NdA: ayer no actualicé, I know it. Salí temprano y llegué tarde y en fin, mañana y pasado más de lo mismo. A ver si consigo publicar dos mitos en un día para compensar. Si no, el viernes haremos un Kit Kat y el lunes estaré de vuelta :)


[Mito 6º] El hermano pequeño es caprichoso por naturaleza

Gaara nunca pide nada. No señor. Ni pidiéndole que te lo pida. Ni bajo los efectos de la mejor reserva de Whiskey de guindilla del Desierto (el umbral de tolerancia al alcohol de Gaara es ridículo tirando a penoso, de hecho, pero eso es otra historia que Kankuro ha prometido no incluir en su biografía). Se detiene con vacilación delante de los escaparates, le brillan los ojos con el puesto ambulante de manzanas de caramelo y perdió el hilo de la conversación con el arquitecto jefe del último hospital de Sunagakure porque lo distrajo una gata acicalando a su cría dentro de una caja.

A Kankuro le gusta rememorar la anécdota durante el desayuno.

–¿Te gustan los gatos? –inquiere con una sonrisa de incredulidad. Disfruta avergonzándolo–. La verdad es que te pegan. Van a su bola y son elegantes.

–El que usa un gorro con orejas y se pinta bigotes eres tú. –Se enfurruña detrás del cuenco de los cereales. Un leve rubor le cubre las mejillas y Kankuro se siente afortunado de compartir esos momentos con él. De poder tomarle el pelo durante un instante, antes de que Gaara recupere la estoicidad y restablezca la armadura de arena y vuelva a ser ese chico tan serio con talento para los discursos y habilidad para el liderazgo–. Y yo no voy a mi bola.

Temari le sonríe con dulzura. La cara apoyada en la mano.

–¿Cómo era la gata, Gaara?

Gaara susurra que naranja y ojalá, ojalá fuera caprichoso por naturaleza.

Al día siguiente hay una caja con agujeros en la tapa sobre la mesa del salón. Forran los sillones antes de abrirla, retiran las cortinas y sueldan tres candados a la puerta del taller de Kankuro, que se gana varias advertencias bastante feas cuando insinúa que eh, vamos a ahorrar un pico en arena, ¿no Gaara?

El gato todavía no es adulto. Ronronea cuando Gaara le acaricia el lomo con dedos inseguros. Es naranja.

Un collar de cuero azul heráldico le rodea el pelaje del cuello. El cascabel tintinea al más mínimo movimiento, y justo debajo hay una plaquita de chapa.

Gaara frunce el ceño.

–No tiene gracia.

–Ya, bueno. Es una bola de pelo, no esperarías que viniera con música.

–Por qué pone Naruto en el collar.

Temari no interviene. Lo deja solo frente a la adversidad.

–¿Porque es naranja, tiene bigotes y aversión al agua?

–Es una hembra, Kankuro. Eso es lo que es. Y no, el Jutsu Erótico no cuenta, antes de que lo digas.

Podría seguir un poco más, pero Gaara dice "erótico" tan bajito y tan cortado que Kankuro levanta las manos y se rinde, no sin cavilar antes una cosa.

–¿Ese papanatas te ha hecho el Jutsu Erótico?


Probablemente mañana descubriremos cómo se acaba llamando la gata. ¡Quiero apuestas!