La distancia entre tú y yo

-Misty, por favor, esto es absurdo—le increpó Duplica, caminando tras la pelirroja.

Ambas llevaban los zapatos de tacón en las manos y andaban descalzas sobre los adoquines de la acera. Davis las seguía, resoplando una y otra vez. También estaba cansado, y estaba completamente arrepentido de haberse quedado con ellas. ¿Por qué se había dejado convencer…? Miró el reloj. Marcaba las tres de la mañana. Y al día siguiente a entrenar…

-Vamos a llegar súper tarde—protestó él—Tendría que haberme marchado cuando se fueron los demás…

-¡Dejad de refunfuñar!—les gritó Misty, exasperada. A ella también le dolían los pies, pero no se quejaba—¡Nadie os pidió que os quedaseis!

Sus amigos intercambiaron una mirada irónica. Claro que ella les había pedido, o más bien suplicado, que se quedasen un rato más…

-Al menos no te hagas la tonta ahora—replicó Davis, molesto—Nos quedamos porque tú nos los pediste, y todos sabemos por qué querías quedarte más rato en la fiesta…

Misty se giró hacia él hecha una furia. ¿Qué estaba insinuando?

-¿A qué te refieres?—le preguntó ella, casi comiéndoselo con la mirada—Me lo estaba pasando muy bien y no quería irme tan pronto.

-Claro, y no tuvo nada que ver con que Ash se había quedado también, ¿no?—señaló Davis.

Misty estaba a punto de perder los papeles completamente, cuando Duplica se colocó entre ambos e intervino, tratando de poner paz.

-A ver, da igual el motivo—les dijo—La cuestión es que los tres nos quedamos más rato y ahora nos queda todavía media hora de camino… ¡Y yo ya no puedo tener más ampollas en los pies!

No tenían coche… No había autobuses…No pasaban taxis… Todo salía mal esa noche.

Cuando la desesperación aumentaba en los tres jóvenes, alguien tocó el claxón, y ellos giraron la cabeza hacia la carretera. Misty se puso la mano en la frente, maldiciéndose a sí misma. ¡Otra vez ellos!

-Venga, haced el favor de subir al coche—les ordenó Richie, con ímpetu.

Richie conducía su descapotable a diez kilómetros por hora. Era la segunda vez que daba la vuelta por aquella calle, y se ofrecía para llevarlos al CCP. Le había tocado a él conducir, por lo que iba totalmente sobrio, y ya se estaba hartando de las tonterías de sus amigos, especialmente de la cabezonería de Misty.

Ash iba de copiloto, y no se molestaba ni en mirar a aquellos absurdos caminantes… Sabía que no aceptarían su ayuda. Tenía la cabeza apoyada sobre el brazo, simulando aburrimiento.

-Venga, Misty, te repito que esta situación es absurda—le repitió Duplica—Vamos a subirnos con ellos, de lo contrario llegaremos muy tarde. Y me duelen los pies…

-Ya te he dicho que no quiero—susurró Misty en el oído de su amiga—Te dije que llamases a Gary para que viniera a buscarnos y no quisiste…

-¿Cómo lo voy a llamar a estas horas?—exclamó Duplica. Misty le mandó bajar la voz, ya que no quería que los chicos escuchasen su conversación—Si él se fue mucho antes era porque quería descansar, así que si lo llamo me mandará a tomar por culo, y lo entiendo…

Misty resopló con hastío y cerró los ojos por un momento. Llevaba unas cuantas copas de más y no podía pensar con claridad. Lo único que sabía era que lo último que deseaba en el mundo era subirse en el coche con Ash…

Cuando abrió los ojos de nuevo, tanto Duplica como Davis se habían sentado en la parte trasera del coche, sobre el maletero, con las piernas colgando. El vehículo continuaba avanzando a diez kilómetros por hora, por aquella amplia avenida poco transitada a aquellas horas de la mañana…

-Es solo para descansar los pies un poco—se excusó Davis, con ironía.

Misty frunció el ceño. Era la peor noche de toda su vida.

Habían sido invitados por una de las más prestigiosas discotecas de la zona, para promocionarla, y firmar unos cuantos autógrafos al inicio de la fiesta… Algunos de los maestros se quedaron únicamente el tiempo obligatorio para cumplir con el protocolo, mientras que otro grupo aprovechó la invitación y se quedó más rato…

Y había sido un gran error. Porque cuando se dieron cuenta, tan solo quedaba el coche de Richie…

Misty resopló. Ahora le dolía la cabeza, los pies y el orgullo.

Pero no pensaba ceder ante la presión de sus amigos.

Al cabo de un par de minutos de insistencia, Ash lanzó un fuerte resoplido, se quitó el cinturón de seguridad y se bajó del coche de un salto.

Se colocó junto a Misty y le lanzó una iracunda mirada.

