Hola, ya estoy aquí, perdón por la tardanza:
Para Rey que me volvió hacer que le leyera la mitad del capitulo ¬¬, por estarme apoyando… y llamando incontables veces no más pa saber si ya voy a actualizar (no es cierto XD, gracias por tus llamadas) y esperando que nos podamos ver algún día.
A Hayame y a sus chicos y chicas, dedicado con mucho amor, para una linda amiga y las más lindas personas que he conocido, y para mis sobrinos consentidos, por ser como son de adorables.
Y para todos ustedes queridísimos lectores.
Ahora si:
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Acto Sexto:
Un piano
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Final del capitulo anterior:
–Buenas noches, Duo –se limitó a decir Wufei, pero con una sonrisa.
–Heero te espero en el cuarto, tal vez no despierto, así que no te prometo que puedas escoger cama –cerró la puerta tras él para no esperar un "baka" de parte de Heero.
Cuando se hubieron cerrado las puertas, Wufei preguntó al estático Heero.
–¿Qué te causa mala espina, Heero?
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Saker estaba del otro lado de la puerta.
No había dado tiempo a una contestación, sólo había salido cual ráfaga demostrando su molestia. Se sentía ofendido, aunque sabía que no tenía ningún derecho o motivo de estarlo. Alcanzó a oír el timbre divertido y particular de la voz de Duo despidiéndose de Wufei y haciendo la última broma de la noche.
Tenía los ojos cerrados y el cuerpo en postura militar esperando oír cerrar la puerta, lo que sucedió apenas Duo dejase de hablar.
–Perdón –oyó decir tras él y abrió los ojos, se giró lentamente y mostró una de sus sorprendentes sonrisas a un también sonriente Duo.
–No hay problema, señorr Maxwell, ahorra porr favorr síganme –contestó Saker con amabilidad dándose la vuelta, pero antes de que pudiera continuar una mano tomó su brazo.
El contacto lo sorprendió en sobremanera. No estaba acostumbrado a él. Su vida en esa base le había enseñado que el contacto advertía peligro, pues si llegaban ha hacerlo eras vulnerable y débil.
Se giró de inmediato, sin tiempo a que su conciencia o educación hicieran acto de presencia, empujó bruscamente a quien lo había tocado. Su conciencia regresó segundos después y el desconcierto lo invadió al ver la asombrada cara de Duo a la altura de su cintura, sentado en es suelo no precisamente por convicción propia.
–Ah, lo siento, Señorr Maxwell, fue… fue un rreflejo, no erra mi intención. Lo lamento –intentó justificarse mientras extendía la mano al caído. Duo tomó su mano no sin algo de precaución, estaba aturdido y también asombrado, pero no precisamente por la reacción de Saker, sino por su velocidad. Inconscientemente (como muchas de las cosas que hacía) sonrió casi al punto de la risa mientras se levantaba.
–No se disculpe Coronel, talvez no debí hacer eso. En realidad estoy sorprendido, tiene buenos reflejos; ni siquiera lo vi venir, cuando me di cuenta de lo que pasó, ya estaba en el suelo. En serio eres…ejem… es tan veloz como Heero. –Duo habló rápido, como queriéndose perdonar por la imprudencia que no había cometido.
–¿En serrio? Mi rreacción no fue conciente, lo lamento de verdad –luego meditando la contestación de Duo, agregó.- Así, que el Señorr Heerro es rrápido…
–Bueno sí, y tampoco creo que sea muy conciente de sus actos. –Duo se rasco la cabeza. El Coronel sonrió.
–Entiendo –meditó un poco esto último y como recordando de repente dijo: –Perro dígame, que erra lo que querría pedirrme –preguntó, deduciendo que por eso Duo había intentado llamar su atención.
–Ah, pues precisamente eso. –Saker lo miró sin entender. –Por favor, si no te…ejem, le importa, llámeme Duo. –El pelirrojo sonrió, más por la vergüenza de haber reaccionado de tal modo a tan inocente petición que por otra cosa.
–De acuerrdo, Duo Max…
–No. Sólo Duo y de tú –lo interrumpió –Me siento mejor así.
–De acuerrdo, sólo con una condición. –Cedió el pelirrojo, pero ante el desconcierto de Duo, aclaró.- Que me llames del mismo modo. –Duo le regaló una de sus mejores y más sinceras sonrisas.
Saker se dio la vuelta a los otros dos ex-pilotos que lo miraban, Quatre sonriendo y Trowa serio, seguramente por la momentánea reacción anterior. –Me gustarría que ustedes me llamaran de igual forrma.- Quatre asintió y contestó:
–La petición también va por nosotros. –Trowa asintió dejando la seriedad de lado.
–Que así sea. Ahorra les mostrarre sus cuarrtos –y se encaminó a la tercera puerta de la estancia. –Ésta serrá su habitación, Quatre, Trowa, esperro que les sea agradable. –Abrió la puerta –sus cosas deben de estarr aquí. –Trowa y Quatre entraron a la habitación. Era muy parecida a la de Wufei, sólo que más pequeña, con dos camas individuales y dos roperos pequeños. Un baño a la derecha y un escritorio a la izquierda, una ventana en las cabeceras de las camas.
Quatre agradeció, Saker asintió y se dirigió a la habitación que le seguía, la segunda después de la de Wufei.
