Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction


Capítulo 4: Odio y dolor.

POV Bella

"Mi camino es la luz; salir de las tinieblas no es fácil, pero me da fuerza el saber que hay una persona que estará para mí en todo momento".

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"Siempre puede existir un ser despiadado en tu camino y más si solo busca culpar a otros, pero es él. Él que solo busca destrozarte la vida, mi pregunta es: ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Qué le he hecho yo para que me dañe? Él puede vivir pero… ¿por qué yo no? Lo amé, no lo niego, pero me enamoré de una farsa, no del verdadero ser. Podría acabar con todo quitándome la vida, pero sé que no es la solución, solo puedo escapar, trataré de salir de esta; siempre he sido fuerte y hoy no puedo fallar".

Estaba acabando mi rico desayuno cuando escuchamos el sonido de la puerta al cerrarse, dejé los cubiertos y corrí a ver quién era.

Me encontré con mi mamá, realmente la extrañaba.

— ¡Mamá, volviste! —La abracé fuertemente.

— ¡Mi nena hermosa! —Me llenó la cara de besos—. Te extrañé demasiado —me dijo y empezó a llorar.

—¡Mi niña Renée! ¡Qué bueno que ya estés en casa! —Se nos unió Sue al abrazo, ella a pesar de que no rebasaba los cuarenta años había visto crecer a mi mamá, Sue la conocía desde que tenía 10 años.

—Sí, nana, volví; extrañaba el calor de hogar y a mi familia. —Nos separamos y nos dirigimos a la sala.

Hoy solo tenía ensayos de baile contemporáneo en la academia, por lo que me podía dar el gusto de quedarme a charlar con mamá.

— ¿Qué tal te fue en el viaje? —pregunté subiendo mis pies en el sillón.

—Realmente fue agotador pero terminamos los diseños a tiempo, eso me recuerda… —Colocó su dedo índice en la barbilla, en señal de que estaba tratando de recordar algo.

— ¿Qué te recuerda? —inquirí como una niña pequeña.

—De verdad que esta niña no cambia —le dijo a Sue sonriendo y luego se echaron a reír.

— ¡Hey! —Las llamé—. No me hagan bullying. —Fruncí el ceño.

—Dramática como su padre —le comentó Sue a mi mamá.

—Tal para cual. —Continuaron platicando y conspirando contra mí.

—Como que en esta plática yo no entro, así que me voy. —Fruncí el ceño de nuevo e hice como si me iba a levantar.

— ¿Te molesta tanto que hablemos de ti? —cuestionó mi mamá.

—Obvio, es como si yo hablara de ti sabiendo que estás aquí y nadie te preste atención. —Suspiré.

—Tranquila, baby. —Me guiñó un ojo.

—Iré a dormir un rato. —Me levanté. La verdad un poco de sueño reparador no me caería nada mal.

Abandoné la sala, no sin antes darle un beso a "mis mamis".

Subí –literalmente– corriendo las escaleras, entré a mi cuarto y la lucecita de alerta de mi iPhone estaba parpadeando, lo tomé y vi que era de Tyler, sonreí solo de ver que un mensaje de él había llegado.

"Hola hermosa, espero que no te hayan descubierto. Realmente estoy muy feliz de haberte conocido, eres una chica maravillosa, única, con un sentido del humor grandioso; eres realmente linda cuando hablas dormida.

¿Que hablé dormida? Estaba con la boca abierta.

Que tengas un hermoso día, mi muñequita. Espero que nos podamos ver hoy.

Besos. :* El sexy".

Al final no pude aguantar la risa, no dudé ni un solo segundo y le contesté:

"¿El sexy? ¿De dónde, cariño? Eres bien feo (broma) y desgraciadamente me descubrieron, y sí, yo igual estoy muy feliz de haberte conocido. Eres un chico grandioso, caballeroso – ¡Oh! Me encanta eso en un hombre–, y tienes un gusto peculiar por la música –aunque no lo admitas–. Claro que podemos vernos entre las 7:00 p.m. o 7:30 p.m., ¿te parece? ¿Y dónde? Que tengas un excelente día. Besos, tu muñequita J"

Me acosté en mi cama mirando hacia el techo pensando en Tyler, en el momento en que ha llegado; sin duda he empezado a sentir algo por él.

