En un lugar casi inhóspito del bosque se encontraba una kami-cabaña…

Ashamed: ¿Sabes una cosa Seiya? n.n
Seiya: ¿Quép? :P
Ashamed: ¡Estoy tan pútridamente feliz!
Seiya: ¡Ah, sí! n.n ¿y eso?, ¿ya me regresarás a Serena? ;)
Ashamed: ¡¿Quéeee?! ¡No! Nada de eso ¬¬ felicidad aún no llega a tanto ¬¬
Seiya: Ahg si no es por adorada Serena ¿entonces por qué? Eres muy mala ¿lo sabes? Me haces sufrir y yo… ¬¬ ¡¿y mi bombón?!
Ashamed: ¡Seiya! Sabes que soy tu Kami en esta historia y me tienes que mimar porque ¡hoy se cumple un año de la historia! :P
Seiya: Y… ¿yo qué gano con esto? ¡Quiero a mi bombón!
Ashamed: O.O Grr ¬¬ ¡No escucho mimos ni elogios Seyita! Iré a… o//o quiero un bañito, soy una Kami y deseo un masajito ¿no crees?
Seiya: Esta bien u.u ¡Un año! Vaya, el tiempo se pasa rápido… ya se fue uff ¡un año que me hace sufrir!, ¡no dejen que esto pase más! Y...
Ashamed: ¡No oigo mimos, querido Kou!
Seiya: ¡Disfruten el capítulo! n.n, mientras iré a hacerle un masajito a esta Kami.
Ashamed: (en el kami-baño) ¡Chicas! o//o no me culpen u.u sobre el masajito ya pasó un año y lo merezco ¡Yaten, yujú!, ¿estás por ahí? Aquí en mi baño-kami necesito mimos jeje…


El príncipe caído

Capítulo 6.

Se encontraba tumbada en la cama, con un cargado whisky a su lado, le dolía la cabeza, todo le daba vueltas y el clima no era de gran ayuda pero de todas formas se paró quejumbrosa por el odioso pitido del teléfono. Realmente era una completa estúpida, ¿cómo se había atrevido siquiera a decir semejante estupidez? Bueno no era que algún día no quería revelarle a Seiya sus verdaderos sentimientos… no… realmente era una imbécil, había vivido su existencia de manera miserable pero feliz, esa era su vida y ahora… ahora todo se había ido por la borda.

No vestía más que unos estúpidos conejos ¿por quién? Por esa mustia de Serena Tsukino, la pijama holgada rosa pálido no le hacía ver mejor, ni tampoco peor la hacía ver una miserable inexistencia en el planeta, eso era ella en estos momentos. Como zombie se acercó al teléfono, descolgó y no pudo soltar un suspiro.

- Kakyuu… - se escuchó una vez femenina - ¡Oh maldita sea Kakyuu! ¿Vas a pretender no hablarme?

- No – dijo secamente –. Me siento mal y…

- Déjate de… - se escuchó un suspiro –. Sabes que te quiero pero, ¡no puedes seguir faltando a…!

- Michiru – sonrió aun a sabiendas que ella no vería la sonrisa cansada –. No importa el dinero, estoy bien como…

- Ahg Kakyuu, al demonio si dices que no te importa, ¿cuánto llevas ahí encerrada? ¡Dos días!

Hubo unos segundos de silencio, sí, ¡por supuesto que Michiru tenía razón! Y bien sabía Kakyuu que su amiga no se refería exactamente al trabajo sino a su repentino aislamiento y era su amiga pero ese secreto de Seiya lo había dejado por mucho tiempo encerrado en lo más inhóspito de su corazón que nadie se iba a enterar.

- No me he sentido bien y lo sabes – dijo algo tajante.

- Lo sé Kakyuu por eso mismo…

- Por eso mismo ¡necesito privacidad! – y raudamente cortó la línea telefónica.

¡Demonios! Se maldijo para sus adentros ¿qué demonios había hecho? Le había cortado la línea a su amiga, ¿así se sentiría Seiya? ¡No, por supuesto que no! Porque ella sufría más, sí, sí, no se comparaba su dolor con el supuesto dolor de Seiya.

Se fue hacía su balcón y se sentó en una silla, alejada del frío, era uno de los primeros copos de nieve que al menos veía, se arropó con su propia pijama y bata, miró rabiosamente a los estúpidos conejos.

Se sintió triste estos dos largos y miserables días, no sabía nada de Seiya, ni siquiera había cancelado su cita o había querido dejarla de ver, no, no sabía que le aterraba más, si no saber nada de él o si quisiera tener un insulto y un "No quiero verte más" Suspiró abochornada.

Si tan solo supiera el mal trago que le ha estado pasando. Una idea aterradora y repentina cruzó por su mente, ¡tenía que dejar Moon City! Sí, sí por supuesto eso tenía que hacer, porque era más que obvio que Seiya si le hubiese interesado una pizquita estaría en su departamento tocando, pero no, él no era así porque ¡diablos!, ¡ni siquiera sabía el estúpido porqué! Claro, no se marcharía tan brusca y repentinamente, porque pondría sospechas y estaba casi segura que Michiru en cualquier momento haría su aparición de la madre y amiga para detenerla y luego… y luego su vida se pudriría en Australia.

Claro valiente cosa estúpida le sucedería. Suspiró aun aterrándole lo tan idiota que fue y del futuro que le vendría después.

///o///

En sí la idea era estúpida o ¿no? Las palabras de Kakyuu le retumbaban en la cabeza, su voz chillona 'te amé… te amé… te amé…' ¡rayos! Tenía suficiente con su crisis de Serena y ahora, ¿ahora tenía que culparse de los sentimientos de Kakyuu? Recordaba haberse quedado como estúpido cuando dio vuelta Kakyuu y desapareció de su vista. De hecho hasta había sonreído y meneado la cabeza como tonto, ¿qué tal si había escuchado mal? Pero no, algo le decía que había escuchado su confesión de amor atragantada con un dolor infinito.

Ahg, no pensaba verla a la cara ni mucho menos cancelar sus citas, no, no quería verla así de abruptamente. Era idiota porque… porque así lo era y punto.

