La caída fue más dolorosa de lo que pensó Naruto, en un principio.

Sintió un ramazo de dolor cruzarle por toda la espalda al impactar ésta, con el agua del acantilado donde él y Himawari habían caído al desplomarse el árbol donde segundos antes estaban apoyados. Más que el golpe fue el impacto que tuvo su cuerpo al chocar con el agua desde esa gran altura, haciendo que todos sus nervios protestarán en agonía. Jadeando y tosiendo en términos iguales, Naruto se arrastró fuera del agua, sintiendo el cuerpo cansado y las ropas pesadas. Quedándose aferrado a la orilla del acantilado dejó que sus pulmones se acostumbrarán a respirar de nuevo.

Cada bocanada de aire era más dolorosa que la anterior, pero lo continuó haciendo hasta recuperar el aliento. Oyó pasos acercándose hacia él, alertándolo de inmediato. Alzó la vista y sus ojos chocaron con los marrones de Himawari que aunque en parecidas situaciones, ella parecía más recompuesta que él.

—¿Vas a matarme, verdad? —preguntó, cuando la vio que se acercaba hacia él con su espada. Su pregunta la descolocó por un momento dejándole inmóvil a medio camino.

Himawari negó suavemente y se quedó parada observándolo.

—Yo…de cierta medida intentaba…—tartamudeó y eso en opinión del rubio la hizo parecer vulnerable y asustada por primera vez, desde que la conocía.

Un temblor algo lejano a ellos, hizo temblar la tierra bajo sus pies.

—Ya llegan —le llegaron los pensamientos de su clon de sombra a Hinata antes de desaparecer.

Hinata volvió su vista al lugar donde por última vez percibió a su clon de sombra.

Ya no tenía tiempo.

Caminó hacia Naruto y se puso de cuclillas delante del Uzumaki.

—¡Byakugan! —Naruto abrió los ojos llenos de sorpresa. Ella, ¿còmo, còmo podía utilizar aquella técnica?

—¿Qué? —Hinata lo golpeó en sus puntos específicos de chakra sin dejarle agregar nada más y tomando por sorpresa al Uzumaki.

—La mejor manera de atrapar a alguien es dejar de correr y hacer que te atrapen —murmuró la Hyuga sin darse cuenta que Naruto la escuchaba—. ¡Henge!

Una explosión de humo rodeó el cuerpo de Naruto y para su sorpresa se vio con la apariencia de la chica. Un segundo después, Himawari tenía la apariencia del rubio.

—Es hora —afirmó la chica.


Capítulo 6:

Hasta el final

El pasado puede doler, pero nos da dos caminos: podemos huir de él o aprender.


La mejor forma de encontrar a alguien es que esa persona decida buscarte a ti en primer lugar y Hinata se había dado cuenta a las malas. Perder un año entero buscando pistas de dos seres que no querían ser encontrados fue un desperdicio de tiempo innecesario. Así que ayer, mientras hablaba con Naruto se dio cuenta que la única manera de encontrarlos era si ella dejaba de correr por esta vez y fueran ellos en su búsqueda. Pero, no era a ella a la buscaban sino a ese afligido joven que se había convertido Naruto.

Y se preguntó cómo no lo habían hallado en primer durante ese largo año. Después de todo Naruto seguía siendo muy popular en cada región del mundo ninja y no se estaba escondiendo, precisamente.

Entonces, recordó lo que había leído en la oficina de Kakashi. Cada informe que copió y ocultó en su mochila mencionaba que si una aldea era atacada por dos extraños personajes el sexto hokage inmediatamente mandaba a Naruto a la dirección contraria y lo más lejos posible de los ataques.

Lo estaba protegiendo.

Hinata no podía culpar al Hatake por querer ayudar a Naruto. Sobre todo cuando el rubio se mantenía en ese estado.

Pero, ahora ella debía hacer lo mismo: protegerlo. Y la única manera era enfrentándolos.

Sus ojos buscaron a Toneri, encontrándolo en un árbol escondido de sus atacantes.

—Quédate ahí, —le dijo—aún te necesito.

El ruido de pisadas se escuchó justo detrás de ella haciéndola volver.

—Al fin nos encontramos, Uzumaki Naruto.

La Hyuga se volvió lentamente.

Hinata miró a aquellos dos escurridizos hombres que buscó por todo ese largo año. Uno de los hombres era alto, tan alto que incluso teniendo la apariencia de Naruto apenas podía llegarle al hombro, era de contextura robusta y fuerte, como un hombre que ha trabajado arduamente cada día de su vida, un cabello grisáceo azulado corto y una barba del mismo color. Poseedor de unos ojos feroces, además de un pequeño cuerno que se enroscaba en su cuello y partía la mitad de su rostro, cubriendo uno de sus ojos.

El otro era un joven casi de su misma edad, de piel pálida, cejas cortas del mismo color del cabello del primer hombre, rostro delgado y suave casi atractivo, con el cabello peinado en zigzag y mirándola con una sonrisa petulante y arrogante en el rostro. De su cabeza salían dos pequeñas protuberancias aparecidas a las orejas de los conejos.

Ambos poseían el byakugan.

