Dean, sentado en la silla del bar, con la cerveza en la mano y moviendo la cabeza de izquierda a derecha, mientras suspiraba, estaba empezando a perder la paciencia con su hermano, que lo miraba desde el otro extremo de la mesa, con sus ojos de cachorrillo abandonado.
"No Sam, no pienso hacerlo. Accedí a ir contigo a Babylon en Pittburgh, pero esto es demasiado, no voy a hacerlo." Nada más terminar de hablar, apartó la vista de Sam rápidamente, porque si seguía mirándolo mucho más tiempo, no le quedaría más remedio que aceptar su insólita proposición, una vez más.
"Vamos Dean, será divertido."
"¿Divertido dices?, ¿qué tienen de divertido las reuniones de antiguos alumnos?, todo el mundo miente para ser mejor que el resto, tienes que volver a ver a gente a la que afortunadamente creías haber olvidado y sonreir a todo el mundo, aunque no te acuerdes ni de sus nombres. No son divertidas."
"Nunca has estado en una, ni siquiera fuiste a tu propia graduación, así que no se como puedes decir que son aburridas esas fiestas." Sam sonrío a su hermano al ver, que por un pequeño segundo, no encontraba la frase adecuada para contestarle.
"¿Y por qué crees que ha sido eso? Porque no me gustan y lo de mi graduación, ¿no crees que la cacería de un poltergeist con papá era mucho más importante?." Dejó la botella en la mesa y se cruzo de brazos.
Miró a Sam, con su sonrisa de triunfo, cuando creyó haber encontrado el golpe definitivo que haría a su hermano olvidarse por fin de toda aquella locura. "Además, seguimos siendo hermanos, no soy tu marido, ni tu eres mi novia y no creo que tus excompañeros vieran muy bien, nuestro, pequeño acuerdo de conveniencia. ¿Qué vas a hacer al respecto, contarles nuestras aventuras nocturnas, vas a decirles lo del baño en aquel bar de hace dos noches?"
"Dean, nunca te conocieron, sólo saben que tengo un hermano, ni siquiera recuerdo haberles dicho tu nombre." Dean abrió la boca para contestar, pero aquello último le había dolido demasiado. Sam se dio cuenta en seguida al ver a su hermano desviar de nuevo la mirada y mantenerse callado demasiado tiempo. "No es que me avergonzara de ti, ni nada parecido, sólo es que, quería alejar a mis amigos de las cacerías, los demonios y otros seres sobrenaturales. Quería tener dos espacios disntintos, quería sentirme normal."
Durante un momento los dos permanecieron en silencio. Dean, mirando a la nada, diciendose que por una vez, tenía que dejar de hacer lo que hiciera feliz a su hermano, porque esto si que era demasiado para él, ¿Antiguos presidentes del club de ajedrez y animadoras?, con alguien como Sam, universitario y demasiado inteligente, tenía suficiente, sobretodo, porque se trataba de Sam y aceptaba que fuera así, más aún, empezaba a gustarle demasiado, detalle que se había asegurado de guardarse para él y no comentarle a su hermano.
Sam, al mismo tiempo estaba mirándolo a él, esperando una respuesta, que tardaba demasiado en llegar y que lo estaba poniendo más nervioso, cada segundo que pasaba sin decir nada.
Dean cerró los ojos, suspiró y se maldijo por no tener fuerza de voluntad, frente a la mirada suplicante de Sam a la que nunca podía resistirse, por mucho que lo intentaba. "¿Tan importante es que vaya contigo?" Volvió a coger la botella y tomó un largo trago, mientras escuchaba en su propia cabeza la respuesta que, perfectamente sabía, que Sam le iba a dar. "Después del susto que me diste con lo del almacen por mi cumpleaños, creo que me merezco que sufras tu un poco ahora."
Sin embargo, lo que escuchó salir de los labios de Sam casi le hizo atragantarse con la cerveza. "Se supone que a estas fiestas vas con tu pareja, con la persona con la quieres estar en ese momento y con la que quieres presumir delante de tus antiguos amigos." Pareció sonrojarse mientras pensaba en como continuar hablando, sin querer parecer demasiado empalagoso.
Dean tosió y dejó la botella de nuevo, encima de la mesa. "Eso es lo que te estoy pidiendo, ¿con quien mejor iba a presumir delante de ellos que contigo?." Perfectamente consciente de lo que había dicho y de lo inocente que habia sonado al decirlo, Sam comprobó que había dado en el clavo, hacerle ver a Dean, lo perfecto que era para Sam y a lo que desde luego, sería incapaz de resistirse, lo conocía demasiado bien como para fallar esta vez.
Dean miró a su hermano por un momento, completamente serio, como si estuviera dudando de que responder, sólo que ya sabía su respuesta desde que Sam había terminado de hablar. Finalmente, se inclinó sobre la mesa y apoyó la barbilla sobre ambas manos, luego sonrío mientras se mordía el labio y le dijo a Sam. "De acuerdo, tu ganas, pero no pienso ponerme corbata."
"Nada de corbata, pero bailarás conmigo."
"¿Qué!, ni lo sueñes pequeño manipulador, una cosa es que te acompañe a ese estúpido baile y otra muy distinta es hacer el ridículo." Dean se levantó y fue hacia la puerta, como si la última condición de su hermano lo hubiera ofendido gravemente. Sólo estaba jugando con él, como siempre.
