¡Hola de nuevo!
Aquí vengo con el siguiente capítulo; pero, antes que nada, tanto la autora como yo queremos agradecer, de todo corazón, todos los favoritos, follows y reviews que hemos recibido. ¡Mil gracias, de verdad!
Sin más dilación, os dejo leer…
Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.
Capítulo 6: La vuelta
Se despertó bruscamente, por el ruido de un trueno y por el golpeteo de la puerta de su dormitorio. Sin embargo, en lugar de blandir su varita, Draco enterró la cabeza debajo de la almohada y gimió.
–Rose –gruñó–. Te dije que lo dejases estar.
Otra semana había pasado volando con Rose Weasley en su piso y nada extraordinario o desastroso había sucedido desde que regresaron de Malfoy Manor. Oh, la niña todavía era una amenaza, pero Draco estaba más divertido que furioso. De hecho, pasaba más tiempo con Rose, incluso había asistido a una de sus ridículas fiestas de té para apaciguar a la pelirroja. Bastaba decir que había sido una experiencia incómoda, especialmente porque Morty también había sido invitado y el elfo doméstico se había comportado como un auténtico llorón. Curiosamente, Tippy era brillante jugando a ese juego y Rose lo había invitado a su próxima fiesta del té. Morty, sin embargo, no volvió a ser invitado.
Las pesadillas de Rose también habían aumentado, aunque insistía en que solo quería que Draco le leyese cuentos antes de dormir. El rubio no la presionó al respecto, y simplemente mantenía contenta a la pelirroja al leerle cuentos en voz alta hasta que se quedaba dormida en su cama.
La niña siempre tenía la costumbre de correr a su habitación e irrumpir en ella, motivo por el que había dejado de blandir estúpidamente su varita. Habría sido muy peligroso que hubiese llegado a golpear a Rose con un hechizo estando la niña indefensa.
–Vuelve a tu habitación –murmuró.
Había sido un mal día para él. Acababa de llegar a su casa desde Suiza, y había dejado a Rose bajo el cuidado de Tippy. Siempre había odiado los Trasladores Internacionales, ya que le producían náuseas que duraban horas. Honestamente, le gustaba más la Red Flu Internacional, pero no era la forma más popular de realizar viajes internacionales en el Londres Mágico.
Por eso, Draco había decidido irse pronto a dormir y descansar, agradecido de que Rose ya se hubiera ido a la cama. Aparentemente, la niña tenía otros pensamientos en mente y había decidido molestarle.
Cuando otro trueno retumbó en su habitación, Draco finalmente se incorporó levemente y frunció el ceño. Rose ya debería haberse subido a su cama, instándolo a leerle una historia. Como la niña no lo había hecho, Draco estaba confundido.
–¿Rose? –le llamó, cogiendo lentamente su varita, que estaba debajo de su almohada y sentándose por completo.
Antes de poder iluminar la estancia con su varita, un rayo iluminó brevemente toda su habitación. En lugar de la pequeña niña de pie frente a su puerta, había una mujer inclinada sobre el suelo enmoquetado, sangrando por todas partes.
–Joder –maldijo, saltando rápidamente de su cama–. ¿Granger?
La visitante levantó la cabeza lentamente. Draco fijó sus ojos en los de color miel de Hermione, lo que provocó que respirara bruscamente. Su expresión reflejaba un dolor intenso: su frente y sus labios estaban ensangrentados. Al escanear rápidamente su cuerpo, notó que también estaba herida en su abdomen, y estaba haciendo todo lo posible para presionar esa parte del cuerpo para detener el sangrado.
–Ma–Malfoy –graznó. Un suave chillido de dolor escapó de sus labios, y ella se inclinó una vez más.
Draco inmediatamente corrió hacia su lado y se arrodilló frente a ella. Apartando sus manos a un lado, empalideció al notar que la herida era más desagradable de lo que había pensado en un principio.
Sin pensarlo dos veces, inmediatamente la llevó a su cama. Le quitó la blusa ensangrentada para ver bien su herida. Las velas en su habitación se iluminaron instantáneamente con un movimiento de su varita. Entrecerrando los ojos, miró su herida y notó venas negras brotando de ella. No parecía una herida común.