—Naruto Uzumaki —habló el más joven—. Mi nombre es Ōtsutsuki Momoshiki, rey del shinshu y él es Ōtsutsuki Kinshiki —dijo, señalando al hombre robusto—. Nosotros hemos venido por ti y tu malintencionado uso del chakra que has tenido tú y este horrendo mundo lleno de maldad, todos estos años.

—No es exactamente cómo creen —intentó razonar con ellos, Hinata, mirándoles—. El chakra, sí, es cierto que no fue utilizado con bondad ni buenas intenciones, sé que ninjas y hombres en el pasado tuvieron corazones llenos de maldad y destrozaron el mundo. Pero, esto ha cambiado, las personas ahora viven en paz y armonía. Se han unido, para mejorar, para progresar, el chakra está uniendo a las personas de todas partes.

—¡Mientes! —Gruño el hombre—. El odio y la maldad son característicos de los hombres y eso nunca va a cambiar. Ahora, entréganos tu chakra y haremos de este mundo, un nuevo mundo, uno donde no exista ni el dolor ni el engaño ni mucho menos el odio.

—Estás equivocado si crees que creeré eso —respondió Hinata enfrentándose a su enemigo— lo único que están haciendo ustedes es crear miedo y tragedia por los lugares cuales pisan. Si hubieran querido la paz, la buscarían en vez de buscar la guerra. No son más que mentiras para encubrir sus verdaderas intenciones. Tú solo quieres muerte y destrucción y no te dejaré hacerlo. No a este aldea, no a sus habitantes y definitivamente...—no dañaras a Naruto-kun. Eran los pensamientos de Hinata frente a aquellos poderosos hombres.

—¡Entrega tu chakra!

—Si les entregó mi chakra y me matan, atraerán a otros aquí a detenerlos, ¿los matarán a ellos también?

—Mataremos a todo aquel que se interponga en nuestros ideales.

—Son más peligrosos de lo que creí —murmuró Hinata por lo bajo, al darse cuenta que razonar con aquellos hombres parecía ser un caso perdido—. Entonces, tendré que matarlos para que dejen en paz este mundo.

—Morirás inútilmente. ¡Entrégate ahora y sé parte de este nuevo mundo! ¡Sé parte del cambio!

—¡Jamás! ¡Jamás dejaré de luchar ni de pelear porque yo nunca retrocedo a mi palabra, ese es mi camino ninja —Hinata sonrió desafiante a aquellos dos—. No voy a dejar que le hagan daño a esta aldea ni al mundo ni a Naru…ni a mí —se rectificó a tiempo la Hyuga, señalando a uno y a otro, en un gesto desafiante—. Vamos, atáquenme.

Hinata adquirió una pose de pelea y los miro desafiante.

Momoshiki sonrió.

—Eso sólo hará todo más divertido

El más joven de los hombres miró al otro, quien asintió y corrió a pelear contra Hinata mientras el delgado y joven chico se sentaba en una roca a observarles.

Confusa Hinata miró al hombre, quien en su mano empezó a formarse una gigantesca katana de un color rosa claro.

Ella lo imitó, sacando su kunai de metal.

—¿Pero que son ustedes? —se preguntó Hinata saltando, esquivando y repeliendo cada uno de los ataques de aquel forzudo y gordo hombre. Nunca antes había conocido a algún ninja con aquellas habilidades. El Rikudo tenía razón en decir que aquellos hombres no serían rivales ordinarios. Un segundo antes de que la enorme katana creada por Kinshiki cayera en su brazo y posiblemente siendo rebanada, Hinata saltó a las ramas de un árbol, al bajar los ojos vio como un pequeño cráter se había formado donde segundos antes estuvo ella—. En verdad quieren matarme —se asombró Hinata al darse cuenta que aquellos hombres no se iban con juegos—. Aunque yo tampoco —guardó su kunai en uno de sus bolsillos traseros y con un movimiento rápido de manos creó algunos sellos— ¡Suiton! Elemento agua: Gran dragón acuático —un majestuoso dragón hecho enteramente de agua salió de sus manos y abriendo su gran boca devoró al Kinshiki sin ninguna vacilación.

Hinata sonrió, pero unos segundos después, el dragón explotó creando hondos charcos de agua por el lugar.

—¿Sólo eso harás? —Preguntó Kinshiki, mirándola con burla— creí que eras más fuerte, zorro —se burló el robusto Ōtsutsuki, lanzándose a atacarla.

—Lo soy —sonrió Hinata, esquivando la filosa arma del hombre mientras lo atraía más y más a un profundo charco de agua—. El poder no debe ser mostrado de manera presumida, hasta que sea necesario— Kinshiki puso un pie en el charco— como ahora. ¡Raiton! Elemento rayo: miles de rayos eléctricos —gritó Hinata señalando los pies del hombre, y que como su nombre decía: miles de rayos eléctricos golpearon al hombre y aumentando su dolor al estar completamente empapado de agua.

Hinata sonrió.

El entrenamiento del Sabio de los seis caminos, estaba dando sus frutos, después de todo. El hecho de conocer su elemento rayo natural era de mucha ayuda ahora y aunque le costó dominarlo, se sentía satisfecha de poder contar con él en este critico momento.

