5.

La Ceremonia de Iniciación

-Tú, el del peinado ¿Puedes tenderle la mano a la niña antes de que caiga al vacío?-

Un fuerte tirón de brazo hizo que Artemis despertara. La mitad de su cuerpo estaba suspendido en el aire y había sido tal la sorpresa que no atinó ni siquiera a mover las piernas, se le congeló todo, hasta el corazón. Se puso estática como una piedra, mirando con los ojos graves al niño que trataba de ayudarla y que por alguna razón tenía una parte de la mejilla pintada de negro.

-No te pongas dura- pidió el niño, tirando de ella hacia adentro.

Su mano se resbaló del brazo de Artemis a la muñeca y de ahí a sus dedos.

Gritó y su respiración empezó a acelerarse más y más. Intentó tomar la mano del niño con la otra, pero sus movimientos eran demasiado bruscos.

- ¿Estás loca? Me vas a botar a mí también-

-No me sueltes-

-No puedo aguantar más ¡Profesor!-

- ¡Aguanta!- suplicó Artemis

-Profesor!!

-Windgardium leviosa-

Artemis sintió que sus pies tocaban algo tan duro como el suelo, pero aún así no se soltó. Su cuerpo empezó a hacerse más y más ligero y de pronto volaba con los dedos del niño firmemente sujetos hasta su lado, hasta sentarse en una alfombra roja bastante suave y grande. A su alrededor habían muchos niños con las mejillas pintadas de negro que la miraban con los ojos bien abiertos, algunos susurraban y una niña rubia la miró de abajo a arriba antes de poner sus ojos en blanco y volverse.

-Ya estás a salvo- le dijo el hombre que la apuntaba con una varita. Era el único adulto sobre la alfombra, estaba sentado delante de todos, mirándolos, con la espalda al vacío. Tal vez por eso le pareció tan temerario. Sus ojos eran grandes y una cicatriz le cruzaba el derecho, desde la frente hasta la mejilla.

Artemis asintió agradecida y avergonzada, porque todos seguían mirándola.

Bajó la cabeza.

Por eso sentí el viento. Por eso tuve ese sueño raro de estar encima de una roca con el viento, pero era casi viento. Por eso lo tuve, porque estaba en el aire, nada más que por eso. ¿Qué hacemos aquí¿Qué hora es? Todo está oscuro… debe ser madrugada. Estamos volando en una alfombra mágica, volando de verdad. Todos están vestidos de negro y tienen las caras pintadas. Yo estoy vestida de negro.

Tenía el vestido negro puesto y sobre él la capa que su tío había mandado hacer a los Borodin, unos guantes negros enormes que le llegaban hasta la axila, y alguien había pintado la mitad derecha de su cara con líneas gruesas que parecían enredaderas con espinas y su ojo estaba enmarcado con una gran medialuna.

¿Quién había hecho todo eso?

Mi venda.

Lo último que recordaba era haber entrado a la carroza… ¿Quién la había cambiado? ¿Cómo sabían que tenía su vestido negro dentro del baúl? ¿Habían revisado su baúl? Habían visto sus cosas viejas y gastadas ¿Y sus vendas? Sus vendas también estaban viejas y gastadas y seguramente quien las había visto las había botado. No. No… sus vendas eran necesarias, no podía tener los guantes hasta las axilas para toda la vida… No… si la habían cambiado… su venda… su brazo. Le habían visto el brazo. Me han visto el brazo, mi venda, mi marca. Su cicatriz, habían visto la cicatriz. Alguien en esa escuela sabía que tenía la cicatriz, alguien en esa escuela pensaba que ella era una de ellos.

Se volvió inmediatamente a su brazo derecho y bajó un poquito el guante, un poquito más, pero no tanto como para que se note la cicatriz, suave. Mirando a los lados, que nadie la viera, ya nadie la veía. La venda vieja seguía ahí, firmemente amarrada a su bracito. Suspiró.

-De nada- le dijo el niño que estaba a su lado, como respondiendo a su suspiro.