–¿Qué ha pasado? –preguntó, tratando de calmar el pánico que se estaba formando en su interior.
Sus ojos, que se iban entrecerrando poco a poco, conectaron con los suyos una vez más.
–Lestrange –susurró, estremeciéndose por el dolor–. No… no sé qué ha hecho.
Draco no sabía nada de medicina, pero lo que sí sabía era que esta debía ser una maldición oscura que requería atención inmediata.
–Tengo que llevarte a San Mungo…
–No –interrumpió, cogiendo su muñeca con toda la fuerza que pudo reunir. Lágrimas de dolor y miedo fluían por su cara sucia mientras continuaba–, Rose.
–Ella está bien –aseguró, curando sin palabras sus heridas más leves–. Está dormida –intentó sanar su abdomen con algunos hechizos de curación que conocía. Afortunadamente, había dejado de sangrar, pero las venas negras seguían sin desaparecer. Le limpió la suciedad de la cara, y todo lo que quedó era una castaña pálida, frágil y temblorosa y Draco no sabía qué hacer–. Vamos a San Mungo –insistió.
Pero Hermione sacudió obstinadamente la cabeza.
–Ma–mañana –dijo entre lágrimas–. Antes debo ver a mi hija.
Draco soltó un suspiro irritado.
–De acuerdo –escupió–. Le despertaré y…
–N–no –lloró, cogiendo su mano–. No puede verme… así.
–¡Entonces déjame llevarte a San Mungo! –gritó, frunciéndole el ceño sombríamente a la temblorosa morena–. Si mueres esta jodida noche, no creo que le puedas ver nunca más –dijo bruscamente.
El miedo brilló en su rostro y Draco la miró con horror. Ella pensaba que iba a morir, y por eso se negaba a ir a San Mungo sin haber visto antes a su hija.
–Joder, Granger –gruñó entrando pánico. Decidió llamar al Sanador Matthews en busca de ayuda. Esperaba, con toda esperanza, que el Sanador atendiera inmediatamente su llamada.
Ella siseó de dolor una vez más, y Draco corrió hacia su cocina. Cogió un frasco de poción para el dolor y otra para dormir y corrió a su habitación una vez más, como si su vida dependiera de ello. Hermione estaba temblando violentamente cuando llegó, con los dientes castañeteando ruidosamente en su habitación, que estaba inquietantemente silenciosa.
Le ayudó a beber la poción para el dolor y el efecto fue instantáneo. Su expresión dolorida desapareció, y todo lo que quedó fue pánico y miedo.
–Necesitas descansar –indicó cuando ella miró cautelosamente la poción para dormir que llevaba en sus manos–. No te llevaré a San Mungo, lo prometo. Pero intentaré llamar a un sanador te atienda de inmediato. ¿De acuerdo?
Ella le miró durante unos minutos, antes de asentir débilmente con la cabeza.
–Bebe esto, entonces –dijo, ofreciendo la poción con cautela. Hermione cogió la poción y se la bebió en tres tragos. Enseguida se durmió en su cama. Estaba demasiado pálida y su pulso era débil. Le asustaba pensar que parecía estar muerta.
Con este pensamiento en mente, llamó bruscamente a Tippy. El elfo doméstico apareció al instante, mientras se frotaba el ojo derecho y soltaba un amplio bostezo.
–¿Ha llamado el Amo Draco a Tippy? –preguntó, somnoliento.
–Llama al Sanador Matthews. Rápido –ordenó con severidad.
Cuando el elfo doméstico vio a la castaña inconsciente sobre su cama, sus ojos se abrieron de par en par. Sin decir palabra, desapareció con un pop. Draco se quedó solo, rezando a quien pudiera escucharlo para que el Sanador Matthews llegase pronto.
Draco no había pegado ojo desde la llegada de Hermione. La malherida castaña aún estaba inconsciente, y la miraba de vez en cuando para ver si todavía estaba viva y respiraba. Su respiración se volvía irregular, y la poción para el dolor ya había perdido su efecto. Hacía muecas mientras dormía, y suaves gemidos de dolor escapaban de sus labios de vez en cuando. Sin embargo, la poción para dormir era poderosa, y el dolor no era suficientemente fuerte como para despertarla.
