...¡Oh, wow! Ahora sí que me tardé más de lo que hubiese deseado. Lo siento mucho, en serio. He estado muy ocupada con las clases, la familia y los problema personales, pero aquí está la conti y realmente espero que les guste. La hice muy rápido y sólo la revisé una vez, si ven algún error -lo que sea- por favor, no duden en decirme.
Muchas gracias por sus Reviews y por esperar la conti, ojalá la lean y les guste. Esperaré sus comentarios.
Capítulo 6.
-Ino-
Odiaba las farmacias. Era uno de esos lugares que, con tan sólo entrar, te sientes enfermo. Odio los hospitales, las farmacias y las enfermedades.
-Muchas gracias, señorita. –Tomé la factura, la bolsa con las pastillas y las metí en el bolso, apresurada de no ser vista con ellas. Salí de un tirón del lugar, buscando respirar aire fresco y puro y me metí en el auto regulando mi respiración y el ritmo de mi corazón.
Siempre estaba así. Paranoica. Encendí el auto, subí el volumen a la radio y conduje en silencio y calma –histeria, en realidad- a una playa a la que mamá solía traerme de niña. Me gustaba estar aquí, era como si ella estuviese aún acariciando mi cabello, buscando que no tapara mi vista hacia las olas golpeando con la arena.
Apagué el auto y me quedé ahí, viendo el desolado lugar aún lleno de vida según mis ojos. Los recuerdos empezaron a empañar mi vista, las lágrimas también y sentí un peso en los hombros con el cual tenía dos años cargando.
He cometido errores toda mi vida, pero nunca uno que me costase tan caro.
Dejé todo en el asiento trasero y me saqué las sandalias, abrí la puerta, saqué mis dos píes y el toque con la arena seca y caliente, me hizo retener un suspiro de libertad.
¿Por qué se volvió todo tan difícil?
Me bajé completamente del auto y cerré la puerta. Aspiré hondo el aroma del mar y caminé. Con cada paso que daba, me acercaba más a su esencia. Ella aún estaba aquí, dándome consejos para cuando fuera grande.
"Debes ser buena con todos"
"Debes ser una linda chica para, cuando te cases, tener un lindo chico a tu lado"
"Debes ser sincera, no dañar a nadie, buscar ser feliz"
"Debes ser fiel a ti misma. Amarte por sobre todas las cosas"
Chillé del dolor. Caí sin fuerzas sobre la arena y grité una, dos, tres veces. Dando golpes a la arena, a mis piernas y a todo aquello que esté a mí alcance, porque todo se había salido de control sin ella. El dolor acumulado me estaba haciendo explotar, sin poder respirar, ahogándome en mi propia tristeza.
-Mamá… vuelve. –Susurré sin voz, acostada en posición fetal frente al mar, a poca distancia del agua, en la arena mojada. Las lágrimas estaban cayendo por todo mi rostro, mi cuerpo estaba temblando y me estaba abrazando a mi misma. Deseaba retroceder el tiempo y haber ido con ella en ese carro. –Te necesito. –Y cerré los ojos. Buscando la calma, la paz que ella tanto me proporcionada.
-Te extraño, mamá. Sácame de este infierno, por favor… por favor.
-Sakura-
"Porque te quiero…"
-Eres un maldito imbécil. –Lo alejé de mí, dando más de un empujón y capté su mirada horrorizada. Estaba loco si creía que yo caería en esa mentira tan barata. Qué fácil se les hacía decir esas cosas. "Te amo, te quiero, te extraño, te necesito". A la mierda con eso. Limpié mis lágrimas a mala gana, con rencor y asco hacia mi misma por dejar que me viese llorar.
Claro, debía ser muy fácil engañar a la amante triste que se acaba de enterar que el hombre que quiere, el cual es casado, tendrá un hijo. ¿Qué pretendía con esas palabras? ¿Qué le dijera "Sí, mi amor, entablemos una hermosa relación a escondidas"? Qué se joda.
