Capítulo 6: Extrañas actitudes

Esa semana estaba resultando muy solitaria para Alan, puesto que sus amigos tenían ahora otros intereses, por lo que pasaba los ratos en la sala común con Hugo o en la lechucería con Lily.

Tras haber huido de la biblioteca ese domingo pasado, había rechazado la sugerencia de Lily de acompañarla porque necesitaba estar solo. Pero al día siguiente se acercó a la lechucería por curiosidad, por ver qué hacía la chica allí sola. Y fue de las mejores ideas que había tenido; el ruido de las aves no le dejaban pensar.

—¿Ves? Es el mejor lugar para evadirse —dijo Lily al ver la sonrisa del chico.

Desde entonces, pasaba un par de horas allí con la pelirroja, comentando alguna que otra cosa, pero evitando siempre el tema de por qué estaban allí. Alan intuía cuál era la razón de Lily para estar allí, pero tampoco quería ser entrometido. Aunque tampoco le hizo falta preguntar; Hugo estaba ahí para esclarecerle las cosas.

—Le gusta Scorpius desde hace un tiempo. No me lo ha llegado a contar, pero es mi prima y mi mejor amiga, así que no puede ocultarme nada —concluyó con una sonrisa inclinada.

El moreno, aun así, se sorprendió y, un segundo después, se sintió más cercano a ella. Eso le hizo sentirse mejor; se sentía comprendido.

Ahora estaba con ellos en el Gran Comedor desayunando y leyendo El Profeta que le había pasado el pelirrojo para que viera la noticia de ayer. Le había preguntado qué le pasaba a la gente que parecía muy nerviosa esa mañana, así que Hugo le pasó el periódico sin decirle nada. Y leyó:

—"… La pasada tarde tuvo lugar un trágico accidente cerca del puerto de Dover. A tan sólo un par de horas para desembarcar, El Escocés naufragó por razones desconocidas, llevándose consigo la vida de cerca de 300 personas, magos entre ellos. Desde el Ministerio se han abierto dos ramas de investigación: una para encontrar los cuerpos de los magos que viajaban en el barco y otra para averiguar qué ocurrió… Fuentes cercanas nos informan de la posibilidad de encontrarnos ante un suceso provocado por magos; el Ministro aún no se ha pronunciado ante estos datos, pero nos aseguran que pronto hará un comunicado por radio… Estaremos a la espera."

Alan levantó la vista con los labios apretados y miró a Hugo. El chico sólo alzó las cejas y miró hacia la mesa de los profesores; esperarían a que el director comentara algo sobre esto y estarían atentos a la radio para escuchar al Ministro.

Durante las clases el ambiente estaba tenso, tanto por parte de los alumnos como de los profesores. Todos parecían pensar en lo mismo, en que el accidente pudiese haber sido provocado por magos; ante esta posibilidad estaban aterrados. Hasta que alguien no les asegurase que se trataba de un simple accidente, no se les quitaría esa sensación de encima.

—Hola, Alan —lo saludó Albus, que llegaba corriendo al aula de pociones para no llegar tarde.

—¿Dónde te habías metido? —le preguntó mientras se sentaban y esperaban a que llegara el profesor.

Pociones era la única asignatura a la que podía asistir con sus compañeros, puesto que el resto de horas las pasaba también allí.

—Estaba con Helen —contestó, aunque bajando un poco la voz por si estaba por allí su amigo el rubio. Alan rodó los ojos.

—No creo que te moleste más por eso. Está demasiado ocupado en otras cosas —terminó diciendo casi en un susurro.

—¿Qué otras cosas? —se extrañó el Potter.

Scorpius y Rose llevaban en secreto su… lo que tuvieran, porque tampoco Alan había querido saber en qué punto se encontraban. Lo único que sabía era que quedaban en la biblioteca, porque a los dos les escuchaba siempre la misma excusa para no acompañarlo en los ratos libres. Y era comprensible que Albus no supiera qué pasaba entre esos dos, pues cuando aparecían juntos, como en aquel momento, actuaban como si nada. Tenías que saberlo para darte cuenta del pequeño rubor de sus mejillas.

—Hola —saludó Rose visiblemente incómoda.

—Buenas —fue lo único que dijo Albus, agachando la cabeza para evitar la mirada de Scorpius.

Pero el rubio tampoco lo miraba a él; parecía encontrar muy interesante la mesa que tenía delante. Rose se sentó junto a éste porque no tuvo más remedio, ya que hasta ahora nunca se había sentado junto al rubio. Y Logan vio este cambió con el ceño fruncido.

