El moretón en el rostro de Road estaba oculto para Sam, pero por el temblor en la voz de la joven supo que algo terrible le ocurrió. La tragedia en la mente de ella era demasiado grande para hablar del asunto…así que iban en silencio.
Road había despertado en el auto y llorando por su amiga. En casa, su padre Sheryl se negó a oír nada al respecto, insistiendo en que si había ocurrido como decía ella, el tema estaba fuera de la influencia de él. Road fue a su habitacióny se quedó dormida sobre la almohada humedecida por las lágrimas. Antes había oído de muertes a pedradas y hasta ahogamientos, por supuesto, pero en historias de hombres maniáticos en regiones remotas del desierto. Nunca se imaginó ver a su mejor amiga ahogada por su padre. Malvado perverso Cardenal.
¡La secta era real, y eran unos dementes!
Tricia la despertó antes del mediodía. Le dijo que Sam estaba esperando para llevarla a su cita. Road casi lo había olvidado. El Conde del Milenio Adam quería verla. ¿Porqué? ¿Tenía un hijo con quien casarla? Entonces tendría que acudir a Sheryl, no a ella.
A Road no le importaba. En lo único que podía pensar era en Aanisa. Se limpió las lágrimas y se preparó. Sam la llevo por algunas calles en Riad, pareciendo entender la necesidad que tenia de estar en silencio, paso por nuevas estructuras diseñadas por algunos arquitectos occidentales. Casi la quinta parte del país árabe eran emigrantes, mano de obra importada, para construir la ciudad y servir a la realeza. Los extranjeros era separados de la vida de la mayoría de árabes, aislados en comunidades diseñadas exclusivamente para ellos, pero su esencia se distinguía por todos lados. Poco a poco la influencia del occidente en la ciudad, donde nació el islam, era una tragedia blasfema para muchos musulmanes conservadores.
Hoy, por primera vez. Road pensó que esto simbolizaba la esperanza de libertad. Pasaron a través de algunas curvas entre los suburbios. Construcciones de ladrillo arenisco y cemento. Todo cuadrado. Y luego estuvieron en el desierto, el cual se extendía sin fin hasta Dhahran en el Golfo Pérsico. Los estadounidenses habían usado la ciudad como base durante la guerra del Golfo.
–Aanisa fue ahogada por su padre esta mañana por desobedecer a Abdul –enunció ella.
– ¿Qué? ¡No!
–Si –afirmo ella llevando las manos a su boca, temiendo que empezaría a llorar otra vez. Las llantas zumbaban debajo de ellos.
– ¡Despiadado! –Exclamo Sam –-¡Ese tipo es un cerdo!
Road trago el grumo que le subía poco a poco por la garganta.
– ¿Cómo pudo ocurrir eso? – pregunto él.
–El padre de Aanisa es nizarí.
Sam se aferró al volante y negó con la cabeza. Claramente sorprendido.
–Ellos casi ni existen. No entre la gente respetable –indico, parecía no saber que decir –. Lo siento mucho, Road. Algunos hombres pueden ser animales con sus mujeres.
El miró por la ventanilla, torciendo levemente su mandíbula.
–puedo entender una golpiza, pero ¿ahogarla? No es…
– ¡¿Una golpiza?!–gritó ella –. ¡Ningún hombre debería tener derecho a golpear a una mujer! ¿Qué le da el derecho a un hombre de eso?¡Es inhumano ahogar a tu hija, y es inhumano golpear a tu esposa!
Estas eran las palabras más fuertes que Road había dicho a oídos de Sam. El masculló estar de acuerdo, pero era obvio que aquellas palabras le habían herido los oídos profundamente. El resto del viaje Road se sentó a su lado, como hacía a menudo cuando se hallaban solos; pero hoy ella estaba aturdida y entumecida.
15 minutos después de salir de la ciudad, Sam ingreso a una carretera abierta que llevaba a una solitaria tienda beduina. Dos autos Mercedes en vez de camellos formaban una clase de puerta frente a la sala principal de lona.