El Sanador Matthews llegó cuando el sol ya se alzaba en el horizonte. Era un hombre distinguido, con una gran frente y una nariz puntiaguda. Sus ojos acerados y verdes ordenaban respeto y acción. Draco había dudado de él cuando comenzó a ser el sanador personal de su madre, pero era el sanador más competente en su campo. Sin embargo, hacía tiempo que Draco confiaba en él con su vida y la de su madre y ahora, la de Granger.
–Perdón por mi tardanza, estaba en una conferencia –se excusó. Parecía agotado y cansado, pero la mirada decidida en sus ojos no lo hizo dudar–. ¿Cuál es el problema?
–Preferiría que lo viese usted mismo –respondió Draco de forma sombría mientras acompañaba al Sanador Matthews a su habitación.
El sanador siempre se comportaba de una forma estoica. Cuando el rubio acudía a él por algún altercado que había tenido con los furiosos familiares de alguna de sus víctimas del pasado, el Sanador Matthews nunca hacía ningún tipo de comentario y rápidamente le curaba. Sin embargo, Draco observó que, cuando el hombre entró a zancadas en su habitación y vio a Hermione Granger inconsciente en su cama, sus ojos se abrieron de par en par.
–Hermione Granger –dijo, volviéndose para mirarle–. Pensaba que estaba fuera del país.
–Lo estaba –asintió, gesticulando débilmente a su alrededor–. Apareció de la nada en mi apartamento, sangrando.
Estaba tan angustiado que se olvidó de limpiar los charcos de sangre que Hermione había dejado en su alfombra. "Lo limpiaré más tarde", pensó distraídamente.
El sanador Matthews hizo un sonido en el fondo de su garganta y sacó su varita. Hizo intrincados movimientos con ella, y al instante, una luz azul envolvió a Hermione. Sus signos vitales se proyectaban sobre ella, y Draco palideció, dándose cuenta de que su pulso era demasiado lento y su respiración demasiado rápida. La expresión del sanador no ayudaba para nada.
El sanador hizo desaparecer la blusa de la castaña, exponiendo completamente su abdomen lesionado. Frunció el ceño al examinar las venas negras que brotaban de su herida. Comenzó a sangrar una vez más, a pesar de que Draco había intentado detener la hemorragia durante toda la noche para evitar que se desangrara hasta la muerte.
–Hace una hora le he dado un poco de poción para reponer la sangre –le informó–. También, en cuanto llegó, le di un poco de poción para el dolor y otra para dormir.
El sanador Matthews no respondió, ya que estaba demasiado ocupado revisando la receptividad de sus pupilas y sus patrones de respiración. Hizo otro movimiento complicado de varita, esta vez hacia la herida en su abdomen. Cuando apareció una luz negra, la expresión del sanador se oscureció.
–Es malo, ¿no? –preguntó Draco con gravedad.
–Lo es –contestó el sanador con un asentimiento firme. Le frunció el ceño a Draco–. Debería haberla llevado a San Mungo inmediatamente.
–¿Cree que no se me pasó esa idea por la cabeza? –explotó. Cuando el Sanador Matthews alzó una ceja por el tono de su voz, Draco suspiró y se calmó–. La maldita bruja se negó a que le llevase a San Mungo. Por eso le he llamado, estaba esperando que usted pudiese hacer algo al respecto.
El sanador estuvo pensativo durante un rato, y miró la lesión en su abdomen una vez más.
–Esta es una maldición muy oscura –continuó el sanador. Draco no estaba sorprendido, el ya había pensado que sería algo así–. Todo lo que puedo hacer es estabilizarla y evitar que se propague a otras partes del cuerpo. ¿Ve esas venas negras? –señaló algunas mientras Draco seguía el trazo que hacían sus dedos–. Están creciendo y una vez que lleguen a su corazón...
Se detuvo, mirándole seriamente, y Draco palideció.
–Lo mejor es que la señorita Granger sea llevada a San Mungo –dijo el Sanador Matthews con resolución–. Los sanadores de Daños por Hechizos sabrán qué hacer.
Draco pasó una mano frustrada por su cabello y asintió.
Esperó hasta que el Sanador Matthews hubo estabilizado a la castaña y detuvo la propagación de las venas negras. Cuando el sanador se fue, Draco esperó junto a Hermione hasta que se despertó.
