Capítulo 6

Disclaimer: Las tortugas ninja no me pertenecen, pertenecen a Nickelodeon y a sus creadores Kevin Eastman y Peter Lair. Solo escribo por diversión y sin ánimo de lucro.

...

Sábado... 9:00 de la mañana...

- ¡Buenos días chicos! - saluda Splinter en la cocina, quien estaba vestido para irse a trabajar, en la cocina a sus hijos.

- ¡Buenos días! - dicen los 4 al unísono.

- ¿Qué tal habéis dormido?

- Bien. - contesta los cuatro a la vez.

- Tenéis el desayuno preparado, yo me tengo que ir a trabajar. Luego os veo. - dice Splinter saliendo de la cocina, pero es detenido por una voz.

- Espera, ¿No tenemos que ir a entrenar cómo todos sábados? - pregunta Raphael.

- No, creo que por hoy no pasa nada, además os puedo dejar sólos, porque sois responsables ¿Verdad? - pregunta Splinter levantando una ceja.

- ¡Claro que lo somos! - contesta Raphael sacando pecho.

- Lo sabía, me tengo que ir ya. Adiós. - y por fin Splinter se va.

- ¿Creéis que podremos perfeccionar la receta de las tortitas? - pregunta Michelangelo.

- Sí, el proceso científico es ensayo-error. - contesta Donatello.

- ¡Sigo aquí! ¡Prohibido hacer tortitas si yo no estoy! - Splinter lo dice en alto desde la entrada, ya que había oído las voces de la cocina.

- ¡Oooooh! - se oye a los cuatro quejarse, y Splinter se va.

- ¿Las hacemos? - pregunta Raphael.

- ¡Sí! - le contestan sus tres hermanos.

Y empiezan a hacer la masa; pero se dan cuenta de que no hay harina, tienen que ir a comprar, pero el supermercado estaba por donde iba Splinter y luego se dividía: una calle al dojo y la otra al supermercado.

- ¿Quién va a comprarla? - pregunta Leonardo.

- ¡Yo no! - dicen todos menos él, le había tocado ir a comprar.

- Pero los cuatro ponemos el dinero. - Leonardo sabía que todos sus hermanos tenían ahorros; pero que no querían que nadie lo supiera.

- Está bien. - se resignan Raphael, Donatello y Michelangelo.

Ya en la entrada, Leonardo está vestido para irse a la peligrosa misión: ir a comprar harina sin que su padre le viera.

Todo fue bienpor la primera parte del camino, no se veía ni rastro de Splinter, probablemente ya habría llegado al dojo, o eso pensó el pobre Leonardo, porque cuando entró al supermercado y fue a la sección de harina, donde también había masas de tortitas preparas, estaba su padre cogiendo una de estas.

A Leonardo sólo se le ocurrió ponerse la capucha de su chaqueta y girar la cabeza para que su padre no le viera, pero por mala suerte, la harina estaba en un estante alto, y no llegaba, así que estaba obligado a saltar para poder cogerla. Pero Splinter se la coge...

- Toma pequeño. - Splinter coge el paquete de harina y se lo da a Leonardo.

- Gr-gracias padr... señor. - contesta Leonardo, intentando poner voz grave y girando la cara.

- De nad... - intenta decir Splinter y Leonardo sale corriendo hacia otro pasillo para que no fuera visto, y lo consigue. - Nada...

Splinter, entonces se va un poco extrañado por la rara actuación de ese niño "desconocido" que no sabía que era su hijo.

- Buff... Me has enseñado bien ser ninja, tan bien, que incluso he conseguido escapar de ti. - dice para sí Leonardo quitándose la capucha y decide esperar un rato para ir a pagar, ya que Splinter estaría en ese momento ahí.

Ya cumplida la peligrosa misión; Leonardo llega a casa con la harina.

- ¡Tengo la harina! - Leonardo hace una entrada triunfal por la puerta, pero no hay nadie para verlo. - Chicos que he llegado ya, ¡Y tengo la harina!

- Vale. - grita Raphael desde el salón.