—Bien, queridos alumnos —comenzó Adrian Pucey nada más entrar en el aula—. Hoy quiero que hagáis algo muy sencillo, por ello quiero la máxima perfección. Debido a que los alumnos de 4º están aprendiendo a realizar el hechizo Incendio, ahora mismo tenemos a unos cuantos en la enfermería con quemaduras. Así que ya podéis imaginároslo: quiero que realicéis ungüento para quemaduras.

Era una poción sencilla, como había dicho el profesor, pero aun así nunca la habían realizado. Al que más fácil le parecía era a Alan, que sería capaz de realizarla con los ojos cerrados, y por eso se permitía darle vueltas en la cabeza a algunas cosas. Era bueno y malo, porque se encontraba pensando en cierta pareja que tenía detrás. Pero entre unos pensamientos y otros podía centrarse en aquella nota que se le había caído a la profesora Crowe. Si bien habían estado buscando en libros el significado de esa palabra "Tessire", no habían encontrado nada útil. Tal vez estaban buscando en el lugar equivocado, tal vez no era ningún hechizo o mago famoso. Pero entonces, ¿dónde debían buscar?

Empezando por el principio, la profesora podía haber seguido las indicaciones de la nota y haberla dejado caer cuando ya no le hacía falta o la podía haber encontrado en esa aula por la que salió y perderla. Eso lo conducía a que en realidad lo que buscaban estaba tras esa puerta, fuera una u otra opción. Así que ya estaba, saldrían de la biblioteca y entrarían en aquella aula. Pero la pregunta era, ¿qué iría con él a investigarlo? Miró a Albus, que parecía un poco triste, seguramente por la distancia que mantenía con Scor; miró de reojo a Rose, que estaba concentrada en su poción, aunque el rubor de sus mejillas no era por la complicación de ésta, sino más bien por quién tenía al lado; y Scorpius actuaba ajeno a todo, a la incomodidad de Albus y al nerviosismo de la chica, pero sabía que no era así.

¿Les contaba el descubrimiento que había tenido? ¿Iba solo? Bueno, podía decírselo e ir solo, puesto que se excusarían con que estaban muy ocupados. Tampoco quería inmiscuir a Hugo y Lily, así que la última opción era la viable.

—Chicos —llamó su atención una vez se acercó a la mesa de atrás. Continuó en susurros cuando sus amigos prestaron atención—. Creo que es mejor ver qué hay detrás de la puerta por la que salió la profesora Crowe.

Hubo un pequeño silencio mientras interpretaban las palabras del moreno, entonces asintieron. ¿Quería decir que irían los cuatro? Alan se extrañó, pero sus amigos parecían decididos, aunque no hubieran dicho nada.

—¿Cuándo vamos? —interrumpió Albus los pensamientos de Alan.

—La semana que viene hay salida a Hogsmeade. Podemos intentarlo el sábado después de comer —sugirió Rose.

Los otros tres asintieron y acto seguido siguieron con sus respectivas pociones antes de que el profesor Pucey les llamara la atención.

A la hora de comer, el director Bertram Aubrey se levantó y se hizo el hechizo sonorus para hacerse oír por encima de las voces de los alumnos.

—A raíz de los pasados acontecimientos, para quien no lo haya leído aún, me refiero al accidente del barco en el puerto de Dover, pido serenidad y quiero tranquilizaros recordándoos que no hay sitio más seguro que este castillo. Sé que aún no hay razones para tener miedo, pero toda precaución es poca, así que cuanto antes nos protejamos mejor. —Observó el silencioso comedor, las caras sorprendidas, asustadas y valientes de los alumnos. —A las nueve de la noche, el Ministro hará un comunicado que se retransmitirá por la radio.

Se sentó y acto seguido entabló una conversación con Adrian Pucey, quien se tapaba la boca para hablar y se acercaba mucho al director.

—¿Qué es eso del barco? —preguntó Scorpius ignorante del suceso, al igual que Rose.

—Han muerto cerca de 300 personas y se baraja que pueda haber sido provocado por magos —le resumió Alan después de soltar un suspiro, claramente molesto al saber por qué su amigo no se había enterado.

—¿Cómo? ¿Por magos? ¿Quiere decir eso que alguien del mundo mágico ha matado a toda esa gente? —Rose parecía alarmada.

Alan alzó los hombros; no tenía ni idea de qué había pasado, como casi toda la sociedad mágica.

—Esta noche nos enteraremos de algo —zanjó el chico el tema.

Ya en la sala común tras haber cenado, los alumnos se apiñaban alrededor de la radio mágica que había sobre una estantería junto al fuego. Se escuchaba a un hombre hablar de la noticia, de cuántos cuerpos habían encontrado hasta ahora -273 cuerpos-, de cuántos magos viajaban en el barco -24-, etc.

