Sword Art Online: Una Lágrima de Esperanza.

La Batalla de los Dioses.

Capítulo VI: Hasta el Último Aliento.

Ni en mis peores pesadillas pude imaginar lo que estábamos enfrentando ahora. Era verdaderamente imposible vencer a nuestro enemigo, ya que ni siquiera nuestros mejores ataques lograban tocarlo. Eran llanos los esfuerzos de llegar hasta él, debido a la gran cantidad de protección que tenía. Jamás había peleado con algo así, pues no era un oponente corriente, este era un humano, como nosotros. A pesar de ello, y en un desesperado intento por poder detenerlo, es que nos reagrupamos.

-Tenemos que hacer algo.- les dije a todos mientras secaba el sudor de mi frente.

-Pero nada parece funcionar.- respondió inmediatamente Irisviel. - Tiene muchos escudos que lo rodean, es imposible llegar hasta él.

-No podemos rendirnos chicos.- añadió Asuna en un intento por alentarnos. - Tengo un plan, pero tenemos que tener mucho cuidado. ¿Están seguros de querer hacerlo?.

-Lo que sea con tal de poder seguir hasta el siguiente piso.- expresó con fuerza Silica.

-¡Es cierto!.- espetó Claire. - Ya no podemos seguir aquí, en cualquier momentos nos atacará.

Y tal como se dijo, no tardó mucho en alzarse sobre nosotros, pero no podíamos hacer nada, pues solamente poseíamos un plan a medio armar, el cual no estábamos seguros si funcionaría, por lo que ponerlo en marcha sería muy arriesgado. Pero no teníamos más alternativa que ello, por lo que Asuna comenzó a dictar un par de ordenes con el fin de alistarnos para el ataque.

-Kirito...¡Cuidado!.- me gritó Lizbeth a lo lejos. Aún que ya era tarde, nuestro enemigo estaba sobre mí.

Escudo de los Cielos!.- si no hubiera sido por la ayuda del escudo de Silica, en este mismo momento estaría muerto. - Tenemos que atacarlo, no puedo sostener el escudo para siempre.- exclamó la pequeña.

-Es cierto.- le asentí. - Claire, Therk, ayúdenme.

-¿Qué quieres que hagamos?.- me contestó el último.

-Necesito que tú lo ataques con tu espada, para poder distraerlo mientras Claire lo envuelve con sus cadenas.- les explicaba a gritos, mientras los demás intentaban contener al jefe de piso. - En ese momento Asuna y yo lo atacaremos.

-¿Y qué quieres que haga yo?.- me preguntó Silica entre tanto continuaba protegiéndome.

-Tú tienes que proteger a los demás, sobre todo a Sugu. Es por si algo sale mal.- le explicó Irisviel con mucha firmeza.

-Okey.- contestó.

-¡Ahora chicos!.- di lo orden de ataque, con el fin de poder derrotar al enemigo.

Ya no podíamos dar marcha atrás, era el todo o nada; pero teníamos que hacerlo si deseábamos salir con vida de este lugar. Con ese objetivo nos dirigimos en dirección a él, tal como lo habíamos dispuesto con el plan. El primero en atacar fue Therk como señuelo. - ¡Filo Divino!.- lentamente su espada comenzó a tornarse brillante, cargando sobre sí un gran poder, con el cual atacaría sin duda alguna. A duras penas logró esquivar los primeros dos escudos protectores, pero con el último tuvo que irse directamente al choque, terminado por caer al suelo, totalmente inconsciente.

-Yo iré ahora que esta distraído.- se alzó Claire, esperando poder obtener ventaja. - ¡Fulgor Dorado!.- entonces las cadenas comenzaron a dirigirse hacia nuestro oponente, pero terminaron siendo desviadas por los poderes psíquicos del enemigo, quedando Claire totalmente desprotegida.

