Nueva York. Mayo de 2003.

Era habitual en Albion que una mujer hermosa encontrara un hombre atractivo esperándola con una dosis de cocaína para empezar la noche. Ese hombre solía ser Lindsay, el guru de los viajes cósmicos del club gótico más importante de Nueva York.

La siguió escaleras arriba, serpenteando entre los habituales de la sesión del viernes. Todos se volvían al paso de la joven vestida de blanco. Aunque no se volvió ni una sola vez para pedirle nada, había adaptado su paso al de él. No caminaba, bailaba delicadamente mientras subía los escalones. Lindsay nunca había visto una elegancia semejante entre la multitud de crías disfrazadas que le rodeaban cada noche mendigando una sesión de éxtasis en su compañía. La recién llegada era absolutamente distinta. Su cuerpo parecía exigir, no suplicar.

Cuando la mujer se detuvo al fin, apenas a un metro de la puerta del chill out, Lindsay se arregló el pelo, impregnó la punta de los dedos en el polvo blanco, y la hizo girar por la nuca con la mano libre, ensayando su sonrisa más cínica.

Fue el último movimiento que hizo en su vida.

Ninguno de los imitadores de vampiros que la rodeaban pareció darse cuenta de que la mujer se estaba alimentando. Se tomó su tiempo para beber hasta que el cuerpo de su víctima cayó al suelo completamente exangüe y helado. La mujer colocó uno por uno los pliegues de su vestido de seda y arregló los rizos castaños sobre sus hombros. Antes de abandonar a su víctima saboreó las puntas de sus dedos una por una.

- Cocaína. Tan vulgar. Tan… prosaica – murmuró con un gesto de desagrado.

La vampira se movió al ritmo de la sesión dentro del chill out. Se dejó llevar por la música y bailó despacio, ajena al resto del público de la sala.

Y de pronto empezó a gritar de dolor.

- ¡Fuego¡Fuego¡La luz, rompiendo, desgarrando!

Algunos de los más despiertos alzaron la vista y la vieron arrastrarse hacia la puerta, correr escaleras abajo, agarrándose el vientre con las manos, retorciéndose de dolor.

Alcanzó la puerta de la calle a punto de desmayarse, temblando y llorando como una niña aterrorizada.

- ¡Sale de su interior¡La luz que mata desde el interior¡Está ardiendo¡¡Está ardiendo!

Los charcos de la acera salpicaron el vestido de la mujer cuando se encogió, gimiendo, tras el kiosco de periódicos de la estación de metro. El vendedor de prensa no se dio ni cuenta, abstraído como estaba viendo las noticias de la noche.

La televisión hablaba del desastre. Un violento terremoto acababa de arrasar por completo la ciudad de Sunnydale, en California, a un par de horas de Los Ángeles.


BUFFY THE VAMPIRE SLAYER

PUERTAS ABIERTAS

- Instinto - repitió la Consejera ante su audiencia. El grupo era pequeño si no contaba con las chicas asomadas a la ventana del jardín y las cabezas que miraban de puntillas desde el ventanuco de la puerta, devorando con los ojos a la Consejera Buffy Summers en su primera clase.

Una decena de muchachas la observaba atentamente. Algunas escribieron "instinto" y la subrayaron en su cuaderno.

- Sí… instinto. Es lo que os hace diferentes. Es lo que os hace elegidas. Y es lo que os hará sobrevivir a un combate… No, "sobrevivir" no: vencer las chicas de la primera fila tacharon "sobrevivir" y escribieron "vencer". Salvar vidas. Proteger. Escuchar a vuestro instinto marcará la diferencia entre cumplir vuestra misión y sucumbir a ella – "¡mi madre¡He dicho sucumbir!", pensó satisfecha.

- Pero ¿cuál es exactamente la misión? – respondió una chica de la primera fila -. Quiero decir… ahora ¿para qué nos necesitan?

- Buena pregunta, Selma – replicó tras un segundo de vacilación que rezó que no se hubiera notado -. Aunque no es esa la cuestión…

- ¿Entonces cuál es?

Buffy empezó a mirar hacia el rincón desde el que Andrew tomaba las notas para su revisión de los Diarios de los Vigilantes. Parecía atento a su trabajo, así que no creyó que fuera a servir de mucho en aquel momento. Así que tenía que arreglárselas consigo misma para vencer, y no sucumbir, a aquel combate.

Las chicas seguían esperando. Tenía que explicarles para qué se las necesitaba en aquel universo de calma, tranquilidad y vampiros domesticados, antes de que le perdieran el respeto para siempre.

- ¡Britanny, no masques chicle en clase! – exclamó. "Era mucho más fácil cuando estábamos a punto de ser exterminadas", se decía por dentro.