Sam detuvo el auto. Alcanzándolos una nube de polvo.
–Él te espera adentro.
Road se bajó. Una mujer beduina vestida con la tradicional abaya negra, pero sin que el velo le cubriera todo el rostro, salió de la tienda y observo a la muchacha. Los velos beduinos iban sobre el caballete de su nariz. Dejando que el mundo libremente viera sus ojos. Road llego a la tienda y miro los ojos sonrientes de la extraña mujer.
–Usted aquí se puede quitar el velo –señalo la mujer.
Quizás al conde no le preocupaba la tradición. No queriendo ser grosera, se quitó el velo y Conde del milenio Adam Asad, un hombre santo con un leve candado como barba, se sentaba sobre una almohada de seda purpura, un color agradable para la joven y hablaba en un tono tranquilo con una mujer a su derecha. Una alfombra con tejidos dorados cubría la mayor parte del piso, y sobre ella se encontraba una mesa pequeña. Aparte de eso había una base para té y un tazón lleno de exóticas frutas…apenas el mobiliario de una tienda típica. Según parece, ellos habían venido por poco tiempo y solo con lo que se podía cargar en los autos que se hallaban afuera.
La plática se silenció al cerrarse la lona detrás de Road. el conde estaba recostado de lado, y no fue fácil colocarse de pie. Se levantó la miro con ojos que dejaban ver asombro y curiosidad.
–Road.
Ella bajo su rostro, sintiéndose expuesta. Era obvio que la conocía, pero lo pronunciaba como su hubiera algún misterio. ¿De qué trataba esto? ¿Sabía sobre el ahogamiento de Aanisa? El conde se dirigió hacia Road, con ojos sonrientes.
–Es un placer conocerte al fin –enuncio, tomándole las manos y besándolas–. Qué belleza, igual a la de tu madre, que Dios la tenga en su paz.
–No sé a lo que se refiere –objeto ella–. ¿Conoce a mi madre?
–Pero por supuesto. Ella era mi esposa; yo diría que la conocí muy bien.
El silencio del desierto envolvió a Road.
–perdóneme, pero se equivoca. Yo nunca lo he visto; ni a su esposa. Ella no es mi madre.
–No. Road. Temo que tú eres la que está equivocada. Sheryl te adopto, ¿no lo sabes?
– ¿Qué?
– ¿No te lo dijo?
– ¡Eso es Ridículo!
–Ven…–manifestó el mirándola, luego se apartó –. Siéntate. Ella no había oído bien.
–No entiendo.
El conde se volvió a acercar, vio temor en los ojos de la joven, y le puso sus manos sobre los hombros.
–Perdóname. Es una conmoción. Que insensible he sido cariño. Te he observado todos estos años, y te enteras por primera vez que soy tu verdadero padre.
Ella apenas podía imaginarlo. Es más, no podía imaginarlo. Es más, no podía. ¿Por qué no se lo dijeron antes? No había parecido, lógica ni nada que la enlazara a este hombre.
–Eres un perfecto reflejo de tu madre, Amara, quien murió al darte a luz –informo el conde, y señalo a una hermosa mujer que estaba sirviendo té–. Esta es Aanakiya, mi segunda esposa.
Aanakiya dejo la tetera, camino hacia Road, la mujer de cabello negro largo con unos leves rizos, agarro su mano levemente y la beso.
–Mi casa es tuya –enunció.
Road no deseaba este lugar. ¡Se había equivocado al venir! Pero al mirarlos a ambos supo que todo era verdad. Un hombre tan poderoso no inventaría una historia tan absurda que fuera cierta. Adam Asad era su padre. Que Dios le ayude.
–Eso no cambia nada –opino el conde –. Tú eres quién eres. Una joven hermosa. Privilegiada en todo sentido. Realeza. Por favor, ven y siéntate.
Se sentaron. Aanakiya le ofreció algunas frutas, y Road agarro una manzana. La mordió distraídamente, tratando de reflexionar en las consecuencias de esta noticia.
– ¿Cómo te está tratando en estos días la casa de Sheryl? –pregunto el conde.