—Vamos, ríndete, no podrás ganar —propuso Hinata—. No quiero hacerte daño, ríndete.

Kinshiki sonrió con una sonrisa grotesca y malvada, mientras se levantaba del suelo sin ningún aparente daño en su cuerpo.

—¿Q-qué? —Hinata dio dos pasos hacia atrás, pero un fuerte golpe en la boca del estómago hizo que se doblará de dolor. El golpe, aunque corto, fue doloroso ya que al parecer el robusto hombre concentró todas sus fuerzas y chakra en herirla. Una patada fue el segundo golpe que recibió Hinata mandándola a volar contra una gran roca.

Mareada y adolorida en diferentes partes del cuerpo por los golpes recibidos, Hinata se reincorporó tomándose de un costado, al menos tenia fracturada unas dos costillas por el fuerte impacto producido por el golpe de Kinshiki.

—¿Aun no te rindes? —preguntó el hombretón sorprendido.

—¡Nunca! —exclamó Hinata, corriendo contra su atacante, no podía rendirse, no ahora, al menos.

No sin luchar.

No sin cumplir sus objetivos.

No sin mantener a la aldea a salvo…

…mantener a Naruto a salvo.

El hombre corrió hacia ella con una lanza creada por su mano y dispuesto a acabar con ella sin miramientos. Hinata, lentamente su katana, y entonces, ambas armas ninjas chocaron, sacando chispas en su impacto.

Una y otra y otra y otra vez.

Ambos ninjas peleaban con agilidad y destreza y aunque el hombre superaba en altura y peso a Hinata, corría y se movía sin dificultad o cansancio, parecía que su mano no sólo estaba hecha de aquel sólido y duro material sino que su cuerpo entero parecía recubierto de lo mismo.

Un nuevo choque entre sus armas hizo que se enfrentaran cara a cara: la Hyuga se sentía agotada y adolorida. Una pelea de ese tipo sólo sería un desgaste inútil a su chakra si seguía prolongándolo, no sólo porque tenía que vencer al otro Otsutsuki sino que también tenía que mantener el Henge no jutsu y seguir manteniendo la apariencia de Naruto y la imitación de su chakra a pesar de los golpes ya recibidos.

Lo que se resumía tanto el desgaste de su fuerza física así como el cansancio de su mente, al concentrarse únicamente en mantener el jutsu en su lugar.

—Tengo que terminar con esto —se dijo Hinata, observando a su rival. Los Hyuga conocidos por sus ojos blancos, se volvían agudos observadores del mundo que los rodeaban, ello hizo que muchas veces, ganarán importantes batallas ninjas. Necesitaba encontrar sus debilidades y aprovecharse de ellas a su favor.

Kinshiki le dio un rodillazo en la boca del estómago haciendo que trastabillé y dé unos pasos hacia atrás, Hinata pudo notar que el hombre evitaba darle en sus puntos de chakra vitales para que muriera.

Un segundo golpe en la cara hizo que su boca se llenará de un líquido con sabor metálico y cayera derrumbada al suelo.

—Sangre —dijo con asombro Hinata, mirando el líquido rojo entre sus dedos.

Estaba jugando con ella.

Jugando hasta cansarla.

Hasta que se rindiera.

Pero, no ella no lo iba a hacer.

Aún tenía mucho para terminar.

Aún faltaba mucho para el final.

—No voy a rendirme —se levantó tambaleante y con la katana como apoyo—. Ni a retroceder a mis palabras —alzó la katana y lo señaló en desafío— ¡Porque ese es mi camino ninja y voy a seguirlo hasta el final! —Hinata corrió hacia el hombre activando su Byakugan en el proceso.

Era momento de actuar.


La cabeza de Naruto daba vueltas mientras que miles de pensamientos surcaban su mente. En primer lugar: ¿por qué Himawari había tomado su forma física y le había pedido encarecidamente a sus amigos que lo regresarán a la aldea? ¿Qué ganaba ella con todo esto? ¿Fue este siempre su plan y Toneri que tenía que ver en todo esto? Y la más importante de todas: ¿quién era ella en realidad y por qué tenía el Byakugan en su poder? Ella ocultaba cosas, demasiadas para que él pudiera dejarlas a un lado. Y sus palabras al despedirse eran iguales, tan iguales a las de...

Debía saber, debía averiguarlo.

Y la única persona que sabía todo esto estaba a solo algunos pasos de distancia.

El piso volvió a temblar bajo sus pies con increíble fuerza.

—¿Que está sucediendo? —preguntó Sakura, cuando delante de sus ojos un gran cráter se hubo dibujado en el suelo bajo sus pies.

Naruto a su lado pudo percibir dos inmensos puntos de chakra colisionando uno con otro.

Y sólo corrió y corrió hacia adelante, hacia la destrucción, hacia la oscuridad, hacia…

Himawari.


Un gran charco de sangre goteaba de la herida mientras en vano intentaba retenerla. Sus manos antes fuertes y poderosas ahora parecían cadavéricas y flácidas mientras la sonrisa de petulancia y burla que surcaba el rostro del hombre se convertía en la horrible mueca de horror que tienen los hombres antes de su inesperada y pronta muerte.