Se sentó en el sofá más angustioso que nunca, no quería verla pero sin embargo se sentía como basura, ¿cómo esa mujer lo hacía sentir miserable? ¡Por Dios! Se veía a leguas que era una mujer centrada por qué entonces se comportaba como… Meneó la cabeza ¡qué idiotez la suya! De pensar que Kakyuu se comportaba como su… bombón. ¿Qué demonios le ocurría?

Si bien, todo lo había pasado al departamento cuando se había cambiado, Serena había influenciado mucho en su forma de ver la vida más feliz, y realmente la admiraba por eso. Siempre que trataba de deshacer de cosas que para él era más que basura ella siempre le decía "¿Cómo puedes deshacerte de tu vida?" y siempre le regresaba las cajas a su lugar, y no podía decirle que no, cuando hacía esa cara, y siempre suspiraba.

Y ahora en su desordenado departamento, tratando de esconder todo su pasado, que era lo mejor que podía hacer y lo mejor que debía de hacer. Estaba a unas cuantas cajas de su escuela, eran lindos los recuerdos, cuando se encaprichó con Neherenia y pensar que se imaginaba que estaba enamorada de ella. Sacó el anuario, recordaba eso tan perfectamente, todas querían que le firmaran ese estúpido libro. De hecho sólo le había firmado a un grupo selecto y no era porque no tenía ganas de hacerlo a los demás pero no los conocía para tener esa privacidad.

Lo abrió, era de una pasta dura y con chapa color dorada, de repente se sentía un poco viejo, y tonto. La gran mayoría de los rostros no los recordaba, ¿qué habrá sido de cada uno de ellos? Se preguntó con lástima al menos, no la estarían pasando tan horriblemente mal, no, estarían en la gloria jactándose de tener a su esposa a hijos que cuidarían y les harían pasar buenos ratos. Pero él, él iba a tener una esposa e iba a tener hijos por supuesto, se imaginaba cómo saldrían los niños, sus hijos, pero ahora ese no era un buen lujo con el cual pensar, porque nunca los tendría.

Por fin se encontraba en sus fotos y dedujo que seguía siendo el mismo, la cara, los ojos, el porte tan gallardo pero algo había cambiado, la sonrisa feliz y picara, eso no era él, ahora él estaba más feliz, sí, no lo negaba, pero no demasiado, y realmente la poca felicidad que estaba teniendo se la atribuía a Kakyuu. Hasta que miró con detenimiento la fotografía de abajo.

Su sorpresa era demasiado grande y de hecho se tumbó en el piso sin importarle el ligero dolor que conllevó. Ahí estaba con esas letras, con su porte de adolescente nerd, la sonrisa tímida y algo nerviosa. Sintió un dolor punzante en su estómago, nunca la había notado, realmente no le importaba, pero ahora saber que ella estuvo desde… ¿cuánto tiempo? Quizás era coincidencia que se toparan en el mismo lugar, y que ella fuese su psicóloga.

Pero si era así ¿por qué se sentía mal? La estimaba demasiado y sabía que no había ido a trabajar desde ese incidente, pero un dolor en el corazón le carcomía, sí, tenía ganas de ir con Kakyuu a abrazarla y de alguna manera que no se sintiera mal, pero no podía hacer eso oh no, amaba a Serena sobre todas las cosas, ¿pero en qué demonios pensaba? Si Serena supiera sus pensamientos, oh y ella que había sufrido tanto y él que le había dicho que la protegería, aventó el anuario, frustrado, enojado ¿qué sentía?

Seiya no se había aislado, porque había creído que Kakyuu mentía pero de cualquier manera no puso un pie a su consultorio le aterraba la sola de que por su culpa todo esto estaría ocurriendo. Se mordió el labio inferior, ¿qué tenía que hacer? No se sentía bien consigo mismo, realmente si le importaba un poco Kakyuu, la había ayudado al menos a salir más de su cárcel personal, tenía que agradecérselo, sí, sí, tenía que verla era lo menos que podía hacer. Decirle que le daba las gracias y que hiciera su vida lo que diera en gana y buscara una persona que realmente la querría y… su vista se ensombreció ¿por qué de repente le daba repugnancia la idea de que otro hombre estuviera con Kakyuu?

No, no le agradaba la idea de que otro estuviera con Kakyuu, ¡demonios!, ¿qué le pasaba? Eso no podrían ser celos, porque… realmente era estúpido el amaba a Serena. Un dolor en la cabeza le punzó, a Kakyuu la veía como su amiga sí, sí, eso era nada más, alguien que le ayudaba y ella odiaba a Serena ¿cómo podía querer a alguien que odiaba al amor de su vida?

Pero esta vez un poder inverosímil se apoderó de él, de hecho desde que se había quedado ahí parado en el parque todo dubitativo con esa sonrisa amarga, odiaba ver a una mujer triste, y ver a Kakyuu en ese estado, lo hizo sentir miserable pensaba ir a verla, pero ¿qué pasaría después? Decirle "Kakyuu busca alguien que te merece, yo ya estoy enamorado" si, eso hubiese funcionado a la perfección sino fuese porque realmente esas palabras no las sentía del todo y porque estaba descubriendo que no quería ver a Kakyuu con alguien más, ¿eso lo convertía en un amigo egoísta?

- Debo de verla – musitó quejumbroso, y dio un golpe en seco en el sofá –. Sí, debo de hacerlo, decirle que no puedo corresponder sus sentimientos porque yo ya tengo a alguien a quien amar y… - se detuvo – Y también decirle que me repugna la sola idea de verla con alguien más que no sea yo – rió con sarcasmo si que era un poco egoísta pero ¿por qué?

Ahora todo se mostraba tan confuso y la idea le repugnaba y lo exasperaba, ¿por qué sentía esto? Oh no… él no… se aterró de tan solo pensar que se estaba enamorando de Kakyuu ¡Oh por Dios! Y… ¿y Serena? ¿Cómo la vería a los ojos? ¡Era un maldito pérfido! Su crisis existencial se hacía cada vez más grande conforme pasaba el rato ahí, en lo que por mucho tiempo fue su grandioso escondite, ahora lo veía un mar lleno de recuerdos extraños. ¿Qué tenía que hacer? Miró el teléfono y quiso hablarle a Kakyuu pero muy cobardemente no lo hizo, se puso una chaqueta, guantes y una bufanda y salió del departamento no sin antes echarle un vistazo y suspirar muy secamente.