Fuera, la mañana iba transcurriendo más plácidamente para el resto de los grupos. Las estudiantes de Andrew terminaban su práctica de Tai Chi en la pradera, frente a la orilla de la laguna, y no muy lejos el equipo de Kennedy estudiaba la patrulla de la noche mientras tomaban un sándwich entre planos de la ciudad y listas de armas.

Algo más alejado, un grupo mucho más reducido se concentraba en silencio entre los arbustos del jardín. Tumbadas sobre la hierba, media docena de adolescentes observaban atentamente sus lápices, relajadas, efectuando por primera vez el ejercicio sin la presencia de su Vigilante. Uno a uno, los lápices fueron elevándose del suelo y giraron al unísono a la altura de los ojos de sus dueñas.

Excepto uno. Dawn Summers se levantó resoplando con un puñado de lápices apretados en el puño. Se cruzó con Andrew en el camino.

- ¿No sustituyes a Willow?

- Las empollonas no me necesitan – ladró la Vigilante en prácticas -. ¿Puedo ayudarte con los Diarios?

- ¡Claro! Pero ¿qué ha pasado con los conjuros¿No te salen hoy?

Dawn miró a su alrededor, en busca de ojos que pudieran ver el resultado de su práctica de la mañana.

- Promete que no te vas a reír.

Andrew selló sus labios y se detuvo frente a ella con el aspecto más solemne que podía adoptar. Dawn abrió la mano y mostró cinco, seis lapiceros que, lejos de haberse levantado un milímetro del suelo, habían dado otro resultado. En vez de volar, se habían transformado en… en…

- ¿Qué rayos es eso?

- ¿Este? Creo que un jazmín. Y este una campánula, este otro una orquídea y estos dos alguna especie de vete a saber qué dimensión, que además me producen alergia – dijo mientras se rascaba el brazo.

- Bueno, eso demuestra que tienes poder.

- Estupendo: mañana procuraré crear una especie nueva de rosal y a lo mejor consigo que alguno suba un palmo. Como Willow se entere de esto no me dejará acercarme a un libro de magia hasta que sea demasiado vieja para leerlos.

- Bah, no exageres – rió su compañero cogiendo los lápices que habían brotado -. Desde que nos establecimos aquí se ha relajado mucho con lo del control y todo lo demás.

- ¿Ah, sí? – replicó Dawn abriendo de un empujón la puerta de la biblioteca – Entonces ¿por qué no te deja practicar magia?

- ¡Eso es un golpe bajo! Ni Willow ni Gilles quieren que me desconcentre del trabajo de cronista y de la investigación demonológica. Pero cuando esté preparado…

Dawn le miró con una ceja levantada. Sabía que estaba siendo dura con su compañero, y que él no tenía la culpa de que sus conjuros terminaran en aquellos pintorescos desastres, pero bueno, al fin y al cabo… se podía meter con Andrew. Este, por su parte, había puesto los lápices-flor en agua y había encendido los escaners.

- ¿Dónde está todo el mundo? – preguntó Dawn.

- Entrenando fuera, trabajando… ah, si con "todo el mundo" te refieres a Giles y Willow, están con la señora Cuervo en el bosque, haciendo no sé qué hechizos…

- ¿"La señora Cuervo"¡Ah, Moon! Es "Ala de Cuervo", bobo – rió la aprendiza de Vigilante –… Así que Willow vuelve a hacer conjuros en compañía…

- No sé, es algo que Giles le ha pedido. Parecía un poco ansioso: espero que se le mejore el humor cuando llegue Wesley.


Los altares de piedra llameaban a la luz de la tarde mientras las dos mujeres realizaban el ritual. Giles observaba el conjuro desde el exterior del círculo de poder, más tranquilo de lo que había estado la semana anterior, aunque su perspectiva era, por decirlo así, algo más completa de lo que se podía ver desde dentro.

Moon parecía dirigir el trance, y Willow, sentada frente a ella, respiraba comodidad con ello. Mantuvo los ojos cerrados, sonriendo, mientras el círculo se materializaba en energía alrededor de ambas y sus cabellos empezaban a iluminarse.

- ¿Está preparada? – preguntó a su oponente sin abrir los ojos.

- Adelante – respondió Moon.

Como si de un ejercicio rutinario se tratara, concentró la fuerza y la lanzó sobre la chamán que esperaba enfrente, serena, los ojos abiertos, sonriendo también. Ésta alzó delicadamente la mano y canalizó el flujo de energía en el sentido opuesto, dejándolo ir en el centro del círculo. Willow abrió los ojos sorprendida: ningún humano había contrarrestado nunca su poder, y menos aún en el transcurso del último año.

Moon sonrió.

- No, señorita Rossemberg, no la he engañado: carezco de poder mágico de ninguna clase.

- Entonces¿cómo…

- Desde niña, me enseñaron a canalizar las fuerzas a mi alrededor. Lo que hago no es más que absorber y transformar la energía que me envía. Es lo que he hecho: en lugar de oponerme al poder, lo transformo – la indígena miró más allá del círculo e invitó a acercarse al Decano con un gesto de la cabeza -. Y es exactamente eso lo que vamos a hacer ahora: canalizar la energía.