- ¿Para esto me he camuflado? - Leonardo se indigna con sus hermanos y se va al salón con sus hermanos. - ¿Sabéis que? He visto a padre comprando justo cuando yo, y he tenido que hacer uso de mis dotes de camuflaje para que no me descubriera y entonces...

- Adivino, ¿A qué te has puesto la capucha y has puesto voz grave? - pregunta Raphael (conocía demasiado bien a su hermano).

- ¿Qué? ¡No! ¡He sido más ingenioso! - Leonardo pone cara de "listo" y Raphael levanta una ceja poniendo cara de duda. - ¡Vale sí! ¡He usado capucha y he puesto voz grave! Y me ha tenido que coger el paquete porque no lo alcanzaba...

- Y a qué luego, has salido corriendo. - dice Michelangelo.

- Yo... ¿Cómo lo sabéis? - pregunta indignado Leonardo de que supieran toda la historia sin ni siquiera haber estado ahí.

- Son muchos años contigo, hermanito. - contesta Donatello.

- Bueno, pero padre estaba comprando, ¡Masa de tortitas preparada! - dice Leonardo.

- Eso sí que te lo has inventado. - Donatello rebate a su hermano.

- ¡No! ¡Es verdad! Creo que no deberíamos hacer la masa... - dice Leonardo.

- Sí tal vez... - Michelangelo coincide con Leonardo.

- ¿Mikey rechazando tortitas? ¡Debe tener fiebre! - se burla ligeramente Raphael.

- No, sí ha comprado él, es que hará. - dice Michelangelo.

- Puede ser... Entonces hay que esconder la harina. - dice Donatello.

- ¿Dónde? - pregunta Leonardo.

- ¡Es nuestro armario! Padre nunca mira ahí, sobre todo después de que viera las cosas que guardaba ahí cuando limpiaba. - dice Michelangelo refiriéndose a su comida rara.

- Es un buen lugar, la verdad. Pues lo dejamos ahí. - dice Leonardo.

Y así termina la pequeña aventura de la harina.

...

- ¡Chicos ya he vuelto! ¡Y tengo una sorpresa! - dice Splinter desde la entrada.

- ¿Qué sorpresa? - pregunta Leonardo fasalmente emocinando llegando a la entrada.

- ¡He comprado masa de tortitas! Sale más fácil que hacerlas desde cero. - explica Splinter.

- ¡Genial! - pone Leonardo la voz de mas entusiasmo que se le ocurre.

- Si, pero las haremos la semana que viene. Es que ayer ya comistéis.

- Vale, perfecto, se lo voy a decir a los otros. - Leonarso sale corriendo al salón. - Decid, oooh, vamos.

- Ooooooh. - Donatello entiende lo que quiere decir su hermano, y es inmitado por Raphael y Michelangelo.

- Ya sé que queréis las tortitas, pero comestéis ayer, las haremos la semana que viene. - entra en el salón Splinter.

- Vale. - dicen todos poniendo cara de estar falsamente desilusionados.

Splinter no se había dado cuenta de su pequeña aventura frustada.

El fin de semana pasó, y llegó otra vez el lunes.

Donatello y Michelangelo empezaban en el nuevo colegio, que no era nada más y nada menos uno de los mejores colegios de Japón.

Splinter, decidió, que después de lo ocurrido el viernes, ahora eran más maduros, y era el momento de dejarlos hacerse más independientes, ¿Por qué no empezar dejándolos ir sólos al colegio?

Aunque Donatello y Michelangelo, debían coger el autobus público, Splinter les dejó.

El lunes, tras la habitual rutina, los chicos se fueron a sus respectivos colegios, y por fin en 7 años (desde que los chicos empezaron el colegio), Splinter no tuvo que salir 20 minutos antes de ir al trabajo para llevar a sus hijos al colegio.

Pero de esto se arrepentiría, porque...

- ¡Qué guay! ¡Nuevo colegio! - dice Michelangelo a su hermano hacia la parada del autobus.

- Tienes razón, ¡Y encima en EPACI! - Donatello también estaba muy emocionado.

Por desgracia esta ilusión, fue frustada, porque alguien les estaba siguiendo, y no se dieron cuenta.

Y en la calle de la parada ese alguien les cogió...