-¿Qué…? –No lo dejé terminar, odiándome mi misma por dejarle hablar, por siquiera dejarlo abrazarme cuando su esposa estaba allá afuera, esperando por él.
-Diles que me disculpen, que un amigo me llamó para invitarme a almorzar y se me había olvidado por completo. –Me giré para tomar mi cartera y mi abrigo, temblando por completo, e ignorando la punzada en mi pecho que me decía que algo estaba haciendo mal. Ignoré las emociones, ignoré el dolor y lo ignoré a él. Lo escuché con intenciones de hablar. Sabía que estaba buscando las palabras correctas pero no le di tiempo. Cuando tuve todo en las manos, le di una última mirada antes de abrir la puerta de la oficina para que saliera antes que yo, y le dije con toda la dureza que sentía. –Y no te me acerques de nuevo.
Me quedé ahí, de píe en la puerta, mirando el exterior hasta que lo sentí acercarse de manera lenta, aún sorprendido. Mi pecho estaba golpeando fuerte, tan fuerte que dolía y escuché la risa de Ino a lo lejos hablando con alguien, y moví mi píe de manera desesperada signo de que necesitaba que se apurase. Cuando por fin pasó de mí, escuché su susurro lejano, frío.
-Estás cometiendo un error. –Eso hasta yo misma lo sentía en lo más hondo de mi ser y, aunque me juré no dirigirle la palabra, no pude evitar mi respuesta.
-Aprendí del mejor. –Él estaba a varios pasos, dándome la espalda, pero supe que aunque yo susurré mi respuesta, él la escuchó. Su espalda se tensó y sus puños se cerraron, pero no detuvo su andar. Cerré la oficina y caminé por el pasillo opuesto a él, buscando salir corriendo apenas pise el estacionamiento, pero una pelinegra me impidió el paso.
-Saku. –Hinata estaba frente a mí, buscando con su mirada a alguien que yo conocía perfectamente, pero queriendo hablar conmigo. Suspiré varias veces de manera superficial y obligué a mi cuerpo a relajarse un poco. Sasuke no se me iba a acercar. Y mi pecho dolió ante éste descubrimiento. Mordí mi labio más fuerte de lo normal para concentrarme en ese dolor y asentí hacia la chica.
-Hinata. –No pude sonreír. Ella por fin dejó de mirar por encima de mi hombro y se disculpó con la mirada. Iba a hablar nuevamente, quizás para preguntar qué me pasaba, pero el sonido de unos tacones acercándose, se lo impidieron. Volvió a mirar por encima de mi hombro y vi curiosidad en sus ojos. Yo cerré los míos y aguanté un poco más. Sabía de quien eran esas pisadas. Visualicé a Tenten junto a Ino, haciendo las debidas presentaciones con Hinata y sonriendo hacia mí. Las imité, quizás no del todo bien, pero lo hice.
-Chicas, estoy por irme a comer y… -La rubia me miró de forma intensa.
-Sasuke dijo algo de que no podrás acompañarnos, Saku, ¿por qué? –E hizo un maldito puchero. Me tragué el grito de frustración y respiré hondo, mirando el suelo un segundo.
-Sí, se me olvidó por completo que había ya aceptado otra invitación, lo siento, Ino. –Ella me miró con desconfianza, no creyendo lo que decía pero no dijo nada.
Vaya, por lo menos no es metiche.
-Saaaaaaku, ya le dije a Hina lo de esta noche. –Y se calló abruptamente, sus ojos brillando con alegría y temí lo que iba a decir. Giró sus ojos color chocolate hacia la ojiazul y tragué pesado buscando una excusa que me zafe de… -Ino, ¿Por qué no vas con nosotras al cine esta noche? –Ay no… La sonrisa de la rubia fue de pura felicidad y realmente consideré creer que no tenía amigas con quien salir.
Mi cerebro empezó a digerir un poco a esta chica y vi mejor sus ojos. Ella era bonita pero había algo en ella, era como si… como si no estuviera bien, como si le faltara algo. Aparté la vista de ella cuando la vi asentir y chillar de felicidad y seguí en eso de buscar excusas. Lo que menos necesitaba en estos momentos era esto, salir al cine con la esposa de mi… de Sasuke.