-Venga, deja de hacer el idiota—le regañó. Ella esquivó sus ojos y frunció el ceño—Todos sabemos por qué no quieres montarte en el coche… pues ya está, ya lo has conseguido… Súbete tú de una maldita vez y yo volveré andando.

-¿Qué insinúas?—replicó Misty, airada—¿Que no me quiero subir en el coche porque tú también vas en él? ¿Tan importante te crees?

Ash asintió con suficiencia.

-¡Venga, dejad de hacer el imbécil los dos y subiros al coche de una maldita vez!—les gritó Richie, perdiendo los nervios.

Duplica y Davis se acomodaron en el asiento trasero, también hartos, y se pusieron en cinturón de seguridad. Ya no dejaban a su amiga sola… Ahora estaba con Ash… Aunque no sabían qué era peor.

Misty no pensaba dar su brazo a torcer. Y no tenía intención aluna de subirse en el coche, porque de esa manera le daba la razón a Ash. Éste había comenzado a caminar paralelamente a ella, pero dejando un metro de distancia entre ambos.

Justo cuando Richie se disponía a pisar el acelerador, escuchó una voz que le llamaba.

-¡Esperadme!—exclamó Sandy, quien venía corriendo tras ellos.

-La que faltaba—masculló Misty.

Ash escuchó el comentario de su ex pero no añadió nada. No merecía la pena. Sin embargo, sí que se detuvo a saludar a Sandy.

-No sabíamos que también faltabas tú—le dijo Ash, sonriendo ampliamente. Quería fastidiar a Misty, quien ya le lanzaba rayos con la mirada—Si lo hubiéramos sabido te habríamos esperado…

-Gracias, Ash, pero me había cambiado al bar de al lado—explicó la rubia. Llevaba un vestido plateado muy ceñido, que resaltaba su prominente delantera, y obligaba a mirarle el escote—Imposible que me vierais… oye… ¿no montáis con Richie?

-Volvemos andando—dijo Ash.

-Pues entonces hay sitio para mí, ¿no?—preguntó Sandy, corriendo hacia el vehículo.

Richie sonrió y le mostró el asiento del copiloto, que había quedado libre. Sandy abrió la puerta, algo extrañada.

-¿Entonces por qué esos dos van andando?—le susurró a Richie.

-Mira, mejor ni preguntes—le dijo él, en voz baja. Miró de reojo a sus caminantes amigos y se despidió con la mano—¡Hasta mañana, que paséis buena noche!

Metió tercera y aceleró, deseoso de tumbarse en la cama. Si no hubiera sido por Ash, y su insistencia en recoger a sus amigos, hacía rato que estaría durmiendo. Había perdido una hora de sueño. Y solo quedaban seis días para el gran torneo.

Entretanto, Ash y Misty regresaron hasta el CCP sin cruzar una sola palabra. Tan solo se miraban de vez en cuando y enseguida retiraban la vista. Únicamente, casi al llegar al centro, Ash abrió la boca.

-Supongo que tú misma te habrás dado cuenta de la tontería tan grande que acabas de hacer, ¿no?—le espetó.

-Tontería o no, tú has hecho lo mismo—replicó ella, con una sonrisa irónica.

¿Cómo lo había conseguido? ¿Cómo había logrado esa maldita pelirroja que él hiciera cosas tan absurdas? Quizá porque él siempre había tendido a hacer cosas ridículas, absurdas o carentes de sentido, y allí había estado ella, para pararle los pies, para ser la voz de su conciencia… Pero si Misty se había vuelto tan absurda como él… ¿Qué podía esperar entonces?

Ash resopló. Abrió la puerta y entró a la recepción.

Ella entró tras él, todavía con los zapatos en la mano. Tenía varias ampollas en los pies, y heridas sangrantes, pero no había protestado en ningún momento… Ella siempre tan orgullosa.

Pero Ash se enterneció al ver sus pequeños pies magullados…

-No me mires los pies—le increpó ella, percatándose—Sabes que odio mis pies.

Ash resopló de nuevo. Maldita pelirroja… ¿Cómo podía ser tan desagradable?

Ella le miró con encono.

Seguro que está pesando que tengo unos pies horrendos…

Estaba avergonzada.

Además, aquella sala le recordaba a otra ocasión en la que también regresaron enfadados…

Porque le estampé el coche contra un árbol…

Ash puso un pie sobre las escaleras que conducían al piso de arriba, pero giró la cabeza antes de continuar.

Sentía cierta melancolía. En aquella sala, él la había besado por primera vez… Después de una acalorada discusión… Porque había sido descuidada y chocó su coche contra un árbol… ¡Qué tontería! Cada año cambiaba de coche, y él la regañó demasiado… Ahora se daba cuenta de que él, a veces, también era desagradable.

