No estaban llegando a ninguna parte. Ella no era capaz de alcanzarla, y Katarina era incapaz de matarla, no importa cuantas veces la apuñalase. Sus heridas seguían sanando.
Solo había una desventaja presente. La rubia no parecía cansarse, y Katarina llevaba todo el día luchando. Se estaba quedando sin opciones.
-¡Deja de moverte! ¡Agh!
Recibió una doble patada en el pecho, con la que Katarina se impulsó hacía atrás, y se tele transportó hasta Malie. Seguía grogui en el suelo.
-¡Eh, idiota! ¡Levanta, que hay trabajo que hacer!-dijo sacudiéndolo.
No respondía. Alzó la vista. La rubia se acercaba a ellos mientras sonreía, pero no parecía tener prisa. Hora de ponerse dura.
Aplastó la mano de Malie con su bota.
-¡Agh! ¡¿Pero que coño?!
-Buenos días, bella durmiente.
-¿Tú? Espera, ya me acuerdo. ¡Tú me...!
-Sí, sí, sí... Pero ahora mismo tienes delante a la del dardo.
La rubia simplemente volvió a abrir la chaqueta, mientras sonreía.
-Hola, guapo. Me llamo Lilith. Me alegro de verte otra vez.
-No me importa ni tu nombre, ni lo buena que estés.-dijo apuntándole con su espada.-Dentro de poco solo serás carne muerta.
-Lo veo difícil.-respondió crujiéndose los nudillos.
Cuando intentó golpearla con la espada, la rubia le agarró la mano, y le dio un cabezazo. Este se lo devolvió, y la mandó tambaleándose hacia atrás, aprovechando para cargar contra ella, y lanzarla con las escaleras de piedra, que se partieron con el impacto.
La rubia se limpió la sangre de la nariz, y sonrió.
-Muy bien.
Malie se abalanzó sobre ella, y ella aprovechó su impulso para estrellarlo contra el suelo.
-Tú serás más fuerte. Pero yo soy mejor.
-Eso habrá que verlo.
Mientras, Katarina solo observaba. Pensó en ayudar a Malie, pero viendo como peleaban, pensó que sería más bien un estorbo.
Aunque también era que le caía mal.
La rubia era más resistente, pero Malie más fuerte. Una vez alguien comenzase a dar signos de ganar la pelea, Katarina ya decidiría que hacer.
Cuando estaban a punto de chocar el uno contra el otro de nuevo, un disparo, y un rebote, se interpusieron entre ellos. Se detuvieron, y Katarina volvió a ver otras dos figuras sobre la loma. Sarah, y...
-¿Victor? ¿Qué haces aquí?-se fijó en la venda en la pierna de Fortune.-¿La has ayudado? ¿Porqué? ¿Y porqué le has devuelto sus armas?
-Otra vez esa pregunta.-dijo Victor.-No veo porque no. De todas formas, ya no tenemos nada que proteger, Lilith.
La mencionada agachó la cabeza, entristecida. Bajó los puños.
-Vosotros dos.-dijo Fortune, señalando a Katarina y Malie.-Venid conmigo. Hay un cuerpo que recoger.
El ser sobre la cama definitivamente concordaba con la descripción del informe. Parecía lleva unos días muerto, pero su carne seguía incorruptible.
-¿Es ese el tipo al que buscábamos?-preguntó Malie.
-Sí.-le respondió Fortune.
Podían escuchar a la tal Lilith gritarle a Victor en la habitación de al lado, pero decidieron ignorarlo.
-Feo de cojones.
-Mira quien fue a hablar.-comentó Katarina.
Fortune intervino antes de que pudiera responderle.
-Sal un momento. Necesito hablar con Ariana.
Eso le cabreó un más. Pero obedeció. Gruñó, y dio un portazo al salir.
-¿Puedes explicarme que está pasando?-preguntó Katarina.
-Que Mundo me mintió. Había más de un "Adán".
-¿Cómo es posible?
-Por lo que el tal Victor me ha contado, este era solo el prototipo. Fueron sustituyendo piezas de un reanimado normal por órganos artificiales. Pero decidieron ir un paso más allá, y crear seres completamente nuevos en base a eso.
-¿Cómo?
-Sí. Yo tampoco lo comprendí. Según me dijo el tal Victor, usaron algo llamado matriz aritificial, o algo de ese rollo, parea "crearlos" desde que eran bebés. Bueno, resumiendo. En de la cama solo era un renacido normal al principio, al que le fueron sustituyendo "piezas" por esos órganos regeneradores e incorruptibles. Pero no podían sustituirlas todas. A los dos de fuera, según fueron creciendo, tuvieron que ir operándoles para corregirles defectos, aspecto físico incluido, hasta hacerlos perfectos.