No pasaron más de dos minutos cuando llegó un nuevo mensaje.

"Qué mala eres y qué mal que te descubrieron, y sí, a esa hora está bien, ¿te parece que sea aquí? ¿En mi casa? ¿O prefieres otro lugar?

Me gusta eso de 'mi muñequita'… tu sexy J "

En serio, con él nunca me aburriría.

"Ok, me parece bien. Entonces mi sexy (escribo esto y me da risa) nos vemos a las siete, te dejo, muero de sueño.

Besos, tu muñequita con sueño J Zzzz…"

Dejé mi iPhone sobre el buró y me quedé dormida en el momento que mi cabeza tocó la almohada.

Estaba soñando que estaba en Paris, tomándome fotos con mi familia y Tyler antes de que el sol se ocultara, me estaba acercando a Tyler para darle un beso cuando…

—Bella, cariño ya es tarde. —Me despertó mi mamá.

—Mmm… —murmuré y traté de regresar a mi sueño.

—Si no te levantas no llegarás a clases. —Sin muchas ganas abrí los ojos.

Me estiré y levanté de la cama.

—No quiero ir, mami. —Hice un puchero.

— ¡No! Tienes que ir, niña terca. —Se echó a reír y salió de mi cuarto.

Abrí la puerta del baño y entré; no tenía tiempo de llenar la tina, así que me metí en la regadera. El agua estaba tibia, muy rica, me quitó un poco el cansancio.

Salí del baño envuelta en una toalla y me dirigí al closet. No encontraba algo que ponerme.

— ¡Dios, no tengo ropa! —grité, pero me reí ante semejante exclamación que había hecho, porque tenía un cuarto lleno de ropa.

Me decidí por unas medias, una falda sencilla y un payasito de color morado; me puse la ropa interior y me apresuré a vestir.

Estaba buscando mis zapatos de baile cuando tocaron la puerta.

— ¡Pase! —grité, dado que estaba en el armario de nuevo.

—Cariño. —Era mi mamá—. ¿Vas a comer algo? —Ya extrañaba la preocupación de mi mamá.

—No ma, ya es tarde. —Por fin encontré los zapatos y emergí del closet—. Ya es tarde —repetí—. ¿Será que puedas hacerme una coleta y el moño? —Sonreí y me acerqué a ella.

—Claro, bebé. —Me senté en la cama.

Ella me hizo la coleta y el moño, puse toda mi ropa en la mochila y bajé casi corriendo las escaleras.

—Bella —me llamó Sue—. Tu chofer no pudo venir y Erick… —Era el chofer de mi mamá—. No va a poder, así que Edward te llevará. — ¡Uy! Me estremecí sin razón alguna.

—Está bien, Sue. ¿Edward ya está en la cochera? —No quería que me llevara, ni que fuera conmigo, pero ni modo.

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Me subí al coche en la parte de atrás, me coloqué los audífonos, puse música y fijé mi mirada más allá del mundo, estaba dirigida a un punto inexistente.

— ¿Sabes? —Escuché la voz de Edward—. Te ves hermosa después de todo. —Fingí no escucharlo—. No te hagas, cariño, que eso ni te queda. —Me miró a los ojos por el retrovisor.

— ¿Nunca te quedó claro que no me buscaras? —Me quité los audífonos.

—Nunca te busqué, es una coincidencia que trabaje para ti. —Sonrió el muy infeliz.

— ¿Y no pudiste no aceptar? —Mi expresión era seria.

—Trabajo es trabajo. —Seguía con esa sonrisa que hacía mucho tiempo me fascinaba.

—Como si el dinero te hiciera falta —comenté y miré de nuevo hacia la ventana.

— ¿Y qué tiene? Te extraño, ¿sabes? —Me dio rabia su comentario; el juego estaba a punto de iniciar.