Hinata con los ojos fieros y con el Byakugan activado, veía como la comprensión llegaba a la mente de Kinshiki, al entender que fue él el herido y que aquella no era otra sangre más que la suya propia.

—¿Cómo…?

—Como pude dañarte —completó Hinata por él—. Simple —señaló, su brazo izquierdo donde existía una cortada, no demasiado grande para ser vista por el ojo normal de un ninja pero sí lo suficiente para los ojos de un Hyuga entrenado como lo era Hinata—. Te hice esa cortada desde la segunda vez que chocamos nuestras katanas, ahí pude darme cuenta que no eres inmortal después de todo y puedes ser verdaderamente herido, pero sobre todo recordé algo que me dijeron hace algún tiempo —miró a la distancia.

¿Y esta katana? —cuestionó Hinata, mirando el arma que le entregó el Sabio de los seis Caminos. Ella no era alguien que utilizará demasiadas armas ninjas ni mucho menos katanas.

Lo averiguarás en el momento oportuno —sonrió el anciano, observando la confusión en el rostro de Hinata—. Sólo utilízalo con responsabilidad cuando sea la hora de utilizarlo.

Kinshiki retiró la espada de su cuerpo, arrojándola al suelo, como si quemará. Agarró su costado, intentando en vano detener la herida de su estómago, pero era inútil, moriría irremediablemente.

—Creo que ahora puedo entenderlo —dijo pensativamente la chica, observando el filo resplandeciente de su arma. La katana nunca fue un arma inútil como creía en un principio sino que sería el símbolo de su victoria. El espíritu luchador del sabio de los seis caminos se encontraba con ella y no permitiría que perdiera sin cumplir con su cometido.

Un grito desgarrador la hizo volverse.

—¿Qué hiciste? —Momoshiki la miraba lleno de un profundo enojo e ira, como nunca antes. Miró al hombre forzudo a sus pies, agonizante—. Tú, maldito zorro, pagarás por esto —amenazó el más joven.

—Tu amigo está pagando por lo que hizo.

—¿Crees que me importa esa basura? —dijo Momoshiki sorprendiendo a Hinata—. Ese tipejo ni siquiera me importa, sólo era un estúpido sirviente, pateó al hombre en el estómago, sin misericordia arrojándolo a un lado como un desperdicio que debía ser sacado del caminoes más, me alegrará que muera, no se necesitan dos líderes para la creación de este mundo. De lo que estoy furioso es que me obligues a pelear contigo para entregarme tu chakra.

El hombre joven empezó a crear chakra en sus manos. Primero, fue pequeño hasta convertirse en una gran esfera tan grande como el tamaño de la luna

—¿Qué estas haciendo? —Gritó Hinata con espanto.

—Estoy harto de ti y de tu testarudez. Empezaré a destruir este lugar y a todos los que se encuentren aquí.

—¡No, no puedes hacerlo!

—Mírame hacerlo —se elevó en el aire y empezó a juntar más y más chakra a su alrededor.

Hinata se sintió acorralada, miró a la distancia: los monumentos de la cara de todos los hokages, la silueta de la aldea a la distancia. Simplemente no podía dejar que ocurriera eso. El suelo empezó a rajarse y los cielos a oscurecerse y las aves huían hacia el horizonte, huyendo del peligro. En ese entonces vio a Toneri, aferrado al tronco de un árbol.

—¡Toneri! —le gritó—. Necesito que crees una barrera de chakra.

—¿Qué…qué estas diciendo?

—Crea una barrera de chakra en toda esta área. Sé que creaste una barrera de chakra en la luna donde no permitías que cualquiera pueda entrar.

—¿Cómo sabes eso?

—Sé muchas cosas. Pero, aquello no es importante, sino que no debemos permitir que dañe la aldea ni a ninguno de sus pobladores.

—Yo no tengo porque hacerlo. Yo no pertenezco ahí, no es mi asunto.

Hinata se volvió a verlo.

—Entonces, no lo hagas por ellos, hazlo por mí, yo te liberé.

—Pero…

—Yo haré tiempo para que crees la barrera, lo distraeré.

—Pero, si lo hago quedarás atrapada en la explosión.

—¡Crea la barrera, créala ya! —gritó Hinata mientras el suelo empezó a rajarse y los arboles a caer mientras que la tierra se movía como si un terremoto azotará el lugar.

—Si lo hago morirás —argumentó Toneri.

Hinata rió.

—Créeme ese no es ningún problema.

—Pero…

—Me debes un favor, recuérdalo.

—Está bien, lo haré.

Hinata sonrió y asintió.

—Muy bien —ella corrió buscando a Momoshiki. Toneri, alzó ambos brazos, concentrado.

Hinata alzó la vista al cielo y miró al Otsutsuki.

—Hey —gritó poniendo las manos en la boca, tratando de llamar su atención—. ¡Hey, cobarde! —le llamó adoptando una pose de bravucón y tipo feroz, como tantas veces había visto en su compañero de equipo, Kiba Inuzuka cuando buscaba pelea con alguien más—. Deja aquello y pelea conmigo, o acaso, ¿me tienes miedo?

La chica se sintió un tanto ridícula por sus palabras, pero supuso que aquello estaba bien cuando el Otsutsuki volteó a mirarla, bastante enojado.

