Olvido
por GabYxA
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He recibido algunas llamadas de atención acerca de lo complicada que soy para armar todo esto. Que confunde y desespera. ¿Mi justificación? La única intención de reconstruir la historia a partir de lagunas.
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Parte 6
Agnición
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Luz impertinente le dio un aspecto distinto a su habitación. Una mujer muy alta, delgada y con expresión severa se dirigió hasta el pie de su cama. Serena escuchó la voz de la mujer que parecía hablar siempre con suspiros.
"Tokio de Cristal no es un cuento de hadas" la voz de Sailor Plut disparó la tensión de Serena. "Es un Reino que respeta el orden". Estiró su mano hasta tocar su frente, buscando inútilmente el brillante signo del Reino de la Luna, y volvió a hablar. "Para eso estoy aquí, para que lo recuerdes"
Serena apartó el brazo de la otra y se incorporó en su cama. "¿Qué haces aquí, Sailor Plut?" pues consideraba especialmente alarmante el hecho de que fuera ella como Sailor Scout. "No están permitidas las visitas fuera de ho—" dijo casi con temor.
"No he venido a visitarte, Serena" replicó la otra manteniendo su aspecto impasible. Le dio la espalda y caminó hacia la puerta de la habitación, hacia el pasillo. "Vine por la niña"
El cuerpo débil de Serena se estremeció, su respiración se agitó y sus ojos amenazaron con ceder al miedo que sintió. Pero antes de que Sailor Plut pudiera salir de la habitación, alguien más interrumpió.
"Has olvidado a quién debes tu lealtad, Plut" dijo la mujer del cabello avellano.
"No podrías comprenderlo, Uranus" e hizo ademán de seguir adelante.
Serena intentó tocar el suelo con las puntillas, pero solo consiguió que su impotencia aumentara. "¿Dónde está Darien?" preguntó nerviosamente, temiendo la respuesta.
Plut terció una sonrisa triunfante.
Sailor Uranus no contestó. "Yo soy responsable de la niña" dijo, obstaculizando la salida.
"Entonces somos enemigas desde este momento" sentenció Plut, finalmente.
No hacía falta más para convencerse de aquella verdad, de la amenaza y de una inminente lucha de fuerzas. Plut fue la primera en atacar, desatando numerosas reacciones por parte de la otra. Ya luchaban cuerpo a cuerpo en el pasillo cuando Serena comenzó a escuchar otras voces familiares al final del pasillo, cerca de los cuneros. No estaban solas y confió en que sus guardianas, sus amigas, protegerían a su hija y la llevarían a algún lugar seguro, aunque la apartaran de su lado.
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"Sé que talvez parezca precipitado, Serena, pero la magnitud de lo que siento no debes medirlo con respecto al poco tiempo en que nos conocemos" él hombre buscó nerviosamente en su gabardina. "Sé también que no me has dado muestras de un afecto especial. Tampoco deseo presionarte. Es solo que... quisiera que consideraras..."
Ella ciertamente no estaba preparada. No quería escuchar y deber responder. "Por favor, Katsuji, no--"
Pero él no escuchó. "...Que consideraras en algún momento..."
Ella no sabía si sería capaz de negarse rotundamente, pedirle que la dejara de buscar, decirle que no estaba preparada. Deseaba mentir, decir que se sentía trastornada, que aquello no ayudaba a su estado emocional, que...
"...Casarte conmigo"
La petición llegó más allá de lo que había imaginado. Deseó salir corriendo, pero sabía que no podía dejarlo allí siendo todo tan perfecto, el lugar, la cena, las luces, incluso él. Pero no podía siquiera pensarlo, era absurdo, precipitado. "Yo..." dijo buscando evadir la situación. Debía negarse, debía, debía. "...no puedo decidir en este momento... Lo siento, Katsuji... me siento confundida..." Y se dio cuenta inmediatamente que confundida implicaba esperanza.
Katsuji Mori apenas sonrió. "Está bien, no te preocupes. Solo piénsalo" pidió besando la mano de Serena.