–Ésta es tu habitación, Duo. –Las palabras en Saker sonaban un tanto distintas a como las diría un amigo, pero no por ello eran menos cautivantes. Era extraño hablar así con el Coronel, pues a pesar de la apariencia de chiquillo que tenía, era una persona madura y de fuerte temperamento, como ya bien lo había demostrado; pero para con ellos su trato era cordial. Saker le sonrió dulcemente –¿Ocurre algo, Duo? –le preguntó y Duo cayó en cuenta de que se había quedado mirando de más el rostro de Saker. Sintió como la sangre subía a sus mejillas.
Rió nerviosamente. –No, no pasa nada. –Entró como bólido a la habitación. Como si nada hubiese pasado (un gran don suyo), chifló y exclamó. –Vaya, Wu se lució esta vez, hasta parece que le importa que estemos cómodos.
–Le imporrta, Duo, te asegurro que le importa –dijo Saker con un tono divertido. –Bien, creo que porr el momento es todo en lo que puedo serrvirrles, si se les ofrece algo más, mi habitación es aquella. –Señaló la habitación siguiente de la de Wufei. –Cualquierr cosa pueden encontrarrme ahí la mayoría de las noches, les ayudarre con mucho gusto. En la siguiente puerta esta la de la Teniente o la Comandante, sino me encuentran a mí, podrán encontrar a cualquiera de las dos. –Describió dándose la media vuelta. –Porr cierrto… les traerré otras mantas, la temperraturra no ha bajado del todo, perro más vale cuidarrse desde ahorra.
–Gracias por la atención, Saker. –Dijo, Quatre.
–¿Qué acaso hace más frío? –Saker se detuvo en su partida y se volvió a Duo.
–Sí. Duo, la temperraturra baja unos 20 o 25 grados más, dependiendo de la tormenta. Te rrecuerrdo que estás en el polo norrte de la Tierra. Sé que el espacio es frío, perro no es lo mismo. La temperraturra en el espacio es baja porr falta de algo que produzca calorr, aquí el calorr puede producirrse perro es consumido porr lo que lo rrodea con voracidad, sin dejarrle llegarr muy lejos; en este caso la nieve se rroba el calor. La gente suele decir que el calor no existe como ustedes lo conocen –explicó sonriendo con mucha tranquilidad.
La franqueza con que lo decía, sobretodo la última frase: no existe, sorprendía. Quatre, sintió de repente una terrible tristeza. Pensar en que alguien no conociera el calor se le hacía imposible, pero teniendo a Saker enfrente, con esa sonrisa del que comprende algo que no conoce, entendía que era cierto. Su actitud, que aunque cálida no era la misma que podría tener con un ser querido, un amigo o el de un desconocido que saluda cordialmente. Aquel lugar y su gente no conocían el calor del día, era el calor de un día de invierno. Encerrado.
–Ya veo. –Dijo Duo apenado, sus sentimientos y sensaciones no eran muy diferentes a los de Quatre.
Saker, en realidad, encontraba muy divertida la consternación de los rostros que tenía enfrente. Una consternación por algo tan simple, se le hacía, como decirlo, lindo. "¿Porr qué les impresionarrá tanto, algo similar hizo Wufei hace mucho tiempo." pensaba. Entonces recordó algo:
–Hablando de eso: el cabello. Es una gran protección, en el caso de Duo no habrá problema, perro yo les rrecomendarría, Quatre, Trowa, que le dejarran crecerr, ayuda mucho porr las noches y no es necesarrio llevarr un gorro todo el tiempo, si se tiene lo suficiente larrgo –sonrió amablemente otra vez. –Se los sugierro.
Quatre sonrió. –Por mi no hay problema, Saker, aunque no se si me crecerá lo suficiente para que me sea útil.
–Porr eso no te preocupes, Quatre, tiempo habrá de sobra –contestó Saker regalándoles una enigmática sonrisa.
–Eso quiere decir que la tormenta dura bastante. ¿Cuánto aproximadamente? –preguntó Trowa con su acostumbrado análisis de la situación.
–Muy perrspicaz. Tres o cuatro meses, cuando menos; la más larrga durro año y medio y fue hace una década. Perro no se puede saberr cuanto durrarra ésta, así que sugierro, disfruten su estancia aquí.
Duo bostezó. –Lo siento, ha sido un largo día.
–Ha sido un largo día –confirmó Saker –será mejor que vayan a descansar, buenas noches. –Nadie pensó dos veces la idea, dieron buenas noches y se metieron a sus recamaras. Cerrando las puertas de sus habitaciones, dejaron tras ellas la figura gallarda del Coronel.
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Duo buscó sus cosas en cuanto estuvo adentro. Tenía mucho sueño y mientras antes se metiera a la cama, mejor. Sobre el escritorio encontró su maleta junto a la de Heero, buscó entre sus cosas y encontró un pijama abrigador. Que en el entender de Duo era una camiseta de manga larga y un pantalón holgado. Decidió acostarse en la cama, que a él le parecía más cómoda, junto al baño.
Como si fuera a entrar en una alberca, se preparó y saltó sobre la cama, descubriendo que era reconfortante. Jaló los cobertores, se metió bajo ellos y con gesto infantil se removió entre ellas, acurrucándose, esperando así que el sueño lo invadiera.
Mismo sueño… que no llegaba.
