Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro. Twin Flames es propiedad intelectual del grupo de Symphonic metal Epica, tomada de su álbum "Requiem for the Indifferent" y fue inspiración para la elaboración de este FF. El concepto de "la pucelle" y todos los personajes relacionados (excepto los referentes históricos) son de mi propiedad.


We've flow afar, beyond the sea ~Volamos lejos a través del mar~

To find each other finally ~Para encontrarnos finalmente~

We've waited long and patiently ~Esperamos pacientes mucho tiempo~

To build a bridge between dualities ~Para construir un puente entre nosotros~


— ¡Adelante!

Elora entró en la habitación con una enorme sonrisa en el rostro, ya no iba vestida con sus ropas negras, esta vez llevaba un vestido blanco con corsette rojo y abertura en los costados de la falda, una prenda de combate. Su cabello estaba trenzado y recogido en un pequeño chongo, además una corona de hojas de laurel, aparentemente de oro, complementaba su peinado. Seras permaneció sentada en la orilla de la cama; tras tomar un largo descanso acomodó sus pertenencias y tomó un pequeño tente pie, la bolsa de sangre médica se encontraba a la mitad cuando llamaron a la puerta.

— Siento molestarte, pero quería ver si esta toga te queda, es parte de la ceremonia, puras formalidades absurdas, ya sabes como son los viejos con estas cosas. — Se acercó a la draculina mientras le extendía la prenda de vestir, tan blanca como el vestido de su anfitriona. Seras le indicó con un gesto de la mano que se sentara a su lado.

— ¡Gracias! Me la probaré ahora mismo.

— Espero que no te sea fastidioso. Las togas son muy anticuadas y nos hacen ver como una secta o algo así, pero es parte del ritual que inventó Olivier... es tan exagerado a veces. ¿La toga te queda bien, o está muy ajustada?

La rubia se levantó para colocarse la prenda encima de sus ropas, le quedaba un poco ajustada en el pecho, pero en cuanto al largo de la misma le quedaba perfecta; la expresión de Elora cuando habló de Olivier no pasó desapercibida para ella, se veía tan frustrada, nada que ver con la radiante sonrisa que tenía al entrar en la habitación.

— Está perfecta, gracias.

Sin perder contacto visual, se sentó a lado de ella nuevamente, podía entender como se sentía la chica, quizá si lograba que se desahogara un poco cambiaría ese abatido semblante.

— Elora, sé que no es de mi incumbencia, pero si necesitas ayuda con algo, puedes contar conmigo.

— ¿Ayuda? ¿Elliot te dijo algo?

— ¿Elliot? ¡No, no, no, no, no! — Negó con las manos, nerviosa y asustada por la idea de meter al joven en problemas. Elora se rió ante su enfática negativa. — Es solo que, bueno, yo sé lo frustrante que puede ser el estar rodeada de hombres, sin tener oportunidad de hablar con una chica de ciertos temas. Cuando era humana, estaba en un departamento de policía y mis compañeros eran tan inmaduros e insensibles a veces, que me desesperaba tenerlos como única compañía. No he visto otras mujeres, aunque no he visitado todo el lugar... es tonto, mejor olvida lo que dije.

— Tranquila, no me molesta, al contrario, te lo agradezco. Si eres la vocera de Hellsing, seguramente estarás por aquí en varias ocasiones y notarás cosas que no tiene caso ocultar. Además, tienes razón, es horrible estar rodeada de hombres todo el tiempo... Elliot es mi mejor amigo, un excelente confidente y consejero, pero no deja de tener cerebro de hombre. ¿Qué fue lo que te comentó? Para saber donde iniciar.

— Solo mencionó el odio de Olivier por Rais... — Seras dudó, ¿Qué tan delicado era el tema de su madre para Elora? — Y me habló sobre los semivampiro.