Ella también se obligó a sonreír. Supo que no tenía qué pensar, estaba enamorada. Ridícula e inexplicablemente enamorada de la idea de un hombre que había inventado en sueños.
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"Desde la primera amenaza no necesité más" dijo Darien discutiendo. "Su despedida fue inquietante y no la hemos visto desde entonces"
Michiru suspiró largamente y respondió. "Piénsalo por un momento, Darien. No hay otra que pueda ser más leal que ella. Es su obligación ver por la seguridad y bienestar de la Princesa"
Y era ese punto preciso en que Darien dudaba. "Entonces sugieres que no hay nadie más leal a la Princesa..." tenía la verdad en sus manos, pero no terminaba de comprenderla. "¿A quien lo es hoy o a quien lo será en un futuro, cuando Serena pase a ser Reina?"
"Princesa… ¿la Pequeña Dama?" adivinó Michiru pensativamente.
"No comprendo" replicó Haruka. "De cualquier modo, Serena y la Pequeña Dama pertenecen a la misma familia. Por obvias razones la lealtad es hacia tu familia y siendo así, no hay conflicto alguno"
Darien sonrió triunfantemente. "No confío en Setsuna pues cree firmemente que quien está por nacer no será la Princesa de Tokio de Cristal, sino alguien que pueda interrumpir el destino de la Pequeña Dama, a quien ama como si fuera su propia sangre"
Finalmente comprendieron sus razones, y aunque parecieran desorbitadas no pudieron evitar la incertidumbre de considerarlo como una posible verdad.
Haruka rompió el silencio, precipitándose como siempre lo hacía. "Sea como sea, debemos prepararnos inmediatamente"
Tras haber convencido al dueto, se puso de pie y se dirigió a la puerta. "Necesito que comuniquen de mi decisión a Hotaru y que se reúnan con las demás; ellas están esperando en el hospital"
Michiru se inquietó por la semblanza y dureza de Darien. "¿Cuál ha sido tu decisión?"
"Protegerlas. No puedo permitir que mi familia corra peligro" dijo severamente en un principio, pero no pudo evitar sonreír al escucharse pronunciar mi familia. Tomó su chaqueta y salió.
Haruka se puso de pie y se dirigió hasta la habitación de Hotaru. "Confiemos en que Setsuna no intente algo en contra nuestra nueva heredera… quien quiera que sea"
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"Existieron dos Reinos que finalmente deberán ser uno" dijo Serena pensando en voz alta, sin darse cuenta de lo que sus palabras significaban, dejándose llevar por su reflejo. Acariciaba la imagen de Darien Chiba fiel a la figura Endimyon. Reaccionó. Se preguntaba porqué su mente construía todo aquél juego. Aceleró el ritmo con que cepillaba su cabello. Talvez, solo talvez, finalmente estaba enloqueciendo. "Ella es el centro de ambos Reinos" se detuvo y permaneció largo tiempo contemplando su imagen en el espejo… fiel a la figura de Serenity.
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Mars, Jupiter, Venus, Mercury, Neptune y Saturn, debieron ocuparse del disturbio que había recaído sobre la ciudad, pues aquella oscuridad no suponía tener causas naturales. El terrible silencio solo podía responder a las órdenes de Plut. Bien supusieron que aquello se trataba de una acción a modo de distracción del punto focal, el nacimiento; sin embargo, debían atender el desastre que había envuelto a Tokio.
Mientras tanto, en el sexto piso de un hospital lujoso, Darien vigilaba, ensimismado, los cuneros. Había llamado ya a Venus y Mercury para acompañar a Haruka, mientras él buscaría enfrentarse con Plut, quien hasta entonces permanecía oculta.
Haruka había custodiado la entrada de la habitación de Serena todo aquél tiempo. Finalmente dejó su posición por un momento, para encontrarse con el otro, a quien encontró nervioso, aun firme.
"En cuanto ellas estén en condiciones, llévala contigo a un lugar seguro, por favor" suplicó Darien adelantándose a cualquier pregunta de la mujer. "Confío en ti" sentenció fijando su mirada intranquila en los ojos de Haruka.
