"Muchas veces necesité una mano,

y lo único que encontré fue una pata."

Nota: Gracias por los reviews y suscripciones… :D por eso me sentí inspirada a hacer un capítulo más largo de lo habitual. Aclaro que todavía no habrá una pareja establecida, por lo que Hermione disfrutará de Voldemort y Snape :3 para complacer el gusto de todas.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Notaba el cansancio hacer mella en ella, pero no podía dormirse. Había abierto las cortinas y miraba fijamente la oscuridad de la noche a través de la ventana. Todo estaba en completo silencio.

Encogió las piernas sobre la cama y soltó un suspiro. Notaba una presión en la cabeza y los ojos, realmente tenía que dormir. Miró hacia la puerta al escuchar un ruido, pero asumió que fue producto de su imaginación.

Le era imposible dejar de pensar en todos los acontecimientos recientes; especialmente lo que acababa de hacer Snape. Todo eso que le había dicho, la forma en que la había sujetado mientras bailaba con ella; simplemente era muy difícil estar preparada para algo así.

Se dejó caer bruscamente en la cama y se quedó observando el techo. En solo unas horas tendrían que volver a la condenada mansión. El solo pensarlo le producía un cosquilleo en el estomago, quizás era por la idea de volver a ver a lord Voldemort. Todavía estaba muy confundida por lo que había pasado.

Estaba tentada de contarle a Snape lo que había ocurrido durante el baile, pero eligió guardarse ese secreto, al igual que su encuentro en la biblioteca. No tenía sentido que en ambas ocasiones el mago oscuro no la hubiese castigado, parecía ser un verdadero fanático de causar dolor, eso ya se lo había demostrado con anterioridad.

Escuchó pasos en el piso de abajo y se incorporó con rapidez. Eran las cinco de la mañana ¿Snape estaba despierto? Se puso en pie y se colocó una bata por encima, estaba haciendo mucho frío. Bajó las escaleras sin hacer ruido, vio una tenue luz encendida más adelante mientras los pasos seguían resonando.

Se detuvo. Tenía serias dudas en cómo reaccionar después de lo que había pasado entre ambos. Aunque el hombre estaba siendo "amable" con ella desde que había empezado a vivir con él, evitando castigos y hasta regalándole cosas básicas; lo que había ocurrido era un terreno nuevo sin explorar.

— Granger.

Dio un salto y volteó la cabeza con violencia. Snape estaba más abajo y parecía salir de la cocina. Se encontraba vestido con su túnica negra y parecía algo cansado. La chica terminó de descender los últimos escalones y llegó a su altura con rapidez.

— Me pareció escuchar sus pasos.

Le era tan difícil no sonrojarse ¿Por qué? ¿Por qué sentía tanta vergüenza? El hombre la miraba con el entrecejo fruncido, quizás extrañado por su ataque de timidez.

— Si, debo salir— respondió dándose la vuelta y regresando a la cocina —. Voy al extranjero, Granger. Solo por unas tres horas, a revisar un nuevo cuartel general.

— Suena interesante— contestó siguiéndolo.

El hombre dejó el vaso que estaba utilizando sobre la mesa de la cocina y se giró hacia ella — ¿Quieres venir?

La bruja abrió los ojos al máximo— ¿Es posible que pase algo malo?— preguntó dudosa. No quería volver a repetir la experiencia vivida en el despacho de Voldemort, cuando lo había acompañado a matar a un prisionero.

Snape, que se había movido en dirección al salón, no respondió instantáneamente. Sujetó un montón de pergaminos y los dejó bien doblados sobre una de las mesas.

— Te lo propongo porque es bastante probable que el Señor Oscuro venga a buscar esto en una hora— le dijo mirándola con fijeza.

— Entonces voy con usted— le contestó con rapidez — .No quiero imaginarme lo que pase si estoy sola con él.

El hombre pareció intrigado — ¿Qué podría pasar? Tú estarás durmiendo en tu habitación, él viene y se va. No creo que se ponga a buscarte.

— No quiero correr riesgos.

El hombre asintió con la cabeza — De acuerdo, entonces ve a vestirte, y ponte un abrigo porque hará mucho frío.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Una corriente de aire helado le caló hasta los huesos. Soltó un gemido y se inclinó para recuperar el calor perdido en ese segundo. Snape la sujetó del brazo.

— Usaré un hechizo para que te mantengas cálida — le dijo sacando su varita mágica y haciendo con ella un vago movimiento.

La bruja abrió los ojos estupefacta al sentir un delicioso calor recorrerle el cuerpo. Se irguió y agradeció al mago con la mirada. Snape giró la cabeza, como ignorando este gesto, y se encaminó hacia el frente. La chica lo siguió mirando en todas direcciones.

Estaban en un pequeño pueblo, y a pesar de que el sol estaba saliendo, la neblina tenía todo bajo una absorbente oscuridad.

— ¿Qué es este lugar?

—Estamos en Laholm— contestó sin detener su camino.

Hermione se encogió de hombros, había quedado en las mismas, no tenía la más remota idea de donde se hallaban. Vio como Snape mantenía su varita preparada y tuvo un ataque de ansiedad, el no tener ella como defenderse la ponía nerviosa.

