Capítulo 6: Dudas y planes
Ya había amanecido hace rato y todos se encontraban desayunando afuera de la cabaña, el día estaba precioso como para perdérselo adentro. Inuyasha había decidido no acompañarlos y estaba sobre la rama de un árbol cercano a donde ellos se encontraban.
Kagome lo miraba disimuladamente desde su posición, él no había pronunciado palabra alguna luego de que decidieran salir a comer afuera, sólo se había alejado de ellos. Estaba preocupada, algo debía pasarle para que estuviese tan callado. Después de todo, él era el más interesado en la comida y el más charlatán por así decirlo.
Kagome… ¡Kagome! ¿Me estas escuchando?
¿AAhhhh? ¿Qué sucede Sango?
Sucede que hace media hora que te estoy hablando y parece que ni me estás prestando atención –bufó ella molesta
¡Eso no es cierto! Sabes que sí te estaba escuchando
¿Ah sí? ¿Entonces de qué te estaba hablando?
Ehhhh…era sobre el monje Miroku ¿cierto?
¡Pero que dices! -dijo colorada entera- Viste que no me estabas prestando atención ¿qué es lo que te pasa?
Lo siento Sango, es que estoy un poco preocupada -admitió luego
¿Por Inuyasha?
Sí, desde que nos levantamos ha estado muy callado y ni siquiera quiso desayunar con nosotros ¿Qué crees que tenga?
No lo sé ¿por qué no hablas con él?
¿Qué hable con él?
Sí
¿Pero por qué yo?
Porque tú eres la única que lo comprende mejor que nadie…siempre fue así –dijo la exterminadora dedicándole una sonrisa. Su amiga se sonrojo cuando le escuchó decir aquello.
"¿La única que lo comprende, eh?" –pensó con una media sonrisa- Ohhh, esta bien. Iré –dijo ella. Lo que le había dicho Sango le alegraba, pensar que ella era la única capaz de entender lo que sentía Inuyasha la hacía feliz, y no sabía muy bien por qué.
Inuyasha estaba pensando…pensando en todo aquello que había soñado la noche anterior. Era extraño, muy extraño. Hasta llegó un momento que pensó que quizás algo así podría pasar. Al instante, alejó esa idea de su mente. Imposible. Eso nunca sucedería. Él nunca, nunca lastimaría a Kagome, lo había prometido…había prometido que la protegería con su vida. Por ello, sabía que jamás sería capaz de lastimarla. Él nunca podría, y si lo hiciera, jamás, jamás sería capaz de perdonarse.
Inuyasha…-él escuchó esa dulce voz hablándole. Tanto pensar en ella lo estaba haciendo escuchar cosas- Inuyasha ¿me escuchas? –la escuchó de nuevo, al parecer no era su imaginación. Volteó y efectivamente allí estaba, la dueña de aquella hermosa voz…
¿Qué? ¡Ah! Eres tú…Kagome… -que tonto que había sido, había estado tan distraído pensando en su sueño que llegó a confundir aquel con la realidad en la que se encontraba y pensó que la voz de ella llamándolo era la misma que retumbaba en su cabeza cada vez que recordaba lo que había soñado
¿Podrías bajar un momento? –dijo ella extrañada por su repentina reacción.
Ahhh…sí, por supuesto –el hanyou se bajó y se acercó a ella- ¿Sucede algo?
Eso mismo iba a preguntarte. Te he notado muy callado desde hoy a la mañana ¿qué te pasa?
No es nada -dijo evitando su mirada
¿Estas seguro?
Sí
Inuyasha… si te sucede algo dímelo, sabes que estoy aquí para escucharte –eso lo conmovió mucho, ella se estaba comportando como normalmente lo hacía antes de perder la memoria, aunque estaba seguro de que no se había dado cuenta.
Es que… -no sabía como empezar- yo…tuve un sueño extraño…bueno…mas bien diría que fue una pesadilla
¿Qué fue lo que soñaste Inuyasha? –ella podía ver la inmensa tristeza en sus ojos. Probablemente lo que soñó…no fue nada bueno.
