Descargo de responsabilidad: no poseo ninguno de los materiales escritos por George RR Martin o de HBO.
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CAPÍTULO 6
Jaime se dirigía a la alcoba de su padre, extrañado de que le hiciera llamar con tanta urgencia haciendo que dejara de lado su guardia para reunirse con él.
"Ah, Jaime, pasa. Estaba hablando con tu hermana de lo acontecido durante mi ausencia."
La mirada de Cersei era intensa, furiosa.
Jaime se sentó a un lado de Tywin, frente a su gemela.
"Por lo que veo no has perdido el tiempo." Comenzó el gran león.
"¿A qué te refieres?"
"A esa puta del norte, hermano, padre me estaba contando lo bien que os lleváis de nuevo." Dijo ella aparentando desinterés.
"Sí. No veo por qué no habría de hacerlo."
"Es una Stark. Todo el mundo sabe acerca de nuestras diferencias. En términos de guerra te estás aliando con el enemigo." Dijo Tywin muy serio.
"¿Ya la has encamado, hermano? Seguro que sí, ese tipo de mujeres se van con cualquiera."
"No hables así de ella Cersei, no tienes ni idea de cómo es ni de con quien se va o no." Respondió Jaime, ya quemado con las palabras de su gemela.
"Sabemos quién es, es una Stark, los leones y los lobos no se mezclan, Jaime." Interrumpió Tywin.
"Te creía más inteligente cómo para irte con la primera furcia que se abre de piernas." Cersei ya no ocultaba su enfado por el asunto.
"No importa a quién te folles, lo que importa es que nadie puede verte de esa manera tan débil, dejas en ridículo a nuestra casa." Intervino el mayor.
"¿Y si la deja embarazada, tampoco importa?"se dirigió la rubia a su padre.
"Basta. Cersei retírate, quiero hablar con tu hermano a solas."
Intentó protestar, pero sabiendo que con su padre no valdría el esfuerzo, se levantó y se fue, no sin antes mandarle a Jaime una mirada de puro odio.
"¿Cuánto hace que la encamas?"
"No la he tocado de esa manera, padre."
"¿ Y entonces qué haces con ella, hum? Ahora no me digas que has conocido a la mujer de tu vida."
"¿Y si lo fuera, qué? Tú mismo me llevas repitiendo hasta la saciedad que quieres que me case y ocupe mi lugar como señor de Roca Casterly. ¿Ya no quieres un heredero?"
"Te casarás con quien diga, una mujer de la casa que yo elija y si no, te mantendrás en tu puesto como guardia real."
"No te entiendo,¿qué hay de malo en todo esto?"
"¡Todo! No espero que lo entiendas, solo que acates lo que te digo." El gran león se levantó, engrandeciéndose en toda su estatura, esperando acobardar a su hijo.
"Esta vez no, padre. Ya estoy harto de seguir órdenes, haré lo que me haga feliz." Dijo Jaime también levantándose y sacando el coraje que tenía que haber sacado hace muchos años.
"Me obedecerás."
"¡No!"
"¿A dónde piensas llegar con esto? Sé lo que Ned Stark piensa de ti y de lo 'vuestro' por definirlo de alguna forma. No encajarás Jaime, pierdes el tiempo con esa chica."
"Tú no la conoces, no tienes ni idea, de nada, solo entiendes de lo que tú quieres que hagamos los demás para satisfacerte." Y sin más Jaime se apresuró a salir.
"¡Volverás aquí! ¡Y me dirás que tenía razón!" Exclamó Tywin mientras su hijo salía por la puerta.
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Atenea había encontrado el sitio perfecto para alejarse de todo lo que acontecía en la capital. Un mirador aparentemente abandonado en el bosque de dioses, que daba al mar. Recostarse sobre la hierba, descalza, despreocupada y con un libro le hizo recordar los momentos en Invernalia, aunque sabia que allí no iría su pequeña hermana o su amado Jon a distraerla de su lectura, lo que la hizo sentir triste y decidió escribir una carta a su medio hermano. Solo llevaba dos días en Desembarco y hasta ahora solo había enviado un cuervo, contando al pelinegro cómo fue el viaje y su amistad con Jaime muy por encima. No quería ahondar mucho en el tema por miedo a que Jon la regañara por no hacer caso de sus palabras contra el rubio.
