigos…
—¿Sabes si está soltero? ¡Necesitamos pareja para nuestra compañera!
Al escucharlo, la enfermera joven se sonrojó.
—Pues, no sé… —Titubeó Kyon algo presionado por las chicas.
—¡Oh, mira, si está ahí! —Gritó una de ellas viendo aparecer a Koizumi.
Las tres enfermeras se dirigieron hacia donde se encontraba Koizumi, dejando a Kyon parado en el sitio, sin saber cómo reaccionar. Una de ellas arrastraba a la interesada del brazo mientras se resistía, completamente sonrojada.
—¡Koizumi-kun! ¿Cómo te encuentras hoy?
—Bueno, no me puedo quejar. ¿Y vosotras? —Sonrió amablemente.
Las tres chicas parecieron sonrojarse antes de responder. Kyon miraba la escena atónito y molesto.
—Queríamos preguntarte algo, verás, nuestra compañera está soltera y le gustaría alguien con quien ir al festival estos días…
Koizumi permanecía sonriente mientras charlaba animadamente con las enfermeras.
¿Pero qué son, enfermeras con una carrera universitaria, o quinceañeras en plena pubertad? Esto es digno de un harem anime, o mejor dicho, de un anime de ciencia ficción.
Kyon bufó molesto y se marchó a la sala de espera.
Al rato apareció Koizumi con una bebida en la mano. Kyon le echó una mirada de desagrado mientras éste se sentaba y comenzaban a jugar de nuevo.
—¿Qué? ¿Celoso? —Preguntó Koizumi.
—¿Celoso de qué?
—No te preocupes, he rechazado la invitación amablemente.
Kyon alzó la vista del juego de damas y le miró con mala cara.
—Al fin y al cabo, tú eres la única chica de mi vida —Koizumi soltó una pequeña risa al decir eso.
El otro le miró asqueado y le lanzó una ficha del juego directa a la cabeza, pero Koizumi la esquivó.
—Entonces… ¿me acompañas al festival, bella dama? —Dijo Koizumi con ironía.
—Si es para darte una paliza, por supuesto… ¡Y deja de llamarme así! —Le lanzó otra ficha, pero el esper la esquivó de nuevo.
—Debes tener más puntería si quieres ganar —Sonrió.
Kyon bufó de nuevo y se levantó violentamente del sofá, mirando a Koizumi con desagrado mientras éste le sonreía como si nada. Molesto, se puso el abrigo y la bufanda y salió de la sala de espera dirigiéndose a la salida, mientras dejaba a Koizumi recogiendo los juegos que había traído.
Al rato, al salir a la calle, Koizumi se encontró a Kyon esperándole al lado del hospital. El esper le sonrió, haciendo que éste desviase la mirada algo molesto.
Ya era prácticamente de noche y las calles se encontraban iluminadas por farolas, letreros y luces de navidad, dándole a la ciudad un ambiente festivo y familiar.
Desde lo lejos, los chicos de la brigada pudieron apreciar el festival. Sus luces y colores se podían ver a metros de distancia, a pesar de que el festival de luces, que era lo más luminoso, no estuviese en funcionamiento hasta la próxima semana.
El festival estaba lleno de casetas y atracciones de feria, juegos y pequeñas tiendas. Los niños correteaban de un lado a otro perseguidos por sus padres, notablemente molestos. También había grupos de amigos y parejas de enamorados que se miraban sin parar.
El ambiente ponía a Kyon algo triste, y Koizumi pudo notarlo.
—Bueno, ¿vamos a divertirnos o prefieres quedarte ahí sin hacer nada?
—Claro que no, entremos —Respondió Kyon más decidido, entrando en el festival.
Se dirigieron hacia un puesto de puntería, en donde la gente parecía tener bastante suerte al acertar en la diana con una pelota de tenis, ya que la mayoría abandonaba el puesto con una sonrisa, llevando un premio en sus manos.
—Bien, el que consiga dar a diez dianas primero, gana este juego —Propuso Koizumi.
—Como quieras, esto es demasiado fácil.
Koizumi sonrió y comenzaron la partida, aunque poco tiempo después Kyon fue visiblemente derrotado, ya que sólo había conseguido golpear la diana dos veces, dejando ganar a Koizumi, con más de diez golpes.
—¿Así que era fácil? —Sonrió el esper.
—Cállate, aún no me he concentrado. En los próximos te ganaré —Respondió Kyon molesto, marchándose y dejando a Koizumi en el sitio.
Koizumi le siguió con una sonrisa de compasión en la cara.
—¿Quieres probar ahí? —Comentó Koizumi, señalando un pequeño tanque para pescar peces de colores.