Albus bajó las escaleras de las habitaciones y se dirigió a donde estaba Alan junto a su hermano y su primo en unas sillas tras los sofás. Scorpius y Rose estaban apoyados en uno de los sillones cercanos al fuego, con Gina y Logan.

—Hola, primito —lo saludó Fred rodeándole con el brazo los hombros. —¿Qué tal con la chica Malfoy?

—Bien —susurró poniéndose colorado.

Fred se rio y miró también a James.

—Qué suerte tenéis de tener a vuestras chicas cerca. —Soltó a su primo y se rascó la cabeza. —No sabéis lo que echo de menos a Clary. ¿Y tú? ¿Ninguna ha caído aún? —le preguntó a Alan, quien tragó fuerte, pero en ese momento se escuchó la grave voz del Ministro Shacklebolt hablar por la radio.

Buenas noches, magos y brujas de Gran Bretaña. —Carraspeó y continuó. —A estas alturas deduzco que todos saben algo sobre el incidente causado ayer por la tarde cerca del puerto de Dover. —"Ha dicho incidente, no accidente", pensaron algunos. —No voy a entretenerme nombrando qué ocurrió ni el número de personas caídas, puesto que eso está en todos los periódicos. Quiero ser breve y claro: hay suficientes pruebas como para que creamos que un grupo de magos ha sido el causante de este naufragio y, con ello, de la muerte de tantos muggles y magos. Por lo que seguiremos investigando y buscando a los culpables. Por ello me veo en la obligación de lanzar un aviso a la población mágica: no queremos dar una falsa seguridad, por lo que recomiendo precaución y, como diría un amigo mío, "alerta permanente". Desde hace unas horas, he dado la orden de inducir el país en un estado de alerta temporal. Hasta que no sepamos qué está ocurriendo, los medios de transporte y comunicación estarán más controlados y se procederá a hacer registros en lugares públicos. —Una pausa donde se escuchó cómo el Ministro cogía y soltaba aire con fuerza—. Doy el pésame a todas las familias afectadas y llamo a toda la población a que si ve algo sospechoso informe al Ministerio. Buenas noches.


Tras aquel comunicado, pareciera que todo con el que te cruzaras te creía sospechoso. Había menos gente por los pasillos y en los jardines, como si las salas comunes fueran el lugar más seguro del mundo. No todos actuaban de esa forma, al menos; había quienes no se creían ni una palabra y otros que no iban a dejar de hacer su vida por algo que no estaba claro. Como Rose y compañía.

Caminaba deprisa por los pasillos y bajando escaleras, casi escondiéndose de los alumnos con los que se cruzaba, como si supieran a dónde iba y para qué. En algún momento vio de reojo a Alan y a su prima Lily girando una esquina y se preguntó si tenían algo.

Llegó por fin a la biblioteca, que estaba más vacía de lo normal al ser fin de semana, y disminuyó el ritmo para no llamar la atención. Dejó atrás unas cuantas estanterías y giró varias veces a derecha e izquierda, hasta que se detuvo en un pasillo en concreto, pero sin nada en especial. Pero para ella sí era especial, porque allí se reunía desde hacía una semana con Scorpius, quien todavía no había llegado. Se apoyó contra una de las estanterías y observó los libros en la oscuridad.

Oyó unos pasos y su corazón empezó a latir con fuerza mientras veía una silueta acercarse por el pasillo hacia ella. Sonrió cuando pudo ver con claridad la sonrisa que el chico le dedicaba y se plantó frente a él.

—Hola —susurró Scorpius muy cerca de la chica.

—Hola.

Escuchaban sus respiraciones y sentían sus rápidos latidos; el resto les daba igual. Scorpius cogió la mano de Rose para acercar sus cuerpos y pasó las suyas por la cintura de la chica mientras ella las depositaba en los brazos del rubio. Y como llevaba sucediendo durante toda la semana, se besaron.

Tras un largo rato en el que casi ni se habían mirado, pues sólo existían sus labios y sus manos, se sentaron en el suelo muy cerca el uno del otro. Scorpius jugaba con los dedos de Rose que tenía entre los suyos y ella miraba al suelo un poco sonrojada por lo que acababan de hacer.

—¿Te puedo preguntar algo? —rompió Rose el silencio. Scorpius asintió—. ¿Dónde estuviste el día que… que te enteraste sobre lo de Albus y tu hermana?

Era algo que la intrigaba pero que no había tenido el valor de preguntarle. Tal vez ahora se abriera a ella y de esta forma averiguara todas esas cosas que le contaba sólo a Alan. Scorpius dejó de jugar con sus dedos y apretó la boca.