Una lluvia fina cayó alrededor del círculo donde se encontraban las dos mujeres.

- Y esto… es la naturaleza que reequilibra el poder¿no?

- Ajá. Donde hemos creado luz – se corrigió... donde Willow ha creado luz, la tierra crea sombra. Donde calor, lluvia. Donde ha habido una pérdida, algo nace. Algo equivalente.

- Quid pro quo… - murmuró Willow. "Una vida por otra", pensó, recordando algunas de sus prácticas pasadas.

Moon sonrió y elevó la vista hacia el pilar donde el fuego ritual crepitaba a pesar de la humedad del ambiente.

- Quid pro quo, señor Giles. Puede hacerla pasar cuando quiera.

Willow no entendió a qué se refería la chamán, pero continuó preparada, sentada en el círculo. No podía ver a Jenny avanzar caminando entre la hierba, entrar en el círculo y quedarse de pie entre las dos mujeres. Tampoco Moon podía verla, pero ambas pudieron sentir una presencia poderosa entre ellas, que a la joven bruja le invadió de sensaciones familiares.

Willow no tenía realmente idea de qué tenía que hacer: Giles no se lo había querido decir. Tampoco podía encontrar el origen de aquella energía. Willow cerró los ojos y se concentró aún más en sus sensaciones.

Se sentía muy bien.


Willow siguió manteniendo la sonrisa horas después. No habían sacado apenas nada de aquella energía, y Giles no había querido acompañarla a casa, así que seguía sin saber qué rayos habían estado haciendo. Pero disfrutaba con Moon. Aquella mujer parecía tan serena, tan consciente. Y lo que era mejor, de todas las hechiceras que había conocido en los últimos dos años, Moon estaba dispuesta a enseñarle algo de todo lo que la joven bruja intuía que le quedaba por aprender.

Moon no le tenía miedo.

- Vamos, que no habéis sacado nada… - la interrumpió Buffy, trayéndola de nuevo a la realidad ruidosa del concierto de los jueves. Aunque no era muy habitual, algunas reuniones del Consejo tenían lugar en lugares insospechados. Uno de ellos era el NOISE.

- ¿Se nota mucho? – respondió su amiga con un mohín.

- Nah, sólo si se está pendiente de ti en vez de la conversación erudita de los dos Consejeros – dijo Buffy, señalando con sorna a Xander y Andrew a su espalda -, bueno, y si se te conoce un poco, y si se sabe que Giles necesitaba que buscaras algo, y si Ángel no responde a las llamadas.

- No deberías preocuparte por eso – la consoló Kennedy, sentada junto a Willow -. A lo mejor ha decidido acompañar a Wesley y por eso no te coge el teléfono…

- Le echas de menos¿eh? – añadió Dawn dándole un codazo a su hermana. Esta sonrió y siguió bebiendo su copa, mientras los dos Consejeros se sentaban en los sofás entre las mujeres con una conversación la bastante elevada como para ahorrarle el esfuerzo de responder.

- Lo que te decía – afirmó Andrew quitando la rodaja de lima de su mojito -. Es im-po-si-ble que La Patrulla haga eso. Ni siquiera Magneto habría dejado a alguien tirado como lo hace Lobezno en la segunda peli.

- Ya estamos con Lobezno… - bufó Xander.

- ¿Qué pasa¡Todo el mundo adora a Lobezno!

- ¿Podríamos concentrarnos en el trabajo? – les reprendió Kennedy – Deberíamos terminar con esto antes de que Giles se entere de que nos hemos traído los grimorios al bar.

- Está muy entretenido con lo que sea que quiere enseñarle a Wesley: hasta pasado mañana no les veremos salir de la biblioteca – respondió Willow -. Además, él hace música: entenderá que no quisiéramos perdernos un concierto de Nerf Herder.

- Tú eres quien no quería perderse el concierto, cariño: yo quería quedarme en casa viendo el maratón de L.

- Así que ¿el hechizo no ha funcionado? – preguntó Xander, elevando la voz proporcionalmente a las ráfagas de guitarra.

- … porque eso sí que sería noticia – añadió Andrew.

- No es eso… En realidad, sí, he sentido algo… Como si algo no estuviera en su sitio.

- ¿Cómo si no estuvieras en el sitio apropiado?

- No, yo no… Como si hubiera algo en alguna parte que está vacío…

- ¿Como cuando te vas a trabajar pensando que te dejas algo pero no sabes qué? – inquirió Buffy.

- ¿O como si te hubieras dejado el grifo abierto? – siguió Andrew.

- O los trabajos de la facultad – añadió Vi.

- No, no está aquí… pero no está en su sitio. Eso lo sé.

