Autora:ineedyoursway
Traducido por: Ligia Rodríguez (FFAD)
Beta: Jocelynne Ulloa (FFAD)
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James me encontró afuera en un banco mirando las estrellas. Se sentó a mi lado, ocupando el lugar vacío de Edward, y suspiró. Pensé que él esperaba de mí el no ser capaz de manejar el baile. Me pregunto si habrá disfrutado bailar con esa chica. No me importaba si lo había hecho. En realidad, estaba agradecida. Si no fuera por ella probablemente me hubiera retenido por más tiempo, y yo me hubiera vuelto loca.
— ¿Se terminó?— Le pregunté. Era extraño en mí iniciar las conversaciones.
—No, aun le queda una hora, creo—, contestó pero sin hacer ningún movimiento para volver a entrar. —Quieres irte, verdad.
—Sí.
—Ok.
Me preguntaba cuanto tiempo había estado aquí. Probablemente vente minutos, agrega o quita algunos. Mucho más de lo que esperaba, pero no lo suficiente para James al parecer. Odio decepcionar a las personas. Odio decepcionar a las personas y mentir. Odio decepcionar a las personas porque me siento como la mierda, y odio mentir porque era una mierda en ello. Conciso y sencillo. James no me acompañó a la puerta. Solo me trajo de vuelta, me dijo que me llamaría. No estaba decepcionada creía. Pero él sí. Me preguntaba si había vuelto para allá. Era posible.
La cosa sobre mis ataques de pánico es que venía de repente. Una vez estaba sólo comprando alimentos y miré una pera, y, solo con eso, estuve ida. La persona que se encarga de arreglar el área de frutas me encontró en el piso, convulsionando como un animal con rabia. Ellos llamaron al hospital y al 911 (mi papá). Eso fue una pequeña catástrofe. Y fue obscenamente público. Pero si. Me llegan de repente. Sin aviso. Solo el pánico.
Había momentos en que sí podía sentir que iban a llegar, lo podía sofocar. Lo empujaba para algún sitio en mi interior para que desapareciera para siempre. Algunas veces permanecía así. Otras veces, me sentaba con mi cabeza en medio de mis piernas y esforzándome por respirar. Esas eran las peores veces. Muchas veces me pasaba en la ducha. No sé por qué. Algo sobre estar desnuda, creo. Estar desnuda en el agua. O cuando el agua se calentaba mucho, mi cerebro, por alguna razón, decide que no podría abrir la ducha si quería. Y luego la ducha se convertía en una celda y el agua estaba muy caliente y yo desnuda y todo pasaba de nuevo.
Normalmente me sobreponía rápido. Especialmente cuando llamaban a la policía. Eso también era lo peor. En realidad, siempre era peor así. Demasiadas personas, creo. Demasiadas personas a mí alrededor, haciéndolo todo peor. Aun así nunca me había pasado en la escuela. Esta fue la primera vez.
Fue como dos semanas antes de volver a casa, en el momento luego de inicio de septiembre pero antes del receso por acción de gracias. La mayoría de las personas le llaman octubre. No octubre de Halloween, pero principios de octubre que se sentía todavía como septiembre. Edward volvía a ignorarme, yo seguía a James como un perrito, y todo parecía normal para Charlie. Todo parecía muy normal en general. Exceptuando a James. Pero yo solo decidí aceptar el hecho de que él no era normal, y seguir desde ahí.
Sabía que el día sería malo cuando busqué en la nevera y me di cuenta que Charlie había comido lo último que quedaba de mi mantequilla de maní. Mí mantequilla de maní. Eso iba a ser mi almuerzo. Ugh. Hice una nota para comprar más cuando saliera de clase. Charlie me llevó a la escuela, pero a mitad de camino detuvo a alguien de mi clase por exceso de velocidad por recoger a un amigo. Decir que me miró mal mientras recibía su multa de $150 es quedarse corto. Por supuesto, las luces de Charlie todavía pestañeaban cuando me dejó en la escuela, y todos voltearon a mirarme.
Estaba tarde para mi clase.
Agarré con mi mano un chicle que estaba comiendo durante mi clase de inglés para jugar.
No pude pintar nada en arte.
Mi ropa de hacer gimnasia estaba en mi casillero y olían horrible a sudor.