—Había quedado con mi padre para que me contara qué había pasado en vacaciones con Helen —empezó el chico sin mirarla—. Me contó que mi… abuelo había ido a casa preguntando por mi hermana y que no paraba de gritarle. —Rose contuvo la respiración—. Mi padre le dijo que parara y como no le hizo caso le lanzó un protego, que provocó que mi abuelo cayera al suelo.

Hizo una pausa para mirar de reojo a la chica, que se mordía el labio. Era consciente de que le acababa de contar una pequeña mentira, porque había llegado a pegar a Helen, pero quería evitar darle esa visión de su familia cuando tan sólo llevaban una semana de ¿relación? Bueno, como fuera, su apellido no estaba del todo limpio y no era necesario ensuciarlo más.

—Me llevó a San Mungo para que viera a mi abuelo pero no llegué a entrar en su habitación. No se merecía mi tiempo —concluyó bajando la voz para que no se le notase la rabia que destilaba.

—¿Le gritó porque se había enterado de su relación con Al? —intuyó Rose, sin saber si podía acariciarle para calmarlo o qué.

—Sí, por culpa de mi madrastra que vio el maldito gorro que llevaba en la cabeza.

Y eso lo llevaba a recordar que esa broma fue idea del imbécil de James Potter, que era nada más y nada menos que primo de Rose. ¿Por qué tenían que ser familia? Y bueno, también le hacía recordar que el que estaba saliendo con su hermana era Albus, uno de sus mejores amigos. Con la cantidad de chicos que había, tenía que gustarle un amigo suyo. Aunque cada vez le molestaba menos este hecho.

A todo esto, debería hablar con los dos, porque la situación cada vez era más incómoda. Pero era tan complicado…


—¡Eh, Lily!

La pelirroja se detuvo para buscar a quien la acababa de llamar. Phoebe se detuvo un metro por delante para esperar a su amiga, pero se acercó a su amiga cuando distinguió quien era el chico que la llamaba. Lily se cruzó de brazos, a pesar de querer disimular su enfado.

Scorpius llegó frente a ella y se paró a coger un poco de aire. Antes de empezar a hablar, miró de reojo a la golpeadora de su equipo, para que ella misma se diera cuenta de que estorbaba. Pero no se movió, así que habló.

—Necesito —Lily apretó los labios— que me digas si mi hermana está de buen humor porque tengo que hablar con ella. —Ante el silencio de la Potter continuó. — Tuvimos una pequeña discusión y aún no hemos vuelto a hablar.

Ante esta última confesión, Lily se crispó. Abrió la boca de golpe, separó sus brazos y se llevó a rastras al chico por el pasillo para alejarse de Phoebe. Al doblar la esquina, soltó el brazo y puso los suyos en jarra.

—¡¿Cómo que pequeña discusión?! —empezó a recriminarlo y luego bajó la voz. Scorpius bajó la mirada al suelo. —¡¿Desde cuándo la primera reacción de un hermano mayor al saber que le han pegado a su hermana es gritarle?!

—¿Te lo ha contado? —preguntó el chico mirándola de nuevo.

—¡Pues claro! ¿Por qué no debería? —contestó la chica con el mismo tono enfadado.

—No sabía que mi hermana contaba este tipo de cosas ni tampoco creía que fuerais tan íntimas —se sinceró agachando de nuevo la mirada.

—No suele contarme muchas cosas, pero lo que realmente le importa sí.

Se mantuvieron en un incómodo silencio unos segundos, una con los labios fruncidos y el otro con las manos en los bolsillos.

—No voy a ayudarte más con Helen —le soltó la chica tras aquella pausa.

—¿Por qué? —se escandalizó el chico.

Lily vaciló unos segundos más; no iba a decirle la verdad, porque no era necesario que él supiera que lo había estado ayudando para que se fijara en ella. Era mejor distanciarse de él, porque tampoco quería intentar "quitárselo" a su prima.

—Porque no voy a espiar a la novia de mi hermano.

Tras eso, se giró, caminó para llegar hasta su amiga y desapareció por otro pasillo.

A Scorpius se le había parado la respiración; había sido un duro golpe por parte de la pequeña de los Potter. Ella sabía cómo estaban las cosas por culpa de esa relación y, sin pestañear, se lo había restregado por toda la cara. Pero entendía los motivos de Lily y también le daba la razón sobre cómo había actuado aquel día. Tenía que hablar con Helen ya.