— Entonces habló de mi madre y porque Olivier me odia. Bien, eso acorta mi versión. — La pelinegra suspiró y agachó el rostro, dejando que su flequillo cubriera sus ojos. — Poco después de que nací, mi madre se suicidó porque no pudo con la humillación. No puedo culparla, si un demonio tan despreciable como Rais me hubiera violado, también me suicidaría. Jamás lo he visto más que en pinturas, pero mis rasgos físicos son parecidos a los suyos, era un suplicio tener que amamantar y cuidar de mí. Crecí bajo la tutela del señor Antoine Flament, que en ese entonces era la mano derecha de Olivier; él se encargó de mi instrucción en técnicas y tácticas militares, así como el manejo de armas y todo lo relacionado con asuntos diplomáticos que involucraran a la organización, después de todo soy la heredera de Pierre Du Lys y en algún momento tomaría su lugar. Desde que recuerdo, Olivier siempre ha sido cortante conmigo, evita cualquier encuentro innecesario o no me dirige la palabra salvo que deba decirme algo que Elliot no pueda comunicarme; tampoco lo culpo, él odia a Rais más que cualquiera de nosotros, le quitó a su amada Juana en dos ocasiones y supongo que el verme le recuerda ese repudio... siempre quise tener su favor, que me tratase por lo que soy y no por quienes me concibieron, así que no me negué cuando me encomendó mi primera misión. Tenía que rastrear a uno de los brujos del aquelarre de Guilles, pero fue una trampa; al ser una simple misión de rastreo, estaba sola y además era la primera vez que estaba en campo, no en los simuladores de la pucelle. Era un simple humano enfrentando fuerzas oscuras, más allá de la compresión de mortales e inmortales, los brujos de Guilles de Rais utilizan magia negra para atacar y además tienen todas las ventajas de los vampiros, no tuve oportunidad contra ese bastardo y yo... — La voz de Elora se cortó, titubeó un poco y Seras intuyó que estaba conteniendo el llanto. — Mis conocimientos y habilidades no bastaron. Estuve a punto de morir, pero Olivier me encontró y salvo mi vida, condenándome al mismo tiempo. Los semivampiro no desarrollamos habilidades extraordinarias hasta que bebemos sangre. Una de las propiedades de la sangre vampírica es la curación para los mortales, así como quitan vida tienen el poder de devolverla y ese vampiro que tanto me odia por la sangre que llevo en mis venas me dio la suya para salvarme... solo para que siga viviendo, ahora atrapada en la eternidad con él, tolerando su desprecio e indiferencia. ¡Él me mandó a esa misión! ¿Acaso me salvó por lástima? ¿Para remediar su error? ¿Fue por orden de Antoine? No lo sé.

— Yo no creo que fuese por lástima, Elora. — Seras apoyó su mano en el hombro de la chica de forma afectuosa, se sentía un poco abrumada por esa confesión, ella entendía lo que es vivir en un círculo de desgracias. — Tal vez no lo demuestre, pero sé que eres muy valiosa para Olivier.

— ¿Valiosa como comandante? Solo soy un peón para él, Seras, y yo... yo... — Ya no pudo contenerse, Elora se arrojó a los brazos de la rubia y lloró en su hombro.

— Tú lo amas, ¿verdad? — Se le hizo un nudo en la garganta, esa pobre chica estaba enamorada de un hombre que tal vez no le correspondería nunca. La acunó en sus brazos de forma protectora, su cuerpo emitía calor y contrastaba considerablemente con la frialdad del suyo, pero se esforzó en transmitir su comprensión en ese pequeño acto.

— ¡Soy una estúpida! Amar a un demonio que me odia... ¡Jamás seré Juana, jamás podré competir contra ese recuerdo en su cabeza! Nunca podré ser mi madre.

— No eres una estúpida, Elora. El amor es la prueba de que mantenemos algo de humanidad tras la máscara de engendros que nosotros mismos nos hemos impuesto. No hay sentimiento más hermoso y puro, es lo que te hace humana, lo que te hace vivir...— Hablaba más para ella misma, pero sus palabras lograron calmar el sollozo de la pelinegra. Pasaron algunos minutos hasta que Elora se hizo a un lado, mirando apenada a la draculina.

— Lo siento, no quería incomodarte con mis problemas, pero es la primera vez que puedo confesarle a alguien todo esto. Elliot es muy apegado a Olivier y no quisiera ponerlo entre la espada y la pared.

— No digas eso, me alegra poder ayudarte. Yo también estuve mucho tiempo sin compañía femenina, pero sir Integra se volvió como una hermana para mí y ahora Catalina es como mi hermana pequeña. No puedo prometer visitas constantes, pero vendré cada vez que pueda, igual eres bienvenida en Inglaterra, Hellsing siempre será tu casa.

— Gracias, Seras, significa mucho para mí. Solo venía a dejarte la toga y terminé haciendo que me adoptaras. Tengo que regresar al salón, pero Elliot vendrá por ti para llevarte a la ceremonia.

