Capítulo 5: El Imperio de la Oscuridad más allá del océano

-¡Llegáis tarde!- La voz de T.K. suena impaciente.

-¡Jo! Te estás tomando esto muy en serio T.K.- Kari protesta mientras se sienta en el sofá con Gatomon en sus brazos. Yami también entra, con BlackGatomon, y se sienta junto a Kari en el mismo sofá. Ahora Gatomon y BlackGatomon están sentados en los regazos de sus respectivos compañeros, y Patamon entra volando en la habitación y se posa en la cabeza de T.K.

-Déjalo estar Kari, es comprensible que tenga tantas ganas de escuchar mi historia, soy tan interesante.- Yami sonríe de manera ligeramente maliciosa, provocando a T.K. mientras acaricia despreocupadamente a su digimon.

-Si, si, lo que sea. Venga, continúa la historia.- T.K., después de la última sesión, está más ávido de información que nunca y además, sabe que el momento en el que Yami les conocería a él, Kari y Davis, está a punto de llegar.

-Muy bien, vamos a dar un salto en el tiempo, concretamente de tres meses, durante los cuales yo me centré en las clases, cada vez más duras pero también más satisfactorias, de Andromon y BlackGatomon en su entrenamiento especial con el Ejército del Imperio Mecánico. Es verdad que usábamos nuestro tiempo libre para explorar la Isla File, pero nada realmente destacable nos sucedió en esos tres meses, Digimon Emperador parecía haber desaparecido porque, aunque yo aún no lo sabía, había decidido concentrarse en el Continente de Server, y así, la paz reinaba en la Isla File mientras en Server los digimons eran maltratados y esclavizados sin que nadie en la isla lo supiera, más tarde descubriría que, tras nuestro primer encuentro, Digimon Emperador temía mi extraño poder y por ello había decidido dejar la Isla File, para alejarse de mí hasta que estuviera preparado. Durante este periodo de tiempo, peleamos contra algunos digimons tales como Ogremon, un buen puñado de Numemons, un fiero Seadramon y, como venganza, contra Okuwamon. BlackGatomon había mejorado muchísimo sus habilidades de combate y ya era capaz de sobrevivir a una batalla contra Gigadramon y Megadramon, algo de lo que se sentía muy orgulloso y de lo que no dudaba en alardear cuando se le presentaba la ocasión.

Por tanto, la historia se reanuda en Febrero de 2002, no sé el día exacto y hasta que no salí por primera vez del Mundo Digital, ni siquiera sabía el mes en el que estaba, el caso es que faltaba apenas un mes para que os conociera por fin, pero en ese mes todavía tenían que ocurrirme un par de cosas interesantes. Las lecciones de Andromon me habían ayudado muchísimo y, al terminarlas, me regaló el portátil con el que había estado trabajando, éste.- Yami le enseña a T.K. aquel viejo portátil que todavía conserva y al que le tiene mucho aprecio. -Y yo creía entender un poco mejor el Mundo Digital aunque, por supuesto, mis suposiciones resultaron ser casi totalmente erróneas. Verás, el Mundo Digital es muy complejo y ni siquiera ahora, que lo he investigado junto a Izzy y Henry durante muchos años, puedo decir que lo conozca del todo. Bueno, a lo que iba, BlackGatomon y yo habíamos decidido dejar la Isla File y viajar al continente de Server siguiendo los pasos de aquellos niños que, dos años atrás, habían salvado el mundo, vuestros pasos. Pero Kari será la que te cuente mi primer día en Server.- Yami termina la explicación y mira a Kari como pidiéndole comenzar.


-No me gusta el agua, Yami.- BlackGatomon se niega a montar en la espalda de Whamon y Yami se desespera un poco con él.

-No puedes estar hablando en serio, has vivido en el Mar Oscuro, has cruzado ríos a nado montones de veces…- Yami, aunque molesto, habla de forma calmada y en voz baja para no preocupar a Whamon.

-Eso es diferente, nunca he nadado en el Mar Oscuro, siempre me quedaba en tierra, ya fuera en la playa o en los acantilados. Y los ríos no son grandes masas de agua sin fin, cuando nado en un río puedo ver las orillas… ¡Venga, no me mires así! No me gusta el mar ¿vale? Y no pienso ir a Server.- La testarudez de BlackGatomon parece inamovible, y ahora que se ha cruzado de brazos y le da la espalda a Yami, éste teme que no consiguiese convencerlo. Pero el chico aún tiene un as en la manga.