—Hemos llegado— anunció de pronto.

Hermione levantó la vista y la centró en el edificio que el mago le mostraba. Era una casa de tres pisos, se veía bastante vieja pero bien conservada. Se acercaron y la chica se dio cuenta que estaba protegida con alguna especie de barrera mágica. Los pelos se le pusieron de punta cuando la atravesó.

— ¿Hay alguien adentro?— preguntó cuando lo vio abrir la puerta.

Pero no necesitó que el mago le respondiera. En cuanto entraron, la chica vio todo el lugar iluminado internamente, aunque esa luz no salía por las ventanas, por eso daba la impresión de ser un edificio abandonado.

— Si hay una barrera para proteger la casa ¿por qué se molestan en hechizar las ventanas?— le preguntó con curiosidad.

— La barrera es solo contra muggles, un mago podría ver la casa, pero pensará que no vive nadie— le contestó con una leve sonrisa autosuficiente. Hermione no se impresionó.

— ¿No es mejor un encantamiento Fidelio?

— Es un hechizo complicadísimo y muy complejo. Esos son encantamientos para situaciones graves que lo ameriten, ningún habitante de esta casa está en peligro, por eso no lo usamos.

—¡Snape, has llegado!

Una profunda voz femenina había resonado. Hermione se dio la vuelta y miró con atención a la mujer que se les aproximaba. Sin embargo, la recién llegada se paró en seco.

— ¿Quién es ella?— quiso saber.

— No te preocupes por ella, Caroline. Es mi esclava y el Señor Oscuro sabe de su existencia.

La mujer le lanzó una mirada despectiva a Hermione — No importa que sepa que ella existe, ¿Él autorizó que estuviera aquí?

Snape cambió su expresión de indiferencia a notable molestia — Primero que nada, no me estés exigiendo respuestas, yo no te debo nada. Si él lo sabe o no, me concierne a mí. Y por último, no vine para hablar de eso, estoy aquí para supervisar el trabajo, sabes que tengo que llenar estos estúpidos informes y entregárselos— le espetó el hombre avanzando unos pasos mientras miraba todo a su alrededor.

Caroline, que lo había seguido con la vista, le dio rápidamente la espalda a Hermione y empezó a explicarle al mago una serie de cosas que la chica no entendía. Quería sentarse, pero no estaba segura si ante esa desconocida bruja debía comportarse como la esclava sumisa y obediente que supone que tendría que ser.

— Granger, espérame aquí— le indicó el hombre en voz baja pero clara. Ambos hechiceros se encaminaron por un pasillo y se perdieron de vista.

Hermione se quedó de pie en la puerta. La casa, aunque daba miedo, tenía una ligera chispa de comodidad que no podía negarse. Se preguntó que harían los mortífagos allí, capaz era donde vivían. Quizás Voldemort les daba vivienda a todos, para que se mantuvieran juntos. La bruja no pudo evitar sonreír burlonamente al imaginárselo.

Escuchó unas voces que gritaban unas cosas y se aproximó hacia una de las ventanas, pero no vio nada. No tenía los ánimos para moverse a explorar, por lo que se quedó en su posición esperando que Snape volviera. Y más rápido de lo que esperaba, lo vio acercarse a ella seguido de la misteriosa mujer.

— Algunos se han acercado, pero son unas basuras, Snape — le dijo con una sonrisa —… Nada más que unas asquerosas sabandijas, pero a todos los hemos enviado a la mansión, si es lo que quieres saber. Aunque el Señor Oscuro está transfiriéndolos a otras localidades, porque no desea llenar sus celdas. Aunque no lo creas, a veces hay que estar atendiéndolos para que no mueran tan rápido.

Snape asintió — Si, me han dicho que han resultado un incordio para el Señor Oscuro, pero no se a donde los ha mandado. ¿Y qué ha pasado con Lewis?

— Está afuera. Algunos están practicando y entrenando. Se ha sabido de una gran rebelión y los responsables están muy cerca de aquí. Deben pensar que somos unos niños inexpertos… son unos ilusos, ojala pudiera matarlos a todos.

— ¿Cuantos mortífagos tienes a tu servicio en este momento? Si necesitas refuerzos puedo mandarte a unos cuantos de Finlandia.

— No me hagas reír, Snape. ¿Finlandia? Son unos bebés, creo que el Señor Oscuro los tiene de señuelo o son carnada… ahora todos quieren unirse al nuevo régimen, pero al momento de una batalla no darían su vida por él y esa será su condena.

— Respóndeme… ¿Cuántos mortífagos tienes aquí?

— Noventa y siete.

Hermione, que había estado callada y paralizada todo el tiempo, ahogó un gemido ¿Noventa y siete? ¿Solo en esa casa? ¿Qué había pasado en esos escasos tres años? Snape asintió con la cabeza mientras se alejaba de la mujer y abría la puerta.

— Ven, Granger— le dijo en voz baja. Hermione esperó que la mujer pasara delante y los siguió.

Caminaron por el jardín y bordearon la casa, y fue ahí cuando la bruja descubrió el origen de los gritos y las voces. Había al menos tres docenas de magos y brujas, todos en pareja, lanzándose maldiciones y hechizos no verbales entre ellos. Sintió como si un cubito de hielo se le deslizaba por la garganta al verlos entrenando.