Pero no tantas como ella…Es una borde profesional…

-Buenas noches—le dijo él finalmente, justo antes de desaparecer por las oscuras escaleras.

Misty esperó a que el muchacho subiera hasta arriba, para hacer lo mismo ella. Estaba muy cansada.

Pero sobre todo dolida, porque se daba cuenta de que su relación con Ash no tenía solución. Al menos hasta que ella dejase de cometer tantas estupideces, y dejase el orgullo de lado. Era consciente que tenía gran parte de culpa de su triste destino, pero no sabía cómo podía cambiar la actitud. Había algo que la quemaba por dentro, que le arañaba el corazón, y que la obligaba a reaccionar con esa furia infundada… ¿Desde cuándo se había convertido en una amargada?

Al día siguiente, se despertó sobre las nueve, muerta de sueño, pero sin conseguir dormir más. Así que se levantó y desayunó unas tostadas con mermelada, acompañadas de un zumo de naranja. Todo ello lo tenía guardado en su nevera, y prefirió comer en su habitación que bajar al comedor… No le apetecía ver a nadie.

Había quedado para entrenar con sus compañeras de equipo a las diez y media, por lo que todavía tenía tiempo. Así que le puso ropa de deporte y bajó al gimnasio, con la intención de nadar un poco en la piscina.

Al ser domingo, y tras una noche de fiesta, el gimnasio no estaba demasiado concurrido. Tan solo un par de maestros estaban haciendo bicicleta estática, y otro estaba en la zona de pesas. Misty agudizó la vista y observó que se trataba de Davis. Le extrañó que se hubiera levantado tan temprano.

Así que desvió su camino y se acercó a él.

-¡Qué pronto te has levantado!—exclamó Misty, situándose frente al muchacho.

Él la miró y esbozó media sonrisa, pero no paró de hacer pesas. Cuando terminó la serie, lanzó un resoplido, a causa del esfuerzo, y saludó a la pelirroja.

-Buenos días—ironizó el chico—La verdad es que no he dormido muy bien, pero pensaba levantarme temprano y no me ha importado dormir poco.

Ella se sintió algo culpable. Pero no pensaba disculparse. Cogió una esterilla y la extendió en el suelo, para poder realizar unos cuantos estiramientos antes de meterse en la piscina.

-Siento haberte hablado tan mal ayer—dijo Davis, más humilde. Misty le miró con los ojos muy abiertos, ya que no esperaba una disculpa por su parte—Tenías razón, que tú no nos obligaste a quedarnos en la fiesta… Yo también me lo estaba pasando bien—la chica sonrió, conmovida—Aunque es cierto que fuiste un poco cabezota al final… nunca te había visto así, tan absurda…

-Es que tú no me conoces—musitó Misty—La verdad que este último año nos estamos haciendo bastante amigos—él asintió, sonriendo—Pero hasta ahora no habíamos tenido casi relación, y no habías tenido que aguantarme… pero yo soy así…

-¿Cabezota y orgullosa?—se burló él. Misty asintió, algo avergonzada—Bueno, no te conocía tanto, pero ya me parecía que un poco orgullosa sí que eres… Por tu manera de combatir, de esforzarte…

Misty no añadió nada, aunque se sintió halagada por esa última frase.

El chico procedió a realizar otra serie de pesas y Misty le miró desde el suelo, mientras estiraba piernas y brazos. Observó su brazo, delgado pero torneado, y bronceado… Al realizar el movimiento se le resaltaba más el bíceps y la muchacha se sonrojó.

¿Por qué les estoy mirando? La verdad es que este niño… es bastante guapo…

Misty se levantó antes de lo previsto y se despidió de él. Se sentía avergonzada… Había sentido algo extraño en su interior, algo que le dolía y le atraía al mismo tiempo… Y no quería permanecer más tiempo allí.

Se introdujo en la piscina con decisión y miró el reloj. Tenía cuarenta minutos, por lo que podría hacer unos ochenta largos, que suponían dos kilómetros. Nadó con todas sus fuerzas, tratando de no pensar.

El agua chocaba contra sus gafas de plástico, al tiempo que movía los brazos y las piernas con gran potencia. Si algo le apasionaba era la sensación de libertad que le producía nadar. En el agua se sentía rápida, fuerte e invencible.

No quería pensar.