De los ojos de él salían leves arrugas, con algunos cabellos saliendo del ghutra. con una sonrisa perpetua. Road sintió como tenía un nudo en la garganta. ¿Podría confiar en este hombre del mismo modo que quiso con Sheryl? ¿Podría confiar en este hombre extraño ser un verdadero padre para ella? su corazón, su mente...sentían una extraña y total confianza en él.
–Bien –contestó; no era la verdad exacta, pero la respuesta adecuada.
El conde comenzó a hablar acerca de su vida. En realidad a ella no le importaba nada de eso, pero escucho con educación e hizo algunas preguntas para mostrar interés. Lo que ella deseaba saber de veras era el motivo. ¿Por qué la había dado en adopción a Sheryl? ¿Qué ventaja obtenía el? El supuesto padre hablo por diez minutos acerca de la provincia de Dharan; de los chiitas y de la participación de los americanos en la región; de la madre de Road y de como ella quería una hija. Road fue su única hija. Pero Amara había muerto feliz. No obstante, el conde no la trajo para hablar de su madre. La conversación se estancó.
– ¿Te sientes bien?
–Sí.
–Tus ojos te delatan, querida mía. –expreso el conde analizándola. Ella levanto la mirada.
–Tengo… tenía una buena amiga llamada Aanisa. Tenía solo 14 años y la obligaron a casarse con un viejo. Ella lo rechazó, y esta mañana su padre la ahogo por avergonzarlos. Y...Me obligaron a observar.
–Oh, querida, querida, querida –exclamó el conde chasqueándose la lengua y moviendo de lado a lado la cabeza–. Eso es una abominación. Hay castigos mucho más apropiados que la muerte. Lo siento hija. Lo siento muchísimo.
El conde suspiró. y observó a la joven.
–El mundo cambia, querida Road –continuo mirándola cuidadosamente–. Quizás después de sesenta años de oposición a este gobierno haya llegado mi época. Estoy seguro de que te preguntaras porque le pedí a Sheryl que te adoptará.
Así que ahora venia entonces la razón.
–Eso me preguntaba.
–lo hice por el bien de nuestro país. Para hacer volver la nación a la verdadera enseñanza del islam, y para llevar a mi clan, no, a mi pueblo, los chiitas, a su justo lugar dentro de la sociedad.
Hizo una pausa.
–EL rey Ashraf ha gobernado durante mucho tiempo.
Las palabras del conde hirieron muy adentro los oídos de Road. Esto era… ¡Traición!
–Palabras un poco fuerte, lo sé –concordó el –. Como tu padre biológico he conservado el derecho de darte en matrimonio. Cuando te cases dentro de los nobles de la casa Saudí y tengas un hijo, mi nieto será de sangre real.
–Pero mi padre…
– ¿Sheryl? El estuvo de acuerdo con el plan en total desde el principio, aunque no le correspondía con quien debías casarte.
Entonces con voz baja y rápida como si hubiera ensayado más de mil veces las palabras, el conde le conto a Road los detalles del planeado golpe. Lo más probable que aunque le doliera en su corazón, debió haberlo ensayado muchas veces a tal punto que su fe estaba en ello. ¡Al haber tramado el plan hace 19 años! Su padre biológico había forjado una alianza con su familia adoptiva. Ella era solo el títere del escenario.
–Te casaras dentro de 4 días –informo el Conde milenario.
– ¡Cuatro días! –exclamo ella sorprendida.
–Es fundamental.
El pánico le presiono el pecho, ruborizándola hasta el cuello.
– ¿Con quién? ¡No he hecho preparativos!
–Con el hijo descendiente de los Mikk. Tikky Mikk
– ¿Tikky Mikk? ¡Ni siquiera lo conozco!
El conde se puso de pie.
– ¿Y esperas conocer a aquel con quien te casarás?
–No me puedo casar con Tikky –contesto bruscamente –. ¡Amo a Sam!
Silencio, excepto por la respiración entrecortada de Road. El la miró, boquiabierto por la sorpresa.