Elora se levantó y salió de la habitación tras despedirse con la mano. Seras permaneció con la vista fija en la puerta, pérdida en sus pensamientos; el amor era lo que la mantenía consiente de su humanidad: amor a Catalina y Alexander, amor a los hijos que pronto vendrían de ellos, amor y respeto por su maestro, amor al recuerdo de Integra y amor por Pip... No importaba el tiempo que transcurriera, ella no dejaría de amar el recuerdo de ese hombre y todo lo que implicaba. Entendió el dolor de su nueva amiga, aferrarse a un amor que no te llevará a ningún lado puede ser hiriente y destructivo, pero, ¿qué más se puede hacer, cuando un recuerdo o un sentimiento no correspondido es lo único que te hace sentir humano? Se sintió culpable por el repentino interés que tenía en Elliot, quizá su soledad comenzaba a causar estragos en ella y se justificaba buscando un parecido con el mercenario. ¿Cuánto tiempo estuvo meditando? Miró de reojo el reloj que adornaba una de las paredes, eran las once de la noche. Cambió sus ropas por la toga blanca y limpió su rostro; sin darse cuenta, pequeñas lágrimas de sangre resbalaron por sus mejillas y sonrosaron su piel, cada vez que recordaba al capitán de una u otra forma el resultado era el mismo. Tocaron a la puerta una vez más y un repentino brote de adrenalina la recorrió, tenía que ser Elliot. Una marea de confusión hizo que se sintiera al borde de la asfixia, ¿por qué se emocionaba tanto? El joven le resultaba atractivo... no, le resultaba semejante, idéntico a alguien... de ahí derivaba su emoción.

— Un segundo. — Terminó de limpiarse el rostro y acomodó un poco su cabello antes de dirigirse a la puerta, suspirando varias veces para calmar sus nervios antes de abrirla. — Lamento la demora, Elliot.

— No se preocupe, señorita Seras. La toga ceremonial le queda muy bien, espero que no le sea molesto usarla, pero son formalidades añejas e inviolables.

— Elora ya se ha disculpado y no es molestia en absoluto. Me halaga poder ser participe en algo tan importante para ustedes.

— Ya veo. Sé que le encantará la ceremonia, los viejos rituales son muy entretenidos, sobre todo para quienes gustamos del ataque cuerpo a cuerpo. — Le ofreció su brazo a la chica para caminar a su lado, pero la duda en su rostro y el temblor en sus manos no pasaron desapercibidos para él. — ¿Está todo bien, Seras?

— ¿Eh? Ah, sí, lo lamento.

Su sonrisa fue forzada, muy distinta a la que le regaló antes de que la escoltara por primera vez. Tomó su brazo y comenzó a caminar a su ritmo, dirección a una zona del recinto que no visitó durante el tour de la tarde. Elliot no habló más, intuía una creciente incomodidad en su acompañante, quizá derivada de la emoción o la molestia por los rituales de su organización. El resto del trayecto estuvo envuelto por un incómodo silencio hasta que llegaron a un enorme salón con paredes de piedra y antorchas colgadas en las esquinas, dejando en una ligera penumbra el entorno. Varias personas se encontraban dispersas en pequeños grupos, vistiendo la misma toga que Seras llevaba puesta, con las capuchas de las mismas cubriendo sus rostros. Varias manos se alzaron amistosas para saludar a su acompañante, quien correspondía el gesto con una inclinación de cabeza; en ningún momento se alejó de la draculina, ni siquiera para saludar a quienes se dirigían a él de una forma más familiar. La condujo al centro de la estancia, donde todos comenzaban a arremolinarse, dejando un circulo en el centro con un diámetro de varios metros. Pasaron algunos minutos antes de que todos los presentes cesaran sus murmullos ante la presencia de dos siluetas que caminaban entre los presentes que se apartaban a su paso, Seras reconoció de inmediato a Elora que caminaba a un lado de la imponente figura de Olivier.

— El día de hoy, como ya es tradición entre nosotros, nos hemos reunido para conmemorar el aniversario luctuoso de la santa Juana de Arco, benefactora de estas tierras, la vasta región de Domrémy. Preservando el noble linaje de su familia, la sucesora en turno Elora Darc blandirá nuestra más valiosa reliquia para brindar una demostración de combate.