-Genial, simplemente genial. Tú, el gran y asombroso BlackGatomon, el digimon de cuerpo Maduro que se enfrenta a los de cuerpo Perfecto y es capaz de derrotarlos, el digimon que peleó y venció al todopoderosos Ejército del Imperio Mecánico… Y en el fondo no eres más que un gatito cualquiera al que le asusta un poquito de agua. ¡Já!- Yami sabe que se la está jugando, que BlackGatomon podría enfadarse y no ceder de forma definitiva, pero conoce lo suficiente a su compañero como para saber que si existe algo que haría que BlackGatomon hiciese algo que odiase eso es su orgullo, bueno, su orgullo y que el propio Yami corriese un peligro terrible, pero no hay ninguna amenaza aparente en Server.

-¡Grrrr! ¡Vale, vale! Tú ganas, viajaremos a Server, pero que conste que no me responsabilizo de lo que pueda hacer y que esto lo hago en contra de mi voluntad.- BlackGatomon, todavía ligeramente enfadado, se sube en Whamon y Yami le sigue con una sonrisa de oreja a oreja para, finalmente, partir hacia lo desconocido.

Los primeros dos días de viaje transcurren sin incidentes, salvo que se considere como tal sufrir un terrible aburrimiento o que BlackGatomon a veces se pusiese agresivo o incluso llegase a vomitar por culpa del zozobrar de Whamon. Sin embargo, al tercer día ocurre algo por fin. Cuatro Divermons, nadando alrededor de Whamon, deciden que es una buena idea reírse de la ballena por llevar a un humano y un digimon en su espalda. Pero los problemas de verdad comienzan cuando deciden empujar a Whamon e incluso clavarle sus arpones, haciendo que zozobre todavía más, algo que obviamente consigue que BlackGatomon estalle.

-A ver. ¡¿Sois idiotas o qué os pasa?! ¡¿Queréis que os enseñe dónde os podéis clavar esos malditos arpones?!- BlackGatomon nunca había estado tan cabreado, o al menos Yami, que también está bastante enfadado, nunca lo había visto así. Por otra parte, Whamon continúa tranquilamente, y parece no notar los arpones que se le clavan cada poco.

-¡Jajajá! ¿Qué piensas hacer gatito?- Los Divermons han dado en el blanco, han cruzado la delgada línea roja que separa al BlackGatomon razonable de la bestia salvaje e irracional. Ahora el digimon de Yami ya no puede contenerse más, está total y absolutamente desquiciado.

-¡Ahhhh!- BlackGatomon salta de la espalda de Whamon y cae sobre el Divermon más próximo, al que golpea y araña con sus zarpas hasta que éste, severamente magullado y sin poder aguantar más, se sumerge.

-¡BlackGatomon!- Por un momento, Yami se preocupa por su compañero, pero enseguida se da cuenta de que los que deberían preocuparse son los Divermons. Tan pronto el Divermon sobre el que está comienza a sumergirse, BlackGatomon salta hacia el siguiente Divermon y le dispensa un trato parecido mientras hipnotiza a uno de los Divermons restantes y lo obliga a atacar a su compañero. Finalmente, el felino regresa a la espalda de Whamon riendo ante el espectáculo que acaba de provocar, los dos Divermons que todavía permanecen en la superficie pelean sin parar.

-¿Ves? Es por esto que, hasta a mí, me das miedo a veces.- Yami habla con tono divertido y se une a las risas de BlackGatomon.

-No es culpa mía, se lo estaban buscando. ¿Qué otra cosa podría haber hecho?- Por primera vez desde que se habían hecho a la mar, BlackGatomon parece realmente contento. Y, después de que los últimos Divermons decidieran sumergirse también, Whamon habla por fin.

-Gracias por darles una lección a esos pesados.- La profunda y potente voz de Whamon sorprende un poco a BlackGatomon, que se sonroja ligeramente ante la gratitud de la ballena.

-Bah, fue un placer, te lo aseguro.- La sonrisa de BlackGatomon aún se dibuja en su cara.

El resto del viaje resulta mucho más tranquilo y BlackGatomon parece haberle perdido el miedo al agua y disfruta de la suave brisa marina junto a Yami, que se pasa el tiempo pegado a su ordenador, repasando las notas de Andromon. Al quinto día, cuando ya están a punto de llegar a Server, los Divermons reaparecen, esta vez en actitud pacífica, para disculparse con Whamon y BlackGatomon, que aceptan gustosamente sus disculpas, y acompañarlos hasta las costas de Server. Cuando por fin toman tierra, Yami y BlackGatomon lo hacen, de acuerdo a los recuerdos de Whamon, en el mismo lugar donde los Niños Elegidos habían llegado al continente dos años atrás, y lo primero que ven es el paisaje manchado por una de aquellas Torres de Oscuridad de Digimon Emperador. Se levanta hacia los cielos un poco más allá de donde ellos se encuentran y deciden ir a investigar qué puede haber sucedido, tras despedirse de Whamon y los Divermons. Según se aproximan al área en el que se encuentra la Torre, tras atravesar un pequeño desierto de arena blanca, Yami y BlackGatomon empiezan a fijarse en que todos los digimons llevan sujetos a brazos, piernas, cuello o cola, un Anillo Maligno, así que deciden no llamar la atención y colarse subrepticiamente entre tanto digimon controlado hasta que llegan a una pequeña aldea que, al igual que la Aldea Biyomon, está situada en un pequeño oasis.