Para español, ya había tenido suficiente.
Murmuré algo y escapé al baño a la primera oportunidad que tuve.
Estaba caminando por el pasillo. Estaba vacío, eso quizá fue parte del problema realmente. Era solo un pasillo vacío. Uno de esos donde puedes escuchar tus pies golpear el linóleo, y todo luce desierto y solo, como una bomba atómica suelta a mitad del invierno (sin la parte del invierno). Las puertas estaban cerradas, prácticamente selladas, y aun así el viento soplaba, haciendo sonar los casilleros.
Eso fue parte del problema. Los sonidos de los casilleros. Y como chocaban con los libros dentro. Estoy muy segura de que ese sonido fue lo que me estresó. Podía señalarlo. La mayor parte fue el sonido. Como si alguien hiciera chocar su lápiz contra la mesa repetidamente. Tenía que bloquear los sonidos o estaría perdida. La campana –la campana estaba mal también. Era como un reloj cucú, sonando a lo loco. Fueron muchas cosas. Muchas cosas que podía sacar fuera, pero por alguna razón se sentía como si estuviera inmune a ellas. Como las drogas que tomaba para detener mis emociones y miedos eran como un placebo, y yo estaba engañándome a mi misma.
— ¡Hey tú!— eso también era algo malo. Ese —Hey—. Ese —Hey tú—. No están hablando conmigo. Están hablando con alguien más en el pasillo. Puede haber otra persona en el pasillo. Caminé más rápido. — ¡Hey tú!— casi estaba trotando. No me había tropezado con mis pies. Eso era un milagro.
Y de repente las señales de lo que iba a pasar aparecieron. El pulso me aumentó, respiraba dificultosamente, la visión se nubló. Todo estaba presente. Lo podía sentir. Estaba perdiendo el control. Era una sensación como de que iba a morir. Iba a morir.
— ¡Espera!—, doblé en una esquina. Un camino sin salida. Solo una puerta. Traté de abrirla. Cerrada. Así que di la vuelta.
Él estaba alcanzándome. Me iba a alcanzar rápido. Se estaba acercando y mi visión se volvió negra y me fui, ida. Totalmente.
— ¿Qué demonios hiciste? ¿Qué?… ¿Qué mierda?—.
—Ella, pensé que era alguien. La hija del policía… pensé. Me dieron una multa, quería pedirle ayuda, Jesús, realmente se asustó… Jesús. ¿Debería llamar a la policía?.
— ¿Qué? ¿Qué… espera, que?—.
—Espera, ya no se está sacudiendo tan fuerte. Debería revisar.
—Quizá no debas hacer ni una maldita cosa.
—Sólo estaba tratando de…
— ¿Quieres que te golpee?
Ambos callaron
— ¿Bella?
Zap.
— ¿Bella, debería llamar al hospital? No quiero hacerte pasar peor; ¿lo estoy haciendo peor?
Zap. Él seguía tocándome. Pero estaba en mi mundo ahora así que no importaba realmente. Era agradable. Supongo. Pero me estaba sacudiendo y eso no era agradable. No podía decidir si estaba muerta o no. Mi corazón todavía palpitaba fuera de control al igual que mi respiración. Sabía que era Edward por la sensación eléctrica del zap. Me pregunto si esa sensación dejara alguna marca en mi piel. Algo tangible. Probablemente no. probablemente yo estaba loca.
—Jesús Cristo… No sé cómo yo… Jesús Cristo—. Estaba completamente segura de que estaba hablando consigo mismo. Quizá estaba orando. Há.
Gruñí un poco por la molestia que sentía en mi mejilla. Quizá una piedra me golpeo. Probablemente no estaba muerta tampoco.
—Jesús Cristo. Okey. Okey.
De repente me rodeó y la electricidad era demasiado buena y me sacudía, y luego me abandonó. Edward se apoyó contra la pared, acomodando su polla, con los ojos fuertemente cerrados y su rostro poco a poco convirtiéndose en un color rojo brillante. Mi culo herido por haber sufrido una caída en el suelo. Me dolía la cabeza también, porque por lo general lo hacía después de que me pasaba esto. Edward soltó su pantalón de poco, y un quejido muy pequeño. Algo poco varonil. Pero parecía estar bien. Él me miró, un poco aterrado, un poco molesto, y quitó sus manos de los pantalones.