- ¿Qué?- Artemis lo miró bien por primera vez, tenía un peinado gracioso que hacía ver su cabeza más grande- ah… sí… ¿Qué pasó?-

-Te chorreaste como gelatina-

-Nadie se dio cuenta de que estabas dormida- le dijo una niña, a su lado- ¿estás bien ahora? ¿No estás asustada ni nada? Si quieres te puedo cambiar de sitio, para que no estés tan cerca al borde, porsiacaso te vuelves a quedar dormida… es comprensible, creo que son las tres o cuatro de la mañana, yo también estoy dormida a esta hora normalmente, pero hay algo en el aire helado que no me deja cerrar los ojos. Si te da vértigo, puedes hacer lo que yo hago, mirar fijamente la cara del profesor y nada más-

Artemis asintió.

- ¿Sí te quieres cambiar de sitio entonces?-

-No, está bien-

Porque el sueño bonito ya había terminado.

-Me llamo Sami- la niña que le había hablado de la nada le sonrió ampliamente.

-Artemis-

-Ya que todos están restablecidos, continuemos con el recorrido- el profesor llamó la atención de los nuevos y Sami, que quería decir algo, cerró inmediatamente la boca- hemos pasado el bosque que cuida uno de los flancos de la escuela y en este momento estamos justo encima del claro principal- todos miraron al vacío, excepto Sami que seguía con los ojos clavados en el profesor. Primero se oyeron muchas exclamaciones ahogadas y luego, por casi un minuto, nadie respiró- lo que seguramente les ha quitado el aliento es el Castillo de Goldenwand- en efecto, un castillo de piedra que parecía plata a la luz de la noche- llamado también el Castillo Joven, porque fue construido muchos años después de que el primero, el Castillo Viejo, que vieron con dificultad entre la espesura del bosque, fuera destruido en batalla. Si prestan atención notarán que hay una torre en especial que parece no terminar nunca- señaló con su varita y un haz de luz iluminó la torre referida; en efecto, iba muchos metros más arriba que las otras torres- es el Mirador de Valthemoon- todos hicieron ohhhh, incluso Artemis, pero sin saber por qué- En la antigüedad, Goldenwand era protegido por tres señoríos debido a los constantes ataques, cada señorío agrupaba a magos que tenían características muy similares entre ellos y que se dice eran en un principio de tres familias distintas. Cada señorío se instaló en una parte del Castillo, para vivir y proteger. El Mirador corresponde al señorío de Valthemoon, que estaba dedicado al estudio de todo lo que los rodeaba, pero sobre todo de lo que tenía que ver con el cielo y los astros. Grandes magos astrónomos, científicos y pensadores fueron los Valthemoon, las mentes detrás de la acción-

La alfombra voló suavemente unos metros más allá. Todos los ojos estaban puestos sobre el Mirador de Valthemoon cuando el profesor llamó nuevamente su atención.

-Este es el Gran Lago y lo que ven al centro es el señorío de Stormenhand- Artemis se volvió hacia lo que parecía un castillo pequeño en una isla, unida al resto de la escuela por un camino angosto bordeado con lucecitas- El señorío al que tenían que derrotar los enemigos para poder ingresar al castillo. Se dice que los Stormenhand eran excelentes nadadores y que construyeron túneles submarinos que se conectaban con todos los puntos de la escuela- el profesor sonrió de medio labio- personalmente, creo que es una leyenda para explicar la maravillosa capacidad que tenían para distribuirse en todos los puntos de defensa en el tiempo mínimo. Al ser los defensores inmediatos, los Stormenhand estaban obligados a ser rápidos, silenciosos y eficaces- por un segundo a Artemis le pareció que el profesor miraba al castillo con nostalgia- magos y brujas muy… capaces han pertenecido a este señorío- con un movimiento brusco de cabeza, dirigió una mirada amplia a los alumnos nuevos- ¿miraron lo suficiente? es hora de que volvamos al Castillo, el recorrido ha terminado-

Artemis frunció el ceño, se había perdido mucho del recorrido por estar durmiendo. Sin embargo el sueño le había parecido muy corto. Sin embargo, lo corto le había parecido muy largo.

