Summary y disclaimer en laos capítulos anteriores.
Âmes sœurs
Cap. 6: Tus efectos sobre mí.
Inspiración: Amor primero-Reik.
.
«El amor auténtico se encuentra siempre hecho. En este amor un ser queda adscrito de una vez para siempre y del todo a otro ser. Es el amor que empieza con el amor»
.
¡Vamos Bella, úsame! ¡Te veras genial conmigo en ti!
Fijé mi mirada en el sencillo y casual vestido negro que se veía indefenso y solitario en mi armario, parecía como si me pidiera que lo usara –o tal vez esto era solo el resultado de mis nervios-, pero no estaba segura de querer hacerlo, no sabía si la ocasión lo ameritaba, ni siquiera sabía si se le podía llamar cita a eso, además iríamos solo a tomar algo, no me gustaría parecer fuera de lugar.
Ignorando el vestido, elegí unos jeans negros y una blusa casual de un tono verde obscuro, sí, eso estaba bien, nada de vestidos por el momento. Después de vestirme, cepillé y sequé mi cabello meticulosamente, deseando hacer un buen trabajo con él, pero las mismas ondas de siempre aparecieron cayendo como cascada sobre mis hombros, me puse brillo labial como toque final pues no era precisamente una gran aficionada del maquillaje.
Cuando terminé tomé mi bolso y eché una ojeada al reloj antes de salir de mi habitación. Eran las 8:10, si no quería hacer esperar a Edward tenía que apurarme, Alice había salido con Jasper, el cual aun no conocía y lo habría hecho si cuando vino por ella yo no hubiese estado disfrutando de la ducha. Alice no estaba enterada de mi salida, confiaba en ella, pero últimamente parecía como si se le fuera a terminar el tiempo, andaba muy acelerada y ni que decir de lo emocionada que estaba hoy por salir a distraerse un rato con su novio, ya que según ella la escuela no la dejaba ni respirar, yo lo último que quería era atosigarla con mis cosas.
El taxi se detuvo frente a la tienda de discos y una figura humana tal como un Dios griego se acercó para abrirme la puerta, antes de bajar le pagué al conductor para después ir al encuentro de Edward que me tendió su mano y me ayudó a salir. Ya podía sentir ese extraño cosquilleo.
Al verme me sonrió.
-Gracias –dije, empezando a sonreír como una tonta y observando lo apuesto que se veía, llevaba un hoodie azul marino encima de un suéter gris, que por lo que podía ver se le ajustaba perfectamente al cuerpo remarcando su bien trabajado torso y su musculoso pecho, su cabello tenía ese despeinado casual que tanto lo caracterizaba.
Gracias a Dios mirar era gratis, de no ser así mi cuenta sería realmente cara.
El cielo ya estaba obscuro, y estaba corriendo un poco de aire.
-De nada, por un momento creí que te habías arrepentido –dijo, mostrándose un poco serio- me alegra de que no haya sido así.
-Claro que no, yo siempre pago mis apuestas -dejé de hablar al darme cuenta de un detalle- no me imagino cuanto tiempo has estado aquí afuera -dije, extrañada de que no estuviera dentro del local- perdón por acerté esperar -ahora me sentía un poco apenada.
Comenzamos a caminar por la acera, con un pequeño espacio entre nosotros que quise que no existiera, y por el cual sentía que saltaban chispas.
-No te preocupes, de hecho venia saliendo cuando tu llegaste –intentó restarle importancia, pasando su mano por su desordenado cabello- concluí que era hora de salir si no quería que el "señor perceptivo" –se burló, imitando comillas en el aire- empezara a hacer sus conjeturas, el es, mmm… -intentó buscar la palabra correcta- comunicativo, mi teoría dice que aún que no te haya visto irá a decirles a Emmett y a Jazz un montón de cosas.
Recordé que antes ya me había dicho que ellos formaban parte de su grupo de amigos, a si como también el otro chico que trabajaba con él.
-¿Hablas del otro chico que también trabaja aquí?, eh, Seth, ¿no es a si? -Me reí, era chistoso la manera en la que hablaba de ellos, se veía que se llevaban muy bien.
-Ese mismo –afirmó derrotado después de liberar una gran cantidad de aire.
-Bueno y a donde vamos -pregunté curiosa.
-Pues… ¿Qué te parece el Starbucks?, hay uno aquí cerca… ¿O te gustaría ir a algún lado en especial? -su expresión era como de alguien dispuesto a ir a donde le dijese.
Me encogí de hombros.
-El Starbucks entonces… me gusta -sonreí y él me devolvió la sonrisa.
-Perfecto, prometo que la próxima vez será algo más creativo.
Mi corazón se regocijó de emoción. Lo miré a los ojos, a ese par de gemas que me empezaban a volver loca, que me hacían sumergirme en la inconsciencia haciendo que me olvidara de todo, hasta de que el oxigeno es vital para mis pulmones.
