Bueno dije que aunque me tardara continuaría la historia ^^U Aunque creo que me pase un poco. La verdad tuve problemas y luego la escuela y muchas cosas que no vale la pena contar, pero el chiste es que olvide mi historia como por... ¿5 meses? Lo siento de verdad, pero igual dije que no la iba a dejar y bien dice que más vale tarde que nunca. Así que si me disculpan continuare la historia como lo tenía planeado y no la dejaré hasta terminarla n_n.

La canción que esta en letras negritas e itálica es: Te Amo de Alex Acha

Advertencia: Este capitulo se considera M o PG17 con contenido sexual en el segundo FlashBack

Que espero que disfruten


6.- Recordando el amor.

El considerable grupo de jóvenes comían desesperadamente. A pesar de que no había mucho de donde escoger, la comida del local era buena, era recién hecha por el dueño, el dulce viejo que había recibido la noche anterior a los dos demonios.

-¡Ay pero que rico esta eso! - exclamo Keiko comiendo una hamburguesa.

-¡Bastante! - le apoyo Botan comiendo sus papas fritas.

-Jamás había visto comida así – Yukina comía lento y mirando todo lo que llevaba a su boca.

-Me alegra que hayas regresado, pero ¿Y tu hermana? - pregunto el amable viejo a Hiei. Todos voltearon a ver a Hiei con una cara de sorpresa.

-Se quedo con su novio – dijo secamente, provocando que la cara de la peliazul se descompusiera a apunto de romper a llorar.

-¡Hien! ¿Comó dices eso, no ves como pones a Botan? - le regaño Keiko, molesta por el comentario.

Nadie dijo más nada, solo siguieron comiendo tranquilamente y en silencio, era demasiada incomoda la situación, si bien Hiei y Keiko tenían definido su lado, los demás no sabían a quien debían apoyar. Por su parte el amable anciano, no cuestiono más y se alejo, dejando a los jóvenes tranquilos.

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[FlashBack]

Era un bar oscuro, de esos de mala muerte. Solo había bandido, especialmente los de la banda del Youko, aparentemente celebraban algo.

El jefe se encontraba en una mesa enorme brindando con Yomi y algunos bandidos no tan relevantes. Mientras en otra, un poco más privada los dos generales o segundas manos del jefe tomaban tranquilamente en silencio, mirando detenidamente como Kurama no perdía oportunidad para besar o tocar atrevidamente al consentido.

-Es repugnante - se quejo la alvina.

-Tu lo conoces mejor que yo ¿Qué ter sorprende? - Si era molesto el descaro del zorro pero después de tantos años ya no era algo muy relevante.

-Me sorprende el mal gusto. ¿A caso tu no odias tanto como yo a ese maldito Yokai con cuernos?

-Mucho, pero eso no quita que sea el consentido del "Jefe" - rió burlonamente Kuronue.

-A veces quisiera matarlo - con un suspiro un tanto resignado relleno su copa con vino para seguir tomando, quizás si lograba perder la razón olvidaría o ignoraría que esa noche posiblemente la pasara sola pues su novio estaría en la cama de otro.

-¿Por qué lo aguantas?

-¿Porque crees que te aguanto a ti?

-Dime tu, Sophie.

-Amo su libertad desde que lo conocí, no soy quien para cambiar eso.

-Que romantica - se burlo un poco.

-No, ya en serio. Si es por eso. Kurama es como es y tú lo conoces mejor que yo y por más tiempo. Sabes que nunca cambiara.

-Lo sé tiene corazón de condominio - la respuesta fue burlona pero con un deje de tristeza enorme.