— Supe que ayer fue la fiesta de compromiso del Señor Oscuro y Bellatrix— dijo la mujer de pronto —. Ya debe faltar muy poco para la boda.

— Dos semanas.

— Será algo por todo lo alto— comentó Caroline con suavidad. Snape se giró para verla.

— ¿Te invitaron?

— Por supuesto… ¿acaso a ti no? No me dirás que….

— Si, yo iré. Solo que no tengo conocimiento de que sea "por todo lo alto" puesto que no todos sus mortífagos pueden ir. El Señor Oscuro no permitirá que se descuiden los puestos.

— A mi no me interesa quienes vayan o dejen de ir, Snape. Con tal que yo esté ahí, no hay problema.

El hombre rió mientras dejaba de ver a los mortífagos que tenía al frente y se daba la vuelta — Me sorprende que esta boda te entusiasme tanto, juraba que eras tú quien se desvivía por el Señor Oscuro, debes estar hirviendo de la envidia.

La mujer acarició su larga cabellera y dijo con voz prepotente — El Señor Oscuro y yo tuvimos nuestro pasado y fue algo glorioso, pero si él decidió quedarse con Bellatrix, no hay nada que yo pueda hacer.

Snape volvió a reír. Se acercó a Hermione y la tomó del brazo. La mujer vio este gesto, pero no dijo nada al respecto — Debo irme, Caroline, le llevaré estos informes al Señor Oscuro. Nos vemos en otra oportunidad.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

— ¿Por qué estamos aquí?— preguntó Hermione mirando nerviosa a su alrededor. Otra vez en esa mansión, no quería tocar ese lugar tan temprano —. Usted me dijo que vendríamos en la tarde.

— Si tengo los informes listos, se los puedo entregar al Señor Oscuro de una vez. No tardaremos, Granger, nos vamos de inmediato.

— ¿Qué informes son esos?— no pudo evitar preguntar, curiosa.

— Debo mantener un control preciso de los prisioneros, los encantamientos, los nuevos integrantes, los movimientos y los entrenamientos de los mortífagos, sus cambios y traslados a otros cuarteles. Hasta el estado físico y mágico de cada cuartel, entre otras cosas.

Hermione se sorprendió — ¿Y cuántos cuarteles generales hay?

— Cincuenta y dos, repartidos por varios países de Europa. Pero a mi cargo están treinta. Lucius tiene cuatro, Draco uno, Bellatrix tiene cinco, a Yaxley se le acaban de asignar tres y Dolohov tiene dos, entre otros mortífagos.

Hermione se sintió morir — ¿Cuántos mortífagos hay en total?— preguntó mientras subía las escaleras junto al hombre.

— Eso no lo sé. Creo que ni el Señor Oscuro sabe eso, pero fácilmente pasan los mil. El asunto es que se unen muchos a diario. Pero siempre comenten errores, o creen que esto es un juego, así que la mayoría muere. Por eso no hay una cifra exacta, quizás sobrepasen incluso los dos mil.

— ¿Dos mil? ¿Dos mil mortífagos?

Snape le lanzó una mirada divertida — El Señor Oscuro tiene un gran ejercito, y muchos son magos y brujas extremadamente hábiles, poderosos y muy leales. Por supuesto no estás incluyendo a la cantidad impresionante de criaturas que tiene a su servicio. Agradezco que no sea yo el encargado de controlarlas. Creo que Mcnair es quien maneja esa parte.

— Que adecuado— ironizó Hermione. Ambos se dieron la vuelta al escuchar unos pasos siguiéndolos. Snape se irguió y Hermione se colocó detrás del hombre.

— Hola, Snape, ¿vienes a la reunión?— preguntó un mortífago robusto y rubio acercándose.

—Rowle— saludó el hombre. — No sabía que había una reunión hoy.

— Lo acaban de notificar hace veinte minutos.

Snape se metió las manos en los bolsillos de la túnica mientras Hermione sujetaba los pergamino que el hombre le acababa de tender — Estaba en Laholm, supervisando un entrenamiento. Quizás sea por eso que no fui citado.

— Pues te recomiendo que entres, si ya estás aquí. No creo que sea grave, puesto que no he visto a muchos venir— contestó el hombre.

Hermione palideció ¿Otra reunión? Lo mejor sería que ella se fuera, aunque no veía que esa posibilidad fuera viable. Rowle y Snape caminaban delante de ella, ignorándola por completo. Ella los seguía como un perrito faldero, hasta que finalmente llegaron hasta una gran puerta de madera que se encontraba entreabierta.

Como no se le dijo nada, Hermione entró tras ellos. La puerta se cerró de golpe, y la chica se quedó paralizada al ver una inmensa y alargada sala. Al frente de ella había una mesa, igualmente hecha de una ostentosa y pulida superficie de madera. Sentados en ella, al menos diez personas.

Una vez más, pudo reconocer a Draco, estaba vez completamente solo, mirando el techo con resignación. Su padre, sentado a su derecha, hablando con su esposa Narcissa. Notó como la sangre le hervía al ver a Bellatrix, al lado de su hermana, hablando con dos mortífagos más.