-¿Próxima… vez?
-Claro, porque soy yo el que siempre va a ganar en las apuestas -sonrió orgulloso.
Le di un manotazo amistoso en el hombro.
-Fanfarrón -el repiqueteo de su risa era maravilloso, se estaba convirtiendo en mi melodía favorita- te hubiera ganado si no fuera por ciertos inconvenientes que tuve y que no pienso decir en voz alta.
Lo que pasó a continuación no me lo esperaba, Edward llevó su brazo a mis hombros, atrayéndome lo más cerca que se podía hacia él, desee tanto rodear con mis brazos su cintura, lástima que estaba inmóvil por la sorpresa, tanto que sentí como mi corazón, poco a poco y en cada palpitar, se iba deteniendo.
-No tienes de que avergonzarte -su murmullo era tan frágil y liviano como el aire. Para entonces el cosquilleo que se extendía por todo mi cuerpo era inexplicable pero para nada desagradable, por supuesto como era ya mi costumbre me sonrojé furiosamente.
Abrí la boca para decirle algo, de veras que quería, pero no se me venía nada a la cabeza. Deshizo su abrazo entorno a mí y la sensación acogedora se esfumo de golpe. Lo vi alejarse para abrirme la puerta del lugar -pues ya habíamos llegado- y dejarme entrar primero. Yo aun seguía atónita.
Nos acercamos al mostrador para hacer nuestros pedidos.
-Buenas noches, bienvenidos, que van a ordenar -nos atendió una chica.
Edward me miró con una sonrisa bailando en sus labios.
-Que se te antoja Bella.
-Humm… un frappe de moka y caramelo está bien –respondí, saliendo de mí transe.
-Muy bien, entonces que sean un frappe de moka y caramelo y un café expreso por favor -ordenó.
Tuvimos un pequeño debate a la hora de pagar, y yo que pensaba que aquí la única terca era yo, pero la vida es cruel y me presentó a la horma de mi zapato, claro está que Edward se opuso rotundamente a que yo gastara un solo peso. Fuimos en busca de un sitio para sentarnos, encontramos uno perfecto que estaba al fondo, en el área de no fumar, y en el cual extrañamente no había mucha gente.
Me dije a mi misma que tenía que relajarme, no podía comportarme a si cada vez que lo tenía cerca.
-¿De verdad te gusta eso? ¿No prefieres algo con un poco mas de azúcar? -intenté comenzar la conversación para relajarme un poco.
El sonrió antes de darle un sorbo a su café.
-De hecho el café me gusta en todas sus presentaciones, hubiera pedido uno de esos -señalo lo que yo estaba tomando- pero creo que últimamente me e vuelto aficionado del café negro y con muy poca azúcar gracias a las noches de desvelo.
-Ya lo creo.
Dio un gran suspiro y se removió en su asiento para después recargar sus brazos en la mesa.
-Oye, muchas gracias por aceptar la invitación –inquirió, un poco más serio pero aun con una chispa de humor en los ojos.
-De nada -sonreí- me agrada tu compañía...
¡Demonios, no debí de haber dicho eso!
-A mí también me agrada la tuya -sus labios se curvaron, tiernos- por cierto, yo ya te conté sobre mí, te toca hablarme un poco mas de ti -pidió.
-¿Mas? -chillé, ¿acaso había algo interesante que contar sobre mi?
Asintió, como si pudiera leer mi mente.
-Sí, estoy llegando a pensar que hablo mucho y no dejo que tú lo hagas.
-No, como crees -me defendí- además te apuesto que tu vida es más interesante que la mía -cuando me di cuenta de lo que había dicho solté un pequeñísimo jadeo llevándome rápidamente una de mis manos a la boca.
-Con que apostando otra vez ¿eh? -Edward me regaló su sonrisa mas picara y me miró maliciosamente.
-Eh, no… a lo que me refiero es que, en serio yo tengo una vida muy simple, no te quiero aburrir -y eso no era más que la verdad.
-Yo diría que es todo lo contrario.
Negué con la cabeza. Yo podría quedarme horas escuchándolo hablar sobre lo que el quisiese y nunca me aburriría, pero el seguro que no tardaría ni dos segundos despierto si me escuchara a mí.
Me miró pensativo.
-Tengo una idea, juguemos a las veinte preguntas –sus ojos brillantes de emoción, creo.
-Muy bien, quien empieza –pregunté antes de que mis labios se apoderaran de mi bebida. Nunca anhelé conocer a alguien tanto como a él.
-Las damas primero por supuesto.