– ¿Sam? – pregunto finalmente –. ¿El chofer?
Road había cometido una gran equivocación. Por el bien de Sam, debía reponerse. No podía revelar la verdadera profundidad de su amor por él.
–No, Usted tiene razón. No lo amo. ¿Pero qué tal si amara a alguien?¿Aun me obligaría a casarme con alguien a quien no amo? No conozco una sola persona que hable bien de la familia Mikk. ¡Son unos despiadados!
– ¿Cómo te atreves a decir tales cosas?
La nariz del conde resopló. El enojo de él casi la vuelve a poner al borde de su imprudencia. En su mente oyó un fuerte portazo, vio deslizar el pasado. Hace varios años encerraron hasta el día de la boda a una amiga que expreso su opinión respecto a casarse. –Lo siento. Pero por favor, te lo ruego, ¡no me hagas esto!
–Los padres deben dar a sus hijas en matrimonio. ¿Me estás diciendo ahora que sabes mejor que yo quien es un buen esposo?
Ella se mordió la lengua.
– ¡Una nación está en juego! –Rugió el conde–. Tenemos en nuestras manos el poder de salvar nuestra cultura de la corrupción, ¿y tú piensas solo en tus fantasías?
Aanakiya permanecía cerca del rincón, mirando hacia otro lado. Su postura le dijo a Road que los arrebatos del condeno eran comunes. Él la había usado una vez para negociar por paz, y lo volvería a hacer, esta vez por poder. Road debía ganar algo de tiempo. ¡Cuatro días! Se estremeció y contuvo su boca.
–Perdóneme, yo pensaba irracionalmente. En un día resulta que muere mi mejor amiga y me entero que me casare en cuatro días. Estoy un poco confundida –contesto y bajo levemente sus ojos–. Desde luego que usted tiene toda la razón. Esto es lo que se debe hacer.
Él la miro, serenándose.
–Si –enunció finalmente–. Lo siento.
–Perdóneme.
El asintió, y respiro profundamente bajando su mirada y tomando nuevas fuerzas.
–Este será un día histórico para el islam –declaro el conde, alargando sus brazos y poniéndoselos en los hombros en un gesto de consuelo–. La boda será en secreto. Sam te traerá mañana a nosotros, y serás mimada como una reina. Y cuando tomemos el trono tu boda se celebrara en público.
El hombre hizo una pausa.
–El novio exigió que sigan adecuadamente las ceremonias de boda, incluyendo el halawa –continuó él. Refiriéndose a la depilación de todo el bello corporal desde el cuello hacia abajo. Se dice que Cleopatra se depilaba con este método. Mahoma instituyo esta práctica en el siglo séptimo, cuando no era común el baño. Road asintió, suprimiendo el mareo y las ganas de vomitar.
–Ahora vete –añadió sonriendo–. Antes de que te extrañen.
Ella bajo su rostro, se colocó nuevamente el velo, y salió del lugar sin pronunciar palabra alguna.
Sam dejo a Road en el bazar y convino pasar por ella en una hora después. Había tratado de averiguar lo que le molestaba, y no tenía idea respecto a la boda. Decirle sobre eso lo aplastaría. No podía arriesgar a hacerlo, por ahora.
El bazar bullía de mercaderes que vendían sus mercancías. Las mujeres, que andaban vestidas de negro, observaban e inspeccionaban productos a través de sus velos. Road encontró a Alia en su puesto favorito de frutas frescas.
– ¡Cerdos! –le tembló la voz –. ¿Cómo podía cualquier hombre sensato ahogar a su hija?
Así que Alia lo sabía. Pero el pavor de sus problemas había embotado en Road el ahogamiento de Aanisa.
–Me están dando en matrimonio –anuncio Road.
Alia la tomo del brazo. El vendedor de frutas miro en dirección hacia ellas. Alia la llevo al final de la fila.
– ¿De qué hablas? –le pregunto en voz baja.
–Me reuní con mi padre esta mañana. Me dio en matrimonio.