Elora dio un paso al frente y desenvainó la espada que perteneció a la santa, dirigiendo el filo hacia el interlocutor. Olivier se giró hacia ella haciendo una ligera inclinación, antes de desenfundar su propia arma y comenzar el bloqueo de las estocadas que la chica lanzaba en su dirección. Seras quedó maravillada por la destreza de ambos; la pelinegra blandía la espada como ella misma manipulaba el aura de su brazo y su oponente bloqueaba cada una de ellas con elegancia y sin esfuerzo, con movimientos sutiles de su cuerpo, era como si ambos estuviesen danzando al son del hierro chocando entre sí.

— ¡Ambos son asombrosos!

— ¿Le gusta el arte de la espada, señorita Seras?

— Me gusta observarlo, pero jamás podría ser tan hábil y elegante. Sir Integra trató de enseñarme esgrima más de una ocasión, pero esas cosas no se me dan bien. Supongo que soy más de ataques directos y contundentes.

— Elora fue entrenada por los mejores artistas marciales de la sede desde que era una niña pequeña y disfruta de estas exhibiciones.

La draculina prestó atención al rostro de la chica por primera vez desde que empezó el encuentro. Su sonrisa era enorme y placentera, el rubor de sus mejillas le daba un toque encantador a su piel y el tono violeta de sus ojos brillaba salvajemente, dirigiendo miradas desafiantes a su adversario. Olivier lucia indiferente en apariencia, pero los ojos de un vampiro son capaces de detectar emociones en las facciones de un rostro frio y distante, Seras pudo ver a través de esa mascara para toparse con la misma excitación que Elora mostraba sin tapujo, ambos disfrutaban del combate y la destreza del otro. Estaba muy ensimismada con el espectáculo, pero se percató de la rigidez de Elliot cuando alguien se acercó a él y susurró palabras a su oído que pudo entender perfectamente: "está en resguardo, planta baja". Fingió no darse cuenta del hombre que se alejó entre la multitud de espectadores, ni darse cuenta del momento en que el castaño liberó su brazo de forma delicada.

— Tendrá que disculparme un momento. Por favor, disfrute del resto de la ceremonia.

— ¿Todo está bien, Elliot?

— Problemas menores, no se preocupe. Regresaré tan pronto como me sea posible.

Le dio la espalda tras dirigirle una afectuosa sonrisa y caminó hacia la salida de la estancia. Quiso permanecer indiferente y seguir admirando la demostración de Elora y Olivier, pero algo dentro de sí le decía que no eran problemas menores los que demandaban la atención de Elliot. Estaría inmiscuyéndose en asuntos internos de la pucelle y eso podría traer problemas y malos entendidos, pero su intranquilidad aumentaba con cada minuto que transcurría. Pasó por su mente la posibilidad de alertar a Elora, pero seguía en combate y si al final resultaban problemas menores, quedaría en ridículo y de paso arruinaría la ceremonia. No tenía alternativa, seguiría a Elliot tratando de no llamar la atención y se aseguraría de que todo estuviese en orden, solo un pequeño vistazo para calmar sus ansias. Salió totalmente desapercibida y valiéndose de su olfato siguió la dulce fragancia que emanaba del cuerpo del castaño, tan parecida a la de Pip, incluso podría jurar que era la misma... ¿Una broma del subconsciente? Seguramente. Descartó esos pensamientos y se concentró en seguir el rastro, adentrándose en pasillos oscuros y escaleras que descendían a lo que supuso eran los subterráneos de la sede, mucho más profundo que las mismas instalaciones. Pasaron varios minutos antes de que pudiese escuchar algún sonido familiar, la voz del ojiverde se escuchaba distante pero clara a sus oídos de vampiro, hablando en su natal francés. Agradeció el haber aceptado las lecciones que Pip le dio antes del desafortunado incidente.

— ¿Quién lo capturó?

— La comitiva de Salazard. Estaban de guardia en París y lo encontraron tratando de acceder a las catacumbas.

— ¿Rastrearon el lugar?

— El grupo de Angeline está en eso. Se tomó como prioridad traer al prisionero y comenzar con el interrogatorio.

— Fue una buena decisión, Dubois. Anatole es del aquelarre de Rais y su pista se perdió desde que atacó en Londres.

— ¿Avisamos a Olivier?

— Está en la ceremonia con Elora. Ve al salón de la sede y en cuanto termine la exhibición tráelos, llamaremos mucho la atención si interrumpimos el ritual.