- Un grifo abierto… "¡La puerta se ha abierto!" – exclamó Dawn, aunque nadie pareció darse cuenta de lo tensa que se ponía. Intentó disimular lo mejor que pudo.

- A lo mejor es un grifo abierto de una dimensión infernal – dijo Buffy de nuevo, intentando seguir la broma sin éxito -, y por eso Giles percibe cosas… El grifo está abierto y el mal sale y se viene a este sitio que no es su sitio… ¿Qué¡No era un chiste tan malo! Sois peores que las crías.

- En fin, mientras Giles no nos explique qué es lo que saben él y Ángel vamos a seguir comiéndonos la olla – bufó Kennedy -. No creo ni que tenga sentido hacer esos rituales.

- Al menos he aprendido cosas…

- ¿Bromeas? Tú eres aquí la que enseña cosas de magia.

- Eso no hace que lo sepa todo porque sí. Esta vez ha sido distinto.

- No creo que sea tan distinto – continuó Kennedy -: lo que pasa es que sigues siendo ridículamente modesta...

- ¡No, no es eso! – la interrumpió Willow bruscamente -. Lo siento, cariño. No quería ser tan desagradable, de verdad.

Kennedy sonrió y le quitó importancia con un gesto, mientras se abría camino entre la gente camino de la barra. La discusión no había empezado, pero iba a terminar aquella noche en la habitación. No le gustaba hacer daño a Kennedy, y menos aún alargar las discusiones de la forma en que su novia las guardaba cuando a ella ya se le habían olvidado. Kenny no entendía su optimismo por las cosas, y lo confundía constantemente con minusvaloración: no podía entender que Willow se sintiera bien bajo las alas de Giles, o aprendiendo de Moon. Para ella, era poco menos que una diosa. Pero para sí misma no había dejado de ser… pues Willow. Había tenido que quitarle importancia a su poder para poder asimilarlo; y no quería ser la bruja que despertó a las cazadoras. Quería seguir explorando su potencial. En el fondo, y eso no se había atrevido a decírselo a nadie, le agradecía a Giles que no hubiera querido contárselo todo al respecto de aquellas presencias. Y quizá no fuera Kennedy tan sólo quien no lo entendiera, se dijo mirando a sus amigos. Quizá ninguno de ellos comprendiera de verdad hasta qué punto necesitaba sentir que podía seguir aprendiendo. Ni siquiera Buffy, aunque incómoda en su papel de veterana, se pondría en su lugar si le dijera que prefería seguir siendo una aprendiza.

Ésta se dejaba llevar al ritmo de la música, aunque no había perdido de vista a su amiga.

- Te dice eso porque te admira – le dijo.

- Lo sé, lo sé – suspiró Willow -, pero no quiero que me admire. Quiero que me quiera, nada más, como tú.

- Yo también te admiro – replicó Buffy sonriendo -, aunque si te molesta dejaré de hacerlo¿eh?

Dawn hizo honor a la fama que se había ganado siendo una adolescente e interrumpió el momento de intimidad de las dos amigas.

- ¡Eh¿Qué le pasa a Ken? Dice que quiere irse a casa en cuanto acabe el concierto...

- Nada que ni a ti ni a mí nos importe – le respondió su hermana.

- ¿Tiene que ver con lo que has hecho esta tarde en el bosque? – Buffy miró enfadada a Dawn, aunque Willow pareció no darle importancia.

- Supongo. No creo que tenga importancia: se le pasará cuando haga algún truco en casa… bueno, quiero decir, un truco de magia… - la bruja pelirroja miró la cara de guasa de sus dos amigas – Quería que no os preocuparais, pero no que acabarais riéndoos de mí.

- ¿Quién se está riendo de mi chica favorita? – interrumpió Xander.

- ¡Yo, claro! – rió Dawn – Pero no es culpa mía: se ha metido en la boca del lobo ella solita. ¡Ya verás cuando se lo cuente a ma… - la Vigilante en prácticas se dio cuenta de que ya no podía cerrar la boca a tiempo, así que terminó la frase como pudo -… ffy -. Dawn se sentó en la mesa y pegó la nariz al primer compendio que encontró abierto.

- No pasa nada, Dawn – sonrió ésta -. Es normal. A veces yo también la echo de menos.

El concierto acabó de forma espectacular, con las chicas de la escuela internacional de Mercy lanzándose unas a otras sobre sus compañeras, volando entre el público.

- Son realmente discretas… - murmuraba Xander.

- Mientras Giles no se entere… - le replicó Dawn.

- Por cierto, te llevo a casa.

- Vale – respondió Dawn sin mirarle. Avisó a Vi de que se marchaba a la residencia y salió tras él del NOISE.


- … pues la verdad es que yo también he flipado con Willow, pero es normal¿no? Además, a mí me parece estupendo que quiera seguir aprendiendo. Si no, sería que ha perdido el interés, o sea que sería peor, no peor para la magia, pero sí peor para ella, porque… ¿no vamos a la residencia?