Vio como Snape y Rowle avanzaban para ocupar los asientos correspondientes, ninguno de los presentes se saludó con los recién llegados. Habían dos mortífagos de pie, hablando animadamente entre ellos y finalmente los ojos de la bruja se desviaron hacia la hermosa chimenea de mármol que adornaba el lugar, la única fuente de luz.

Un hombre estaba de pie, mirando fijamente el crepitar de las llamas. El corazón se le aceleró al darse cuenta de quién era, aún cuando éste le estaba dando la espalda.

Se escuchó el sonido de la puerta tras de sí y se apartó rápidamente cuando ésta se abrió, dejando pasar a dos mortífagos más. Éstos rápidamente tomaron asiento, todos los presentes estaban serios y quizás algo preocupados.

Vio como algo a su derecha se movía y se dio cuenta que Voldemort se había separado de la chimenea, mirando con atención a sus sirvientes. Los ojos del Señor Oscuro se desviaron hasta donde ella estaba agazapada en la oscuridad. Ella no deseaba verlo, por lo que bajó la cabeza antes que lograran conectar miradas.

Escuchó el sonido de una silla moverse y asumió que el mago se había sentado. Se hizo un silencio sepulcral.

— Es muy curioso que después de años de servicio, cometan errores tan estúpidos que pueden poner en peligro ciertas operaciones…— escuchó que Voldemort hablaba, en su voz no había ni una pizca de suavidad. Solo era frialdad, odio y crueldad.

—… Es bastante sorpresivo que sean mis mortífagos más cualificados, o eso creía yo hasta el día de hoy, y no sepan reconocer a un enemigo, que se dejen engañar tan absurdamente durante más de doce meses ¿Qué medidas debo tomar, entonces? Dime, Draco ¿Qué debería hacer?

Draco, que había bajado su cabeza y miraba la mesa con fijeza, había levantado la cabeza y miraba su amo con temor — Mi señor, yo…—

Daba la impresión que la mitad de los presentes no sabía que estaba sucediendo. Solo los Malfoy estaban tensos y pálidos, mientras Bellatrix estaba recostada del respaldar de su silla, mirando a su sobrino con cierto desprecio.

— El castigo para este tipo de errores es la muerte— Voldemort dejó que aquella oración calara bien profunda en Draco y en sus padres antes de continuar— Pero por esta vez, seré misericordioso y te daré la oportunidad de enmendarte.

— Mi señor…— un mortífago había hablado— Mi señor, disculpe, pero ¿ha habido algún inconveniente? ¿Debemos activar algún protocolo?

Voldemort había desviado sus ojos hacia el hombre — Por supuesto, Selwyn. ¿Recuerdas a Aspen Relish? Para quien no la conozca, es la pareja de más de un año de nuestro compañero, Draco Malfoy.

Hubo un asentimiento general. Hermione miró a Draco con atención. El chico parecía estar temblando, se preguntó si esa sería la chica con la que él había estado en las dos ocasiones donde ambos se habían visto.

— Pues bien, Draco, en su estupidez e incompetencia, no se había percatado que la señorita Relish ha trabajado para el grupo PHAM durante dos años y se ha colado en nuestra familia para buscar información.

Los mortífagos se agitaron. Hermione vio que Snape giraba la cabeza y miraba nervioso a Draco. El chico parecía estar tan asustado como ella en ese momento. Los ojos de Voldemort emitían destellos rojizos a cada palabra que decía. No era un secreto el disgusto plasmado en sus facciones.

— Por suerte, fue descubierta pasando información a uno de nuestros espías dentro del grupo, el cual se encargó de notificárnoslo de inmediato. Tu misión ahora será, Draco, matar a esa mujer, pero no lo harás de forma rápida. Debes dejarle claro, lo que le sucede a los traidores. Ya has jugado bastante con esa mujer, quizás alguno de mis mortífagos desee quedarse con ella, podríamos mandarla una semana a Dalvík, tu sabes que ese es uno de los cuarteles donde menos trabajo hay, y quizás mis fieles mortífagos estén desesperados por una entretención.

Hermione abrió los ojos al máximo y miró a Voldemort con terror, realmente esperaba que las palabras del hombre no significaran lo que ella estaba pensando.

Uno de los mortífagos se inclinó hacia el Señor oscuro— Estoy de acuerdo, mi señor. De hecho en mi última visita, Baldur me reclamó por su abandono, dado que allí casi no hay rebeldes que capturar. Estarán deseosos de divertirse un rato— El hombre rió como si aquello fuera algo muy normal y digno de regocijo.

Voldemort asintió y en sus finos labios de dibujó una sonrisa despiadada — ¿Lo ves, Draco? Hasta Yaxley te lo está diciendo. Yo siempre pienso en mis sirvientes, comprendo que tienen necesidades ¿y qué mejor oportunidad que esta?

Draco asintió con lentitud —Es cierto, mi señor. Agradezco su misericordia.

— Muy bien. Ahora que el tema está decidido, pueden retirarse, a menos que deseen quedarse a celebrar la última victoria lograda por Travers, que no está aquí presente. Ha destruido otra base de PHAM y ha capturado a siete rebeldes. Es algo digno de elogiar.