La nieve cubría casi todo su pelo negro azulado, se sentía tan confuso y perdido, no había reparado en que la fechas decembrinas se la pasaría completamente solo, en que no se encontraba asumiendo sus problemas como él siempre se jactaba decir muy a menudo a Serena eso y ahora, se sentía en una cuerda floja, no quería recordar nada más de lo que había hecho hasta hora, no quería quitar los candados que embargaban su mente, no, ya no, tampoco quería ver a Serena, le tenía miedo siquiera a charlar con ella y decirle lo cuán arrepentido estaba por no cumplir su promesa, por sentirse miserable y confundido.

De repente no reparó en el lugar en el que se hallaba, era tan lejano, las risas eran tan confusas, la sonrisa de Serena sólo era algo en su memoria borrosa, ¿estaba pasando como en su sueño? Oh no, ¡no!, no podía olvidarla, ¡ni mucho menos por alguien a quien la odiaba mucho! Se llevó las manos hacia la cabeza, todo era tan confuso en su mente. Se detuvo en el hotel, por supuesto lujoso, se lo merecía eternamente ella.

Se quedó un buen rato parado, el frio hizo que su nariz se pusiera rojiza, oh cuántas veces había soñado poder ver la nariz de su Serena, cuántas veces le hubiese gustado verla en su querido mar, le había prometido que en el invierno pasarían juntos ya que la escarcha que hacía el mar era la cosa tan atrayente y bella, cuántas cosas se había jurado, y ahora, estaba en frente del hotel lujoso, dubitativo, con frío y solo.

¿Qué debía de hacer? Se metió temeroso al lujoso hotel, ni siquiera se fue con la recepcionista, recordaba en donde se encontraba ella, lo sabía una vez le había dicho en donde vivía, se fue hacia el elevador, el botones le dijo en que piso y Seiya sólo se limitó a señalar en qué lugar. Le dio propina al botones, y ahí en el rincón vio el pent-house, sonrió al ver el número seiscientos sesenta y seis, el número maldito, carraspeó, se sentía idiota, ¿qué tal si no se encontraba en su casa?, ¿qué tal si no lo quería ver?, ¿por qué se sentía de esta manera?, ¡por Dios! ¿Qué demonios estaba haciendo? Se quedó pensando impávido.

Se encontraba en la gran puerta blanca, a unos cuantos milímetros de que sus nudillos tocasen la puerta, y vaciló. Su respiración se volvía frenética, ¿por qué se hallaba ahí?, ¿qué se supone que tenía que decirle? 'Seiya…prométeme que serás feliz' lágrimas silenciosas rondaban por su cara, ¿por qué la voz de su Serena era tan nítida ahora? ¿Era acaso una especie de ayuda?, o simplemente porque le advertía que no tenía que estar ahí. 'Seiya…prométemelo' No supo con exactitud si fue la voz dolorosa y feliz de Serena la que le hizo tocar la puerta o era en sí el hecho de que quería ser feliz, muy feliz.

Hubo unos segundos en la cual la puerta nadie la abría, lo tomó como un presentimiento que no tenia nada que ver en ese lugar, que quizás no era bien recibido ahí, además ¿qué se supone le tenía que decir?, ya lo había pensado con anterioridad y siempre quedaba en la conclusión de que era un egoísta y por supuesto era ilógico que se estuviese enamorando de Kakyuu cuando él amaba a Serena 'Seiya…prométeme que serás feliz' una vez más la voz de ella en su cabeza, ¿por qué su cabeza le ponía esas cosas tan horripilantes? ¡Serena lo amaba! Claro que esa voz era una invención suya, por supuesto, no había otra explicación. Dio media vuelta y escuchó como la gran puerta se abría, escuchó el leve crujido.

- Michiru te dije que… - dijo un poco azorada cuando vio al hombre que le daba la espalda, mojado producto de la nieve derretida – Seiya… - musitó demasiado suave.

Se quedó parado, tenía que darse vuelta y sonreír, tenía que caminar como si no hubiese reparado en su voz ni el mismo hecho que abrió la puerta. De repente todo se volvió nebuloso, el sentimiento de calidez era tan lindo y gratificante, sí, supo que su voz era de asombro, tristeza y añoranza, quiso creer que era la voz de Serena diciéndole, clamando para que regresara a su lado. Pero esa no era Serena, esa era Kakyuu, era su doctora, su amiga, su ser querido quien le ayudó mientras él no se encontraba disponible, pero eran tan idénticas literalmente, le aterraba y le encantaba salir de esa irracionalidad, estar con Kakyuu y abrazarla para sopesar sus penas.

- ¿A qué vienes? – dijo por fin Kakyuu detrás de él, un sentimiento recorrió su espina dorsal.

- ¿A qué vengo? – volteó a verla, se veía demasiado hermosa, con esos hoyuelos, con sus manos en jarras, con esos labios apetitosos y ese pelo todo enmarañado color rojizo, su vestimenta era un poco desaliñada y no tan casual como solía usar pero de igual manera la hacía verse perfecta, bajó más la vista y vio las pantuflas de conejitos y su vista se ensombreció, ¡oh, Serena!, ¡era un maldito pérfido! Pensó furioso consigo mismo – Pensé que estabas muerta – dijo con ironía.

- ¿Muerta? – Se hizo para atrás – Y de cuando acá te preocupas por mí, Kou – dijo recelosamente, Seiya abrió los ojos de sorpresa nunca le había dicho Kou y eso no le gustaba para nada – Pues bien, ya me viste y no lo estoy ¿vienes para otra cosa más?

- ¿Desde cuándo me dices Kou? – dijo ceñudo, mientras Kakyuu encogió de hombros no dándole importancia – Pues bien, no vine para otra cosa más, bueno si… - dijo un poco fuerte y un señor salió diciendo que se callaran.

