Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen –ai

–Diálogos.

"Pensamientos."

Para Senshi Hisaki Raiden.

EL GUARDAESPALDAS

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

&&&KaiTakao&&&

Eran las siete de la tarde y Takao no paraba de dar vueltas en el comedor. Hitoshi lo miraba sin perderlo de vista.

–Tarda mucho –dijo con nerviosismo el menor, sin dejar de dar vueltas.

–Es normal –le habló su hermano con seriedad. Estaba enfadado con Takao, porque sabía perfectamente que Kai lo deseaba antes que a él. No entendía que tenía su hermano que no tuviera él.

–Creo que voy a mirar cómo va –iba a dar un paso, cuando su hermano lo detuvo.

–Quieto ahí –le ordenó.

–Pero Kai lleva mucho tiempo encerrado en el cuarto de vigilancia.

–Tiene que mirar todos los videos de vigilancia desde el mismo día en que comenzaron a llegar las cartas. Son muchos meses y muchos días, así que intenta calmarte y siéntate de una vez.

–No me da la gana de calmarme. –le dejó claro–. Un tío que está loco, quiere conseguir algo de mí y no sé lo que es –le comentó con euforia, pero sin gritarle. Se cruzó de brazos por la ansiedad que sentía, no podía estarse quieto aunque lo intentara–. Quizás pueda ayudarle de alguna manera.

–Pidió no ser molestado. Se lo dijo a papá esta mañana bien temprano.

–Mn... –estudió la voz y los movimientos fáciles de su hermano–.Te noto enfadado hermanito. Tu cara de ogro gruñón no me dice otra cosa.

–Te equivocas –su ceño estaba fruncido y su mirada era fría. Sólo desviaba la mirada para no mirar directamente a su hermano.

–Como si no nos conociéramos de sobra.

–Déjame en paz.

–Faltaría más, guarda secretos. –le acusó-

–Takao –alargó el nombre, eso le estaba molestando. Cada palabra que le iba dirigida ya le molestaba, estaba tan celoso que ya sólo veía a su hermano como rival y no cómo lo que era.

–¿Por qué me tratas así?

–Tú siempre lo haces conmigo. Ahora aguántate y cierra tu boca. Me das dolor de cabeza.

–¡Pues si te doy dolor de cabeza me voy!

–¡Eso es, vete de una vez! –le animó.

Takao empezó a salir del comedor. Aprovecharía que se había separado de Hitoshi para ir a ver a Kai. Se sentía extraño al no tenerlo constantemente siguiéndolo de un lado para otro, ahora sentía que algo le faltaba. Con pasos decididos, se dirigió al cuarto de vigilancia. Tocó un par de veces la puerta, esperando a que Kai le contestase. En lugar de escuchar su voz la puerta, se abrió, dejándole ver a un bicolor.

–Hola –le saludó indeciso y con timidez–. Me preguntaba si te apetece comer algo. Llevas encerrado aquí casi todo el día y no te he visto salir –el sonido que emitió el estómago de Hiwatari lo delató a pesar de su silencio–. Tienes hambre.

–Afirmativo. –contestó, ya que la evidencia le había delatado.

–Si quieres puedo traerte lo que quieras.

–Ya se lo he pedido a Gustuv.

–A Gustuv. –repitió, al caer en la cuenta de que tenían mayordomo.

–Afirmativo –tras unos minutos en silencio, el bicolor decidió hablar–. Tengo que seguir.

–Claro, lo entiendo.

Takao vio cómo poco a poco la puerta se cerraba frente a sus ojos. No pudo evitar que un pequeño suspiro escapara de sus labios. Con cuidado acercó su palma derecha a la superficie de la puerta. Sabía que Kai estaba al otro lado y eso le hacía sentir de muchas formas distintas; feliz porque estaba ahí, preocupado porque Kai no había comido nada en todo el día, nervioso cuando le hablaba, triste al sentir que no le hacía falta su ayuda y podía vivir sin él perfectamente.

Deseaba estar en esa habitación con él, aunque fuera discutiendo u observándolo en silencio. Retiró lentamente la mano con pesar y empezó a caminar por el pasillo. Iría a la cocina para decirle a Gustuv que ya se encargaba él de llevarle el pedido. Una vez que llegó a la cocina los cocineros empezaron a mirarle en silencio.

Gustuv se adelantó a preguntarle– ¿Desea algo, señorito? –le preguntó, acercándose a él. Takao se fijó en cómo uno de los cocineros preparaba un sándwich de jamón york y queso.

–¿Para quién es Gustuv? –le preguntó mirando el sándwich.

–Es para el señor Kai.

–Ah. Y dime. ¿Qué más te ha pedido que le lleves?

–Sólo eso, señorito.

–¿Sólo eso? Eso no es comida. –Se susurró esto último– ¿Qué suele beber cuando le sirves?

–Una cerveza.

Takao enarcó una ceja–. Así que cerveza –negó con la cabeza mientras sonreía–. Gustuv, yo le llevaré la cerveza, el sándwich y... ¿le gusta la carne? –se le ocurrió preguntarle.

–Sí, señor –respondió.

–Pues un filete de carne con su guarnición, ¿entendido?

–Sí, señor.

–Bien –sonrió.

&&&KaiTakao&&&

Kai estaba de pie, con ambas manos apoyadas en el respaldo de la silla giratoria. No podía estar todo el día sentado o de pie, así que de vez en cuando cambiaba de postura para evitar que le dolieran después los huesos.

La habitación en sí no era gran cosa. Había 50 teles pequeñas que si las mirabas desde la distancia parecía una tele gigante, en las que se podía apreciar habitaciones de la mansión, los jardines, la entrada, etc. Se podía ver cómo los sirvientes hacían sus quehaceres en cada una de ellas. De noche no había ningún problema a la hora de captar las cosas, ya que eran infrarrojas. Un gran panel de control era indispensable para ese equipo. Colocadas justo en frente había dos sillas giratorias, una de las cuales cogió Kai.

Esas cámaras se encargaban de grabar todavía, así que el bicolor no podía desactivarlas. A la derecha de las sillas había una mesa con cuatro teles, más grandes que las anteriores, de las cuales podía hacer uso. Claro estaba que como el joven de ojos color carmesí era uno solo, una tele era la única que estaba encendida por ahora. Más a su derecha había un sofá de color rojo, imaginaba que sería por si alguno de los guardias que trabajaban hace tiempo allí, decidía dar una cabezada. Casi al lado del sofá estaba uno de los interruptores de la luz y después la puerta.

Los ojos del joven miraban minuciosamente las escenas en las que se podía apreciar como el cartero dejaba las cartas a uno de los sirvientes. En las demás escenas en las que no aparecía nadie, decidía no darle mayor importancia y pasar la cinta hacia delante. Tenía que ver muchísimas cintas y quería hacerlo en el menor tiempo posible.

El señor Shibure le había dicho que el cartero era hombre de confianza, ya que era un hombre que él conocía personalmente desde que era niño. Pero aún así él decidía no perder detalle por si las moscas. Cogió el mando que estaba sobre la mesa y empezó a pasar la cinta. En ese momento escuchó cómo tocaban la puerta. Le dio al botón de Stop y con el mando en la mano decidió abrir la puerta.

Ante sus ojos vio de nuevo a Takao, esta vez con una bandeja llena de comida en las manos.

–Hola. Aquí tienes la comida.

–Yo no he pedido est...

–Lo sé –se adelantó a decir–, lo he pedido yo. Para ti. Lo último que necesito es a un guardaespaldas debilucho, así que comételo todo y disfruta de la cerveza –le extendió la bandeja la cual Kai aceptó. Takao se dio media vuelta, quería estar con Kai, pero ¿qué iba a hacer? ¿Adorarlo mientras comía? Así que empezó a caminar.