Hubo otro asentimiento general de aprobación. Bellatrix movió su varita y la mesa se lleno rápidamente de copas y algunas botellas. Los mortífagos soltaron un grito de entusiasmo. Draco levantó la cabeza y rápidamente llenó su vaso de lo primero que encontró. Hermione notó como las nauseas se le arremolinaban en la garganta, no podía creer que estuvieran bebiendo alcohol a esas horas de la mañana.

— Siempre pareces preparada para todo, Bellatrix— afirmó Snape mientras daba el primer sorbo a su copa.

Hermione tuve que soportar una hora de esa tortuosa escena, donde los mortífagos hablaban entre sí, chocaban sus copas y reían. Draco hablaban animadamente con su tía, parecía ya haber superado el hecho de que a su novia la fueses a torturar y violar en otro país. Era evidente que todos estaban locos.

No pudo evitar que una expresión de asco la invadiera. Era algo repugnante. Movió la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Voldemort de forma casual, palideció al darse cuenta que el hombre estaba recostado en el sillón, mirándola con fijeza y una leve sonrisa en sus labios. Al darse cuenta de que la chica lo observaba, levantó su bebida y dio un corto sorbo. Tuvo el presentimiento que el oscuro mago llevaba un rato viéndola con persistencia.

Hermione se sentía incapaz de despegar los ojos de los de él. Quizás demasiado estupefacta ante ese comportamiento, sea lo que fuera que significara, le daba miedo, mucho miedo.

No podía soportarlo, era extremadamente incomodo. No le importó si rompía alguna regla, necesitaba a salir, necesita aire… se estaba sofocando.

Solo le bastó dar dos pasos para aproximarse a la puerta, y salir por ésta sin que nadie lo notara. Supo que Voldemort seguía observándola, pero quizás el hombre no le diera importancia que permaneciera afuera.

Se apoyó en la pared y respiró ahogadamente. El ambiente allá adentro era insoportable. No lograba acostumbrarse a esa gente, eran tan desagradables. Casi podía escuchar sus escandalosas risas a través de la pared, pero tristemente no podía alejarse más.

La puerta se abrió de nuevo sin hacer el más mínimo ruido, y Hermione se alejó de ésta con un salto. Su corazón palpitaba con fuerza contra su pecho y casi se siente morir cuando ve a Voldemort salir de la habitación.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

El mago parecía haber salido explícitamente para buscarla, puesto que sus rojos y crueles ojos recorrieron el lugar antes de chocar con ella. La chica se pegó a la pared y bajó la mirada rápidamente, rogando con toda su alma que el hombre se fuera.

— ¿Qué estás haciendo aquí sola, sangre sucia?— oyó que él le preguntaba.

Su garganta estaba tan seca que tuvo que tragar con dificultad para poder responderle — Nada, mi señor. No quería ser un estorbo en su reunión, por eso salí—

Voldemort se le acercó con mucha lentitud — La reunión ha terminado ¿no lo sabes, acaso?—

Hermione sentía como si sus piernas fueran a temblar en cualquier momento — No, mi señor, lo lamento, no he prestado mucha atención—

— Mientes

La chica levantó la cabeza y no le alivió nada el hecho de que el mago oscuro estuviera sonriendo. Cada vez que ese hombre sonreía, sentía como si por su mente estuvieran pasando una cantidad de atrocidades que podría hacer con ella. Quizás no estaba tan equivocada.

— Mi señor… yo…

Voldemort levantó una mano. Hermione se quedó callada, ese gesto suyo era muy claro. La chica vio nerviosa como el hombre se le acercaba cada vez más, teniéndolo solo a unos palmos de distancia.

— La última vez que te dejaron sola, recorriste mi mansión y entraste en una habitación sin mi permiso— le susurró él con suavidad. Hermione se estremeció.

— Fue un accidente, mi señor. Eso no volverá a ocurrir, si le molesta mi presencia aquí, puedo volver a entrar— Ni siquiera sabía si estaba siendo irrespetuosa, las palabras salían solas por su boca sin que pudiera controlarlas.

Voldemort se le acercó un poco más. Hermione miró hacia arriba y lo miró, estaba demasiado cerca, ya no existía un espacio personal entre ellos. Los ojos de Voldemort brillaron con diversión mientras su sonrisa se ensanchaba.

— Eso es lo que quiero. Prefiero tenerte vigilada—

Hermione respiró profundamente antes de moverse e intentar regresar a la habitación. Pero antes que pudiera moverse, Voldemort apoyó sus manos sobre la pared, de modo que Hermione quedó atrapada entre sus brazos, impidiéndole cualquier movimiento. Miró al hombre de forma interrogante, pero éste solo seguía sonriendo; como si aquello fuera un entretenido juego.

— ¿No crees que la presencia de Snape es un incordio?— le preguntó muy cerca de su oído.

La bruja empezó a temblar, no sabía qué demonios estaba pasando ¿Qué le pasaba a ese hombre? ¿Había enloquecido? Se estaba muriendo de ganas de empujarlo, no quería que estuviera tan cerca de ella.

— Respóndeme— le exigió en voz baja.