Duo estaba cansado pero no tenia sueño. "¡Genial!... que monserga" pensó. Se dio la vuelta y quedo boca arriba mirando el techo, con las manos tras la cabeza. ¿Que haría? "Supongo que esperare a Heero. Aunque recibiré unos cuantos Baka antes de dormir" Duo empezó a sentirse nerviosismo. "No, otra vez" respiró profundamente calmándose. "Esto no está bien, van varias veces que pasa lo mismo. Pienso en Heero y me…" ¿Qué era exactamente lo que le pasaba? ¿Quería darse cuenta? "A lo mejor es el trauma que me ha dejado." Tener a su compañero apuntándolo constantemente tenía que dejar alguna marca.
El tiempo pasó y sus pensamientos no iban a ningún lado. "¿Por que se tardará tanto?, ¿Estará amenazando a Wu?" se río. "No, no es tan bestia. Pero estaba muy molesto, bueno nunca esta alegre, pero no con las pulgas tan rabiosas. Está así desde que llegamos a la base, además casi mata a Saker cuando lo conoció." Volvió a reir "Aunque también Saker tiene su carácter…"
Entonces un golpe en la pared lo distrajo por unos segundos. Parecía que alguien se había pegado contra ella. Se quedó en silencio y expectante durante unos segundos en los que no ocurrió nada. Poco a poco, por aburrimiento y falta de sueño, regreso a sus pensamientos.
"Saker se parece a Heero, sólo que es como un Heero de buenas, eso es genial" Duo reía bajito por sus pensamientos. Imaginarse a Heero con la actitud de Saker se le hacía gracioso; si así fuese, Heero sonriendo y siendo amable, sensible y solidario, bueno sería un encanto… un verdadero encanto…
De pronto sus ideas divagaron y recordaron la escena que unas horas antes había ocurrido. La amabilidad y la ternura con la que Saker había evitado que Frela lo mordiera. Le había pedido su mano y se la había ofrecido a oler a Frela, volviendo esta mansa. Saker la acariciaba y le pidió que hiciera lo mismo, sabiéndose infantil, lo había hecho. Saker era agradable. Heero no, pensó esto con una sonrisa divertida. Su mente volvió a la escena de Frela pero esta vez se acordó de Heero. ¿Dónde estaba cuando entonces? Duo recordó haberse aferrado a algo a su espalda, no se había dado cuenta de que era, porque realmente sus sentidos estaban disparados por el espanto.
"¡OH NO!" Duo se sentó en la cama de golpe. ¡Había aplastado a Heero contra el mueble! "Oh no, ahora si va a matarme" pensó Duo preocupado, rosando la histeria, había actuado sin pensar y eso le divertía y le preocupaba a partes iguales. En ese momento tocaron a la puerta.
Por acto reflejo, se hundió otra vez entre las sabanas, cobijándose torpemente y ocultando la cara en ellas. No prestó atención a la voz que del otro lado de la puerta y se acomodó, haciéndose el dormido. Si era Heero que lo venía a matar por haberle jalado la camisa, al menos por ser su amigo tendría la consideración de matarlo mientras estaba despierto. Que consuelo. Unas horas más de viva y esa noche la pasaría con su asesino, que irónico.
Por fin, después de unos interminables segundos oyó abrir la puerta, apretó los ojos. Como si eso lo fuera a salvar de una DKWillson 47.
Sin embargo, nada ocurrió. Unos suaves pasos se adentraron en la habitación, poco a poco se fueron acercando, Duo estaba quieto, muy quieto, casi no respiraba y de pronto sintió que algo se deslizaba sobre él.
Una manta. Quien le había puesto la manta se quedo junto a su cama, observándolo. Podía sentir la mirada penetrante, pero algo cambio, oyó un suspiro algo molesto, tal vez resignado y los pasos volvieron a oírse, esta vez saliendo de la habitación y antes de cerrarse la puerta oyó una despedida:
–Buenas noches, Duo –y se cerro la puerta.
"¡Saker!" Duo se sentó de nuevo en la cama, miró la puerta cerrada, sobre él tenía una manta más. Seguramente Saker había pensado que pasaría frío. Agradeció y aferrando la manta nueva, volvió a acostarse. "Saker es agradable. Se parece a Heero, pero más agradable. Si tan sólo Heero fuera un poco así…" y pensando esto, una suave música empezó a sonar. La melodía suave de un piano. Comenzaba a dormirse… ¿Un piano?
Sin llegar por completo al sueño, se dio cuenta de que la música era real. Levantó la cabeza. La música venía de la estancia de afuera.
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Se había puesto su ropa nocturna y esperaba que Quatre acabara de asearse la boca. Habían decidido usar las camas por separado, para no levantar sospechas. Si Quatre quería mantenerlo oculto, él lo apoyaría; eso no significaba que no le daría las buenas noches como acostumbraba.
–Vamos a dormir. – Anunció Quatre al salir del baño y verlo sentado en su cama. Se veía tan pulcro en su pijama blanco y con esa sonrisa que despeja tormentas. Quatre se dirigió a su cama con intención de acostarse, él se levantó y abrazádolo por la cintura quedaron espalda contra pecho.
–Trowa…
–El que durmamos en distintas camas no hará distintas las buenas noches. –Susurró Trowa con tono sensual y recargando su cabeza en el hombro derecho de Quatre. Éste sonrió, dio vuelta y sujetó su cara. Con expresión impávida y que se había convertido en una cualidad, miró por un momento los celestes ojos y se acercó a depositar un dulce beso saboreando los labios pequeños, misma caricia que fue devuelta con ternura cuando termino la primera.