Kai se le quedó mirando. Juraría que Takao quería estar con él. Quizás se sentía desprotegido ahora que sabía la verdad, en cualquier caso, su padre estaría con él y también su hermano Hitoshi. Ellos no lo dejarían solo y no creía que Takao fuera capaz de escapar, después de la reacción del otro día. Incluso ahora no se metía con él. Miró el plato lleno de comida, sonrió al recordar lo que hacía solamente unos instantes, Takao le había dicho. Se preocupaba por él y eso le hacía sentirse querido. Entró a la habitación y cerró la puerta, dispuesto a empezar a comer.

&&&KaiTakao&&&

Eran las diez y media de la noche cuando Kai sintió un pequeño golpe en la puerta. Paró el video y se dispuso a abrir la puerta. Al hacerlo se dio cuenta de que no había nadie, hasta que sintió cómo algo chocaba en sus piernas. Miró con rapidez hacia el suelo, para ver cómo Takao había caído sobre sus piernas, de espaldas.

–¿Takao?

El nombrado se puso rápidamente de pie–. Lo siento, no creía que fueras a abrir la puerta.

–¿Qué haces aquí? –le preguntó curioso.

–Nada, simplemente estaba apoyado en la puerta –le dijo intentando quitarle importancia al asunto– ¿Has averiguado algo?

–No mucho.

–¿Puedo pasar?

–Estás en tu casa– se hizo hacia un lado permitiéndole pasar.

–Sé que estás ocupado. Sólo he venido a proponerte algo –miraba interesado la pequeña tele en la que se veía una imagen congelada–. Verás –se dio media vuelta–, quiero ayudarte.

–¿Ayudarme?

–Sí –le contestó, viendo que el bicolor dudaba–. No sé, haré lo que me digas. Puede que sea un ricachón, pero no soy un inútil y si me necesitas para buscar algo en esos videos, lo haré. O si quieres que me quede aquí callado y sentado lo haré. No te molestaré. Tú decides.

–Seré franco contigo, me haría falta un poco de ayuda con los videos para terminar cuanto antes. Si hay alguna pista en ellos, quizás podamos atraparle. –le informó.

–Bien –cogió una de las sillas giratorias– ¿Qué tengo que hacer?

–Avisarme si ves algo. Cualquier cosa en las imágenes de cinta, incluso cuando el cartero llegue al portón –especificó– ¿entendido?

–Sí –se sentó en la silla, viendo como Kai metía una cinta en otro video. Una vez hecho esto, el bicolor tomó asiento en su silla y siguió viendo su propio video.

&&&KaiTakao&&&

Takao estaba intentando mantenerse despierto mientras veía el video. Kai lo observaba de reojo con rapidez. Su cinta pronto llegó a su final, así que la sacó para poner otra.

Miró con disimulo su reloj de muñeca. Era muy tarde y no le extrañaba que el joven de cabellos azules estuviera luchando por no cerrar los ojos.

–Es muy tarde, creo que deberías irte a descansar.

Takao abrió los ojos como platos al escucharlo hablar–. No estoy cansado –dijo en su defensa para terminar la frase con un bostezo.

–¿Y eso qué ha sido?

–Es que la cinta es aburrida. –argumentó.

–Ya sólo me quedan cinco videos, pero si quieres quedarte yo no te lo voy a impedir.

–Ujum –contestó intentando que sus ojos permanecieran abiertos. Quería quitarse ese espesor de los ojos, así que empezó a restregárselos con una sola mano.

No pasaron más de diez minutos, cuando Kai miró de nuevo de reojo al joven de cabellos azules para darse cuenta de que se había quedado dormido, con la cabeza hacia atrás, apoyada en el respaldo de la silla. Kai aprovechó el momento para parar ambos videos.

–Takao –le llamó suavemente, pero no recibió respuesta. Únicamente escuchaba el respirar tranquilo del menor. Con sigilo se puso de pie, echando la silla hacia atrás. Como pudo cogió al moreno de piel en sus brazos, dejándolo delicadamente sobre el sofá. Takao se veía realmente atractivo y parecía un ángel. Vio cómo el vello del menor se puso ligeramente erizado, así que empezó a quitarse la chaqueta. No podía dejar que pasase frío.

Se arrodilló en el suelo y admiró el rostro angelical a la vez que le tapaba los brazos con la chaqueta, vigilándolo para que no se fuera a despertar. Ese rostro le pedía a gritos que lo tocase, así que con su dedo índice y una mirada de ternura hacia el chico que dormía, empezó a pasar la yema de su dedo por la suave mejilla morena. En ese momento las palabras de Hitoshi se le hicieron presentes en su memoria.

No creas que no me he fijado en como tus ojos miran los suyos. Lo deseas, estoy seguro.

"Siento algo más que deseo por Takao, Hitoshi", sonrió con tristeza al pensar que jamás tendría a ese niño. "No pienses en eso ahora, tienes que centrarte en el trabajo." Se reprochó "¡Sólo en el trabajo! Cada día que pasa me cuesta más pensar sólo en eso", reconoció.

Takao sentía inconscientemente cómo la mejilla le picaba, así que empezó a mover su brazo, hasta finalmente rascarse la mejilla.

–Siento algo mucho más fuerte por ti –le susurró el mayor, para finalmente ponerse de pie y sentarse de nuevo en su silla. Antes de poner el video de nuevo, miró hacia el moreno de piel, para comprobar que seguía soñando.

&&&KaiTakao&&&

Sus ojos se abrieron lentamente, estaba en un lugar conocido, pero no era su habitación. Su mirada se paseó por toda esa habitación, hasta dar con un bicolor que permanecía muy atento a un video. Sintió que su cuerpo estaba tumbado, ¿cómo había llegado hasta el sofá? No lo recordaba, al parecer se había quedado dormido y no recordaba en qué momento fue.

Intentó incorporarse y se dio cuenta de que una chaqueta caía sobre sus piernas. Comenzó a estirar los brazos para desperezarse. Al sentir el suave ruido que producía los movimientos de Takao en el sofá, decidió darse la vuelta para echarle un vistazo y lo vio estirando los brazos.

–¿Has dormido bien? –le preguntó Kai.

–¿Por qué has dejado que durmiera? –le reprochó, poniéndose de pie.

–Estabas cansado –le contestó con evidencia.

–No, no lo estaba –se cruzó de brazos indignado.

–Eso ya da igual.

–A mí no me da igual.

–No seas orgulloso. –le pidió.

–No lo soy –miró hacia las cincuenta cámaras de vigilancia, específicamente la que grababa el portón– ¿Qué están haciendo? –le preguntó al ver como tres hombres arrancaban el arbusto que estaba a la salida de la mansión.

Kai miró hacía la cámara del portón– Quintando esos arbustos.

–¿Por qué? ¿Y qué hace toda esa gente? –preguntó al ver cómo ahora aparecían muchos hombres con guantes y bolsas.

–Son policías. Están peinando la zona, intentan encontrar alguna pista que nos pueda ayudar.

–¿Has encontrado algo en esos videos?

–En uno de los videos se veía claramente como un guante asomaba de entre los arbustos, por eso he dado la orden de quitarlo. Tu padre ha dado su consentimiento. No quiero que vuelva a esconderse allí. –le explicaba, para volverle a mirar.

–Bien pensado –le felicitó, acercándose por su espalda, apoyando sus manos en el respaldo de la silla– ¿Qué es eso? –le preguntó a Kai al ver cómo un guante asomaba de entre los arbustos. Hiwatari miró de nuevo hacia el video de la grabación.

Esta vez se podía ver cómo alguien salía de su escondite, cubierto por una capa y capucha, la cual no dejaba ver la cara de esa persona. Se veía cómo claramente sacaba del interior de la capa una carta y la dejaba en la esquina de la gran puerta de hierro. Un mechón de cabello rizado largo, se dejó ver por poco tiempo, ya que dando varias zancadas, se escondió de nuevo tras los arbustos.

