Definitivamente ella ya no era la Kikyo de antes, la Kikyo a la cual amaba, la que dejó de existir hace 50 años. Lo que rondaba por este mundo es sólo su sombra habitando en un cuerpo de barro y huesos, lo peor de ella, lo que no dejaba salir... y lo que Naraku había logrado encontrar para hacerla odiar a Inuyasha... su vulnerabilidad, su maldad. La Kikyo que él amaba, jamás había dejado salir esa parte de ella... excepto el día en que murió, y fue ésa precisamente la causa de la desgracia.
Inuyasha realmente lamentaba haber tardado tanto en entender eso, y se azotaba mentalmente por ello; pero ahora que veía todo con claridad, había tomado una decisión... no cumpliría esa promesa, aunque tuviera que pagar por ello... prefería regalarle la perla a Naraku antes de volver a hacer sufrir a Kagome por eso. No se lo diría todavía... no la preocuparía de más... debía arreglar el asunto él solo.
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Un tiempo para nosotros
Capítulo 6
Después de un largo y casi inadvertido silencio Inuyasha miró de reojo a su compañera. Miraba hacia el frente, con su ojos chocolates perdidos en la blancura del paisaje y la corriente de esas aguas heladas que fluían frente a ellos.
Inuyasha estaba por abrir la boca para intentar desviar un poco el tema a algo más jovial, cuando su oído captó la carrera de unos cortos y rápidos pasos acercándose. "Bueno, no es mal momento para aparecer" pensó Inuyasha al identificar al individuo que se aproximaba, como el pequeño kitsune.
Inuyasha soltó un suspiro cuando escuchó cómo Shippo los llamaba alegremente, y la expresión en el rostro de la chica cambiaba radiclamente para recibir al pequeño con una sonrisa en los labios, abriendo sus brazos para estrecharlo en un abrazo.
Unas horas más tarde se encontraban los tres con la anciana Kaede en su pequeña cabaña, relatándoles (sin incluir los detalles) su estancia en el presente, y el por qué de su demora, mientras bebían una taza de té caliente junto al fuego.
- Kaede, ¿hace cuanto tiempo salieron Sango y Miroku? - preguntó Kagome, para desviar un poco el tema... ya se estaba volviendo demasiado incómodo para ella y para cierto hanyou.
- Mmm, pues, creo que fue hace dos días.
- Si, si - añadió Shippo - el día que Inuyasha fue a buscarte. Dijeron que probablemente iba a quedarse disfrutando solo con Kagome, así que ellos iban a aprovechar el tiempo para visitar su... auch!
- Déjate de decir estupideces - lo calló Inuyasha, aun con el puño pegado a la cabeza del zorrito.
- Buaaa!! Kagome!! - 'lloró' el kitsune para buscar refugio en el regazo de la chica.
- Inuyasha, Shippo no tiene la culpa de lo que dijeron Sango y Miroku - Intervino la anciana, sorbiendo tranquila su té verde.
Kagome se limitó a mirar con advertencia a Inuyasha. Lo que éste interpretó como una mala señal. Normalmente, le hubiera gritado, incluso quizás lo habría sentado luego de discutir un poco, pero esta reacción le decía que Kagome no estaba de humor ni siquiera para pelear con él... eso no podía ser bueno.
Se hizo el ofendido, y resoplando salió de la cabaña... caminó por la nieve hasta el árbol al lado de las plantaciones de la aldea al que también le gustaba subirse... y desde lo alto, cotemplaba la pequeña cabaña de la anciana. Aun no sabía qué hacer... si salía a buscar a Kikyo para hacerle saber su decición, probablemente dañaría aun más a Kagome... no debía enterarse. Aunque tampoco tenía ninguna idea de cómo podía tomárselo Kikyo... dudaba que aceptara su decición sin replicar y sin intentar vengarse luego... ¿Qué debía hacer?
Aún muy absorto en sus pensamientos, sintió un leve pinchazo en el cuello... golpeó a la pequeña pulga que se estaba aprovechando de su ensimismamiento, y al tenerla aplastada en la mano, le miró enojado.
- ¿Qué quieres Myoga?
