Capítulo 6
-¡Bienvenida a tu casa!- dijo Mary al abrir la puerta de la casa. La casa de la que Emma salió para irse a vivir a una residencia en su época de universidad. Cuando se licenció, alquiló su propio apartamento, del cual también salió cuando la empresa creció y las condiciones mejoraron años después, mudándose para su propio ático en el Upper East Side.
-Dicen por ahí que no hay lugar mejor que nuestra casa. Aunque esta no sea la mía...
-Esta casa nunca dejará de ser la tuya- David la miró de un modo que la hizo sonreír -¿Necesitas ayuda?
-De momento estoy bien, gracias, papá- David asintió y llevó a su antigua habitación la bolsa con sus ropas limpias que habían cogido de su apartamento así como todo lo demás que iba a necesitar para la semana en casa de sus padres.
Emma caminaba apoyada en sus muletas para no necesitar la ayuda de nadie cuando quisiera levantarse de la cama o de donde fuera. Agradecía cada cinco minutos a todas las divinidades que pudieran existir haber salido de ese lugar que Regina llamó de cárcel, ya que realmente parecía estar en una. Pero hubo algo bueno en todo eso.
-Te voy a preparar un rico almuerzo
-Me parece mentira no comer más la comida del hospital.
-Y sobre eso, también vamos a conversar de algunos asuntos pendientes, señorita Swan- Mary cambió su expresión a una más seria.
-Aún temo cuando hablas así
-Pues me parece bien- entrecerró los ojos, pero al momento volvió a sonreír a la hija que le devolvió la sonrisa -Siéntate en la cocina para que me hagas compañía.
Emma se puso de pie usando todo su equilibrio y acompañó a la madre a la cocina, y se sentó en la silla que ya ella había colocado para la hija.
-¿Qué me tienes que decir?
-Es sobre Killian- dijo Mary mientras se movía cogiendo los ingredientes y los utensilios del armario
-No tengo nada que hablar sobre él
-Le diste una patada en el culo, sin más ni menos, hija- se apoyó en la encimera mirando a Emma
-Si no sintieras absolutamente nada por papá, y solo fuera la persona con la que te has acostumbrado a convivir y tratar como novio, o lo que sea, ¿sería correcto?- miró a la madre con mirada inquisitiva.
-Pero os llevabais tan bien, formáis una linda pareja
-¿Y- continuó ignorando las palabras de la de más edad -si siguieras con papá solo porque nunca llegaste a darte cuenta de que era tóxico mantener una relación sin sentimientos, y la comodidad pasara a molestarte?
-Te trata tan bien, Emma- suspiró
-No me da espacio, tiene celos de hasta mi propia sombra, ¿creer que todo es por falta de sexo es tratar bien?
-¿No será solo una fase? ¿No tienes miedo de que dentro de un tiempo lo puedas echar de menos? Aquel tópico de que solo damos valor cuando perdemos es real, si no, no sería un tópico.
-Tú puedes encontrar todos los motivos del mundo para que te guste, pero yo no.
-Eres tú quien decides. Solo quiero verte feliz.
-Mi felicidad no se resume a un hombre, mamá
-Lo sé, Emma, pero una persona puede ser una de las causas de la felicidad.
-Esa persona no tiene por qué ser precisamente un novio, ¿o sí? Y mucho menos Killian- reviró los ojos. No le pasaba por la cabeza que él la hiciera feliz.
-Estaré presente cuando encuentres a alguien a quien asimiles con la felicidad.
Mary se giró para comenzar a preparar el almuerzo y Emma no dijo nada más. Enseguida David se juntó a ellas y ayudó a su esposa a terminar de cocinar. Los tres almorzaron en un clima relajado como no hacían hacía tiempo, ya que siempre estaban ocupados trabajando.
David es responsable de la parte administrativa de la empresa, lo que lleva un buen tiempo, mientras Mary tiene en sus manos la responsabilidad de comprar todo lo que sea necesario y también las ventas, y siempre ayuda a Emma con la organización de eventos y desfiles.
-¿Necesitas algo?- preguntó David a Emma tras retirarse de la mesa para volver a la empresa.