Seguidamente, se vio cómo Takao se acerca a la puerta y ponía ambas manos sobre los hierros, a la vez que apoya su cabeza en las manos y miraba hacia abajo. Después sólo se agachaba a recoger la carta y se la escondió tras la espalda al ver que Kai se acercaba a él. El guante aparece de nuevo en los arbustos y ellos se van de allí. El sujeto aprovecha ese momento para escabullirse, en el preciso instante en el que la limusina de la familia Kinomiya quiere pasar a la mansión.

–¿Ha estado tan cerca de mí? ¿Cómo no me he dado cuenta? –preguntó Takao confundido.

–Porque sabe cómo moverse –le respondió Kai–, al menos tenemos un dato, es un chico.

–¿Estás seguro?

–Su altura no me hace pensar lo contrario –el móvil empezó a sonar, así pulsó la tecla de descolgar– ¿Diga?... bien, ahora voy.

–¿Te vas?

–Han encontrado una pista. –decía poniéndose en pie.

–¿Puedo acompañarte? –le preguntó al tiempo que veía como Kai cogía del sofá su chaqueta y se la ponía.

–Será mejor que te quedes aquí, por tu seguridad.

–Pero nada puede pasarme si tú estás protegiéndome.

–Hazme caso. Además, te estarán esperando para desayunar. –le recordó.

–¿Desayunar? –Miró su reloj comprobando que eran las doce de la mañana–. No creí que fuera tan tarde.

–Eran las cinco y media de la madrugada cuando caíste en un sueño profundo –le explicó, abriendo la puerta.

–¿Si hay noticias me las harás saber?

–Afirmativo –le contestó, para después darse la vuelta y mirarlo por unos segundos. La mirada del joven de cabellos azules era de preocupación. Claro que quería llevárselo con él, pero al parecer ese tipo era demasiado inteligente y no se fiaba de nada. Estaría más seguro dentro de la mansión, en manos de su hermano y padre.

&&&KaiTakao&&&

Uno de los policías que tomaban huellas se acercó a Kai.

–¿Y bien? –preguntó el recién llegado.

–Hemos encontrado esto –le enseñó una bolsita pequeña de plástico transparente con cierre, en la cual había un pelo rizado, color rubio.

–¿La habéis analizado? –preguntó interesado.

–Esperamos la respuesta del laboratorio –el móvil del chico empezó a sonar–. Un segundo –le dijo al bicolor– ¿Sí? Ajá... gracias –colgó–. Era del laboratorio, me acaban de dar los resultados. Es cabello sintético –Kai al escuchar eso frunció el ceño, esa pista ya no le servía de mucho.

–¿Eso qué significa? –escuchó Kai preguntar tras su espalda, haciendo que se diera media vuelta sorprendido.

–Takao, ¿qué te he dicho? –Le cogió del brazo–. No deberías estar aquí fuera.

–¿Me vais a responder alguno? –continuó Takao, haciendo caso omiso de lo que su guardaespaldas le decía.

–No hasta que te metas en la mansión –contestó Kai. Miró al chico policía– ¿Tenéis algo más?

–No, eso es todo por ahora. –respondió el otro.

–Si hay algún cambio, decídmelo cuanto antes. –avisó Kai.

–Sí, señor.

–Vamos dentro –le indicó a Takao. Empezó a caminar hacia la mansión con Takao cogido del brazo.

–¡Oye, no me tires del brazo! ¡Ay! –se quejó.

–¡Takao, no vuelvas a hacer eso, te pones en peligro! –le regañó.

–Lo siento.

–Dime para que has ido hasta ahí.

–Iba dando un paseo, he visto que los polis seguían ahí y que tú estabas allí y...

–¿Me estabas siguiendo? –preguntaba enfadado y a la vez confundido.

–¿Qué? No –se soltó él mismo con brusquedad del agarre–. Explícame que significaba esa prueba.

–Significa que ese tío es muy astuto. No sólo va cubierto con una capa, ha utilizado una peluca para evitar su identificación. No ha dejado huellas en las cartas y en los arbustos porque usa guantes. Takao, prométeme que si te importa alguien verdaderamente en este mundo, como tu padre y tu hermano, no saldrás de la mansión. Ni siquiera para abrir la puerta al cartero o ver cómo está el tiempo ahí fuera. Júramelo, esto es muy serio.

–Lo juro.

–Bien, otra cosa. No quiero que vuelvas a echar el cerrojo en tu habitación por las noches, ¿entendido?

–Pero, ¿por qué? –preguntó confundido.

–Tú sólo hazlo.

–Nº veintiuno. Me estás empezando a asustar con tus palabras y comportamiento.

–Hm... No es lo que pretendo. Sólo quiero coger a ese tío y podrás volver a seguir con tu vida normal, ¿vale?

–Claro.

–Me has vuelto a llamar nº veintiuno. –cayó en la cuenta.

–Porque tú siempre serás el nº veintiuno en todo –le sacó la lengua con motivo de burla, mientras empezaba a correr hacia la mansión.

Kai se pasó ambas manos por los cabellos, viendo cómo el moreno se alejaba corriendo hacia el interior de la mansión.

"Ojalá que no se atreva a intentar tocarte, porque si no, soy capaz de matarlo", intentó tranquilizarse, aunque esa última carta no le daba muy buena espina.

"Muy pronto nuestros destinos se cruzaran y entonces serás mío"

El mensaje parecía ser demasiado claro. Estaba seguro de que intentaría raptar a Takao muy pronto y si no era en la calle, ya que Takao no podía salir, sería en la mansión. La pregunta era cuando y porqué. A saber lo que se escondía en esa mente retorcida. Todavía tenía muchas cosas que resolver. No tenía todavía una pista del sujeto y eso le hacía preocuparse muchísimo.

&&&KaiTakao&&&

El viento azotaba con fuerza las ventanas, empezaba a llover aunque él no se había dado cuenta. Estaba tan cansado por haber pasado la noche anterior en vela, que ahora estaba en un profundo sueño. Tanto, que ni siquiera escuchaba el sonido de la lluvia golpear la ventana o en el suelo.

Ni siquiera un disparo sería escuchado en esa noche, por culpa de la intensa lluvia. Ni siquiera el romper delicado de un cristal. Un guante negro estaba realizando junto con su pequeña herramienta, un trabajo cuidadoso. Una circunferencia en el cristal le daría la oportunidad de poder meter la mano por el pequeño agujero, para poder abrir el cerrojo que le impedía abrir con libertad la ventana.

Un pequeño clic, le indicó que de un solo empujón, podría abrir la ventana y entrar a esa habitación. Con cuidado, apoyó los pies en el suelo, agachándose en el mismo. Nadie lo distinguiría puesto que estaba cubierto por el color negro de la noche y ni siquiera su rostro daría señas de quien se trataba. Metió con lentitud una mano en su bolsillo, buscando una pequeña linterna.

Una vez que la sacó fuera, pulso el botón, encendiéndola, mientras enfocaba el suelo. Poniéndose de pie, empezó a subir la trayectoria de la linterna, enfocando una cama, para seguidamente ver un cuerpo dándole la espalda. Un simple paso le sirvió para comprobar que se trataba de su más hermoso sueño. Takao estaba completamente dormido y no se había enterado de nada.

En su cara se plasmó una sonrisa, la cual iba pareciendo retorcida al tener pensamientos algo impuros en su mente. Escuchaba su propia respiración, nerviosa y rápida. Aprovecharía esa noche para hacer lo que siempre había soñado desde que vio por primera vez al joven de cabellos azules en la televisión.