Yo…soñé que tú…
¿Qué yo?
Que tú…-se trabó ahí, no estaba seguro de decirle aquello, después de todo, solo había sido un sueño, solo eso, y si se lo decía solamente se preocuparía por él- tú… -De pronto, Inuyasha escuchó unos ruidos que de a poco se iban acercando. Entonces, de entre los árboles apareció un demonio, que al parecer estaba dispuesto a atacar a Kagome, ya que se dirigió directamente hacia ella. Por supuesto que no logró porque Inuyasha la tomó en brazos y la sacó de allí, yéndose hacia lo profundo del bosque. Los insectos de Naraku acompañaban al monstruo- ¿¡Qué es lo que quieres maldito!? –le gritó.
Solo quiero que me entregues a la sacerdotisa y a los fragmentos que lleva consigo
¿Y tú crees que lo haré? De seguro Naraku te debe haber enviado -Inuyasha dejó a Kagome a un lado- Te mataré ahora mismo -dijo desenvainando a Colmillo de Acero- Kagome, ¡vete de aquí ahora mismo!
Si me voy solo será para buscar mi arco y mis flechas ¡No te dejaré aquí solo! –Estaba decidida. Esa actitud…esa actitud era la que tenía su Kagome, la que no le temía a nada, y la que nunca se le había cruzado por la cabeza la idea de abandonarlo. No podía hacer nada frente a eso. Aunque se le opusiera, ella le insistiría hasta convencerlo.
Esta bien, pero quiero que te mantengas cerca ¿de acuerdo?
Sí, enseguida vuelvo -dijo alejándose de allí
Muy bien, ¿en que estábamos? ¡Ah sí! ¡Iba a acabar contigo! ¡Viento cortante! –él agitó su espada y lo acabó rápidamente- Lo logré -se dijo a sí mismo- ¿¡Pero qué?! -Inuyasha no podía creer lo que estaba sucediendo, todos los pedazos que habían quedado del demonio estaban uniéndose de nuevo, pero esta vez no era uno solo, eran dos.
¡Sta Kagome! ¿Se encuentra bien? Sentimos una presencia extraña y nos percatamos de que un demonio los estaba atacando
Sí, estoy bien monje Miroku. No se preocupe. Ahora hay que ayudar a Inuyasha –ella había conseguido llegar a salvo a la cabaña y buscar su arco y flechas
Por supuesto ¡Sango! –ella llegó a su lado montada en Kirara
¡Vamos Excelencia! ¡Súbase! ¡Tú también Kagome!
Los dos se subieron y Kirara salió volando apresuradamente hacia donde estaba Inuyasha. Shippo se quedó en la cabaña, junto con la Anciana Kaede.
Espero que todo marche bien-dijo esta última
Inuyasha estaba siendo atacado por aquellos monstruos al mismo tiempo, eran muy fuertes, y ágiles. Si intentaba acabar con uno, el otro lo atacaba por sorpresa, y lo único que podía hacer era cancelar el ataque y alejarse. Lo que ignoraba es que ambos monstruos poseían un fragmento de la perla.
Sabes que no nos ganarás, hanyou -dijo uno de ellos- Deja de luchar y entréganos los fragmentos y a la sacerdotisa
¡Eso nunca! -exclamó haciendo el viento cortante, que solo le dio a uno, el otro consiguió escapar
Lo que sí, el monstruo que acababa de destruir, se volvió a regenerar, quedando dos, y con el otro, ya sumaban tres
No importa cuantas veces nos destruyas, seguiremos regenerándonos y seremos más ¡Ya ríndete!