— Entendido, general Lowell.

Pudo escuchar los pasos presurosos de un hombre que iban en su dirección. Seras se pegó lo más que pudo al muro e imploró para que no fuese descubierta, esos no eran asuntos menores y podrían juzgarla por espionaje. Por fortuna el hombre pasó de largo y pudo suspirar con alivio una vez se aseguró de que se hubiese alejado lo suficiente. Elliot mencionó un ataque a Londres, ¿sería antes o después de que ella fuera incluida en las fuerzas de Hellsing? Supuso que sería antes, ya que no recordaba ninguna misión que involucrara un vampiro prófugo, excepto...

— ¡El vampiro de los asesinatos ritualistas!

Tuvo que tapar su boca para hacer silencio de nuevo y asegurarse de que no la hubiesen escuchado. ¿Sería el mismo vampiro al que se enfrentó? Una parte de ella la mandaba a salir de ahí, regresar al gran salón y fingir que nada pasó hasta que Elora la pusiera al tanto; la otra parte le exigía investigar al respecto, después de todo, por culpa de ese demonio fue que perdió la conexión que tenía con Pip. Su curiosidad y la misma confianza que la guiaron años atrás fueron las mismas que la incitaron a seguir adelante, el olor de Elliot se intensificaba a cada paso que daba y su voz era más clara.

— Podemos hacer esto de dos formas, Anatole. Puedes responder a mis preguntas sin resistirte e intercederé por ti ante Olivier. Puedes oponerte y él mismo te sacará cada respuesta usando métodos de tortura que ni siquiera bastardos como ustedes han empleado en sus ceremonias.

— ¿Qué te hace pensar que responderé a las demandas de un humano inútil? He acabado con cientos de vampiros y demonios, ¿crees que tus estúpidas amenazas me intimidan?

Esa voz, definitivamente era la misma del vampiro que la atacó. Un escalofrío recorrió su cuerpo, apretó los puños y tuvo que morderse el labio para no gritar. Tenía una oportunidad perfecta para vengarse, ya no era la inexperta y confiada Seras de antes, ahora se sentía capaz de encarar al mismo diablo. Por otro lado, tenía que pensar en lo que era políticamente correcto, la asociación entre ambas organizaciones era algo por lo que Alexander y Catalina trabajaron arduamente, no podía ser tan egoísta. No pudo avanzar ni retroceder, aquella conversación continuó y no hizo más que seguir escuchando.

— Tal vez sea un humano, pero te aseguro que no uno inútil. Dime, Anatole, ¿sabes lo que es un médium?

— ¿Médium? No son más que videntes inservibles, humanos inútiles con una habilidad privilegiada entre los mediocres.

— ¿Sabes lo que puede hacer un médium?

— Le preguntaré a uno cuando lo conozca.

El grito de dolor que precedió aquel diálogo erizó la piel de Seras.

— Eso es lo que puede hacer un médium. Ahora, ¿cooperarás conmigo?

— Eres un maldito vidente, ¿no? ¿Por qué no exploras mi mente?

De nuevo silencio. Sin ser del todo consiente, Seras caminó en dirección al cuarto donde interrogaban al prisionero. Observó a través del cristal que la separaba de Elliot y el vampiro que reconoció al instante. Su aspecto andrajoso y sucio la hizo rememorar cada segundo de su encuentro, la burlona mueca en ese rostro desfigurado por las costras de suciedad provocó en ella repulsión y a la vez avivó su sed de venganza. El castaño colocó su diestra en la frente del prisionero y cerró los ojos, concentrándose en algo que la draculina no comprendió. Pasaron varios minutos hasta que Ellito abrió los ojos abruptamente y el vampiro se río.

— Tú...

— ¿Qué viste? ¿Los niños, los ancianos o las mujeres? Cada uno ha servido a fines mayores, lejos de tu comprensión.

— Tuviste un enfrentamiento con alguien de Hellsing cuando estabas en Londres.

— ¿La inútil draculina? No era digna ni como ofrenda a un demonio menor. ¿Disfrutaste de la visión? Fue divertido enfrentarse a la hija bastarda de Vlad, pero no fue digna, Guilles jamás se fijaría en alguien tan patético.

Por primera vez la mirada de Elliot fue fría, sus alegres gestos cambiaron a un semblante lleno de ira y cerró la mano con la que mantenía el contacto mental, clavando las uñas en la carne hasta que pequeños brotes de sangre escurrieron entre sus dedos.