Y allí se encontraba, frente a la puerta de la sala común de Slytherin, apoyado en una pared y con las manos en los bolsillos. Llevaba un rato ahí parado, con la esperanza de que saldría de un momento a otro. Al menos, para la hora de la cena tendría que salir, ¿no?

Unos pasos tras él se detuvieron de golpe tras tropezar un poco. Scorpius se giró para ver de quién se trataba y casi se tropieza al apartarse de la pared, como si quemase.

—Hola —rompió Scorpius el silencio.

Albus sólo asintió, sin atreverse a hablar; estaba a solas en un pasillo frente al chico que había querido matarlo, frente a su amigo, ambos esperando a la misma chica. El moreno sabía que tenía que huir, su piel erizada se lo decía, pero sus pies no respondían. Tragó con dificultad al ver avanzar a Scorpius hacia él y sintió cómo empezaba a sudar.

El curso de pensamientos del rubio era totalmente opuesto. Sabía que esa era la mejor ocasión para hablar con él y aclarar las cosas, así que dio unos pasos hacia él, lentamente para darle una sensación de calma.

—Al, tengo que decirte muchas cosas —empezó el chico Malfoy bajando la cabeza.

Albus sintió alivio y miedo a la vez, porque ese gesto podía interpretarse de dos formas: arrepentimiento o rabia contenida. Pronto comprobó que se trataba del primer sentimiento.

—Me comporté como un estúpido, sin razones para desconfiar de ti, porque eres de las pocas personas que conozco que no tiene maldad alguna. El que te ha fallado he sido yo.

Los hombros del chico habían bajado unos centímetros mientras hablaba, dando tal aspecto de arrepentimiento que Albus se quedó en estado de shock demasiado tiempo. Se esperaba cualquier cosa menos esa, una escena en la que su amigo Scorpius, el chico que era casi tan altanero como su hermano, se mostraba tan abatido. Entonces comprendió hasta qué punto se sentía culpable y qué clase de amigos eran: incondicionales.

El mediano de los Potter sonrió levemente y caminó para acercarse al primogénito de los Malfoy y darle un abrazo. No fue uno muy largo, pero sí uno muy intenso y, sobre todo, reconciliador. Al separarse, el rubio sonreía y sentía como si un peso que no notaba que llevaba se evaporaba.

—¿Qué haces aquí?

Ambos Gryffindor se giraron hacia la entrada a la sala común de Slytherin y vieron a Helen de brazos cruzados. La chica había visto la sonrisa que tenían los dos, intuyendo que se habían reconciliado, pero aun así no bajó la guardia y esperaría a ver qué tenía que decirle su hermano.

—¿Podemos hablar? —preguntó acercándose a su hermana.

Ella dudó un momento, pero luego dejó caer los brazos a los lados y empezó a caminar por el pasillo, sobrepasando a los chicos sin mirarlos. Scorpius la siguió tras un suspiro y se despidió de Albus, que tomó otra dirección.

Helen subió las escaleras y salió a los jardines una vez pisó la entrada del castillo. El chico la seguía unos pasos por detrás, con las manos en los bolsillos y dándole vueltas a lo que iba a decirle. Era muy posible que acabaran peor de cómo estaban ahora, pero tenía que dejarle claros algunos puntos. Se había estado fijando en su amigo Al, en qué cara traía cuando volvía de estar con su hermana o cómo actuaba las pocas veces que los había visto juntos por el castillo. Y no le había gustado nada. En un principio había actuado sobreprotegiendo a su hermana porque era algo normal, era su primer novio y debía avisar al susodicho para que no hiciera daño a su hermana pequeña. Pero, recapacitando, se había dado cuenta de que más bien debía actuar al revés; su hermana ya no era una niña indefensa. No sabía si era por todos estos años soportando las burlas de su abuelo o porque había aprendido a defenderse durante estos tres años en la escuela, pero veía claramente que Helen había crecido.

Se detuvo cuando la chica lo hizo y esperó a que se girara para mirarlo. Al hacerlo, no fue capaz de adivinar qué le pasaba por la mente; eso lo irritaba, puesto que siempre había podido leer sus expresiones cuando nadie más lo hacía.

—¿Y bien? ¿Qué tienes que decirme? —soltó sin ocultar su enfado. Se volvió a cruzar de brazos.

De primeras, su actitud le sorprendió, porque generalmente ella no expresaba sus emociones de esa manera, tan explosiva. Pero después pasó a sentirse enfurecido, aunque se preocupó de no mostrarlo; su hermana se estaba convirtiendo en toda una Slytherin.

—Primero, quiero pedirte perdón por cómo actué —empezó apretando los dientes y los puños. No es que no lo sintiera de verdad, pero su actitud lo estaba poniendo de los nervios.