Pero no podía evitarlo. Imágenes de los días anteriores llegaban a su mente como un puzzle desordenado. Veía los combates contra otros maestros, de los que había salido victoriosa al cien por cien, incluida la batalla contra Ash. Ambos estaban siempre muy equilibrados, pero sabía que al final, en las batallas importantes, terminaba perdiendo… Como cuando lucharon por quedarse con Togepi. Como en la batalla final para que Ash entrase en la Liga, el año que por fin venció. Como los dos últimos años en el torneo de Maestros… ¡Maldita sea! En esa ocasión debía vencerle…

Otras imágenes que acudían a su mente eran las fotos que le habían hecho, las portadas que había protagonizado, los eventos a los que había sido invitada durante los últimos días… Todo ello le hacía sentirse muy importante. Porque por fin, tras dos años como maestra pokémon, y once como líder de gimnasio, se le estaba dando mayor reconocimiento que a sus hermanas… Incluso en uno de los titulares del último reportaje que le hizo una prestigiosa revista pokémon se resaltaba "Misty Waterflower, la pequeña de las bonitas Hermanas Sensacionales, brilla con luz propia, estilosa, carismática e increíblemente bella". ¡Estilosa! ¡Bella! No era la primera vez que se señalaban sus atributos físicos, pero sí que era la primera en la que no iban acompañados de otros adjetivos que eclipsaban aquéllos, como "fuerte", "valiente" o "talentosa". Hasta entonces tenía una batalla pendiente consigo misma y con sus hermanas, y parecía que por fin se estaba haciendo eco…

También pensaba en Ash. Qué mal lo estaba tratando últimamente. Parecía mentira que unos meses antes hubieran mantenido una linda relación… Pero no podía obviarlo. Le quería, pero por otro lado sentía mucha rabia en su interior, una rabia intensa de recordarse a sí misma como una estúpida enamorada de un ideal… Ella siempre había amado a Ash, y había sufrido durante muchos años hasta que ese niñato se dio cuenta de que también sentía lo mismo… Y aquello le arañaba las entrañas… Necesita que Ash le demostrase que la amaba… que podría esperar por ella… que… que… ¡qué demonios! Lo que quería era que Ash sufriera como lo había hecho ella durante años… Y sabía que no era justo, pero no podía luchar contra aquellos sentimientos irracionales…

Cuando se dio cuenta, ya eran las diez y cuarto. Salió a toda prisa de la piscina, se dio una ducha rápida y se puso la ropa de nuevo. Corrió hasta la puerta que conducía a la zona de entrenamiento y sacó a sus pokémon de la pequeña piscina donde nadaban.

-¡Corre, que llegas tarde!—se burló Gary, apareciendo tras ella.

Misty se sobresaltó y le miró con ojos asustados.

-Tranquila, que no es para tanto—añadió el muchacho riéndose—Pero sí que están allí ya Dupli y Saratu…

Misty metió a tres de sus pokèmon en las pokébolas y las guardó en el bolsillo.

-Gracias, Gary, ahora voy para allá—dijo ella—¿También vais a entrenar vosotros?

-Sí, aunque he tenido que despertar con una bocina a Ketchum y a Richie—apuntó Gary, con una sonrisa maliciosa—No sé si estarán a la altura hoy…

Misty ocultó tras una tímida sonrisa su culpabilidad.

Especialmente cuando los dos nombrados aparecieron tras ella.

-Buenos días, loca—la saludó Richie, riéndose. Le revolvió el pelo con cariño—Ya te vale… gracias a ti casi no llegamos a casa…

-Bueno, pues vamos a entrenar y no perdamos más tiempo—intervino Ash, cortante.

A Misty le dolieron aquellas frías palabras como si fueran puñaladas.

Los tres chicos se despidieron y se dirigieron a una de las zonas de entrenamiento, una bastante alejada. No querían que nadie copiase sus nuevas tácticas.

Misty resopló y se dijo a sí misma que no podía entristecerse tras cada encuentro con Ash… Así que corrió hasta la zona de entrenamiento donde encontró a sus compañeras de equipo, que ya estaban realizando ejercicios de calentamiento con sus pokémon.

-Chicas, siento el retraso—se disculpó Misty, sacando de su pokébola a Golduck.

-No pasa nada, acabamos de empezar—dijo Saratu, con una sonrisa.

-Sí, pero cuanto menos tiempo perdamos, mejor—añadió Duplica. Ése año estaba más competitiva que nunca—Tenemos mucho por hacer.

Aquel año todos los maestros, incluso los más tranquilos, estaban más tensos y preocupados que nunca. La dinámica de sus ocupaciones anuales había sido modificada tras aprobar una nueva ley. Hasta entonces, cuando terminaba el torneo, los maestros quedaban divididos en sendos grupos, para realizar cada uno diferentes funciones. Seis meses después, tras la segunda convención anual, se realizaba un nuevo sorteo y se cambiaba de ocupaciones. De ese modo, todos los maestros iban pasando por todos los puestos de trabajo. Sin embargo, ahora varios maestros habían sido nombrados "coordinadores de zona" y "administradores de la liga", dependiendo la posición obtenida en el último torneo. En ese momento había cinco coordinadores de zona y dos administradores, que correspondían a los maestros que habían quedado primeros en el ranking. Su permanencia en sus respectivos puestos dependía de quedar de nuevo entre los siete primeros.