-Necesito que pases por una tienda, me compres un móvil nuevo y transfieras mi tarjeta. Sería demasiado trabajo cambiar de número. ¿Puedes hacerlo?- pidió lo que ya la estaba dejando de los nervios, estar una semana sin móvil era casi una prueba de autocontrol. Necesitaba al aparato para sus asuntos profesionales, sin embargo, la finalidad principal era conseguir hablar con Regina. Después de que la morena le dijera que ni las amigas ni la propia hermana sabían lo de Robin, Emma se sintió aún más con el deber de estar al lado de ella en ese momento complicado. Podía ser la persona a la que hubiera conocido hacía pocos días, alguien con quien no debería ir más allá de una relación médico paciente, sin embargo existió una empatía y como ya estaba casi envuelta en ello, y sobre todo porque estaba preocupada, estaría con Regina y estaba dispuesta a ayudarla en lo que fuera necesario.
-Puedo. Te lo traigo al final del día. Tus domuentos ya los tengo yo.
-¡Gracias!- Emma sonrió y recibió un beso en su cabeza. David se despidió de la esposa y salió dejando a las dos solas.
-¿Qué vamos a hacer nosotras?- preguntó Emma a la madre en cuanto se sentó en el sofá, poniendo en alto su pierna enyesada.
Mary y ella pasaron parte de la tarde echadas en la sala viendo películas del catálogo de Netflix, ambas estaban casi durmiéndose, una en cada sofá, cuando el timbre sonó. Emma paró la película para que la madre se levantara y fuera a abrir la puerta.
-Hola- Ruby le sonrió a Mary, que, sin pensar mucho, le dio espacio para que entrara
-Hola, querida-respondió Mary
-Hola, salvación- Emma sonrió
-Hola, necesitada- Ruby sonrió y se echó en el sofá a su lado
-Os voy a dejar solas- previno Mary ya caminando hacia su cuarto
-No tienes por qué molestarte- Ruby respondió
-Sentíos a gusto- dijo antes de cerrar la puerta del cuarto
-¿Y? ¿Qué te ha traído por aquí?- preguntó Emma y recibió una mirada de reprobación -Solo es una pregunta retórica
-He venido a darte la respuesta que tanto ansías- cerró los ojos y sonrió presuntuosa
-¿Lo harás?- sonrió inmediatamente
-Desfilaré tu colección de otoño en ese desfile tan importante- confirmó
-¡Ruby!- se llevó las manos a la boca
-Dije que cancelaría lo que fuera necesario. Si es importante para ti, para mí también lo es.
-No sé cómo empezar a agradecértelo
-Soy una modelo exclusivamente tuya. Mi cuerpo pertenece a Emma Swan- se refería a la empresa.
Horas después de estar echadas en el sofá conversando sobre cualquier tema, David llegó alegrando a la hija como si fuera el padre de una niña que llegara con un juguete nuevo empaquetado como regalo.
-Aquí está lo que me pediste- dijo tras saludar a las dos extendiéndole la caja del móvil -con tu número.
-Gracias otra vez, papá- sonrió al hombre
-Siempre a tu disposición. ¿Dónde está tu madre?
-En el cuarto- él asintió y poco después dejó la sala
Emma sacó el móvil de la caja, un modelo más actual del suyo que acabó destrozado en el accidente. Lo encendió y siguió las instrucciones de un nuevo aparato. En cuanto comprobó que todo estaba en su cuenta y sus contactos guardados, abrió los contactos para guardar un nuevo número.
Sacó del bolsillo de la chaqueta, que aún no se había quitado, el papel donde Regina había anotado su número.
-Pero si apenas acabas de terminar tu noviazgo de más de un año- dijo Ruby al notar que había un número en la esquina inferior de la hoja.
-Es de Regina- profirió en voz baja mientras escribía el nombre de la misma
-¿Quién es Regina? ¿Tu nueva mejor amiga? Vamos a pelear, patito- Emma se echó a reír al escuchar el tono serio y cargado de celos.
-Es la doctora que estaba encargada de mi caso
-¿Y a qué viene que tengas su número?
-Asuntos personales, Ruby Lucas
-Que compartes conmigo. Por cierto, tu doctora está muy buena
-Sí, lo está- Emma sonrió cuando instantáneamente la sonrisa de Regina vino a su mente, acompañada de la cicatriz encima de su labio superior.
Comprobó al menos cinco veces que el número era el correcto y lo guardó, después dobló el papel y se lo metió en el bolsillo de los vaqueros.