-El problema somos nosotros - repentinamente la mirada y todo de la kitsune era de seriedad -Difícilmente sentimos lo que es el amor, demasiado dolor como para ser amantes de la vida alegra, aun el sexo resulta doloroso - pauso para tomar un trago- pero sin embargo con algo de tiempo y miedos lo amamos a él , mientras él ama a todo el mundo con una facilidad que uno no sabe si reír o llorar - el cuervo no dijo nada, solo suspiro, entendía bien a lo que se refería Sophie. Era confuso pero realidad a final de cuentas. Pero en resumidas cuentas para ellos dos era difícil amar y por ironías del destino se había enamorado de un Don Juan.

-Un día me dijiste que me querías a pesar de todo ¿Por qué? - cuestiono el cuervo desde su asiento, intentando cambiar el tema.

-Porque es verdad, eres como el hermano que nunca quise tener – se burlo sonoramente la albina, mirando a Kuronue con ternura, quizás hasta un deje de culpabilidad, pues sabía que ella ocupaba el lugar que el cuervo alguna vez soñó tener.

-No nos decepciones, Sophie – fueron las ultimas palabras del ahora tercer jefe, acompañado de un trago decidió retirarse del lugar.

-Nunca lo haré – suspiro la Youko apoyandose en la mesa, mirando fijamente la sucia copa de la que bebía.

[EndFlashBack]

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La cama parecía tirarlos, aparentemente no los quería más y aunque buscaran estar acurrucados dandose calor y paz, un segundo más y saldrian hullendo.

-Kurama te levantas tu o te tiro de la cama yo – se quejo la rubia con un visible gesto de fastidio.

-Pensé que nunca lo dirias – suspiro y se levanto para estirarse como un gato, la espalda le dolía de tanto estar acostado. Necesitaba algo de movimiento.

-Es extraño... - murmuro la rubia examinandose en el espejo. Tan solo el viernes en la mañana se había visto y había afirmado su desgracia. Recordaba como es que siempre estaría sola, como Kurama nunca más se cruzaría en su camino, como posiblemente él ya tubiera si vida hecha. Recordaba lo tranquilamente hipocrita que era su existencía. Y ahora mirandose en un espejo veía esperansa. Había problemas, y le gustaba que no todo fuera esa perfecta prision de cristal. Tenía al amor de su vida con ella, simplemente no podía pedir más, podría perderlo todo y ser feliz con solo estar al lado del zorro.

-Si, bueno, yo el viernes estaba mejor peinado y preocupado por los examenes – se burlo Kurama desde atras de ella.

-Me les la mente – sonrió al espejo mirando el reflejo de su amado.

-Literalmente amor – camino al armario y observo tristemente un detalle – Sophie explicame ¿Qué ropa nos vamos a poner?

-¿Disculpa? - al girar y mirar el armario vasio así como su antigua ropa hecha añicos y bañada en sangre, no pudo poner cara de angustia comica -¿Adan y Eva? Yo soy Eva por si queda duda – contesto entre risa nerviosa, viendo que su chiste no había cambiado la exprecion ingenuamente molesta de Kurama.

-No saldre desnudo a la calle – dijo con seriedad el kitsune.

-Yo lo arreglo amor – O al menos algo intentaría, siempre se le ocurría algo o al menos casi siempre. Su creatividad no podía fallar. No en estos momentos. Quizas... miró las cortinas y luego las sabanas blancas.

-¡Ni lo pienses! - grito exasperado descubriendo las intenciones de su novia.

-Creo que hay una maquina de coser en el piso de abajo. ¡Ire por ella! - declaro entusiastamente la modelo al tiempo que salía corriendo para evitar cualquier altercado o digase también atentado, pues el hacer ropa casera no era algo que le gustara al zorro.

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Iban caminando cuesta arriba entre la nieve. Todo el grupo sin excepción. Bueno a lo mejor Hiei se salvaba por el hecho de ir saltando de árbol en árbol y Jin por andar flotando, porque caminar era una verdadera lata.

-Ya me cansé – se quejo Keiko.

-Vamos no esta tan lejos – insistió la joven peliceleste.