— ¿Sí? No lo creo, cariño, porque si de verdad me extrañaras nunca me hubieras lastimado como lo hiciste. —Las ganas de decirle más cosas no me faltaba.

—Claro que te extraño, baby; nunca podré olvidarte, bonita.

—Eres un imbécil. —Respiré profundamente—. Por lo menos ten la seguridad de que yo… —Me señalé—. No te extraño en lo más mínimo. —Sonreí—. Me alegro que… —Hice como si estuviera recordando—. ¿Cómo se llamaba tu zorra? —le pregunté irónica.

— ¿Quién? ¿Tú? —Hijo de su… Tuve ganas de decirle algo pero callé.

—No, cariño; yo fui por lo menos la zorra, pero la perra de tu esposa fue peor que yo. —Me dañaba mucho ese comentario.

—Zorra de la mejor calidad, no te niego que eras excelente.

—No entiendo, ¿qué ganas con recordarme esto? —Moví la cabeza de lado a lado.

—Solo quiero que recuerdes lo bueno que nos la pasamos, ¿o no te gustó?

—En ese momento, sí. Ahora me vale un carajo lo que hagas. —Sonreí porque así era.

—Lástima que para mí no. Tu maldita piel tiene algo que me intoxica, me obsesiona, que hace que cada vez que esté con la estúpida de Irina sea a ti a quien vea. Eres una zorra, una bruja que me ha hechizado. —Su expresión me daba miedo, quería bajarme del coche, presentía que algo iba a pasar—. ¡Ni te atrevas! —gritó cuando se dio cuenta de lo que iba a intentar—. Estás muy lejos de casa y nadie te escuchará. —En ese momento me di cuenta que estábamos en un lugar solitario.

— ¿Edward, por qué haces esto? —Estaba empezando a aterrarme.

— ¿Y aún te lo preguntas? —Se rio—. Eres mía, maldita zorra, ese puto de tu nuevo noviecito nunca te tendrá. —Estaba muerta de pánico, no sabía qué podría suceder.

—Por favor, Edward, no me hagas nada, por favor —rogaba. Tenía mucho miedo.

— ¿Todavía no te das cuenta? De verdad que eres una estúpida. No soy Edward, tu "guardaespaldas"; soy Anthony, querida. El idiota de mi hermano está muy bien donde lo tengo, me facilitó las cosas. —Se empezó a reír.

—No puede ser, me estás mintiendo. —Lo miré por el espejo retrovisor.

— ¿Por qué mentirte? —dijo serio.

—Te lo pido… por favor, no me hagas nada, por lo que más quieras —supliqué y él detuvo el auto.

—No te haría daño. —Se giró y tomó mi mentón con una mano y con la otra mano pasó uno de sus dedos desde mi mejilla hasta mi barbilla—. Solo disfrútalo, como en los viejos tiempos, cariño. —Realmente estaba muy asustada.

—No, Edward. —Me di cuenta que de nuevo lo había confundido, pero eran exactamente iguales—. Anthony, eso no, por favor. —Las lágrimas se agolpaban en mis ojos.

— ¿No qué? —Su voz sonó molesta, miré dónde estábamos y en frente de nosotros había una cabaña.

—No quiero repetir el pasado. —Lágrimas empezaron a bañar mi rostro. Me dio una bofetada que me dolió hasta los huesos y tiró con fuerza de mi cabello haciendo que lo mirara.

—Mira, perra… o cooperas o te irá peor. —Me soltó y reboté en el asiento del coche.

—Está… bi…en. An…thony, cooperaré pero… no me las…times más —dije en medio del llanto.

—Mi hermosa baby; así me gustas. —Se bajó del coche y abrió mi puerta—. Dame tus manos —ordenó; de su bolsillo sacó una mascada de seda y amarró mis muñecas.

—Anthony, me duele —me quejé.

—Si no te callas te amordazaré —indicó mientras me sacaba del coche.