Inuyasha ya no sabía que hacer, pensaba en una solución pero nada se le ocurría. Estaba tan distraído que no se dio cuenta de que uno de los demonios se dirigía hacia él, dispuesto a atacarlo. Lo esquivó, pero no pudo evitar que le hiciera una herida en el pecho. Quedó tendido en el suelo, sangrando. El monstruo estaba a punto de matarlo, cuando de repente, una luz de tonalidades rosas y blancas se desprendió de su pecho, para luego desintegrarse por completo. El hanyou miró hacia arriba, sus amigos habían llegado
¡Inuyasha! ¿Estas bien? -Kagome había corrido hacia él apenas bajó de Kirara, arrodillándose a su lado- ¡Por dios! –dijo ella viendo horrorizada la herida de su pecho
No te preocupes Kagome, esto no es nada –él intentó levantarse pero la herida se lo impedía, en verdad le dolía mucho
¿Pero que estas diciendo? ¿Acaso no ves que estas sangrando?
Kagome, soy un hanyou. Esto es algo insignificante para mí –a duras penas logró ponerse de pie
Pero Inuyasha…
¡Ya basta Kagome! ¡No hay tiempo para esto! -dijo refiriéndose a Sango y Miroku que luchaban con los dos monstruos faltantes. Al parecer los ataques de la exterminadora no le hacían mucho efecto a los monstruos y el monje no podía usar su agujero por la presencia de aquellos insectos venenosos. Kagome asintió y él la tomó de la cintura para luego salir corriendo hacia donde se encontraban sus amigos- ¡Muy bien! ¡Ahora los acabaré! –él había dejado a Kagome algo alejada de allí para poder atacar sin problemas- ¡Sango! ¡Miroku! ¡Quítense de ahí! -Así lo hicieron ellos, dándole la oportunidad a Inuyasha para atacarlos- ¡Muéranse de una vez malditos! ¡Viento Cortante! –ese ataque le dio de lleno a los dos monstruos, dejando pedazos de ellos desparramados por el suelo. Pero había un problema, gracias a los fragmentos podían regenerarse de nuevo, solo que Inuyasha no se había dado cuenta de ello.
¡Inuyasha! ¡Quítales los fragmentos de la perla antes de que se regeneren de nuevo!
"¡¿Qué?! Con razón podían regenerarse tan rápido"-pensó- ¡Kagome! ¿En donde están?
En aquellos pedazos más grandes -dijo señalando dos masas de carne que estaban empezando a palpitar- ¡Sácalos! ¡Rápido!
El hanyou pegó un salto que lo hizo llegar al lugar, alcanzó a sacar uno de los fragmentos, pero no el otro. De nuevo se regeneró el monstruo
Ya has llegado al limite de mi paciencia ¡Muere! -dijo atacándolo con una fuerza descomunal, dejándolo a unos tres metros de donde se encontraba originalmente. El monstruo se le acercó- Ha llegado tu hora -dijo con una sonrisa malévola y levantando una de sus garras para acabar con él. En ese momento, se sintió mareado, veía borroso. Lo último que vio antes de quedar inconciente fue una tenue luz rosada y luego, oscuridad.
Despertó poco después, intentó levantarse pero un fuerte dolor en el pecho se lo impidió. Pasó su mano por ahí, estaba vendado, y sin su kodose ni su haori.
Inuyasha, que bueno que despiertas
¿Ehhh? ¿Quién esta ahí? -sus sentidos estaban empezando a fallar, ya que al parecer esa noche habría luna nueva, y no distinguía a la persona que se encontraba allí.
Soy yo, Kagome ¿No me reconociste la voz?
No
Debe de ser por lo cansado que estas. Ese último monstruo te lastimó mucho
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que quedé inconsciente?
Un día y medio, me alegro que estés mejor. Esas heridas se veían horribles –dijo ella con tristeza y preocupación
¿Y los fragmentos?
Aquí están -dijo mostrándole un frasquito con cinco de ellos- Por lo menos conseguimos dos más
Sí, pero eso no es suficiente. Tenemos que reunirlos todos -dijo levantándose
No Inuyasha -lo reprendió Kagome, obligándolo a acostarse de nuevo- Lo mejor por ahora es que descanses. Tienes que recuperar fuerzas para cuando salgamos a buscar los fragmentos restantes…Iré afuera con los chicos, llámame si me necesitas -dijo por último levantándose y dirigiéndose hacia la puerta.