El viejito del local les había dicho que cerca de ahí había una mansión vacacional de la familia Nakano. Lo que no dejo duda a ninguno de los precentes que ese sería el lugar más logico donde podían buscar a los dos Kitsunes.

-Seguramente deben de estar disfrutando su libertad - dijo algo fastidiado Chu pues llevaba más de 12 horas sin ingerir alcohol, pues estaba atrapado con sus amigos buscando a sus otros amigos. Ojala tubieran alcohol al lugar donde se dirigían o se pondría de muy mal humor.

-¡No digas eso, insensible! - un golpe por parte de la barquera y otro del Keiko bastaron para derrumbar al enorme luchador.

-Por eso es mejor quedarse callado - con una gotita en la cabeza los demás continuaron caminando sin importar dejar a Chu tirado, posiblemente estaría mejor acostado que aguantando la histeria de las dos jóvenes mujeres que planeaban guerra en contra de la novia de Kurama.

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*[FlashBack]

Amo toda tu figura

modelo de lo increíble

belleza y virtud en una

No llevaba algún tiempo desde que había empezado a entrenar a la Kitsune. No sabía mucho de ella, pues era muy callada. Solo decía lo necesario y cuando podía sonreía o hacía gestos en lugar de hablar. Le parecía tierna, como una pequeña niña. Sin embargo debía admitir que el cuerpo de la zorra no era para nada el de una niña. Esas curvas tan marcadas, su piel blanca le gritaba que la tocase. Se podía perder en su cadera, su cintura de seda, su vientre descubierto, sus pechos redondos. Sus bellas piernas, un día tendría el coraje de levantar la seda de aquella túnica blanca y ver esos muslos níveos y posiblemente más.

-Kurama-sama - dijo en voz baja la susodicha, interrumpiendo los pensamientos del gran bandido.

-¿Que pasa pequeña? - contesto al tiempo que se ponía de pie.

-Ya me cansé - se quejo haciendo un puchero.

-Pero si apenas llevamos dos horas, tienes que aprender a manejar la espada - le reprendió amablemente el Youko.

-Si, pero es aburrido - se volvió a quejar - Además quisiera ver como esta mi búho - dijo tiernamente sabiendo que el kintsune alvino no se negaría.

-Esta bien, vamos - sonrió y cargo a la no tan pequeña zorrita para llevarla como una niña a donde quería. Claro que quien no conociera la personalidad aniñada de la Youko diría que estaba seduciendo al jefe.

No dejas morir a nadie

y vas sembrándonos iluciones

tu no sabes lo que causas

creo que aun no te has dado cuenta

haces que la gente agradezca

tu existencia.

Le gustaba mucho la forma de ser de la pequeña. Era una mezcla extraña. Cuando la escuchaba hablar o jugar veía una pequeña niña que parecía su hija, muchos bandidos la llamaban así, en otras ocasiones cuando todo era silencio o la veía entrenar, pensaba que era muy sensual y deseaba hacerla su mujer.

-Mira, esta bien - bajo a la alvina para que corriera a ver al búho que se encontraba en lo que parecía ser un pequeño invernadero sin techo, donde Kurama cultivaba sus plantas, no solo las peligrosas si no también las curativas y una que otra que se usaban para preparar la comida. Era de esos lujos que uno se da cuando tiene una propiedad tan grande como esa fortaleza.

-¡Pequeño! - gritó entusiastamente corriendo para abrazar al animalito.

Se sentó y comenzó a ver unas pequeñas plantas para distraerse y pensar también en su próximo asalto. La dejo jugar alegremente, correr entre las plantas. Parecía una ninfa, su cabello revuelto, su vestido apenas cubriendo lo necesario cuando hacía movimientos extremos como brincar, subirse a los árboles o agacharse sin doblar las piernas. Era increible como ese animal tal calamado que dormía todo el día y apenas despertaba de noche, estuviera despierto en el atardecer y volando como si fuera un colibrí. En algún momento dejo de pensar o planear para comenzar a imaginar cosas muy eróticas con esa pequeña zorrita.