—Vaya, hacía tiempo que no te oía pedir perdón —soltó con un tono de indiferencia pero con una sonrisa de lado en el rostro.

Los ojos de Scorpius soltaron chispas; fue la gota que colmó el vaso.

—¡¿Pero a ti qué te pasa?! —Explotó levantando los brazos—. ¿Esas serpientes te han fundido el cerebro o qué? ¿O es que crees que de esta manera el abuelo te elegirá como su favorita? Porque no entiendo que actúes de forma tan ruin… ¡con tu propio hermano!

—¡Perdón por no cumplir tus expectativas! —Contraatacó Helen con ironía—. ¡Pero como comprenderás no puedo complacer a todos los que esperan algo de mí!

—¿Y prefieres complacer a aquel que te ha maltratado durante toda tu vida? ¿O a esas serpientes que se meten con cualquiera que se cruce por su camino, incluida tú?

—¡Esas serpientes son mi familia! —Helen se estaba poniendo roja por momentos.

—No —dijo Scorpius bajando repentinamente el tono de voz. Dio un paso atrás y vio la cara sorprendida de su hermana—. Tu familia es un hermano que te cuidó cuando nadie más lo hizo, un padre que te quiere, una abuela que daría su vida por ti y unos amigos que simplemente lo son por cómo eres. —Su semblante estaba más serio que nunca—. Aunque dudo que te creas lo que acabas de decir.

—¿Y qué quieres que crea? —inquirió bajando la voz y apartando la mirada de su hermano.

—Mira, no voy a tratarte como si fueras tonta porque no lo eres. Tú sabes qué debes hacer. —Se acercó un poco más a ella—. Pero tengo que avisarte de algo.

Helen lo miró de reojo para que no viera las lágrimas de sus ojos. Tragó fuerte y escuchó a su hermano.

—No le hagas daño a Al.

—¿Por qué me dices esto? —preguntó mirándolo más de frente. Sus repentinas ganas de llorar se habían pasado.

—Te conozco y lo conozco a él.

Dicho aquello, dio la vuelta y se marchó para entrar en el castillo, dejando a su hermana dándole vueltas a lo último que le había dicho.


En el campo de Quidditch se divisaba un grupo de alumnos de Gryffindor vestidos para entrenar. Al frente, se encontraba Fred Weasley sosteniendo su escoba y mirando a su equipo. En las gradas también había alumnos, de varias casas, observando el último entrenamiento antes del partido del domingo contra Ravenclaw.

—… Dicho esto, ¡a entrenar para acabar con esas águilas!

Entre vítores y gruñidos, se dividieron en subgrupos aplicando cada uno de ellos algunas de las técnicas que habían visto usar al equipo de Ravenclaw. El guardián hacía un tipo de pirueta para imitarlos para que el resto consiguiera encontrar el punto flaco; Phoebe y Fred se lanzaban las bludgers; los cazadores se quitaban la quaffle y se la pasaban como hacen los Ravenclaw para ver por dónde atacar, etc.

—Lily, si entramos por la izquierda tendremos más posibilidades de atraparla —le decía Rose a su prima montada en su escoba a varios metros del suelo.

—Eso será la primera vez; luego debemos ir de frente, porque no se lo esperarán —le rebatía la pelirroja sosteniendo la quaffle.

—Eso es una locura, todo el mundo está preparado para un ataque de frente —reía la Weasley.

—No, si piensan que alguno de nosotros irá por el lado izquierdo —insistía la Potter.

—¿Tú qué piensas, Scorpius? —desvió la mirada al chico, esperando su apoyo.

Lily rodó los ojos disimuladamente; le parecía increíble que quisiera usar su nueva relación con él para tener la razón. Pero no se daría por vencida ya que sabía que su idea era mejor, así que miró intensamente al chico a los ojos.

—Emm, pues… —Scorpius pasaba la mirada de una a otra, sin saber a quién apoyar, porque quería darle la razón a Rose, pero la verdad era que Lily últimamente le daba miedo. —Mejor salir de dudas preguntándole a Fred, ¿no?

Sin esperar respuesta y sin volver a mirarlas, descendió en su escoba hasta el terreno junto al capitán, que hablaba con James. Ambos lo miraron cuando aterrizó y se extrañaron por el semblante que traía el chico. James seguía sin soportarlo, pero en cuestiones de Quidditch no se bromeaba.

—Es mejor que subas y pongas fin a la discusión, porque me veo en el partido del domingo que cada una hará lo que crea mejor —le pidió con el ceño fruncido.