-Mira, ¿por qué crees que habrá tantos digimons vigilando aquella cascada?- Yami le pregunta a BlackGatomon que también parece muy interesado en aquel hecho. La dichosa cascada está muy cerca de la Torre Negra y varios Gazimons y tres Tyrannomons están apostados enfrente, como vigilando algo.

-Vayamos a echar un vistazo.- La sugerencia de BlackGatomon le parece, aunque arriesgada, buena idea a Yami y en seguida se ponen en marcha los dos, colándose entre la maleza para no ser vistos y entrando rápidamente en una cueva que hay tras la catarata. Una cueva en la que se oye el susurro de varias criaturas, un susurro que pone los pelos de punta a Yami.

-¿Quién anda ahí?- El susurro de Yami es apenas audible pues no quiere que los digimons que montan guardia fuera puedan oírlo, cosa que hubiese sido totalmente imposible por el tremendo ruido que hace el agua al caer, pero Yami no ha reparado en aquel detalle.

-¿No sois sus esclavos?- Una voz ligeramente quebrada y grave pregunta desde la oscuridad de la caverna.

-Si te refieres a Digimon Emperador, la respuesta es no, no somos sus esclavos.- Esta vez la contestación la da BlackGatomon mientras se acerca a aquellas desconocidas criaturas. Cuando Yami está a punto de seguirlo, BlackGatomon alza una de sus zarpas en señal de advertencia. -Quédate ahí.- La voz de BlackGatomon suena autoritaria y seria. El digimon con la voz quebrada resulta ser un Tentomon y las sospechas de BlackGatomon acerca de quién puede ser se ven casi confirmadas cuando lo ve atado junto a varios Agumons y Koromons. Aquel Tentomon podría ser el compañero de Izzy y uno de los Agumons bien podría ser el de Tai. -Os voy a liberar, pero no podremos salir por la catarata porque el pueblo está lleno de digimons controlados. ¿Conocéis otra ruta de escape?- BlackGatomon corta con sus afiladas uñas las cuerdas que atan a aquellos digimons mientras habla.

-Por supuesto, esta cueva es en realidad un pasadizo que lleva a un desierto muy lejos de aquí.- El Agumon al que BlackGatomon acaba de liberar habla con una voz aliviada, grave y con un tono ligeramente torpe pero orgulloso. -Tentomon y yo lo conocemos porque hace tiempo lo descubrimos cuando vinimos aquí con Tai y…- De repente, unas carcajadas al otro lado de la catarata interrumpen a Agumon y el resto de digimons salen corriendo, solo Tentomon y el Agumon que estuvo a punto de confirmar las sospechas de BlackGatomon se quedan lo suficiente para mostrar su gratitud, después siguen a los otros Agumons y a los Koromons. -Lo siento, pero tenemos que protegerlos- Tentomon grita mientras se aleja junto a su amigo.

-Cubramos su retirada- Yami le guiña un ojo a BlackGatomon mientras éste se prepara para luchar con uñas y dientes contra cualquiera que se atreva a entrar en la caverna. Sus primeras víctimas son tres Gazimons que caen antes siquiera de que puedan darse cuenta de lo que ha pasado, pero, por supuesto, Yami y BlackGatomon son inmediatamente golpeados por la mala suerte, otro Gazimon, más precavido que los anteriores, asoma un poco la cabeza tras la cascada y alerta a los Tyrannomons antes de que BlackGatomon pueda hacer nada. Durante unos instantes, no sucede nada hasta que la tierra comienza a temblar bajo los enormes pies de los Tyrannomons.

-Prepárate Yami.- BlackGatomon está muy confiado de sus posibilidades, no cree realmente que los Tyrannomons puedan ser un problema. Pero toda esa confianza desaparece cuando una enorme zarpa roja de garras grises golpea los laterales de la cueva y provoca una pequeña avalancha. El niño y su digimon echan a correr a través del pasadizo inmediatamente, huyendo de la avalancha y esquivando alguna que otra roca desprendida del techo. Finalmente, consiguen llegar al otro lado y salir de un salto justo antes de que todo el pasaje se derrumbe, dejándolos a salvo momentáneamente pero impidiéndoles dar marcha atrás.

-¡Fiuu! Nos ha ido de un pelo.- Yami, cansado y todavía sorprendido, respira entrecortadamente mientras se sienta en el suelo de piedra rodeado de arena en el que acaban de aparecer tras salir de la cueva. Están al borde de un enorme desierto.

-Al menos conseguimos salvar a aquellos digimons.- BlackGatomon, también cansado, se arrodilla y se apoya sobre sus manos. El susto que todavía recorre su cuerpo está mezclado con alivio por haber conseguido salir vivos de la situación. -Y hemos conocido a los compañeros de Izzy y Tai, Tentomon y Agumon.- Yami parece un poco escéptico ante ese pensamiento.

-¿En serio crees que eran ellos?-

-Pues claro, ya oíste a aquel Agumon ¿no? Mencionó a Tai, ¿de qué otra manera podría conocer a Tai?- La mirada de incredulidad de BlackGatomon ante el escepticismo de Yami es suficiente para que el chico acepte que tiene razón.

-Vale, tienes razón. De todas maneras, ¿por qué no dejaste que me acercara a ellos?- La reacción de BlackGatomon cuando descubrió quienes eran los digimons apresados todavía ronda la mente de Yami y éste no consigue entender por qué su compañero lo hizo.

-Para que no descubrieran que eras un humano, si te hubiesen visto conmigo seguro que hubiesen atado cabos y se hubiesen dado cuenta de que tenías que ser un Niño Elegido.- La exasperación llena el tono de BlackGatomon mientras le explica a Yami algo que, para él, es totalmente obvio.


-Y hasta aquí llega mi parte del relato, cuando dejaron la Aldea Koromon, el sol se ponía en el horizonte y los chicos decidieron dormir al raso allí mismo. Aunque no habían tenido que dormir en el suelo desde sus primeros días en el Mundo Digital, no se podían quejar, estaban demasiado cansados y aliviados de haber escapado de la cueva como para andarse con remilgos.- Kari termina por fin de contar aquel duro día y T.K. comienza con las preguntas.

-Parece que fue un día movidito. Pero bueno, ¿por qué no anulaste el efecto de la Torre Oscura con tu D3?- Aunque T.K. mira a Yami al hacer su pregunta, es BlackGatomon el que contesta.

-Yami aún no sabía utilizar su D3, de hecho, solo consiguió hacerlo un par de veces y porque, sin darse cuenta, desató el poder de su característica, la Oscuridad.- La explicación de BlackGatomon no parece satisfacer a T.K. y Kari se apresura a intervenir.

-Mira T.K., supongo que recuerdas que en los subterráneos de la Ciudad Factorial, mientras Machinedramon nos perseguía, yo fui capaz de utilizar el poder de la Luz para devolverles las fuerzas a nuestros digimons y que fue así como WarGreymon pudo destruir al Amo Oscuro ¿no? Bueno pues a Yami le pasaba algo parecido, yo solo era capaz de liberar mi poder cuando yo misma alineaba mi estado de ánimo y mi ser con lo que se supone que representa la Luz y Yami solo era capaz de liberar el poder de la Oscuridad cuando mostraba la Oscuridad de su corazón.- La buena explicación de Kari deja boquiabierto a T.K. y dibuja una sonrisa en el semblante de Yami, una sonrisa de aceptación y orgullo.

-Perfecto, yo no la habría dicho mejor, verás, el poder de nuestra característica nos da fuerzas cuando demostramos que somos los merecedores de ese poder. Por eso Tai pudo atravesar aquella alambrada por el sitio correcto, su Valor lo guió, por eso Mimi pudo despertar del sueño de Myotismon, porque su Inocencia la protegía y por eso todos vosotros fuisteis capaces de salir del lugar en el que os había encerrado Apocalymon, porque, inconscientemente, estabais demostrando que erais los legítimos herederos de los primeros Elegidos. Sobre este tema volveré a hablarte más adelante. Ahora lo que importa es que estábamos a punto de recibir uno de los mejores entrenamientos de nuestra vida.- Ante esta afirmación, T.K. vuelve a mirar con atención a Yami que va a comenzar a contar de nuevo la historia. -Encontramos a Piximon, T.K., su bosque ya no estaba protegido por una cúpula mágica, y nos informó de todo lo que había hecho Digimon Emperador y se ofreció a entrenarnos… Supongo que recuerdas el entrenamiento que recibió Tai tras la desastrosa digievolución de Greymon en SkullGreymon, ¿no?- Por fin, Yami reanuda la historia donde Kari la había dejado.