—¿Qué tienes? ¿Cinco años? —Respondió Kyon con una mueca de desaprobación, al ver que había bastantes niños intentando llevarse algún pez.
—Quizá no sea tan fácil como crees —Sonrió el esper.
—Como quieras —Dijo Kyon con despreocupación, tomando un pequeño anzuelo.
Quince minutos después, Kyon se levantó furioso de su posición de pesca y dejó el anzuelo dónde lo había tomado.
—Así que… era un juego para niños de cinco años… —Dijo Koizumi aguantando la risa.
—Te estás ganando una paliza —Comentó Kyon notablemente molesto—. Me voy, me estoy empezando a aburrir.
—¿Te aburres porque no ganas? Qué forma tan poco ética de no aceptar la derrota —Sonrió Koizumi.
—Lo que tú digas.
A los pocos segundos, el estómago de Kyon interrumpió el silencio que se había formado entre ambos, con un sonoro rugido que indicaba la necesidad de comida. Éste agachó la cabeza, algo avergonzado.
—Traeré algo de cenar —Rió Koizumi, mirándose el reloj de pulsera—. Ya va siendo hora.
—Haz lo que quieras —Respondió Kyon aún cohibido.
—Enseguida vuelvo —Sonrió el esper, dirigiéndose a un puesto de comida cercano, donde el olor a rica comida japonesa invadía el ambiente a metros de distancia.
Maldita sea, ni siquiera le he dicho qué quiero de comer. En fin, ya da igual.
Me entretuve dándole pataditas a una piedra del suelo, hasta que me di cuenta de que no era nada productivo, y paré. Alcé la vista por si veía a alguien conocido, pero nada. Pensé en Asahina-san. ¿Por qué no es ella la que me acompaña en vez de Koizumi? Seguro que se habría puesto un precioso kimono. Miré a Koizumi en la lejanía y le vi hablando con una chica. Me di cuenta que era la enfermera del hospital a la que sus compañeras habían querido emparejar con él anteriormente. Los veía hablar animadamente y sentí una sensación extraña invadirme. ¿Por qué me molestaba que estuviese con esa chica? No, no, no, ni hablar. Definitivamente debe ser el hambre que tengo. Me distraje de mis estúpidos pensamientos caminando por los alrededores, cuando me encontré con una atracción de feria algo escondida. En la entrada ponía "Casa de los espejos", y parecía una atracción bastante vieja. No parecía haber nadie por los alrededores ni ningún encargado que la mantuviera, así que supuse que estaría abandonada. No sé porqué la dejarían aquí tirada. Curioseé un rato para comprobar que realmente estaba abandonada cuando alguien tiró de la manga de mi abrigo. Me giré para ver quién era.
—¿Nagato? ¿Qué haces aquí? —Preguntó Kyon con asombro—. ¿Asahina-san y Haruhi no vienen contigo?
—No. Sólo estoy yo —Dijo monótonamente.
Hubo un rato de silencio, como si Yuki quisiera que Kyon preguntase.
—Eh… ¿y qué has venido a hacer?
—Lo que vine a hacer ya ha concluido. Ahora te toca a ti concluir tu trabajo—Respondió Yuki.
Kyon estaba cada vez más confuso.
—¿A qué te refieres? —Se temió lo peor—. Espera… ¿no tendrá Haruhi nada que ver con esto, verdad?
—No.
—¿E-entonces?
Yuki juntó sus manos y las colocó hacia arriba, haciendo aparecer una esfera de luz que cambiaba rápidamente en múltiples objetos. De repente, se paró en uno. Era una pistola de agujas. Kyon palideció al recordar la última vez que tuvo que usar ese objeto.
—Ten —Yuki le ofreció la pistola.
—¿Para qué quieres que utilice esto? —Preguntó aceptando la pistola con algo de temor.
—El funcionamiento es sencillo. Sólo tienes que adentrarte en la atracción y disparar a los espejos cuando creas necesario. La pistola de agujas se desintegrará en media hora, así que date prisa.
—¿Esto es una especie de juego? ¿Para qué quieres que haga esto ahora? ¿No tendrá consecuencias en el exterior? ¡No entiendo nada, Nagato! —Dijo Kyon desesperado.
—Sólo hazlo. El resultado es más beneficioso de lo que crees. Suerte.
Y sin mediar más palabra, Yuki se giró y caminó a paso lento hasta perderse entre la multitud del festival, dejando a Kyon atónito en el sitio.
¿El resultado es más beneficioso de lo que crees? No entiendo nada…
Cuando reaccioné y corrí en busca de Nagato por el festival, no había rastro de ella. A veces es sorprendentemente rápida, aunque no lo parezca. Me guardé la pistola en el bolsillo del abrigo. No es de esas cosas que puedas ir enseñando por ahí, aunque parezca de juguete, pero prefiero no arriesgarme a acabar en prisión por alterar el orden público.