-Sophie - le llamo al no poder controlar su lujuria.

-¿Qué paso? - la susodicha se acerco rápidamente apenas escucho su nombre, estaba algo sudada por andar corriendo. La luz de la filtrada daba un efecto divino a su piel, como si fuera porcelana cubierta de perlas cristalinas.

-Dejemos que tu amigo descanse y coma - respondió tragando saliva. Moría de ganas de irse encima de ella. Pero intentaba aguantar, pues finalmente no era más que una niña al menos mentalmente hablando. Tantos años de encierro, abusos y violaciones... si violaciones, lo sabía y le daba rabia pensar como habían destrozado a la pequeña.

-Esta bien - su respuesta fue corta y seria, al igual que siempre. Era difícil entenderla, en ocasiones actuaba alegremente, en otras como ausente y la que todos había visto una vez, la que le había dado respeto desde que llego a vivir con puros ladrones, una actitud mercenaria. Por eso Kurama la entrenaba, sabía que sería una gran guerrera, una gran bandida.

-Sophie... -murmuro ¿Por qué era tan complicado tocarla a ella? Había estado con muchas y muchos antes. No era virgen. ¿Qué lo detenía? ¿Por qué sentía que la mancharía si la tomaba a al fuerza?

-¿Sí? - volteo a mirar al hombre que le había salvado, que le había regalado una sonrisa por primera vez en su vida.

Te amo

más que a un nuevo mundo, más que a un día perfecto

más que a un suave vino, más que a un largo sueño

más que a la balada de un niño cantando

más que a mi música, más que a mis años

más que a mis tristezas, más que a mis quehaceres

más que a mis impulsos, más que a mis placeres

más que a nuestro juego preferido

más aun que esto te amo

No podía más. Simplemente no podía. La cargo como lo había hecho para llegar al invernadero y ahora la llevaba a su habitación. Quizás se arrepentiría después, pero en esos momentos ya no estaba pesando con la cabeza. Al menos no con la que estaba en sus hombros, pues su sexo se endurecía con cada segundo que pasaba, con cada instante en el que palpaba la suave piel o miraba los escotes.

-¿Qué sucede? - Sophie no entendía nada. La actitud del jefe no era normal, siempre tan amable y caballeroso. Ahora parecía un anima, sin embargo conservaba esa galantería. No se veía repugnante como los hombres que una vez la llegaron a tocar, todo lo contrario, Kurama era verdaderamente atractivo. Su cara perfilada, sus facciones delicadas, esos ojos dorados y la larga cabellera platinada. No existía punto de comparación. Pero los ojos aun cuando tuviera un gesto amable, ella conocía a la perfección el deseo en los ojos. Se la quería comer y la asustaba.

-¿Nunca te he dicho lo linda que eres? - respondió con otra pregunta, al tiempo que la recostaba en la cama.

-Si, creo que si - trago saliva, no entendía o si lo entendía no quería hacerlo. Una alerta en su mente se activo y como si estuviese en coma dejo de reaccionar.

-¿Sophie? - en ese mismo instante cuando observo las reacciones de su pequeña protegida se maldijo una y otra vez, su intención no era aterrarla hasta paralizarla, aunque era entendible considerando los años de abuso. No quería que fuera así, si al algún día la hacía suya sería porque ella se entregaría a él. Era muy paciente, no por nada tenía existo robando tesoros. Ella era como esos tesoros, estaba dispuesto a esperar lo que fuera necesario para obtenerle y estaba dispuesto a protegerla para que nadie la apartase de su lado. Claro que si tenía que elegir entre los tesoros de plata y oro o esa pequeña caída del cielo, abandonaría todo por ella. La abrazo y ese calor en su pecho confirmó lo que su mente le gritaba, lo que sus pensamientos delataban. Se había enamorado de tan bello ser.