- Lo que tengas que decir demasiado tarde – dijo entre dientes, apretó más sus uñas en su mano, era ilógico que viniera para decirle que era su príncipe azul, ¡ilógico y estúpido! Como lo era ella, frustrada se dio la vuelta, tenía que seguir empacando no había marcha atrás, después de todo era lo mejor, después de todo, aún Serena seguía ganando la batalla, después de todo no era su destino estar con él.

- Espera – dijo en un intento desesperado y se gruñó para sus adentros por sonar de esa manera –. Te dije que venía a otra… - ¡por supuesto! Rodó los ojos, que mentiroso era –. Así que, ¿así tratas a tus invitados? Oh mejor – dijo con arrogancia - ¿A tus pacientes?

- Cierto lo olvidé – se volteó a verlo y siguió caminando hasta la puerta –. Ahora si te conviene ser mi paciente ¿verdad? O amigo, claro, ¿pero que puedo hacer? – se metió a su departamento y Seiya la siguió ceñudo, esa mujer cuando se lo proponía era perversa e hiriente.

- Toma asiento… – hizo una pausa mientras se dirigía al final de un pasillo – amigo – dijo recalcando las palabras –. Porque después de todo no seré una mala anfitriona – y desapareció lo más rápido de la vista de Seiya.

Seiya gruñó, nunca había visto a Kakyuu de esa manera tan a la defensiva y de hecho lo ponía triste al saber que de alguna manera él tenía la culpa de todo, no era a lo que siempre estuviese acostumbrado, era más maduro y abstracto, dedujo que era por su profesión, a Serena le gustaba todo colorido, vio varias cajas, ¿estaría acomodando su casa?, no, lo sabía, Kakyuu se marchaba, pero ¿por él?, no, de seguro la había trasladado el hospital, se sentía extraño, Kakyuu se marchaba y le afectaba, si podía la retendría, y después suspiró, ¡que idiota egoísta era!

- Aún no te quitas la bufanda – dijo sin mirarlo y puso chocolate en una mesa y Seiya la siguió para sentarse en un sofá –. Aquí no hace demasiado frío, o has lo que quieras.

- Gracias – dijo por el chocolate y no se limitó a quitarse la bufanda, ella no sabía que esa bufanda había sido tejida por su bombón.

- ¿De qué querías hablar? – lo miró por unos segundos y se fue a un marco de fotografía, quería llorar, pero no lo hizo, suspiró y se sentó pesadamente.

- Creo que… - la miró profundamente ¿por qué eran tan difícil? 'Seiya…prométemelo' - ¿Te marchas?

- Pues… - miró el marco de la foto y Seiya pudo distinguir a alguien de pelo rubio, sabía, él sabía con exactitud quien era él –Si, quiero probar, nuevo aire, y lo de tus consultas no te preocupes tendrás…

- No – dijo secamente y Kakyuu se sobresaltó dejando caer el marco cerca de los pies de Seiya –. No aceptaré otras consultas de nadie más que de ti – dijo imperiosamente y Kakyuu no supo si enojarse o sentirse alegada. Se ruborizó pero no compendió el porqué.

- Eso no es algo que este en discusión contigo mi vida, no es más mía, puramente mía ¿entiendes, Kou?

Seiya no dijo nada y se limitó a agarrar el cuadro, aunque a decir verdad le daba curiosidad. Ese pelo rubio le daba curiosidad, Kakyuu sólo lo miraba mordiéndose el labio inferior y esperaba que el repentino cambio de Seiya hacía su ser le dijese que se encontrase celoso. Seiya hizo una mirada fría, sí, lo sabía el pelo rubio, con esa sonrisa carismática, se abrazaba con Kakyuu, vestía casual.

- ¿Lo conoces? – gruñó.

- Ss…si – dijo algo nerviosa y emocionada.

- ¿De dónde? – aferró el marco y se recargó en el sillón, ¿cómo podría conocerlo?

- Bueno él y yo – balbuceó - ¿Lo conociste?

- No.

- ¿Entonces para que me preguntas? – dijo sin comprender, mirando a Seiya detenidamente, perdido en el marco, casi pudo jurar un deje de desolación, pero fueron unos segundos ya que su vista se tornó irónica.

- No entiendo…conociste a Andrew Chiba, pensé que todos…que…

- Dices no conocer a Andrew y sin embargo tú…- calló tratando de codificar la información obtenida por Seiya – Ya veo – musitó –. Sí, Andrew no hablaba de la prometida de su hermano, al parecer fue el peor error de Darien, por culpa de ella todo el rancho se vino abajo trayendo como consecuencias… - no terminó – Ella, ella – repitió más para si misma que para Seiya –. Esto… - miró a Seiya con furia en los ojos - ¿Es que acaso esa niña siempre tiene que quitarme a la gente que amo? ¡Ella lo hirió! Donde quiera que pisa Serena es la muerte, no sabes cuanto la odio, ella lo estaba tramando, sí me lo dijo Andrew, ahora él está en un viaje en África, sufrió mucho aunque no me dijo quién era la maldita traicionera…

- ¡No insultes el nombre de Serena! – Seiya bramó y Kakyuu lo fulminó con la mirada.

- Entonces si era ella – cruzó de brazos –. Claro, la señorita arruina vidas, la señorita muerte… - bajó la vista y prosiguió sollozando – la señorita perfecta. La señorita que todos quieren…

- No la conoces Kakyuu – dijo secamente.

- ¡Y ni me gustaría hacerlo! – lo miró con odio, con cansancio.

Seiya suspiró – No conocí a Andrew, ni mucho menos a Darien, pero – suspiró aún más hondo hundiéndose en el sofá –, yo confió en Serena, confió en lo que pasó.

- ¿Lo que pasó? – Lo miró – Esto será divertido.

- La vida miserable de alguien no es divertida – hubo unos momentos de silencio en el que Seiya se debatía si realmente decirle a esa mujer lo que pasó o si era una gran perdida de tiempo –. Lo cierto de todo es que… - se movió algo incomodo en el sofá – Me hubiese gustado que se quedará con Darien, con el verdadero príncipe.