Las manos de Sam lo agarraron por la cintura cuando estaba a punto de llegar a la calle y lo retuvieron con fuerza por detras. "Vale, nada de bailes, pero quiero, que al menos, te comportes como es debido."
Dean giró la cabeza hacia Sam. "No se porque lo dices, ¿Acaso tienes alguna queja de mi, Sammy?" Su mano, a su espalda y oculta entre sus dos cuerpos, había comenzado a bajar la cremallera del pantalón de Sam, de una forma imperceptible para los demás clientes. Sam se apartó rápidamente y Dean comenzó a reirse divertido.
"Ya sabes a lo que me refiero."
- o -
Sam llevaba metido en cuarto de baño más de media hora, para ducharse y arreglarse para su gran noche. Había estado pensando en ello durante toda la semana y por más que Dean habia tratado de hacerle cambiar de opinión unas mil veces, no lo consiguió.
"Sam, ¿podrías recordarme otra vez por qué estoy haciendo esto exactamente?" Al salir del baño y mirar a su hermano, Sam se había quedado sin palabras, petrificado ante la figura de Dean. "¿Qué ocurre, ves algún fantasma?"
"Nada, es sólo que, para no tener ningun interés en ir a la reunión, te has arreglado mucho. Es raro, nunca te había visto así." Sam se acercó a él y le quitó con la mano una pequeña arruga de la camisa blanca y totalmente impecable. "Me gusta." Besó a Dean en los labios y se giró de vuelta al baño. Se detuvo antes de llegar y se volvió hacia Dean. "¿De verdad que eres tu, no será una posesión demoníaca?." Dijo mientras se reía
"Ja, ja, muy divertido, pero creo recordar que me dijiste, que querías impresionar a tus amigos ¿no? Pues para eso necesitas lo mejor."Sam se dio la vuelta y volvió a contemplar a su hermano una vez más, para no olvidar esa visión que tenía ante sus ojos y que no esperaba volver a ver en mucho tiempo.
Apenas lo reconocía sin los vaqueros y las camisetas de siempre. Le era difícil verlo con un estupendo traje que le hacía parecer alguien respetable y que por otro lado estaba volviendo loco a Sam. "Volviendo a mi pregunta, dime otra vez porque voy a hacer esto."
Sam se apoyó en el marco de la puerta del baño. "Posiblemente porque me adoras y quieres lo mejor para mi."
Dean se detuvo a pensar un segundo antes de contestar. "No, no lo creo. Oye, dime una cosa Sammy, ¿crees que habrá mujeres sin acompañante?"
"¡Dean, se supone que eres mi pareja, no puedes ir ligando por ahí!"
"¿Qué pasa si rompemos en medio de la fiesta?, todo puede pasar en estas reuniones, igual hasta conoces a alguien y decides terminar lo nuestro. Las mujeres me verían como el pobre chico abandonado y eso, mi querido Sammy, les encanta."
Sam lo miró como si quisiera matarlo en ese mismo momento y posiblemente lo hubiera hecho de no parecerle alguien tan perfecto con su nueva imagen. "Vale, no he dicho nada." Dean se acercó lentamente a su hermano, mientras se colocaba bien la americana negra y sin abrochar. Cogió las solapas de la chaqueta de su hermano y lo llevó hasta él. "Por cierto, estás realmente guapo esta noche. Pero no te acostumbres a que te lo diga muy a menudo, lo de hoy es una excepción, mañana volveremos a la normalidad."
Su beso fue dulce, sincero y romántico, tal y como Dean no solía besar, pensó Sam al mismo tiempo que saboreaba los labios de su hermano, incluso eso lo habia cambiado esa noche por él. "Espero que sea por mucho tiempo."
"¿Qué decías?"
"Nada, pensaba en voz alta." Sam nunca pensó que podía llegar a esconderse todo eso en Dean, su romanticismo, su impecable estilo en el vestir, todo lo que hacía por complacerle, aunque no fuera reconocerlo nunca. Parecía el caso del doctor Jekyll y Mr. Hide, sólo que Sam sabía perfectamente que no volvería a ver a Mr. Hide muy a menudo, a pesar de que empezaba a gustarle mucho esa otra faceta que Dean escondía constantemente.
Sam miró su reloj. "Tenemos que irnos o llegaremos tarde." Se dirigió a la puerta y la abrió. "Vamos Dean, en serio, se va a hacer tarde."
A unos pocos metros, Dean lo miraba, con los brazos cruzados sobre su pecho, sonriendo y aunque parecía tratar de ocultarlo tras su fachada del Dean habitual, que esa noche se había quedado en el armario, un brillo singular en los ojos cada vez que miraba a su hermano y que Sam sabía que tenía un nombre que Dean no iba a pronuciar nunca, amor.
"Sabes Sam, creo que vamos a ser el rey y la reina del baile." El momento de felicidad de Sam, en el que creía que Dean le abriría su corazón con alguna frase romántica, con algo totalmente sincero, se esfumó tan rápido como el humo. "Así que vamos que quiero traerme mi corona." Pasó al lado de Sam antes de salir. "Pero nada de baile de coronación." Sam le dio una palmada en el hombro, empujándole ligeramente hasta la calle. Si, era obvio que ya no iba a conseguir su momento tierno.