—¿Qué has dicho? —Preguntó el ninja, bajando a la tierra y con una vena hinchada en la frente—. Acaso, ¿me has dicho cobarde?

Hinata lo encaró, sin amedrentarse.

—Sí, lo he hecho. Cobarde, prefieres dañar a otras personas, antes de enfrentarme —respondió, tratando de imitar los gestos y maneras de Naruto.

—Si así lo deseas —el joven tomó una pose de pelea y Hinata concentrando chakra en su mano derecha corrió hacia él.

Pero, poco o nada pudo hacer Hinata porque en un instante, Momoshiki dobló su brazo, quebrándolo en aquel momento.

—No podrás engañarme como al estúpido de Kinshiki —la miró el hombre, mientras Hinata gritaba de dolor, retorciéndose en el suelo—. Sé que algo estás tramando para detenerme pero no te voy a dejar hacerlo —le alzó de las solapas de la parte delantera de sus ropas, quedando frente a frente.

Hinata trató de zafarse de su agarre, pero su brazo derecho no le respondía.

—¿Crees que me ganarás, zorro? —Se burló viendo los esfuerzos inútiles de la chica por liberarse. Movió la cabeza y le dio un fuerte cabezazo.

Una línea de sangre apareció en la frente de Hinata, cayendo por su nariz y bajando por su barbilla. El golpe aturdió a la Hyuga, perdiendo la orientación de donde se encontraba y lo que hacía. Los golpes llegaban una y otra vez a su cuerpo, sin poder detenerlos; ya no tenía fuerzas y sólo su voluntad parecía mantenerla con consciencia.

Intentó sacar la katana de la funda ubicada en su espalda, pero débil, ésta resbaló de sus dedos, cayendo al suelo.

—¿Con esta cosa heriste a muerte a Kinshiki? —sonrió el joven, observando la katana. La miró con interés y después simplemente la pisó, rompiéndola con un fuerte crujido, como el brazo de Hinata.

Hinata miró la última arma que tenía para vencerlo, partida en dos.

Rota y quebrada, como ella.

Totalmente inútil.

—¿Qué pasa, vas a dormirte? Pero, aún falta mucho para que terminé de divertirme contigo —se burló el hombre de la condición deplorable de la Hyuga, pero las fuerzas abandonaba a Hinata y su concentración en el disfraz que portaba— ¿Qué es esto? ¿Qué significa? —preguntó Ōtsutsuki Momoshiki, sorprendido al notar que la apariencia de Hinata cambiaba poco a poco de la de Naruto a la de Himawari.

—Que te equivocaste de persona —terció una tercera voz. Tanto Hinata como Momoshiki voltearon a ver al dueño de aquella voz, la primera con miedo y asombro y el segundo con incredulidad. Porque delante ellos, se encontraba nada más ni nada menos que el verdadero Uzumaki Naruto.

Hinata fue la primera en reaccionar.

—Pero, pero, ¿qué haces aquí? Te creía en la aldea —le gritó—. Además, se supone que nadie puede atravesar esta barrera. ¿Cómo entraste?

Naruto frunció el ceño al verla técnicamente siendo ahorcada por el extraño sujeto, golpeada, con las ropas rasgadas, en una pelea sangrienta y violenta. Su frente aun sangraba y en esta ocasión copiosamente, su ropa hecha jirones y ella le sermoneaba por su aparición.

—He venido a aclarar algo que necesita ser resuelto —respondió el Uzumaki serio.

—Entonces, tú eres el real —Ōtsutsuki Momoshiki sonrió al mirarlo— sí, lo eres, puedo sentir tu chakra fluyendo con fuerza en tu interior —miró a Hinata y sin ningún reparo la arrojó al suelo como un objeto inservible—. Ya me ocuparé de ti más tarde.

—¡Himawari! —gritó Naruto al verla caer y soltar un quejido. Intentó acercarse a la chica pero la aparición de Momoshiki le impidió hacer cualquier cosa— ¡Quítate! —gritó furioso Naruto. Himawari, tenía un pésimo estado y su respiración era irregular.

—Tú, Naruto Uzumaki pelearás conmigo.

—Vas a pagarlo, ttebayo —dijo Naruto concentrando su chakra en su interior.

Ambos hombres se lanzaron en una feroz batalla, tratando de dañarse el uno al otro, aunque cada ataque de Naruto era efectivo, sus ataques de ninjustu eran absorbidos por el arrogante Ōtsutsuki, cansando poco a poco al rubio de Konoha.

El Uzumaki recordaba como segundos antes de que Toneri proyectara aquella barrera cercando el lugar, él se lanzó dentro dejando fuera a sus demás compañeros y aunque escuchó los gritos de Sakura para que se detuviera, él no pudo evitar hacerlo cuando detectó a través de su modo sabio como la esencia y la energía de Himawari se reducían rápidamente.

La necesidad de saber que estuviera bien y su creciente ansiedad por saber las respuestas de su identidad hicieron que actuará tan precipitadamente. El tipo con el que luchaba era verdaderamente fuerte, pero no podía rendirse, tenía que luchar y vencer a aquel sujeto y auxiliar a Himawari; no podía dejar que alguien más muriera cuando él podía hacer algo al respecto.