"No te preocupes, cuidaré de ellas de la misma forma en que lo harías tú"
Darien se apartó del cristal, deslumbrante ventanal a través del cual contemplaba a su tesoro. "Ami y Mina estarán aquí en un momento. No permitan que Serena deje su habitación" Se dirigió a la puerta de la que había salido la otra hacía unos minutos.
Haruka permaneció en silencio, hipnotizada por la respiración del tierno cuerpecito de la recién nacida.
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Hasta entonces habían pasado media hora, de pie, solos y casi en completo silencio; él, sin encontrar qué decir entre tantas cosas que deseaba expresar, y ella perturbadamente confundida.
Habían pasado pocos días desde la última vez que lo había visto y no entendía el porqué de sus emociones. Finalmente decidió deshacerse de la incertidumbre que inspiraba su presencia. "He soñado contigo" confesó Serena tras intentar resistirse a hacerlo.
Darien sintió una vez más que su sangre se agitaba por enésima vez aquél atardecer. "¿Qué has soñado?" preguntó ansioso.
La muchacha negó suavemente. "La pregunta es, Darien, qué tan seguido he soñado acerca de ti y desde cuándo…" dijo aventuradamente.
Talvez sería su oportunidad. Él alcanzó sus manos y comenzó a acariciarlas. "Dime…"
Pero ella no siguió. Su pecho se había anudado, su corazón palpitaba dolorosamente. Lo necesitaba, adivinaba la razón, pero no comprendía cómo había sucedido tan rápido.
Él insistió y tomó su cuello, hundiéndose en los ojos azules que parecían corresponder a lo que fuese que estuvieran sintiendo. "Serena, di que me has recordado" dijo Darien en voz baja, casi para sí mismo.
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Nunca podrían contemplar a una joven más bella. Su rostro evocaba la gracia de una niña y su cuerpo ceñido indicaba que era ya una mujer. La joven apartó su mirada frívola de quienes contenían la respiración por su presencia. Hasta entonces prestó atención a la mujer que permanecía a su lado, llevando en los brazos a la recién nacida. Hizo un gesto despectivo, y con su mano alcanzó y descubrió la manta que envolvía a la niña. "Yo no tengo la culpa de lo que está pasando" arrebató el bulto suave de brazos de Sailor Plut, delicadamente y casi con ternura. La acercó a su pecho. La meció. "Es tan hermosa"
"¿A qué has venido, Rini?" preguntó Sailor Saturn con un hilo de voz.
La aludida sonrió con los labios, nunca con la mirada. "Casi había olvidado ese ridículo sobrenombre. Exijo que ninguna de ustedes se vuelva a dirigir a mí de esa forma"
Sailor Mars entornó los ojos, extrañada por la actitud arrogante en sobremanera, aún para aquella mujer que había conocido desde niña. "Nunca habías tenido inconveniente con ello"
"He cambiado" contestó inmediatamente la mujer y volvió a sonreír, con cinismo. "Es una lástima que sea tan patéticamente inocente" hizo un falso gesto de lástima, una vez más contemplando el color de piel de la niña.
"Por favor, quiero tener a mi hija conmigo" suplicó Sailor Moon intentando ponerse en pie.
"Yo también soy tu hija, Sailor Moon. ¿No quieres complacerme?" no esperó respuesta "Porque lo saben¿no es verdad? Esto cambia tanto mi vida" sostuvo con más fuerza lo que llevaba en sus brazos, acercándolo bruscamente a su pecho. La recién nacida comenzó a llorar nuevamente. "Ustedes me han obligado a hacerlo"
No dudaron más. Sailor Plut y la entonces heredera de Tokio de Cristal habían planeado todo aquello para reestablecer el orden. Para asegurar que nada le arrebatara su poder.
Su mente intentaba coordinar un plan, una forma para dejar de depender de sus acciones. Debía encontrar la manera de recuperarla. Era su responsabilidad: Sailor Uranus comenzó a acercarse hasta ella sigilosamente.