– ¡No!
–No. Mi verdadero padre. El conde Milenario Adam Asad Hâkem Noé –confeso con voz temblorosa. Alia la miro como si estuviera loca.
– ¿El Conde del Milenio? ¿De qué hablas?
–Resulto que él era mi padre biológico, Alia. Soy adoptada en la familia del antiguo rey a cambio de lealtad.
Alia parecía un muerto de pie. Palideció mientras caía de su frente detrás del velo una gota de su frente.
–Alia, ¿me oíste? Me tengo que casar…
– ¿Con quién?
–Con el Hijo de los Mikk. Tikky. La boda es en cuatro días.
– ¡Tikky Mikk!
–Estoy asustada, Alia –respondió Road mirando alrededor, afectada.
– ¡Oh querida! Oh querida, oh querida, eso es terrible –exclamo Alia hacia el muro que rodeaba el bazar. Se detuvo después de dar tres o cuatro pasos, y rozó el brazo de Road para que la siguiera con urgencia.
– ¿Alia? Alia, por favor.
La ansiedad de Alia agudizo la suya.
– ¿Qué hare?
– ¿Sabes quién es Tikky? –contesto Alia girando hacia ella, una vez alejadas lo suficiente de algunos oídos atentos–. ¡Es mi primo hermano! Te puedo decir algunos aspectos de él que te harán odiarlo.
Alia temblaba de la ira que recorría todo su cuerpo a pesar de que era cubierta por el velo, Road sentía la furia de su amiga.
–He hablado con la madre de Aanisa. ¿Sabes quién presiono a su padre a ahogarla? Te lo diré. Fue Tikky Mikk.
– ¿Tikky? ¿Pero cómo…?
Le habían retumbado las palabras del hombre que la había llevado a la muerte de Aanisa. Él dijo que esto era un mensaje. ¡De Tikky!
– ¡No puedes casarte con él! –Grito Alia–. A pesar de tener una apariencia externa muy buena, no significa que lo sádico que tiene se aparte de él. Una vez lo vi golpear a mi sobrina cuando tenía 4 años de edad. ¡Por agarrar un juguete de sus sobrinos!¡la niña estuvo en el hospital una semana y media!
El temor rodeo el cuerpo de Road.
– ¡Tengo que hacer lo que el Conde ordena!¡Mira a Aanisa!
– ¡Y mira quién mató a Aanisa!
–Y si no obedezco, entonces Tikky también me matara. ¿Es eso lo que quieres?
– ¡Basta! –Soltó Alia–. Calla por un momento.
Ellas se hallaban bajo la sombra de una palmera, respirando regularmente al calor de la tarde.
–No estamos pensando con claridad –dedujo Alia–. ¿Por qué quiere el Conde casarte con Tikky?
Road se lo dijo. Incluyo también el mensaje de Tikky.
–Saber sobre esto basta para que nos maten. Aun no estamos pensando con claridad. Tikky es un ser despreciable que organizo el ahogamiento de Aanisa, ¿no lo ves?
Ella tenía razón. Dios mío, ten misericordia de ambas, Alia tenía razón. Road volvió a mirar en dirección hacia los almacenes. Las observaba una mujer con velo negro como todas.
–Tienes razón –acepto, mirando otra vez a Alia–. Tienes razón.
–Solo hay algo que puedes hacer, es tu única opción –le dijo su amiga.
– ¿Qué?
– Huir.
La posibilidad sorprendió a Road en un silencio momentáneo.
–No puedes hablar en serio.
– ¡Si, hablo en serio! Tienes que escapar. Si te quedas te golpearan hasta someterte o morirás como Aanisa.
– ¿Escapar?
El corazón de Road comenzó a latir con fuerza. Un largo silencio se extendió entre ellas. Tres años atrás, en un capricho de niñas, habían diseñado un detallado plan para huir a Norteamérica, y se habían convencido mutuamente de que la idea funcionaria. No es que en algún momento llevarían a cabo ese plan.
–Esos fueron planes de niñas. Nunca funcionarían.
