CAPÍTULO VI.
Mientras el taxi la conducía a su hotel, Korra no pudo dejar de pensar que había perdido demasiado tiempo los últimos años, evitando Ba Sing Se. La ciudad era enorme y había cambiado mucho en poco tiempo.
Cuando el taxista se detuvo frente al hotel, Korra tuvo que preguntarle al taxista si no se había equivocado de lugar. Nunca se había alojado en un lugar así, ni aún cuando había acompañado a Asami en alguno de sus viajes. Su habitación era más grande que su departamento en Ciudad República, y casi tan lujoso como el de Asami. Su teléfono le recordó de inmediato el motivo de su estancia, aún no se había instalado cuando la estaban llamando para reunirse de inmediato con los ejecutivos de Industrias Ferret. Korra estuvo segura que su primera impresión al teléfono no había sido la mejor, había titubeado más de una vez al aceptar ir a cenar con ellos.
Aunque le dijeron que se trataría sólo de una cena, no quiso estar mal preparada y pasó el resto de la tarde revisando los correos electrónicos que su jefe le había enviado. Antes de darse cuenta llegó la hora. Decir que estaba nerviosa era subestimar cómo se sentía. No era la primera vez que asistía a una cena de negocios, pero era la primera vez que lo hacía sola.
Respiró profundo tantas veces que casi se sintió mareada cuando llegó al restaurante del hotel. Antes de siquiera preguntarle, el anfitrión la estaba guiando a la mesa. Algo cambió cuando se acercó, primero pensó que eran los nervios, luego sintió como si su cuerpo se llenara de estática, preparándola para algo…
Había dos hombres esperándola, en cuanto el primero levantó la vista su corazón casi se detuvo, habían pasado muchos años, pero aún era capaz de reconocerlo, se trataba de Hasook, su rostro fue muy elocuente al verla. El otro hombre seguía de espaldas, y Korra rogaba con todas sus fuerzas que no se tratara de él, de todos los hombres en Ba Sing Se, de todas las posibilidades…no podía tratarse de él. No pudo seguir avanzando, se detuvo a un par de pasos de la mesa, el otro hombre volteó…nada la había preparado para ese momento. Su corazón latía tan fuerte que parecía que iba a salírsele del pecho y quería al mismo tiempo huir, y gritarle todas las palabras que había callado durante tantos años. El miedo le ganó la batalla a la indignación y se dio la vuelta para marcharse de prisa.
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Mako bebió el resto de su taza de café de un sorbo, esperando que fuera suficiente para no bostezar durante la reunión.
- Tal vez debimos esperar hasta mañana, ¿estás seguro que no vas a quedarte dormido? – preguntó Hasook.
- Es sólo una cena, si no hablamos de nada demasiado serio voy a estar bien. Odio estas cosas, son incómodas para todos.
- A mi me agradan. Siempre es mejor conocerlos frente a una copa de vino que en una sala de juntas, ¿no te parece?
- Prefiero la sala de juntas – dijo Mako tomando la carta de vinos – el café es mejor.
- Eres demasiado aburrido para tu propio bien, Mako. ¿Encontraste algo sobre la persona a quien enviaron?
- Creo que me enviaron la información esta mañana, pero no tuve tiempo de revisarla.
- Déjame adivinar, estuviste todo el día tratando de planear tu viaje a Ciudad República…
La voz del anfitrión distrajo a Hasook, que tuvo que levantar la vista. La sorpresa no comenzaba a describir lo que sintió cuando se encontró con un par de ojos azules demasiado familiares. La persona a la que Mako estaba buscando estaba allí, y le costó varios segundos darse cuenta que también era la persona a la que esperaban.
Mako vio la sorpresa en los ojos de Hasook y volteó a ver de quién se trataba, y de pronto fue como si todo a su alrededor se colapsara. Después de tantos años, ella estaba allí, pero antes de que él pudiera determinar si era real o se trataba de otro producto de su imaginación, ella se dio la vuelta y se marchó de prisa.
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Korra se detuvo. Sabía que él la había seguido hasta allí. Había pasado los últimos años preparando sus emociones para ese momento, construyendo barreras y sepultando el amor que alguna vez había sentido debajo de pesadas lozas de rencor y enojo.
Desafortunadamente había cosas con las que no había contado, por ejemplo, los recuerdos que su olor podía evocarle.
Se dio la vuelta y lo encontró a un par de pasos. No se permitió examinarlo, aún cuando sus ojos le pedían a gritos que lo hiciera.
- Así que tú eres el Director de proyectos de Industrias Ferret – dijo Korra satisfecha de que su voz no delatara el torbellino de emociones que amenazaban con desbordarla.
- Korra… - su voz, ¿cuántas veces había imaginado escucharla sólo para encontrarse con el silencio?
- No puedo creer que esto esté pasando – dijo Korra, más para sí misma.
- Estás aquí, ¿cómo…? – las palabras nunca habían rehuido a Mako hasta ese momento, podía sentir que la oportunidad se le escapaba y no podía decir nada – Korra, está aquí…
- No pierdas tu tiempo, Mako. No vas a encontrar nada familiar en mí.