Querido Jon.
Me siento un poco mal por no haberte contado todo lo acontecido en mi primera carta, por miedo a tu reacción no quise. En el viaje he estado con Jaime casi todo el tiempo, cabalgando con él y hablando de temas diversos, nos hemos llegado a conocer muy bien y solo nos separábamos para dormir. Él me trata bien, me protege y me cuida, sé lo que piensas de él pero creo que la opinión que tiene la gente está muy equivocada y extremadamente ligada a su pasado. Con todo esto lo que quiero decirte es que me gusta, Jon, creo que se ha calado en mi anterior de una manera que no había conocido hasta ahora y sé que tú solo intentarás protegerme y querrás responderme que me estoy equivocando y que acabaré mal de esta manera. Espero algún día poder explicártelo en persona.
Por lo demás todo bien, parece que las chicas se han amoldado bien la vida en la capital y padre está hasta arriba de trabajo.
Con amor, Atenea.
PD. El rey se ha puesto demasiado pesado conmigo, creo que se ha encaprichado de alguna manera, pero no creo que se atreva a hacer nada con padre aquí.
Una vez terminada la carta la guardó entre las páginas de su libro para luego enviarla, y se puso en marcha hacia el almendro, donde Jaime le dijo que estaría después de su guardia.
No sabía muy bien qué esperar de ese encuentro. Después de ese beso que compartieron y de las insinuaciones de Jaime, que le hizo excitarse sobremanera, no sabía si esperaba que pasara justo eso, pero por primera vez en toda su vida le hizo pensar en el acto, dolería mucho, cómo sería… Estos pensamientos la hicieron poner nerviosa, lo cual era muy extraño, ella siempre supo que era algo que tenía que suceder y además lo deseaba y lo veía como algo natural, pero ahora estando posiblemente tan cerca de llegar al momento todas esas preguntas e inseguridades ocuparon su mente.
¡Pero qué tonterías estoy pensando! ¿Y cuando me case qué va a pasar? ¿Voy a dejar mi honor de lado solo por estar con él?
Su padre siempre le dijo que ella elegiría con quien casarse, pero Jaime no entraba en esas opciones, además sus juramentos como guardia real no se lo permitían.
¿Estoy tan embobada con él como para plantearme siquiera casarme? Cierto es que nunca había sentido esto por nadie, pero… dioses creo que estoy enamorada.
Y con esos pensamientos llegó al almendro, se sentó bajo él, inquieta y nerviosa intentando asimilar al punto que había llegado en su mente.
"Norteña" Jaime hizo su aparición con una sonrisa de medio lado.
"Hola." Respondió nerviosa. Las manos le temblaban aunque intentaba disimularlo. Ahora que le tenía de frente no pudo evitar echarse hacia atrás.
"¿Pasa algo? Pareces nerviosa."
"Yo solo es que..." Jaime se agachó quedando a su altura, puso su mano en su barbilla para que alzara la vista y le acarició la mejilla.
"Sé de una cosa que te cambiara la cara. Ven." Él la cogió de la mano y caminaron hasta un pequeño claro escondido en el bosque. En el centro de éste se encontraba una espada con el pomo rojo y, grabado en ella, un pequeño lobo y un león juntando sus frentes.
"Dioses, ¿es para mi?" preguntó ella mirando a Jaime emocionada.
"Quiero que la guardes, así siempre te acordarás de mi."
Atenea se tiró a sus brazos para darle un profundo beso que dejó a los dos sin aliento.
"Ahora mi lady, creo que me debe un duelo sin que tenga el miedo de que me corte la cabeza de un tajo." Dijo él divertido.
"¿No tuviste suficiente la primera vez? Te advierto que te habría ganado si mis emociones no me hubieran controlado."
"Eso habrá que verlo, norteña:"
La primera en atacar fue la pelirroja, Jaime desviaba con esfuerzo sus ataques y a la media hora estuvo a punto de desarmarle 3 veces.