—¿Quién eres tú? ¿Por qué estás haciendo esto? —Exigió Naruto, buscando respuestas— ¿Por qué has dañado a Himawari?

—Yo no quería hacerle daño a ella —respondió el otro sonriéndole—. Creí que eras tú.

—¿Qué?

Sorprendido por la respuesta, Naruto recibió un puñetazo en la cara.

—Así es, zorro. No tengo ningún interés en ella, sino en el chakra de tu cuerpo. Aquellas criaturas en tu interior, —señaló su estómago sellado— aquella es la clave de todo, hemos estado buscándote por mucho tiempo, bueno, él otro ya está muerto, eso no es importante, lo importante es que tu chakra hará que destruya este mundo y cree uno nuevo, uno libre de esta estupidez de ninjas, todos estarán en mi poder, siguiendo mis órdenes. El hecho que esa mocosa se hiciera pasar por ti ha retrasado algo las cosas, cuestiones técnicas que resolveremos con tu muerte.

El Uzumaki recordó las palabras de Sakura cuando la presentó: "está buscando a dos personas, creo que son familiares suyos porque está muy interesada en encontrarlos a como dé lugar".

—No era a la aldea a la que quería hacer daño, Himawari. Era a ustedes a los que buscaba, a ustedes es que quería detenerlos —dijo Naruto encajando algunas piezas con las palabras de aquel hombre le decía.

—Si, tal vez. Supongo que esa tonta pensaba que podría detenernos ella sola.

—¡No la insultes! —interrumpió Naruto irritado. Puede ser que no entendiera los métodos que utilizaba la chica pero si definitivamente buscaba proteger la aldea, él no tenía nada que criticarle—. Tú solo eres un cobarde que necesita de otros para sus planes, buscas dañar y causar dolor a todos los que te rodean.

—No me vengas con discursos baratos, morirás y tu poder hará que este mundo caiga en mis manos.

—¡Jamás! No me rendiré nunca y lucharé hasta el final.

El hombre sonrió.

—Entonces, te obligaré a hacerlo. Te obligaré a suplicarme que acabé con tu vida de forma rápida y sin dolor.

Mientras ambos personajes peleaban entre sí, Hinata reunía fuerzas para levantarse y volver a luchar. Sentía un par de costillas rota impidiéndole respirar con normalidad, enfocó su vista al frente donde Naruto y Momoshiki peleaban con todo su poder, tratando de herirse el uno al otro.

—Necesitó ayudar a Naruto-kun —con dificultad y tomándose del estómago, Hinata se reincorporó. Necesitaba pensar y encontrar una solución que ayudará a vencer a aquel sujeto. Miró donde se encontraba, buscando alguna manera de protegerse, pero no tenía ningún plan en mente, sus ojos se encontraron con el pesado e inerte cuerpo del otro Otsutsuki y a su lado su katana rota en dos, Hinata tomó uno de los restos de la katana e inútilmente trató de unirla con la otra, pero ésta estaba totalmente dañada. Entonces, una idea totalmente suicida surcó en su mente.

Naruto fue arrojado con una fuerte patada hasta los escombros de rocas que fue creada por los fuertes temblores ocasionados por los hombres Ōtsutsuki.

—¡Naruto-kun! —Hinata cojeando y tomándose en el estómago llegó hasta el rubio, se arrodilló a su lado tratando de auxiliarlo— ¿Te encuentras bien? —Naruto estaba tan mareado y magullado que ni siquiera se dio cuenta la forma en como lo había llamado Himawari.

—No —dijo él, tambaleándose y volviendo a caer—. Mis técnicas de ninjustu están siendo absorbidas por ese sujeto. Apenas si puedo golpearlo, necesitó entrar a mi modo Sennin para golpearlo con las katas de las ranas.

Hinata se levantó.

—Tengo una idea —y le contó lo que había pensado.

—¿Es seguro? —Ella se encogió de hombros—. ¡No lo sabes! Entonces, arriesgarte es una completa locura.

—Pero debemos intentarlo, esta barrera de energía no durará demasiado y se romperá, debemos aprovechar hasta el último segundo. Te daré el mayor tiempo para que te recuperes.

—¡Espera! —la llamó Naruto, pero ella ya corrió hacia el Ōtsutsuki, pero no podía hacer nada más que reunir la mayor cantidad de chakra en su cuerpo, esta vez no dejaría que nadie más lo protegería en sus batallas. Apretó el objeto que la chica le entregó y cerró los ojos buscando unirse con la naturaleza.

Hinata volvió a atacar a Momoshiki pero él una y otra vez podía repelerla con facilidad y su cuerpo se maltrataba con cada nuevo ataque que recibía, estaba tan mal que ya no sentía ningún musculo de su cuerpo: quería que todo terminará y poder descansar, pero entonces recordaba a Naruto quien la necesitaba y a quien no podía dejar. Con las pocas fuerzas que tenía, se levantó de nueva cuenta, enfrentándoles.

—Tengo que resistir, tengo que resistir por Naruto-kun y la aldea.

—Sólo eres un estorbo —gruño el hombre volviéndose a Hinata—. Acabaré contigo en este instante —dijo, acercándose a lentamente a la kunoichi.