- ¡Suéltanos! - grita Donatello, intentando zafándose, sabía defenderse en un caso como ese, pero aquel hombre tenía una gran fuerza.

- ¡Soco... - Michelangelo, consigue escapar del brazo del hombre, pero no puede terminar la palabra.

- ¡Cómo pidas ayuda! ¡Tu hermano pagará las consecuencias! - el hombre amenaza a Donatello, quien no había podido escapar, con un cuchillo en su cuello, y Michelangelo sólo se queda petrificado del miedo mirando. - Muy bien chaval, ahora sólo queda lo más fácil...

Y el hombre saca de su bolsillo una jeringa y se la inyecta a Donatello que se queda dormido cayendo al suelo.

- ¡DONNIE! - Michelangelo se agacha hacia su hermano inconsciente y le zarandea para que se despierte, temía que estuviera muerto, pero el hombre aprovecha la situación, e inyecta el mismo sedante a Michelangelo, quien sólo dice una palabra antes de caer inconsciente...

- Donnie...

...

- Leo, ¿Crees qué ahora los profes nos pedirán más deberes por ser más "listos"? - pregunta Raphael a su hermano caminando por las calles hacia el colegio.

- No sé, supongo que sí... - contesta Leonardo.

- La verdad, yo no me siento listo, ¿Tú? - pregunta Raphael, sabía desde algunas semanas que tenía un buen CI, pero aun así, él, pensaba que no era inteligente, pues, a duras penas estudiaba, y en clase más de una vez tenía tentación de quedarse dormido.

- Yo tampoco hermano. Es extraño, yo me siento normal. - dice Leonardo. - Es pronto para llegar todavía, ¿Quieres parar?

- Guau, hermano, ¿Qué te pasa? ¿Quién eres tú y qué has hecho con el verdadero, educado y correcto Leonardo? - pregunta Raphael sarcásticamente.

- Está aquí. - Leonardo también contesta con ironía. - Lo digo enserio, no le he parado de dar vueltas el fin de semana, ¿Quiénes son nuestros padres de verdad? Quiero a padre, pero... Ahora entiendo cosas que antes no, h-hay veces... que... que siento... que ahora sabiendo que no somos sus verdaderos hijos... me doy cuenta que hay cosas que no nos ha tratado como a hijos de verdad...

- Yo... - Raphael nunca había visto a su hermano tan vulnerable, pero sentía lo mismo. - Pienso lo mismo... A veces es muy duro... Si fuera Miwa... Que te apuestas que no le habría echado ni la mitad de broncas que a nosotros...

- No me refiero a eso... Si fuera Miwa seguiría siendo igual de estricto. Pienso que somos como un sustituto... Un sustituto de Tang Shen y Miwa, y piénsalo, si padre no hubiera tenido que escapar de Tokio por Saki, ¿Que habría pasado con nosotros? ¿Seguiríamos juntos? ¿O quizás padre sería más feliz con su verdadera familia? - Raphael no sabe que contestar, y Leonardo empieza a llorar. - Siento que soy un sustituto, algo que padre nunca llegará a querer de verdad, sólo algo postizo, que nunca debería haber pasado. ¿O no es verdad?

- Leo... - Raphael intenta abrazar a su hermano.

- No... - Leonardo escapa del abrazo. - ¡Quiero que me contestes! ¡No somos sus hijos Raph! ¡Nunca nos va a querer de verdad, somos un sustituto! Si le dijeran a padre que a cambió de nosotros, pudiera estar con su anterior familia, ¡Nos cambiaría! ¡Y sé que lo sabes! ¡Seguro que pensó al vernos: "mejor algo que nada"! ¡Sólo se conforma, no nos quiere de verdad!

- Leo no es verdad... - intenta contestar Raphael.

- ¡Sabes que tengo razón! ¿Enserio no te das cuenta? ¿No te das cuenta, la sonrisa que pone al ver la foto de su verdadera familia? ¡Nunca nos ha mirado con esa cara! ¡Cara de amor de verdad! ¡Todos los años, hay un día que nos llama "Miwa"! ¿Por qué? ¡Porque sus hijos sustitutos no consiguen llenar ese vacío que él espera llenar con nosotros!