-Chicas, creo que… -Tenten me interrumpió.
-Oh no, pelirrosa, ni lo pienses. Ya dijiste que irías y lo harás. A las 7:00pm podemos vernos en el centro comercial, en la entrada, y ahí cuadramos todo. –No me dio tiempo a reaccionar. Tomó de la mano a Hinata y se despidió apresurada de nosotras. Ino estaba sonriendo con sus ojos brillando, viendo la escena totalmente embelesada y volví a sentir asco de mi misma.
Vergüenza.
Luego de un suspiro, giró sus ojos a mí y rió un poco. Yo estaba confundida completamente.
-Si no fuera porque eres muy delgada, creería que la embarazada eres tú. –Y se cruzó de brazos, aún riendo levemente y logré entender sus palabras. ¿Embarazada? ¿De donde sacó eso? Fruncí el ceño.
-¿Por qué dices eso? –Soné a la defensiva. Quise evitarlo, pero no lo logré. Ella vaciló su sonrisa un poco y me arrepentí de hacerle más daño del que, a sus espaldas, le hacía.
-No sabría explicarlo, creo que sólo una embarazada entendería. –Y volvió a reír un poco. Sus palabras me shockearon y empecé a removerme inquieta, deseando poder ser invisible o desaparecer en una nube de humo, como es esas comiquitas que a los niños les encantaba.
-Miró por encima de mi hombro y, por pura mala costumbre, me giré para ver a quien veía. Mi mirada se topó con la frialdad de los de Sasuke y la confusión en los Itachi. Volví a girarme a la rubia y empecé a dar pasos lejos de ella, de ellos.
-Se me hace tarde, Ino. Un placer conocerte. –Y le di la espalda, con ganas de correr, de gritar, de maldecir. Escuché su respuesta en un pequeño grito, por la lejanía.
-Hasta la noche, Saku. Igualmente. –Dios.
Al llegar al ascensor, pisé el botón para llamarlo y sólo tuve que esperar dos segundos. Al fin algo que me sale bien.
Entré y, antes de que se cerraran las puertas, vi a Ino colgada del cuello de Sasuke, mientras este me veía yéndome. Una imagen que me hará tener pesadillas toda la noche.
Llegué al estacionamiento y me di la libertad de correr, buscando llenar mis pulmones de aire, sin mucho éxito. Abrí el auto, lo encendí y arranqué sin el menor cuidado. No tenía hambre y sólo tenía una hora para almorzar y no precisamente fuera de la empresa. No siempre se nos permitía tal cosa y yo casi nunca lo hacía, pero hoy era la excepción. Si me quedaba ahí unos cinco minutos más, iba a enloquecer.
Aparqué el auto en mi puesto y subí a mi apartamento con mucha prisa, buscando protección en mi refugio personal. No había subido nada conmigo, ni siquiera el teléfono, sólo quería acostarme y ver el techo sin pensar en nada. No sé cual de esas tres cosas, es menos probable.
Respiré hondo y despegué mi espalda de la puerta, caminé a la cocina y me serví un vaso de agua, buscando calmarme y prepararme mentalmente para buscar una solución amena a todo esto, hasta que escupí el agua que estaba a punto de tragar cuando el comentario de Ino llegó a mi cabeza.
"Si no fuera porque eres muy delgada, creería que la embarazada eres tú."
Yo no puedo estar embarazada. Eso sería una locura, tomaba mis pastillas a diario y… abrí los ojos de golpe y corrí al baño, saqué la caja de las pastillas y…
-Santa mierda. –Había olvidado tomar cinco pastillas, seis con la de hoy. Me sentí empalidecer y rogué al cielo ayuda mientras suplicaba perdón por ser tan estúpida. Ahora sí el pánico se adueñó de mi ser y las lágrimas acudieron a mis ojos de forma rápida.