Rose ya estaba despierta y Draco suspiró, tomándolo como una señal para salir de su habitación. Había pasado las horas restantes antes del desayuno contemplando cómo decirle a la niña que su madre estaba allí y que estaba gravemente herida. Draco aún no sabía qué decirle.
Miró a Hermione una última vez, que todavía estaba inconsciente, antes de salir de su dormitorio. Inmediatamente se dirigió hacia la mesa del comedor y encontró a Rose, que ya estaba comiendo felizmente su tostada francesa mientras leía El Profeta.
–¡Buenos días, Draco! –le saludó con alegría, mostrando todos sus dientes de leche.
Draco gruñó y se sentó en la silla frente a ella. Tippy le preparó unas magdalenas y salchichas con una humeante taza de chocolate caliente. "Tal vez necesito café hoy", pensó, haciendo una mueca. Su cabeza ya estaba lo bastante dormida y mareada por su viaje internacional y la falta de sueño. Tratar con Rose ese día iba a ser mucho peor, por lo que decidió quitárselo de encima cuanto antes.
–¡Finwick se ha ido de los Tornados! –anunció Rose con gravedad, señalando la imagen del descontento ex miembro de Quidditch de los Tutshill Tornados. En las imágenes, ocasionalmente se quedaba dormido y era inmediatamente despertado por uno de los periodistas–. Los Tornados no tienen un Guardián para la próxima temporada.
Draco no estaba realmente sorprendido de que esto hubiese sucedido. El Guardián era infamemente conocido por su narcolepsia. Después de todo, Birch le había culpado por su pérdida contra los Ballycastle Bats. La única razón por la que le habían mantenido en plantilla era porque, en realidad, era un Guardián brillante. Bueno, siempre y cuando lograse mantenerse despierto durante todo el partido...
–El Capitán Birch encontrará a otro, estoy seguro de ello –le aseguró mientras se preparaba mentalmente para darle la noticia a la niña.
–Me gusta Finwick –dijo Rose con el ceño fruncido–. Tiene el pelo bonito.
El rubio suspiró y miró a Rose con determinación.
–Escucha, Rose…
Rose jadeó ruidosamente y señaló otra imagen en El Profeta.
–¡Tío Harry! –exclamó, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
Draco frunció el ceño y le arrebató el periódico de las manos a pesar de sus protestas. Tal y como la niña había dicho, Harry Potter estaba de pie frente a los periodistas, con una mirada sombría en su rostro. Su imagen en sí sacudía constantemente la cabeza, mirando airadamente a los periodistas y frunciendo el ceño. Luego, la imagen volvía a repetirse.
Miró el título y leyó:
Mortífago Renegado Atrapado en China
Por: Phyllis Poppycock
Hace dos semanas se reveló que Rodolphus Lestrange fue el asesino de nuestro querido héroe, Ronald Weasley, hace tres años. A la luz de esta revelación, la viuda del señor Weasley, la Heroína de Guerra, Hermione Granger, y el famoso Niño Que Vivió, Harry Potter, viajaron a China con la esperanza de atrapar al mortífago.
Las fuentes afirman que Lestrange ya ha sido atrapado, pero la gente especula que Lestrange no estaba trabajando solo y que Hermione Granger está desaparecida. Cuando se le preguntó, Potter rehusó a responder cualquier pregunta, simplemente alegando que tienen la situación bajo control. Hasta ahora, se desconoce el paradero de la señorita Granger, y se cree que ni siquiera El Niño Que Vivió sabe dónde está.
Rodolphus Lestrange es famoso por ser el esposo de la fallecida Bellatrix Lestrange, anteriormente Black, y haber sido parte del círculo interno de Voldemort... (Continúa en la página 6)
Draco sintió una enfermiza sensación de alivio con la noticia de que Lestrange había sido atrapado. Los mortífagos, los intransigentes, aún no podían aceptar que su Señor Oscuro había desaparecido para siempre. Como un antiguo Mortífago, había escuchado historias, principalmente relatadas por Theo, sobre cómo un pequeño grupo planeaba construir una resistencia contra el Ministerio actual. "Lo que es simplemente estúpido" pensó con un suspiro decepcionado. El Lado de la Luz había ganado un poder constante desde la derrota de Voldemort. La mayoría de los Mortífagos habían sido arrojados a Azkaban o estaban muertos. Unos pocos habían desertado al Lado de la Luz antes de la Batalla Final. Un puñado todavía acechaba sin rumbo, y Draco sospechaba que éstas eran las personas que querían formar la resistencia.