- No, vamos a mi piso – respondió Xander mirando al volante -. Quiero enseñarte algo.

Cuando el Vigilante abrió la puerta, Dawn dejó súbitamente de parlotear. La voz nasal y aguda de la mujer que se movía por la cocina la paralizó, más de lo que la visión de una semana antes la había paralizado.

- Ternerito¿has llegado ya? He hecho comida mejicana….


Kennedy todavía seguía de morros cuando abrió la puerta del apartamento. Ambas vivían en la Residencia de la escuela, en un piso algo más grande que los apartamentos que compartían Vi y Rona, por ejemplo, o el estudio de Dawn en el ático.

- Cariño – gimió Willow -, no es para tanto…

- Sí que lo es – replicó la cazadora -. Parece que te guste llevarme la contraria últimamente. Incluso cuando creo que eres la mujer más poderosa de la Tierra te parece mal…

- No es eso, lo sabes. Me gusta aprender con Moon, eso es todo.

Kennedy tiró la cazadora en el sofá y se volvió hacia su novia, más desafiante de lo que hubiera querido.

- Te gusta cualquier cosa, cualquier compañía más que yo.

- ¡No seas injusta! Sabes que te quiero de verdad…

- … pero siempre y cuando no salgamos del NOISE, no vayamos nunca al Clítoris, no te gusta L, ni Queer as Folk, ni…

- Porque al Clítoris no pueden entrar nuestros amigos. ¡Y L es un rollo, Kennedy¡No va a gustarme más porque salgan lesbianas¡No voy a un banco de lesbianas¡No como comida hecha por lesbianas! Ni siquiera por lesbianas kosher…

- Ni apenas conoces lesbianas, ni vas a las convenciones de lesbianas… - rezongó Kennedy-. ¿Qué clase de lesbiana estás hecha?

- Kenny – dijo Willow abrazándola -, disfrazarme de activista gay no me va a hacer quererte más.

- Vale, lo siento – dijo la cazadora inglesa respondiendo al abrazo -, vamos a dormir… o lo que sea.

La noche las cubrió durante la hora siguiente, y la siguiente, hasta que por fin se durmieron.

Kennedy se despertó la primera: la presencia estaba allí, eso podría jurarlo; pero ni rastro de lo que ocurría. Segundos después, antes de que pudiera articular palabra, Willow dio un salto en la cama y empezó a gritar.

- ¡Dios mío!

- Willow ¿qué pasa¿Qué ves?

La luz empezó a cegar a Kennedy. Willow apenas podía balbucear, mirando a la presencia que podían sentir delante de ellas.

- Ohdiosmío, ohdiosmío… Cariño, cariño, no es lo que parece, de verdad.

Kennedy podía percibir que algo ocurría, pero no podía verlo. Aquella experiencia era sólo para Willow, que, completamente azorada, balbuceaba disculpas; mientras la voz más dulce y más cálida que había escuchado en toda su vida le decía:

- Tranquila, Willow. Es la Puerta: está abierta…


Kennedy se tomó un vaso de leche en la cocina. Y luego otro, y otro, y otro más. Sabía que hacía lo correcto apartándose. Willow se había asustado muchísimo al principio, pero luego se había relajado mucho y había empezado a hablar con el espíritu como si se tratase de una visita inesperada. Una antigua novia. Así que Kennedy había ido a prepararse un vaso de leche. Para dejarles intimidad. Al fin y al cabo, ella no podía ver ni escuchar al espíritu: aquella era otra cosa más de las que sólo Willow podía hacer, del enorme montón de cosas que Willow hacía sin contar con ella.

Así que esperó a que sonara la campanilla del microondas y echó el cacao en polvo en el vaso, intentando con todas sus fuerzas creerse que lo que sentía era el frío del suelo en los pies descalzos, y no simples celos.

Willow hundía sus manos en el vientre de Tara, comprobando cómo desaparecían.

- ¡Es como meter la mano en algodón de azúcar! No me esperaba que fuera algo sólido… Digo, "fueras", no "algo", sino "alguien", en fin… Lo siento, Tara, es que últimamente desconfío de las apariciones – dijo Willow con un mohín de excusa.

- Lo sé. Me enteré de todo cuando ocurrió. Sólo que no podía intervenir – respondió Tara encogiéndose de hombros. La neblina blanca se elevó unos centímetros.

- ¿Y ahora sí?

- No realmente. No tener cuerpo físico me deja poca libertad de acción, pero – en el rostro iluminado del espíritu se dibujó una amplia sonrisa – al menos puedo ir y venir. Y estar aquí.

Las dos guardaron silencio unos minutos. La campanilla del microondas de la cocina se oyó en la habitación, seguida del sonido de la cucharilla contra la superficie de la taza.

- Quizá deberías decirle que pase - murmuró Tara mirando hacia la cocina -. A m-m-mí no me importa, de verdad.