–Sí. Creo que sí. ¿Y si nos atrapan?
–Entonces de todos modos te obligaran a casarte con Tikky. Por eso este es el momento indicado para huir. Te necesitan, ¿No ves? Sencillamente no te pueden matar.
Su amiga tenía razón.
–Quizás no me maten, pero yo pagaría un precio muy grande.
–El precio de no intentarlo podría ser mayor.
Road no podía decidirse. A la mayoría de las mujeres que conocía les era muy difícil salir de casa, peor salir del país. ¿Quién era ella para pensar en que podía escapar?
– ¿Y Sam? Simplemente no lo puedo dejar.
– ¿Dejarlo? Tendrás que dejarlo cualquiera que sea tu decisión. ¿Crees que Tikky te permitirá mantener este amor secreto entre ustedes?
Aanisa floto en la superficie de la mente de Road. Volvió a mirar el muro.
– ¿Cómo lo haría? Cuando estudie en Estados Unidos me vigilaban todo el tiempo. Tenía criados. ¿Esperas a que regrese simplemente allá y viva por mi cuenta? Esto no es como decidir ir en un lugar de viaje de compras.
–No, desde luego que no. Pero un viaje de compras no puede comprar tu libertad. ¡Libertad, Road!
– ¿Y si me siguen?
– ¿Si te siguen? Lo harán. Pero Estados Unidos es una nación enorme. Te lo digo, Road, tienes que huir. Mañana.
Road cerró los ojos. La posibilidad de casarse con Tikky no era muy diferente de tragar veneno o acido. Sam… ¡querido Sam!
–No estoy segura de poder dejar a Sam.
Alia lanzo un gruñido de frustración. Ellas habían planeado su escape hasta en el más mínimo detalle: el permiso de viaje era requerido para todas las mujeres, el pasaporte, el dinero, el destino…todo. Hacerlo era en realidad como saltar a un abismo, pero Road ya estaba cayendo. Si casarse con Tikky podría ser peor que morir.
– ¿Podrías llevarme a Jedda en uno de los aviones de tu esposo
–Por supuesto. Viajo regularmente allí… el piloto no sospecharía nada. ¿Pero por qué a Jedda? Creí…
–Que me pasen a recoger para casarme no era parte de nuestro plan. El Conde vendrá por mi mañana, pero si convenciera a Sam de que debo ir a Jedda por un viaje urgente de compras, ellos se verían obligados a esperar hasta mi regreso. Eso nos daría tiempo. Y los enviaría en la dirección errónea.
–¿Sam sabe de la boda?
Ellas hablaban rápidamente, en voz muy baja ahora.
–No.
La boda…sonaba extraño. Horrible.
–Volvería a Riad para tomar un vuelo a parís y luego continuaría. Si estoy haciendo esto, tengo que hacerlo bien.
Road vio el débil contorno de una sonrisa a través del velo de su amiga.
–Esta es la Road que conozco.
Hablaron durante otros veinte minutos, revisando con cuidado el plan. Finalmente Alia la tomo del brazo y la llevo de vuelta entre las tiendas.
–Tenemos que ser cuidadosas. ¿Mañana regresa Sheryl?
–No en tres días.
–Entonces trae todos los documentos con dinero y nos reuniremos en el aeropuerto mañana a las nueve de la mañana. Le diré a Sam que te esperare.
Entraron al bazar y anduvieron en un silencio incomodo por algunos minutos.
– ¿Puedes conseguir algún horario de vuelos para parís? –pregunto Road=
–Por supuesto. Si tienes algún problema, llámame esta noche. Yo hare lo mismo.
Road respiro profundamente. Ya estaba huyendo.
A todos mis más sinceras disculpas lo de colocar dos capítulos semanales será a partir de esta semana, y claro uno a mitad y el otro a final de semana. Y agradezco a todos los visitantes y lectores sus comentarios también son preciosos saben =.= pero sobre todo gracias por mantener la historia viva… y gracias a Ana-chan por insistirme en la universidad a seguir escribiendo...Arigatou..