-¿Porqué molestarte en hacer a dos máquinas de guerra guapas, si lo que quieres es inspirar miedo?
-No lo sé. Solo sé que cuando tenían 8 años, este de aquí se fugó con ellos, y destruyó el laboratorio. Desde entonces han vivido escondidos aquí.
-Y si saben que veníamos a por ellos, ¿porqué el tal Victor de repente se muestra tan amigable con nosotras?
-Porque ya no le veo el sentido a esconderse.-dijo apareciendo por la puerta.-Perdón si interrumpo.
-Es tu casa, es tu padre.-le dijo Fortune sin girarse a verlo, aún observando el cuerpo.
-Explícate.-inquirió Katarina.
-El único motivo por el que mi padre creó ese ejército, es porque estaba convencido de que nunca dejarían de venir a por nosotros. Y así fue. Solo podíamos salir de la isla para sacar los cadáveres de las aguas para mi padre, y cuando robábamos en algún lugar utensilios médicos para sus operaciones y demás, en otras islas. Siempre de noche, y siempre evitando a todos. Hemos vivido aislados toda nuestra vida. Pero ahora nuestro padre ha muerto, y nadie sabe que aspecto tenemos.
-Dame una sola razón.-dijo Fortune al fin mirándole.-Dame una sola razón por la que no te haga dudar del hecho de que no te entregaremos a ti y a tu hermana a Mundo. Dame la razón que tienes para fiarte de nosotras.
-... No la tengo. Después de que me dijeses que no conocías de nuestra existencia, simplemente... me he fiado.
-Podría estar mintiéndote.
-... Sí, podrías. Pero supongo que ya no hay marcha atrás.-dijo apartando la mirada de nuevo.
Miss Fortune le sonrió, se acercó, y le dio un par de palmaditas en el hombro.
-Bien. Si no te molesta, y aunque te molestase, vamos a tener que entregarle el cadáver de tu padre a Mundo. Así que nos vendría bien que tú y tu... hermana, nos ayudaseis a cargarlo. Luego, cuando lleguemos a puerto, ya veremos que hacer.
Fortune le pasó de largo, y Katarina la siguió. Victor no estaba seguro de haber tomado la decisión correcta, pero tampoco había mucho más que hacer. No quería vivir toda su vida aquí atrapado, y sabía que su hermana tampoco.
Miss Fortune no estaba sorprendida por el hecho de que Mundo le hubiera ocultado la verdad, pero sí por lo que había descubierto. El hecho de crear vida de carne y hueso artificialmente, era algo nuevo para Valoran. Toda la vida artificial siempre fue mágica, pero para cuerpos de materiales artificiales. ¿Pero crear seres vivos de aspecto y comportamiento completamente humanos? Aquello resultó... perturbador.
El cuerpo de Adán ya descansaba en la bodega. Mientras Victor y Lilith observaban la isla a la que llamaban hogar desde popa alejarse, los marineros supervivientes les observaban con recelo. Solo Miss Fortune, Katarina y Rafen, al que informaron luego, conocían su auténtica naturaleza, y le habían ordenado a la tripulación que no hicieran preguntas y los dejasen en paz.
Solo Malie no hizo caso.
Cuando Victor se decidió a bajar a la bodega para despedirse de su padre, Malie se acercó a Lilith. La cual estaba bastante relajada, la verdad. Dejaba que el viento azotara su rostro con una sonrisa.
-Hola.
-Hola, guapo.-dijo apartándose el pelo de la cara.
-Je. Desde luego sabes pelear, preciosa. Pero es una lástima que no nos dejasen acabar. Habría podido enseñarte un par de cosas.
-Lo dices como si fueras tú el que habría ganado.
-No sé como ha sido tu vida, pero sí sé como ha sido la mía. Y créeme. He estado en más broncas de las que puedes contar.
Se había colocado delante de ella con los brazos cruzados, mientras Lilith apoyaba su espalda sobre la baranda.
-¿De veras? ¿Y de cuantas de ellas has salido airoso?
-De casi todas.
-El casi es lo que cuenta.-dijo golpeándole la nariz con el dedo.
Malie sacudió la cabeza y se frotó su sensible nariz de tiburón.
-Además.-prosiguió, dándose la vuelta para apoyarse de frente sobre la baranda.-No era así como quería que acabase nuestro encontronazo.