Una mano se alzó.

-Perdón, profesor, dijo que eran tres familias las que vivían y protegían Goldenwand y solo hemos visto dos-

-Exacto, porque la tercera familia, Darkenlord, no se muestra a nadie más que a sus miembros y solo estos saben donde están sus instalaciones y qué forma tienen. Fue la manera que encontró el jefe de la familia Darkenlord para defender el Castillo, esconderse adentro y atacar por sorpresa, porque que tuviera que pelear significaba que las defensas de Stormenhand habían sido derrotadas. Se volvieron muy buenos para poner trampas, ocultar y aparentar. Sus magos son muy sagaces y muy leales, capaces de guardar un secreto aunque les cueste la muerte-

La palabra muerte desató el murmullo general, que no cesó hasta que la alfombra se detuvo a unos centímetros del suelo, cerca de las escaleras de la entrada principal del Castillo. Artemis se puso de pié inmediatamente y Sami junto a ella, se miraron con emoción y bajaron juntas de la alfombra saltando por la parte de atrás.

- ¿Cómo crees que hayan conseguido esta alfombra voladora?- preguntó Sami, en voz baja

Artemis se encogió de hombros.

- Porque el comercio de alfombras voladoras ha sido prohibido hace bastante tiempo por la Confederación de Magia, o sea que no solo en el país… tal vez el director consiguió un permiso especial y la puede tener pero bajo condiciones restringidas, como usarla solo una vez al año y con supervisión de un profesor capacitado, o tal vez un número limitado de estudiantes sobre ella…- Sami y los demás dejaron de hablar cuando vieron a dos grupos más de alumnos aterrizar con sus alfombras junto a ellos. Eran más nuevos, porque también tenían las caras pintadas y estaban todos vestidos de negro.

-Número limitado de estudiantes- repitió Sami, orgullosa- ¿tienes una pluma?- Le preguntó a Artemis.

-No-

Las puertas del Castillo se abrieron con solemne pesadez.

-Bienvenidos a mi hogar- dijo el profesor que había estado en la alfombra, cuando llegó a la entrada, dirigiéndose a todos- soy el profesor Polux Altair; la Ceremonia de Iniciación dará inicio en breves momentos. Por favor, colóquense las capuchas sobre las cabezas y traten de no atropellarse-

Con un movimiento gentil del brazo los invitó a entrar. Artemis empezó a caminar lentamente, con un temblor extraño en las rodillas. Ella y Sami fueron las últimas en entrar, tras ellas, las puertas se cerraron con fuerza y no pudieron evitar dar un respingo.

El profesor Altair caminaba tan rápido que los alumnos encapuchados estaban obligados a casi correr para seguir su paso, de manera que no tuvieron la oportunidad de ver más que la capa flameante del profesor en todo el recorrido.

Una sensación extraña se apoderó de Artemis y casi le dieron ganas de preguntarle a Sami si sentía lo mismo, una especie de retortijón en el estómago, como los que le daban cuando algo malo iba a pasar. Un presentimiento, pero también tenía la impresión de que estaba huyendo de algo, que había algo detrás de ellos peligroso y por eso tenían que correr y por eso tenían que tener las capuchas puestas, para protegerse.

Todo se esfumó cuando el profesor Altair abrió las puertas de un salón de golpe y el brillo que había adentro los dejó sin aliento.

Poco a poco iban avanzando y poco a poco la luz se hacía más y más fuerte y más y más cálida. Un calor acogedor se extendió por todo el cuerpo de Artemis, incluso por dentro, cuando estuvo dentro del salón.

Era maravilloso.

Las paredes y el techo parecían ser de oro y eran completamente lisas, sin cuadros o brocados o cualquier tipo de decoración. Solo oro. Contrastando, el piso era muy negro, como si estuvieran parados sobre un abismo que a Artemis no le causó mucha gracia y evitó ver, en su lugar, se fijó en la enorme mesa que había delante de ellos, larga y cubierta con un mantel morado oscuro. Sobre ella no habían cubiertos ni platos, solo un cáliz maltrecho de acero oxidado, que no tenía nada que ver con todo lo demás de esa habitación.