- Amo Inuyasha... yo tan sólo quería pasar a saludarlo... por qué es tan malagradecido - fingía llorar.
- Haz lo que quieras - dijo volteándose y dejándolo caer al tronco donde permanecía sentado.
- ¿Qué sucede amo? estaba muy pensativo hace un rato... eso no es tan común en usted.
Inuyasha lo vovió a golpear, esta vez un poco más animado.
- Eh... eh... no me refería a que no pensara, Inuyasha-sama... sólo es que no acostumbro a verle tan preocupado, y sin actuar inmediatamente. Pasa algo con Naraku? - preguntó la pulga, volviendo a subirse a una de las rodillas del hanyou.
- No... no es Naraku... la verdad es que no hemos sabido mucho de él.
- Bueno, yo le traigo algunas noticias, pero no tengo seguridad de que se relacionen con Naraku, aunque sería lo más probable.
- Habla!
- Si... si... unas dos aldeas al este, se ha visto a un extraño youkai arrasando con los poblados pequeños.
- Cómo es el youkai - preguntó esta vez, bastante interesado en el informe del anciano pulga.
- Bueno, lo extraño es que no se sabe muy bien... digamos que es difícil de avistar.
- Explícate anciano.
- Al parecer tiene la forma de un humano, pero no su textura... Quiero decir que parece no ser sólido, es semi-transparente... casi líquido ¿entiende amo?
Inuyasha no contestó nada... debía ser otra creación de Naraku, pues nunca había visto ni oido hablar de un youkai de ese tipo.
- ¿Sabes si lleva tatuada una araña en la espalda?
- No, amo... como ya le dije, es difícil de ver... es como semi-invisible. Los pocos aldeanos que han sobrevivido a sus ataques, dicen poder disinguir sólo su silueta, dicen que parece un humano pequeño... como un niño.
- Debo ir a decirle al resto. Gracias Myoga - se despidió saltando del árbol hacia abajo y echando a correr hacia la cabaña. - "Después veré cómo resuelvo el otro asunto" - supiró, llegando a la cabaña y descorriendo la cortina de paja.
Dentro se encontraba solamente Shippo, dibujando con los crayones que Kagome le había obsequiado. Cerró la cortina, sin darle tiempo al kitsune para preguntar nada y se dirigió hacia la orilla del río, de donde provenía el olor de Kagome, y también el de la anciana Kaede.
Se subió a la copa de un árbol, aledaño a la rivera, el mismo en el que una vez lo habían sorprendido espiando. Desde ahí observaba perfectamente a las dos mujeres. Estaban llenando esos extraños recipientes transparentes que traía Kagome de su época, con el agua gélida del río. De un salto, bajó a la orilla, aterrizando suavemente sobre las piedras, a espaldas de las dos mujeres. Ambas voltearon a verlo, mientras tapaban las últimas botellas. Kagome permaneció en silencio, en cambio la anciana preguntó:
- ¿Sucede algo Inuyasha?
- Si... es un youkai... Myoga me contó de un extraño espíritu que esta asolando las aldeas del este... pienso que deberíamos ir a ver...- dijo esto en voz más baja. En el rostro de Kagome se dibujó una tenue sonrisa... Inuyasha estaba preocuado por sus amigos, que se hallaban por esos lados.
- Bien - dijo Kagome, recuperando un poco los animos - entonces debemos ir.
- Espera, Inuyasha ¿de qué tipo de demonio se trata? ¿es alguna otra trampa de Naraku?
- No sabemos anciana, no hay manera de saberlo hasta enfrentarlo. Myoga dice que es un tipo de youkai que nunca antes habia visto... algo exrtaño.
- Tengan mucho cuidado entonces - les deseó la anciana, con un ligero frunce de preocupación en el ceño.
- Kaede-sama ¿podría quedarse Shippo con usted? temo que pueda pasarle algo su va con nosotros.
- Por supuesto... pero creo que deberían hablar con él primero.
- Yo le explicaré - dijo Kagome - Inuyasha ¿me ayudarías con unas cuantas? - le preguntó señalándole las botellas.
- Hmph - fue lo único que se escuchó de la boca del hanyou, mientras se acercaba y tomaba un par de botellas.