- Nunca pude decirte lo que pasó, Korra, yo…
- No vas a conseguir nada. La idiota a la que tratabas como basura y aún besaba el suelo que pisabas desapareció el día que despertó sola en ese cuarto de hotel.
Mako trató de decir algo, pero Korra se lo impidió.
- Y tampoco te confundas. La única razón por la que en este momento tolero tu presencia es porque tengo un compromiso con Industrias Futura. Hubiera preferido no volver a verte el resto de mi vida. Apreciaría tratar contigo lo menos posible. Podemos ahorrarnos esta cena y todas las actividades en las que pretendías que socializáramos, entiendo que será inevitable tener que verte alguna vez, pero espero no hacerlo a menos que sea necesario.
Mako hubiera querido decir algo para salvar lo que le quedaba de orgullo, pero las palabras no salieron de su boca. Había algo en la actitud de Korra… si hubiera estado molesta o hubiera habido odio en sus palabras… pero lo único que encontró fue indiferencia… su tranquilidad terminó por destruir las esperanzas de Mako. Korra había seguido adelante, y él se había convertido en alguien más de su pasado.
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El teléfono timbró apenas un par de veces antes de que contestaran.
- ¿Hola? – respondió una voz somnolienta.
- Lo vi – dijo Korra con voz temblorosa, aún no se recuperaba de lo que había pasado.
- ¿Korra?, ¿estás bien? – preguntó Asami.
- No, no estoy bien. Lo vi, hablé con él… lo tuve a menos de dos metros de mí…
- Korra, no te entiendo nada, ¿por qué no te tranquilizas para que pueda…?
- Mako es el director de proyectos de Industrias Ferret, con él es con quien tengo que firmar el contrato.
Asami guardó silencio.
- ¿Ya lo sabías? – preguntó Korra incrédula.
- No estaba segura.
- No puedo creer que me hayas hecho esto, Asami. Pudiste haberme dicho, me habría negado a venir aquí…
- Por eso no te dije nada.
- Entonces, si lo sabías – dijo Korra furiosa.
- Korra, esta es la oportunidad que va a determinar tu carrera. Si te lo decía ibas a rechazarla y… ya estaba harta de verte arruinar tu vida por su culpa.
- ¡No era tu decisión!
- Korra, siento habértelo ocultado, pero esta era la única forma… cinco años fueron suficientes, ni tú ni… ni yo habríamos podido seguir así.
Korra guardó silencio. Era difícil molestarse con la única persona que había estado allí con ella. Asami no lo decía, pero en esos cinco años Korra también había detenido la vida de Asami que tenía que acudir cada vez que se desmoronaba.
- Dime algo – pidió Asami – ahora que lo volviste a ver, que lo tuviste cerca, ¿crees que existe la posibilidad de que puedas perdonarlo?
- No – respondió Korra de inmediato.
- Entonces, ¿por qué no te deshaces de una vez de su fantasma? Ya es hora de que lo enfrentes y lo dejes atrás.
- Aún tengo que revisar los contratos, te llamo después.
- Korra…
- Sé que te debo más de lo que alguna vez voy a ser capaz de compensarte, pero no tenías derecho a hacerme algo así – dijo Korra antes de colgar.
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Hacía muchos años que Mako no estaba tan nervioso, hacía muchos años que nada aceleraba su corazón de esa forma. Volvió a ver el reloj, habían pasado apenas treinta segundos desde la última vez. Un minuto después de las diez, Korra ya debía estar allí.
El sonido de su lápiz contra la mesa estaba volviendo loco a todo el mundo en esa sala, pero nadie le dijo nada, era el director después de todo.
- Deberías tranquilizarte, tenemos este trato en el bolsillo – le su asistente, que aprovechaba el tiempo para jugar en su celular.
Mako no respondió, se levantó y se acercó a la ventana. La vista desde el piso diecisiete siempre le resultaba entretenida y muchas veces lograba tranquilizarlo, pero en ese momento nada podía distraer su atención. La puerta se abrió y giró la cabeza tan rápido para ver de quién se trataba que su cuello lo resintió. Su corazón comenzó a latir muy de prisa cuando vio a Korra entrar con uno de los ejecutivos.
El hombre la presentó, pero bien pudo haber estado hablando de cualquier cosa porque Mako no escuchó una palabra. Su corazón latía tan violentamente que le sorprendía que los demás no pudieran escucharlo, y su cerebro se negaba a quitar su atención de Korra… era distinto verla con la luz del día. Sus recuerdos no le habían hecho justicia, tuvo que regresar a la realidad cuando se dio cuenta que se dirigían directamente a él.
- … él es Mako, es el director del departamento y el encargado directo de este proyecto.
Mako extendió su mano, no pudo evitar sonreír, estaba ansioso porque Korra la estrechara, ansioso por sentirla otra vez, por comprobar que era real y no una de las muchas alucinaciones que se habían burlado de él durante esos años.
- Es un placer – dijo Korra formal y cortante, estrechó su mano de prisa y de inmediato desvió la vista, durante los dos segundos que sus ojos se cruzaron no pudo ver más que indiferencia.
Se había dirigido a él de la misma forma que lo había hecho con todos los demás, ni siquiera parecía molesta… cualquiera hubiera dicho que era la primera vez que se veían.