Yami abre sus ojos y, por un momento, no recuerda donde está ni qué les había pasado pero enseguida vuelven sus memorias del día anterior y, tras desperezarse y estirarse en el suelo de roca, se levanta y despierta a BlackGatomon, que bosteza y parpadea intentando acostumbrarse a la radiante luz solar.

Una vez despiertos, no tardan en ponerse en marcha, todavía medio dormidos, a través del desierto que parece no tener fin. El tiempo parece pasar muy lentamente, caminan y caminan pero parecen no avanzar, cada duna, cada nube en el cielo, todo, parece tan familiar que en seguida Yami tiene la certeza de estar caminando en círculos bajo la abrasadora luz del sol. Sin embargo, ni BlackGatomon ni él se detienen, pues saben que solo son imaginaciones suyas, saben que si se paran ya no podrán reanudar la marcha de nuevo, saben que tienen que seguir hasta que lleguen al final o sus cuerpos digan basta. Y caminan más y más, y el tiempo pasa, lentamente, pero pasa, y el sol está cada vez más alto en el cielo, y el calor no para de aumentar, y la sofocante sensación de estar en una enorme sartén se hace cada vez más y más patente, y la desesperación les ataca, minando su confianza y sus ganas de seguir, y los dos se dan cuenta de que aquel continente es enorme, mucho más grande que la Isla File, y que la Sabana Engranaje era un pequeño arenero comparado con aquel enorme desierto. Pero no se rinden, nunca se rendirán, porque rendirse no es una opción, porque juntos pueden conseguir lo que sea y, finalmente, sus esfuerzos son recompensados cuando, a lo lejos, atisban un exuberante bosque con, seguramente, montones de fruta y agua esperándoles.

Entran sin pensárselo en aquel paradisíaco bosque, mirando en rededor, esperando poder encontrar un río del que beber, no obstante, lo primero que ven es una pequeña hada rosa, de alas blancas y de apariencia inofensiva, amenazándoles con una pequeña lanza.

-Alto ahí, pi.- El hada se detiene frente a ellos y les ordena detenerse con una voz aguda que le pega perfectamente, mirando a Yami y BlackGatomon alternativamente. Aunque su apariencia y su voz dan a entender que es débil, Yami y BlackGatomon no se fian de su apariencia.

-No somos ning~- Yami intenta razonar con aquel digimon pero enseguida se ve interrumpido.

-Sé perfectamente quiénes sois, Kurayami Kimura, pi, que prefiere ser llamado Yami, pi, que es el Niño Elegido de la Oscuridad, pi, y que tiene como compañero a BlackGatomon, pi. Por cierto, yo soy Piximon, pi.- Piximon no pierde el tiempo y, mientras habla, se aleja de ellos internándose en el bosque. Yami y BlackGatomon, sorprendidísimos por todo lo que sabe aquel pequeño digimon, se quedan con cara de tontos y paralizados, con la mirada todavía fija en Piximon. -Sería una gran idea que me siguierais, pi.- Piximon dice en un tono impaciente y los chicos se apresuran a seguirle de manera instintiva. Cuando alcanzan una larga escalera esculpida en la ladera de una montaña, Yami se queda perplejo, sospechando que van a tener que subir aquella enorme escalera después de haber vagado por el desierto quién sabe durante cuántas horas.

-¡Por aquí, pi!- Sin embargo, Piximon gira a la izquierda y se interna aún más en el bosque, contradiciendo las sospechas de Yami que le sigue junto a su amigo. Finalmente, llegan a una caverna oscura que parece repeler toda la luz que intenta colarse en su interior, una caverna de la que emana un extraño poder que pone los pelos de punta a Yami y BlackGatomon.

-¡Entrad, pi!- Piximon vuelve a utilizar aquella voz mandona que no admite réplica para ordenar a los sorprendidos Yami y BlackGatomon que se metan en la cueva.

-No puedes estar hablando en serio, es imposible que podamos ver algo ahí dentro.- La respuesta al unísono del Elegido y su compañero no disuade para nada a un Piximon que sigue manteniéndose en sus trece.

-¡He dicho que entréis, pi!- Piximon vuelve a preparar su lanza y a blandirla de forma amenazadora ante los chicos. Sin pensárselo dos veces, entran en la cueva.