Mis ojos seguían perdidos en la multitud. Sólo pensaba en lo que me acababa de decir Nagato, y me ponía cada vez más nervioso. Entonces, fue cuando la vi, entre la gente del festival. Estaba de espaldas. Su pelo era azul oscuro a la altura de la cintura, semi recogido en una pinza de pelo. La sangre se me heló. ¿Asakura? Una persona pasó por delante de mi campo de visión, y después Asakura desapareció. Genial, ahora tengo alucinaciones. Si empiezo así terminaré en el manicomio. Supongo que será el hambre. Miré de nuevo hacia Koizumi. Seguía hablando y riendo con aquella enfermera. Maldita sea, ¿hasta cuando piensa estar de charla? En fin, como si me importase. Aparté la mirada de Koizumi, molesto.
—Kyon-kun…
Esa voz… ¿estoy soñando otra vez? Me acerqué a la entrada de la atracción, la voz parecía provenir de dentro. No sé porqué pero algo me decía que entrase, aunque el pánico me estaba invadiendo por completo. Me lo pensé unos segundos antes de entrar, me daba miedo encontrarme con ella de nuevo, pero me acordé que tenía la pistola de agujas en el bolsillo y que probablemente despertaría después, así que me arriesgué y entré, con el miedo en el cuerpo.
Dentro, todo estaba en penumbra. Mis ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la semioscuridad, y cuando lo vi todo más claro descubrí que me encontraba en un pasillo amplio, con las paredes llenas de espejos que llegaban desde techo hasta el suelo. Todos parecían de distintos tamaños. El pasillo no era recto, giraba varias veces como una especie de circuito. Escuchaba pasos a mi alrededor, pero no veía a nadie. Bueno, tampoco es que pueda ver mucho. Saqué la pistola de mi bolsillo cuando escuché una risa, la misma que en mis pesadillas.
—Vaya vaya Kyon-kun, esta vez vienes preparado.
—¿D-dónde demonios estás? ¡Muéstrate! —Reclamó nervioso.
Una risa se escuchó y Ryoko apareció dentro de un espejo situado cerca de Kyon, haciendo que éste se sobresaltase y diese unos pasos atrás.
—¿Sigues teniéndome miedo, Kyon-kun? Qué interesante —Dijo alegremente la peliazul.
Ryoko se quedó mirando un instante la pistola de agujas que sostenía Kyon con su mano temblorosa, y luego le miró sonriente.
—Nagato-san ha sido realmente generosa al prestarte la pistola de agujas… lástima que tú no seas tan rápido como ella —Sonrió, y de repente, sacó su cuchillo de lucha y lo lanzó directamente hacia Kyon, atravesando el espejo cual gelatina.
Éste pudo reaccionar a tiempo y se apartó de su trayectoria. El cuchillo se clavó en el espejo de enfrente, rompiéndolo en mil pedazos. Pudo apartarse a tiempo para que no le cayera ninguno encima.
—Vaya, has tenido buenos reflejos esta vez —Sonrió Ryoko, desapareciendo del espejo donde se encontraba y apareciendo en el de al lado, delante de donde estaba ahora Kyon, que se asustó de nuevo—. Veamos ahora.
Sacó otro cuchillo de la nada y lo lanzó de nuevo hacia él. Pasó a escasos milímetros de su cara, haciéndole perder el equilibrio y caer al suelo. De nuevo, se clavó en el espejo de enfrente y Kyon se arrastró para no clavarse ningún trozo. Sin pensarlo, tomó la pistola de agujas que había caído al suelo junto a él lo más rápido que pudo y disparó al espejo donde se encontraba Ryoko, pero desapareció al instante sin llegar a alcanzarla.
—Buen intento —Dijo ésta, apareciendo de nuevo—. Pero me temo que vas a tener que ser más rápido.
Kyon se incorporó del suelo, con la pistola en la mano.
—¿Qué es lo que quieres de mí? —Reclamó.
—Bueno, esto no es un sueño, ni tampoco yo soy real… Supongo que Nagato-san tendría sus razones para hacer esto, ¿no crees? Ella fue la que te prestó la pistola y te explicó lo que tenías que hacer. Tendrás que preguntarle a ella, o adivinarlo tú mismo. Pero ahora no es momento para adivinanzas. Es hora de pasar a la acción —Dijo alegremente.