Y Leonardo se echa a llorar. Se había guardado ese sentimiento en forma de bomba durante dos días enteros, y por fin había explotado.

Raphael no sabe que hacer, va abrazarlo pero es cogido por alguien.

- ¡Chaval calláte ya! ¡Tu padre no te quiere! ¡Fin! ¡Pero calláte ya! - dice un hombre extraño.

- ¡Suelta a mi hermano! - Leonardo grita todavía llorando. - ¿Quién eres?

- Un viejo amigo del padre que no te quiere. - contesta el hombre. - Voy a hacerlo rápido.

Y el hombre saca una jeringa igual que había usado el otro secuestrador para capturar a Donatello y Michelangelo. Raphael entonces siente la aguja en su cuello y cae al suelo, y Leonardo como su hermano Michelangelo, hace lo mismo, al agacharse, es sedado.

...

15:00... Splinter está en casa, estaba muy preocupado de que los chicos todavía no hubiesen llegado a casa.

Pero en ese momento llaman al teléfono.

- ¿Señor Hamato? - pregunta una voz de mujer.

- Sí, soy yo. - contesta Splinter.

- Llamó desde EPACI para decirle que sus hijos hoy no han asistido a clase, ¿Están enfermos?

- ¿Qué? ¡No! Esta mañana se han ido... - Splinter contesta empezando a preocuparse de verdad.

- Tal vez haya ocurrido algo, ¿Quiere que llame a la policía? - pregunta la mujer.

- No, bueno no puede ser... A no ser que... El viernes les dí una gran noticia... Tal vez no la hayan asimilado... - Splinter piensa que a lo mejor no habían asimilado todo lo que les había dicho el viernes; y que quizás necesitaban tiempo a solas.

- Supongo que puede tener razón... Nunca se sabe que puede hacer un niño... - dice la mujer.

- Espere me llaman por la otra línea, gracias por todo, supongo que vendrán pronto. Adiós. - Splinter coge la siguiente llamada. - ¿Dígame?

- Señor Hamato, soy el profesor de Leonardo y Raphael, hoy no han venido a clase, ¿Están enfermos? - pregunta el profesor de los chicos.

- No... Se han ido... No sé que les ha pasado...

- Tal vez hayan tenido un día rebelde. - dice el profesor.

- Puede ser, gracias por todo, tengo que esperarlos. Adiós. - Splinter cuelga y va a la entrada, su pesadilla se había hecho realidad, ¿Y si Saki lo hubiera visto en la televisión nacional? El viernes lo habían asimilado bien. No podía ser que se hubiesen escapado.

Era su pesadilla hecha realidad.

Al colgar fue rápido a la entrada y salió a buscarlos.

Pasó toda la tarde y noche buscando...

Había registrado en cada calle, en cada parque y en cada patio, pero no estaban en ninguna parte.

¿Dónde estaban? ¿Dónde?

Ni siquiera los habían visto por el colegio.

¿Dónde estaban? ¿Qué les había pasado?

¿Se habrían escapado?, justo después que les dijera que eran adoptados, desaparecen, pero, ¿cómo? A pesar de la revelación qué les había dejado muy confusos, había sido una de las tardes que más les había unido.

No podía ser eso, debía haber algo más... o alguien más.

Debía volver a casa no podía hacer nada más, estaba amaneciendo.

Debía llamar a la policía, como hacía 10 años, pero eso muy distinto, sabía que le había pasado a Shen, fue matada por Saki en el incendio, pero nunca supo que Saki se llevó a Miwa y que por eso la policía nunca encontró a "Hamato Miwa", pero, Splinter siempre tuvo la ligera esperanza de que algún día la policía aparecería en su puerta, y le dirían que habían encontrado a su hija, pero nunca fue así.

El pasado se volvía repetir... Volvía a perder a su familia... Lo que más amaba...

Otra vez le atormentaba ese sentimiento de absoluta impotencia, por no saber que hacer, y la tristeza de tampoco conocer el paradero sobre su familia.

Pero ese sentimiento volvía a aparecer, ¿qué iba a hacer?

Ahora solo podía pensar que la policía era la única en poder hacer algo.