–Lo siento, Trowa, pero es mejor dormir en camas separadas, tu mismo lo dijiste –respondió Quatre a la caricia impaciente de un Trowa que era paciente en todo lo demás, menos con lo que respectaba a él. Trowa se separó de él con un gesto poco común y algo teatral, alzando la cara al cielo con lo ojos cerrados pero sin dejar de abrazarlo. El calor de sus brazos y esa suave pero firme presión eran pequeñas muestras del amor que le tenía.
–Yo y mis ocurrencias –dijo con su acostumbrada voz monocorde, que a oídos de Quatre tenían las tonalidades diluidas de las emociones. En este caso, diversión. Quatre sonrió.
–Si, Trowa, tú y tus ocurrencias. Pero ésta es necesaria, al menos por ahora –consoló Quatre.
–Si, lo se. Buenas noches –cerró los ojos y lo besó una vez más.
–Buenas noches, Trowa –contestó Quatre, siendo él quien rompiera el abrazo para meterse en la cama. Trowa, rejego a moverse, lo hizo poco después acostándose de forma que pudiera velar el sueño de su compañero antes de dormir. Quatre también le daba la cara, pero siendo el que mantenía más fuertes las convicciones de no rebelar su relación, y como siempre había conservado su cálido trato con los demás, le era más fácil contenerse y comportarse en presencia de otros. Lo que él no podía.
Quatre no necesitaba tanto el contacto ni la cercanía. Su maravillosa empatía le permitía saber que era amado y querido, no importaban las distancias o las acciones, sino los sentimientos que percibía. Su mente divagaba en esto, los minutos habían pasado sin que él se diera cuenta, pero algo lo sacó de su ensimismamiento.
Frente a él, el rubio temblaba.
La temperatura había bajado abruptamente y Quatre, siendo sensible como era, obviamente resentía más el frío de ese lugar. Trowa sonrió. Levantó las cobijas, lentamente sin hacer ruido se acercó a la cama de Quatre, donde seguía temblando. Con un rápido pero controlado movimiento, levantó nuevamente cobijas de Quatre y sin que éste pudiera responder, se metió.
–¡Trowa! ¿Que haces? –exclamó Quatre en un susurro, levantando el rostro para ver los ojos gentiles de Trowa.
–Vengo a quitarte el frío. –Quatre abría la boca. –No lo niegues –entonces no dijo nada y sonriendo Trowa lo recibió en un placentero abrazo. Lo mantuvo contra si unos momentos, sólo sintiendo su cuerpo. A su parecer era la cosa más frágil del mundo y era suya. El cuerpo de Quatre estaba frío y no quería calentarse. Trowa hizo entonces algo que solo hacía en muy contadas ocasiones, cuando una parte de él se volvía tierna y protectora; beso los cabellos de Quatre, como si de un niño se tratase. Quatre, sorprendido, sonrío y el calor empezó a abrigarlo verdaderamente.
Entonces Quatre hizo un gesto que tampoco era común en él; las puntas de sus dedos comenzaron a dibujar figuras suaves en el pecho de Trowa por sobre el pijama, las caricias no dejaban de ser sensuales aunque delicadas. Trowa respondió a estas en la estrecha espalda del de dorados cabellos. Las caricias continuaron su camino, primero procurando brindar calor, después procurando un poco más de placer.
Trowa bajó la mano a los montículos después de la espalda y volvió a subir, pero por debajo la tela y contra la piel.
–Trowa –un susurró. Quatre deslizó su mano, subiendo por el cuello y pasando por la nuca hasta internarse en el calor concentrado entre la camisa y la piel, suave y firme de la espalada de Trowa.
–Quatre –más una exclamación que un susurró.
El aliento de ambos calentaba el espacio entre los dos, cada vez más cerca de los bordes del suspiro del otro, suplicándose contacto, más y más cerca hasta unirse en un beso intemporal. Las manos de Trowa contra la piel de Quatre, sosteniéndolo en la cercanía e intentado llegar más allá a la vez, un poco más abajo. Quatre, queriendo hundirse en la espalda de Trowa, sumergía su brazo esperando llegar lo más lejos posible, mientras que su otra mano, calentaba el abdomen de fuerte cirquero.
Las exhalaciones dejaban de ser susurros y pasaban a transformarse en resuellos.
–¿Trowa, Quatre? –llamaron a la puerta.
Los ojos medio cerrados de Quatre se abrieron descomunalmente, los de él no fueron para menos. La adrenalina explotó en su interior regándose violentamente en menos del segundo. Con alterados movimientos y tropezones se separaron. La voz llamó otra vez, pero la atención que le pusieron fue nula, la alarma por la sorpresa en el acto no les dejaba tiempo a más. Trowa medio enredado en la sabanas llegó a su cama y se metió de un brinco en ella chocando un poco con a pared al mismo tiempo que Quatre se removía entre las suyas acomodándolas lo más posible y dándose la vuelta, cara contra la pared se quedó inmóvil, haciéndose el dormido. Y entonces, sin que Trowa se hubiese acomodado del todo, la puerta se abrió.