Hermione ni lo miró — No lo sé, mi señor… no se a que se refiere, él es mi amo… yo —

Voldemort entrecerró los ojos al mismo tiempo que su sonrisa desaparecía. La chica notó como el hombre se separaba y le dejaba la vía libre para escapar. Lo miró dócilmente, no sabía que faceta suya le daba más miedo, si ese comportamiento inusual o la expresión de evidente molestia que tenía ahora.

— Entra— le ordenó con frialdad.

No sabía que es lo que había hecho mal, pero igualmente le pasó por al lado sin despegarse de la pared, y entró rápidamente al salón. Como se imaginó, nadie les prestó atención. Voldemort la siguió muy de cerca, tanto que Hermione apuró el paso y casi da un salto para alejarse de su camino.

Lo vio regresar de nuevo a la mesa con paso firme. El hombre se sentó en el sillón de forma arrogante, como si fuera un trono, y empezó a golpetear la mesa con sus largos y delgados dedos con expresión de impaciencia. La chica desvió rápidamente la mirada y la dejó clavada en la chimenea.

Siguió en esa posición por lo que pensó que era una hora más. Estaba cansándose. El sonido vibrante de las copas, las risas y las exclamaciones de los presentes estaban haciendo que una chispa de mal humor la atacara. Odiaba ser un adorno. Levantó la cabeza y miró con desprecio a Snape, éste se había levantado de la mesa y hacía una imitación de algo que ella no sabía, pero que ocasionó risas estridentes por parte de los mortífagos.

Miró a Voldemort una vez más, éste jugueteaba con el líquido rojizo que tenía dentro de su copa. Estaba totalmente serio y no parecía prestarle la más mínima atención a lo que sus sirvientes hacían. No pudo evitar sentir empatía por él. Ella se encontraba en la misma situación, la diferencia es que a ella no se le permitía beber ni una gota de alcohol, algo que estaba necesitando en ese momento.

El mago pareció percatarse que la chica lo observaba, puesto que alzó un poco la cabeza y le devolvió la mirada, sin embargo no había la más mínima expresión bajo esos ojos carmesíes. Hermione volvió a ponerse nerviosa, por lo que sujetó sus manos y fingió sentir interés por la decoración que llevaba más de dos horas apreciando.

No supo si Bellatrix se había dado cuenta de ese peculiar intercambio de miradas, solo supo que la mujer se giró bruscamente, dándose cuenta de su presencia por primera vez.

— ¡Snape! ¡Te lo dije ayer, te dije que no quería ver a esa sangre sucia de nuevo aquí!— exclamó. Todos hicieron silencio, mirando alternativamente a ambos hechiceros.

El hombre pareció extrañase ante esa repentina explosión por parte de de la bruja— Tranquilízate, Bellatrix. Ella no iba a venir, fue un accidente—

La mujer se puso en pie. Hermione miró instintivamente a Voldemort, éste observaba a su futura esposa con el entrecejo fruncido, en sus labios había aparecido una mordaz sonrisa, capaz preguntándose qué pasaría a continuación. Sin embargo, su pose perezosa daba a entender que no pensaba intervenir.

— ¡Siempre son accidentes, Snape! ¡No me tienes respeto! ¡Te dije claramente que si volvía a verla aquí, la mataría!

Snape se levantó de pronto — Bellatrix… ella es mi esclava, y te exijo que no la toques.

El hombre parecía tan furioso que no se dio cuenta de la mirada de perplejidad que todos le dirigieron. Hermione se pegó a la pared sin saber qué hacer.

— No te atrevas a amenazarme— susurró la bruja con peligrosidad.

— Si le haces algo, me obligarás a atacarte— le advirtió Snape con el mismo tono.

Hermione se sentía acalorada, Snape parecía estar fuera de control, sin considerar que estaba rodeado de mortífagos y del mismo lord Voldemort, el cual no apartaba la vista de su mejor sirviente.

Por el rabillo del ojo vio como un destello verde se le acercaba. Solo tuvo dos segundos para dar un salto hacia su izquierda y esquivar la maldición que iba dirigida a ella. Todos los mortífagos se pusieron en pie y escuchó uno que otro grito de sorpresa.

Cayó al suelo y miró hacia arriba con los ojos desorbitados. Bellatrix la apuntaba con su varita, pero rápidamente se daba la vuelta y convocaba un encantamiento escudo para desviar el hechizo que Snape le había lanzado desde atrás.

— ¿Qué demonios estás haciendo, Snape?— cuestionó ella tan impresionada como Hermione.

— Te dije que no la tocaras— le espetó el mago con frialdad.

—Snape, ¡basta!… ¿te has vuelto loco?— exclamó Lucius tratando de acercarse a su amigo. Severus lo ignoró.

Todos los demás estaban en silencio, aunque de pie. Voldemort era el único que parecía relajado, bebía de su copa y parecía estar divirtiéndose mucho. Bellatrix le lanzó una mirada de profundo odio a Hermione mientras ésta se ponía rápidamente en pie.

— Asquerosa sangre sucia…— Hermione levantó la cabeza y le devolvió la misma mirada de rencor —. ¡Largate! ¡Ahora!

Hermione cerró los ojos durante un momento, sus piernas apenas le respondían. Todos la miraban fijamente, Bellatrix estaba muy cerca de ella con la varita en la mano. Lucius sujetaba a Snape y le decía cosas al oído. Draco tenía una sonrisa autosuficiente y daba la impresión de que esperaba que la torturaran de un momento a otro.

