CAPÍTULO 5 – Compras navideñas
Toby odiaba la navidad desde los catorce años, las luces en la calle le recordaban a cuándo acompañaba a su madre a comprar regalos de navidad, las galletas de jengibre a tardes enteras cocinándolas con Jenna.
Lo peor era el día 26, era incapaz de abrir la puerta de cualquier habitación, perseguido por el recuerdo de su cara amoratada y sus pies colgando a diez palmos del suelo. Se alegraba de que Jenna ya fuese ciega por aquel entonces.
Pero Emily había decidido organizar una velada el 23, con amigo invisible, y debía encontrar un regalo para Jason y algunos para Jenna, Timmy, su padre y su madrastra Teresa.
Iba demasiado concentrado en sus pensamientos así que ni siquiera vio a Spencer hasta que se chocó con ella, tirándola al suelo.
- ¡¿Estás bien?!
Y aunque la chica trató de decir que sí una mueca de dolor cruzó su cara al tratar de ponerse en pie.
Se agachó a su lado y le levantó la pernera de uno de los pantalones, el pie comenzaba a amoratarse, se lo habría torcido.
- Te va a doler – Avisó, tirando de golpe de su piecito para recolocar la articulación en su sitio.
Spencer quería ponerse en pie de inmediato pero él la mandó quedarse sentada un momento mientras recogía los paquetes repartidos por la nieve y se los ponía entre las manos.
- Hay una farmacia a la vuelta de la esquina – Informó apurado – Qué… quédate aquí y… que voy a por una tobillera y vuelvo aho…
Esta vez fue ella la que le puso un dedo sobre los labios – Está bien, Toby.
Se agarró de sus brazos para ponerse de pie y sonrió al chico que todavía la miraba con miedo a haberle hecho daño – Está bien – Repitió – No esperaba encontrarte aquí.
- Tengo que comprar el regalo para el amigo invisible, y no tengo ni idea de qué.
- No le compres ni camisas ni corbatas, mi padre siempre se las regala.
En su cara debió de reflejarse su pregunta pues sonrió, con esa sonrisa de "te sorprendí" tan suya, y con las luces de colores reflejándose en su cara Toby pensó que hacía años que no estaba tan bonita.
- Emily utilizó papel demasiado transparente para el sorteo, sus jotas son muy grandes así que te había tocado Jenna o Jason, y cómo no sabes que comprarle dudo que sea Jenna.
Rió, sorprendido - ¿Me ayudas a buscarle algo?
Y ella asintió – Pero antes necesito cafeína.
Así que volvían a estar sentados en una cafetería, el uno frente al otro. Toby había comprado dos bollos de frambuesa con intención de darle uno pero ahora dudaba, no quería enfadarla.
- ¿Siempre tomas el café solo?
Asintió, dando un largo sorbo de su taza – Solía tomarlo con crema pero Melissa me regañaba así que empecé a tomarlo sólo.
- ¿Te regañaba?
- Muchas calorías.
Toby quiso estrangular a la mayor de las Hastings pero en vez de eso dijo – Entonces de tomarte uno de los bollos ni hablamos ¿No?
Spencer miró el plato con una mezcla entre enfado y miedo antes de sacudir la cabeza negativamente.
- ¿Y medio?
- Toby…
- He visto tu coche aparcado. Si no comes nada te llevaré yo a casa, no puedes desmayarte al volante – Su tono sonó duro, severo, más de lo que pretendía, pero ella no pareció enfadarse.
Se inclinó para partir la mitad del bollo y lo colocó en su plato junto a la taza del café.
Uno, dos, cuatro, diez. Toby se descubrió contando los minúsculos mordiscos de la chica.
- Ya está, ¿Contento?
Él empujó el plato con la mitad restante hacía su lado de la mesa – Contento estaría si te lo terminases.
Spencer estuvo a punto de gritarle pero entonces cayó en la cuenta de que hacía años que nadie la enfrentaba a aquella situación, hacía años que todos la habían dado por imposible, y sentir que todavía preocupaba a alguien… - Me da miedo – Admitió, centrándose en la servilleta cubierta de migajas moradas.
- Spence, mírame – Toby estaba más que sorprendido de que le hubiese dejado entrar en aquella mente suya – Hagamos las cuentas.
He desayunado un tazón de este tamaño – Y con las manos trató de demostrar el tamaño del recipiente - de cereales de chocolate con leche semidesnatada. ¿Eso son?
- Alrededor de 700.
- Luego merendé dos manzanas – Cabeceó hacia ella para que le diera la respuesta. Pues en su casa a nadie le habían interesado las calorías lo más mínimo.
- 120 aproximadamente.
- Comí spaguetti con albóndigas, un plato más o menos así.
Spencer rió, aquello era relativamente divertido – 860, más o menos.
- Bien. Y ahora me estoy tomando esté café.
- 180 – Indicó ella, antes de que preguntase.
- Y un bollo de frambuesa – Se lo tragó de un bocado.
- 360.
- ¿Eso hace un total de…?
- 2.220 – Spencer calculó inmediatamente.
- Ahora dime – Toby sabía que aquí venía la parte difícil – Y no me mientas – La miró a aquellos preciosos ojos castaños - ¿Qué has comido tú hoy?
Spencer bajó la vista avergonzada – Desayuné una manzana, 79'2, es decir 80. No merendé ni comí – Lo dijo muy rápido, como si así pudiese evitar que Toby lo escuchase.
- Ahora 180 del café y 180 del donut.
- 440 – Toby le alzó la barbilla desde el lado contrario de la mesa, sintiendo sus dedos helarse al contacto con su piel y su estómago retorcerse, tenía que conseguirlo – Sé que no sé mucho de nutrición pero las chicas tenéis que tomar entre 2.000 y 2.500 al día para mantener – Y recalcó la palabra – un peso saludable. Y como mínimo 1.200 en una dieta de adelgazamiento.
- No has comido ni un cuarto de lo que deberías hoy, ¿Eres consciente?
- Sí.
- ¿Por qué?
- Esa es la pregunta del millón – La chica se levantó, con cuidado – Vayamos a comprar ese regalo.