–¿Trowa?, ¿Quatre? –fueron leves palabras marcadas con acento. –Trowa… –dijo el intruso al descubrir los ojos de Trowa puestos en él, medio sorprendidos pero serios, medio sentado en la cama. –Lo siento, no quería despertarte, no escuché respuesta –hizo una pausa esperando que fuera suficiente excusa para su intromisión. –Sólo vine a dejarles unas cuantas mantas más, por si acaso. –Saker dejó las mantas encima del escritorio y antes de salir se despidió. –Buenas noches, Trowa –y desapareció tras la puerta sin que Trowa se moviera siquiera.
El aire que contenía sus pulmones salió por fin, cuando la puerta se cerró. Nunca había sentido tal tensión, su corazón latía con mucha fuerza, podía sentir el alivio bajando a su pecho. Algo más controlado giró la cabeza para ver a Quatre ¿temblando, de nuevo?
–¿Quatre? –susurró con preocupación, parándose con cautela de la cama y acercándose de nuevo a la del otro. Se acomodó sobre él, pasando los brazos a sus costados. Entonces Quatre, que parecía temblar compulsivamente se dio vuelta con una gran sonrisa en los labios, que intentaba cubrir con sus manos sobre la boca. –¿Quatre? –volvió a preguntar Trowa más sorpresa que preocupación.
Quatre se reía con ganas contenidas. –Hubieras visto tu cara, parecemos unos niños traviesos –Trowa sonrió entonces de igual modo divertido, Quatre rara vez se reía de aquella manera y la verdad es que era cierto. Se habían comportado como unos niños descubiertos en la mitad de una travesura. Luego de un beso que calmó a Quatre, éste habló –Tenemos que ser cuidadosos, será mejor que durmamos en diferentes camas, como habíamos quedado.
Trowa lo meditó. No le gustaba la idea, sobretodo después de estar acostumbrado a dormir junto a Quatre. Por pura respuesta asintió, podría decirse incluso que algo dolido. Regresó a su cama, sin que los ojos de Quatre le perdieran de vista. Dentro de sus cobijas, lo último que dijo, antes de cerrar los ojos fue:
–Buenas noches, Quatre –con los brazos cruzados y boca arriba esperó que lo invadiera el sueño.
No bien había pasado un minuto y sintió que las cobijas de su cama eran levantadas, abrió los ojos para descubrir a Quatre metiéndose en su cama. Descruzó los brazos cuanto Quatre se lo pidió con un gesto para abrazarlo, sin que a él se le fuera la sorpresa.
–Aun tengo frío. –Oyó susurrar a Quatre. Trowa sonrió. Le abrazó, cubriéndolo del frío y ambos comenzaron a dormirse con la melodía de un piano al fondo de lo que creían eran sus sueños…
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–No me agrada.
Heero soltó su respuesta como quien suelta un yunque, refiriéndose, obviamente a Saker.
–Me doy cuenta, Heero, pero no entiendo por que –contestó Wufei desde la cama, impávido ante la sequedad de Heero.
–Se toma muchas confianzas con nosotros y no lo conocemos.
–Pero yo si. Tengo año y medio de conocerlo y buenas razones para confiarle, incluso, mi vida. Razones que no cualquiera tiene, Heero, y lo sabes. –Por primera vez, en todo ese caótico día, Heero reconocía al viejo Wufei, al compañero de guerra, no a lo que ahora consideraba una imitación del general que Wufei debería ser. Wufei, como si leyera su mente contestó a su silencioso análisis. –He cambiado Heero, pero no por ello soy débil, todo lo contrario. –Heero no contestó, Wufei lo taladraba con la mirada.
–Entonces dime que es lo que estamos haciendo aquí. No me digas que es un capricho tuyo…
–Seguramente me harías arrepentirme Heero, sí, lo se. Pero no, no es del todo un capricho –cortó Wufei. Heero no pretendía dar la amenaza así, pero su fama lo perseguía y por lo que a él respectaba, no la borraría. Wufei suspiró. –Heero, sabes que no los llamaría y los mantendría en este lugar, si no fuera algo importante.
–¿Qué es, Wufei? –Éste meditó. ¿Le diría ahora? Sabía que Heero no lo soportaría por mucho tiempo, o acabaría descubriéndolo por el mismo, tomaría una de sus impulsivas acciones y probablemente tiraría todo el trabajo que hasta entonces había realizado con mucho esfuerzo después de aquel accidente. Mejor contárselo ahora y pedirle paciencia. Quizá si se lo contaba ahora, le ayudaría.
–De acuerdo, Heero, pero antes quiero una promesa de tu parte. –Heero dudó por un momento, pero terminó asintiendo.
–No actúes sin consultarme –dijo Wufei medio sonriendo ante la elocuencia de Heero, después su expresión se volvió sumamente dura y fiera.- Por algo lo hemos mantenido en secreto y no voy a permitir que un error lo eche todo a perder. –Heero sintió esto como un ataque.
–Yo no cometo errores.
–En la guerra no, Heero,… en la guerra no. Lo que he descubierto, si cae en malas manos, nos llevara a malgastar algo por lo que muchas vidas se perdieron. No podemos arriesgarnos. –Heero frunció más el ceño.
–Wufei, si no confías en mi, ¿para que demonios me llamaste? –lanzó Heero, sabiendo que tenía las de ganar. La expresión de Wufei se relajó. Había confirmado lo que siempre supo, pero valía prevenir.
–Muy bien, Heero, tú ganas, solo consúltame antes de actuar. No estoy pidiendo gran cosa. –Ahí estaba otro de sus cambios, ¡Wufei había cedido una batalla! Verbal y de conceptos, pero batalla al fin y al cabo.