Amo toda tu persona

parábola de la vida

poderosa cenicienta

tu destreza para amarnos

no olvidas dolor de nadie

y te desvives por alegrarnos

no has notado lo que eres

y me aferro a que lo notes

haces que las rosas se peleen por ser tu broche

Continuo abrazandola por unos minutos más, no sabía que decir o como actuar. Se sentía culpable de haberla puesto en esa situación.

Volteó a ver por la ventana, el cielo estaba oscuro como pocas veces y la luna brillaba como una genuina perla en el cielo.

-Tranquila todo estará bien - le susurro con calma a la orejita felpuda. Escucho la risita por parte de la pequeña, esa era buena señal de que la alvina había regresado a la realidad. Eso le daba ya más tranquilidad. Suavemente se agacho y beso su cabeza, sin embargo cuando se agacho un poco más para besar su frente el destino cambió. Esa linda zorrita había levantado el rostro y por accidente o muy intencionalmente se habían besado.

El beso era suave y sin prisas, apenas con los labios.

-Kurama... - murmuró y sorprendiendo más al jefe le beso con pasión. Muy torpemente sobra decir pero al final de cuentas encontró el ritmo, ni muy acelerado, ni muy lento. Un beso que decía "Te deseo pero no es solo calentura".

-Mi pequeña - susurro apenas rompió el beso para tomar algo de aire. Se veía tan linda debajo de él. Y a ella le gustaba sentir el peso de aquel demonio encima de ella.

-Quiero ser tuya - susurro a la oreja del Youko.

-Sera un honor - No se quería controlar y no lo haría. Ella se había entregado a él, ahora era suyo y no le importaba lo posesivamente egoísta que sonara aquello, era suya. La haría suya. Poco a poco la ropa comenzó a desaparecer, las manos hábiles del ladrón se caracterizaron por ser rápidas y certeras, pues en un abrir y cerrar de ojos ambos se encontraban completamente desnudos.

La miró y admiró. Era perfecta, tal cual la había imaginado, primero recorrió con sus manos, palpando cada rincón y luego con su boca, arrancando suspiros tímidos de placer.

-¿Estas segura? - murmuro el gran Youko plateado mientras se acomodaba entre sus piernas.

-Sin duda alguna - contesto muy sonrojada. Estaba nerviosa y no era para menos, quizás no era virgen, pero si era la primera vez que se entregaba... por amor.

Te amo

más que a un nuevo mundo, más que a un día perfecto

más que a un suave vino, más que a un largo sueño

más que a la balada de un niño cantando

más que a mi música, más que a mis años

más que a mis tristezas, más que a mis quehaceres

más que a mis impulsos, más que a mis placeres

más que a nuestro juego preferido

más aun que esto te amo

La penetro suavemente, no había resistencia, sin embargo si estaba esa deliciosa presión que hizo gemir al gran ladro del Makai. Sentía como abría a esa flor, el interior de la Youko le iba dando paso, presionando su sexo con insistencia. Juraría que su erección se ahogaba, por lo que decidió tomar un respiro antes de estar completamente dentro de ella.

-Duele... - gimoteó la zorrita, cuando Kurama introdujo su pene enteramente en su interior. La presión en su vientre era considerable, pero quería seguir. Nunca en su corta vida había experimentando algo parecido, se sentía feliz. Era como drogar sus sentidos, todos y cada uno de ellos respondía a Kurama, el dolor paso a ser algo insignificante una vez que su interior se acostumbro a la invasión y su ahora amante comenzaba a embestir.

El zorro nunca en su vida había tenido la inseguridad de decir algo a mitad del acto. No quería arruinar el momento. Besaba su rostro, su frente, sus parpados. Tomaba la delicada cadera para embestir mejor, acariciando sus costados. La sentía tan frágil y aun así necesitaba más de ella, quería más.