Detrás de la mesa había muchas sillas, pero las tres del centro eran las más grandes y las ocupaban una mujer joven de cabello negro, un hombre bastante viejo que parecía Papá Noel y otro hombre de edad indescifrable, que parecía muy cansado.

También había tres personas a los lados de los alumnos nuevos, cada una cargaba un estandarte con un escudo distinto y por la edad, Artemis supuso que eran estudiantes de los grados superiores, vestían una larga túnica negra que tapaba todo lo que podían traer abajo y capuchas que a penas dejaban ver sus rostros.

El hombre que se parecía a Papá Noel sonrió y automáticamente todos le prestaron atención.

-Bienvenidos a nuestro hogar, que es ahora también su hogar-

Los estandartes golpearon tres veces el suelo.

- ¡Alumnos nuevos!- Alguien se puso de pié tras Papá Noel, era un hombre de ojos chiquitos y cabello gris corto, su barba era más larga, puesto que le llegaba hasta el pecho- mi nombre es Theodore Hamal y soy el director de la escuela Goldenwand. Es un honor para mí recibirlos y espero que amen a esta escuela tanto como todos los que estamos aquí. La Ceremonia de Iniciación ha comenzado-

Nuevamente los estandartes golpearon el suelo tres veces y al terminar la última, los alumnos tiraron de sus túnicas y descubrieron sus uniformes brillantes.

-Cuando escuchen su nombre- el profesor Altair habló- se adelantarán hasta el cáliz, que contiene un pigmento transparente, e introducirán su mano unos segundos, el color que tome el pigmento definirá la familia a la que pertenecen. Si es amarillo, a Valthemoon- uno de los estandartes golpeó el suelo, lo portaba una chica que tenía un vestido amarillo hasta la rodilla, de mangas largas y anchas, un cordón plateado en el pecho y un escudo donde este terminaba- si es blanco a Darkenlord- quien golpeó el suelo con su estandarte fue un chico vestido completamente de blanco, que en lugar de pantalón llevaba una falda larga, tenía un cordón dorado y un escudo diferente- y finalmente, si es negro, a Stormenhand- un golpe más, hecho por otro chico, de morado, también con falda y cordón plateado- Cuando sepan a que familia pertenecen, podrán quitarse las capuchas y colocarse detrás de los Delegados.

- ¿A donde crees que vayamos?- susurró Sami a Artemis.

-No tengo idea- admitió, mirando a cada uno de los estudiantes.

Valthemoon, el del Mirador, Darkenlord, el oculto y Stormenhand, el de la isla. ¿A cual podría ir?

-Alya, Hypatia-

Una encapuchada se hizo camino entre los demás y llegó torpemente al cáliz, metió la mano temblorosa y cuando la sacó, su mano estaba embarrada del pigmento que había adquirido un color amarillo encendido.

-Valthemoon-

El estandarte golpeó el piso dos veces, la niña dio un respingo que hizo que se le bajara la capucha y caminó con recelo hasta su Delegado.

Valthemoon... ¿qué se sentiría el haber sido aceptado en esa familia? Valthemoon. El profesor Altair había insinuado que era la familia de los inteligentes, de filósofos. Artemis nunca se había considerado tan inteligente...

-Artemis, te llaman- susurró Sami.

- ¿Qué?-

-Black, Artemis-

Se hizo paso con dificultad entre todos los alumnos nuevos y seguramente alguien le dio un codazo en la cabeza sin querer, porque cuando llegó ante el cáliz se sentía extrañamente mareada. Avanzó con cuidado y metió su mano en el pigmento transparente.

Raro, los cuchicheos se habían detenido de golpe, mientras el mareo se hacía más y más fuerte. Artemis aguzó el oído, acababa de oír a alguien susurrando.

-No Slytherin, no Slytherin-

Y la imagen de un niño con un sombrero viejo casi tapándole los ojos, sentado sobre un taburete apareció ante ella.