Lo raptaría y lo haría suyo. Serían tan felices juntos... Metió una mano en su bolsillo trasero de su pantalón, sacando un pañuelo blanco. No tenía iniciales grabadas, era muy sencillo. Estaba mojado con un líquido que lo haría dormir por mucho tiempo. Se acercó lentamente a Takao. Nada podía fallar, el deseo de tenerlo para el solo le desesperaba, pero eso sería recompensado cuando su Takao lo llenara de besos.

Tanto se acercó, que sentía el respirar tranquilo del moreno de piel. Con delicadeza acercó el pañuelo hasta la boca de Kinomiya. Éste al sentir algo raro, decidía entre sueños apartarse con su mano, lo que le hacía más difícil respirar. Empezó a intentar retirar lo que con delicadeza le hacía perder aire poco a poco, hasta que sintió algo raro, algo como... ¡una mano!

Abrió los ojos sorprendido intentando quitarse ahora con las dos manos esa mano que no le dejaba en paz. El hombre misterioso no contaba con que Takao se despertase. Así que para hacerlo más fácil, puso a Takao boca arriba y con agilidad se montó sobre la cama, poniéndose encima del moreno de piel con ambas rodillas sobre la cama, sin aplastarle. Con ambas manos hizo más presión, sintiendo cómo el menor temblaba e intentaba gritar desesperadamente.

–¡Mn! ¡mnn! –pataleaba, intentando hacer algo de ruido ya que no conseguía gritar.

–No te resistas –le susurraba– ¿Me has echado de menos, mi amor? –le preguntó mientras sonreía retorcidamente.

Takao se sentía mareado... apenas sin fuerzas... se estaba cansando de forcejear. En un último arrebato de fuerza, empujó la mano hacia otro lado. En ese momento aprovechó para gritar.

–¡Kai! ¡Kai!

–¿Qué haces? le preguntó el otro nervioso. Eso no se lo esperaba, no era lo que tenía pensado en su cabeza. Al escuchar un portazo cerca, decidió que era mejor la retirada. Le miró amenazadoramente– ¡Te mataré por esto! –dijo eufórico, antes de bajar de la cama, y saltar por la ventana.

Todo era muy rápido, Takao se quedó mirando esa ventana asustado, ese hombre había saltado por ella. Muy pronto Kai entró en la habitación dando un portazo. Takao sólo atinó a señalar hacia la ventana. Kai se asomó por ella con rapidez y gracias a la luz de un relámpago pudo ver cómo alguien bajaba por una cuerda.

Con rapidez, el bicolor cogió el primer objeto que tenía cerca, sin importarle de lo que se tratase. El ruido de un trueno asustó más aún a Takao, el cual empezó a sentir como su cuerpo temblaba más que antes al ver que su vista empeoraba y lo veía todo más borroso.

Kai por su parte aprovechó la luz de otro relámpago para ver cómo la silueta, acababa de terminar de bajar totalmente al suelo.

–¡Eh! –le gritó. El otro miró hacia arriba y echó a correr. Kai no dudó en hacer uso de su buena puntería y lanzarle el objeto. Escuchó el quejido del otro y vio cómo se caía al suelo al darle justamente en la espalda. Kai aprovechó ese momento para tirarse por la ventana y bajar cuerda abajo.

Fue en el momento justo en el que Hitoshi y su padre entraron en la habitación preguntando qué estaba pasando y porqué había gritado. Pero el menor de los Kinomiya estaba tan nervioso que sólo atinaba a llorar sin parar, asustándolo a los dos.

Kai tocó por fin tierra firme, viendo cómo el otro se levantaba del suelo y echaba a correr cómo podía, hacia la enorme verja. La figura que había lanzado por la ventana minutos antes, estaba hecha añicos, aunque eso era lo que menos importaba. Los truenos se hacían cada vez más presentes al igual que los rayos. La lluvia era cada vez más densa.

El que vestía igual que un ladrón, empezó a escalar cómo podía en la enorme puerta, ayudándose de los barrotes. Ese guardaespaldas del tres al cuarto le había dado en la espalda y le costaba más escalar. Kai empezó a trepar también, viendo cómo el otro le llevaba ventaja al saltar y estar ya en el suelo al otro lado de la verja corriendo.

–¡No huyas! –le gritó, aunque llevaba sus pistolas con él, no le estaba permitido usarlas a no ser que fuera en defensa propia. Si hería de muerte a ese mal nacido, nunca sabría porque le estaba haciendo esto a Takao. Necesitaba tenerlo vivo para torturarlo y machacarlo a su antojo.

La lluvia había creado grandes charcos en el suelo y no podían evitar mojarse al pisar con rapidez en ellos. Era muy tarde y no había tráfico, estaban los dos en las calles mojadas.

El hombre se paró a escasos metros de Kai para abrir la puerta de su coche y poder escapar. Pero enseguida sintió cómo Kai le sujetaba con fuerza del cuello, aunque no por eso dejó de abrir la puerta, impulsándola con el pie como podía para intentar abrirla de una vez.

–Ccgg.

Kai sentía cómo el otro se ahogaba pero eso no le importaba ahora, sólo intentaba alejarlo del coche, aunque el otro se resistía al agarrarse al respaldo de la silla del conductor con fuerza.

"Veamos quien eres", pensó Hiwatari. Cómo pudo le levantó la montañera. Su rival estaba haciendo demasiada fuerza y el sentir cómo le arañaba la mano para intentar soltarse, no era nada bueno. Kai optó por hacerle lo mismo–. A ver si te gusta a ti esto –con una de sus manos le dio un buen tirón de pelos, quedándose con varios en la mano. Acto seguido, el otro le dio un codazo en el estómago para liberarse de ese abrazo asfixiante. El blanquecino de piel como reflejo, le arañó el cuello antes de dar varios pasos hacia atrás. El otro aprovechó el momento para recoger su montañera del suelo y ponérsela en la cabeza, mientras entraba al coche y echaba el cerrojo. No tardó en arrancar el motor del coche y en meter la marcha–. No voy a dejar que te escapes así –Kai con los pelos en la mano, no dudó en ponerse de pie y en saltar al capó del coche, ya que había visto que el individuo echaba el cerrojo de la puerta.

Se agarraba como podía al coche, pero era realmente difícil, ya que se escurría con facilidad al estar mojado y el otro lo ponía más difícil al dar volantazos a gran velocidad, para intentar que Kai se cayera del capó.

Kai se fijaba en la mirada de ese hombre. Quería matarlo, no había duda. Sus ojos eran totalmente fríos y el pasamontañas no le dejaba ver la cara. Pero si podía ver como unas gotas de sangre resbalaban por su cuello, al no estar el pasamontañas bien colocado por esa zona debido a las prisas.

Un repentino giro hizo que sus dedos fallaran el agarre y saliera despedido hacia el suelo. Aunque cayó rodando, no soltó en ningún momento lo que era su única pista, mientras escuchaba el rechinar de las ruedas del coche al dar la curva.

–¡Mierda! –se quejó, finalmente había logrado escaparse de él.

&&&KaiTakao&&&

Takao llevaba más de media hora tirado en el suelo, apoyado en la pared, mientras su padre y su hermano intentaban desesperadamente meterlo en la cama, para que no cogiera un resfriado, ya que estaba en ropa interior. Su cuerpo temblaba y su mirada estaba perdida.

–Takao, métete mejor en la cama –le decía su hermano, intentando ayudar a su padre en estos momentos en los que se le partía el alma de ver a su hijo menor en ese estado. Simplemente Takao no los escuchaba. Tenía esos ojos metidos en su mente. Se abrazaba así mismo pero no encontraba consuelo.

Su padre intentó acercarse a él para acariciarle la cabeza, pero en cuanto Takao sintió ese contacto, inconscientemente empezó a retroceder con las piernas, sin despegar su hombro derecho de la pared.

–Hijo, no hagas eso, no voy a hacerte daño –decía muy preocupado, al ver cómo Takao rechazaba sus caricias.