Kakyuu tragó saliva, verlo de esa manera tan sumamente frágil, no le ayudaba en lo más mínimo, decir que Serena no tenía la culpa era tonto, porque ella tenía la culpa, siempre causaba problemas Serena, y la aborrecía, porque detrás de esa sonrisa siempre escondía la muerte. Así que a pesar de tener unas inmensas ganas de abrazarlo, lo miró apáticamente.

- No pongas esa cara – sonrió Seiya –. Que lo que tengo que contarte es para que te quites a la idea que Serena si quiso a Darien, siempre he estado celoso de Darien inclusive a pesar de que ya está muerto…

///o///

A pesar de que las cosas con ella se habían tranquilizado y que a Serena le iba espléndidamente bien, le daba mucha acongoja saber que cada que veía ese medallón de estrella, su vista se ensombrecía y juraba siempre escucharla gemir de impaciencia.

Se juró no hacer preguntas sobre su pasado, se juró que nada de lo que le hubiese pasado a ella, sería tan malo, no podía ser tan mala, ni mucho menos haberse metido en tantos problemas, aunque no estaba tan seguro si realmente eran novios, los periódicos ya la catalogaban de esa manera, y a él simplemente le daba igual, encogía de hombros y ahuyentaba a las admiradoras crueles, pero sin embargo Serena siempre le sonreía sin importarle nada.

Pero Seiya estaba seguro de algo, hoy, un hermoso sábado, se plantaría con ella y le diría realmente qué demonios eran ellos, su relación era extraña, a veces se daban besos inofensivos, cosa que Serena se ruborizaba y ladeara la cabeza preguntando otra cosa y dando por terminado ese vinculo, Seiya nunca le dijo nada, pero se comenzaba a impacientar, porque realmente le empezaba a gustar.

- Por qué tan serio – dijo Serena mientras con sus manos acariciaba el ya famoso medallón con ternura y una pizca de melancolía.

- ¿Cómo? – Alzó la vista hacia ella, dejando caer el control remoto de la televisión – Nada, no es nada de la cual te puedas preocupar.

Serena le sonrió y agarró sus manos, ¿pasaría por cosas malas?, si lo supo, siempre lo supo y temía que lo abandonara, siempre eludiendo sus preguntas personales, hasta casi la perdía por eso, pero le daba curiosidad y tenía realmente ganas de protegerla del todo mal. Llevarlo lejos, tan lejos que ni siquiera reconociera el dolor o la angustia. Pero ahí estaba ella, siempre ayudando a los demás, sin borrar esa sonrisa – Seiya, tu puedes confiar en mí – hizo una pausa y se ruborizó - ¿Acaso no soy algo para ti?

Seiya tragó saliva, por la emoción, con esas palabras podría empezar a hurgar en sus pensamientos, con eso le daba hincapié a decirle que realmente quería algo serio con ella, fuera lo que hubiese hecho, ultrajado, matado, robado…no le importaba, sólo el aquí y el ahora, sólo eso – Lo eres todo para mí, pero… ¿yo soy algo para ti?

Hubo segundos de silencio, Serena bajó la vista hacía el medallón y a Seiya se le desfiguró el rostro, sabía que eso no era nada bueno, sabía que ella tenía que haber contestado eso. Acariciaba con adoración el medallón y él tenía las ganas de gritarle, de decirle si era lo suficientemente bueno, de decirle que era capaz de hacer por ella todo, y sonrió, se estaba dando cuenta que Serena lo había enamorado.

- Seiya – musitó Serena levantándose del sillón y caminó hacia la salida –. Creo que…necesito aire – Seiya asintió, suspirando –. Pero, esta vez no quiero ir sola ¿vamos? – le sonrió.

Seiya asintió, cuanta curiosidad le daba por saber todo lo que le escondía, hacía frío, y ambos agarraron unas chaquetas. Caminaron en silencio hacía el destino que quería ir Serena, Seiya se encontraba nervioso, a decir verdad creía que estaba regresando a su pasado y que esta era su primera cita con una chica de la escuela, se sentía idiota en aquél día sin saber qué decir o qué hacer, diciendo puras boberías y la chica reía aunque nunca supo si eran porque realmente todo lo que decía era digno de reír o porque realmente se reía de él. Nervioso y con un colorete suave en las mejillas, bajó con sutileza la mano, por su parte la mano de Serena reposaba a su costado y con la otra aferraba el medallón. Seiya vaciló y después agarró la mano de Serena, entrelazando sus dedos. Serena dio un respingo.

Sintió como Serena se tensaba por unos segundos y él un poco triste poco a poco quitaba su mano de la de ella, hasta que sorpresivamente Serena apretó su mano con la suya para que la conexión silenciosa que existía entre ellos no se rompiera. Seiya miró a Serena quien seguía con la vista fija hacía su destino: el mar.

Agarrados de la mano, llegaron a una parte del mar, el crepuscular estaba en su gloria. Finalmente Serena se sentó en la arena quitando cuidadosamente sus dedos que los unía con los de Seiya, suspiró tristemente, dejando de lado el medallón, se llevó sus piernas hacia su pecho, se encontraba nerviosa, sabía que lo que iba a hacer era un gran paso, uno largo y doloroso. Seiya dudó en sentarse y finalmente optó por estar a su lado, viendo como el sol se escondía y la Luna que se hallaba en una parte tan lejana y tan hermosa.

- Me importas – dijo de repente, cortando el silencio que oscilaba en la atmósfera –. Me importas tanto Seiya, que… - desvió la mirada bajándola en la arena - ¿Te gusta la Luna?

Seiya no comprendía porque le decía esas cosas y finalmente un poco resignado le sonrió – Me gusta la Luna porque me recuerda a ti.

Serena alzó la vista ruborizada - ¿Por…por qué la asocias a mí?

- ¿Acaso la Luna no es símbolo de luz? – se acercó más hacía ella – Tu…tú eres mi luz, no sé que me hiciste Serena, pero tu eres mi princesa selenita, no me importa si tienes cosas que esconder, no me importa si yo no soy el predestinado, sólo sé que cada vez que ves la estrella tu sonrisa se esfuma, sólo sé que quizás no soy lo suficiente para ti, pero prometo esforzarme, juro que lo haré, y todas las veces que me dices que no puedo protegerte ¡sé que puedo! Sé que lo haré aunque yo no sea él, porque he de saber que algo te acuerda la estrella musical ¿no es así?