Tenía que volver a esperar con una ligera esperanza...

Llegó a casa, todo estaba en silencio, en un silencio muy doloroso sin sus hijos.

Encontró algo en la puerta, era un sobre con un sello que el conocía y odiaba, su peor miedo se había hecho realidad, era el sello del clan Oroku.

Splinter se empezaba a temer lo peor, solo quería pensar que no era lo que pensaba. Pero era lo que pensaba, su peor miedo hecho realidad, Saki había conseguido encontrar por fin su paradero, e iba completar su estúpida venganza contra él, arrebatándole lo que más quería.

Abrió el sobre y leyó su contenido:

Sabes quién te escribe esto viejo amigo, si quieres ver a tus estúpidos hijos otra vez, espera a las 19:00, hablaras conmigo en persona, a través de la señal del ordenador que hemos encontrado, y si esperas volver a ver a tus preciosos cachorros vivos, no llames a la policía, tenemos las señales de todos tus aparatos electrónicos y conoceremos todos tus movimientos.

Se puntual.

...

Su peor miedo, se había cumplido y no era como las horribles pesadillas que llegaba a tener algunas veces; que Saki mataba a sus hijos delante de él y no podía hacer nada. Esto era real y no podía hacer nada de verdad, solo podía esperar en lo que iba a ser el día más largo de su vida.

A las 19:00... Su ordenador se enciende solo...

- Viejo amigo, ¡cuánto tiempo! - dirige Saki la primera frase a Splinter en 10 años.

- ¡Monstruo! ¿DÓNDE ESTÁN MIS HIJOS? - Splinter grita desesperado.

- Si fuera tú, yo creo que no te dirigias a mí así, sobre todo si quieres ver a tus estúpidos hijos. - contesta Saki con una sonrisa maléfica que se podía ver a través de su casco.

- ¿DÓNDE ESTÁN? - Splinter vuelve a gritar desesperado.

- Veo que no me has entendido. Bradford trae a nuestros jóvenes invitados. - dice Saki.

- Sí maestro. - contesta Bradford e inmediatamente después, Splinter ve a sus hijos, intentando zafarse de sus captores de forma inútil pues estaban atados.

- ¡DEJÁDNOS! - gritan los cuatro.

- ¡CHICOS! - Splinter consiguió ver perfectamente en la pantalla a sus hijos.

- ¡PADRE! - los chicos gritan desesperadamente al ver a su padre a través de la proyección.

- Los has criado valientes, demasiado valientes. Han intentado escapar desde que despertaron. Es hora de enseñarles respeto ¡ARRODILLAOS ANTE MÍ ESTÚPIDOS! - grita Saki.

- ¡Jamás! - grita Michelangelo.

- ¿Seguro niño insolente? Bradford traéme al de pecas. (*)- Saki coge a Michelangelo del cuello y le pone sus cuchillas retráciles.

- ¡Michelangelo! - Splinter mira a su hijo a los ojos, se notaba el gran miedo que tenía, sólo le podía ver a través de una proyección, pero aun así, veía el miedo que tenía Michelangelo.

- Si queréis a vuestro hermano intacto, arrodilláos renacuajos. - Saki amenaza a Michelangelo abriendo las cuchillas y Leonardo, Raphael y Donatello miran a Splinter sin saber que hacer.

- ¡Por favor haced caso! ¡Arrodillaos! Pero miradme a mí, miradme solo a mí, ¿vale? Papá esta aquí, estoy aquí cielos míos. - dice Splinter intentando tranquilar a los chicos.

Y estos hacen caso, Michelangelo obedece y sólo mira a su padre como le ha dicho.

- Muy bien muchacho, creo que empiezas a aprender respeto. Arrodíllate con tus estúpidos hermanos. - cierra las cuchillas y tira a Michelangelo al suelo, y este se pone junto a sus hermanos. - Ven a Tokio antes de mañana, claro, sólo si quieres ver a tus hijos vivos una vez más. Bradford corta.

Entonces, la imagen se empieza a poner borrosa y Splinter sólo puede decir una cosa antes de que la señal se vaya del todo:

- ¡No! ¡No! ¡Haced caso! ¡Hac-... - Splinter no pudo decir más pues la imagen se había cortado, solo esperaba que sus hijos le hubieran entendido, y por suerte, lo habían entendido.