–Me va a matar... me va a matar... me va a matar... –se repetía en voz baja una y otra vez, mientras empezaba a mecerse.

Shibure se arrodilló al ver como su hijo parecía no verles siquiera. Eso le hacía sentirse mal, y aunque el corazón amenazaba con fallarle de nuevo, no podía permitir caer ahora. No mientras Takao estuviera en ese estado. Ellos lo único que sabían es que Kai no estaba en esa habitación. Solamente se encontraron a Takao, solo en la habitación, llorando.

Habían pasado cuarenta y cinco minutos desde que Kai se había marchado. El sonido de unos pasos tras ellos, hizo que Hitoshi se dieran media vuelta.

–Kai –le nombró Hitoshi, viendo cómo estaba hecho una verdadera sopa. Kai miraba a su alrededor, no veía a Takao.

–¿Dónde está Takao? –Hitoshi se apartó, dejando ver a un Takao, sentado en el suelo, apoyando su cuerpo en la pared, con una manta encima.

–¿Qué le pasa a mi hijo? ¿Por qué no nos mira? ¿Por qué no deja que me acerque a él ni que lo toque? –le preguntó sin mirar a Hiwatari. Éste se acercó hasta Shibure, viendo más de cerca a Takao.

–Me va a matar... me va a matar... –se susurraba.

–No ha dejado de repetir eso una y otra vez –contaba Shibure.

–Puede que haya caído en un estado de shock. –contestó el bicolor.

–¿Pero qué ha podido pasar para que mi hermano gritara y se haya puesto así? –preguntó Hitoshi, intentando encontrarle alguna explicación.

Kai frunció el ceño–. Ese mal nacido ha estado aquí. Ha intentado llevarse a Takao –se fijó en las marcas rojas que tenía Takao en la boca–. Y creo que ha intentado sedarlo o drogarlo.

–¿Has conseguido atraparlo? –preguntó el padre, atónito ante lo que le contaba el guardaespaldas.

–No señor, pero no se preocupe, conseguí arrancarle unos cuantos cabellos y arañarle en el cuello. He enviado las pruebas a un amigo que trabaja en un laboratorio. Esta noche mismo, me dará los resultados y le juro que esa rata no conseguirá escapar de nuevo.

Takao lo veía todo confuso, tan pronto su visibilidad era clara como tan pronto los objetos que tenía delante hacían cosas raras.

–¿Qué podemos hacer para que mi hijo vuelva a la normalidad?

–Tiene que descansar. No estará en su sano juicio hasta que el efecto de lo que haya inhalado empiece a desaparecer –le explicaba. Se puso frente a Takao y empezó a mover los dedos de izquierda a derecha, comprobando así que su mirada seguía perdida–. Takao, ¿puedes oírme?

–Me va a matar...

–Takao, soy Kai.

–Snif...

Kai sufría de verlo así, así que le dio un puñetazo a la pared, haciendo que Takao reaccionara al ruido. Enarcó una ceja al ver esa razón–. Takao, Spokoynoy nochi!

Sus ojos zafiros lentamente empezaron a enfocar esa silueta– ¿Kai?

–Sí, soy yo

–No puedo verte bien, la cabeza me da vueltas. Quiero irme a mi casa. –confesó.

–Estás en tu casa. Voy a ayudarte a ponerte de pie y te meteré en tu cama.

–No, no quiero ir a mi habitación y menos a mi cama... hay más siluetas negras... me va a matar –decía poniéndose ambas manos sobre la cabeza.

–Son tu padre y tu hermano. Nadie te va a matar, ¿vale?

–¡Él me lo dijo! –aclaró.

–Necesitas descansar. –le decía con voz sedosa.

–No, si lo hago me mata –decía nervioso, pero ninguno esperaba que Takao se abalanzase contra Kai y lo abrazase–. No me dejes solo, tengo miedo. Llévame contigo –aferraba sus manos en el cuello del bicolor.

–Hijo mío –empezó a sentir cómo las ardientes lágrimas bajaban por su rostro, mientras él se tapaba la boca para no gritar de dolor. Hitoshi estaba preocupado, no sólo por su hermano, sino también por su padre. Le podía dar otro ataque al corazón, así que puso una mano sobre su hombro, para darle ánimos.

–Señor, con su permiso me gustaría llevármelo a mi habitación.

Shibure miró a ambos jóvenes–. Quiero estar con él –sentía cómo el nudo de su garganta cada vez era más grande.

–Intentaré convencerle para que se duerma. No quiere estar aquí por miedo a que ese hombre vuelva a entrar por la ventana. Tengo dos armas. –le dijo para intentar tranquilizarle–. Estaré toda la noche vigilando, no me dormiré –le aseguró–. Sé que lo que le estoy pidiendo es muy duro para usted en estos momentos, pero Takao mañana estará destrozado y necesitará el apoyo de los dos y francamente, si pasan la noche en vela para cuidarle, no creo que al día siguiente le sirvan de mucho.

–Papá, será mejor que hagamos lo que dice Kai. –habló Hitoshi al comprender las palabras de Kai.

–No podré dormir –le aseguraba a su hijo mayor.

–Ya lo sé, pero piensa que ahora Takao no nos reconoce y si nos ve, no querrá descansar. Yo iré a tu habitación, nos tumbaremos los dos en la cama e intentaremos calmarnos tomándonos una tila... es lo que mejor que podemos hacer en estos momentos –le ayudó a levantarse del suelo.

Kai decidió hablar con el menor–Takao, vamos a ir a mi habitación, ¿de acuerdo? –el otro únicamente asintió–. Vamos levántate –el otro hizo el intentó, pero su cuerpo no le reaccionaba como él quería.

–Todo me da vueltas. –le hizo saber.

–En ese caso, voy a llevarte en brazos –como pudo, se las ingenió para llevárselo en brazos hasta su habitación, dejándole encima de la cama, la cual estaba destapada, ya que en el momento en el que Takao gritó su nombre, estaba por acostarse.

–Kai... –le nombró Shibure, quien junto a Hitoshi, le había seguido–. Si sucede algo, lo que sea. Estaremos en mi habitación –le dijo, viendo cómo Kai arropaba a Takao con las sábanas.

–No se preocupe, señor –sacó ambas armas de sus escondites–. Una apuntara hacia la puerta y la otra hacia la ventana, aunque dudo que ésta noche vuelva a aparecer por aquí –anunció al recordar cómo estuvo a punto de atraparlo y cómo esa figura golpeó su espalda, cuando ese golpe se enfriara, le costaría hasta moverse.

–Bien –respondió. Tanto Hitoshi como Shibure miraron a Takao, quien parecía buscar como desesperado algo o a alguien.

–¿Kai? ¿Me has dejado solo? –preguntó el menor, aturdido.

Kai se sentó en la cama–. Estoy aquí.

–No puedo verte. –confesó.

–Estoy sentado en la cama, a tu lado. No me voy a mover de aquí.

Shibure no pudo evitar acercarse, iba a acariciar los cabellos de su niño, pero le daba miedo otro rechazo–. Buenas noches, hijo –sin más, tanto Shibure como Hitoshi se fueron a la habitación del primero, cerrando antes la puerta de la habitación de Kai tras de sí. Kai se levantó y echó el cerrojo de la habitación, así se daría cuenta si alguien intentaba abrirla.

–Kai. –le volvió a llamar el menor.

–Estoy aquí –se sentó de nuevo en la cama–. Intenta descansar, yo estoy aquí para protegerte –dejó las armas encima de la mesita de noche y se dejó llevar por sus sentimientos, empezando a acariciar tiernamente los cabellos azulados de Takao.

Takao llevó su mano hasta su cabeza y atrapó la mano de Kai, para agarrársela con fuerza– ¿Qué me ha hecho?

