s/5322372/1/But-for-the-Sake-of-My-Village Traducción de sinemoras09
El niño pelirrojo
Por un tiempo, su dolor es demasiado como para soportarlo. Temari ve, inútil, como Gaara se aísla; los círculos negros reaparecen y Gaara es tan silencioso y hosco como lo era antes. Temari y Kankuro se ponen de acuerdo, sin hablarlo, en cuidar al niño, aunque sea para protegerlo de la ira de Gaara. Ambos lo habían visto en su padre, que culpaba a Gaara por la muerte de su madre. Junto a ellos, Sakura se sienta con la cabeza en las manos, sin duda culpándose por no poder salvarla.
La noche acaba y el sol empieza a salir sobre el horizonte. Una suave luz anaranjada llena el cuarto y Temari ve como Gaara levanta la cabeza. Lentamente, se acerca a la cuna, donde Kankuro está parado.-Quiero verlo.- dice Gaara. Su voz es ronca. –Quiero ver a mi hijo.-
-Gaara.- Kankuro lo ve, cauteloso. –Antes de eso, no puedes culpar al niño por la muerte de Hinata. Si tratas de lastimarlo, te detendré.-
Gaara asinte, mudo. Sus ojos están rojos e hinchados. Con gentileza, estira los brazos dentro de la cuna y acaricia la mejilla del bebé. El bebé se gira hacia él y toma el dedo de Gaara entre los labios.
Gaara suelta un suave sollozo, luego se mueve para levantar al bebé. El bebé parpadea y luego se acurruca contra el pecho de Gaara. Temari se acerca. –Gaara— -
-My hijo.- Los ojos de Gaara están nublados. –Él es mi hijo.-
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Contrario a lo que Temari y Kankuro temieron inicialmente, Gaara ama al niño con pasión. Kamkuro ve como el niño crece y no puede evitar ver las similitudes con sus padres: el brillante cabello rojo, los ojos de su madre. Y como su madre, el niño es casi dolorosamente tímido, escondiéndose en las esquinas, demasiado asustadizo como para hablar con los otros niños.
Pronto, los otros niños se acostumbran a rechazarlo, alejándose cuando él llega.
Un día, Kankuro encuentra al niño sentado en un columpio. Por un momento, piensa que el niño está sólo pero no: Gaara está sentado junto a él. Lentamente, un hilo de arena se levanta y le hace cosquillas en la mejilla. El niño suelta una risita y Gaara sonríe.
Los ojos de Kankuro se agrandan. Ve como Gaara acerca a su hijo, presionando una mano en el pelo del niño.
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El niño no tiene talento para el ninjutsu. Muñecos rotos y pilas de arena están por doquier en su cuarto y en el centro de todo, el niño se siente, llorando por lo bajo. Antes de que Kankuro pueda hablar, Gaara entra y levanta al niño entre sus brazos.
-No puedo hacerlo.- solloza el niño. –No puedo mover la arena, no puedo hacer nada. No traigo nada más que deshonor.-
-No.- dice Gaara. –Eres mi persona valiosa. No importa.-
El niño sorbe y asconde la cabeza en la túnica de Gaara. -¿Papi?- habla el niño. Su voz un susurro. –Dicen que mis ojos son extraños.- dice el niño. –Dicen que soy un monstro.-
Los labios de Kankuro se tensan. Gaara se arrodilla frente al niño. -¿Qué quieres decir?- pregunta Gaara. El niño tiembla.
-Mis ojos.- susurra el niño. –Cuando me enojo, mis ojos… cambian.- Y de pronto Kankuro entiende: Byakugan. Manifestarlo tan joven es algo raro; si Hinata estuviera viva, seguramente estaría orgullosa. Gaara parece entender también; sonríe y despeina el cabello del niño.
-Cuando te enojas, tu visión cambia, y las venas de tus sienes saltan.- dice Gaara. –Lo he sabido por mucho tiempo.- El niño levanta la mirada.
-¿Cómo lo sabías?- pregunta el niño. Gaara sonríe.
-Porque tienes los ojos de tu madre.- responde Gaara. –Si tu madre estuviera viva, te mostraría.-
-¿En serio?- El semblante del niño se ilumina. –Papi, ¿tú también lo puedes hacer?-
-Desearía poder.- Gaara de pronto se ve triste. –Sabía que este día llegaría.- dice Gaara. –Hay una aldea en el País de Fuego, en donde tu madre nació. Una vez que tus ojos se manifestaran, yo te tendría que enviar ahí para tu entrenamiento. Yo no sé cómo usar esos ojos. Si te quedas aquí, tus talentos se irán malgastados.-
El rostro del niño se derrumba. –Papi.- dice el niño. -¿Me vas a enviar lejos?-
-No.- responde Gaara. Abraza al niño con fuerza. –Te estoy enviando a donde perteneces. Donde hay otros niños como tú.-
-Papi no quiero ir…-
Kankuro entra. Gaara y el niño levantan la mirada. –Tenemos un visitante.- dice Kankuro. Neji entra detrás de él; los ojos del niño se agrandan. Los ojos de Neji son como los de él.
-Él es Hyuuga Neji.- dice Kankuro. –Es del mismo clan que tu madre.- Neji sonríe con amabilidad.
-Te hemos estado observando por un largo tiempo.- dice Neji. –Tu padre nos escribió hace unos días; parece ser que te vio usar esos ojos contra unos niños que te estaban molestando la semana pasada.- el niño se sonroja. Neji se acuclilla a la altura del niño. –Te podemos enseñar como usar tu don.- dice Neji. –Es un viaje de tres días desde aquí. No estarás lejos.-
El niño voltea a ver a Gaara, que asiente con gentileza. –Serás más feliz ahí.- dice Gaara. El niño observa a Gaara y luego se gira hacia Neji que sonríe. El niño toma la mano de Neji.
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Esa noche, Kankuro toca en la puerta de Gaara. Una débil y escurridiza luz ilumina el cuarto y Kankuro frunce el ceño. Lentamente, Gaara se pone de pie; los ojos oscuros y tristes.
-Gaara.- dice Kankuro. -¿Estarás bien?-
Gaara mira por la ventana; el viento amaina. –Uzumaki Naruto creció ahí y Hinata vivió ahí la mayor parte de su vida.- dice Gaara. –No puedo evitar pensar, si yo hubiera vivido ahí también… tal vez las cosas serían diferentes.-
Gaara calla. Baja la mirada a sus manos. –Es lo mejor.- dice Gaara. –Será más feliz allá. Es todo lo que puedo pedir.-
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Seis meses después.
Temari camina por las calles de Konoha, las manos en los bolsillos y siguiendo a Shikamaru a regañadientes. Claro que no necesitaba una escolta pero la etiqueta lo exigía. –Estoy segura de que los ancianos estaban contentos.- dice Shikamaru. –Tener un shinobi de la arena con el don Hyuuga. Es problemático pero ayuda a fortalecer la alianza. Al menos eso piensan.-
Alrededor de ellos, niños corren alegremente. En silencio giran en donde los niños Hyuuga están jugando. A lo lejos, Temari alcanza a ver brillante cabello rojo entre los otros niños, jugando felizmente y corriendo con ellos. –Parece feliz.- dice Temari. –Gaara estará contento.-
-Sí, bueno.- Shikamaru se talla el cuello. –Una vez que descubran que es el hijo del Kazekage, se volverá un objetivo. Todo esto es problemático y no me gusta ni un poco.-
Temari no dice nada. Siempre y cuando el niño sea feliz, nada más importa.