Los besos eran lo más importante. Para los dos. Kurama no acostumbraba a versar a sus amantes casuales, algunos le daban incluso asco aunque satisfacían muy bien su sexo, los besos iban más allá. A la única persona que había llegado a besar tan seguida y prolongadamente era a Kuronue. Y ahora con esos besos buscaba hacerle saber a Sophie lo importante que era para él. Por su lado la zorrita nunca en su vida había recibido un beso, cuando la violaban solo eran golpes y malas palabras. Era su primer beso, o mejor dicho los primeros de muchos, pues sentía que la estaban devorando, esa sensación húmeda y cálida que provocaba la boca de Kurama la enloquecía, sin olvidar del sexo duro que entraba y salía rítmicamente de ella.

más que a un largo viaje, más que a un bello campo

más que un viejo amigo, más que a cualquier santo

más que a tu pureza adornada de robles

más que a tu tenacidad que no se rompe

más que a tu alegría más que a tus colores

más que a tu sensualidad que crees que escondes

Los movimientos pelvicos eran más rítmicos y rápidos. Los dos zorros tenían ansias para llegar al placentero orgasmo, por lo que sus movimientos eran casi salvajes. La cadera del alvino arremetía contra el frágil cuerpo, entrando y saliendo rápidamente. La temperatura de ambos cuerpos era cada segundo más alta, al igual que la respiración.

-Kuhh..raahma! - algo en si bajo parecía que explotara, era solo un instante donde todo su cuerpo se tensaba, donde todo su cuerpo parecía llegar al máximo y en un ultimo aliento todo se calmo.

-Soh...phiehm... - Un gruñido al mismo tiempo de parte de Kurama fue lo que anunció que el también había consumado su placer.

El gemido fue unison. Los cuerpos se juntaron más de lo que ya estaban, intentando fundirse el uno con el otro. Ella podía sentir como Kurama la llenaba, como un liquido cálido inundaba su interior, le quemaba las entrañas placenteramente.

-Ahng...mnhn - Suspiros y gimoteos por parte de la alvina, arañaba un poco la espalda del hombre que estaba sobre ella, aun los espasmos eran fuertes y la hacían temblar.

-Uhnmh... - había dejado toda su semilla dentro de ese frágil cuerpo. Se sentía tan bien. No quería salir de ese suave interior a pesar de haber terminado.

Continuaron en esa misma posición sin moverse, apenas respirando y sintiendo como la brisa hacía que el sudor se fuera secando en sus cuerpos.

-Mi princesa.. - murmuro el zorro cuando salia de ella. Su miembro ya estaba suave y cuando lo saco de su interior el semen broto del interior de aquella pequeña cavidad.

-Hnhg... Kurama - cerro los ojos y sintió como la dejaban vacía, al tiempo que el kitsune se quitaba de encima de ella para acostarse a su lado.

La miro por unos segundo. Sin duda era lo más lindo que había visto en toda su vida y ya llevaba varias décadas viendo cosas y podía darse el lujo de decir que ella era lo más hermoso del Makai. Se veía tan inocente, realmente juraría que era su primera vez e incluso él sentía esta había sido la primera vez. La primera vez que hacía el amor.

más que a nuestro beso primero

más aun que esto te amo

más que a nuestro beso primero

más aun que esto te amo

más que a nuestro beso primero

más aun que esto

Con eso había entendido que esto había sido diferente. No era solo sexo, no solo era placer. El haberla hecho su mujer no le bastaba, ahí la tenía y quería más. Quería tenerla para siempre a su lado, posiblemente hacerla su esposa.

-¿Qué pasa? -murmuro la alvina, temerosa. Pues el silencio de Kurama le aterraba. Era la primera vez que había estado con alguien, al menos por voluntad propia. Kurama había sido muy cuidadoso y cariñoso, besandole y acariciándole a todo momento pero era aterrador pensar que solo la había usado.