Hinata retrocedió apartándose del camino del Otsutsuki, tropezó con sus propios pies pero continuó retrocediendo mientras el hombre seguía avanzando para la desesperación de la ojiperla.

—Vas a morir, pequeña —dijo el hombre, extendiendo su mano derecha para dañarla, Hinata sacó de entre sus ropas una de las partes de la katana rota y atravesó al hombre con todas sus fuerzas.

—Necesitas ambos lados de la katana para matarme —se burló Momoshiki viendo como la punta de la katana se hundía en su pecho.

—El problema contigo —se burló Naruto apareciendo en su espalda y hundiendo el mango y el resto de la katana— es que hablas demasiado —y ambas partes de la katana se unieron creando una gran explosión por todo el lugar.

Las personas que estaban fuera del campo de protección sólo vieron como todo se oscurecía, tapándole cualquier vista de lo que sucedía en su interior.

Hinata abrió los ojos sintiendo que algo cálido la rodeada y cuando miro a su alrededor se vio protegida por el manto naranja de Kurama, cubriéndola.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Naruto a su lado.

Hinata afirmó.

Ambos se miraron.

—Lo vencimos —sonrió Hinata triunfante al terminar con la amenaza que representaba Momoshiki para la tierra, se sentía horriblemente cansada y sólo quería dormir por un largo tiempo. Naruto también sonrió, pero un segundo después su sonrisa se congeló en su rostro. Dio un paso hacia atrás y la señaló.

—Tu cabello…

—¿Mi…? —Hinata tomó un mechón de su cabello y para su completo horror, éste perdía su brillante color rojo por su muy característico cabello negro—. No puede ser, no puede ser.

¿Qué estaba pasando? El jutsu de transformación del sabio de los seis caminos, ¿se estaba debilitando?

Inmediatamente, Hinata se puso la capucha de su casaca en la cabeza y le dio la espalda a Naruto.

—Vete —dijo, cerrando los ojos— vete ahora, por favor y dile al hokage lo que ha sucedido aquí.

—Pero…

Hinata se levantó de golpe, dándole la espalda al rubio y poniendo una barrera entre los dos. Tenía que irse inmediatamente, no podía dejar que Naruto la viera con su aspecto real.

—Espera…—el Uzumaki puso una mano en su hombro y la volvió ligeramente hasta que estuvieron frente a frente.

Sintió los dedos temblorosos de Naruto en sus hombros y los sintió subiendo poco a poco y lentamente hasta su capucha, la cual dejo caer hacia atrás.

No podía verlo al tener los ojos cerrados, pero podía sentir que el chakra de Naruto estaba alterado.

Alterado y agitado.

—Abre los ojos —dijo Naruto. Hinata negó— ¡Ábrelos!

Lentamente y con temor la Hyuga abrió los ojos hasta fijarlos en los impactados ojos azules frente a ella.

Naruto jadeó y la vio con ojos desorbitados.

—Yo…

Unos brazos se cerraron en torno a ella.

—H-hinata…

—Naruto-kun…—Naruto cerró los ojos feliz por volverla a escuchar decir su nombre una vez más.

—Hinata eres tú. Has sido tú todo este tiempo. Me negaba a creerlo pero, ¿Quién más en todo el mundo sabría esas palabras y me las repetiría para despedirse? ¿Recuerdas cuando te despediste de mí y me dijiste: "Gracias y lo siento"? Yo no lo olvidé y cuando volviste a repetirlo allá atrás, sabía que eras tú —la soltó y la miró y sin poder resistirse recorrió su mejilla con dedos temblorosos.

La Hyuga subió los ojos al cielo tratando de contener sus lágrimas.

—¿Por qué no dijiste que eras tú, eh? —Naruto sonreía. Le sonreía sin ningún atisbo de enojo o reproche contra ella.

—Yo…

—Ella no podía decírtelo —de la nada, el sabio de los seis caminos apareció en el lugar como una aparición.

Hinata se alejó de Naruto y se acercó al sabio, bajando sus ojos.

—Rikudou-sama, yo…yo…

—Lo sé, Hinata, lo sé, no necesitas decirme nada. Has cumplido tu misión.

Hinata sólo asintió.

—¿Misión? ¿Qué misión? —Preguntó Naruto mirando del uno al otro— ¿De qué están hablando?

El sabio colocó una mano en el hombro de Hinata, en un gesto de confort.

—Hinata regresó temporalmente a la tierra para cumplir una misión, —miró a los dos Otsutsuki— tendría que matarlos para evitar una nueva guerra ninja, es por ello que notó una nueva apariencia para que nadie supiera quien era en realidad.

—Eso lo entiendo, pero, espere, ¿temporalmente? ¿Dijo temporalmente?

Hinata agachó la cabeza.

—Hinata tiene que acompañarme, su tiempo en la tierra terminó.

—¿Llevársela, llevársela? —Los ojos azules de Naruto centellaron de furia— ¡No se llevará a ningún lado, ahora que está aquí!