Misty estaba muy satisfecha de su trabajo y no quería perderlo. Además, se había acostumbrado a vivir en Ciudad Carmín… Si no quedaba entre los siete mejores maestros, perdería su puesto de trabajo, y quedaría relegada a maestra itinerante, y se pasaría el año cambiando de ocupación… Y como ella estaban también los demás maestros con puestos fijos.

Por el contrario, otros como Tom, Max o Davis, aspiraban a ocupar los primeros puestos y arrebatarle el puesto a alguno de sus compañeros… Se podía afirmar que la nueva metodología aumentaba la competitividad entre los maestros.

La única a la que no le afectaba el cambio por el momento, era a Saratu, ya que al ser la nueva maestra, quedase primera o última, debería pasar un año de prácticas itinerando por los diferentes puestos, para aprender.

Por ese motivo, los entrenamientos de los días sucesivos fueron muy duros. La mayoría de maestros se levantaba temprano, atendía a sus obligaciones, asistía a los eventos a los que eran invitados, entrenaba con su equipo y en solitario… Se trataba de una carrera de fondo que nadie quería perder.

Además, los ánimos de muchos de ellos no estaban demasiado elevados. Era el caso de Ash… Aquel miércoles lluvioso, a tres días del gran torneo, estaba entrenando con su equipo, pero los ataques y los movimientos no le salían tan bien como quería… Se estaba poniendo cada vez más nervioso, incluso llegó a gritarle de malas maneras a Charizard, algo que hacía muchos años que no hacía. El pokémon rojo lanzó una bocanada de aire y se cruzó de brazos, ofendido.

Richie se puso entre ambos y trató de mediar.

-Mira que estás despistado, Ash—le reprendió el muchacho—Charizard no comprende bien tus indicaciones porque titubeas y le lanzas órdenes confusas… ¿no te has dado cuenta? ¿Qué te pasa?

Ash se dejó caer al suelo y se sentó con las piernas y los brazos cruzados. Estaba harto de que nada le saliera bien.

-Creo que ni Charizard ni vosotros me estáis entendiendo—protestó el chico, ofuscado—He dicho al comenzar que haríamos el ataque 11 fuego.

-No, hemos dicho el ataque 11 dragón—intervino Gary, un poco harto—Te estás equivocando todo el rato…

-No me equivoco—insistió Ash.

-¡Da igual, como sea!—exclamó Richie, tratando de no perder la paciencia—La cuestión es que no estamos en lo que deberíamos estar, no sé si tú, Charizard… —el pokémon le miró con recelo—O nosotros… Quizá deberíamos hacer un descanso. Queda poco para el torneo y nos estamos poniendo muy nerviosos.

En ese momento, antes de que ninguno pudiera replicar, apareció Duplica y les lanzó una mirada burlona.

-¿Qué les pasa a los mejores maestros de Kanto?—preguntó, irónicamente—¡No puedo creerme que tengáis algún problema!

-No nos toques las narices encima—replicó Richie.

-Eso, tú a lo tuyo—añadió Ash, todavía desde el suelo.

-¿Ya habéis acabado de entrenar, las marisabidillas?—dijo Gary, con retintín.

Pero antes de que continuase con sus réplicas, Duplica se acercó a él, le rodeó el cuello con los brazos y le besó levemente.

-No te mosquees, tontín—le dijo ella, riéndose. Gary le miró con cara de bobalicón, y sus compañeros de equipo intercambiaron una mirada burlona; nunca habían visto a Gary tan… sumiso—Que sabes que te lo digo en broma.

-No me enfado—replicó Gary, con suavidad. Le dio un beso a su novia en la mejilla y se volvió hacia los otros dos—Pero será mejor que continuemos.

Ash se puso en pie y asintió con la cabeza. Pero Richie no se movía. Se había quedado pensativo, mirando al vacío. Duplica se acercó a él y le dio un codazo.

-¿Se puede saber qué te pasa a ti?—le preguntó la chica, guiñándole un ojo. Él despertó de su aletargamiento, y todavía se sintió más entristecido. Por un momento pensó que se acercaba para consolarle con un beso en la mejilla, como hacía antes… —Vamos, que por mucho que entrenéis este año solo podéis aspirar al segundo puesto.

-Eso es lo que tú te crees—le dijo Ash, poniéndose en pie de nuevo.

Ella les sacó la lengua y regresó por donde había venido. Ash lanzó una pokébola a la cabeza de Richie y él protestó.

Pero al menos reaccionó.

-¿Se puede saber qué te ocurre ahora?—repitió Ash.