— ¿Qué interés tiene Rais con Hellsing? ¿Intenta contactar a Vlad?

— El empalador no es más que un esclavo, inútil a nuestra causa.

El agarre de Elliot fue mayor, incluso el vampiro hizo una ligera mueca de dolor. Seras se sintió cohibida ante esa mirada, penetrante y mortal.

— ¿Qué hacías en Londres? ¿Rais se encuentra en Inglaterra?

— Puedes torturarme todo lo que quieras, médium, pero jamás te daré algo que sea benéfico para ustedes.

Fue cuestión de segundos, el castaño cerró los ojos con exasperación y su cautivo enemigo aprovechó para romper las esposas que lo sujetaban y alzar el brazo en su dirección, tomándolo del cuello.

— ¡ELLIOT!

El vampiro se giró hacia ella cuando escuchó su voz y al reconocerla arrojó el cuerpo hacia el extremo contrario de la habitación para lanzarse en su dirección, rompiendo el cristal que antes los separaba. Antes de que Seras pudiera reaccionar estaba tendida en el suelo, los cristales se incrustaban en su piel y aquel ser despreciable sobre ella, buscando su garganta con las manos. Las uñas eran tan largas como garras y rasgaban su piel en su forcejeo por evitarlo.

— Te subestimé, maldita perra. Esta vez no, iras directo al infierno y su estúpida alianza de organizaciones contigo.

— No lo creo...

Uso toda la fuerza de su cuerpo para girarse y quedar encima de él; Anatole levantó la mano y cubrió su rostro con ella, Seras sintió un gran calor emanando hacia su rostro y escuchó la detestable voz susurrando algo que no fue capaz de comprender. Su cuerpo fue cediendo poco a poco, destensando sus músculos y relajando la postura de su agarre, algo no andaba bien. Cayó de espalda sobre el frio suelo de mármol; a lo lejos pudo escuchar la voz de Elliot llamándola, incluso vio de forma borrosa como encaró al vampiro, atacándolo con maniobras de artes marciales, pero eso no sería suficiente. Sus extremidades no respondían y la voz no le salía de la garganta, estaba totalmente petrificada, tan impotente como una simple muñeca. No pudo hacer nada cuando las garras de ese vampiro se clavaron en el abdomen del ojiverde, rasgando la carne y manchando la blanca toga de un color escarlata que le resultó muy familiar; era como recrear la muerte de Pip desde una perspectiva distinta, pero el olor y la esencia eran los mismos. Observó como el cuerpo de Elliot se desplomó y su atacante huyó; a lo lejos se oían voces familiares, ellos tenían que ayudarlo.

— ¿Seras, estás bien? Seras, reacciona.

Alguien la tomó por los hombros y la zarandeó repetidas veces. La voz era de Elora.

— ¡Maldita sea! Seras, si me escuchas, tengo que ir por ayuda para Elliot.

La soltó y escuchó sus pasos haciendo eco al chocar con el mármol, distantes y lejanos. Con dificultad se giró hacia el cuerpo de Elliot, podía escuchar su corazón palpitar de forma débil y pausada, era imposible que Elora regresara a tiempo. Tenía que hacer algo, no podía perderlo de nuevo, no quería que alguien más muriera por su ineptitud al momento de afrontar situaciones así. Pero, ¿qué podía hacer, si apenas era capaz de moverse? Hizo memoria, algo tenía que saber, cualquier cosa que resultase de utilidad.

"Una de las propiedades de la sangre vampírica es la curación para los mortales... así como quitan vida, tienen el poder de devolverla..."

Elora dijo que la sangre de Olivier la salvó... la sangre de un vampiro era un bálsamo para los mortales. Se arrastró con dificultad hasta que pudo sentir el cuerpo de Elliot que comenzaba a enfriarse.

— No... mueras...

Palpó su ropa hasta encontrar un cristal de buen tamaño de los varios que se incrustaron en la tela cuando cayó y con un pulso tembloroso hizo un profundo corte en su muñeca derecha, era mínima la movilidad que tenía, sus músculos permanecían tensos, pero cada segundo contaba. Con las yemas de sus dedos exploró el rostro frío de Elliot y al sentir sus labios los separó, acercando su ensangrentada muñeca. No supo si bebió, ya no pudo resistirse más al hechizo del que era víctima y perdió el conocimiento.