Lo prometido es deuda, regresé con el sexto capítulo de la historia que pretendía ser de temporada, quizá no le queden muchos capítulos, pero trataré de volver a actualizar pronto, gracias a aquellos que se siguieron manteniendo al pendiente de esta tan cantada actualización.

Sin más, los dejo con este capítulo, que espero disfruten tanto como mi beta tester.


All I want for Christmas is you

Todo vuelve a mí ahora

Los ojos de Hermione se nublaron momentáneamente, los recuerdos se agolparon en su cabeza, por un segundo, pudo ver a Draco con un leve halo de luna en el rostro, parecía un ángel, los ojos cerrados con suavidad, el rostro relajado y esa sonrisa inconsciente, la sonrisa que ella le conocía de cada amanecer en aquel salón vacío. Reconoció aquella sonrisa en la pequeña carita sonrosada de su hijo, que había dejado de chuparse el dedo, suspirando con suavidad.

–Todo era confuso… la guerra había terminado y yo… pensé en marcharme antes de que lo hicieras tú— Draco centró la mirada en Hermione, sabía que era esa misma chica de cabellos rizados y piel tersa que había compartido tantos momentos a su lado, la misma que había respirado con disimulada calma cuando Potter salvara su vida del fuego maldito, pero algo había distinto en ella, brillaba, o por lo menos, Draco creía que la veía brillar –yo no iba a marcharme Mía, esa noche en la torre, nuestra torre, al escucharte respirar supe que era justo eso lo que quería escuchar cada día de mi vida— le dijo con franqueza mientras aferraba la mano que Hermione le había tendido.

Intercambiaron miradas intensas, miel y plata se encontraron de frente, evocando viejas memorias, aquellas que aunque se creen olvidadas, viven latentes en la piel de quienes las rememoran; una corriente eléctrica les recorrió el cuerpo y parecieron perderse exactamente en el mismo instante. Respiraciones entrecortadas, una maraña de cabellos rubios y castaños tan bien mezclados que podían parecer una sola cabeza, un cuerpo trigueño y uno pálido casi mimetizados entre sí, un delgado par de labios moviéndose rápidamente rozando una oreja con un arete en forma de rosa –te amo… te amo… te amo… te amo… te amo— repitiéndolo incansable, como si el mundo no bastara para reconocer esa simple verdad.

Volvieron a la realidad cuando el silencio decidió derribar lo que quedaba del muro que había entre ellos, se dedicaron una media sonrisa –tu estás comprometido Dray… no tenemos nada que hacer contra eso— dijo Hermione con sorna –al final, Mark y yo nos quedaremos en el mismo sitio, con nuestra vida y tu…— Draco la hizo guardar silencio con la punta de un dedo en sus labios –Mía, ahora hay un motivo para que aunque Lucius se retuerza, no pueda negarse… a nada— dirigió el rostro en forma ensoñadora hacia el pequeño niño que comenzaba a desperezarse –hola amigo… yo soy tu papá, aunque eso es un hecho que lo sabes— dijo al niño, que había fijado sus enormes ojos grises en él.

Mark le tendió los brazos al hombre, que sorprendido, miró a Hermione pidiéndole aprobación, un poco renuente, ella soltó las tiras de seguridad de la carreola y el niño prácticamente se tiró hacia Draco, con una risa sonora a flor de labios y una sonrisa idéntica a la de él –es como…— comenzó Draco –como verte sonreír con mis labios— concluyó ella en un susurro, para mirarlos juntos.

Parecía que el tiempo se había detenido alrededor de ellos, y por primera vez desde que supo que sería madre, se sintió en el sitio donde debía estar, aunque la razón le decía a gritos que eso no podía ser y que debía tomar a su hijo lejos de esa familia –Draco… tú sabes, tú lo sabes, sabes que es nuestro pero no puedes quedarte— masculló con tristeza; él abrazó al niño y lanzó una mirada suplicante –él quería que los encontrara Hermione, él me mostró todo, él me dejó conocerlo aún antes de entender quién era— respondió en tono herido.

Hermione se levantó y tomó al niño en sus brazos, que miró confundido aún estirando los brazos hacia Draco –Mark no se merece un padre que va a dejarlo… o peor aún, que va a separarlo de su madre— arrojó la castaña, mirando como en los ojos del rubio comenzaba a encenderse la ira –Hermione Jean Granger, en este momento, me importa muy poco lo que hayan planeado mis padres para mi vida… en este momento, todo lo que sé, es que quiero luchar por ustedes—, la chica se disponía a hablar, pero Draco no la dejó emitir palabra.

–Yo no amo a Pansy, y ella está demasiado lejos de amarme… esa mujer es de mi mejor amigo y la mujer que está hecha para mí, la tengo justo enfrente, cargando a mi hijo, todo lo que quiero es una oportunidad para demostrarte que vine aquí a pelear por ustedes, no para separarlos— concluyó apenas logrando modular el tono de voz.

Ella lo miró, tratando de adivinar como hacía antes algún tipo de treta oculta en la mirada del rubio, y todo lo que pudo hallar, fue a ese muchacho de 18 años, que le miraba con ojos de animalito extraviado y una expresión sincera de expectativa en el rostro. Sintió que las piernas comenzaban a temblarle, no quería darse el lujo de perder el control de la situación, no cuando estaba tan cerca de él, no cuando estaba volviendo a su vida, pidiendo una oportunidad.

–Yo… yo… también… te amo… te amo… te amo… te pertenezco— las palabras rebotaban como golpes de campana en su cabeza, una vez más, aquella escena, la piel de Draco envolviendo la suya, el calor de ambos fundido en uno solo, sus respiraciones agitadas subiendo y bajando al mismo compás y esos labios, esa voz en su oído… no podía intentar negarlo siquiera y sabía que el mundo era muy pequeño para poder guardar tan enorme verdad. –Es sólo que… tengo miedo, mucho miedo— susurró la castaña, dejando al rubio con la boca abierta y las armas caídas ya que jamás esperó esa respuesta.


Estoy consciente de que incurrí en una violación al reglamento de ffnet, sin embargo, no fue por realmente desear faltar al reglamento, sino que de plano, me resultó imposible quitar la nota de autor hasta ahora.

Hija de la noche, Karyta y Margara, mil gracias por la paciencia que tuvieron y la solidaridad mostrada espero que el capítulo haya sido de su agrado.

Sigrid, como de costumbre, poniéndome el jalón de orejas, pero en verdad, cuando el karma ataca, lo hace en serio y sin tentarse el corazón, pero ya estoy de vuelta.

J. Saiph Lestrange-Black.