El cielo ya estaba casi oscuro cuando el turno de Regina llegó a su fin y esta vez, infelizmente, no tenía hacia quien correr, ningún paciente o funcionario de aquel hospital era como Emma, con los otros no pasaba de un contacto profesional. Su cerebro ya estaba acostumbrado a hacer el mismo camino hacia cierto cuarto todos los días a esa misma hora y fue extraño volver a la normalidad, teniendo que salir directa al aparcamiento.
El coche de Robin estaba estacionado fuera del garaje y las luces estaban encendidas, le gustaría encontrar al marido sobrio para por fin tener una conversación civilizada. El matrimonio estaba prácticamente acabado, solo faltaba oficializarlo.
Quieta dentro de su coche, frente a su propia casa, observaba de lejos la fachada de la mansión, se quedó golpeando los dedos en el volante con la cabeza apoyada en el respaldo del asiento buscando el valor para entrar en aquella casa. Valor era lo que desde hacía meses le hacía falta. El temor a entrar en casa y encontrarse al marido peor de lo que estaba ayer la dominaba. Parte de su cerebro la obligaba a entrar ahí y hacer lo que tenía que ser hecho, la otra parte le decía que era mejor arrancar el coche y buscar a su mejor amiga, a su hermana, o ir a cualquier sitio lejos de ahí.
Posó su mirada en la alianza en el dedo anular del mano izquierda. La alianza que casi formaba parte de su cuerpo de tantos años que la llevaba. Una alianza de oro, con un fino trazo de oro blanco en medio y un pequeño brillante que simbolizaba una unión, hecha una década atrás, cuando todo era una ilusión y el futuro idealizado envolvía el matrimonio en pura armonía. Quitó las manos del volante para sacarse al alianza del dedo y la guardó en el bolsillo del chaleco, a fin de cuentas, solo simbolizaba ya un matrimonio roto, ya no valía absolutamente nada.
Respiró hondo y reflexionó sobre todas las posibilidades que podría encontrarse al entrar en su casa, y teniendo en la mente que todas las escenas eran pésimas, optó por encarar lo que fuera. Procrastinar ese fin estaba acabando con ella. Así que, bajó del coche y caminó con una lentitud irritante hacia la puerta.
Se asustó cuando la puerta se abrió en cuando colocó la mano en el pomo.
-Te vi llegar e iba a ver si todo estaba bien- dijo Robin en voz baja dando espacio para que ella entrase.
-¿Está todo bien contigo?- enfatizó el contigo
-Querida, perdóname por estos dos últimos días- dijo cerrando la puerta -Estaba con la cabeza caliente y acabé sobrepasando los límites
-Menos mal que lo reconoces
-¿Me perdonas?
-Estás perdonado, pero aún así tenemos que hablar
-Regina...
-Voy a subir y tomar un baño y después conversamos- dijo ya en el primer escalón
Robin estaba sobrio y calmado- de momento, lo que garantizaba que podría comenzar una conversación civlizada.
Cerró con llave la puerta de la habitación de nuevo, cosa que antes no tenía que hacer, pero estaba casi segura de que si la dejaba abierta, su privacidad sería invadida. Se quitó la ropa y la puso a lavar. Tomó un baño caliente, sin prisa, dedicándose el tiempo acostumbrado. No tenía prisa por hablar con él, pero también tardó como venía haciendo últimamente para intentar evitarlo.
Robin había preparado la cena y puesto la mesa mientras ella tomaba su baño, algo que no era extraño, pero la incomodó porque veía que lo hacía para agradarla, y puede que lo consiguiera, pero no era necesario ya que por su parte estaba todo acabado.
-Vamos a cenar primero, después hablamos- dijo en voz baja. Estaba claro para él a dónde llevaría esa conversación, y había decidido que, en ese momento, no valía la pena forzarla a continuar si era realmente lo que ella quería. Pero no significaba que iba a rendirse tan fácilmente.
Robin estaba convencido de que Regina aún lo amaba.
Cenaron en absoluto silencio, excepto por el tintinear de los cubiertos chocándose contra la porcelana de los platos, uno frente al otro, sin el más mínimo intercambio de miradas. Minutos de pura incomodidad.
-Puedes hablar- dijo Robin dejando los cubiertos sobre el plato. Ella dejó de jugar con la comida y finalmente posó su mirada en él.
