Repitió sus palabras una y otra vez en su cabeza mientras conducía hasta su casa. Él mismo se había contradicho, recordaba perfectamente sus palabras: "Esto no es un juego, Cameron. Si empiezas el juego tienes que terminarlo." Obviamente, para él no era un juego, pero había leido entre líneas, entre sus gestos, que ella sí lo creía. "Si empiezas el juego tienes que terminarlo", se repitió. ¿En qué lío se había metido? Todo había comenzado con un par de copas, una noche loca, un acuerdo de que no volvería a repetirse y todo se volvía contra ella. Parecía tan fácil cuando lo dijeron... Llegó a casa con un nudo en el estómago y miles de ideas pasando por su mente.

Mientras se desvestía y se desmaquillaba sopesó las posibilidades. Podía dejarse llevar y continuar aquello con él. Le gustaba, le apasionaba, el sexo con House, lo había esperado durante meses. La forma en que la miraba hacía que le temblara todo el cuerpo, sentía sus caricias aún cuando él no estaba con ella, vivía sus besos cuando estaba sola. Suspiró. No podía quitárselo de la cabeza, por mucho que quisiera; House no ayudaba a que lo consiguiera. Por otro lado, podía romper los hilos, acabar con aquello con decisión, jurarse que nunca más lo haría por el bien de los dos, porque eran alumna y mentor, porque él era su jefe. Sólo encontró un problema a su decisión, sabía, en su interior, que no podría evitar volver a caer en sus brazos, él era más fuerte que ella, incluso su propio deseo lo era.

Supuso, supo, que se encontraba en un callejón sin salida. Tarde o temprano acabaría sucumbiendo, tenía que verle todos los días, ver sus ojos, aguantar sus indirectas, notar su cuerpo junto al suyo. Se propuso forzar la maquinaria, no hacer nada hasta que él lo quisiese. Si él no deseaba más ella no iba a dárselo. Le había dicho que quería repetir, pero en aquellos momentos dudaba de si era una broma o era cierto, en aquellos momentos sólo quería sacárselo de la cabeza y esperar a que llegara el nuevo día. Tumbada en el sofá de su salón intentó concentrarse en cualquier otra cosa que no fuera él. Hojeó revistas, las volvió a dejar en su sitio; miró la televisión, nada interesante que ver; intentó cenar algo, su garganta estaba cerrada. Él, él siempre dentro de su cabeza y en cada parte de su cuerpo. Lo recordaba y lo añoraba de forma completa, no su mirada, no sus manos, no sólo sus caricias, lo añoraba como persona, como hombre y compañero. Se llevó las manos a la cara, sin saber qué hacer. Decidió por segunda vez en menos de media hora esperar a que él moviera ficha. Ella no iba a hacer nada para provocarle, para ella todo aquello significaba demasiado, sentía terror ante la idea de mezclar los sentimientos con sexo, era un cóctel que no siempre salía bien.

Al día siguiente él apareció por el hospital como cualquier mañana. Cameron lo miró extrañada, no podía entender cómo nunca mostraba qué le preocupaba. También dudó si relamente le preocupaba algo, aún recordaba su sonrisa cuando ella se fue la noche pasada. La miró desde lejos, apoyado en su bastón, divertido. No pudo evitar clavar las uñas sobre el cristal de la mesa, tenía sentimientos encontrados, lo adoraba y lo rechazaba porque podía jugar con ella. Le encantaba que lo hiciera pero lo aborrecía al mismo tiempo porque la hacía parecer débil. No sentía miedo ni desconfianza hacia él, le había confesado que aquello no era un juego, sólo era un deseo de repetir.

House ladró sutilmente a sus dos chicos para que fueran a pasar sus consultas y así quedarse a solas con Cameron. Él anduvo hasta su despacho y volvió con un gran taco de papeles bajo su brazo. Se acercó a Cameron lentamente y los dejó sobre la mesa.

- Creo que tendrás trabajo en el laboratorio. -le dijo con una sonrisa- He pensado que lo preferírías a pasar consulta. Sé que te gusta estar allí sola para pensar en esas cosas que piensas. -él apartó la vista de ella.

- Gracias.-le contestó Cameron con dudas. No sabía si aquello era un favor o un trabajo extra que le mandaba hacer.

- Hay que hacer todos los cultivos marcados en los papeles. También unas cuantas biopsias y... -apuntó hacia el montón con el bastón- muchos análisis de sangre. Tendrás para todo el día. -ella asintió con la cabeza mientras le miraba. Él fijó la vista otra vez en ella.