Kagome sonrió, y tomó una en cada mnano, al igual que la anciana Kaede... y emprendieron el camino de vuelta a la cabaña.
A Kagome le costó mucho tiempo y paciencia convencer al zorrito de que era mejor que no los acompañase, y una vez que lo logró -no sin un pequeño soborno de unas cuantas paletas dulces- cargó su mochila con las cosas que necesitaría, tomó su arco, el carcaj de flechas y salió de la cabaña. Afuera se encontró con Inuyasha esperándolo apoyado sobre la pared de la choza.
La miró un tanto indeciso, y ella, al percibir el por qué, decidió postergar los malos pensamientos y se se subió a su espalda. Ya cuando llevaban un buen rato avanzando a la velocidad que lo hacía Inuyasha, Kagome decidió caminar un poco... le dolían las piernas de mantenerse sujeta al chico, y supuso que éste también debía resentir tantas horas cargándola. Durante todo ese trayecto no intercambiaron más que unas pocas palabra sobre trivialidades.
Una vez en el suelo, y habiendo reducido notablemente la velocidad de avance, Inuyasha no soportó más la incomodidad de la situación e intentó decir algo para aliviar la tensión del ambiente.
- ¿De qué crees que se trate?
A Kagome le costó unos segundos comprender de quñe hablaba el muchacho, pero luego de una breve pausa -que incomodó bastante a Inuyasha- le dio su opinión.
- No lo sé... es muy probable que sea una trampa de Naraku... no me huele bien. Pero dime Inuyasha ¿por qué Myoga dijo que era tan extraño ese demonio?
- Bueno... no entendí muy bien, la verdad, por que yo tampoco había oído hablar de algo como eso, pero dijo que se trataba de un youkai pequeño, como del tamaño de un niño, y que estaba hecho de algun tipo de líquido, transparente. Debido a eso no pudo saber si tenía o no la marca en la espalda. No sé pero a mi me da muy mala espina.
- Es muy extraño... ¿cómo crees que les esté yendo a Sango y al monje Miroku?
- Feh! ellos sabrán defenderse solos!
- Pero no estamos seguros de si están juntos... aunque es lo mas probable - dijo Kagome sonriendo. Sabía muy bien que la respuesta desdeñosa de Inuyasha era una forma muy precaria de demostrar su preocupación.
También sonreía por su amiga... si tenía suerte, muchas cosas se aclararían en ese pequeño viaje al lado del monje - espero que estén bien - la voz se le dobló por culpa de un escalofrío que la recorrió de pies a cabeza.
Inuyasha se dio cuenta inmediatamente de ello, y con la mirada fija en el suelo y las mejillas sonrosadas, se quiró su haori y estirando el brazo, se lo ofreció a la chica. Kagome le dedicó una mirada de agradecimiento, y a cambio del gesto, sacó de su bolso una bufanda gris, que ella misma había hecho el invierno pasado y acercándose al hanyou por la espalda, se la puso sobre los hombros y le rodeó el cuello con la prenda. Esta vez fue Inuyasha el que volteó a verla con un gesto de agradecimiento, y así sin decir nada, continuaron caminando entre los árboles y la nieve.
Continuará...
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Hooola... volví.
Bien, primero que nada, debo disculparme por el retraso, y por hacer el capítulo tan corto.
Como escritora inexperta que soy, llegué a un punto en que tengo tres historias varadas, sin mucha inspiración para seguirlas... es por eso que me tardé tanto. Pero no se alarmen... no pienso abandonar ninguna de las tres, sólo necesito tiempo e iluminación :P
Bien, ahora tengo que dedicarme a actualizar las otras dos... No sé si les guste este capítulo, personalmente no me convence mucho pero espero arreglarlo más adelante.
Otro factor en contra siempre es el colegio :P Tercero medio... muchas tareas...además de mis clases de astrología, arquería y ballet... uf! el estress me supera muchas veces.
Bueno... eso, espero estar pronto de vuelta con la continuación de alguna de las otras dos historias.
Ah! mil gracias a todos los que se toman la molestia de dejarme reviews!