–¿Son…? ¿Son malas noticias? –preguntó Rose con suavidad y con el miedo reflejado en sus ojos–. No pareces estar bien, Draco.
En lugar de responder a su pregunta, dejó el periódico a un lado y miró directamente a los ojos de color del océano de Rose.
–Rose –empezó. La niña notó la urgencia de su tono de voz, ya que se sentó erguida y fijó toda su atención en él–. Tengo algo que decirte, así que escucha con atención.
Ella asintió lentamente con la cabeza.
–Anoche –empezó lentamente, tratando de encontrar las palabras adecuadas–, vino tu madre.
Sus ojos se abrieron como platos.
–¿Mamá? –preguntó efusivamente–. ¿Está aquí?
–Sí, sí, está aquí –dijo rápidamente.
Rose estaba a punto de saltar de su silla y salir corriendo para encontrarse con su madre, pero Draco le sujetó la muñeca firmemente con una mirada de advertencia.
–Antes que te deje verla, debes ser una buena chica, ¿vale? –dijo con severidad. Sus ojos ya brillaban con lágrimas de felicidad, y Draco tuvo que apartar el temor de su rostro para no preocupar a la niña–. Ahora está durmiendo, pero está muy, muy enferma. No puedes molestarla mientras descansa.
–¿Mamá no está bien? –preguntó con suavidad, haciendo un puchero por la preocupación.
Draco decidió no endulzar sus palabras.
–No, no lo está –afirmó–. Un sanador ya le ha visitado y, por ahora, está bien. Creo que tengo que llevarla a San Mungo.
Las lágrimas comenzaron a brotar en sus ojos, lo que le hizo suspirar.
–¿Prometes ser una buena chica? –instó, sabiendo que la presencia de una niña histérica no sería buena para la castaña que estaba herida en su habitación.
Rose sorbió su nariz con delicadeza y secó sus lágrimas.
–S–sí, Draco –respondió temblorosa.
Draco asintió con satisfacción y condujo a Rose a su habitación.
Se preparó mentalmente antes de abrir la puerta, y se sorprendió al ver que Hermione estaba despierta. Sus ojos se fijaron instantáneamente en los suyos, su mirada cansada y somnolienta, pero al ver que traía a Rose con él, las lágrimas se agolparon en sus ojos.
–Rose –susurró–. Cariño.
–¡Mamá! –sollozó Rose, trepando rápidamente por la cama de Draco y envolviendo sus brazos alrededor de su madre–. Mamá, ¿estás bien? ¡Draco me ha dicho que estás enferma! ¿Estás bien, mamá? ¿Estás herida?
Hermione se rio de por sus preguntas y, con cariño, apartó los rizos de Rose de su rostro. Draco notó que ella todavía hacía muecas de dolor constantemente y tomó nota mental de darle otra ronda de pociones para el dolor.
–Oh, mi amor, te he echado de menos –dijo la morena entre lágrimas, juntando a su pequeña hija en sus brazos, con cuidado de no presionarla demasiado contra su abdomen lesionado–. Te he echado mucho de menos.
–Yo también te he echado de menos, mamá –contestó Rose–. ¡Has estado fuera mucho tiempo!
Draco salió lentamente de su habitación y cerró la puerta, dejando a la madre y a la hija a solas.
Draco le envió una lechuza a Potter para decirle que Granger se había quedado en su apartamento y que estaba gravemente herida. Ni siquiera habían pasado diez minutos cuando su chimenea sonó y se volvió esmeralda.
–Malfoy, soy yo.
Draco agitó su mano y dejó caer las barreras. En ese momento, Harry Potter se cayó de su chimenea en un montón desordenado, aterrizando sin miramientos en el suelo.
–Siempre tal lleno de gracia, Potter –le saludó Draco con una sonrisa ladeada.
Su némesis del colegio simplemente lo miró y se enderezó.
–¿Dónde está Hermione? –preguntó con urgencia y preocupación.