Serena le sonrió – Me asociaba con la princesa selenita también – Seiya gruñó celoso y Serena sonrió –. Pero eso fue hace ya tanto tiempo, Seiya que…

- No me importa si no me lo cuentas…

- No… - sonrió y le entregó la estrella musical – Me preguntaste hace unas horas que si significas algo para mí y sé que tardé pero no por las razones con las que crees, mi pasado no es bueno y realmente temo enamorarme de nuevo…

- Serena…

- No, Seiya, es momento de decirte quien era mi príncipe de la Tierra – Seiya se tensó, a pesar de que infinidad de veces deseaba que le dijera que tanto le atormentaba no esperaba escuchar eso 'su príncipe' ¿tanto había significado para ella él? –. Abre, la caja – Serena se llevó sus pies más hacía su pecho y Seiya vaciló unos segundos, ahora realmente no quería saber sobre los amoríos de Serena, ahora deseaba no saber nada, con lo que tanto ímpetu deseaba, ahora sólo no quería nada, abrió la caja escuchando la música –. Abajo, detrás del espejo – musitó. Seiya abrió la parte secreta y vio una foto, vieja, mallugada, mordisqueada de una persona feliz pero seria, abrazada de Serena, entonces supo que era él –. Me recordaste a él.

- ¿Te recordé a él? – Dijo lastimosamente - ¿Por qué? –lo dijo tan bajo que hasta creyó que nunca lo había pronunciado.

- La determinación de ayudar a la gente, esos ojos azules, el pelo azabache tan hermoso, esa sonrisa pero…

- Yo no soy él – dijo algo molesto y deprimido.

- Lo sé y eso es mucho mejor ¿no lo crees? Eres tan diferente, pero no es lo único que escondo Seiya y por mi culpa él ya no esta conmigo, el medallón era pacto de nuestro amor, un amor que yo muy tontamente abandoné – Seiya no dijo nada, se encontraba frustrado nunca creyó que realmente su pasado le afectara de esa manera, tenía ganas de hacer bolita la foto y aventarla lo más lejos de ellos, Serena suspiró hondo –. Se llama Darien Chiba y fue mi esposo…

- ¿Qué dices? – No creyéndose controlar aventó a la tierra la caja musical y la fotografía que el viento fuerte se llevó, Serena no hizo nada para recuperarla, sabía que la foto se tenía que ir, que su pasado tenía que quedarse atrás - ¡¿Estás casada?! ¡Me utilizaste!

- ¡No, Seiya! – dijo temerosa mientras Seiya se levantaba, ¿es qué no entendía lo que acaba de decir? - ¿No querías saber mi pasado?

- Ya no sé ni lo que quiero – se detuvo unos segundos, ¿podía ser acaso peor? Ella sólo lo buscaba por su parecido hacía su esposo, aunque quería saber por qué ella no se encontraba con él pero sabía que le dolería, lo sabía.

- Seiya – sollozó –. Te dije que te alejarás de mí, ¡te lo dije! Pero te acercabas más a mi querías estar a mi lado aunque varias veces te dije que no era bueno y ahora… ¿me abandonas?

- Es diferente, Darien, Darien, él…

- Seiya, algo me pasó con él y sé que estoy pagando mis pecados, por ser una idiota, yo… - Seiya caminó lentamente, no estaba seguro de cómo reaccionar - ¡Yo maté a Darien!

Hubo unos segundos de silencio, Seiya dudó, juró protegerla y tenía que hacerlo pero ¿por qué sentía miedo?, Serena chilló al decirlo, el aire enmarañado recorría su cara pegándose sus cabellos en su cara que se hallaba húmeda, no sabía si dejarla ahí, pero si lo hacía, eso significaba que ya no la quería en su casa, en su vida y si le ayudaba ¿podría soportar lo demás?

- Sí Seiya, yo lo maté – dijo entre quejidos lastimeros –. Es por eso que no quería que supieras nada, este dolor lo he tenido guardado por tanto tiempo que no he querido saber que alguna vez existió y si tú te vas lo entenderé de todas formas…

- ¿Cómo podría dejarte, bombón? – Seiya se arrodilló y abrazó a Serena tan intensa como tierna – Si prometí desde el momento en que te vi que te ayudaría, ¿cómo podría abandonarte? En un momento como este – le susurró limpiándole las lágrimas.

- Seiya, esto es sólo una parte de mi vida horrible, sólo una parte, conmigo no estas a salvo – lo miró con ojos temblorosos.

- Pero ahora conmigo ya lo estás – musitó con adoración y Seiya le brindó un beso que Serena profundizo, se quería sentir querida, amada, necesitada, necesitaba y amaba a Seiya –. Pasé lo que pasé, yo estaré ahí.

- Seiya – se separó lentamente, adorando, codificando cada parte de su cuerpo, de su cara, de su voz –. Tenía dieciséis años, una edad de una niña torpe – empezó con tristeza la explicación y Seiya no habló –. Vivía en una villita de Francia, tenía tantas expectativas de mi vida que… bueno, nunca fuimos de dinero además que era demasiado torpe en lo que hacía, mis padres me habían dejado con mis abuelos, vivían aquí en Australia, tenían un rancho, estaba alejado de la civilización realmente me esforcé demasiado en la crianza de los animales, pero sólo traía problemas.

Desvió su vista hacia el mar y se perdió ahí – Había una fiesta del pueblo, fue cuando lo conocí, pero antes de eso había platicado con su hermano, se llama Andrew, una buena gente, me había dicho que quería ser antropólogo pero que tenía que quedarse a cuidar del rancho, ellos eran lo más ricos del pueblo, tenían muchas hectáreas de animales, pero su hermano mayor me llamaba la atención. Se la pasaba en una esquina viendo a los demás y de vez en cuando sonriendo. Le empecé a decir a mi abuela muy sutilmente sobre quién era el hermano de Andrew, mi abuela obviamente se percató de mi interés – echó a reír, como si realmente en ese momento estuviera su abuela sonriéndole por lo picarona que era.