Al principio, no pueden ver nada y todo aquello parece una tremenda pérdida de tiempo, pero mientras caminan adentrándose más y más en aquella extraña cueva, comienzan a sentir algo extraño y, de repente, caen por un precipicio hacia una oscuridad impenetrable y sin fin… Mientras caen y caen sin que parezca que vayan a volver a tocar tierra, Yami ve toda su vida pasar por delante de sus ojos, pero sólo parece recordar los momentos felices, en la mayoría de los cuales aparece BlackGatomon. Éste a su vez, también recuerda los buenos momentos, y también, la mayoría parecen incluir a Yami. Finalmente, aterrizan en la arena de una oscura playa bañada por las negras aguas de un océano sin fin, con un faro a su derecha, al borde de un acantilado, que emite una luz negra que oscurece los alrededores y parece densificar el aire que baña con su luz oscura y mate. Están en el Mar Oscuro.

Una extraña voz comienza a llamar a Yami, la atrayente voz de una niña le llama, una voz que proviene de aquel extraño faro, una voz que parece llegar a él a través de la escalofriante luz que todo lo cubre con su oscuridad. Yami empieza a correr hacia el faro, guiado por la voz de una chica que le resulta terriblemente hechizante.

-¡Yami!- BlackGatomon echa a correr detrás de él y le agarra de la mano. -¿Qué haces?-

-¿Es que no la oyes? Ella me llama, ¡necesita mi ayuda!- Tras éste críptico mensaje, Yami vuelve a correr hacia el faro arrastrando a BlackGatomon consigo. Es incapaz de saber por qué, pero aquella voz es como un hechizo que anula todos sus instintos de precaución y conservación, es preciosa y lo atrae como la luz atrae a una polilla. Solo sabe que puede confiar en quienquiera que le esté llamando. Por desgracia, una vez han escalado el acantilado y cuando están a punto de alcanzar el faro, todo a su alrededor desaparece y es sustituido por una casa londinense. Yami y BlackGatomon miran alrededor y ven a un hombre y una mujer discutiendo a gritos mientras un niño llora y se tapa los oídos en un sofá. Todo parece decolorado, como iluminado por la luz de aquel faro, pero aún así, Yami sabe perfectamente donde están, quiénes son aquellos adultos y quién es aquel niño. El Yami de once años se queda contemplando con los ojos como platos a su versión más joven, de seis años, que llora desconsoladamente mientras sus padres discuten una vez más.

-Siempre lo mismo.- La voz de Yami penetra en sus mentes, es un poco más aguda, más infantil, pero es inconfundible. Aquella voz era la del Yami de seis años. -Discuten y discuten, y se olvidan de mí, se olvidan que estoy aquí, y, cuando finalmente se percatan de mi existencia, lo único que hacen es gritar mi nombre "¡Kurayami!" en tono enfadado, eso es lo único que parecen recordar de mí, el nombre que, tras años oyéndolo gritar con voz agria, enfadada y casi de odio, odio, un nombre que desearía abandonar, un nombre que me recuerda quién soy. Ojalá pudiera cambiar, ser otra persona, desaparecer y no volver nunca…- Los pensamientos de aquel pequeño Yami se apagan lentamente mientras toda la sala vuelve a cambiar y reaparecen en un cuarto con un Yami algo mayor, de unos ocho años, viendo la televisión atentamente, estupefacto.

-Estas extrañas criaturas vistas en Japón…- El presentador de las noticias comenta una serie de imágenes y videos en los que aparecen varios digimons, mostrando el último de aquellos videos a una ángel de ocho alas blancas atravesando con una flecha luminosa y destellante a un vampiro de apariencia terrible e imponente. BlackGatomon susurra algo parecido a "Angewomon" y la sala vuelve a cambiar de nuevo.

Esta vez están en el patio de un colegio, durante un día que Yami recuerda cercano en el tiempo y lejano en su vida. El Yami de diez años que está frente a ellos, sólo, apartado del resto de sus compañeros, tiene una voz más profunda, y también mucho mas triste y que denota una madurez inusitada para su edad, una voz más familiar para BlackGatomon. Y es que aquello había sucedido apenas tres meses antes de la llegada de Yami al Mar Oscuro.

-¿Por qué? ¿Por qué no me siento cómodo rodeado de gente? ¿Por qué no puedo ser como ellos? ¿Por qué prefiero estar sólo que con ellos? ¿Por qué soy diferente? ¿Qué me hace ser diferente? Me gustaría ser normal, me gustaría cambiar, pero no puedo, esto es lo que soy, y lo odio…- Mientras la voz de aquel Yami más próximo en el tiempo se apaga, todo vuelve a sumirse en la oscuridad y, lentamente, un paisaje totalmente diferente se forma a su alrededor, una cueva ligeramente iluminada por la débil luz de un fuego que tiembla cada vez que una ola rompe contra los acantilados circundantes. El rugir de las olas resuena amplificado por las paredes de aquella pequeña cueva y un pequeño Salamon tiembla de frío, tumbado frente a aquel débil fuego que apenas calienta el entorno.