-Eres muy especial para mi - contesto suavemente, al tiempo que la pegaba a su pecho. Ya el tiempo diría lo que iba a venir, ahora solo quería estar a su lado.

-Y tú para mi - no estaba segura de que decirle "tú" en lugar de "usted" era correcto, pues finalmente él era mayor que ella. Había mucho de que hablar y mucho que aclarar.

te amo más que a nuestra mágica

noche de bodas

más aun que esto te amo

...te amo, te amo...

-Te amo - susurró el Youko a la pequeña que aparentemente estaba dormida.

...

[EndFlashBack]

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Finalmente llegaron a la mansión donde suponía estaban los dos kitsunes. Todos sin ecepción estaban impresionados de que una construcción así estuviera en las montañas.

-Nunca había notado esto - dijo Genkai pues a pesar de llevar tantos años ahí nunca vio ese lugar que era prácticamente una hacienda.

-Bueno entremos - animó Keiko. Así en considerado grupo camino a través del portón hasta llegar al umbral de la enorme casa.

-¿Estará abierto? - apenas pregunto Kuwabara la puerta se abrió con un golpe de Jin.

-Que sutilidad - se burlo el Korime, siendo el primero en entrar al lugar.

Unas risas se escucharon y al voltear a las escaleras ahí estaban sus dos amigos. Bueno al menos su amigo y su novia, pues si alguno dijera que Melinda/Sophie es su amiga posiblemente Botan los mataba.

-¡Amor! - la kitsune en su forma humana corría hacia abajo apenas cubierta por las sabanas que llebaba y pretendía convertir en ropa con ayuda del hilo y la aguja.

-¡Ni lo pienses, es en serio Sophie! - por su parte el pelirrojo estaba completamente desnudo corriendo de tras de ella, hasta que atrapó a la rubía cuando a esta se atoró con las sabanas y se detuvo para desenredarlas, y así los dos cayeron en el suelo de azulejos al pie de las escaleras.

-Jajajaja Kurama ¡ Déjame! - los enamorados no había notado la presencia del grupo y así en el suelo, Kurama encima de ella la beso y acaricio sus costados provocando risitas por el cosquilleo.

-¡NO PUEDE SER! - El grito ensordecedor se escucho por toda la mansión. Llamando la atención de todos incluyendo los tórtolos.

-Botan, no grites - se quejo Yususke quien sonrió nerviosamente cuando Kurama y Sophie clavaron sus miradas en ellos.

-Ustedes sigan con lo suyo - dijo ahogadamente en príncipe del mundo espiritual con un fuerte sonrojo - los esperamos afuera.

Todo el grupo salió de la mansión cerrando la puerta tras de ellos. Aunque a Botan la habían tenido que sacar casi a rastras.

No había palabras, las imágenes decían más. Además ¿Qué más se podía decir?

-Creo que debemos ponernos mínimo la ropa llena de sangre - dijo seriamente Kurama.

-Creo que mis problemas nunca acaban - resignadamente y de mala gana la joven se puso de pie subiendo para buscar la ropa.

Apenas y había tenido tiempo de estar juntos. Le molestaba saber que ahora que los había encontrado tendrían cosas desagradables que hacer, como ir a buscar a Sakio y luchar con demonios... ¡Oh, si! y aguantar a esa barquera insolente.


*El segundo FlashBack es de mucho antes que el primero, antes de que Sophie fuera la novia oficial de Kurama

Espero que les gustara y aunque sea mucho pedir que dejen algunos comentarios ^^!

Como ya estoy de vacaciones y mas relajada porque les cuento que ya soy graduada de la preparatoria o High School, como lo quieran ver, pues si me preocupa la Universidad, pero quiero disfrutar mi libertad y descanzo al maximo y que mejor que escribiendo :3

Un beso a todos los que me leen! Gracias por su apoyo y disculpen las molestias.