-¿Y como pretendías que acabase, hermosa?-dijo Malie, observando su trasero con una sonrisa.
Lilith se dio la vuelta y le sonrió.
Miss Fortune había dejado el timón a Rafen, mientras comenzaba a examinar el barco ahora que anochecía. Su nueva contramaestre, Katarina, le esperaba para hablar.
-¿Y que vamos a hacer?
-Entregar el cuerpo, cobrar el dinero, y que luego esos dos hagan lo que quieran.
-¿Y si pregunta por ellos?
-Le diremos que no sabemos de lo que habla.
-Mundo se dará cuenta de que le hemos engañado.
-Él lo hizo primero.
-¿De veras crees que no tomará represalia alguna?
-Que lo intente. Será divertido.
Katarina negó con la cabeza, pero sonriendo.
-Buenas noches.-dijo despidiéndose de la capitana.
Aquel había sido un buen día, por difícil que fuera, y pese a las bajas. Le llamaba la atención Victor. No le molestaría tenerlo cerca por un tiempo. Pero aquella noche, tenía necesidad de algo distinto. Algo...
Fue entonces cuando un incidente en cubierta le llamó la atención.
Un muchacho, más joven que ella. Precisamente aquel al que le había lanzado un beso en la cantina. De complexión delgada, al cual la pubertad no parecía haberle golpeado del todo, pero de facciones agradables, y aún en forma. Rodeado por otros miembros de la tripulación, mientras fregaba la cubierta. Él intentaba hacer su trabajo intentando ignorarlos, pero le patearon el cubo.
-Venga. Se más hombre. ¿No vas a hacer nada?-le retaba uno.
El chico permanecía en silencio, aguantándose su enfado con paciencia. Sabía que solo le darían una paliza si respondía. No conseguiría ganarse su respeto así.
-Déjalo. Debería irse. Está claro que ni ha tocado mujer. ¿Cómo va a saber nada del mar?
-¿En serio?
Algunos de los hombres se dispersaron al escuchar la voz de su capitana. Ellos y el chico la observaban, mientras sonreía.
-¿En serio que no has tocado mujer?-dijo quitándole la fregona de la mano, y pasándosela a otro.
Suponiendo que la capitana iba a sumarse a su humillación, los hombres rieron, y el chico se encogió aún más.
-Responde, muchacho.-le insistió.
-No, capitana.-dijo en voz baja.
-Bueno. Pues entonces, habrá que hacer algo al respecto.
Le cogió del rostro y se lo alzó, antes de plantarle un beso. Se lo tomó con calma, y le pasó los brazos por encima de los hombros, mientras degustaba sus labios.
El chico no supo como reaccionar, pero la habilidad de la capitana hizo que se dejase llevar, y cerró los ojos, cogiéndola tímidamente por la cintura.
Acabó separándose de él, quedando el muchacho un poco atontado. Pero no tanto como lo estaban los hombres de su alrededor.
-Ven conmigo.-dijo tirándolo del brazo.-Tu capitana necesita que alguien caliente su cama esta noche.
Los hombres solo salieron de su estupor cuando la puerta del camarote se cerró.
-¡Ja! ¿Lo veis? ¡Os dije que era una puta! A este paso todos tendremos una noche con ella.
-Quizás. Pero esta noche, tú eres el que friega.
Esta vez cambiaron del objetivo de sus burlas, y se dispersaron, dejando malhumorado al hombre de la fregona.
Antes de irse a dormir, Katarina quiso examinar el cadáver, por seguridad. Victor seguía allí. La contramaestre apoyó su farol sobre un baúl, y se sentó a su lado.
-Hola.
-... Hola.
Permanecieron en silencio unos segundos, antes de que Katarina decidiese preguntarle algo.
-Sé que no es asunto mío, pero, una vez lleguemos a tierra, ¿qué pretendes hacer?
-¿Sinceramente?
-Si es posible, sí.
-... No lo sé.
El silencio volvió a caer brevemente.
-Evitaba pensar en que haría al irme de la isla, porque me producía sufrimiento, y me daba la sensación de que mi padre viviría eternamente. Pero ahora... no lo sé.
-Pues parecías muy motivado a ello cuando estábamos en la isla.
No respondió.
-Mira.-prosiguió Katarina.-La incertidumbre es normal. Es hasta buena. Así que no te comas la cabeza por ello, ¿vale? Ya te surgirá algo, o te vendrá a la cabeza. ¿No hay nada que te guste hacer?