—Sois tres, ¿no podéis hacer la estrategia a votación? —inquirió el Potter una vez se marchó el capitán hacia las cazadoras. No lo preguntó a malas, pero siempre había un rastro de la mala relación cuando se hablaban.

—Tengo que recordarte que conozco bastante a Rose —un calor repentino subió a su cabeza e intentó parecer normal—, así que sé cómo se pone cuando cree que lleva razón. Y como Lily parecía que tampoco iba a dar su brazo a torcer…

A James le molestó que pronunciara el nombre de su hermana como si fueran tan amigos como lo eran Rose y Albus, pero más se extrañó al escucharle decir que su hermana estaba siendo cabezota. Frunció el ceño pero no añadió nada más.

Finalmente, Fred había optado por seguir una estrategia similar a la que Lily ofrecía, pero atacando por debajo en vez de por delante. El problema fue que ambas chicas no se fueron muy contentas del entrenamiento; el capitán guardaba la esperanza de que se les pasara durante estos días, por el bien de sus primas… y del equipo.


El resto de días hasta que llegó el sábado, fueron muy extraños. Estaba claro que el aviso del Ministro con eso de "alerta permanente" estaba presente en muchos de los alumnos, en algunos llegando al extremo de llevar la varita en la mano todo el día. Pero las clases seguían, al igual que el resto de actividades de ocio, como hacer una visita al pueblo mágico de al lado, Hogsmeade.

Pero entre los problemas comunes en la población mágica, cada joven también tenía que lidiar con los suyos propios. Por eso, esa semana Scorpius había estado más callado de lo normal debido a que no acababa de arreglarse con su hermana. Rose estaba un poco irritable porque el chico de ojos grises se había distanciado un poco de ella y, cuando le preguntaba, éste evadía el tema. Albus temía que su relación con Helen decayera, porque la chica últimamente estaba más seria y esquiva. Helen, por su parte, tenía un debate interno que le provocaba no poder acercarse a su hermano y no actuar como antes con Albus por las propias palabras de Scorpius. Alan se sentía desplazado por sus amigos, cada uno metido en sus propios asuntos, pero, por extraño que pareciera, hablaba más de lo normal gracias a Hugo y Lily. Ésta última, se había prometido plantar cara a los que la trataran como si fuera inferior, aunque fuera por su edad. Y Logan tramaba un plan para que todo volviera a ser como antes de que Alan volviera.

Esa mañana, casi todos bajaron al pueblo a hacer algunas compras y a pasar el rato en El cuervo o en Las Tres Escobas. Llegaron los cuatro juntos, pero una vez allí, cada uno tomó una dirección: Albus desapareció para buscar a Helen, Rose y Scorpius, disimuladamente, se instalaron en una mesa aparatada de El cuervo y Alan caminó lentamente por las calles del pueblo, hasta que dio con Hugo.

Se detuvo antes de que lo vieran allí, porque se había dado cuenta de que estaba con Lily y con Phoebe Bell, por lo que no quería interrumpirlos. Siguió caminando y se apartó un poco de las casas y las tiendas. Hacía un poco de frío, pero no como el que debería hacer; no había ni nieve en esa última semana de enero. Se sentó en una roca cercana a un bar y observó el lago, con sus aguas intranquilas debido al calamar gigante. Últimamente estaba muy nervioso, no sabía si por la temperatura tan inusual o por alguna otra razón. Los animales eran muy intuitivos, lo que le hacía pensar que igual sabía que iba a pasar algo cerca de allí y por eso estaba intranquilo. O no.

Unos pasos interrumpieron sus pensamientos y se giró. Pensó que era Rose, lo que le provocó un cosquilleo en el estómago, pero al tenerla cerca vio que no era ella.

—Hola —dijo alegremente al sentarse junto al chico.

Él le hizo un gesto con la cabeza mientras intentaba recordar su nombre. La conocía de las reuniones a las que había asistido del Club de las eminencias, pero sólo recordaba su rostro, por la similitud con Rose, y su voz aguda. ¿Podía ser que empezara por A? Se sentía avergonzado por no recordar eso, aunque sólo hubieran hablado una vez.

—No sé si me recuerdas, pero yo a ti sí —dijo con una gran sonrisa que no mostraba los dientes.

—Te recuerdo, pero… lo lamento, no recuerdo tu nombre —se sinceró el chico. Sería una estupidez tener una conversación incómoda por el hecho de no saber un nombre. —Yo soy Alan.

—Vlair, lo sé. —Soltó una risita. —Angelina Smith —le contestó ofreciéndole la mano. Alan la estrechó con una sonrisa. —¿Y bien? ¿Qué haces aquí tú sólo?