-Nada—mintió Richie. Se sentía fatal, y no comprendía bien por qué—Vamos…

-Chico, en todas las convenciones te tiene que pasar algo—se burló Ash, metiendo el dedo en la yaga, de forma inoportuna, como era característico en él—Hace tres años estabas loco porque habías empezado a salir con Sandy y no te centrabas, hace dos estabas encabronado porque ella te había dejado, el año pasado…

-¿Te quieres callar?—le interrumpió Richie, muy molesto—Mira quién habla. Te recuerdo que desde que Misty está con nosotros en las convenciones tú no eres el mismo… Pierdes el culo por ella y todos lo sabemos… Ya te pasó en la primera en la que ella participó y te pasa en esta.

-¿Ahora por qué tienes que meter a Misty en la conversación?—inquirió Ash, avergonzado y ofendido—Ella es agua pasada.

-Sí, claro—ironizó Richie—Mira, si tú puedes herir yo también… Pero me voy a callar.

-¡Eso, callaros de una vez los dos!—exclamó Gary, exasperado—Si vamos a estar perdiendo el tiempo me voy a descansar. Parece que ningún año acierto con el equipo que formo…

-Es que nosotros no somos solo un equipo—dijo Richie, mirando a Ash, con cara de arrepentimiento—Somos amigos.

-Lo que sois es unos moñas—desdeñó Gary.

-Lo dices porque tú eres un amargado que nunca ha tenido amigos de verdad—se defendió Ash—Así que nunca vas a comprendernos…

Gary se sintió muy ofendido, ya que el fondo Ash tenía razón. Ellos, sus compañeros de equipo, eran lo más parecido a "amigos" que había tenido nunca.

No conocía la amistad. Estaba solo.

La reciente complicidad con Richie y Ketchum tan solo había sido un espejismo momentáneo.

Apretó los labios y se marchó. No quería entrenar más.

Ash y Richie se miraron con algo de culpa, ya que no pretendían ofender a Gary…

-Yo y mi gran bocaza—se lamentó Ash, resoplando.

-Venga, mañana será otro día—dijo Richie, golpeándole la espalda con camaradería—Estamos cansados y decimos cosas que no sentimos.

-Vale, vamos a cenar fuera, ¿ok?—sugirió Ash.

-Muy bien—accedió Richie, recogiendo su pokémon.

Cuando estaban a punto de salir por la puerta, se toparon con Max y Tom. Todos se saludaron y charlaron un poco acerca de los entrenamientos… Estaba visiblemente nerviosos… Así que Max propuso que salieran a cenar los cuatro juntos, y a los demás les pareció una idea excelente. Lo cierto era que desde que Ash y Misty habían roto, Max se encontraba en medio de ambos… y nunca sabía cómo acertar… Le alegraba poder pasar un rato con Ash, y a él también.

Entretanto, Davis salía del gimnasio, ya que se había quedado media hora más entrenando junto a sus pokémon… Cuando se dio cuenta, sus compañeros de equipo se habían marchado sin él… El muchacho se sintió algo decepcionado, aunque se le pasó en cuanto vio que la señorita Waterflower se acercaba a él, sonriendo. Ella llevaba una camiseta ancha y un short vaquero, ropa muy cómoda para entrenar… Y estaba muy guapa.

-¿Has visto a Duplica?—le preguntó la chica.

-No, acabo de salir del gimnasio—dijo Davis—Estaba buscando a Tom y Max, pero me acaban de mandar un mensaje diciendo que se han ido a cenar… podían haberme esperado…

-Ya, yo también me he quedado colgada—protestó Misty—He salido más tarde de entrenar, y Duplica se ha debido ir con Gary… Y Saratu tenía una entrevista para la tele…

-Sí, me lo ha dicho antes—explicó Davis, sonriendo—La pobre estaba un poco nerviosa…

-¡Normal, yo aún me pongo nerviosa con esas cosas!—exclamó Misty, riéndose—Y eso que ya debería estar acostumbrada…—el estómago le rugió, pidiéndole algo de ingesta—Será mejor que vayamos a cenar…

-Sí, claro—dijo Davis.

Ambos se dirigieron a la cocina y se prepararon dos bocadillos enormes con ingredientes variados: hamburguesa, cebolla, tomate, beicon, queso… y todo lo que encontraron. El comedor no estaba demasiado concurrido, pero el ambiente estaba muy cargado a causa del calor, así que decidieron salir al jardín a tomarse la cena.

Se sentaron sobre un banco, con tal mala suerte que empezó a llover justo cuando estaban a punto de hincar el diente. Misty salió corriendo, tapando su bocadillo, y se refugió bajo un toldo. Davis le siguió y se colocó junto a ella. Ambos se echaron a reír y se sentaron en el suelo para poder empezar a cenar, viendo caer la lluvia.

Misty apoyó la cabeza en la pared y resopló. Entrenaba, combatía, se dedicaba por entero a los pokémon… Ahora mismo se estaba riendo a carcajadas… Pero algo fallaba.