–En mi habitación –dijo el rubio, agitando su varita una vez más para levantar de nuevo las barreras–. Descansando. Rose está con ella ahora mismo.
Potter se puso verde y se dejó caer en uno de los lujosos sofás de su sala de estar. Draco observó uno de los juguetes de Rose, la cosa cuadrada, amarilla y esponjosa, asomando por debajo del trasero de Potter, pero el Auror no pareció darse cuenta.
–No está nada bien, ¿verdad? –preguntó preocupado.
Parecía que ya sabía cuál era la respuesta a su pregunta, pero Draco le respondió de todas formas.
–Tiene una herida desagradable en el abdomen debido a una maldición oscura –respondió el rubio–. Así que no creo que ella esté bien.
Harry suspiró pesadamente y enterró su rostro en sus manos.
–Jodido Lestrange –maldijo.
Draco observó en silencio mientras El Niño Que Vivió se quitaba las gafas y se masajeaba el puente de la nariz. Las ojeras debajo de sus ojos eran prominentes y su tez estaba llena de cenizas. También notó varios cortes en su cara, prueba de una batalla.
–¿Qué demonios ha pasado? –preguntó Draco finalmente, muerto de curiosidad.
Potter estaba en conflicto. Sabía que estaba dudando sobre si contarle lo que sucedió en China. Afortunadamente, decidió ser sincero.
–Atrapamos a Lestrange, pero eso creo que ya lo sabías –dijo, señalando la última edición de El Profeta sobre la mesa de café–. Y, en pocas palabras, fue una captura… desordenada.
–Me lo imaginaba –dijo, frunciendo el ceño. Rodolphus podría estar loco, pero era un maldito buen luchador. Había una razón por la cual era uno de los pocos que habían escapado de las garras del Ministerio durante tantos años.
–Había algunos Mortífagos con él, pero escaparon –continuó Harry, pasando una mano por su increíblemente desordenado cabello–. Lestrange era bastante fuerte, pero Hermione logró inmovilizarlo. Yo era... fue todo por mi culpa –se frotó el pelo con frustración, para sorpresa de Draco–. Yo solo... La dejé allí, sola, con el asesino de Ron, mientras alertaba al Ministerio de su captura y... No debería haberlo hecho.
Su voz se quebró, y se aclaró la garganta apresuradamente. Draco podría estar imaginando cosas, pero pensó que los ojos de Potter estaban antinaturalmente brillantes.
–Escuché a Hermione gritar e inmediatamente entré, pero ya era demasiado tarde –Potter hizo una pausa y respiró hondo–. Lestrange había enviado una maldición oscura en su dirección y ella... –se acarició cansadamente la cara, y Draco tuvo que apartar la mirada mientras algunas lágrimas escapaban de los ojos de Potter–. Ella desapareció y pensé que la también la había perdido.
Por el rabillo de los ojos, vio a Harry limpiándose apresuradamente las lágrimas. Draco le dio un momento para calmarse antes de volver su mirada hacia él.
–Está bien por ahora –no sabía por qué estaba tranquilizando a Potter, pero le parecía que era lo que debía hacer. Además, él ya no era el matón del colegio–. Está descansando en mi habitación.
–Maldita bruja, haciendo que me preocupe de esta forma –dijo Harry con una risita húmeda–. Creo que pensó en Rose cuando le golpeó la maldición de Lestrange, y accidentalmente apareció en tu apartamento.
Tenía sentido, pensó Draco, mientras asentía con la cabeza de acuerdo.
–¿Puedo…? ¿Puedo verla? –preguntó Harry.
El rubio gesticuló en silencio hacia la puerta de su dormitorio, y Harry no necesitó que se lo dijeran dos veces. Inmediatamente se levantó del sofá y corrió hacia su habitación. Draco, por otro lado, optó por quedarse en la sala de estar y esperó hasta que Potter se fuera.
–Tienes que ir a San Mungo.
Ya no era una petición, sino una orden, y Draco se negaba a que Hermione continuase negándose tercamente.
Hacía tiempo que Harry Potter había abandonado su piso. Rose ya estaba dormida, acurrucándose contra la castaña. Hermione todavía estaba despierta y había estado observándola mientras Draco le entregaba un nuevo lote de pociones.