Caminamos hasta llegar a la cabaña, tenía demasiado miedo; Anthony no estaba bien mentalmente, él sería capaz de hacer cualquier cosa.

Por favor, Señor, solo pido que salga viva de aquí y regrese con mi familia, no permitas que me haga demasiado daño. Solo eso pedía, mentalmente.

Abrió la puerta de la cabaña, era cálida pero eso no me importaba, solo quería que esta pesadilla terminara.

Me cargó y me llevó a una habitación; el muy desgraciado sonreía.

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Estaba asustada, sabía que él me dañaría y lo peor de todo es que gritar no me ayudaría. Cerré los ojos tratando de olvidar que sus asquerosas manos recorrían milímetro a milímetro cada parte de mi cuerpo; posó sus labios en los míos, trató de profundizar el beso pero al ver que no le respondía metió una mano entre mis cabellos jalándolos con fuerza, haciendo que gritara de dolor y él aprovechó ese instante para introducir su lengua en mi boca.

Traté de cerrarla, pero cada vez que lo intentaba él halaba más fuerte.

Me quitó toda la ropa, me había dejado en ropa interior y él solo tenía puestos los pantalones.

Cuando se cansó de mi boca bajó sus labios a mi cuello, luego a mis senos, después empezó a dejar mordidas en toda mi piel; cuando su mano viajó a mi espalda para desabrochar mi brasier me tensé, traté de alejarlo pero solo conseguí que con rudeza apartara mis brazos y de un tirón me lo quitó al igual que mis pantis; intenté golpearlo y a cambio me gané varias cachetadas.

—Te dije, Isabella, que tenías que cooperar o te iría mal. —Yo me movía y pataleaba para que me dejara—. ¡Basta! —me gritó—. Te ataré las piernas. —Tomó unas mantas que tenía y ató mis piernas a los barandales extremos de la cama.

Se levantó y se quitó los pantalones, salió del cuarto; me había dejado inútil, no podía escapar, estaba atada de manos y piernas.

Regresó con un látigo y crema corporal.

Intentó untarme la crema pero yo no dejaba de forcejear, fui imprudente y no tomé en cuenta las consecuencias que tendría intentar poner resistencia.

Anthony se acercó a mí y me dio un golpe fuerte que me llevó a la inconsciencia.

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Me desperté asustada.

Miré en todas direcciones y no vi a nadie, estaba todo en absoluto silencio.

De inmediato me pregunté por Anthony: ¿Dónde estará? ¿Se habrá ido? ¿Estará durmiendo? Y fue entonces cuando me di cuenta que estaba desatada y envuelta en una sábana, intenté levantarme pero me dolió todo el cuerpo; podía ver las marcas que había en mis pechos y en gran parte de mi vientre. Mi mirada se detuvo en la mesita de noche, había un papel doblado, lo tomé, lo abrí y empecé a leerlo:

"Bella.

Espero que estés feliz por este encuentro, te aseguro serán más seguidos, baby.

Me encantó volver a ser el primero. Te quiero más dócil la próxima vez, así tú también podrás disfrutar.

Te dejaré el coche para que puedas regresar a casa. ¡Ahhh! Te dejé una pequeña cena y algo de ropa.

Te amo, Anthony".

Me dio tanto coraje que rompí el papel; tenía que salir de aquí lo más pronto posible.

No sé de dónde saqué las fuerzas pero logré levantarme y caminar, hacerlo era muy doloroso.

Cuando entré al baño dejé caer la sábana, al mirarme en el espejo solté un grito agudo al ver cómo me encontraba.

Tenía mordidas, marcas en la piel, la piel de los glúteos me ardían al igual que mi entrepierna, donde un dolor punzante también estaba presente.

Dejé que las lágrimas bañaran mi rostro por el dolor que emanaba de mí, la sensación de matar, de golpear a alguien se apoderaba de mí.

Entré a la regadera y abrí la llave para dejar correr el agua y me lavara el cuerpo de tanta inmundicia y con ello mi dolor, mi sufrimiento y agonía. Me sentía sucia, quería quitarme esta piel; ya no quería nada, él había destrozado todo cuanto era.