—Buena patada—, tosió. Su voz era más alta que de costumbre y me entraron ganas de reír. Pero no lo hice.
— ¿Es necesario ir a la enfermería?— Le pregunté. Puso los ojos un poco.
— ¿Para obtener una bolsa de hielo para mi polla? Eso será una gran conversación. Espera. ¿Tú necesitas ir a la enfermería?
—No.
—Acabas de gemir y temblar. Parecía que te había dado una sobredosis. Creo que deberías ir a la enfermería.
—No me importa.
— ¿Por qué tienes que ser una perra todo el tiempo Bella? Sólo trataba de ayudarte. —Buena pregunta.
—Te fuiste de la clase de español por mucho tiempo, por eso vine—, me dijo luego de que no le contesté en unos minutos. Recosté mi espalda de la pared del pasillo. Edward se quedó mirándome, en actitud defensiva, con la mirada fija en mí y las manos en los bolsillos. Pero algo más había ahí. Había algo de culpa. Por qué culpa. No estaba segura. Pero definitivamente estaba ahí. La podía ver.
—No es mi intención ser una perra. —En cierto modo se lo confesé como si fuera un pecado. Como si no fuera el cerebro detrás de la ingeniosa trama para ser una perra. Y luego otra cosa vino a mi mente. Era extraño, sus reapariciones súbitas. Lo había visto más en el último mes que en los últimos tres años. — ¿Por qué estás siempre ... por qué estás siempre ahí?— Me sorprendió mi audacia. Tal vez fue la fuerza que recibí al expulsar mis emociones retenidas en el ataque de pánico. Desencadenada por... Ni siquiera podía recordar.
Lo agarré con la guardia baja. Abrió la boca, la cerró, la abrió de nuevo.
—Yo sólo quería... Quiero decir, somos amigos y pensé que... tal vez podríamos...— se estancaba con sus palabras y su lengua. Su actitud cambió y se sentó en el suelo, enterrando la cara entre las manos. —Eras mi mejor amiga, Bella. Yo sólo quiero saber lo que ha cambiado. ¿O qué pasó? Eso creo. No lo sé. Me siento tan mal por… Ni siquiera lo sé. Con respecto a quién soy, me imagino. ¿Suena muy estúpido?— Hizo contacto visual conmigo. Me sorprendía que se sintiera mal por quién era. No entendía que podría, pueda, en todo el mundo hacerlo sentir mal a él con respecto a sí mismo. Así que me quedé paralizada, en blanco. Sin comprender. —Supongo que sí es estúpido. Está bien.
Algún indicio de las habilidades sociales de mí pasado me dijeron que yo tenía por lo menos que hacer un intento de conectar con él.
—Una vez vi este programa en el MTV. Ni siquiera recuerdo cómo se llamaba, en realidad. Pero estaban estas tres personas. Quiero decir, realmente bonitas. Casi perfectas. Perfectas en todo. Y simplemente se odiaban.
—Creo que lo vi—. Su risa era sin humor.
—Es que... quiero decir... no se...
Él me miró y, una vez más, cambió de actitud.
—Soy un imbécil. Te encuentro, como, ni siquiera sé mierda, ¿muriendo? Casi muriendo en el suelo, yo ni siquiera sé. Y ¿qué hago? ¿Me siento y te acabo de decir mis problemas? ¿Qué coño es eso? —Él tiró de su cabello con las manos.
—Está bien...— Simplemente se veía tan angustiado.
—No, no lo está.
Estuvimos en silencio por unos minutos. Estaba segura que la clase estaría por terminar. El timbre sonaría. La vida real seguiría y James me haría comer de su compota de manzana de nuevo.
— ¿Alguna vez me dirás que fue lo que pasó?— Sus ojos verdes miraron directo a los míos. Esos ojos eran tan sorprendentes. Tan inteligentes. Era posible que lo estuviera en un muy alto pedestal. Muy alto a Edward. Era imposible pensar en ocultarle algo a esos ojos. Eran perfectos.
Sabía que tenía que hablar con él. Tenía que decírselo. Aunque me odiara, él debía saberlo.
Así que abrí mi boca para hablar, la abrí para contárselo.
Y el timbre sonó.