Yo no podía estar embarazada. Mierda, por supuesto que no.
Limpié las lágrimas y salí apresurada del apartamento, bajando las escaleras y pasando de largo el auto. A tres cuadras estaba una farmacia y… me devolví. En el auto estaba mi cartera, así que la tomé y retomé el camino, buscando enfriar mi mente, agitada por los pasos apresurados.
Las personas me veían con curiosidad, estaba casi corriendo y de seguro estaba pálida, aún con el esfuerzo. El miedo amenazaba por congelar mi alma y seguía rezando a Dios el perdón y le pedí al karma que no me castigara con tal cosa, no ahora, no así, no con él.
El cartel que decía "De turno" estaba encendido en rojo y saqué de mis pulmones el aire que estaba reteniendo. Temblé al abrir la puerta e hice la cola. Habían tres personas que no conocía frente a mí y debía esperar.
No permitas que esté embarazada, por favor, por favor, por favor, por favor…
-Señorita, ¿va a pedir? –Me espabilé por la voz que se dirigía a mí y vi que todos habían salido de la cola y avancé todos los pasos que me separaban del mostrador. No fue hasta que puse la mano en él, que supe que estaba temblando. El joven lo notó y las retiré de su vista, perturbada.
-Necesito dos pruebas de embarazo, por favor. –Traté de sonar amable y vi que las comisuras de sus labios estaban amenazando en una sonrisa burlona, así que toda la amabilidad dejó mi cuerpo. Fruncí aún más el ceño. –Las mejores, no importa lo que cuesten. –El asintió y las buscó, me indicó el precio y pagué por ellas, aún temblando, aún pálida, aún con el pánico corriendo a través de mí.
Le agradecí en un murmullo y me devolví al departamento aún más rápido de lo que había ido. Subí corriendo por las escaleras y abrí de un golpe las puertas. Las cerré aún más fuerte y lancé la cartera al sillón mientras salía corriendo al baño.
Me detuve a respirar y me dispuse a leer las instrucciones. Genial, nunca antes había usado una cosa de estas. Abrí la primera y seguí lo que decía ahí, con el corazón en la boca. Cerré los ojos y esperé a que pudiera usar la segunda, obligándome a orinar un poco más.
Las coloqué una al lado de la otra y decidí salir a la cocina a buscar un vaso de agua.
¿Qué demonios iba a hacer si estaba embarazada? Iba a perder mi trabajo, estaba segura de eso.
Miré el reloj. Ya había pasando dos minutos y eran cinco. Quizás debería dejarlo diez.
Me senté en una silla alta, crucé los brazos sobre la mesa y apoyé mi frente en ellos. Recordé las palabras de Sasuke y me estremecí, porque muchas veces había soñado que me decía algo similar, algo así de bonito, con la misma emoción y, por un segundo, consideré que estuviera diciendo la verdad.
¿Podría ser cierto?
Negué rápidamente, aún con la cabeza escondida en mis brazos. Eso era ridículo. ¿Cómo podía quererme y estar feliz con Ino? Y volví a pensar en ella.
Rubia, alta, elegante, bonita, tenía unos ojos hermosos y más curvas de las que una miss podría envidiar. Yo no podía competir con eso y, en definitiva, él no iba a dejar eso por mí.
Y, es que al fin y al cabo, él sólo se acostaba conmigo.
¿Verdad?
Miré el reloj y me sorprendí al darme cuenta de que me quedaban tan sólo 25 minutos para devolverme a la empresa y que ya habían pasado 10 desde que me hice las dos pruebas. Me levanté sintiendo el cuerpo más pesado de lo normal y tomé una galleta de la nevera, sintiéndome enferma pero necesitando algo sólido en mi estómago. Caminé al baño, aún con la galleta sin abrir en la mano y vi de lejos las pruebas.
Me acerqué tras un respiro y las miré. El aire salió expulsado de mis pulmones y me apoyé de forma rápida en la puerta, a punto de desmayarme.
Negativo.
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Hasta el próximo c:
