Disclaimer: No poseo los derechos de Pokémon


Capítulo 6: Boda

-Lylia Aether, ¿quieres casarte conmigo?-aquellas fueron las palabras que Ash pronunció en el verano de hace un año.

Lylia y Ash estaban visitando de nuevo la región de Alola. En esos momentos se encontraban en el patio de la Escuela Pokémon, el lugar en el que se conocieron cuando tenían dieciséis años.

Lylia no podía creerse lo que Ash estaba haciendo. Arrodillado ante ella y con una Poké Ball abierta en su mano derecha, dentro de la cual había un hermoso anillo que representaba a un ninetales forma alola. No es que no hubiese considerado nunca la posibilidad de que Ash se le declarase algún día, pero eso no impidió que el acto la cogiese por sorpresa.

-¿Lylia?-Ash empezó a ponerse nervioso al ver que su novia no decía nada y se quedaba de pie, completamente paralizada. Lylia lo miró fijamente a los ojos y cayó desmayada al instante-. ¡L-Lylia!

Ash la cogió rápidamente en brazos, dispuesto a llevarla a un hospital cercano si era necesario. No hizo falta. Lylia recuperó la consciencia a los pocos segundos.

-¿Estás bien?-preguntó muy preocupado Ash.

-S-sí...Lo siento-se disculpó la rubia. Se sonrojó al sentirse ridícula por desmayarse de esa manera.

-Sé que lo que he hecho ha sido muy repentino, perdóname-dijo Ash apenado mientras la ayudaba a ponerse en pie-. Creo que antes debería haberlo habla-

-Ash-le interrumpió ella. En esos momentos Lylia tenía una mirada muy decidida y su voz era firme-. No has hecho nada malo. Simplemente no me lo esperaba.

-Entonces...

-Sí, Ash Ketchum, ¡por supuesto que acepto ser tu esposa!-dijo Lylia riéndose y llorando de felicidad. Ambos se abrazaron con fuerza mientras sus labios se juntaban en un apasionado beso. Habían recorrido un largo camino hasta llegar a ese punto, no permitirían que nada ni nadie se interpusiese entre ellos.


-Si hay alguien que considere que esta unión no es válida, que hable ahora o calle para siempre-pronunció el sacerdote con voz grave y solemne.

Ya está. Los votos de ambos habían sido pronunciados. Aquella frase del sacerdote tan solo era una mera formalidad porque nadie se atrevería a romper la felicidad de una pareja que había dejado bien claro que se amaban, ¿verdad?

La iglesia estaba completamente llena, hasta el punto en el que había gente sentada fuera oyendo por unos altavoces todo lo que sucedía dentro de ella.

Amigos, rivales, líderes de gimnasio, miembros del Alto mando, campeones, investigadores Pokémon…Nadie había querido perderse la boda de Ash Ketchum. Incluso los periodistas de diversas revistas estaban allí, completamente al acecho para poder llevarse las mejores noticias relacionadas con aquella boda. La seguridad era muy alta, con varias agentes Mara coordinándolo todo para que no hubiese sorpresas desagradables.

Eso no impidió que algunos de los antiguos enemigos de Ash observasen la boda escondidos o disfrazados entre los invitados. Por suerte, ninguno traía malas intenciones aquel día.

Delia Ketchum y Samina Aether no paraban de llorar mientras se abrazaban la una a la otra.

-Madre, por favor-murmuró Gladio, avergonzado ante el comportamiento de su madre.

-Déjala-dijo Luna-. Es la boda de su hija, tiene todo el derecho a llorar de alegría.

-N-no me puedo creer que mi pequeña bebé haya crecido tanto-murmuró Samina ente sollozos.

-Crecen demasiado rápido, ¿verdad?-dijo Delia con nostalgia.

Lulú, quien era la dama de honor de Lylia, estaba prácticamente igual. Varios de los amigos de Ash intentaban contener las lágrimas pero poco a poco estas se escapaban sin control alguno. Otros amigos de Ash, como Polo y Trip, encontraban ese comportamiento algo insoportable.

Al lado de Ash estaba Pikachu y al lado de Lylia estaba Shiron, su ninetales forma alola. Era una costumbre en las bodas que los Pokémon con los que se tuviese lazos más fuertes acompañasen al entrenador en un día tan importante.

Una sonrisa adornaba el rostro de la pareja. Una amplia sonrisa que no había desaparecido desde que entraron a la iglesia. Ash se había quedado boquiabierto al ver a Lylia en un vestido blanco con líneas azules recorriendo unos símbolos que recordaban a las escrituras de las ruinas tapu. Un velo blanco tapaba su sonrojado rostro. El vestido era elegante y realzaba sus curvas.

Ash había ido con un traje negro y una camiseta roja. Su madre se había pasado horas eligiendo una corbata pero al final habían lo habían descartado. A pesar de todo Ash había querido ir con gorra a la boda. Un detalle que había molestado a Delia y a Samina hasta que Ash les explicó el porqué de aquello.

-Esta no es una gorra cualquiera-dijo Ash muy serio-. Es la primera que use cuando comenzó mi viaje. Un viaje del que jamás me he arrepentido. Es mi gorra de la suerte. Mi matrimonio con Lylia es el comienzo de otro viaje y por eso quiero llevarla. Para que me de suerte en la mayor aventura de mi vida.

Ash apartó un momento la vista de su novia, lo cual le fue muy difícil, y miró a Serena. Ella, junto a los demás compañeros de viaje de Ash tenía reservada la primera fila.

Serena, quien hasta ese momento había mantenido la cabeza gacha, miró también al joven de pueblo Paleta. Ambos intercambiaron muchas palabras sin decirse nada en los pocos segundos que duraron ese intercambio de miradas.


Hace tres días…

-¿Qué es lo que quieres?-preguntó Serena. En cualquier otro día y cualquier otro momento no le habría importado tener a Ash en su habitación de hotel. Es más, seguramente le habría dado un ataque al corazón debido a la emoción. Pero las circunstancias ahora eran muy diferentes-. ¿No deberías estar con Lylia? Seguro que tenéis muchas cosas que preparar antes de la boda.

-Te aseguro que mi madre y la suya tiene todo más que preparado-Ash se rascó la nuca. Parecía nervioso-… ¿puedo pasar?

Serena lo miró fijamente. Luego miró el pasillo y vio que no había nadie. Mejor. Lo último que necesitaban era otro escándalo.

-De acuerdo-respondió tras dar un suspiro.

La habitación del hotel tenía muchas comodidades y lujos, sin duda algo que podía permitirse la reina de Kalos.

-Puedes sentarte donde quieras… ¿Quieres algo de beber o comer?-le preguntó Serena por pura cortesía. Podía imaginarse el motivo de la visita de Ash.

-No, gracias-respondió él sentándose en una silla.

Serena se preparó una taza de café con leche y se sentó enfrente de Ash. Un silencio incómodo se instauró muy pronto cuando ninguno de ellos quiso dar el primer paso.

-¿C-cómo está Lylia?-se atrevió a preguntar Serena.

-Muy bien-respondió enseguida Ash.

-Me alegro-Serena apretó con fuerza su taza de café-. Bueno… ¿Vas a decirme a qué has venido?-preguntó Tras dar un suspiro.

Ash se dio cuenta de que seguir evitando la razón de su visita no les llevaría a nada bueno así que se armó de valor.

-Yo...

-Si has venido a decirme que me olvide de mi amor hacia ti, ya puedes irte yendo de aquí-le advirtió Serena.

-No, no he venido a eso-una chispa de esperanza se encendió dentro de Serena-. No tengo ningún derecho a decirte a quien debes amar o no y mucho menos a pedirte que me dejes de amar.

-¿Y ya está?-dijo Serena con tristeza-. ¿Tan fácil es para ti olvidar lo nuestro?

-Serena…Nunca ha habido nada entre nosotros.

Aquello sentó como un balde de agua fría a la reina de Kalos.

-S-supongo que fui una ilusa al pensar que si lo hubo-dijo Serena. No iba a llorar, no delante de Ash.

-… Lo siento mucho.

-No, no lo sientas-le pidió Serena con una sonrisa forzada-. Yo tampoco tengo derecho a pedirte que me ames…Es más, meterme entre tu felicidad y tú sería un error que jamás me perdonaría.

-Me alegro de que pienses así-dijo Ash aliviado-. Eres una de mis mejores amigas, no quiero perder tu amistad por nada del mundo.

Amistad. Serena nunca se hubiese imaginado que aquel concepto tan bello pudiese hacer tanto daño.

-Yo tampoco Ash, yo tampoco.


-No merece la pena estancarse en el pasado. Seguir adelante sin importar las dificultades, eso fue lo que me enseñaste, Ash-pensó Serena con pesar. Finalmente, poco a poco, una pequeña sonrisa se formó en su rostro-. Me alegro de que por fin hayas encontrado a una persona especial con la que querer compartir el resto de tu vida. Adiós, Ash.

-Por el poder que me ha sido otorgado, ¡yo os declaro marido y mujer!-exclamó el sacerdote al ver que nadie se oponía a la boda-. Puedes besar a tu n-

El sacerdote tuvo que interrumpir la frase al ver que los jóvenes recién casados no habían podido aguantar ni un segundo más y ya estaban en los brazos del otro, besándose como si no hubiese un mañana. Los invitados a la boda se partieron de risa y algunos emitieron silbidos al contemplar la escena.

-Por Arceus bendito, estos jóvenes de hoy en día…-pensó el sorprendido sacerdote.

-¡Vivan los novios!-gritó Misty muy alegre. Enseguida se le unieron los demás y todos gritaron felicitando a los recién casados.

-¿No te parece maravillo que tu hermano pequeño ya se haya casado?-le preguntó Hoja a Rojo. La joven tenía una tripa prominente que indicaba su avanzado estado de gestación.

-…

-Sí, yo también creo que ha madurado mucho. Y por cómo se besan, yo diría que no tardaremos mucho en ser tíos.

-…

-¡Rojo!-exclamó Hoja, sonrojándose por completo.

-L'amour!, quel beau sentiment-dijo el profesor Ciprés muy emocionado-. Nunca vi al joven Ash como alguien romántico pero la vida siempre te da sorpresas.

-He mea kupaianaha! ¡No me puedo creer que el joven que vivía bajo mi techo ya este casado!-exclamó Kukui. Lágrimas como torrentes caían por sus mejillas-. ¡Me siento como si me golpeasen con anillo ígneo, hidrocañón y planta feroz al mismo tiempo!

-Sabía que esos dos estaban hechos el uno para el otro-dijo Pimpinela con una amplia sonrisa en su rostro.

-¡Este momento glorioso merece sin duda un poema!-gritó emocionado el profesor Oak.

Dos luvdisc se han encontrado,

y su amor al fin han hallado.

Y con estos pareados,

les deseo un feliz viaje a los enamorados.

-¡Eso ha sido absol-utamente brillante, primo!-exclamó Gabriel Oak.

-Es usted un genio de la poesía, profesor-dijo Maya, gran admiradora del investigador de Kanto.

-… ¿A eso lo consideran un buen poema?-se preguntaron muchos en sus cabezas.

-Oh my gosh! ¡Ya tengo ganas de que abran los regalos!-exclamó la profesora Encina mientras se frotaba las manos.

-¡Oh vaya!-exclamó el profesor Elm.

-¿Qué ocurre?-preguntó el profesor Serbal al ver la cara de preocupación de su amigo.

-¡Me he dejado mi regalo en casa!

-Tan despistado como siempre, ¿eh, Elm?-rió el profesor Abedul.

-Mira quien fue a hablar-dijo el profesor Serbal al ver el traje roto de Abedul-. Déjame adivinar, ¿te ha vuelto a atacar un Pokémon savaje?

-¡No!, esta vez me he caído mientras corría hacia aquí.

-¡Cuanta emoción-gritó Kiawe mientras se arrancaba la chaqueta y la camisa-. ¡Las bodas hacen que mi corazón arda y estalle como un volcán!

-¡Cálmate, cariño!-gritó Lulú preocupada y asustada, al ver como la pulsera Z de su marido se activaba.

-Chris… ¿qué haces?-preguntó Lana con curiosidad. Chris estaba sentado en el suelo tecleando como loco en un ordenador portátil.

-Llevo desde hace días calculando las probabilidades de que este matrimonio sea un éxito. He pedido incluso ayuda a Rotom pero sigo sin tener un resultado claro.

Lana podía haberle dicho que calcular algo así era inútil e imposible pero le hacía mucha gracia ver a su novio tan centrado en algo.

-Chris, haz algo más útil y calcula cuanto dinero ha costado preparar esta boda-le pidió Sol.

¡Calcúlalo tú!-exclamó muy molesto Chri. No le gustaba nada que le interrumpiesen mientras trabajaba.

-¡A ver si "hacéis" muchos hijos en vuestra luna de miel!-gritó Oro, quien al instante recibió un golpe en la nuca por parte de Cristal.

-¡¿Es qué no sabes pensar en otra cosa?!-exclamó Cristal, muy exasperada por la actitud de su novio.

-Deberías estar agradecida de que Oro al menos sepa cómo pensar-dijo Plata, quien recibió una mirada de advertencia por parte de Lira.

-Estamos en la boda de Ash así que por una vez en tu vida, deja de pelearte con Oro.

-S-sí.

Un poco lejos de allí, Gary Oak observaba con gesto apenado la escena mientras meneaba la cabeza.

-Ay, vaya par de pringados, totalmente dominados por sus novias.

-¿Qué has dicho?-le preguntó Sabrina.

-¡N-nada, cariño! Solo hablaba conmigo mismo.

-Deja de hacer el tonto y vamos a felicitar a Ash y a Lylia.

-¡Lo que tú digas!

En un rincón oscuro de la iglesia, N y Tristana observaban a los recién casados mientras conversaban entre ellos.

-He visto a muchos Pokémon encontrar a sus almas gemelas pero disfruto al ver que cuando los humanos lo hacen es igual de fascinante-dijo N-. Ahora deben buscar el equilibrio para que su unión sea completa y perfecta.

-A pesar de lo rápido que hablas creo que capto lo que dices-dijo Tristana-. Esos dos tienen una misión muy importante llamada vida matrimonial. Si tiene éxito o no dependerá de lo fuerte que sea su lazo.

-¿Qué les pasa a esos dos?-preguntó Esmeralda al escucharlos-. Estamos en una boda no en una clase de filosofía.

-Por una vez, podrías divertirte sin tener que molestar a los demás con tu mala actitud, ¿no crees?-le aconsejó Amarillo.

-Tch…Vale, lo siento-dijo Esmeralda tras dar un suspiro-. Me pregunto cómo será el banquete.

-Pues puedo asegurarte que será la experiencia culinaria más espectacular de u vida-le aseguró Millo.

-¡Aaaaag! ¡¿De dónde has salido tú?!-exclamó Esmeralda asustado al ver al sibarita Pokémon detrás de él. Amarillo también se había sorprendido pero supo disimularlo mejor.

-Eso ahora no importa-dijo Millo ignorando la pregunta-. Solo debes saber que Brock, Lulú y yo nos hemos esforzado al máximo para que vuestras almas suban al cielo nada más probar nuestra delicia culinaria.

-¿Acaso planeas matarnos?-bromeó Amarillo al escuchar sus palabras.

-¡Sí!, metafóricamente hablando claro.


Los invitados y sus Pokémon estaban en una gran explanada donde se celebraba un baile y el festín. Obviamente todos los Pokémon de Ash estaban por la zona, disfrutando de aquel día tan feliz para su entrenador.

Ash y Lylia no podían contener la alegría que sentían en esos momentos. Ambos bailaban abrazos al uno al otro al compás de la música. Sin querer separarse en ningún momento.

-¿Estás bien?-preguntó Ash.

-¿Es una broma? ¡Es el momento más feliz de mi vida!-dijo Lylia muy alegre.

-Eso mismo dijiste cuando comenzamos nuestro noviazgo o cuando te pedí matrimonio-bromeó Ash.

-Ash Ketchum, ¿acaso me estás llamando mentirosa?-dijo Lylia con voz amenazante mientras hinchaba sus mofletes.

-Para nada, simplemente digo que tienes muchos momentos favoritos-rió Ash-. Por cierto, estás muy mona cuando te ofendes.

Lylia se puso roja al oír aquello, lo cual solo aumentó la risa de Ash.

-¿Sabes?-comenzó a decir Lylia en un tono sugerente mientras le tocaba sutilmente la cara-. Si sigues adulándome de esa manera no creo que pueda esperar hasta la noche de bodas.

Esta vez fue el turno de Lylia de reír al ver que la expresión de sorpresa y vergüenza de Ash.

-… ¡M-mira! Clem y Max están bailando juntos ¿N-no crees que hacen una bonita pareja?-dijo Ash cambiando bruscamente de tema.


-Ash, espero que cuides bien de mi hermana o te haré pedazos-le advirtió Gladio muy serio-. Lylia, si alguna vez te hace algo no dudes en avisarme.

-Traducido: Os deseo un feliz matrimonio a ambos-dijo Luna.

-No te preocupes tanto, hermano-dijo Lylia-. Además, ¿en serio crees que Ash me haría daño de alguna forma?

Gladio no dijo nada. Realmente no podía imaginarse a Ash no siendo un buen marido. Pero nunca daba nada por seguro. Así se lo exigía su instinto de hermano mayor.

-Gladio, acabo de prometer delante de Arceus que cuidaría de Lylia en cualquier situación-dijo Ash-. Nunca he roto una promesa y no pienso empezar ahora.

-No olvides que yo también he prometido protegerte-le dijo Lylia a su marido-. Y yo tampoco incumplo mis promesas.

-¡Así se habla, pareja!-dijo Brock acercándose a ellos-. Ash, solo quería decirte, que tus días de libertad e ir por ahí rompiendo corazones se han acabado para siempre-dijo Brock, pero al ver la mirada de su esposa Fortunia se apresuró a decir otra cosa-. ¡Pero los mejores días de tu vida no han hecho más que empezar!


Ash y Lylia cortaron juntos el enorme pastel de bodas por la mitad. A los pocos segundos los snorlax de Ash, Aura, Pimpinela, Esmeralda y Lucas se abalanzaron sobre él no dejando nada. Todos se disculparon enseguida por el comportamiento de sus snorlax pero la pareja no le dio ninguna importancia y acabaron por reírse de lo sucedido.

Luego, Ash y Lylia se sentaron a comer con todos los invitados. Allí Ash, Aura, Iris y Chris hicieron gala de un tremendo apetito. Devoraban todo lo que había en sus platos y en los alrededores. Los camareros apenas dejaban un plato tenían que sustituirlo al instante por otro.

Tan grave era la cosa que Brock, Millo y Lulú se levantaron y tras pedir varias cosas comenzaron a cocinar numerosos platos allí mismo. Muy pronto, se hizo una competición entre los "devoradores" y los cocineros por ver quien se rendía antes. Los demás comensales contemplaban atónitos aquello y más de uno tuvo que ir a vomitar al ver tanta comida entrando en la boca de una persona.

-¡Esto está muy buen-!-Iris interrumpió su frase al ver que sus costillas con miel habían desaparecido y aparecido en las manos de Ash-. ¡Ash, desgraciado! ¡Ese trozo de carne era mío!

-Mareep que bala bocado que pierde-recitó Ash. Fue a coger comer crema de chocolate blanco cuando vio que Iris había sido más rápida.

-"Mareep que bala bocado que pierde"-le imitó ella en un tono burlesco.

-¿Es ese el comportamiento del marido de mi hija?-preguntó Samina en un tono severo, aunque todos podían ver que hacía esfuerzos por no reírse-. Lylia, vas a tener mucho trabajo co-… ¡Lylia!

La joven rubia también llevaba un ritmo frenético a la hora de comer. Se detuvo al ver la mirada de sorpresa de su madre y de otras personas.

-¿Qué?-preguntó confusa.

-Parece que la influencia de Ash es más grande de lo que pensábamos-rió Maya.

-¡Genial! ¡Tenemos a otra "devoradora"!-dijo Brock secándose el sudor de la frente.

-¡No pasa nada, no dejaremos que nos ganen por nada del mundo!-dijo Lulú mientras terminada de hacer una ensalada, una hamburguesa y un plato de arroz frito.

-¡No podría estar más de acuerdo!-exclamó Millo.

-No me puedo creer aún que mis dos hijos estén ya casados-comentó Delia mirando a Rojo y a Ash-. Y pensar que hasta hace poco tenía que pediros que os cambiaseis de ropa interior cada día.

-¡Mamá!-exclamó Ash avergonzado de que su madre contase detalles tan "íntimos" delante de todos.

-¡...!-Rojo estaba colorado y las risas de Hoja no ayudaban en nada a mitigar su vergüenza.


La comida continuó mientras todos se intercambiaban anécdotas. Ash y Lylia se miraban cada dos segundos con una sonrisa en los labios, sin poder creerse todavía que aquello no era un sueño.

Hubo un momento en el cuál Ash se levantó de la mesa y se dirigió a todos los presentes.

-Me gustaría daros las gracias a todos, no solo por venir aquí, si no por haberme apoyado durante mi viaje y por haberme ayudado cuando más lo necesitaba. Sé que por mi culpa nos hemos metido en muchos líos…

-No hace falta que lo jures-dijo Iris, haciendo que se riesen todos.

-Pero aun así nunca me habéis abandonado-continuó diciendo Ash-. Todos sois los mejores compañeros del mundo pero me gustaría dar las gracias a cuatro personas en especial.

En ese momento su mirada se posó en Delia, Rojo, Hoja, Brock, Misty y Gary.

-Mamá, tú me diste amor, dinero, ropas y consejos. Jamás habría podido empezar mi viaje sin tu apoyo constante…Siento mucho todo lo que te he podido hacer sufrir a lo largo de los años y siento mucho no haber estado más contigo. Eres la mejor madre que uno podría desear.

Delia sonrió mientras las lágrimas caían sin control alguno por sus mejillas.

-Hermano, tú y Hoja siempre habéis sido mi inspiración-dijo Ash mirándolos con admiración-. El poder veros a vosotros en la cima era lo que más me motivaba a seguir peleado por mis sueños. Quiero que sepáis que aun seguís inspirándome. Rojo, ser tu hermano menor es lo mejor que me ha podido pasar.

-...

-Qué palabras más bonitas las de Rojo-pensó la gente emocionándose.

-Brock, Misty…Vosotros fuisteis mis primeros compañeros de viaje, sin vosotros no estaría aquí-dijo Ash con sinceridad-. Fue gracias a vosotros que no hice tanto el ridículo durante mi viaje.

-No estoy tan segura-rió Misty.

-Estoy de acuerdo con ella-dijo Brock.

-Muchas gracias por haber ayudado a un entrenador Pokémon novato al cual acababais de conocer. Jamás podré agradeceros lo suficiente todo lo que hicisteis por mí.

-Ash, ¿c-cómo te atreves a hacernos llorar delante de tanta gente?-dijo Misty riendo y llorando al mismo tiempo. Brock también se encontraba en una situación similar.

-Y finalmente Gary, mi amigo de la infancia y mi primer rival-dijo Ash con una amplia sonrisa-. Gracias a ti fui siempre quise superarme como entrenador, gracias.

-Espera, ¿eso es todo? Y mi discurso emotivo-se quejó Gary. Ash simplemente sacó la lengua para burlarse de él.

-Menudo crío-dijo Iris suspirando.

-Pero esa actitud infantil es parte de lo que le hace especial-dijo Lylia, consiguiendo que la cara de Ash se pusiese más rojo que la de un magmar.

Lylia se levantó de la mesa y miró a su familia y a sus amigos de Alola.

-Mamá, a pesar de nuestros problemas siempre te has esforzado por cuidarnos a Gladio y a mí, no solo eso, gracias a ti y a papá desarrollamos nuestro amor hacia los Pokémon, muchas gracias.

-…Lylia-murmuró Samina conmovida.

Ash intentó ocultar lo mejor que supo su cara de sorpresa. Lylia no solía mencionar a su padre pero suponía que esta era una ocasión especial.

-Profesor Kukui, profesora Pimpinela…Ambos han sido como unos segundos padres para mí, espero que nunca dejen de serlo.

-De eso no tienes que preocuparte-le aseguró Pimpinela en un tono cariñoso.

-Hermano, contigo viví muchos de los mejores momentos de mi infancia-dijo Lylia casi llorando al recordarlos-. Ojalá todos tuvieran la suerte de tener un hermano tan cariñoso, responsable y bueno.

-¿Estás llorando?-le preguntó Luna a Gladio.

-…Se me ha metido algo en el ojo.

-No pasa nada si estás llorando, ¿sabes?

Y Gladio sorprendió a todos echándose a llorar ahí mismo. Ver a su hermana tan crecida y casada era demasiado para él, quien había sido su guardián desde su más tierna infancia.

-Hobbes-dijo Lylia a su antiguo mayordomo-. Gracias por soportarme durante tantos años.

-Usted nunca ha sido una molestia, señorita Lylia-dijo Hobbes inclinando levemente la cabeza-. Ha sido un placer servirla y siempre lo seguirá siendo.

-Luna, Sol, Lulú, Chris, Kiawe, Lana… ¡Gracias por ser los mejores amigos del mundo!

Todos sus amigos de Alola se levantaron y la abrazaron mientras la felicitaban por su nueva vida.


Finalmente, Lylia lanzó al aire el ramo de flores, el cual cayó en manos de Serena. La joven miró el ramo con gesto serio pero enseguida su rostro se iluminó y comenzó a gritar de alegría. Las demás chicas la miraban con cierta envidia.

Cuando se tranquilizó se acercó a Lylia y para sorpresa de esta le dio un fuerte abrazo.

-Os deseo a Ash y a ti un muy feliz matrimonio-le dijo al oído-. Cuida mucho de él. No sabe la suerte que tiene de haber encontrado a alguien como tú.

-G-gracias-dijo Lylia sin poder creerse lo que le decía la reina de Kalos-. Te deseo que tú también encuentres a alguien especial con quien compartir tu vida.

Serena la miró fijamente durante unos segundos.

-Bueno, me ha tocado a mí el ramo a sí que supongo que mi días como soltera están contados.

Ambas chicas rieron ante la sorpresa de sus amigas, quienes aún recordaban el incidente de hace tres días. Ash, por el contrario, sonreía aliviado al verlas tan felices.

-Parece que por fin las cosas empiezan a enderezarse-pensó Destra al observarlas desde lejos.


Tras mucho jaleo, despedidas, fotos y lágrimas la pareja por fin puso rumbo a la región de Oblivia. Tardaron pocas horas en llegar en avión. Pasarían una semana en esa región y luego unos días en Pokétopia.

En la habitación de hotel, la cual era muy grande y espaciosa, Ash y Lylia hicieron turnos para ir al baño a asearse.

Una vez en la cama, ambos se miraron con cierto nerviosismo. Sabían lo que iba a pasar. Ambos querían que pasase pero alguno debía dar el primer paso.

Finalmente Ash se acercó a Lylia y la contempló maravillado. Su cabello rubio caía en cascada por su espalda y sus ojos verdes parecían brillar en la oscuridad de la habitación. Su rostro sonrojado solo la hacía más encantadora.

-Lylia, si no quieres hacerlo no me importa tener que esperar.

Lylia supo que Ash estaba siendo muy sincero. Una sensación de felicidad la invadió por dentro. Aquel joven entrenador, cuyo rostro indicaba que quería unirse con ella cuanto antes, estaba dispuesto a dejar sus sentimientos a un lado solo por ella.

Lylia acarició suavemente el rostro de Ash y lo miró con mucha ternura y cariño.

-No tienes por qué esperar…Yo no quiero que esperemos más.

Ash asintió con la cabeza. Muy pronto, sus almas y cuerpos comenzaron una danza casi tan antigua como el mismísimo planeta. Ninguno de los dos quedó decepcionado aquella noche.