- No, está bien, tranquila. Lo entenderá.

- Te queda muy bien el pelo largo…

- Gracias.

Volvieron a guardar silencio.

- Esto es… un p-p-poco raro¿verdad? – aventuró Tara bajando la cabeza.

Willow suspiró.


A Dawn le encantaba el mar. Nunca se lo habían pasado tan bien juntas como aquel fin de semana en la Costa Brava. El mar era azul oscuro y el sol dorado… No había turistas borrachos por ninguna parte de la cala, ni quads estropeándolo todo ni guarras californianas siliconadas llamando la atención del socorrista.

- Nunca nos lo habíamos pasado tan bien juntas¿verdad? – dijo la pequeña de las Summers.

- Nunca – la miró satisfecha su hermana -. Ni las vacaciones habían durado tanto…

- Dentro de poco tendremos que volver¿no, Buffy?

- Supongo que sí… Pero no tenemos por qué. Ya no nos necesitan. Podemos hacer lo que queramos.

- ¿Lo que queramos… de verdad?

- De verdad. Ya no somos especiales. Podemos ir y venir por donde nos apetezca. No más "la Cazadora", no más la Elegida… ahora sólo Buffy. Y Dawn.

Las dos hermanas se echaron a reír.

- ¿Estaremos juntas siempre, Buffy?

- ¡Claro, tonta! Todo está bien ahora – un impulso irresistible la echó en brazos de su hermana pequeña. Buffy cerró los ojos mientras la estrechaba con fuerza con el derecho mientras su mano izquierda enlazaba la de Dawn -. Cuidaré siempre de ti. Te quiero, Dawnie.

- No.

Abrió los ojos. La mano de su hermana estaba ardiendo. El cielo se había oscurecido por completo. Dawn le sonreía mientras sus cabellos estallaban en llamas.

- No me quieres, pero gracias por decírmelo.

El reloj marcaba menos de las dos cuando se despertó temblando y cubierta de sudor. Cuando se despejó por completo, la visión de la mujer tatuada la desconcertó. Estaba de nuevo en su casa, observándola desde el rincón más oscuro de la habitación.

No podía ser casualidad.

Buffy se incorporó despacio, devolviéndole la mirada.

- ¿Por qué me haces esto?

- Yo no te traigo los sueños – respondió la Primera Cazadora.

- ¿Y ahora sigo soñando¿O estás aquí de verdad?

No obtuvo respuesta alguna. La joven negra se acercó despacio a la cama y agarró a Buffy del brazo, con suavidad pero firmemente. Sabía que daba igual dónde la llevase, porque aquello no iba a gustarle, pero ya no recordaba cuándo había podido elegir en aquellas situaciones. Por primera vez en semanas echó de menos a Ángel. Por lo menos, al estar cerca siempre la despertaba de las pesadillas. Pero aquella noche no tenía elección, así que se dejó llevar por la Primitiva escaleras abajo.

No se dio cuenta de en qué momento dejaron de ser los escalones de su casa para convertirse en aquella especie de escalinata tosca, excavada en la roca de lo que ya no era su casa, sino una especie de cueva.

La Primera Cazadora caminaba tranquila, pero resuelta, a través de las galerías como si las conociera bien. Al llegar a lo que parecía una sala excavada, se agachó de un impulso. Del techo saltó un vampiro viejo y primitivo, con la piel casi transparente y loco de hambre.

- Encima, esto – protestó.

Se quitó la bata y se subió el pantalón del pijama para desenvolverse más rápido. Mientras esquivaba a la primera, segunda y tercera criaturas que la atacaban como salidas de la nada, buscó en las paredes algo que pudiera servirle como arma. Se suponía que estaba soñando, pero no quería correr riesgos.

La Primitiva la miraba sentada tranquilamente en la pared de la sala.

- Supongo que no te molestará – dijo saltando a su lado – que te coja esto… - Buffy agarró un prendedor en forma de aguja que adornaba el pelo de su antecesora, y comprobó aliviada que era de madera además de hueso, como había creído ver a la luz de las antorchas. Se deshizo de las criaturas al modo habitual, y una nube de ceniza y polvo, mucho más espesa que en el mundo real, las envolvió.

- ¿Qué significa esto? – exclamó. Oye, las cosas ya han cambiado: no tengo que dedicarme a esto. Ahora tengo tiempo libre y puedo hacer lo que quiera… Siempre que no te metas en mis sueños, claro.

- Yo no entro en tus sueños. Tú no puedes ver a nadie.

- ¿Que yo no qué? – dijo enrollándose la bata sobre la cabeza para protegerse de la ceniza - Oye¿podemos ir a otro sitio? Esto es un asco…

- Este es tu sueño. Tú decides dónde vas.

- ¡Pero si acabas de decir que no puedo hacer nada!

La Primitiva se puso de pie y suspiró profundamente con expresión de fastidio.

- Lo que he dicho es que i no puedes ver a nadie /i . No he dicho que no puedas salir de aquí. Y he dicho que este es tu sueño – la miró fijamente con una expresión equivalente a "¿vale?".

- Vale. Pero si no tienes nada que ver¿por qué tengo estas pesadillas?

- Todas hemos tenido siempre pesadillas.

Buffy miró a su alrededor y recordó el aspecto de los vampiros que habían aparecido antes. Sus ojos recorrieron un instante la tosquedad de la piedra que las rodeaba, sin salida aparente, y la nube de polvo que flotaba a su alrededor.

- Y esta es la tuya¿verdad?

La muchacha cerró los ojos. Bajo las pinturas rituales, parecía terriblemente cansada.

Un instante después, la cueva había desaparecido. Una hermosa noche estrellada iluminaba la arena del desierto, y la aldea que se levantaba en el oasis. Buffy se descalzó para adaptar su paso al de su antecesora y caminar a su lado. La aldea estaba apenas a unos cien metros, así que la alcanzaron enseguida.

La Primitiva se detuvo a contemplar a una familia que tomaba el fresco cerca de ellas. Una niña pequeña correteaba feliz alrededor de la casa, jugando con las cabras y las gallinas que se espantaban a su paso, bajo la despreocupada vigilancia de una mujer joven, embarazada de nuevo, y un hombre ataviado con el mismo peinado que la Primera Cazadora. Un joven guerrero, convertido en padre de familia. La niña le sonreía con los mismos ojos negrísimos, brillantes, de la mujer que tenía Buffy a su lado.

Se volvió a mirarla. La Cazadora se perdía contemplándoles. Seguía los juegos de la pequeña atentamente.

- Eres tú¿verdad?

- No – respondió la antecesora sin mirarle -. Es mi hija. Él es mi esposo, y ella soy yo.

Buffy miró de nuevo la escena, completamente aturdida. La mujer embarazada parecía algo mayor que la Cazadora, sin embargo…

- ¿Cómo puedes ver tu futuro? – le preguntó -. Yo nunca…

- Esta es sólo una visión. Ella pudo morir en el parto. Yo pude morir al parirla. Él podría haberme maltratado, o haber muerto en combate. O podría haber perdido todos mis dientes y morir de hambre, y él tomar otra esposa…

- … pero nunca lo sabrás, porque te convirtieron en la Cazadora antes de que ocurriera. Y luego…

La mujer guerrera guardó silencio. Buffy no se atrevió a preguntarle cuánto tiempo pudo sobrevivir.

- ¿Esto es con lo que tú sueñas¿Con casarte con el chico que te gustaba, ser madre…

- Las dos soñamos lo mismo. Con el futuro. Pero yo llego hasta aquí después de la pesadilla. Tú te quedas dentro de ella.

Después, todo se volvió negro.


- ¿Interrumpo? – preguntó. Wesley y Giles apenas levantaron la vista de sus libros. Eran más de las nueve de la mañana, todo el mundo estaba ya en marcha, el sol brillaba alto en el cielo, y nadie esperaba a la Consejera Summers para desayunar. Dawn había avisado de que no había pasado una buena noche.

- Creía que estabas enferma – dijo el Decano. Giles miró a su antigua pupila intrigado: Buffy no parecía encontrarse mal, pero le preocupaba que si se desataba algo la pillara desprevenida.

- Sí – contestó esta -, bueno, no del todo. Así que no me mires como si estuviera a punto de desmayarme.

- Ahora es cuando te desmayas y te rompes la nariz – bromeó Wesley mientras servía un café a la Cazadora. Al no vivir en Mercy, para el Vigilante ninguna de las chicas, ni Faith siquiera, podía lucir realmente el título.

- ¿Qué tal en Los Ángeles?

Los cabezas del Consejo intercambiaron una mirada rápida.

- Igual que aquí. Creemos que cierta energía sobrenatural se está desatando de algún modo que desconocemos – explicó Wesley de la forma más coherente que pudo -, pero acabamos de empezar la investigación, así que no tenemos ninguna respuesta. Fred ha desplegado detectores por todo nuestro edificio y nuestras casas. Son un incordio. Me extraña que Ángel no te lo haya contado.

- Bueno… ya sabes: intentamos no hablar de trabajo cuando nos llamamos – mintió. Salvo las llamadas de preocupación de la última semana, ellos no "se llamaban" desde que Ángel había vuelto a casa.

- ¿Y estás aquí para unirte la investigación? – inquirió Giles –. Podrías dejar tu clase y formar equipo con Andrew y Dawn, que vendrán en unos diez minutos…

- … De hecho – continuó Wes uniéndose a la broma -, estarías toda la mañana con Andrew, porque Dawn tiene clase en la Facultad hasta las tres. Vale, tranquila. Os dejo solos: el Vigilante Wells me estará buscando por los pasillos, de todos modos.

Buffy suspiró aliviada y se sentó en la mesa frente a su mentor.