Tenía figura humana, un hombre de más o menos veinte y cinco años, totalmente vestido de caballero, con una armadura negra. No titubeó ni un segundo en atacar a nuestra compañera con las espadas con las cuales estaba armado. Todos pensamos que estaba perdida, pero fue solamente gracias a Irisviel, y al hecho de que se interpuso entre estas con la ayuda de sus hachas, que Claire logró salir airosa.

No podía seguir parado sin hacer nada, tenía que ayudarlas si esperaba que todos pudiéramos salir de esta. - No dejaré que les hagas daño.- le grité al momento de atacarlo con mis espadas. Ambos nos enfrentamos breves segundos con nuestras armas; por lo menos eso bastó para que todos pudieran volver a reunirse, y para que yo pudiera zafarme con la ayuda de una de las flechas de Agil, que sirvió de distracción.

- Humanos insignificantes, ¿creen que podrán derrotarme con sus patéticos poderes?.- nunca antes habíamos escuchado a uno de los jefes de piso hablar, por lo que no pudimos disimular nuestro asombro. Sin duda alguna, este enemigo no era igual a los anteriores. - Prepárense para morir, porque no tienen salvación.

-No nos dejaremos vencer así como si nada.- le contestó Asuna, llena de soberbia y suficiencia, muy fiel a su estilo.

-¿Crees que tendrán más alternativas?.- insistió, causando el enojo de todos nosotros.

-Por lo menos lo intentaremos.- sorpresivamente para todos Arthur alzó la voz contra el enemigo. - No moriré aquí, ni mucho menos en tus manos.- continuó, mientras tomaba sus lanza.

Arthur, sin duda todo un personaje entre nosotros. Es una persona de un carácter un tanto cámbiate, pudiendo ser a momentos muy alegre, y en otros muy serio, pero dentro de todo parece ser una persona leal. Dentro de las pocas cosas que puedo recordar, es lo que mujeriego que es, siempre intentando conquistar a alguien dentro de nosotros; si mal no recuerdo su primera víctima fue Iri, pero ésta rápidamente lo rechazó. La siguiente fue Lizbeth, obteniendo exactamente el mismo resultado, hecho por el cual terminó por desistir de sus intenciones, y resignarse a su realidad.

Es debido a ello que me sorprendió mucho que tuviera las agallas para enfrentarse verbalmente contra nuestro enemigo, pues no parecía muy fuerte que digamos, a pesar de portar con él una enorme lanza, que pareciera poder cortar cualquier cosa, y debo reconocer que ciertamente me sorprendió mucho que lo eligieran a él para que nos acompañara, pero luego pensé que Asuna tendría sus razones.

-Es mejor que se den por vencidos.- nos dijo con veneno en su voz.

-¿Por qué lo haríamos?.- contestó de manera desafiante Klein.

-Porque soy el Dios del pilar de los cielos, por eso.- no entendía lo que estaba pasando, ni mucho menos lo que decía, pues no tenía ningún sentido, ¿de qué clase de dioses estaba hablando?.

-¿A qué te refieres?.- rápidamente le cuestioné, esperando poder entender a que se refería.

-Soy uno de los cinco pilares de SAO.-

-¡¿QUÉ?!.- dijimos todos al mismo tiempo.

-Lo que escuchan, soy el servidor encargado de sus escudos, y además el medidor de su dolor.- nos explicó.

-¿O sea que de ti depende el hecho de que nosotros no sintamos dolor en las batallas?.- le cuestioné.

-Exacto.- prosiguió con suficiencia. - Es por eso que cada golpe que yo les dé, les significará un enorme sufrimiento, porque he bajado sus escudos al nivel cero, por ende sentirán como si estuvieran en el mundo real.

-No importa, lucharemos con todas nuestras fuerzas.- contestó lleno de valor Therk.

-Es cierto, no nos daremos por vencidos. Si es necesario lucharemos hasta nuestro último aliento.- concordó Klein. - No tenemos más alternativa.