- Para hoy... -comenzó Cameron la frase.

- Sí, para hoy. -le contestó él- Órdenes de Cuddy, no mías. -continuó disculpándose- De hecho, me lo mandó hacer hace dos semanas, pero he estado liado y eso... ya sabes... -le dijo mientras se giraba y caminaba hacia su despacho.

Cameron se lo quedó mirando, siempre actuaba de forma extraña, esta vez había sido una excepción. Se había disculpado ante ella, había reconocido no haber hecho su trabajo y, por encima de todo, no le había insinuado nada aún estando solos. Extrañada, se levantó de la mesa, cogió los papeles y se marchó hacia el laboratorio. Al pasar junto a su oficina lo vio sentado en su silla, las piernas sobre el escritorio y los auriculares de su iPod en los oídos. Siempre había querido saber en qué pensaba cuando se abstraía así del mundo. Siempre pensó que algún día lo sabría.

Las horas pasaron lentas en el laboratorio. Nadie fue a verla, ninguno de sus compañeros ni House. Nunca pensó que ocho horas pudieran pasarse en tanta soledad. Había estado trabajando todo el día, pero su mente no se encontraba en las pruebas, definitivamente. Ni siquiera en el laboratoria la abandonaba. Maldito House. Se había adueñado de su cabeza y de su cuerpo, como si fuera suyo. Terminó el último cultivo y lo metió en la nevera para que madurara. Suspiró profundamente al quitarse las gafas, seguro que afuera estaba ya oscuro. Hacía rato que no miraba al reloj, podrían haber pasado horas y ella no se habría dado cuenta. Levantó el brazo para mirar su muñeca; era tarde, muy tarde, habían pasado todas las horas del día y algunas de la noche. Se estiró la bata, se la situó bien sobre el cuerpo y salió del laboratorio. Se dirigió lentamente hasta Diagnósticos, le dejaría a House los resultados de las pruebas que ya tenía sobre la mesa y se iría a casa, el cansancio podía con ella.

Entró en el departamento. Todo estaba oscuro y frío. Tembló al ver todas las luces apagadas y lo solitario de la estancia. En parte sentía miedo por estar allí sola, por lo que decidió que lo mejor sería apresurarse en dejar la carpeta que tenía entre las manos, coger sus cosas y marcharse. Entró en el despacho de House sin ni siquiera encender la luz, no hacía falta. Se conocía aquella habitación como la palma de la mano. Anduvo hasta su mesa y dejó allí los resultados, donde ella creyó que estaban bien visibles; House no se molestaría en buscarlos, si aparecían frente a su vista perfecto, si no, se perderían en el mar de sus cosas.

Entre bostezos abandonó su mesa y caminó hacia la puerta. A medio camino algo le detuvo. Sintió la parte trasera de su bata sujeta a algo que tiraba hacia el sentido contrario, impidiéndole caminar. Ella intentó andar sin éxito, tiraba hacia adelante pero algo o alguien tiraba en la otra dirección.

- Te dije que quería repetir. -reconoció su voz desde la primera palabra. Ella suspiró profundamente. Se creía a salvo, creyó por unas horas que él no iba a intentarlo, que quizá podría estar tranquila hasta el día siguiente.

Cameron movió el brazo hasta su espalda, bajó la mano hasta la presilla de su bata. Pudo sentir la madera fría, había enganchado, en medio de la oscuridad, su bata con el mango del bastón. Sintió un escalofrío al imaginar la estampa si la habitación estuviera iluminada. No podía ver dónde estaba, no había luz, la del pasillo no era suficiente para poder verle y ella estaba aún de espaldas. Él tiró una vez más de su bastón, haciendo que ella tuviera que retroceder sobre sus pasos. Imaginó en su mente el cuarto, por la cantidad de pasos que había dado se encontraba casi en la puerta, al lado del sitio donde siempre estaba su butaca. Pensó que él estaría sobre ella, tumbado, esperando, al acecho.

- ¿No vas a decir nada? -le preguntó él suavemente- Quiero oirte decir que no, Cameron. -ella se mantuvo en silencio. Se sentía en medio de un acantilado, sin saber hacia qué lado correr.

- Yo... -tartamudeó.

- Lo que me imaginaba. No puedes. -contestó él. No podía verle, pero ella juraría que una sonrisa se dibujaba en su rostro.