Al decir eso, Ryoko se multiplicó y apareció en todos los espejos del pasillo, portando su cuchillo y una dulce sonrisa. Kyon palideció y comenzó a entrar en pánico, más aún de lo que estaba. Agarró la pistola con sus temblorosas manos y comenzó a disparar a todos los espejos que pudo. Las agujas que entraron alcanzaron a las Ryokos que estaban dentro y las hicieron desaparecer, pero seguían siendo demasiadas, y a Kyon se le acabaron las agujas. Por más que apretaba el gatillo, ya no salía ninguna.
—Qué mala suerte… —Dijeron alegremente todas las Ryokos a la vez—. Prepárate para tu fin.
Esa última frase la dijeron con una extraña voz distorsionada, igual que en mi último sueño. Mirase al espejo que mirase, todos estaban llenos de Asakuras, mirándome sonrientes con un cuchillo de lucha en la mano. Empecé a temblar descontroladamente. Tiré la pistola al suelo y caí de rodillas junto a ella. Clavé los codos en mis piernas y me tapé la cara con las manos. Esto no puede ser real. Sólo quería que una persona me ayudase en ese momento y grité el nombre de Koizumi, aunque sólo me salió un susurro ahogado.
En ese instante, cuando ya estaba abatido, noté una mano posarse en mi hombro. Creí que era Asakura que había conseguido salir del espejo de alguna manera, y me puse en pie nervioso agarrando la pistola con desesperación. En la penumbra descubrí que no era ella, ya que era algo más alto que yo.
—¿Te encuentras bien? ¿Qué haces aquí? —Era la voz de Koizumi.
Cuando lo escuché, me acerqué a él inconscientemente y caí sobre su hombro, respirando aliviado. Noté sus brazos posarse sobre mi espalda, dándome un abrazo. En otra ocasión le hubiese pegado una paliza, pero ahora no me importaba. Estaba demasiado asustado para reaccionar. No sé cuanto tiempo estuvimos así, fue un largo rato, hasta que la parte consciente de mi cerebro volvió en sí cuando me vi reflejado en uno de los espejos. Asakura había desaparecido junto con las demás, y en su lugar me vi a mí y a Koizumi. Él seguía abrazándome y yo apoyado sobre él, demasiado pegados para mi gusto. Sólo pensé "¿Pero qué demonios estoy haciendo?" y me aparté de él bruscamente, con la respiración agitada y la cara ardiendo de calor. Pude ver en la penumbra a Koizumi hacer un gesto de decepción, aunque espero que me estuviese equivocando y fuese mi imaginación. Después volvió a su típica y radiante sonrisa, que se podía ver en la penumbra y que tanto me desquiciaba.
—Bueno, creo que es hora de salir de aquí —Sonrió el esper.
—Sí, vámonos —Respondió Kyon con algo de desagrado, y siguió el pasillo de espejos hacia la salida, seguido por Koizumi.
Cuando ambos salieron al exterior, todo seguía igual que antes. Los niños correteaban, las parejas caminaban juntas y todos se divertían, ajenos a lo que había ocurrido dentro de la atracción. Kyon no se percató de que seguía con la pistola en la mano hasta que comenzó a desintegrarse, tal como le había dicho Yuki. Se aseguró de que nadie le estuviera viendo hasta que la pistola desapareció por completo.
—Vaya, así que Nagato-san ha estado por aquí —Comentó Koizumi al ver la desaparición de la pistola.
—Sí. Tengo que discutir algunas cosas con ella la próxima vez que nos veamos —Dijo Kyon molesto, mirando desinteresadamente por los alrededores.
Koizumi sonrió con compasión.
—Bueno, esta vez sí, creo que es hora de ir a por la cena.
—No tengo hambre, se me han quitado las ganas —Dijo Kyon con desgana.
De repente, el estómago le rugió sonoramente, haciendo que se quedasen en blanco unos segundos.
—Prometo no tardar esta vez —Comentó Koizumi aguantando la risa.
—Bien. Te espero en aquel banco de ahí —Respondió Kyon cohibido, dirigiéndose a un banco enfrente del puesto de comida.
Continuará...
N/A: Por favor, si leéis el capítulo, no os olvidéis de dejar un comentario o una crítica constructiva, esto anima mucho a continuar a los escritores, sobre todo a principiantes como yo. No os cuesta nada y la autora (yo) os lo agradecería mucho. No es motivador hacer un fanfic con dedicación y esfuerzo y que nadie se moleste en comentarlo y dar su punto de vista. ¡Gracias!
¿De verdad valió la pena la espera? Muchas veces (casi siempre) mis capítulos no me convencen, tengo que mejorar mucho todavía, pero los subo de todos modos para ver qué opina la poca gente que lo lee, que por supuesto, tienen permiso para criticar mi fanfic, siempre de forma constructiva. Gracias por tomaros la molestia, de verdad =)