¿A caso no le importaba? ¿Por qué decía que me amaba? ¿Por qué me has matado, Anthony?

Tomé la esponja y empecé a tallar lo más fuerte que podía mi piel. ¡No quería! No quería parar de tallarme, aún me sentía sucia, yo solo era una basura, prefería estar muerta a sentir esto.

Al seguir tallando y recorrer mi cuerpo, horribles destellos inundaron mi mente.

Él recorría mi cuerpo, riéndose, hablándome, pero sus palabras eran muy bajas, besaba mis ojos, me decía hermosa y volvía a reír.

Él desató mis piernas.

—Hoy serás mía de nuevo, Isabella, sé cuánto lo deseas, ¿no es así, baby? Yo sé que sí.

Recorrió mi cuerpo hasta llegar a mis muslos, me tocó con un dedo y con brusquedad lo metió en mi centro, empezó a bombear cada vez más rápido.

Él yacía dentro de mí, tocando y apretando mis senos, los besaba y gritaba mi nombre.

Cada vez sus estocadas eran más rápidas, apretaba mis antebrazos, succionaba mi piel.

— ¡No! —grité cayendo de rodillas y soltando sollozos. Una y otra vez pasaban los recuerdos me torturaban una y otra vez, inundando mi cabeza; me la tomé con ambas manos y la sacudía—. ¡No! —Volví a repetir. Dejé caer mi cuerpo quedando postrada en el suelo, sintiéndome débil; quería a mi madre, que ella me dijera que todo iba a estar bien, que todo era una pesadilla, pero si me veía en estas condiciones sabría que la mataría el dolor de no haber podido impedir nada.

Tenía que salir, correr, irme y no recordar nada.

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Estaba conduciendo a toda velocidad, no sabía a dónde iba, solo dejaba que mis instintos me llevaran a donde sentían que querían ir, pero luego me di cuenta hacia dónde iba.

El suelo de la entrada era de piedra y hacía que revotara, causándome dolor en todo el cuerpo.

El guardia al verme me reconoció de inmediato y me dejó entrar.

Aceleré hasta llegar a casa de Tyler. Bajé del coche, corrí y toqué el timbre, al instante él abrió la puerta.

— ¡Bella! —No sé si gritó pero yo sentí que así fue, me abalancé hacia él y lo abracé; mi llanto volvió y él me abrazó.

Con una mano recorría mi espalda. Cerró la puerta y nos condujo hacia la sala.

—No llores, cariño, no llores —me susurró Tyler.

Recordé cómo Anthony recorría mi espalda.

—Tú no sabes por qué lloro, ¡no tienes idea! —Me alejé de él, no podía soportar que alguien me tocara ahora.

—No sé lo que pasa, eso está claro. —Trató de abrazarme, pero retrocedí.

—Tú no sabes nada —dije con la mirada fría y con las lágrimas a flote.

—Una persona que te ama no puede soportar ver llorar a tu corazón. —Eso me hizo llorar más, porque la persona que me amaba me acababa de destrozar la vida.

—No puedo, Tyler, no puedo parar. Él... Él me ha matado. —Caí de rodillas a él llorando, por el dolor, por el gran vacío que sentía.

—No, cariño. No sé qué pasó y eso me desespera, pero saldrás de esta, lo sé, te ayudaré. —Él se arrodilló quedando frente a mí, alzó mi mentón y me miró a los ojos—. Te prometo que siempre estaré aquí y te ayudaré a salir de esta.

No pude aguantar el llanto, sus palabras eran dichas con sinceridad y amor, lo abracé y le dije:

—Él me mató, mató al ser que él amó, pero tú has revivido a un nuevo ser, al ser que se formará de la lucha y del amor. —Y en mi mente juré que me levantaría, pero con odio y venganza.

"Soffrire per amore è una cosa, ma a soffrire per una ossessione è la distruzione"

"Sufrir por amor es una cosa, pero sufrir por una obsesión es la destrucción".