-Que iluso de su parte, pensar que podrían siquiera tocarme.- afirmó con sorna, burlándose de nuestra situación.

-Eso no es importa, lo seguiremos intentando hasta lograrlo.- le dije lleno de ira, debido a su soberbia.

-No por nada me dicen la Saeta Azul, con mi velocidad te juro que lograré alcanzarte.- le amenazó Asuna, empuñando su arma.

Y tal como dijo comenzó a correr hacia él esperando poder golpearlo. Con mucho éxito logró esquivar los primeros dos escudos; a duras penas siguió con el tercero, pudiendo así llegar hasta nuestro oponente. Se enfrentaron cara a cara durante un breve momento, pero finalmente Asuna terminó por ser expulsada por los aires, ya que a pesar de su gran velocidad con la espada, el jefe de piso pudo predecir cada movimiento, para finalmente contrarrestarlo.

-¡AHHH!.- gritó Asuna de dolor por el reciente ataque. - Esto es imposible.- se lamentó.

-Alto.-una omnipotente voz se impuso de la nada. - Argo, ya te lo dije, no debes hacerle daño a Asuna, ni a Kirito.

-Pero...- intentó explicarle.

-Pero nada.- se impuso, sin escucha razones. - no debes tocar a papa o a mama.

-¿Yui?.- pregunté, al mismo tiempo que Asuna. Totalmente llenos de miedo. - No puede ser.-

-Soy yo...Espero que nos veamos pronto.-

-¿Por qué estás haciendo esto?.- le preguntó Asuna, mientras la buscaba con la mirada por el lugar.

-No quiero hacerlo, pero los 5 Pilares de SAO me han capturado porque necesitan de mí para sustentar las bases de datos. Tuve que acceder a cambio de mantener a mi papa y mama seguros.- nos contó mientras sentía como la impotencia me rebalsaba.

-Como escuchan, ahora SAO esta en nuestra manos.- dijo Argo.

-No te preocupes, te iremos a ayudar.- respondió Agil. - esto no quedará así pequeña.

-No puedo hacer nada desde aquí, solamente hacerles unas mejores a sus armas.-

-Solamente resiste.- le pidió Irisviel con mucha melancolía.

-¿Yui?.- gritamos todos, esperando poder volver a contactarle pero fue imposible, ya se había ido.

-Es hora de probarnos que podemos vencer.- se alzó de armas Arthur.

Mi arma había cambiado, es decir mis espadas ahora se habían vuelto una sola. Era como una enorme lanza con dos filos que irradiaba una luz plateada muy fuerte. Al sentir este nuevo poder salté sobre Argo para atacarlo, pudiendo romper su primer escudo, pero a pesar de todo este nuevo poder, no fue suficiente. La siguiente fue Irisviel, quien con sus hachas que ahora poseían cadenas que le permitían direccionarlas, consiguió romper el segundo escudo; con eso solamente faltaba uno. Finalmente Asuna entro al ataque con una espada que tenía filo por ambos lados, muy útil para ella, y la velocidad que usa para atacar, pudiendo con ello romper el tercer y último escudo protector de nuestro enemigo.

-Es el momento.- nos gritó Lizbeth desde una esquina junto con Sugu.

-No será tan sencillo.- respondió lleno de suficiencia. - De hecho se preocuparon tanto de romper mis protecciones que se olvidaron que de mí dependen de las de ustedes.- explicó. -KillerNight.-una enorme luz rodeo a nuestro oponente, las cuales finalmente se lanzaron en forma de flecha en todas direcciones, causándonos a todos un gran dolor, quedando todos en el suelo.

Así fue que se dirigió en dirección hacia Lizbeth, Silica y mi hermana que habían quedado totalmente indefensas. En un primer intento Silica se interpuso con la ayuda de Pina pero no fue suficiente, terminando por salir volando muy lejos. El final ya era inminente para Lizbeth y Sugu, hasta que Agil se colocó frente a éstas para salvarlas, terminando por quedar gravemente herido al ser atravesado por la espada de Argo.