Ahora debía ir a Tokio cuanto antes.

En Tokio...

- Ya habéis oído a vuestro idiota padre. Hacedme caso, por vuestro bien. - dice Saki.

- Mi padre no es... - Raphael al oír ese insulto hacia su padre, sin pensarlo, se levanta rápidamente, pero antes de que pudiera terminar la frase, una cuchilla le había alcanzado una mejilla y le había tirado al suelto, y dejando en su cara, algo que se convertiría en una cicatriz permanente.

- No te atrevas a hablarme así nunca más. ¡Inclínate ante mí! ¡Ahora! - grita furioso Saki.

Raphael estaba tirado en el suelo, sus hermanos le ayudan a levantarse.

Leonardo y Donatello hacen fuerza para que la espalda de su hermano bajara para hacer una reverencia forzosa, mientras ellos, junto con Michelangelo, inclanan también las suyas para no dejar a su hermano sólo haciendo esa reverencia, nunca se abandonarían; se protegerían los unos a los otros hasta el fin del mundo.

- ¡Qué conmovedor! Los bichos siempre actúan igual. - dice Saki. - Bradford vuelve a encerrarlos en la celda, pero esta vez en niveles diferentes.

- ¡No! ¡No nos separéis! ¡Por favor! - dice Leonardo, dice dejando de inclinarse y abrazandose a sus hermanos, lo cual hace que a Bradford le tenga compasión.

- Maestro... No puedo... ¿Qué hago? - Bradford rebate a su "maestro" por primera vez en toda su vida.

- ¡Sepáralos inútil! ¡Sin vacilar! - grita Saki.

En ese momento, Donatello enreda la cuerda que le ataba poniendo sus manos adentro de los brazos de Michelangelo, ya que estaban atados por delante, y entonces es inmitado por sus hermanos, haciendo que fuera imposible separarles.

- ¡Ninjas cortad las cuerdas! - ordena Saki a sus lacallos.

Cuatro ninjas obedecen y cortan las cuerdas, haciendo que los chicos se separen.

- Ponerles cadenas en pies y manos. Y la próxima vez atarles las manos por detrás de la espalda. - dice Saki.

- Pero maestro; no son más que niños. - Bradford sentía verdadera compasión, no eran más que unos niños, y Saki les estaba tratando como a ninjas expertos, capaces de escapar de cualquier celda.

- ¡Y que más da! ¡Son los hijos de Hamato Yoshi! ¡No merecen ninguna consideración! - Saki contesta furioso a su mejor lacallo.

- Sí maestro. - Bradford sólo asiente, no quería meterse en problemas.

- ¡Llevaóslos ya! - dice Saki a sus ninjas.

"¡No! ¡No, por favor!"

Son las últimas voces que Saki oye de los chicos desde el pasillo.

Por fin estaba cumpliendo su ansiada venganza.

...

Espero que os haya gustado. Siento haberme retrasado en publicar dos días, pero dicen que mejor tarde que nunca.

He intentado hacer como el capítulo anterior relajado al principio y un poco más oscuro al final.

Os dejo el único asterisco de hoy:

1*: No he descrito a los chicos, pero se basan en las tortugas de 2012, por eso las pecas de Mikey.

Muchas gracias por leer a todos y gracias a las reviews de:

mariana ochoa: Yo cumplo los 16 años en enero, me hago vieja (?). Por cierto soy de EEspaña.México me parece un país muy bonito e interesante (al igual que su gente). Y que te pareció el capítulo nuevo de la semana pasado, apritello extremo. ¿A que sí? *_*

Talia43: ¡Hola! Me alegro de que te guste la historia, da igual que no comentes lo importante es que te guste la historia. Y guau, los capítulos nuevos de TMNT 2012, me han parecido super buenos, que pena que estemos en pausa otra vez :'(.

Espero que os haya gustado el nuevo capítulo y gracias a ambas por leer. ^_^

Y a ti también mi querido lector/a fantama, muchas gracias por leer.

Hasta la próxima ;)