-Estoy sólo, no puedo depender de nadie, nadie me ayudará nunca, todos se ríen de mí, de mi apariencia, de mi debilidad. Solo soy un pequeño e insignificante gatito para ellos. Ojalá fuese más fuerte, ojalá fuese más grande y temible, así no se reirían. Ojalá encontrase a mi compañero, ojalá pudiese estar con él, protegiéndonos mutuamente. Pero no viene, él no viene, no parezco importarle. No quiero estar sólo, ¿por qué tengo que estar solo?- La voz de Salamon permanece en los oídos de Yami y BlackGatomon mientras todo cambia y reaparecen justo detrás de BlackGatomon, que mira hacia el infinito océano de oscuridad que se extiende ante sus ojos y parece cubrir todo el mundo, el Mar Oscuro de nuevo. El familiar brillo de orgullo y determinación ya brilla en los amarillos ojos de aquel felino y su voz suena más potente y firme, más parecida a la del BlackGatomon actual.

-Siento que estás cerca, sé que no tardarás en venir. No importa cuánto te he esperado, ni cuánto tenga que esperar, tras años aquí, sólo, un poco más no me hará daño. Solo quiero poder verte.- Todo se vuelve negro de nuevo y varias imágenes y escenas llenan la mente de Yami y BlackGatomon formando unas extrañas diapositivas.

Una chica grita de desesperación en el Mar Oscuro; la misma chica es atacada por un BlackWarGreymon; otra vez esa chica, con una mirada de asco y miedo en sus ojos; ahora en un bosque, la niña se arrodilla y llora desesperada; montones de imágenes pasan delante de sus ojos, y todas muestran a aquella chica, la última de las cuales se queda grabada en la mente de Yami durante un largo rato: la chica llora de forma triste delante de él, pero también parece aliviada. Sus ojos como rubíes, su corte de pelo, su rostro lleno de preocupación y tristeza… Yami conoce a esa chica, pero es incapaz de recordar quién es o dónde la ha visto antes, lo único de lo que está seguro es de que era esa chica la que le pedía ayuda en el Mar Oscuro. Por último, y como una revelación, un recordatorio de su enemigo, los chicos vuelven a aparecer en el Mar Oscuro, frente a la entrada al faro. Sin que ellos le pongan la mano encima, la puerta chirría tétricamente y se abre de par en par, revelando una Torre de Oscuridad que emite su fría y oscura luz a través del faro. Por eso el brillo de las Torres de Oscuridad le había parecido tan familiar a Yami.

Sin previo aviso, todo termina y vuelven al bosque, apareciendo enfrente de Piximon, fuera de la caverna. El día parece haber avanzado sin ellos, de hecho, parece muy distinto de cómo lo habían dejado, Piximon les mira escrutadora e impacientemente y ellos se sienten terriblemente cansados, pero BlackGatomon y Yami saben que han presenciado y experimentado algo único y magnífico, algo terrible y maravilloso que hace que todo lo que sabían y conocían el uno del otro pareciese menos que nada, ahora se comprenden, ahora conocen la verdad detrás de las máscaras, ahora todo el orgullo, la dureza y los disimulos han caído y, tanto uno como otro, se conocen y entenden mejor.

-¿Os ha sido de utilidad, pi?- Piximon examina con detenimiento los rostros estupefactos de Yami y BlackGatomon y, aunque no contestan, es capaz de ver su respuesta en sus ojos. -Pues claro, pi.-

Yami se recobra por fin de todo lo que acaba de presenciar y desoye su cansancio, ansioso de respuestas. -Ha sido increíble, he sentido… He sentido los sentimientos de BlackGatomon dentro de mi y aquella chica…- Yami vuelve a mirar a la oscura caverna que parece ahora más mística que antes. -¿Quién era? ¿Por qué creo que la conozco?-

-No puedo responder a vuestras preguntas, pi, solo vosotros podréis entender lo que habéis visto, pi. Y no os molestéis en contármelo, pi, porque esas visiones son vuestras, pi, nadie debería conocer su existencia, pi.- Piximon, pese a mantener esa serenidad que ya lo caracterizaba, parece feliz pero preocupado al mismo tiempo. -¡Seguidme!- Tras dar la orden, se dirige hacia la larga escalera y comienza el ascenso seguido por Yami y BlackGatomon que ni siquiera se dan cuenta del cansancio o de que la escalera es enorme, todavía están demasiado impresionados.