- Al final, acabaré dando gracias al Cielo por la discreción británica.

- Quién te lo iba a decir¿eh? – Giles miró con calma a Buffy, intentando adivinar qué podía ocurrirle.

El espectro de Jenny, que hasta ese momento había estado en la escalera que llevaba a la estantería superior, bajó las escaleras y se colocó tras la joven, mirando al Decano. Un segundo después negó con la cabeza.

- Ella está fuera del círculo, Rupert. No ha visto nada.

Giles se relajó un poco al oírlo. Pero entonces quedaba saber qué ocurría. Ya no estaba acostumbrado a preocuparse: la muchacha rubia había ido desapareciendo, y la joven mujer, con el pelo oscurecido, casi castaño, tan delgada y segura de sí misma, no parecía necesitarle. Y aun así, el Decano sabía lo fácil que podía ser quebrar la resistencia de la cazadora más fuerte que el mundo había conocido.

- ¿Va todo bien? – apuntó el Decano.

Buffy suspiró. Sabía que eran sólo sueños. Y sin embargo tenía la impresión de que ocurría algo. De que algo… no estaba en su sitio.

- Giles¿cuánto tiempo ha pasado?

- Déjame pensar… el próximo martes hará exactamente un año y medio.

- ¿No te parece raro que vaya todo tan bien?

Giles vaciló antes de contestar.

- Bueno, a veces las patrullas detectan cosas. De hecho, la Vigilante japonesa nos ha enviado unos informes muy interesantes que, en cuanto Dawn los haya traducido, te harán replantearte… - la mirada de su antigua alumna le hizo interrumpirse.

- Buffy, la actividad es la esperable, en una situación tan extraordinaria, con las bocas del Infierno cerradas, y a saber qué clase de desequilibrio hay en las dimensiones infernales. Pero ahora mismo estamos en medio de otro misterio, así que, si es acción lo que crees que te falta…

El rostro de Buffy se ensombreció ligeramente al escucharle.

- Acción… ¿Crees que es acción lo que echo de menos? – dejó salir una pequeña carcajada -. Teniendo en cuenta que, en mi vida, "acción" es sinónimo de violencia, muerte y ponerme en peligro a mí misma y a mis amigos, creo que podré pasar sin ello.

- Entonces ¿por qué te sientes así?

- Giles – dijo Buffy poniéndose de pie -, he tenido unos sueños muy extraños. Si las chicas más jóvenes no tienen visiones¿por qué las tengo yo¿Y por qué ahora?

- Podrían ser sólo sueños… ¿Qué ocurría, exactamente?

- No me acuerdo – mintió -, pero Ella estaba allí. La Primera Cazadora. Eso tiene que significar algo.

Jenny se puso tras él y le susurró al oído:

- Cuidado, Rupert.

Ambos reflexionaron un momento. Giles sabía, porque la propia Jenny se lo había dicho, que Buffy estaba fuera de aquella locura de puertas abiertas y apariciones que él y Ángel estaban presenciando. Pero no quería pasar nada por alto. Si los sueños de la última cazadora podían ayudar…

Pero Giles no pudo expresar sus reflexiones en voz alta. Willow entró como una exhalación en el despacho.

- ¡Lo siento, no puedo enseñar a nadie hoy¡Tengo algo que contarte, Giles¡Es una bomba! Hola, Buffy. ¡Por favor, tenemos que ir a ver a Moon ahora mismo¡Te lo explicaré por el cami… ¡Buffy¿No estabas enferma?

- Bueno, entre eso y ser invisible, casi me quedo con tu opción, sí.

- Lo siento, pero esto es cosa de los tres… ¡de los dos! Quiero decir de los tres, de nosotros y Moon – Willow se volvió a su derecha e hizo un mohín, como si estuviera dándole explicaciones a alguien invisible por lo que acababa de decir -. ¡Vámonos ya! Te lo explico por el camino.

- ¡Eh! – exclamó Buffy - ¿Y qué hay de mis sueños y de mi angustia vital?

- Perdona, Buff. Es que estoy muy nerviosa. ¿Qué estabas diciendo?

- Le contaba a Giles que he vuelto a tener visiones. De la Primera Cazadora¿recuerdas? – Buffy tomó aire para volver a contarle aquellos sueños a su amiga. En ese momento, Wesley entró en el despacho, interrumpiendo la escena de nuevo.

- Giles, Ángel al teléfono.

- ¿Otro suceso? – preguntó Giles ante la mirada extrañada de Buffy, y la un tanto aterrada de Willow.

- No. Es Graham. Un comando de su pelotón ha entrado en nuestro edificio y lo ha precintado.

- ¿Ángel y Connor están bien? – preguntó Buffy. Wesley asintió.

- Están todos abajo, en el laboratorio. ¿Pueden venir aquí¿Pueden salir esta noche?

FIN DEL EPISODIO