–Wufei. –Este riendo contestó.
–Necesito confirmarlo, Heero. Una costumbre que he adquirido, no creo que tenga nada de malo estar seguro. No lo hagas difícil. –Si Heero fuera más expresivo hubiera torneado los ojos y gritado "!Claro que si!, ve al grano, ¿quieres?", pero como sabemos de las posibilidades remotas de que eso pase, esta inverosímil frase fue sustituida por un:
–Si,… dilo. –Sin dejar de sorprenderse por el estoicismo de su amigo, Wufei contestó.
–Se supone que todo el gundamio de la Esfera y el espacio fueron destruidos ¿no, Heero? –el aludido no contestó, dicen que el que calla otorga. –Bueno, pues no es cierto.
–¿Encontraste gundamio? –Heero se preguntaba si por esa tontería que podía ser extraída y lanzada al sol y que en un par de semanas ya no existiría, era el maldito alboroto y misterio que causaba. Wufei mantenía expresión seria.
–No precisamente el metal, Heero –dijo con una sonrisa que intentaba ser sarcástica pero en el fondo tenía una oscuridad y algo de preocupación, la preocupación que se tiene cuando algo valioso puede tener el riesgo de perderse por una decisión tuya. El eterno estigma de un líder.
Heero entendió a lo se refería y por primera vez, el asunto le parecía muy serio. –¿Cómo? –fue lo único que preguntó.
Wufei contestó segundos después, tratando de hacer un resumen lo mejor posible de lo que había descubierto, omitía cosas que no creía aun pertinentes y daba los detalles de otras. Mientras Wufei hablaba, Heero iba entendiendo el porque de muchas cosas de su nueva actitud y otras lo desconcertaban y se volvían más misteriosas. Pero lo más importante estaba claro, todo el trabajo que Wufei era una torre de naipes, en donde ellos, sus amigos y ex-pilotos de los Gundams, eran la base, los pilares y la clave para mantenerle en pie y mantener protegida la paz que tanto esfuerzo habían conseguido.
–Entiendo –dijo Heero, sabiendo ahora el porque estaban ahí, sabía que tenía que ayudar a Wufei. Ayuda era lo que necesitaba. –Esto es peligroso, debiste llamarnos antes.
–No sabía que tan grave era, hasta hace ocho meses y en ese entonces no podía hacer nada.
–¿Cómo fue que te enteraste y nosotros no?
–A Darlian le llegaron unos documentos, enviados por el General anterior con las sospechas de que aquí se encontraba enterrado lo último de gundamio que quedaba en la Tierra. Decidió investigar, pero sin nadie de suficiente confianza que no llamase la atención cerca de ella… La mayor Sally estaba con ella y decidió pedirle que me informara y realizara la investigación en cubierto. –Hizo una pausa y supuso la pregunta que rondaba por la cabeza de Heero. –También pensó en cualquiera de ustedes, Heero, pero al estar dos de ustedes en misiones asignadas y dos sin paradero, me lo pidió a mí.
Heero recordó. Hace año y medio, no se sabía nada de Quatre y Trowa, Duo estaba con los preventivos en el espacio, reconstruyendo colonias y acabando con los pequeños levantamientos agresivos a la paz y él estaba como guardaespaldas de Relena amenazada de muerte recientemente. Siendo Wufei el único, que se sabía estaba en la tierra y podía realizar ese tipo de misión sin que hubiese riesgo. –Por eso hace año y medio que me encuentro aquí –continuó Wufei. –Llegué como soldado recluta, poco a poco encontré las pruebas de la existencia de gundamio en el interior de la montaña y envié un mensaje a Darlian de que investigaría el asunto a fondo.
"Pase así mi primera tormenta, en el cierre de la base, Saker, en aquel entonces Comandante en Jefe de las fuerzas de protección, de las cuales yo formaba parte y por lo tanto era mi superior, descubrió mi identidad como ex-piloto Gundam. El General no se mostró sorprendido y declaró que tenía plena confianza en mí. Pero un grupo de soldados, Saker encabezando la lista, todavía sospechaban de mí. Con los soldados poco a poco fui ganándome su confianza, con Saker, no.
"Un día, hace más o menos ocho meses, descubrí gracias al Extranjero que la sospecha del gundamio era errónea, no se encontraba el metal. Al menos no como ello, y los descubrí. Días después el General intentó hacer uso de uno… –hizo otra pausa, pero esta vez sus ojos no estaban en Heero, Wufei parecía recordar para si. Finalmente, después de unos segundos continuó. –Ocurrió entonces un accidente. Poco antes de que ocurriera, supe de lo que se trataba y casi no llego a detenerlo por… un contratiempo… De cualquier manera no logre salvar al General, pero lo intente –un tono extraño tenía la voz de Wufei, parecía ser pena.
Afuera, casi imperceptiblemente una melodía de piano comenzó a sonar. Esto captó la atención de ambos un momento y ayudó a Wufei a salir de sus recuerdos. Volvió a la realidad mientras afuera se producía la música suave. Conociendo la impaciencia de Heero narró los acontecimientos de tan mencionado accidente de manera rápida y concisa. Heero, se sorprendió en algunos detalles, en otros apenas, pero todo iba encajando con ellos.