Victor recordó cuando encontró a Fortune, y lo aliviado que se sintió al ver que había aprendido bien de las artes médicas de su padre al verla despertar.
-Bueno...
-Era una pregunta retórica. No hace falta que respondas. Buenas noches.
Victor miró hacía atrás cuando se levantó, y le vio coger una botella de ron de una caja, a la vez que el farol, volviendo a dejarlo a oscuras y a solas, junto al cuerpo de su padre.
Fortune cabalgaba al muchacho, pero no gimiendo de placer como con Malie. Si no observando con detenimiento la expresión de placer del joven.
Había noches en las que le apetecía que un tipo y grande y fuerte como Malie se forzase dentro de ella. ¿Pero otras?
Otras prefería ser ella la que mandaba. Y tenía taaaaantas cosas que enseñarle a aquel muchacho.
Hasta que le sintió correrse.
-¿Ya?-preguntó decepcionada.
-Lo... lo siento, capitana.
Claro que eso también traía sus problemas.
Suspiró resignada, y se apartó. Se tumbó a un lado de la cama, y se cubrió con sus mantas.
-Anda, vete.
-A... ¿Ahora?
Le echó una mirada por encima del hombro.
-¿No pretenderás quedarte a dormir aquí, verdad?
No supo que responderle.
-Coge tu ropa y vete.-volvió a acomodarse.
No pudo evitar mirar de reojo al muchacho mientras se iba, y se le ocurrió que si le veían saliendo tan pronto, se darían cuenta de lo que había pasado. Así que decidió apiadarse de él.
-Sigh. Espera.
El muchacho se detuvo justo antes de abrir la puerta. Miss Fortune encendió un par de velas, se subió las bragas, y sacó una botella de ron del bar.
-Puedes quedarte 30 minutos.-dijo descorchandola con los dientes.-Puff. Luego puedes inventarte lo que quieras sobre lo que hemos hecho. Es tiempo más que suficiente.
Se sentó en su silla, junto a la mesa, y se quedó mirando al muchacho, que seguía de pie.
-Sienta.-le ordenó.
El muchacho le hizo caso, y se sentó frente a ella, obviamente incómodo. Fortune le pasó la botella después de darle un trago. El muchacho dudó un poco, pero tras beber, comenzó a toser como si le picase la garganta.
-Desde luego.-dijo quitándole la botella.-No pareces de Bilgewater, muchacho. ¿Cuál es tu nombre?
-Ahm, Bill.
-Je. Como no.-dijo volviendo a beber.-¿Y que te trajo a mi barco, Bill?
-Bueno, usted tiene buena fama, y ofrece buena paga.
-No te pregunto eso. Lo que te pregunto es que haces en un barco cuando resulta obvio que no te sientes cómodo aquí.
El muchacho miró hacia otro lado.
-Contesta.
-Mi padre... mi padre es rico. Pero decía que era un inútil, y que si quería ser su heredero, debía valerme por mi mismo primero.
-Oh. Interesante. ¿Y como de rico es tu padre.
-Bueno... gana bastante dinero con la tienda de...
-Vamos, que no tiene tanto como dice.
Fortune decidió ignorarlo a partir de entonces. Estaba claro que no iba a decirle nada interesante.
Y habría seguido ignorándolo, de no ser porque notaba como le miraba de reojo de vez en cuando.
-¿Qué? ¿Es que nunca has visto una mujer desnuda? Ah, no. Es cierto.-dijo riéndose, antes de volver a beber.
-Oh, no. No es eso.
Miss Fortune le miró seria.
-Si quieres preguntarme algo, hazlo ya, Bill.
-Es que no es asunto mío.
-Pero asumo que lo es mío.
-... ¿No... no le preocupa lo que digan de usted? Me refiero, a la fama que tiene sobre...-se señaló a él y a ella.
Fortune sonrió. Que tierno era. Se levantó de su silla, fue junto a él, y se sentó de lado sobre sus piernas, pasando un brazo por detrás de su cuello. Tras dejar la botella sobre la mesa, le apretó un moflete, haciendo que el muchacho sintiera aún más vergüenza aún.
-Bien, Bill. Si mañana comenzase a decirse de ti que has estado con mil mujeres, ¿eso te haría quedar mal, o bien?
-Bueno, respeto a tipos como los de fuera, supongo que bien.-dijo dejando una mano sobre el muslo de ella.
Mano que Fortune le apartó, poniéndole mala cara.
-Perdón.