—Naruto-kun, por favor —suplicó Hinata, mirándolo con lágrimas en los ojos— yo vine a la tierra para protegerte a ti y a la aldea. No he querido nada más que ello y Rikudou-sama me ha dado la oportunidad de hacerlo, de salvarlos, de salvarte…

—Hinata…

—Decide volver porque quería cuidarte una vez, sólo una vez más y poder protegerte —dijo Hinata con voz temblorosa, el sabio dándose cuenta que estaba de más se retiró un poco dándoles privacidad.

Naruto la abrazó con todas sus fuerzas, sintiendo todo el cálido cuerpo de la chica pegado al suyo, sabía que pesar de todo lo que él le dijera, Hinata no podría quedarse, porque en el mundo existían fuerzas más poderosas que ellos.

—Perdóname, perdóname por mi culpa tú moriste, por mi culpa tuviste que separarte de tu familia, de tus sueños —suplicó perdón Naruto por todo lo que le había arrebatado.

La ojiperla negó.

—No te culpes ni culpes a nadie por mis decisiones, yo no lo hago ni nunca lo haré. ¿Sabes, por qué? —Respondió ella, separándose sólo un poco de él— porque si me volvieran a dar a elegir salvarte, lo hubiera hecho de nuevo, lo hubiera hecho de nuevo, Naruto-kun —las lágrimas resbalaban de los ojos de ambos jóvenes sabiendo que aquello era una despedida—. Porque yo siempre te he querido.

Naruto no pudo resistir todos sus sentimientos que explotaba por salir por una vez, por esa única vez y la besó. La besó por aquellos besos que pudieron ser en el pasado, por aquellos besos pudieron tener en el presente por todos aquellos besos que no se darían en el futuro.

Por ese amor que no podría ser, no ahora, no ahora, al menos.

—Naruto-kun…—dijo Hinata separándose sólo unos milímetros del ninja. Hinata lo observó y cuando sus ojos se encontraron, en los ojos de Naruto encontró el amor que por años había anhelado en su vida.

—Aunque tarde demasiado en entenderlo, creo que lo sabía, creo que siempre lo supe —Naruto acarició lentamente su mejilla— que este corazón latiría por ti, Hinata —confesó Naruto, tomando una de sus manos y llevándolo a su corazón— solo por ti, Hinata y siempre lo hará.

—Naruto-kun…

—Te quiero, Hinata. Siempre te querré. Y le rogaré al cielo todos los días por volverte a ver, tal vez en otra vida, tal vez en otro tiempo, pero siempre te querré —dijo Naruto regalándole una de esas bellas sonrisas que siempre la enamoraron.

La barrera de chakra empezó a resquebrajarse a su alrededor, rompiendo la conexión de sus ojos.

—Debo irme —suspiró Hinata intentando reprimir las lágrimas. No podía permitir que nadie más la viera con su verdadera apariencia y hacerlos más al despedirse.

Naruto asintió sabiendo que aquello era el adiós, pero su corazón se negaba a dejarla.

Ambos lentamente se soltaron hasta que sólo sus manos se mantenían unidas, ninguno dejaba de mirarse guardando en su memoria la figura del otro y pensando que el tiempo los volvería a unir una vez más.

Sus dedos lentamente se soltaron y Hinata retrocedió sobre sus pasos sin perder el contacto visual con Naruto hasta que la barrera explotó y el rubio tuvo que cerrar los ojos para evitar la luminosidad de su alrededor.

—Nunca dejes de luchar por tus sueños, Naruto-kun y olvida las heridas del pasado —escuchó la voz de Hinata a la distancia.

Al volver a abrirlos, Hinata ya no estaba.


Sakura y los demás vieron que una figura solitaria aparecía a la distancia, todos se prepararon para atacarla, cuando la figura empezó a tomar la forma de su rubio amigo, todos suspiraron de alivio.

—Naruto —la chica corrió hasta él y lo bombardeó a preguntas y revisaba su estado de salud con el ninjustu médico.

—Estoy bien, Sakura-chan, estoy bien.

—Pero, ¿qué fue lo que pasó?

—Te lo contaré en la aldea. Ahora sólo quiero descansar.

—¿Y qué hacemos con Toneri? —preguntó la pelirrosa, señalando al joven que se escondía a una cierta distancia— debemos volver a llevarlo a la cárcel de Konoha.

Naruto vio al hombre que por mucho tiempo fue el causante de su sufrimiento, al ser que más había odiado más en el mundo, pero en su interior ya no había más dolor, más culpa, más resentimiento, todo ello había desaparecido de su corazón con su encuentro con Hinata, ella no culpa a nadie de su muerte y él tampoco debía hacerlo.

—No —interrumpió el rubio y todos lo miraron extrañado al conocer el resentimiento que le tenía al hombre de la luna— él ya ha pagado todo lo que ha hecho —dijo recordando las palabras de Hinata al despedirse—. Debemos olvidar las heridas del pasado y vivir nuestro presente lo mejor que podamos —siguió caminando y los otros lo siguieron algunos pasos a la distancia un tanto desconcertados—. Viviré por ti, Hinata y por todo lo que sacrificaste para protegerme —una sonrisa como las de antaño se dibujó en el rostro de Naruto mientras la imagen de Hinata aparecía en el cielo—. Viviré por ti, Hinata y estarás muy orgullosa de mí.