–Ha venido a verte un sanador esta noche, y él recomendó encarecidamente que te llevase a San Mungo –continuó, negándose a mirar a Hermione a los ojos. Mirarla le hacía sentir extraño. Ver a Hermione débil y enferma no le sentaba bien. Él siempre había creído que ella era valiente, fuerte y condenadamente buena. El estado en el que se encontraba en este momento había roto esa imagen perfecta que tenía de ella.
–¿Tan mal está? –preguntó.
Draco suspiró y finalmente la miró a los ojos. Había una emoción ilegible en ellos, y él trató de sacudirla.
–Sí –replicó con rigidez–. Afortunadamente, el Sanador Matthews llegó justo a tiempo para detener la progresión de las venas negras hacia tu corazón –Hermione palideció más–. Hace unas horas me mandó una lechuza y me dijo que había consultado con los sanadores en la Unidad de Daño por Hechizos. Aunque mortal, esta maldición oscura es fácilmente tratable, pero tardarían un día entero en trabajar en ella.
Hermione asintió en silencio con la cabeza.
–Creo que es mejor que te lleve a San Mungo mañana por la mañana –se ofreció. Potter se había ofrecido a ir con Hermione, pero todavía tenía que lidiar con el papeleo del caso de Lestrange y los periodistas. Draco no dudó en ofrecerse voluntario para acompañarla. Extrañamente, Potter no protestó e incluso le dio las gracias.
–Pero… Rose –dijo, frunciendo el ceño–. No creo que deba estar ahí mañana.
–Estoy de acuerdo –dijo, asintiendo con la cabeza–. Pensaré en alguien que pueda cuidar de ella mientras nosotros estemos ahí. Así que, por ahora, céntrate en descansar.
Hermione continuó mirándolo con una expresión ilegible en su rostro.
–Yo… Bueno, iré a la habitación de invitados para que puedas dormir en tu cama esta noche, Draco –se ofreció, pero él negó con la cabeza firmemente.
–No te preocupes –dijo con una mirada severa–. Ya estás aquí. Dormiré en la habitación de invitados esta noche, así que deberías aprovechar para dormir un poco.
Granger se mordió el labio inferior, sus ojos de color miel miraban fijamente al rubio.
–Debería ir yéndome –dijo entonces, moviendo la varita para apagar las velas. La habitación fue sumida en una abrumadora oscuridad, pero Draco aún podía distinguir la figura de Hermione–. Buenas noches, Granger.
–Buenas noches, Draco.
Estaba a punto de salir de la habitación, pero ella le llamó una vez más, deteniéndolo.
–Yo… –empezó. Con tanta oscuridad, Draco no podía ver su expresión facial. Sin embargo, podía ver sus ojos y brillaban intensamente–. Gracias, Draco. Por todo.
Estaba agradecido de que estuviese oscuro, porque su rostro se desmoronaba por el miedo y la preocupación que sentía por su bienestar.
–Descansa un poco, Granger –fue su mera respuesta, y luego salió de la habitación.
Nota de la Autora: Quedaos tranquilas, que próximamente habrá más interacción entre Draco y Hermione, ahora que ella está de vuelta. O, lo que es mejor, ¡habrá más interacción Dramione + Rose! El siguiente capítulo es sinceramente uno de mis capítulos favoritos, pero no contiene mucho Dramione jajajaja. Estoy segura de que lo comprenderéis una vez que lo publique. Además, sé que Hermione no es exactamente la "Madre del Año" por haber dejado a Rose con Draco y haber merodeado por China para atrapar al asesino de su marido. Hermione ama ferozmente a Rose, y esto se irá viendo a medida que avance la historia, pero perseguir a Lestrange era algo que tenía que hacer. ¡Espero que me entendáis! Voy a parar ya, o sino acabaré contando toda la trama... jajaja. Sólo necesitaba defender a Hermione, eso es todo jeje.
¿Qué os ha parecido este capítulo? A mí me ha encantado ver a Draco preocupándose por Hermione tanto o más de lo que se preocupa por Rosie. ¿Y qué me decís de la conversación entre Draco y Harry? ¿Habrán dejado de lado sus batallitas de Hogwarts? ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!
Con cariño,
WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.