Mientras del otro lado de la puerta esto acontecía…
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Se había sentado al piano de la estancia, mientras la plática de Wufei y el antipático japonés terminaba. Había llevado las mantas a sus compañeros. Al único que encontró despierto fue a Trowa. Se le figuró algo alterado.
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La tonada era firme y constante, suave y melódica, con un toque de dulzura y melancólica, que otorgaban las notas agudas acompasadas con los acordes graves. Era más un arrullo que una pieza, combinando los sonidos más dulces y los más suaves, en un conjuro de clama y confort. El sonido claro de la esperanza y calor del amor estaban combinados en esa canción, en ese arrullo. Esa armonía le había echo despertar de un sueño, que no bien había tocado, para regresarlo a la realidad. Se había levantado de la confortable cama para escuchar. Nada más para eso.
Y así Duo, jalando la manta con que Saker le había cobijado, abrió la puerta silenciosamente para no interrumpir el sonido le la música. Cuando el sonido inundo el cuarto, inocentemente se asomó por la puerta, llevándose magnifica sorpresa al hacerlo.
La gallarda figura, iluminada tenuemente por la cándida luz de la lámpara a lado del piano, resaltaba. Como si fuese una aparición, un recuerdo de infancia, ahí frente a él. Esa piel blanca que recordaba solamente a las esculturas, brillaba con el calor de la luz, la expresión del cuerpo relajada pero esbelta y elegante, los labios firmes, inexpresivos dibujados por la luz y el brillo de los ojos casi cerrados, concentrándose en la tonada, irradiaba como ambarinos cristales derretidos en fuego. Todo esto contorneado por la juvenil cabellera roja, que iluminada por la lámpara, recordaba el calor del fuego que calienta de noche. Sus dedos recorrían las teclas con ligereza, completamente derecho, como si de un concertista se tratase. Duo sólo tenía una palabra para describir la imagen de Saker en ese momento…
–Precioso… –susurró. Y entonces el hechizo de la música se desvaneció.
–Siento haberte despertado, Duo –contestó menguadamente Saker al percatarse de la presencia de Duo y cerrando el piano.
–¡Sigue tocando! –pidió Duo, alterado al ver que Saker quería acabar con le hechizo definitivamente. Saker, a su vez, contempló a Duo con algo de sorpresa, después sonrió. La tapa se levantó y hechizo empezó de nuevo.
Duo caminó hacia el piano maravillado y se sentó cerca. Ahora contemplaba con claridad el rostro de Saker, brillando cual oro blanco sobre una tela de seda, sus ojos irradiando ese cálido color, contorneados por las pestañas con pequeñísimas estrellas doradas en las puntas, una corona de carmín y calor rodeando su cara y los labios pareciesen querer sonreír con la luz que jugaba en ellos. Duo contemplo esa imagen por eternos minutos y una alegría en su pecho broto, una satisfacción, un gran bien estar. Esa música hacía vibrar algo dentro de él… quería algo, deseaba algo… quizá el calor de un abrazo, del abrazo de un ser querido. Un abrazo que sólo en sueños existía.
Duo se perdió en la melodía, deseando, soñando por incontables minutos.
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Mientras la arrulladora música sonaba afuera, Wufei recordaba algunas cosas del pasado cercano, contándoselas a Heero. En algún momento, la música había callado y los recuerdos se veían más duros y secos de lo que eran, pero cuando continuó, no fueron tan agrios.
–Luego de la muerte del General, encontramos las pruebas que yo necesitaba para probar las sospechas que me habían llevado a tratar de detener el accidente. Alguien había incitado al General a probar uno de los equipos, haciéndole creer que eran seguros, poniendo en riesgo su vida… mismo que consiguió. –Wufei volvió a ver a Heero, en sus ojos se marcaba una fiera decisión.- He aquí el último enigma Heero… –el aludido sintió esa característica punzada de alerta cuando algo no andaba bien, lo que narraba Wufei era el fin de una larga explicación. –La persona que incitó al General anterior, todavía sigue en la base y esta planeando algo más. Algo relacionado con este descubrimiento.
Se hizo un silencio en la habitación, Heero entendía todo, pero lo analizaba paso por paso. La conclusión llego inminente: tenían que encontrar al culpable, sin levantar sospecha alguna. Averiguar lo posible de este y despacharlo de su debido modo. Sin embargo, el sospechoso tenía la enorme ventaja sobre ellos, de ser un completo enigma. ¿Quién era?
–Entiendo –dijo Heero al fin. –Hay que actuar con precaución.
–Precisamente –contestó Wufei. –Pero tenemos otro problema. –Heero lo miró. Wufei no se veía preocupado esta vez. –Ahora que tú lo sabes, no será fácil que lo ocultes. Debes admitir Heero, que no pensaras en otra cosa en tu estancia aquí y por lo que te he contado, debes saber que nuestro sospechoso lo notará enseguida, por muy buen actor que seas. –A Heero estas palabras le molestaron, pero como soldado que era, debía admitir una rotunda verdad. Eso era cierto. Alguna vez Duo le había hecho el mismo comentario.
–¿Y qué piensas hacer al respecto? –preguntó.
–Eso lo tengo contemplado, pero necesito que me ayudes –contestó Wufei sonriendo. –Quiero que dejes de ser soldado por algún tiempo. –Esta vez Heero no lo pudo evitar.
–¿Qué?
