Nota del autor: primero, pido una disculpa pues, este capítulo es el primero (y espero que también el último) que publico yo fuera de un horario establecido por mí mismo.
Segundo, más de uno me ha dicho acerca de la poca duración de mis capítulos. No es necesario que me lo digan. Ya se. Solo que más de una vez intente hacer capítulos de larga duración que resultaron en desastre. Y no solo yo, mucha gente también queda pues... inconexo, (¿si se dice así?). Podemos resumir que un capítulo corto es la forma de escribir más estable para mí. Y ya no los aburro con tonterías, preparen que aquí viene lo bueno (como vieron en el nombre del capítulo (Ya mejor me callo)):
Capítulo 6: Con las patas en la masa.
Un día más en la gran ciudad de Zootopia, iniciaba, con la brisa cálida que recorría las calles. En la ZPD el trabajo ya tenía rato de haber iniciado. Y Nick lo sabe.
-No tendría cabeza si no estuviera pegada a mi cuello- dijo para sí mismo al entrar por las puertas.
-Hey, ¿tarde otra vez? No sé cuánto sobrevivirás si sigues así- Garraza en esta ocasión estaba disfrutando de unas galletas que al zorro llamaron la atención –¿gustas probar?
-Claro que si- dijo mientras tomaba una para probarla -¿son nuevas? ¿Dónde las compraste?
-Si, son caseras. Un lobo que vive en Tundratown las hace. Y tiene un local por el que paso de camino a mi casa. Si quieres te traigo una caja.
-No quisiera abusar de tu amabilidad.
-Por favor. Yo insisto.
-Bueno. Pero ya me voy que si no me van a poner...- dijo previendo una situación donde Judy estaba usando su piel como abrigo –Es un gusto hablar contigo.
Justo cuando ya iba a llegar a la puerta se encontró con su compañera, que le estaba dedicando una mirada que podría ser considerada por algunos como... perturbadora.
-Nicholas Wilde. Me prometiste que no llegarías tarde otra vez- dijo con un tono de voz nada alegre.
-Zanahorias, pido piedad. ¿Cómo haremos hoy de este un mundo mejor?
Un poco más calmada respondió –tendremos que regresar a Tundratown. Que ayer nos distrajimos y no investigamos nada.
-Tienes toda la razón
Después del viaje llegaron a Tundratown, el número 235 de la calle Nevada. Nick fue quien tocó el timbre esta ocasión.
-Esta abierto- respondió una voz masculina desde el interior de la vivienda.
Abrieron la puerta y procedieron a entrar. Justamente ahí fue que se encontraron a Canuto López con las patas en la masa. Literalmente.
-Si se preguntan, esto es masa para galletas. Desde hace poco que las vendo. El otro día un compañero suyo me compro varias cajas, no es mal negocio.
-Permítame decirle, señor que sus galletas son muy buenas- respondió Nick, recordando lo acontecido más temprano el mismo día.
-Muchas gracias oficiales. Y díganme, ¿qué los trae por aquí el día de hoy?
-Pues como recordará, estamos investigando el caso de la señora Osuna. Y pues como es usted el único que parece conocerla, venimos a hacerle unas preguntas- dijo Judy
-Por supuesto, cualquier cosa. Tomen asiento, por favor.
-Muy amable, gracias. Díganos, ¿cuánto tiempo tiene desde que la última vez que la vio?
-Desde la ultima vez hasta que vinieron ustedes pasaron no más de cinco días.
-En su expediente dice que es desempleada. ¿Conoce usted cuales eran sus medios de subsistencia?
-Desde que la conozco ella no trabaja, solo sale a sus compras y eso. Ella ahorró su dinero y pues de los intereses vive o algo así. La verdad es que no sé muy bien como funciona eso de los bancos- Judy anotaba lo más importante en su libreta con la pluma que todos conocemos.
-¿Y cómo es ella, de su personalidad?
-Bueno, cuando me mudé aquí al inicio la note como tímida, pero después ya me saludaba. Marinita no es alguien que socialice mucho que digamos. Nunca he visto que hable con otra gente.
-¿Cómo era su relación con ella?
-Pues somos amigos, pero pues la verdad es que...- las mejillas del lobo empezaron a enrojecer, dando a notar un poco lo que estaba por decir –ella siempre me pareció una belleza, pero nunca le he dicho, ni nada. Para mal mío, solo somos amigos.
Hubo un momento de silencio. Pudieron esperar muchas situaciones para ese día, y de todas esta era una de las menos probables.
-Bien. ¿Hay alguna otra pregunta?
-Si, la hay.
-Pues venga.
-¿Cómo fue la última vez que la vio?
-Bueno, fue el miércoles pasado y...
Segunda nota: pues bien. Nada más para molestar dejare el capítulo hasta aquí. Ahora tendré un lugar más horrible en el infierno. ¿Se lo esperaban? Díganme que les pareció y no olviden que hay un dicho que dice "El que no habla, es porque está mudo"