— ¿No me has oído, basura?— gruñó la mujer por encima de las risas de los mortífagos.

Hermione apretó los puños cuando vio que Snape se alejaba con Lucius y ambos se sentaban en la mesa, y, aunque su ex profesor parecía molesto, no intentó hacer ningún otro movimiento para ayudarla.

Sintió un golpe en el estomagó y casi cae al suelo. Notó como un chorro caliente le mojaba el suéter y bajó la vista. Tenía un largo y profundo corte en el abdomen que sangraba de forma abundante. Apoyó una mano en la pared para poderse sostener. Escuchó más risas y notó como Bellatrix se le acercaba con la varita levantada.

—Te lo has buscado tu solita. Quizás una buena dosis de dolor te haga reaccionar, sangre sucia— se regodeó ella. La emoción tiño de rojo sus pálidas mejillas. La vio levantar la varita una vez. Un chorro de fuego salió expedido de la punta y fue directamente hacia ella.

Hermione no supo que pasó a continuación, pero el miedo tomó control de su cuerpo. Cerró los ojos rápidamente, levantó la mano derecha para tratar de evitar que la posible quemadura tocara su rostro y soltó un grito de pavor.

Pero el dolor nunca llegó, y fue ahí que se dio cuenta que el grito no había salido de su boca, sino de la de de Bellatrix. La mujer había retrocedido y soltaba aullidos de dolor. Todos los mortífagos corriendo a socorrerla. Snape volvió a ponerse en pie y se acercó a la bruja.

Hermione no pudo evitar sonreír levemente al ver que la mujer tenía todo el cabello chamuscado y su ropa estaba quemada a la altura del pecho, dejando ver una parte de su seno izquierdo. Tan confiada se sentía en que todos los presentes estaban asistiendo a la mujer, que pensó que nadie vería su sonrisa; pero se equivocó.

Voldemort, por fin había dejado de beber y miraba la chica con mucha atención, casi se podía decir que ni parpadeaba. No parecía ni remotamente interesado en el estado de su futura esposa. Hermione borró rápidamente su satisfactoria sonrisa y miró al hombre con miedo. Voldemort notó el cambio de la chica y recostó la cabeza en el respaldar del sillón, y para sorpresa de la bruja, el mago oscuro le sonrió sutilmente.

Bellatrix empujó a todos los que intentaban ayudarla y corrió hacia Hermione, casi dispuesta a estrangularla con sus propias manos. La chica cayó hacia atrás golpeándose la cabeza cuando todo el peso de la mujer la aplastó. A ella nadie parecía querer ayudarla, dado que no sintió a alguien acercarse para auxiliarla, ¡se estaba muriendo!

Notó una rabia poco usual recorrer su cuerpo, sentía como la sangre le hervía y la cabeza le daba vueltas. Quería sacarse a esa maldita de encima, era ella quien quería matar a esa mujer. Las manos de su cuello se alejaron rápidamente y todo el peso que la aplastaba contra el suelo desapareció.

Levantó la cabeza y vio como Bellatrix salía despedida a toda velocidad hacia atrás, como si algo la tuviera sujeta de la túnica. La mujer gritaba con sorpresa y los mortífagos parecían ser incapaces de saber qué hacer.

— ¡¿Que estás haciendo, sangre sucia?!— le gritó Draco yendo tras su tía.

Pero Hermione se sentía cegada, sabía que era ella quien estaba causando que Bellatrix volara por toda la habitación, pero no podía, o no quería detenerse. Finalmente la mujer se estrelló con una fuerza brutal contra una de las ventanas. El vidrio se hizo añicos y los trozos cayeron al suelo junto con el cuerpo inerte de la bruja.

Todos corriendo en su dirección y Hermione se sentó en el suelo tratando de recuperar el aliento. Escuchaba sus gritos desesperados mientras intentaban reanimar a la mujer.

— ¿Está muerta?— gritaba uno. Hermione levantó la cabeza.

— Está desmayada… necesitamos levantarla y sacarla de aquí.

— ¡Cuidado! Tiene quemaduras ahí ¿acaso no te das cuenta, idiota?

Hermione veía sin ver. Estaba totalmente ida. Nadie le prestaba atención y era mejor así, porque cuando se llevaran a la mujer, ella ya podía darse por muerta. Sentía una gran satisfacción por lo que había pasado, pero eso le había durado muy poco.

— ¡Granger!

Se sobresaltó al notar como Draco corría hacia donde ella estaba. Hermione se levantó con rapidez pero ya sin fuerzas. Las piernas parecían tambalearse, estaba débil.

— ¡Ya basta!

El chico se detuvo en seco y volteó bruscamente. Voldemort finalmente se había levantado de la mesa, de la cual no se había movido en todo el tumulto. Los ojos del mago oscuro brillaban notablemente, casi de forma inhuma.

— Snape, llévate a la sangre sucia— indicó sin mirarlo.

— Pero, mi señor…— lloriqueó Draco.

— Cállate,Malfoy. No te conviene que pague mi ira sobre ti en estos momentos— le contestó con un tono helado.