-Les dije que era inútil.- se jactó el caballero de oscura armadura.

-No deberías captar victoria tan rápido.- le respondió mi buen amigo, esbozando una sonrisa satisfactoria, terminando por clavarle una de sus flechas explosivas por la espalda, quedando atrapado en una gran explosión. Fue solamente gracias a Pina que Lizbeth y mi hermanita lograron salir ilesas.

-¡Agil!.- gritamos todos juntos al ver el desastre que había pasado.

-Esto no puede estar pasando.- bramó Irisviel llena de pavor, totalmente descontrolada.

-Allá está.- nos indicó Claire al verlo. - parece que no está nada bien.- velozmente se arrodillo a su junto, esperando poder darle los primeros auxilios.

-Parece que todo resulto bien ¿no?.- dijo Agil al vernos a todos reunidos frente a él, muy contento por haber podido derrotar a Argo. - ¿Están bien las chicas?.- preguntó tras toser en repetidas ocasiones.

-Estamos todos bien.- le sonreí. - Solamente falta que tú te recuperes pronto.- lentamente mis ojos comenzaron a ponerse brillosos. Ya era demasiado tarde para él. Su cuerpo estaba lleno de heridas y quemaduras, parecía muy poco probable que pudiera lograr salir de esto.

-No se preocupen por mí, deben de seguir su camino.- nos miró lleno de entereza, intentando permanecer despierto.

-¡Deja de darnos ánimos, nosotros deberíamos estar ayudándote a ti ahora!.- le grité con todas mis fuerzas, debido a la frustración que me producía no poder hacer nada para poder salvarlo.

-Era mi momento, y me alegra saber que por lo menos serví de algo.- respondió mientras comenzaba a desvanecerse sobre las piernas de Claire.

-Quédate con nosotros.- le imploró Iri junto con Asuna.

-Ya me siento muy débil, pero prométanme que volverán a casa, háganlo por mí.- nos pidió antes de cerrar los ojos para siempre. Nuestro amigo ya se había ido, ahí estaba sobre los brazos de Claire, y no podíamos hacer nada, más que llorar su partida. Todo esto era producto de esta absurda pelea que hay en SAO, esta inútil batalla que estamos llevando para poder salir de este juego, pero eso me hace preguntarme cuántas muertes más nos costará, cuántos realmente lograremos salir de aquí.

-Debemos irnos, no podemos seguir aquí.- nos indicó entre lágrimas Asuna, intentando parecer fuerte, sin éxito.

En ese momento, y mientras todo el resto seguía llorando la partida de Agil, Irisviel se me acercó para conversar conmigo. Lucia muy misteriosa, estaba tan sería que llegaba a darme un poco de miedo, pero a pesar de ello la escuché; yéndonos hacía una esquina de la cueva en donde estábamos.

-¿Qué sucede?.- le pregunté aún muy afectado por nuestra perdida.

-La muerte de Agil me hizo darme cuenta que cualquiera de nosotros puede que ya no esté mañana, así que quiero decirte algo.- me miró directamente a los ojos, llena de entereza.

-¿Qué cosa?.- le volví a cuestionar.

-Me gustas y lucharé por tí.- contestó ante mis ojos llenos de impresión. No sabía que decirle, esto me tomaba por sorpresa.

-Pero... A-Asuna.- dije muy titubeante.

-Lo sé... Pero no me daré por vencida. Dejaré que las cosas pasen y veremos cómo se da todo.- sin más, dio media vuelta y se marchó para encontrarse con el resto del grupo que estaba justamente en la otra esquina; mientras yo quedaba solo, perplejo y totalmente confundido. No tenía claro que sentía por ella, y más importante aún, si mis sentimientos por Asuna aún estaba ahí, era algo que tendría que buscar en mi interior.