-Quiero el divorcio- prefirió ser directa. Él bajó la mirada y asintió -Sé que no es fácil, pero, al menos, quiero un poco de comprensión.
-Está bien, Regina. Si de verdad quieres eso...
-¿Puedes ver, al menos, que nuestro matrimonio ya no existe más y que no hay un motivo para seguir con ello?
-Lo veo desde hace ya un tiempo, solo que no entra en mi cabeza el porqué, e he intentado cambiarlo, sin embargo tú seguiste apartándote cada vez más. Siempre te he dado todo, te he tratado de la mejor manera posible para que todo acabe así
-El problema nunca has sido tú, Robin. Hasta dos días atrás no he tenido queja alguna. Solo que falta el amor.
-Por tu parte
-Juro que lo he intentado, pero no consigo llevar algo adelante basado solo en el cariño y en el respeto. Que has perdido estos días. Falta algo esencial.
-Si me dieras la oportunidad de...
-No- lo interrumpió- no voy a abrir una puerta para tener la oportunidad de empeorar las cosas. Vamos a resolver todo como dos adultos.
-¿No hay ni posibilidad de concedernos un tiempo para que revises tus conceptos?
-No
-Entonces, se hará como quieres, Regina. Como siempre ha sido
-Mañana empezaré el papeleo- lo miró con pesar
-No es necesario. Tengo más tiempo que tú, yo lo haré
-Déjalo en mis manos
-No hay necesidad- sonrió para ella con pesar, de la misma forma en que ella lo miraba -Voy a dormir al cuarto de huéspedes -dejó el comedor antes de que ella respondiese.
Regina se llevó las manos al rostro con los codos apoyados en la mesa, aliviada de que Robin hubiera cedido, pero al mismo tiempo recelosa de dejar las cosas en sus manos. Debido al tiempo de convivencia sabía que él no desiste tan fácilmente de lo que quiere y algo le decía que esta vez no sería diferente.
Tras unos minutos sola en el comedor, subió a acostarse y cuando estaba echándose en la cama, miró el móvil sobre la mesilla de noche y lo cogió. Al ver un número desconocido en las notificaciones, su cerebro automáticamente revivió la conversación mantenida con Emma y fue lo primero que la hizo sonreír en el día. Abrió el mensaje y sonrió aún más al ver que Emma había cumplido lo dicho.
«Ya puede guardar el número de su escape»
Antes de responder, guardó el contacto de la rubia
«Contacto guardado, escape»
Respondió y dejó el móvil al lado de la almohada. Supuso que por la hora, quizás Emma ya estuviera durmiendo, ya que había tardado en ver el mensaje, y por eso no respondería, pero en unos minutos, otro mensaje llegó.
«¿Cómo están las cosas por ahí? ¿Todo bien?
Inmediatamente sonrió ante su preocupación.
«Todo bien en la medida de lo posible, ¿y usted? ¿Está bien lejos de aquel cuarto?
«Solo eso es un buen motivo para estar bien, de verdad»
Regina iba a responder, sin embargo otro mensaje llegó enseguida
«¿Consiguió resolver las cosas con su marido?
«Creo que sí»
«¿La estoy molestando por la hora? Si es así, perdóneme»
«Claro que no»
«Le dije que quería el divorcio, no lo aceptó muy bien, pero tampoco protestó mucho»
Envió los dos mensajes seguidos
«¿Ayer u hoy? No hemos hablado de ello antes de que saliera del hospital»
«Hoy. Ayer cuando llegué a casa estaba borracho»
«¿Le hizo algo?»
«No, ni se mantenía en pie»
«Me siento aliviada»
«Divórciese pronto para cumplir lo que dijimos de salir a beber»
Los dos últimos mensajes de Emma hicieron sonreír a Regina como una boba. La idea del segundo mensaje era buena.
«En breve, señorita Swan»
«¿Hablamos mañana?»
«Puede estar segura de que sí»
«Buenas noches, Emma»
Envió de nuevo los dos mensajes seguidos.
«Buenas noches, Regina»
Regina bloqueó el móvil y lo dejó al lado de la almohada de nuevo, se giró para dormir y aquel día habría sido un día perdido si al final del mismo no hubiera tenido motivos para sonreír.