Sintió que el bastón se descolgaba de su bata. Dos manos rodeaban su cintura y tiraban de ella. Notó las rodillas pegar contra el canto de la butaca, la respiración caliente de House contra su abdomen. Cameron tembló de pies a cabeza. Otra vez las mismas dudas, el mismo miedo, la misma moral censurándola.

- House... -le dijo en un ligero gemido. Había cerrado los ojos, nunca podía evitarlo. Él hacía que quisiera perderse.

- Es sólo sexo, Allison. -ella creyó sentirse más confiada con su afirmación. Sólo sexo. Sin compromisos, sin ataduras, sólo sexo.

Él la atrajo para sí, tirando de ella, aún rodeando su cintura. Con un solo movimiento le hizo sentarse sobre él a horcajadas. Ella echó, sin darse cuenta, todo el peso de su cuerpo hacia la izquierda, liberando a su pierna de la carga. Él acarició su cintura con las manos, ella posó las suyas sobre su pecho. No podía verle, pero le sentía, era él, el de siempre, el que todas las veces la hacía suspirar y repetir su nombre una y otra vez. Cameron creyó no aguantar más, la postura, su olor, su voz, su cuerpo, todo pedía a gritos liberación, quería volver a sentir lo mismo que aquella primera noche, lo mismo que en el cuarto de lencería. Se moría por probarle una vez más. "Sólo sexo", se repitió en un intento vano de autoconvencerse. Bajó la cabeza inconsciente, sin pensar en lo que hacía, y besó sus labios. Él la correspondió como si fuera la primera vez que la besaba mientras introducía los dedos por la cinturilla de su pantalón.

Wilson caminaba por el pasillo que daba a Diagnósticos y a su despacho. Era de noche ya, no le importaba, nadie le esperaría en casa. Los últimos meses se había quedado muchos días a trabajar hasta tarde en el hospital, le distraía y le ayudaba. Había, también, rehecho su vida, pero eso no impedía que de vez en cuando necesitara estar solo. Al acercarse a Diagnósticos vio la puerta abierta. Se extrañó de que nadie hubiera cerrado con llave, las luces estaban apagadas. Entró en la sala de diagnóstico, encendió las luces y lo vio todo vacío. Algo le hizo girarse para mirar en el despacho de House, las cortinas que dividían las dos estancias estaban abiertas. Se llevó la mano a la boca al ver a su amigo, estaba tumbado sobre su butaca, como tantas otras veces, pero no estaba solo. A su lado, abrazada a él se encontraba una mujer. Wilson se acercó al cristal para poder verlo más de cerca, aún con los ojos abiertos como platos y la mano sobre su boca. Entrecerró los ojos para poder visualizar y enfocar las formas del cuerpo de ella. "Cameron", dijo en voz baja.

Se fijó en ellos mientras se recuperaba del aturdimiento. Él se encontraba tumbado, ella a su lado, recostada. House tenía la camisa completamente abierta, no acertaba a ver la delantera de los pantalones de ella, pero a juzgar por la holgura de la cintura, Wilson diría que estaban sueltos. La mano de Cameron reposaba sobre el pecho de House, su cabeza sobre su hombro, hundida bajo su mandíbula. Los miró atónito. Quiso gritar, despertarlos para que vieran que él estaba allí, quería que su amigo supiera que él sabía todo. Miró a House a la cara, no recordaba su rostro tan relajado desde el infarto. Respiraba profundamente, despacio. Su brazo rodeaba la espalda de Cameron sin apenas fuerza, descansaba. Wilson bajó la mano y, sin ni siquiera preverlo, sonrió. La imagen le pareció preciosa, vio a su amigo feliz, después de muchos años.

Salió en silencio del departamento después de apagar de nuevo todas las luces. No les iba a dejar en un aprieto, la pierna de House protestaría tarde o temprano, sólo hacía falta tiempo. Tampoco quería avergonzarlos, no dejaría muestras de que había pasado por allí.

Anduvo hasta su despacho con una sonrisa en los labios. Se frotó la nuca mientras abría la puerta y entró a oscuras mientras negaba con la cabeza, orgulloso. Se dejó caer en la silla, la impresión aún lo hacía temblar. Descolgó el teléfono y marcó un número rápidamente. Esperó varias llamadas hasta que contestaron al aparato.

- Lisa, cariño, no te vas a creer lo que acabo de ver. -dijo a la persona al otro lado con entusiasmo.