Sabía que no era feliz.

Davis la miró con pena.

-¿Qué te pasa, Misty?—le preguntó, aunque ya imaginaba la respuesta. Ella evitó mirarle y negó con la cabeza—Sé que te pasa algo…Aunque no hemos sido grandes amigos en el pasado, te voy empezando a conocer… Estás triste… y ya sé por qué…

-¿Por qué crees, si puede saberse?—replicó ella, a la defensiva—Soy una de las mejores maestras de Kanto, y estoy muy satisfecha de lo que he conseguido. Me encanta mi trabajo, tengo muchos amigos y maravillosos pokémon… ¿qué más puedo pedir?

Davis entornó los ojos y emitió una risita sarcástica. Qué chica tan terca. Jamás admitiría que estaba triste y preocupada… Y de esa manera no podía ayudarla.

-Claro, había olvidado con quién estaba hablando—ironizó él—Con la gran maestra pokemon, coordinadora de zona, antigua líder de ciudad Celeste…

Misty se echó a reír. Debía reconocer que a veces podía resultar muy pedante.

Pero no quería responder. Porque en realidad no comprendía muy bien el extraño sentimiento de vacío que estaba experimentando en los últimos meses… Se trataba de un sentimiento apático, carente de ilusión… Y no se limitaba únicamente al periodo de tiempo en que llevaba sola, sin Ash… Aquella sensación había comenzado bastante antes de su ruptura… Achacar su tristeza a la ruptura con Ash suponía una conclusión demasiado simplista…

Últimamente, trataba de ponerse grandes metas a nivel profesional, destacar más que nadie como maestra, convertirse en la entrenadora más competente, famosa y deseada… Pero con todo ello, no se sentía satisfecha a nivel personal.

Algo fallaba…

-Bueno, en realidad sí que eres buena maestra—continuó Davis—Para mí, de las mejores… —sonrió con picardía—Pero no te lo creas mucho…

Ella sonrió de medio lado. Que era buena maestra era algo evidente.

Pero eso ahora no le importaba…

-Dime, Davis—le dijo la muchacha, con la mirada algo perdida. Le avergonzaba continuar con la frase, pero debía hacerlo—¿Tú sabías de mí antes de conocerme en persona en la convención?

El chico se echó a reír. ¿Qué clase de pregunta era aquella? Esa muchacha era más rara de lo que había supuesto.

-Claro, te vi muchas veces por la tele, combatiendo—reconoció Davis, sin borrar su sonrisa. Ella le miró halagada—Y hasta tenía un cromo con tu cara…Bueno, en realidad eran de mi hermana pequeña…

-¿De tu hermana?—se decepcionó ella—¿Tú no coleccionabas los cromos?

-No, lo hacía mi hermana—le explicó Davis—Ella se coleccionaba el álbum de cromos de pokémon, y tú aparecías como la líder de ciudad Celeste.

-¿A ti no te gustaba?—preguntó Misty.

-¿El qué, el cromo?—inquirió Davis, sin saber muy bien qué responder.

-No, hombre, el mundo pokémon—aclaró ella, impaciente.

-Sí que me gustaba, pero cuando tú eras la líder yo ya era mayor para coleccionar cromos—se justificó el chico, sin saber muy bien cómo acertar. Ella pareció conforme—Pero como te digo, tenía tu cromo… Me lo dio mi hermana porque lo tenía repetido…

-¿Y era el único cromo que tenías?—prosiguió la chica. Le hubiera agradado que así fuera…

-A ver, tía, no, claro que no—dijo Davis—Tenía varios de los repetidos… También tenía el de otros líderes y de algunos pokémon, pero si te sirve el que me gustaba más era el tuyo.

-¡Ahora no me hagas la pelota!—exclamó Misty riéndose. Aunque era eso lo que quería escuchar…

Hubo un silencio cómodo y continuaron comiéndose sus bocadillos. Lo cierto era que Misty había encontrado otro buen amigo, y estaba muy contenta. Con Davis se divertía mucho, tenían gran complicidad y además era un buen maestro. Agradecía que el muchacho hubiera formado equipo con Max y Tom, ya que de esa manera había tenido opción de conocerle mejor.

Cuando terminaron de cenar todavía llovía, por lo que optaron por quedarse un rato más a la fresca. Hacía una noche muy apacible, y todavía era pronto para acostarse.

-Oye, Mist, ya que estamos aquí de confesiones—dijo Davis. Ella le miró con los ojos muy abiertos—¿Me puedes contar por qué decidiste ser maestra pokémon? ¿Siempre te había gustado?