Kagome…
¿Qué sucede Inuyasha?-dijo volteando a verlo
¿Qué paso con ese youkai? Porque que yo recuerde antes de desmayarme estaba vivo
¿Y por qué crees que estamos todos aquí con vida? Es obvio que está muerto
Tú lo acabaste ¿cierto?
Sí ¿por qué?
No, por nada en especial -contestó el hanyou- Ve con los demás si quieres
Bueno, adiós -dijo Kagome y salió de allí
Kagura ¿pudiste encontrar a Kikyou?
Sí, pero ella no mostró ni el más mínimo interés en venir
Me lo suponía, tendré que buscarla yo mismo ¡Kanna! –la niña apareció de entre las sombras portando un espejo entre sus manos, en el cual se podía observar a una sacerdotisa caminando por un sendero, acompañada por unas serpientes voladoras- ¿Con que allí estas? Ya veremos si quieres o no hablar conmigo ¡jeje!
Naraku, ¿acaso piensas acabar con Inuyasha y Kagome a través de Kikyou?
Sí, algo así. Pero la diferencia es que no solo me quitaré a esos dos infelices de encima, sino también a Kikyou.
"¿¡Qué?! ¿Pretende acabarlos a los tres de una sola vez? ¿Pero como lo hará?" -pensó Kagura
Se destruirán entre ellos -dijo Naraku, como si hubiera leído el pensamiento de Kagura- Después de haberlos eliminado, ya no habrá nadie que se interponga en mis planes…
Una mujer de largos cabellos azabaches y ojos castaños caminaba sin dirección definida. Era tan pálida como un muerto y era acompañada por unas serpientes que volaban a su lado, proporcionándole almas de las cuales se alimentaba. En ese momento, sintió una presencia hostil unos pasos delante de ella. Se detuvo. Conocía muy bien a quién pertenecía- ¿Qué es lo que quieres…Naraku?
Vaya manera de recibirme…Kikyou –dijo un ser de cabellos negros como la propia oscuridad y ojos rojos como el mismísimo infierno
¿Acaso debería agradecer tu visita? –dijo la sacerdotisa apuntándolo con una flecha
Por supuesto, puesto que tengo una propuesta que quizás te interese…-ella solo lo miró sin bajar el arco- ...estoy seguro de que te interesará…puesto que te ayudará con Inuyasha…-ella bajó el arco- Naraku sonrió apenas, había conseguido su atención
¿A costa de qué? –preguntó ella desconfiada- ¿Qué es lo que quieres a cambio?
A Kagome…solo la quiero a ella…y por supuesto los fragmentos que lleva. Kikyou lo miró sin responder. No le parecía malo deshacerse de Kagome, después de todo, esa mujer era un obstáculo entre ella e Inuyasha.
¿Y qué quieres que haga? –Naraku rió para sus adentros, se había salido con la suya. Había podido engañarla. Que tonta, no imaginaba lo que le esperaba…
Bueno, lo primero que tengo que decir es que me perdonen. En verdad me tardé en escribir este capítulo y también en subirlo. Así que por favor espero que me perdonen por hacerlos esperar tanto. ¡Baka! ¡Baka! ¡Baka! ¡Si que soy una tonta! XD
Lamento haberme tardado tanto en subir pero estos últimos días me distraje mucho con otras cosas...(soy de distraerme fácil con cualquier cosa que me interese, luego de que me pongo a hacer algo es dificil que lo deje jeje)
Espero que les haya gustado el capítulo, lo hice un poco más largo esta vez, ya que después de todo los otros capítulos eras algo cortos, así que a partir de ahora van a durar un poquito más (también en compensación por haberme tardado jeje)
Por cierto, Tsuyu-chan mátame si quieres por tardarme tanto, porque estoy segura de que estabas esperando que subiera el capítulo... ¡Hontou sumimase! Espero poder hablar contigo de nuevo por face ya que no terminamos de hablar de los juegos de Inuyasha XD
Subiré tan pronto como pueda el siguiente capítulo, espero no tardarme de nuevo tanto, seguro que esta vez no, porque no quiero morir joven... XD
Los veré de nuevo luego :3
Kyouko-chan