–Ha intentado dormirte, eso es todo –le explicaba, al tiempo que su cálida mirada examinaba exhaustivamente la cara del menor para ver si no le había hecho algún rasguño o algo más.

–Snif... ¿por qué me hace esto? –una pequeña lágrima brotó de su ojo sin llegar a finalizar su destino, ya que Kai se la limpió con el dedo pulgar, para empezar a acariciar esa cara asustada.

–No lo sé, pero te juro que pagará por ello. Intenta descansar.

–Tengo miedo de cerrar los ojos –pensaba que si lo hacía, no volvería a despertar.

–Si lo haces, podrás ver mejor. Esa sensación de mareo se irá, confía en mí. Una vez me hicieron lo mismo.

–¿Cómo sé que no va a venir e intentará hacer lo mismo? –preguntaba angustiado.

–Porque nadie es tan tonto como para volver a venir, estando yo aquí para protegerte. Cierra los ojos. –le animó de forma amable.

El cuerpo del moreno de piel empezó a temblar–. Tengo mucho frío –se intentó frotar él mismo los brazos bajo las sábanas, pero no entraba en calor. Kai se tumbó a su lado y lo acercó bastante a él, lo suficiente como para poder frotarle el brazo.

–¿Mejor?

–No pares –le pidió al tiempo que se ponía de lado, para encontrase con el difuminado pecho del bicolor de frente. El blanquecino de piel se sonrojó al sentir cómo ahora Takao se acurrucaba en su pecho, pero no por ello dejo de frotar, ésta vez la espalda. Takao al sentir la cercanía del otro y el calor en su cuerpo, no tardó en quedarse dormido, eso sí, en contra de su voluntad.

Kai se tranquilizó al ver que Takao por fin se había dormido. Al menos estaría más tranquilo y no pensaría en lo que le había sucedido por ahora. Pero mañana sería otra historia. Si esa droga no le había hecho dormirse antes, era a causa del ataque de nervios de Takao. Tuvo suerte de no estar dormido ni de haberse quitado la ropa cuando escuchó a Takao gritar, aunque no le hubiera importado salir en bóxer tras ese individuo, si con eso conseguía atraparlo.

Estaba claro que ese tío estaba obsesionado con Takao y que sabía perfectamente en que habitación se encontraba éste. Seguramente lo había estado observando... vigilando sus movimientos... con cuidado, cogió una de las armas que había dejado encima de la mesita de noche y apuntó hacia la ventana. No dormiría en toda la noche y cuidaría de Takao.

Tan preocupado estaba por él, que ni siquiera se secó el cabello o se cambió de ropa. Pero él era fuerte, lo entrenaron para que lo fuera, así que no tenía miedo de coger un resfriado. Aunque al ver al menor, se dio cuenta de que éste tenía su cabeza apoyada en su pecho. ¿Y si el cogía un resfriado? No lo permitiría.

Se cambiaría de ropa una vez que se asegurase de que Takao estaba profundamente dormido. Cualquier movimiento en falso ahora sería fatal, ya que le sería más difícil convencer de nuevo a Takao para que volviera a dormirse.

&&&KaiTakao&&&

Sus ojos comenzaron a abrirse con pesar, encontrándose con algo de color blanco y negro. Su frente estaba apoyada sobre algo blando, algo que subía y bajaba. Retrocedió un poco su cabeza hacia atrás para enfocar mejor lo que veía. ¿Era un pecho? Levantó un poco la mirada para ver como Kai miraba hacia el frente... por encima de él.

Kai al sentir cómo la cama se movía, decidió mirar de nuevo a Takao, tal y como lo había hecho toda la noche. Se lo encontró despierto, mirándole atentamente.

Takao simplemente empezó a alejarse despacio. Le daba vergüenza estar tan cerca de él. Kai dejó su arma en la mesita de noche. Ya no le haría falta, porque hacía muchas horas que había amanecido, y ese impresentable no se atrevería a venir de día. Takao empezó a incorporarse en la cama para poder sentarse. Se sentía confuso, estaba claro que esa era una de las habitaciones de la mansión, pero no sabía exactamente dónde se encontraba.

–¿Dónde estoy? –preguntó mirándole a los ojos.

–En mi habitación, como te dije ayer.

–Ayer –se echó manos a la cabeza– ¿Vendrá a por mí otra vez? –preguntó al recordar de nuevo lo que había pasado.

–No pienses en eso ahora.

–¿Y en qué quieres que piense?

–Mejor vamos a la habitación de tu padre, ellos quieren verte.

Fue a destaparse, pero rápidamente se volvió a tapar para ocultar lo evidente –Pero estoy sin ropa –se sonrojó– ¿Podrías ordenarle a Gustuv que me la traiga? Yo no me atrevo a entrar. –confesó.

–Afirmativo –se puso de pie–. Ahora vuelvo.

–¡No espera! –le dijo al caer en la cuenta de que se iba a quedar solo–. Me dejarás solo.

–Entonces, yo iré a por tu ropa. –contestó, ya que sería más rápido.

&&&KaiTakao&&&

Tanto Shibure como el mayor de los Kinomiya, estaban tomándose una tila, sentados en la cama, esperando a que el menor despertara. Los dos estaban intranquilos por lo sucedido anoche. Todos estaban muy nerviosos, así que viendo el estado de Takao decidieron no preguntar nada referente a lo de ayer.

Escucharon cómo tocaban la puerta e inmediatamente se abría.

–¿Puedo pasar? –preguntó el menor de los Kinomiya, asomando la cabeza por la puerta.

–Hijo –dejó la tila con rapidez en la mesita de noche y salió corriendo para recibir a su hijo en sus brazos. Hitoshi hizo lo mismo y los tres se abrazaron como pudieron.

–¿Estás mejor? –le preguntó Hitoshi preocupado.

–S... sí –lo cierto es que no lo estaba, pero no quería preocupar por ahora a su padre.

–Ven con nosotros, te vendría muy bien una tila –le ofreció su padre, pasándole el brazo por encima del hombro, guiándole hasta la cama. Hitoshi empezó a servirle a su hermano una taza de tila.

–Ten cuidado, está un poco caliente –le avisó, dándoselo en las manos.

–Gracias –contestó. Miró a Kai, viendo como parecía cansado–. No me dejes solo, tengo miedo. Llévame contigo –recordaba sus propias palabras y también las del bicolor Estoy sentado en la cama, a tu lado. No me voy a mover de aquí. "Ha pasado toda la noche a mi lado, despierto, vigilándome para que nada malo me sucediera. Debería descansar", bebió un pequeño trago de la tila.

La melodía inconfundible del móvil de Kai empezó a sonar en toda la habitación. –¿Diga? –Se dio prisa en contestar– ¿Los tienes?... Genial, ¿dónde?... Bien... Gracias –le dio al botón de colgar y rápidamente marcó el nº de la policía–. Soy Kai... Mandad cinco patrullas a la calle Fujimori Matsura sin número... Mantenedme al tanto... Adiós –colgó, mirando ahora hacia los tres hombres, desde el más mayor hasta el menor.

–¿Qué pasa? –preguntó Takao.

–Pasa que gracias a las pruebas que les di, han averiguado donde vive ese loco.

–¿Qué pruebas? –preguntó confundido.

–Anoche logré arañarle en el cuello y arrancarle cabello. Llevé esas pruebas a casa de un amigo que trabaja en estos casos. Consiguió que dejara partículas de esa sangre en... bueno es algo complicado de explicar, pero las dos pruebas coinciden.

–¿Entonces lo tenéis? –preguntó Hitoshi.

–Cinco patrullas de policía van a su casa a detenerlo y a interrogarle.

Takao sintió cómo su padre le cogió de la mano–. Ahora no tendrás de qué preocuparte, hijo mío –decía más alegre.

Takao no sabía muy bien porqué, pero no estaría tranquilo hasta ver él mismo a ese tío en la cárcel.