Ella lo meditó durante unos segundos y tardó en responder. Lo cierto era que cuando era muy niña sí que soñaba con ser maestra pokémon, concretamente especialista en pokémon de agua. Sin embargo, su herencia familiar le obligó a asumir el mando del gimnasio, básicamente por la ineptitud de sus hermanas mayores… Ella se sentía orgullosa siendo la líder del gimnasio, pero prefería viajar y sentirse libre… Además, quería demostrarles a sus hermanas que ella era la mejor, que no las necesitaba, que podía vivir sola.

Y lo consiguió.

Aunque en cierto modo nunca llegó a estar sola. Enseguida conoció a Ash y Broc, quienes se convirtieron en sus compañeros de viaje.

-Sí, siempre me gustó—dijo por fin ella—Aunque cuando conseguí que mis hermanas valorasen mi trabajo y reconocieran que yo era la mejor de las Waterflower en cuanto a los combates, se me quitaron un poco las ganas…

-Y te quedaste en el gimnasio—continuó Davis—¿Entonces por qué volviste a viajar años más tarde? ¿Te diste cuenta que no te llenaba lo de ser líder?

Misty resopló.

-Puede que sí—concluyó ella. No sabía si debía confesarle la verdad a Davis—Pero sobre todo… Sobre todo fue porque Ash había conseguido ser maestro y pasaba de mí. Y quería demostrarle que yo podía ser tan buena como él.

Davis la miró con sorpresa, no imaginaba algo así. Quizá podía considerarse una tontería… Pero ella tenía los ojos llenos de lágrimas. Como él había supuesto, el tema de Ash era algo delicado…

-Entonces, ¿decidiste emprender tu primer viaje para demostrarles a tus hermanas que eras mejor que ellas?—recordó Davis, con la voz ronca. Ella asintió con la cabeza, compungida—Y el segundo para demostrarle a Ash que podías ser tan buena o mejor que él…—ella bajó la cabeza, avergonzada—Entonces… ¿para cuando un sueño propio?

Misty se quedó estática. El chico le estaba clavando la mirada, esperando una respuesta que ella no podía darle.

La muchacha ocultó la cabeza entre las piernas. No podía mirarle. Solo quería llorar.

¿Cómo habían llegado a esa situación? Si estaban tan tranquilos hablando de fruslerías, como dos buenos amigos…

Pero Davis había señalado una cuestión importante…

Misty se hundió más y más. Davis le pasó un brazo por encima de los hombros, sintiéndose muy culpable. No pretendía ofenderla ni hacerle llorar. Conforme más la conocía, se iba dando cuenta de su vulnerabilidad tras aquella fachada de chica dura. Ella agradeció el gesto, pero no se sintió reconfortada… Por el contrario, se encontraba muy avergonzada. No quería que nadie descubriera sus verdaderos temores, y mucho menos que la vieran llorar…

Pero él tenía razón… ¿Para cuándo un sueño propio?


Sé que no os gusta lo que está ocurriendo aquí… pero prometo que os compensaré… :P quién no pueda superar todo esto, le recomiendo que vaya directamente al último capitulo… que acabará bien… ¿o no? Jiji

Muchas gracias por los comentarios y perdonad la tardanza! He tenido unos días complicados y tengo esto algo abandonado. Lo siento!

Contesto uno a uno (espero no dejarme ninguno):

Red20: gracias una vez más por tus reviews tan extensos y analíticos… viste que misty aun no sabe de Giselle, habrá que esperar para ver cuando se entere… aunque por este cap, parece que misty no ha estado muy pendiente de ash, no? Ya veremos qué pasa jejeje…hay demasiados personajes confusos jugando su papel! gracias y saludos!

Eli: ya viste que es probable que sí que estén sufriendo por amor… los galanes tambien lloran jejej, y ves, tenías razón en tus conclusones sobre misty, al menos davis ha llegado a la misma conclusión que tú…

Mei Deishi: gracias por tu review! Como ves si que es mejor leer las otras dos historias previas pero no hay problema si no lo haces, solo que algunas cosas no se entienden tan bien… espero que sigas leyendo y no decepcionarte!

Elphabalii: me alegra que entiendas a misty, por muuuy complicada que es esta mujer! Ojalá te siga gustando mi historia! Gracias!

Mistyket: gracias por tus comentarios! Estoy totalmente de acuerdo contigo en que Giselle dijo lo correcto, porque aunque Ash ha madurado mucho en el fic, aun es bastante presumido jejej. Sobre Misty también es mi personaje favorito, y en todas las demas historias ha sufrido mucho, pero ahora precisamente se está volviendo, como tú dices, en todo lo que odiaba de ash, quizás, para demostrarse algo a sí misma, o lo hace de forma inconsciente… ya veremos ;) la cuestión es que misty debe reencontrarse consigo misma para poder ser feliz de nuevo… y sí, te vas a enjar mucho con todo lo que pasará a continuación… jejejje espero q no por ello dejes de leer!