Hermione sentía las lagrimas de miedo amenazar con caer por sus mejillas, vio como Snape se le acercaba y la sujetaba del brazo bruscamente. Todos los mortífagos habían volteado y parecían estar tan tensos que se habían olvidado de respirar.

— Llévate a la chica, ya trataremos esto después— dijo el mago oscuro acercándose a la inconsciente bruja. Se agachó y la recogió en sus brazos, cargándola con sutileza. Los mortífagos se separaron un poco.

Hermione fue jalada por Snape, forzándola a salir rápidamente de la habitación. Pero antes de retirarse pudo vislumbrar le cuerpo de Bellatrix, con cortes en todo su cuerpo, por su rostro caía un ligero hilo de sangre. No pudo evitar pensar en que si Voldemort la iba a matar, al menos moriría con esa gratificante imagen.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Pensó en que Snape enloquecería, ya casi podía escuchar los gritos y las acusaciones. Era verdad que había cometido un terrible e imperdonable error, pero no pudo controlarse. Llegaron a la casa y vio como su ex profesor se dejaba caer en el sofá y se sujetaba el rostro con ambas manos. Hermione se le acercó.

— Lo siento— musitó mirando el suelo.

El hombre levantó la mirada, se veía muy molesto— ¿Cómo se te ocurrió hacer eso, Granger?

La chica negó con la cabeza, notaba como las lagrimas volvían a mojar su cara — Yo no… yo no… lo hice a propósito. Solo pensé en protegerme.

El hombre la sujetó por el brazo y la jaló hacia sí — Para eso estoy yo.

Hermione abrió los ojos estupefacta — Esa loca me atacó y yo no lo vi tratando de salvarme.

Snape apretó agarre — No me hables así, Granger.

Hermione bajó la cabeza, se sentía muy dolida y frustrada ¿Cómo se podía ser tan descarado? Snape la sujetó con mayor fuerza, haciendo que la chica levantara la cara y lo retara.

—Estás herida, voy a curarte— le dijo caminando hacia un armario y buscando una botella de díctamo.

— No es necesario que se moleste, amo— le espetó ella con cierto tono de rabia. Snape se estaba comportando de una manera irracional e insoportable.

El hombre la ignoró y destapó el frasco — Déjame ver esa herida, Granger… ¡Ahora!— ordenó con rudeza al ver la reticencia de la chica.

La bruja se quitó el suéter, quedando en ropa interior, se dio cuenta que Snape la miraba de arriba a abajo, pero desvió los ojos hacia la pared. Notaba como la herida sangraba poco a poco, pero no sentía casi dolor.

Los hábiles dedos de Snape empezaron a curarla, usando el díctamo y uno que otro encantamiento — Esas explosiones de magia se harán cada vez mas continuas, debemos hacer algo al respecto— le dijo con indiferencia.

Hermione bajó la vista — ¿Algo al respecto? ¿También me quitaran mi magia?

— No seas tonta, Granger, eso no es posible. Ya lo hablaré con el Señor Oscuro.

— La solución es muy fácil, matarme.

Snape entrecerró los ojos — Es una opción, pero no permitiré que sea esa la escogida.

Hermione sujetó su suéter con la mano derecha y se alejó de Snape, nunca se había comportado así con el hombre, estaba siendo muy grosera e irrespetuoso. Pero era humillante que esa mujer la hubiese querido matar y ella fuera la acusada por tratar de defenderse, y, ni siquiera había sido ella la culpable, su miedo fue la que la salvo.

— ¿Qué diablos haces, Granger? ¡Vuelve aquí! ¡No me vuelvas a dar la espalda!— gruñó Snape sujetándola por el brazo y jalándola hacia sí.

— ¡Como si usted deseara protegerme! No va a poner en riesgo su vida por mi— exclamó ella intentando soltarse.

— Por si no te has dado cuenta, el que te mantiene con vida soy yo. Si no fuera por mí, estarías siendo violada por todos los mortífagos de la mansión ahora mismo ¿No puedes ser un poco agradecida?

— Se lo agradezco, amo… ¿no se lo demuestro lo suficiente?—

Snape la jaló con más fuerza, haciendo que perdiera el equilibrio y casi cayera al suelo. El mago la sujetó y la lanzó contra la pared. La chica lo miró estupefacta mientras él se le acercaba con rapidez y la acorralaba contra ésta.

— Si me hablas así de nuevo, te voy a castigar— le susurró con suavidad. Hermione no pudo evitar notar que el hombre despedía un muy ligero olor a licor, algo que le gustó.

— Hágalo, entonces— lo retó.

Aunque la situación era muy extraña, Hermione no se esperó que el hombre sonriera con cierta perversidad, antes de juntar sus labios con los de ella, en un pasional beso que la dejó sin respiración.

Notó como las manos del hombre la sujetaban de la cintura y recordó que no se había colocado el suéter de nuevo. Tenía su torso desnudo rozándose con el fuerte cuerpo de su ex profesor. No pudo evitar que un gemido de placer escapara de sus labios. Lo que estaba pasando era algo increíble y nadie jamás habría podido predecirlo, pero para Hermione era una experiencia nueva y perfecta, y pensaba disfrutarla al máximo.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

¡El próximo capítulo será fuego, fuego y más fuego! :3

Hell yeah!