–Tranquilo Heero, no te estoy pidiendo que dejes las armas. Pido algo más sencillo: aprende de esta comunidad. –Ahora si, Heero no entendía nada. Wufei respiró, estaba cansado y ese día había dado demasiadas explicaciones, pero por ahora tenia que resignarse: daría unas cuantas más. –Mira Heero, para que pases desapercibido, tienes que cambiar un poco tu forma de ser. La gente de aquí, es tan fría como tú puedes serlo, pero demuestran sus sentimientos de una manera muy especial. Una manera que todos entienden, incluso nosotros los extranjeros. Pero a diferencia de Duo y Quatre, que conservan su forma de ser pase lo que pase y que por lo mismo serán aceptados muy pronto, tú y Trowa tienen el mismo problema que yo tuve. No saben comunicar lo que sienten y eso los mantendrá apartados del resto y por lo tanto se convertirán en un brillante foco de extrañeza. Y eso es lo que menos queremos –el aludido lo miraba, pero no decía nada. –No debe serte muy difícil, Heero, eres el soldado perfecto y aprendes con facilidad. Eso es lo que quiero que hagas. Quien sabe quizá, salgas más beneficiado de lo que piensas. –Wufei volvía a sonreír con esa extraña mirada de saber más de lo que decía. La música seguía afuera tranquilizando un poco los ánimos.
–Heero, en este momento todo está en perfecto control, no hay de que preocuparse, tenemos que esperar a que el movimiento se haga sólo y no creo que te quedarás parado esperando que eso pase –otro largo silencio y un corto duelo de miradas. –Yuy, por primera vez en tu vida, disfruta de tu estancia en algún lugar. Te he contado todo esto, no para que estés buscando las pistas que yo ya tengo, sino para que no estés pensando en el maldito asunto. –Wufei se había molestado. Luego notó que Heero tenía una ultima pregunta. –De acuerdo, he hablado demasiado hoy, no volveré a hacerlo de nuevo, así acepta y has tu última pregunta.
–De acuerdo, entiendo lo que dices… lo… lo intentare. –Wufei asintió, tenía lo que buscaba. –Ahora dime, ¿Quién te hizo eso?- Heero refirió la cicatriz de Wufei en el ojo derecho. Sabía que aquel que lo había hecho, era una persona de considerarse temible, pues Wufei jamás permitiría que lo tocasen, ni siquiera, en una batalla cuerpo a cuerpo.
Wufei río un poco y suspiró antes de contestar a la última pregunta de Heero, cuya respuesta, no solo dejaría ver en Heero la capacidad de sorprenderse, sino que también aclararía por que Wufei confiaba de tal manera en cierta persona, y dando a entender a Heero, después de una explicación de lo ocurrido para que aquella marca quedara en el rostro, que el motivo de su desconfianza tendría que ser alguien más.
–Saker.
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N/a: Yupi XD, al fin acabe el cap. No tienen idea de cómo me tarde en pasar este cap. Mi musa no bajaba T.T
Bueno jóvenes, me despido y nos vemos en el prox. Espero sus comentarios, en serio, me animan mucho y mantienen a la musa cerca.
¡Sean Felices!
Reviws:
Forfirith-Greenleaf: Gracias por todo, ojalá te siga gustando y sobre la propuesta… tengo unas cositas preparadas, a ver que de parecen.
Zen/Kurai Kurayanu Kage: Gracias por lo que dices, lo aprecio mucho. ¿Saker más coqueto con Duo? XD. Vendrán sorpresas. Nos vemos en el msn.
Lady Yaoi Yuri: Al parecer no eres la única que los considera cortos, a ver que te parece este. Gracias por tu review.
Charo Nakano: Me alegra que te guste. Saker y todo lo que está pasando es muy misterioso, y genera muchas dudas que se irán aclarando poco a poco. Y te diré, a lo mejor no son imaginaciones tuyas.
Usagui Kou: Ojalá estén correctas tus suposiciones, amiga.
Asr: Gracias por escribirme, lo de las notas, bueno, por eso pido una opinión, según yo dan otro punto a la historia. A ti también te gustan los "colorines bestias", son encantadores y no te preocupes, no me aburres, me encantan los reviews largos.
Hayame, chicos y chicas XD: Me encanta que estén mi casa (aunque aun quiero saber quien se comió los chocolates ¬¬… XD) Espero que este cap les guste mucho XD, nos estamos viendo en el msn. Besos ^x^
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La musa de la Autora.
"Se hallaba en el fondo de la ballena y se encontró con un desconocido. Buscando consejo, decidió preguntarle por su musa:
-Disculpe, me preguntaba, ¿sabrá donde puedo encontrar a Galia?- el desconocido sonrió y así le contestó.
-Depende de que Galia busque.
Impresionada, intentó dar las cualidades de su musa, pero sin llegar a hacerlo, el desconocido, tomó la palabra primero.
-Lo siento, amiga, creo que ha tomado usted la ballena equivocada.- y se dio la vuelta, desvaneciéndose en la oscuridad del estomago"
Basado en el relato de Juan José Areola, la adaptación del relato bíblico "Jonás y la ballena"
Este cuento se me ocurrió antes de acabar este capítulo, ya que mi musa no me ayudaba a acabarlo y se entretuvo más con los bocetos de los capítulos siguientes, pero no se hacía presente en este. Y este relato surgió en su búsqueda y poco antes de encontrarla, espero les haya gustado o por lo menos les haya resultado curioso. Gracias por todo, nos vemos n.n