"¡Deja de hacer eso!" Exclamó ella. "¡Me estás dejando ganar!"
"Solo quería ser cordial, señorita."
"¡No soy una señorita, lucha bien!"
Entonces el rubio empezó a dar golpe tras golpe, ella los evadía difícilmente. Con un simple movimiento de muñeca rasgó su vestido desde la cadera hasta el bajo, dejando ver toda su pierna.
Atenea le miró enfadada y enseguida contraatacó sin apenas resultado.
Con otro giro de muñeca rompió uno de los tirantes de su vestido sin dañarla. Atenea cargo contra él, y Jaime usando su propio peso, la dejó tirada en el suelo con él encima, como aquella primera vez.
"Siempre terminamos igual eh." Dijo él divertido.
"Eres un tramposo, ¡Exijo una revancha y que sea justa no consentiré que.." Jaime la interrumpió con sus labios en los suyos, ella respondió al beso con rabia, agarrándole por el pelo, el rubio paso a morder su cuello y besar su oreja, ella se estremeció y soltó un pequeño gemido que animó Jaime a seguir. Una de sus manos ocupo su pecho y lo dejo expuesto para luego pasar por él su boca, cuando se aburrió de éste pasó al otro, su otra mano viajaba por su muslo, cada vez más arriba.
"Jaime..." Ella gimió.
Pronto su mano alcanzó su centro y empezó a pasarla por él. Volvió su boca a la de ella ganando así otro jadeo de ella, deslizó uno de sus dedos en su interior.
"Dioses Jaime, no pares"
El rubio siguió haciéndola gemir, hasta que con un grito exclamando su nombre ella se apretó y explotó con un orgasmo.
"Dioses eso ha sido increíble" Dijo ella aun respirando de forma entrecortada. Volvió a besarle apasionadamente pero Jaime la interrumpió.
"No Atenea, no voy a quitarte tu virginidad aquí." Ella le miró confusa. "Ya habrá tiempo para eso, cuando estemos en una cama en condiciones, no en un sucio bosque, tú te mereces más que eso." Le dio un beso más casto y la ayudó a levantarse y a arreglarse el vestido todo lo posible. Puso su capa sopbre sus hombros para así taparla más y no se vieran los rotos.
"Gracias, Jaime, por todo."
El rubio la cogió de la cara y mientras la acariciaba dijo "Gracias a ti por hacerme sentir todo lo que siento cuando te veo."
"¿Y qué sientes?"
"Creo… creo que te quiero, norteña." Bajó la cabeza avergonzado, nunca se había sentido tan expuesto.
"Creo que yo también, Jaime" Dijo ella, Jaime alzó la cabeza y se unieron en un beso lleno de emociones, de sentimientos que no hacía falta decir en voz alta, pero los dos lo sabían, sabían que se amaban, que no podían mantener las distancias, que uno ocupaba los pensamientos del otro y a la inversa.
Después de unos últimos momentos de abrazos y besos, caminaron de vuelta a la fortaleza roja charlando animadamente sobre cualquier tema, una de las cosas que más le gustaban al rubio de ella era que entre ellos siempre había tema de conversación.
Cuando llegaron Jaime besó la mano a la pelirroja y se despidió.
"Te veré mañana, norteña." Dijo guiñándole un ojo.
"¿Pensarás en mi mientras tanto?" Preguntó ella cuando Jaime ya se alejaba.
"¡Siempre!" respondió él con una ultima sonrisa.
Atenea no se había sentido más feliz en toda su vida, y aun presenciando el escándalo que montaban sus hermanas en la cena, no podía quitar la sonrisa de su cara, sonrisa que no pasó desapercibida por su padre.
"¿Hay algo nueva que quieras contarme hija?"
"No, padre, ¿a qué te refieres?"
"Es solo que pareces… feliz."
"Bueno ¿por qué no habría de estarlo? Estoy en una ciudad maravillosa acompañada de mi familia y mi padre es la mano del rey."
Ned la miró extrañado y confuso por sus palabras. "¿Pensaba que no querías estar aquí?"
"No me iba a quedar toda la vida en Invernalia no? Además aquí puede que encuentre a algún hombre que si me interese." Le dio un beso en la mejilla y se fue a su alcoba tarareando una canción.