-Mira, si eso es cierto, ¿porqué debería ser distinto conmigo? Si se dice que para vivir, un hombre debe comer, beber...-dio un profundo trago de la botella.-... ¡Ah! Luchar, y follar, ¿qué tiene de malo que una mujer decida hacer lo mismo?
-Vi... visto así.
Le dio un par de palmadas en la mejilla, y se levantó. Pero en vez de volver a su sitio, fue hasta el ventanal de la galería, y se quedó observando el mar mientras bebía.
El chico volvió a quedarse mirándola.
-Es... es usted muy distinta a como me esperaba.
-¿Y como te esperabas que fuera?-le respondió sin mirarle.
-No... no sé. Me la imaginaba más seria, más disciplinada. Al menos por lo que oí de algunos.
Fortune se giró para verlo.
-E-Es lo que he oído.
-No. Es que hoy el hombre tiburón me dijo algo muy similar, pero al revés.
-Pero es incluso más hermosa de lo que decían.
Se sorprendió por aquel piropo inesperado, y el chico parecía sorprendido por haberlo dicho. Se quedó mirando al suelo, y Fortune comenzó a reír.
-¿Sabes que, Bill?
Volvió a sentarse sobre sus piernas. Pero esta vez de frente. El muchacho estaba muy sonrojado.
-Solo por eso, te voy a dar otra oportunidad.
Le abrazó y besó dulcemente, y Bill volvió a posar las manos sobre su cintura. En ese momento, Fortune apartó sus labios, volviendo a dejar al chico un poco embobado.
-Primera lección. La mayoría de las chicas van a depender de que tú lleves la iniciativa, así que no tengas miedo de meter mano.
Dicho esto, le movió el brazo derecho para que envolviese su cadera con él, y la mano izquierda se la subió hasta la nuca, indicándole que se la sujetase.
-Muy bien. Ahora atraéme hacia ti. Pero sin miedo, ni vergüenza. Imagina que soy la chica de la floristería, o la del balcón de la casa de al lado.
Volvió a besarle. Esta vez el chico fue más vigoroso con sus labios, y con sus manos, comenzando a moverlas de sitio, acariciando distintas partes de su cuerpo. Fortune volvió a separarse.
-Muy bien. Ahora agárrame por el trasero, cárgame hasta la cama, y luego déjame caer sobre ella.
Comenzó a besarlo de nuevo. Bill hizo como le pidió, no sin algo de dificultad. Pero cuando llegaron hasta la cama y la soltó, la observó, y no tuvo problema ni miedo a abalanzarse sobre ella.
-Eso es...-dijo Fortune en una pausa entre sus besos.-Toma la iniciativa.
Pero esta vez, no pudo ni bajarse los pantalones para que pasase.
-... Venga ya. ¿Otra vez?
-Lo... lo siento mucho capitana.
-No, no. Olvídalo. Si debería tomármelo como un halago, más que nada. Bueno. De todas formas, ya ha pasado suficiente tiempo. Sal, y cuéntales lo que más te convenga.
El muchacho comenzó a vestirse, un tanto entristecido. Cuando se dirigía a la puerta, Fortune le interrumpió.
-Ah, espera. Se me ocurre una cosa para hacerlo más creíble.
Pasó las manos por su melena, deshaciéndose el pelo y creando una maraña con él. Luego, sacó una sábana de la cama, y se envolvió con ella.
-Muy bien. Ahora sal, y deja la puerta abierta. Sígueme la corriente, y diga lo que diga, niégate.
El muchacho no comprendía, pero hizo como le dijo. Al salir, vio como las miradas de sus compañeros aún en cubierta se clavaban en él. No había avanzado ni unos metros, cuando...
-¡Espera, por favor!
Fortune asomó por la entrada de su camarote, con las pintas mencionadas.
-Este ha sido el mejor sexo de mi vida. Por favor, no te vayas aún. Pasa la noche conmigo.
-Ahm... lo... lo siento, yo... me esperaba algo mejor.-dijo no muy seguro.
-¡¿Qué?! Pero... pero me darás otra oportunidad, ¿no? ¿Volverás?
-Lo siento, pero... no.-soltó la última palabra con más fuerza.
Miss Fortune se llevó la mano a la boca pareciendo que iba a llorar. Cerró la puerta, y se apoyó contra ella. Cuando se descubrió la cara, lloraba de la risa.
-¡Ja, ja, ja, jaaa...! ¡Qué cara ponían!
Podía escuchar a los demás coreando el nombre de Bill. Que simples son los hombres.
Miss Fortune tenía la sensación de que su vieja yo aún no se había ido del todo.