-Yami, yo… yo…- BlackGatomon trata de expresar lo que siente, trata de expresar su pena, pero no puede hablar y la mirada de Yami lo dice todo: (No te preocupes, yo también lo siento.) Continúan su ascenso tras Piximon, con Yami todavía preocupado por aquella niña de su edad, todavía asombrado por lo familiar que le parece y frustrado por ser incapaz de recordar quién es. Cuando finalmente llegan a la cumbre, Piximon les invita a cenar y ellos lo hacen sin rechistar, sin siquiera hablar ni con Piximon ni entre ellos. La conexión que tenían se ha fortalecido, ahora es algo más allá de la amistad, son como dos hermanos que se protegen mutuamente y que, pese a haber vivido separados toda su vida, han sentido cosas parecidas y vivido situaciones parecidas. Pero Piximon interrumpe sus divagaciones y su momentánea felicidad con su estridente voz.

-Estoy seguro de que querréis saber que Digimon Emperador ha sumido gran parte de este continente en su Imperio de la Oscuridad, pi, y que también quiere extenderlo hacia el continente de Folder y, finalmente, a la Isla File, pi. Para así gobernar todo el mundo y a todos los digimons, pi.- Piximon habla rápidamente, como con prisa. -Sé que queréis pararle los pies, pi. Hasta ahora, solo algunos digimons de nivel Perfecto hemos conseguido resistirnos a su poder, pi, pero no creo que nuestra resistencia dure mucho, pi. Debéis encontrar a los demás Elegidos, pi, y detenerle antes de que sea demasiado tarde, pi.- La voz, ahora firme y seria de Piximon, también denota un ligero temor.

-¿Y cómo les encontramos?- Yami está un poco molesto por el tono de Piximon, es como si les estuviese recriminando el no haber hecho nada antes, como si ellos hubiesen estado jugando mientras el Mundo Digital agonizaba bajo el yugo del Emperador.

-No lo sé, pi. Quizá si encontráis a sus compañeros, pi…- Tras dejar aquella frase inacabada, el hada les deja descansar por fin.


-Uff, demasiada información, espera un segundo.- T.K. todavía está terminando las anotaciones en su pequeño bloc de notas. Cuando acaba, vuelve a levantar su mirada hacia Yami. -Esa chica… ¿era Kari?- La pregunta suspicaz de T.K. está llena de interés. Justo cuando Yami se dispone a contestarle, Kari le interrumpe con una sonrisa en sus labios.

-¿No es obvio? Claro que era yo, increíble pero cierto, Yami presenció, sin saberlo algunos eventos futuros, eventos que resultaron vitales tanto para él como para mí. Sus intervenciones fueron decisivas a la hora de que yo me posicionase a su favor en lugar de en su contra, aunque claro, si no hubiese tenido esas visiones, quién sabe si hubiesen tenido lugar…- Kari sonríe ante la estupefacción de T.K. y le da unas palmaditas cariñosas a Yami en el muslo.

-Si, y no te olvides del vínculo aún más fuerte que se forjó a partir de entonces entre BlackGatomon y yo. Tras eso, no nos volvimos a avergonzar de nuestro pasado, al menos entre nosotros, éramos como hermanos, confiábamos el uno en el otro incluso más de lo que confiábamos en nosotros mismos. Algo que fue vital para que digievolucionase cuando lo hizo, en el momento justo.- Las explicaciones de Yami y Kari han dejado a T.K. desconcertado y sobrecargado.

-No puedo creer lo que viste en esa caverna.- T.K. se rasca la nuca con torpeza. -Pero como me contaste antes, todo encajará en su momento, ¿no?-

-Exacto, pero tengo que explicarte una última cosa, T.K.- Yami se pone en pie junto a Kari, BlackGatomon y Gatomon. -El entrenamiento de Piximon nos muestra lo que necesitamos ver, en aquel momento, BlackGatomon y yo necesitábamos dos cosas: desinhibirnos definitivamente entre nosotros y volver al Mundo Real. Para ello nos mostró nuestro pasado y a Kari. Y, como sabes perfectamente, la cueva cumplió su objetivo.- Yami se aproxima a la puerta, pero se da la vuelta en el último instante. -Casi se me olvida, ¿te importa que mañana la sesión sea en el restaurante de Davis? ¿El que está aquí cerca? Mimi se ha enterado de lo que estamos haciendo, ya sabes que tiene un don para enterarse de cosas como esta, y ha corrido la voz, ahora todos me están presionando para que les cuente lo que te estoy contando a ti, por eso he quedado con ellos allí. Si no te importa, mándales tus notas para no tener que resumirles todo lo que llevamos hablado.- Así, sin darle tiempo a T.K. para responder, y con una sonrisa en sus caras, Kari y Yami salen de casa de su amigo.