¿Un hombre? ¿Desde cuando la interesan esas cosas? Pensó Ned cada vez más confuso.
A la mañana siguiente, Aurora ayudó a Atenea a vestirse con otro vestido sureño, que según decía ella, le favorecía más que esos vestidos tan pesados del norte.
La pelirroja estaba cepillándose el pelo cuando llamaron a la puerta.
"Lady Stark." Tywin Lannister estaba ahí plantado en su puerta, con las manos a la espalda.
"Mi señor, no esperaba vuestra visita." Dijo ella haciendo la reverencia oportuna.
"Bueno hoy iré a dar un pequeño paseo por la capital y me preguntaba si quisierais acompañarme, podría enseñaros todo como dijimos."
"Oh, si, por supuesto, os acompañaré."
Aunque Atenea aceptó la invitación aquel día, no pensaba que de verdad el gran león pudiera molestarse en cumplirla. De modo que un tanto nerviosa por la presencia imponente de Tywin comenzaron a dirigirse al centro.
El león posó el brazo de la chica entre el suyo y así fueron caminando. Mientas avanzaban una gran mayoría de gente los observaba, seguramente extrañados de ver al señor de Roca Casterly acompañado de una mujer y pareciendo dar un paseo.
La pelirroja al principio no podía disimular su nerviosismo pero pronto se fue soltando y se encontró a gusto agarrada del león. Estaba perpleja al ver la gran cantidad de gente y puestos donde vendían todo tipo de cosas, desde simples frutas hasta espadas de acero valyrio. Mientras caminaban Tywin le iba contando acerca de las diversas estatuas y monumentos que se iban encontrando, al final resultó ser un guía de lo más cultivado y ella no se cortaba en hacer las preguntas que le asaltaban sobre todo aquello.
Cuando llegaron a la estatua de Baylor terminaron el recorrido.
"Vaya, ha sido emocionante, no podría haber apreciado tantas cosas viniendo sola, estoy segura." Dijo ella.
"Ha sido un placer mi lady. Si no te importa creo que cuando estamos solos podemos dejar aparte las formalidades, ¿hum?" dijo él, a lo que ella asintió. "Dime has pensado ya alguien con quien quisieras casarte?"
"No, mi se… perdón, no Tywin, aun no."
"Recuerdo cuando yo estaba en la misma situación que tú. Todas las damas de la corte me querían como marido, aunque he de decir que la mayoría solo me querían por mi título." Bromeó él.
Atenea rió "No lo creo, seguro que con esa edad serías un caballero muy apuesto."
"Eso decían, chica, pero las guerras pasan factura." Dijo él e hizo una especie de mueca, parecida a una sonrisa. "Disculpa el atrevimiento pero tengo que decirte que si tuviera esa edad no dudaría en cortejarte, una mujer valiente e inteligente no es algo que abunde hoy en día."
Atenea se puso roja y sonrió modestamente. "Me halagas Tywin."
Él paró de repente y la miró fijamente.
"Hablo muy en serio, yo podría darte lo que ningún hombre más puede, vivirías mejor que la reina, sabes que el oro de los Lannister es mayor al de la corona. Podría darte todo, solo si aceptaras casarte conmigo y convertirte en la señora de Roca Casterly."
Cuando el león terminó, Atenea no pudo evitar que su boca se abriera de asombro.
"No hace falta que contestes ahora, quiero que lo pienses y en unos días me digas la decisión que has tomado ¿hum?" Besó su mano y se despidió de ella, dejándola ahí plantada sin poder moverse aun pensando en las palabras del león.
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Mil perdones por no haber actualizado antes, como ya os dije estoy de trabajo de la uni hasta arriba y no he podido sacar tiempo para escribir hasta ahora.
¿Qué os parecen estas últimas declaraciones de Tywin? Parece que ya tenemos a tres hombres enfrentados por Atenea.
¿Os gustaría que Atenea tuviera dudas entre Jaime y la proposición de Tywin, o mejor sigo con la historia de Jaime x Atenea, como pareja?
Dejádmelo en los reviews please! Gracias a todos por leer!