"Me dijo que su nombre era Darien Chiba, un buen empresario, solitario, tuvo que encargarse de Andrew muy joven, por eso se hacía un poco cauteloso, pero no sé cómo supe pero sabía que lo tenía que hacer cambiar, ese era mi destino, le pedí permiso a mi abuela de frecuentar por supuesto a Andrew con quien me llevaba de maravilla, le platicaba sobre mis gustos y lo que tantas ganas quería hacer en la vida, y a cambio él me decía cosas sobre Darien. Fue una navidad en donde la abuela lo invitó a pasar las fechas decembrinas, mis padres no pudieron venir y me encontraba un poco triste ¿sabes? Así que ese día salí a dar un paseo, y me lo encontré al parecer él también estaba recluido. Nos empezamos a hacer amigos, aunque él muy recelosamente me decía algo, sólo se limitaba a sonreírme, hasta que un día lo vi, leyendo la leyenda de los selenitas. Le afirmé…" – hizo una pausa – "Le afirmé que yo era la princesa de la Luna, Serenity, y fue la primera vez que lo vi reír con mucho entusiasmo"

"Desde aquél día fue todo diferente, me prometió que me iba a ayudar a estudiar lo que yo quisiera, encantada acepté, con la condición de que cuando tuviese un trabajo le pagaría, él sólo rió, las mujeres del pueblo me envidiaban por estar con el chico más rico y otras tantas se sorprendían que un chico tan frío como él entablara una conversación conmigo. Dijimos tantas cosas en esos años, realmente él no era como las personas decían que era, sólo que estaba solo, no era mucho más grande que yo, Seiya, tenia veinte años. ¡Pero me sentía en las nubes! No quería despertar de aquél sueño, sabía que eso era estar enamorada lo sabía. Jugamos a ser el príncipe y la princesa de la leyenda, me hizo el medallón, también era un compositor…"

Seiya miró el medallón y suspiró triste, le daba celos, unos celos horribles, sabía que Darien era el chico perfecto pero entonces ¿por qué…?

"Me propuso matrimonio, después de un año de noviazgo, la abuela no quería, ¡y qué decir del abuelo! Mis padres…mis padres por alguna razón dejaron de meterse en mi vida, Darien hizo todo lo posible, nos amábamos, realmente era así, pero me di cuenta después de todo lo que pasó, que fui una idiota, una estúpida idiota por traicionarlo. Me casé con él, planeábamos tener hijos, planeaba estudiar de maquillista o de cocinera, pero hubo matanzas en su rancho, pensábamos que era la gente que odiaba a Darien, había muchas gentes que lo deseaban muerto por una u otra cosa. Pero…" sollozó "Si tan sólo lo hubiese relacionado. Nuestro matrimonio se empezó a distanciar debido a la gran baja de animales en nuestro rancho, Darien se había empedernido a encontrar a los matones. Después descubrimos que habían sido contratados por un señor que se hacía llamar simplemente 'D' pasó un mes cuando mis abuelos enfermaron, siempre han sido demasiado fuertes y las perdidas de los animales habían traído un poco de escasez de dinero."

Seiya apretó la mano de Serena. Serena le sonrió aún llorando.

"No sé, supongo que los rumores fueron demasiado grandes y el terreno era un lugar muy apetitoso para la gente mucho más rica, ya que el Silver Crystal se enteró de la ruina en las que nos encontrábamos. Semanas visitaron nuestra casa, diciéndole de lo buena suma de dinero que esto llevaría, sabían lo de mis abuelos enfermos, Darien quería aceptar pero yo me negué, esos tipos no se me hacían de fiar y sabía que podríamos encontrar la solución. Otro error más, éramos demasiado inexpertos. No supe porqué le importaba demasiado ese terreno horrible a la empresa, pero sin embargo el dueño hizo su presencia. Me dejó impactada con su presencia, no se veía mala persona, al contrario ayudaba a la gente…"

Seiya bufó, lo poco que conocía del presidente del la empresa no era nada bueno pero si él conocía a Serena ¿entonces…?

"Ni siquiera sé por qué accedí a salir con él a expensas de que Darien se había marchado para buscar el medicamento adecuado para mis familiares. Tampoco pensé que se iba a tardar demasiado. El dueño se quedó a dormir en una de nuestras cabañas me había dicho que quería sentir lo que era vivir realmente una vida sin lujos, accedí divertida. Mis sentimientos se volvieron confusos y cada vez que pensaba en tonterías, abría el medallón que Darien me había dado pero ¿por qué me sonrojaba cuando estaba a mi lado? No quería pensar que algo me estaba ocurriendo al estar con él. Era demasiado atrayente y yo era una tonta sin saber que siempre me coqueteaba o trataba de darme su mejor impresión. Me confesó que le gustaba aunque no le importaba que me hallaba casaba y que me comprendía por eso me respetaría. Esas semanas habían sido tan nefastas con mi Darien, me sentía sola, una infiel maldita, no podía ver a Darien a la cara ¿acaso no amaba a Darien? Pero ya dudaba, cada que hacía el amor con él, el dueño estaba en mi mente. Si tan sólo hubiese sabido que todos esas cosas eran para atraerle, engatusarme, pero era ingenua, ya que el único novio había sido Darien y mi único esposo había sido mi príncipe"

Seiya estaba perplejo ¿cómo podía ser tan cruel el dueño? No la culpaba era tan inexperta, deseó que por arte de la magia se diera cuenta ¡Maldita sea! ¡Darien era el hombre perfecto!

"Reñimos ese día, ese día fue mi perdición. Recuerdo que gritamos, la discusión había sido tan tonta que vergüenza me da, hasta que empezamos a hablar de nuestro peculiar inquilino, dijo que se hallaba celoso y yo dudé, me costó muy caro eso, a él y a mí. Frustrado, enojado, rabioso iba a detenerlo, iba a decir que se marcharan pero no sé por qué, me enfrenté a Darien ¡a mi Darien! Un poco más experto que yo fue cuando comprendió lo que yo me negaba, me empezaba a gustar su enemigo. Salió hacía nuestra perdición, y lo dejé ir muy estúpidamente. Lloré demasiado, no supe cuanto, hasta que después de unas horas, alguien tocó la puerta con total vehemencia, pensé que era mi Darien y abrí el pestillo, mi sorpresa fue grande al ver al mismísimo dueño del Silver Crystal en frente mío, respirando frenéticamente, me limpió las lágrimas y…"

Sollozó nuevamente, Seiya temía lo que su mente creía pensar.