Kai fue a su habitación para llevarles el ordenador y buscar el nombre y los apellidos en los archivos.

–Kane Yamashita. No tiene antecedentes penales, está limpio, ¿os suena su cara? –les preguntó, viendo cómo los tres miraban bien el rostro que les aparecía en la fotografía. Un chico joven de cabellos azules como Takao, ojos azules, piel morena... A ninguno les sonaba su cara, pero Takao reconoció rápidamente esos ojos y se sintió intranquilo.

&&&KaiTakao&&&

Una hora pasó. Los nervios ya estaban más calmados y Shibure estaba hablando con Takao.

–Debes hacerlo, no te queda otra opción. –decía Shibure.

–¿¡Pero por qué!? –le preguntaba subiendo el tono de voz, pero sin gritar– ¡Hitoshi sabría manejar esa empresa con los ojos cerrados si él quisiera! –Miró a su hermano, quien permanecía callado en uno de los sillones del despacho de Shibure– ¡Yo odio eso! ¡No puedo presentarme ante todas esas personas y decir en público delante de un montón de periodistas que yo voy a ser el nuevo empresario de la empresa! ¡Además, tú eres muy joven todavía!

–Pero no sé si mi corazón resistirá hasta mi vejez. –reconoció.

Takao pensó en esas palabras–. No digas eso, tu corazón resistirá hasta el final papá.

–Eso no lo sabemos con certeza, por eso quiero que cuanto antes, des la noticia a los medios de comunicación. Ahora que van a arrestar a ese hombre, no tienes nada por lo que temer –Takao se cruzó de brazos indignado–. No te pongas así, es por tu bien. Por tu futuro –aseguró–. Cuanto antes hagamos esto, mejor para todos. Te acostumbrarás a llevar la empresa –garantizó–. Es un poco lioso al principio, pero yo estaré a tu lado para ayudarte en lo que no entiendas y también lo estará tu hermano –le sonrió, viendo como su hijo inflaba los mofletes en desaprobación–. Pasado mañana creo que estará bien.

–¿Tan pronto?

–Sí, tendrás que preparar tu discurso.

–No soy bueno ni para preparar un discurso, ni para hablar delante de tanta gente. –reconoció.

–Lo harás bien, confío en ti –le puso ambas manos sobre los hombros–. Hitoshi, dile a Gustuv, Joseph, Kevin, Mariam y Zeo que empiecen a llamar a los empresarios.

–¿Y dónde les digo qué lo vas a hacer? –preguntó, poniéndose de pie.

–En el campo de béisbol –al sentir esa respuesta, Hitoshi salió de la habitación.

–¿Bromeas? –preguntó Takao.

–No, ya sabes que siempre doy mis discursos en sitios verdes, y que la mayoría los doy allí.

El bicolor escuchaba atentamente cada palabra del señor Shibure. Parecía muy interesado en que su hijo diera el discurso y empezara a ejercer en la empresa. No era nada raro, después de todo era la empresa había hecho millonario a su familia durante generaciones. En el bolsillo de la chaqueta sintió cómo algo le vibraba, seguramente sería el móvil. Lo sacó del bolsillo y contestó.

–¿Diga?... ¡¿Qué?! –Gritó haciendo que los dos jóvenes de cabellos azules le miraran de inmediato– ... ¿Habéis mirado en los alrededores?... Porque… Está bien –colgó– ¡Maldición! –Susurró –Señor, le pido permiso para salir.

–¿Ocurre algo? –le preguntó Takao. Por primera vez en su vida, Kai no sabía qué decirle a Takao–. Algo va mal, lo intuyo. Dime lo que es. –le pidió, esperando una respuesta.

–Siéntate –le dijo con suavidad, viendo cómo Takao lo hacía sin rechistar–. Kane no está en su casa. Al parecer sabía que lo buscaríamos allí. Me han pedido que vaya, quieren que vea una cosa que han descubierto.

–¿El qué? –quiso saber el dueño de la mansión.

–No me lo han dicho. –contestó.

La cara de Takao empezaba a ponerse pálida. "Volverá a por mí. Sabe dónde vivo, sabe dónde duermo, me matará cuando menos me lo espere". Pensaba.

El bicolor sacó de sus pensamientos a Takao–. Volveré los antes posible, lo prometo –dijo para tranquilizar a los dos. Salió de la habitación, para poner rumbo a la casa de Kane.

&&&KaiTakao&&&

Lo que encontró allí no se lo esperaba. Una mesa enorme de madera, en la que había montones de recortes de periódicos, de revistas, letras pegadas en folios, sobres... pero un tablón de madera fue lo que llamó su atención. Fotos de Takao llenaban todo el tablón. Desde su infancia, hasta el momento en el que Kai lo protegió de un disparo en ese barrio y el momento en el que ese hombre corpulento los atacó en el callejón.

Círculos rojos rodeaban la imagen de Takao para tenerla más a la vista... pero una enorme equis hecha con pintura roja que pillaba todo el tablón y un "voy a por ti" como mensaje en letras grandes, lo dejó impresionado. Ese tío estaba loco.

Los cajones estaban abiertos dejando ver los guantes blancos que tantas veces había utilizado para no dejar huellas. En otro se encontraba una peluca rubia, otra roja, una capucha larga.

"Nos ha estado siguiendo. Ha estado siguiendo a Takao, pero aunque tiene muchas fotos de su niñez, todas son de periódicos, ninguna es una foto de carrete. Eso quiere decir, que ha recogido toda esa información en periódicos viejos, seguro que los colecciona. Ahora no creo que vaya detrás de la fortuna de Takao. Takao no tiene todavía poder sobre su fortuna, no hasta que confirme que la empresa va a estar en sus manos. En cualquier caso lo tiene Shibure, un multimillonario de la ciudad. Podía haber intentado secuestrarlo a él y pedir un rescate. Quizás quiere que Shibure sufra por algo que le hizo, pero dice que jamás lo ha visto. Takao dice que no lo conoce, e Hitoshi que ni le suena." pensaba mientras miraba a su alrededor.

"Piensa Kai, esas cartas son cartas de amor, de un amor enfermo. Quizás esté enamorado de Takao y siente que lo rechaza de alguna manera. Los enfermos mentales sueñan con un mundo feliz pero cuando no lo tienen, destrozan a su amor platónico", se pasó la mano por el cabello, viendo con atención todas las fotos que había colgadas, mientras seguía pensando, quizás alguna le diera una pista de su paradero.

"Shibure tendrá que dejar eso del estatus social para otra vez. Ahora su hijo está en peligro. Takao" ¿Tenéis algo más? –preguntó a uno de los policías.

–Aún no, pero te mantendremos informados.

–Tengo que irme. No quiero dejar solo al joven Kinomiya –sin más, empezó a caminar para dirigirse a su coche, esta vez para conducir hasta la mansión.

&&&KaiTakao&&&

Takao intentaba escribir el discurso en la sala del piano, pero no conseguía más que garabatos por su parte. Ni siquiera se concentraba para escribir, sólo pensaba en ese Kane. No era justo, él no lo conocía, ni le había hecho mal, como para que ahora el otro intentase matarlo así por las buenas. La verdad es que se le estaba haciendo muy cuesta arriba todo eso.

Su padre le había dicho que finalmente iba a cancelar todo, al saber que ese desgraciado seguía en libertad y podría hacer daño a Takao. Pero muchos de los vuelos ya habían salido y había gente que estaba de camino y eran empresarios muy importantes para la empresa. Si se perdían esas amistades, adiós a la mayoría de las ganancias. Ya no se sentía protegido en esa casa, el verla tan grande le daba miedo y más si pensaba que en una sombra, en mitad de la noche, ese hombre le haría algo. Lo cual le aterrorizaba aun más.