El chico miró de nuevo hacia el lago y disimuló un suspiro. No conocía a esta chica, pero sentía que podía confiar en ella, así que ¿qué importaba si le decía la verdad? Seguramente no volverían a hablarse.

—Mis amigos me han abandonado —soltó con una sonrisa tras unos segundos.

—Eso está muy mal —comentó Angelina con una pequeña sonrisa, que para nada era de burla.

—¿Y los tuyos dónde están? —Esta vez sí mostró los dientes mientras miraba al suelo.

—No tengo muchos, la verdad. —Alan frunció el ceño, preguntándole con la mirada. —Pues… porque soy muy ambiciosa —y rio tras su comentario.

—Bueno, creo que esa no es una de las características de la casa Hufflepuff —se atrevió a decir el chico, todavía sin saber qué reacción tendría Angelina.

—Lo sé, por eso me dieron a elegir entre Slytherin y Hufflepuff. —Se calló y lo miró todavía con la sonrisa en el rostro. Le parecía divertida. —Sí, no pegan mucho, pero las posibilidades de triunfar entre las serpientes es menor, porque muchos quieren hacerlo. En cambio, los tejones son bastante conformistas, así que eso me da la posibilidad de destacar.

Wow, fue lo primero que pensó Alan. Esa chica le acababa de soltar aquello como si se conocieran de siempre, porque ese tipo de cosas no se contaban así a la ligera. Estaba destapándole su personalidad, la de verdad, cuando tan sólo llevaban cinco minutos hablando. Sincera era, eso sí.

—No sé hacer amigos porque de todos quiero sacar un provecho, así que nunca son verdaderos amigos.

Y seguía. La situación le parecía un poco subrealista, pero ¿qué más daba? Estaba siendo entretenido.

—¿También quieres aprovecharte de mí? —preguntó y se mordió la lengua. ¿Qué pregunta era esa? Pero ella sonrió aún más y lo miró entornando los ojos.

—Puede…

Tras eso, se levantó, se despidió y se marchó calle arriba.

Alan volvió al castillo para comer y así esperar a sus amigos para empezar a investigar. Al menos no se subió sólo y comió con Hugo, Lily y Phoebe, manteniéndose extrañamente callado y escuchando a los otros tres. Al terminar, se despidió de ellos y se quedó cerca del Gran Comedor para que sus amigos lo vieran al volver de Hogsmeade. Mientras esperaba, vio entrar a la gente y distinguió a varios Weasley, James y Sally, Gina con un chico de Ravenclaw y también a Angelina Smith, que le dirigió una amplia sonrisa. Él alzó una de las comisuras de la boca e hizo un gesto con la cabeza. También se fijó en que iba acompañada por una chica con ojos de gato.

Unos minutos después aparecieron: primero la pareja y luego Al. Se tragó el nudo que se le había formado en la garganta y llamó la atención de los chicos, que se acercaron a él mirando a su alrededor. Pudo ver la pequeña distancia que mantenían Rose y Scorpius, pero si estaban enfadados lo disimulaban muy bien. Al estaba cabizbajo.

—¿Vamos? —preguntó, más que para ponerse en marcha, para asegurarse de que querían hacerlo.

Los tres asintieron y empezaron a caminar, siguiendo a Alan, ya que Scorpius iba detrás con Albus. Rose caminaba con el moreno de ojos negros, mirando hacia delante pero al infinito, metida en sus pensamientos.

En ese largo silencio, llegaron a unas escaleras que llevaban al tercer piso, por donde habían bajado los chicos en Navidades. Giraron a la izquierda y se detuvieron antes de llegar frente a la puerta, asegurándose de que no había nadie por allí. Entonces Rose dio tres pasos y cogió la manilla de la puerta para abrirla. No pudo.

—Crowe la cerró con un hechizo —susurró Scorpius sacando su varita y apuntando con ella hacia la puerta—. Alohomora.

Y se abrió.

Se miraron extrañados; había sido demasiado fácil. Las teorías que rondaban sus cabezas tenían que ver con que allí se ocultaba algo, así que no les cuadraba que no tuviera más protecciones. O tal vez sí, tal vez al abrir la puerta la profesora supiera que estaban entrando e iría hasta allí. Por eso se quedaron quietos unos segundos, mirando a su alrededor, conteniendo la respiración. Hasta que Alan se desesperó y abrió de par en par la puerta, sorprendiendo a sus amigos. Pero no comentaron nada y alzaron sus varitas invocando el hechizo lumos para alumbrar la estancia y lograr saber por qué había salido la profesora Crowe tan sigilosa de ahí.

—Pero ¿qué? —La pregunta de Albus resonó en la sala.