"Balbuceó cosas que no entendía, mientras me agarraba de la mano y corriendo íbamos a un rumbo que sabía perfectamente a donde nos llevaría, me paré bruscamente y lo encaré. Le dije para qué íbamos a la casa de mis abuelos y él me contestó diciendo que mientras estaba tomando en una cantina escuchó dos sonidos de disparos, y todos habían ido a ver lo que había pasado, pero nadie se atrevía a entrar. Temí por mis abuelos, deseaba que nada malo pasara, en serio lo deseé. Llegamos a la casa y abrió mi acompañante la puerta, tragué saliva, alguien dijo que hablaran a la ambulancia…"

Se le quebró la voz y Seiya la abrazó, temía lo que su mente se imaginaba y Serena se recargó en su pecho llorando tan descontroladamente, mojándole el pecho, apretándole un poco más, deseando que el abrazo fuera eterno ya que le calmaba.

"¡Lo vi Seiya! Mis abuelos estaban tumbados en el piso, toqué su propia sangre con mi pie, me aferré al brazo y al pecho de mi acompañante era tan doloroso para mí. ¡No quería ver! ¿Por qué existía gente así? Y fue cuando algo nerviosa alcé la vista las lágrimas me imposibilitaban la vista y lo vi ahí, consternado con el arma en las manos ¡Era mi Darien! ¡Mi Darien había matado a mis abuelos!"

Seiya la apretó más, no podía decir nada, se había quedado mudo ¿cómo podía haberlo hecho el hombre perfecto eso? ¿Por qué?

"Temblorosa, me acerqué a mi esposo desconocido, le dije que era un infeliz, me miró trastornado me pidió perdón y yo cruelmente no se las acepté ¿cómo podía perdonar a alguien que había matado a mis seres queridos? Mi acompañante me estrujó suavemente y Darien lo miró con rencor, había dicho que él no había hecho eso, que a quien iba a matar era a él, ¿cómo podía creerle cuando los hechos lo tomaban en su contra? Yo sólo me preguntaba ¿por qué lo había hecho? La gente llegó a vernos, todos habían concordado en que Darien se había metido solo a la casa de mis abuelos y después…los disparos y sangre, la policía no había llegado, el dueño me susurró algo, me había dicho que si le daba el permiso de hacer su venganza, que eso no era un buen esposo…"

Serena se apretó más de Seiya – Oh Seiya, accedí, accedí, ¡maté a Darien! La verdad es que nunca pensé que es lo que realmente tenía planeado, no lo quise en mi casa jamás, ¿cómo podía tener a un asesino en mi casa? Estuve totalmente en deuda con el dueño, Andrew me odió, dijo que era una tonta, cuanto me arrepiento.

- Serena, sé que no es la forma de castigar a las personas pero si él…

- ¡Fui una idiota! Porque realmente lo maté – dijo aferrándose más al saco de Seiya – ¡Me engañó! Me hizo creer cosas que no eran ciertas…

- ¿Cómo sabes que…?

- Tuvo el cinismo de decirme después de algunos años, no quería que fuera tocada por alguien más, él es una persona peligrosa, por mi estúpida inexperiencia maté a Darien, Seiya ¿no lo ves? Soy la muerte, ¿cómo la propia esposa puede matar a su esposo? Enviudé y le di la firma para…lo que él quería.

- Entonces, todo este tiempo, el dueño…

- ¿Me ama? No, se obsesionó conmigo, ¡oh no sabes cuán me odio!

- No puedo creerlo – dijo incrédulo, nervioso por lo que le pasó a Darien – Entonces… su nombre del maldito infeliz es…

Continuará…


¡Hola! :D

Muajaja soy tan mala por dejarla ahí, bueno quizás algunas con mente retorcida o con mucha imaginación ya sabrán quién es él, el maldito de mi historia y quizás a estás alturas ya sepan lo que tiene y pasó a Serena, pero si no es así, no se preocupen que de todas formas lo revelaré ;) Siento que este capítulo me salió como que muy maldito, no sé chicas, no sé por qué mi mente piensa así, quizás producto de anime y mangas gore x.x

Por otra parte esta historia ya le queda muy poco, no creo que pasé siquiera de los diez capítulo quizás hasta menos. Lo de Seiya y Kakyuu realmente no me hace muy feliz escribir de ellos, en lo particular me cae gorda Kakyuu (aunque sólo salió minutos en el anime xD), pero es realmente esencial en la historia esa fastidiosa "unión" porque como verán a Seiya le está empezando a gustar y no me hace feliz eso ¬¬.

¡Oh, sí! Por si alguna se acordó, bueno la verdad es que Yaten da muy buenos masajes jeje, esos Kous jaja xD Bueno estoy tan feliz de ver y decir "Wow un año" y lo mejor es que al pasar del tiempo, la gente me sigue leyendo y otra tanta más se unió a está historia dramática y algunas me dijeron que hasta espiritual era…por eso estoy sumamente agradecida con todas ustedes que siempre me apoyan, ustedes son mi apoyo y mi batería para seguir escribiendo.Espero que el capítulo les haya gustado, me esforcé por ser el aniversario de Dulce Oscuridad, pero es que realmente también mi historia de época Seducción mortal es todo un trabajo extenuante, pero me siento feliz… por eso nuevamente ¡¡Gracias por su incondicional apoyo a lo largo de todo este aniversario!! n.n

Gracias por su apoyo a:

KuMiKo Kou, Bichitakou, miki1920, Loyda Astrid, Bulmita su, Sakurita, Rossa (yo también le pedio a Kami que me iluminé más seguido :P), SerenaySeiya, Veronick, Edith, Paty (persona sin ¿sentimientos?, sí que los tengo T.T, no sientes nada por Kakyuu y me dices a mi fría ¬¬u jaja), XxX e Indo K.

Dejen sus reviews :P

●๋•Ashαмєd●๋•