A su habitación no iba a volver a entrar. Lo poco que sentía que dormía, no podía dejar de ver esos ojos mirándole primero con ternura y después con odio. Nunca había sentido tanto miedo en su corta vida.

–Takao –le llamó Kai–. Intenta descansar, ya es muy tarde.

–No creo que pueda hacerlo.

–Sé que te pido algo difícil en estos momentos, pero yo estaré despierto toda la noche.

–Deberías descansar tú. Llevas noches en las que no duermes bien. Las ojeras empiezan a aparecerte bajo esas gafas.

–Estoy acostumbrado. ¿Qué habitación vas a escoger para dormir?

–La mía –dijo con voz apagada.

–¿Estás seguro?

–Sí, tengo que acostumbrarme a ella de nuevo.

–Como tú quieras. Te acompañaré hasta allí.

–Gracias –se puso de pie, dejando el discurso de lado. Salieron de ahí encontrándose por el pasillo a su padre y a su hermano. Ambos tenían cara de preocupación y de tristeza. Era tan evidente que no lo podían negar–. Voy a intentar dormir. –les hizo saber.

–Bien, hijo.

Takao se acercó a su padre y lo abrazó–. Buenas noches, te quiero –le dio un beso en la mejilla que fue correspondido.

–Yo también a ti.

Del mismo modo se acercó a Hitoshi e hizo lo mismo que había hecho con su padre–. Te quiero, Hitoshi.

–Sabes que yo también a ti –le respondió.

Sin más, siguió su camino para irse con Kai, a su habitación.

&&&KaiTakao&&&

Abrió la puerta temeroso, aunque intentaba no demostrarlo. Su vista paseó por toda la habitación al encender la luz. Se dio media vuelta para mirar a Kai.

–Gracias por todo. Eres un buen guardaespaldas y un gran hombre. Tu familia se ha de sentir muy orgullosa de ti. Oye... –sus palabras no salían de su boca, no se sentía capaz de confesarle algo tan importante.

–¿Qué? –se quedó esperando esas palabras de esa boca que ardía en deseos de besar desde la otra noche.

–Nada... adiós, Kai –le dijo, para seguidamente empezar a cerrar la puerta.

–Buenas noches –le dio tiempo a decirle, antes de que el otro cerrase la puerta.

Con pasos indecisos caminó hasta su cama, abrió el cajón de su mesita y sacó la foto de su madre.

–Ya lo he hecho mamá... aunque no he podido confesarle lo que realmente siento por él. Muy pronto estaremos juntos –le dio un beso a la fotografía y se tumbó en la cama, mirando hacia la ventana, para asegurarse de que nadie entraba por ahí.

&&&KaiTakao&&&

Bajaba las escaleras sigilosamente, las luces estaban apagadas. No las necesitaba encendidas, sabía cómo era perfectamente su casa. Sus ojos brillaban por las lágrimas. De ahora en adelante su vida sería un infierno, no quería seguir viviendo con miedo. Le quitaría preocupaciones innecesarias a su padre. No viviría una vida que no quería tener.

Abrió con lentitud la enorme puerta de cristal que daba a la piscina. Miró hacia la luna resplandeciente. Con una sonrisa de nostalgia, empezó a caminar hasta llegar a la piscina. Llevaba ropa de vestir, pero eso no le importaba ahora. Dentro de unos momentos, terminaría su pesadilla.

El agua reflejaba su propia cara, empezó a meter un pie en el agua fría, para comenzar a meterse escaleras adentro. No daría marcha atrás en su decisión, pronto estaría en un lugar en el que Kane Yamashita no le podría hacer ningún daño. No dejó de caminar pese a que sentía cómo el agua le llegaba a la nariz, subiendo hasta los ojos, frente, hasta finalmente cubrirle entero.

Hiwatari se encontraba dentro de la mansión. Vigilaba todas las cerraduras y ventanas de la mansión, una por una, aunque no serviría de mucho si ese hombre volvía a utilizar ese tipo de artefacto para abrir ventanas. Iba a subir las escaleras cuando escuchó un ruido, como cuando el agua choca contra algo. Miró hacia el comedor oscuro por inercia, un reflejo en la pared, le llamó la atención.

Cogió su arma en la mano con cautela y silencio, para ir caminando sin hacer ruido hasta allí. Pronto se dio cuenta de que era el reflejo de la luz de la luna sobre el cristal. Ya no escuchaba el ruido de hace un momento, pero se dio cuenta de que la puerta acristalada que daba a la piscina, estaba abierta.

Con cautela y sin dejar su arma, salió para averiguar que había causado ese ruido. Todo parecía estar bien, pero... había algo en el interior de la piscina. Con pasos más rápidos y sin dejar de apuntar a esa dirección, se preguntaba qué habría allí. Ante sus ojos había un cuerpo flotando en el agua... era el cuerpo de...

–¡Takao! –gritó.

Continuará…

&&&KaiTakao&&&

Gracias por sus reviews a:

Elizabeth: Esta vez ya sea por el miedo o por el enamoramiento, Takao se comporta mejor con Kai, pero éste creo que ya está más enamorado de Takao. Y lo único que quiere es coger a Kane para destrozarlo, aunque esa visión del cuerpo de Takao en la piscina ha debido de ser lo peor que ha podido ver en toda su vida. ¿Qué crees que hará él?

Mie–roll: Supongo que Hitoshi pensó que si no se la jugaba ahora con el beso, después tendría poco que hacer y eso que ahora no tenía nada que hacer contra Takao. Pues si te gustan los capis largos porque revelan cosas, éste también ha sido muy largo y ha revelado unas cuantas. Sólo espero que no haya aburrido.

Takaita Hiwatari: Pues la verdad es que creo que en las condiciones que ha acabado nuestra cosita bonita, no se va a escapar. En el capítulo anterior se ve cómo Kane manda a su primo hacer el trabajo sucio, pero ahora decide hacerlo él y traumatiza a Takao. Aunque Kai le da un buen tirón de pelos, le araña y le golpea a distancia con una estatua en la espalda. Pa haberlo matao. Jajaja.

Rub: Pues aquí se ha visto cómo se han ido despejando las dudas y sí, Kane está como una regadera, se nota que muy cuerdo el muchacho no está. Este capi es largo, lo sé, pero creo que no estuvo demasiado mal, ¿no?

Miavid: Hola Miavid, pues el pobre Takao lo está pasando muy mal y creo que prefiere la muerte antes de que Kane le haga algo peor que eso. Y en cuanto al encuentro pasional, sólo te diré que puede ser que en el siguiente capi haya algo.

Megumi Kinomiya: Yo sugiero que en lugar de que te cargues a Kai que intenta protegerlo, te cargues al verdadero culpable. Kane Yamashita, que tenía pensamientos impuros con él. ¿Wally? Pues como no sea que te recuerde al juego de buscando a Wally... no sé. Takaito lo está pasando muy mal ahora y ya has visto cómo ha acabado el capi. Sólo falta ver qué pasará.

Quimera Dreams: Sí, alguien quiere raptarlo y ya sabes el nombre del culpable. Sugiero que empieces a cortarlo en pedacitos hasta que no quede ni huella de él y tras ver que te desahogaste con Kai y conociéndote, ahora estarás diciendo. Kane, ¿por qué no acabaste con el peinado de palmera en ese cuerpo a cuerpo? Si no es tan fuerte... o algo así, estoy segura. Jajaja. Y ahora estarás pensado, ¡Kaily mala! Yo no soy capaz de hacerle algo así a Takaito.

Wuonero: Sí, esa palabra es rusa y bueno significa buenas noches como bien sabes. Hitoshi puede parecer una media como tú dices, pero también tiene su corazoncito y parece ser que ahora le preocupa más el estado de su hermano, que sus celos.

No seáis tímidos y aportad vuestro granito de arena, que es gratis, jijiji. Cuidaos mucho, xao.