Parpadeó y un sacudón la hizo buscar apoyo. Cerró los ojos unos segundos y cuando los abrió vio a los profesores de la mesa mirándola extrañados. La mujer que estaba en la silla grande casi se paraba a ayudarla y Papá Noel le preguntó como estaba. Artemis no respondió, solo sacó la mano del cáliz.

-¡Stormenhand!-

El Delegado de Stormenhand golpeó dos veces el piso, Artemis se quitó la capucha de encima y caminó atontada hacia él.

¿No Slytherin? ¿Qué era Slytherin? Nunca había escuchado ese nombre, pero la voz le parecía familiar. No Slytherin. Y ¿quién era ese al que había visto? Por que no había podido verle bien la cara, la tenía casi cubierta por un sombrero viejo enorme. ¿Había sido un recuerdo? No había estado en una situación así antes y si lo hubiera hecho, por qué se le ocurría acordarse de eso en ese momento tan importante?.

-Marianne, Hanna-

Justo cuando levantó la vista, los ojos de Artemis se cruzaron con los de la niña rubia que la había visto mal en la alfombra y la miraba igual que entonces, como si acabara de arruinar su fiesta de cumpleaños.

-Darkenlord-

No Slytherin, no Slytherin. No pudo quitarse la voz del niño de la cabeza durante toda la ceremonia, solo unos segundos cuando llamaron a Sodeburg, Sami y fue seleccionada para Valthemoon. Entonces sintió una pena rara, una especie de desilusión, porque esperaba tener a Sami cerca más tiempo.

-Schnuppermault, Saba-

No Slytherin, rogaba. Parecía muy importante.

-Stormenhand-

El Delegado golpeó al piso dos veces y Artemis se sobresaltó. Miró al frente justo en el momento en el que el chico se quitaba la capucha del rostro y se quedó estupefacta por unos segundos, mirándolo, como el resto de las personas que ocupaban el salón.

Una especie de luz salía de su rostro y de sus manos, seguramente de todo su cuerpo pero era lo único que podía ver Artemis. Como si tuviera un reflector incorporado y le pareció extraño no haberlo notado antes.

Era el chico que brillaba y todo el mundo lo había notado. Los alumnos se hacían al lado unos a otros para poder verlo mejor y las chicas parecían ser las más interesadas, incluso la Delegada de Valthemoon volvió completamente su cabeza para ver a Saba Schnuppermault. Él parecía no darse cuenta y cuando se unió a las filas de Stormenhand, Artemis oyó suspirar a un par de chicas que estaban tras ella.

Tres chicas más fueron seleccionadas, dos para Darkenlord y una para Valthemoon y la selección terminó. El profesor Altair se llevó el cáliz del salón y quien tomó la palabra fue la profesora que estaba sentada en una de las sillas grandes.

-Bienvenidos a nuestro hogar- les dijo- los felicito por haber soportado la Ceremonia de Iniciación, sé que están cansados y por eso seré breve- se tomó unos segundos para salir de la mesa y pararse frente a los alumnos- ahora les presentaré a sus tutores, los jefes de cada familia, son quienes se harán responsables de ustedes por toda su vida escolar, sus padres dentro de esta institución-

Todos asintieron.

-Profesor Gamma- el profesor que estaba al otro lado de Papá Noel se puso de pié y a Artemis su caminar le pareció tan cansado como su apariencia, pero cuando miró a todos los alumnos, una corriente extraña pasó por su columna- tutor de Vathemoon-

-Profesor Viper- un hombre alto y muy derecho se acercó lentamente desde la mesa de profesores hasta la profesora y con el mismo paso lento, hacia los alumnos- tutor de Darkenlord-

-Y yo, la profesora Gabrián, seré la tutora de Stormenhand- su rostro estricto se suavizó un poco con la sonrisa de medio labio que le dedicó a sus alumnos. Artemis pensó que la profesora se veía más vieja cuando fruncía el ceño y les hablaba como les había hablado, pero que realmente era joven, tal vez tuviera la edad de su tío o tal vez era menor- por favor tutores, lleven a sus alumnos a sus habitaciones, la Ceremonia de Iniciación ha terminado-