"Ri… Serena, date cuenta del mal que estás haciendo" dijo Darien intentando captar toda su atención; preparándose también a asistir a Uranus cuando lo necesitara. No deseaba atacar. No, no lo quería así, pero talvez era la única forma de recuperarla. Recuperarlas.
"Nunca me amaste, Darien, y hoy te das cuenta de que me necesitas" El ánimo de la mujer variaba entre lastimero y presuntuoso.
"Él te ama más que a nada y nadie en el universo, Serena" aseguró Sailor Moon al notar también las intenciones de Uranus.
"No. Él y todas ustedes aman y desean a esta niña que es un error. Y siento cómo comienzan a odiarme. En unos años me quitarán todo lo que debería ser mío" dejó a un lado la pasividad con que hablaba y se movía. Comenzó a temblar. "Lo siento, madre, no puedo permitirlo" estiró sus brazos y elevó peligrosamente en sus manos a la niña.
"Lo siento, Princesa, tampoco puedo permitirlo" Uranus atacó desde donde se encontraba, con toda las fuerzas que encontró en sí. No podía fallar por segunda vez.
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"¿Cómo podría recordarte, Darien, si no sé siquiera quién soy yo?" dijo dejando una lágrima libre por su mejilla.
Él se detuvo a una mínima distancia de su rostro, sin encontrar la respuesta por la que Serena rogaba.
Ella se escondió en el pecho del otro y buscó sus brazos una vez más. "He soñado que te necesito y he despertado necesitándote" dijo involuntariamente. Reconoció vagamente la fragancia de Darien estando a esa distancia. El mismo calor. "Dime porqué sueño contigo todas las noches, incluso desde antes de conocerte" suplicó, diciendo lo que nunca antes había dicho a nadie.
"Quieres que te diga quiénes somos, pero eso implica que recuerdes también el porqué me has olvidado" la abrazó con fuerza, buscando silencio, enredando sus palabras en el cabello de Serena.
"Dime porqué te amo de esta forma…" insistió ella sin poder controlarse.
Darien suspiró profundamente, casi dejando escapar su alma al exhalar. "Nos conocemos desde siempre… Eres el ser de luz que amé desde el inicio del tiempo…"
Serena cedió a la fuerza con que abrazaba su espalda y concentró su mirada perdida atravesando el pecho del hombre. "El Milenio de Plata…" dijo temblando.
"…Eres con quién me reencontré en este tiempo y espacio, la niña que creció conmigo al pasar los años, salvándome de la soledad en que vivía…"
Ella sintió desbordarse en recuerdos. Sintió mecerse entre imágenes y voces. Recuperó vertiginosamente cuadros completos de su vida sin lograr asimilarlos.
"Serena, eres la mujer que he amado. Hemos vivido y construido juntos" sus palabras amenazaron con atropellarlo. "Eres la mujer que…" pero calló repentinamente, sabía que no quería seguir con lo que debía. "La mujer que no quiero perder otra vez…"
Pero la omisión de Darien resultó inútil. Los recuerdos de Serena habían llenado su mente. Todo estaba en ella, estático, todo excepto el instante que había logrado rescatar durante aquél trance de recuperación. Una etapa de su vida, la más maravillosa:
Recordó los brazos que la abrazaban no solamente a ella, sino también a aquél doble palpitar. Supo que era él hombre que había respirado un segundo aliento en el suyo. En su mente, Darien contemplaba su vientre abultado y la veía con extasiada ternura. Se apartó precipitadamente de él, y pudo reconocer los mismos ojos. Se llevó las manos al vientre y sintió el terrible miedo de quien sabe que rechaza y odia. El lamento contenido lastimó su garganta y sus piernas amenazaron con dejarse vencer. "Soy la mujer que te dio una hija…" comenzó a retroceder, despacio.
Y él no supo cómo detenerla.
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Es un desastre, lo sé, pero me gusta. Un beso para todas y mil disculpas por tardarme tanto en actualizar.
GabYxA