-Ok, veamos…-había tantas cosas que quería saber de él, que no sabía por dónde empezar- ¿cuáles han sido tus vacaciones favoritas? -¡rayos Bella!, ¿no podrías haber preguntado algo mejor, si tenía novia o algo a si?, No, el no podría tener novia, en todo caso no me hubiera invitado a salir.
¿Y a quién se le ocurre preguntar cosas como esas de que cuales han sido sus vacaciones favoritas?
A mí, ¡ja!
Quería saber cosas más profundas de él, todo lo que le interesaba, gustaba y lo hacía feliz, no cosas que cualquier chica le podía preguntar. Yo no quería ser cualquier chica.
-Las ultimas que pasé en Italia junto a toda mi familia -sonrió satisfecho.
-¡Wow! -exclamé- Italia debe ser hermoso, yo lo más sorprendente que conozco es un pueblo llamado Forks que está en Washington -me miró divertido- y eso por que llueve los 365 días del año, nunca sale el sol, aun no entiendo porque a mi padre le fascina tanto ese lugar, aunque bueno, supongo que tiene que ver en algo el hecho de que haya nacido allí.
-Sería el lugar perfecto para los vampiros -dijo con humor.
-Oh sí, los vampiros serian lo único interesante del pueblo. -aclaré, imaginando a un hermoso y deslumbrante vampiro con cara de… ¿Edward? Este chico sí que me estaba volviendo loca… ¿Qué demontre acaba de pensar mi retorcida mente? ¿Qué me está volviendo loca? Definitivamente ya estoy grave, me afectó ver esa película de Dracula- Bueno siento decir que es tu turno de preguntar -lo incité a seguir con nuestro juego antes de que me pusiera a delirar de nuevo.
Me preparé para responder cualquier pregunta difícil.
-Humm… -pensó seriamente su pregunta- empezare por lo más mínimo pero no por eso menos importante. ¿Cuál es tu color favorito? -inquirió, atento a lo que fuera a decir.
-El verde -conteste rápidamente mirándolo directamente a sus profundos ojos.
Si, si, era una pregunta fácil, pero como yo solía hacer siempre algunas cosas mal, esta no fue la excepción. Esta demás decir que ahora me arrepentía de haber escogido aquella como mi primera pregunta, apenas nos estábamos conociendo… en mi defensa puedo argumentar que no era mi culpa el sentir que lo conocía de siempre.
-¿El verde? -cuestionó sorprendido y con una media sonrisa.
-En realidad es el azul, pero últimamente el verde también se está convirtiendo en uno de mis favoritos -en esos momentos me dieron ganas de azotar mi cabeza contra la mesa, no sabía qué rayos me pasaba cuando estaba con Edward, me daban unos ataques de honestidad que no podía evitar.
Desvié la mirada de sus ojos para posarla en la dura madera que corregiría a mi mente perturbada, pero lo que vieron mis ojos fue mucho mejor, ya que en mi vista ahora solo podían aparecer las blancas manos junto -obviamente- a los selectos y esbeltos dedos de Edward.
-Bien, te toca -su suave voz me instó para seguir.
-Tus manos… -escudriñe aun dándoles un rápido vistazo- ¿no has pensado en tomar clases de piano? -Parpadeó un par de veces- tienes unos dedos muy estilizados, estoy completamente segura de que serias un experto.
Fue tan adorable ver como de pronto sus mejillas se tiñeron de un leve color grana. Aún recargado en la meza, distraídamente pasó una de sus manos por su cabello cobrizo, se veía avergonzado por algo, cosa que me hizo sentir mal, pues yo había sido la que lo había provocado. Instintivamente lleve mis manos hacia las suyas, -cosa de la cual seguro más tarde me arrepentiría ya que mi sonrojo siempre me delataba-, en cuanto las toqué sentí como si una pila de mariposas revolotearan en mi estomago.
Nos miramos a los ojos tímidamente.
-¿Qué pasa Edward?
-Nada -sonrió- solo que tocar el piano es uno de mis pasatiempos favoritos, gracias por el cumplido -terminó su explicación soltando una pequeña risita.
Sus manos tomaron el control sobre las mías acariciándolas delicadamente.
Dios ¿cuándo empezaste a crear a los hombres perfectos?, ¿o es que solo decidiste crear a Edward para hacer de mi vida algo más interesante?, si es así ¡gracias!
-Eso es genial –dije, cuando lo vi hacer girar una de mis manos para empezar a acariciar la palma de esta. Las mariposas de mi estomago se estaban volviendo locas- como ya he dicho, debes de ser un experto.
-No, no es para tanto. –repuso, quitándole importancia- Tienes unas manos muy bonitas y suaves -su roce era delicado, me tocaba como si me fuera a romper, como si tocara porcelana- cuando quieras te puedo dar unas clases.
-G-gracias -titubeé, percatándome del leve calor que empezaba a emanar en mis mejillas- pero paso, preferiría mejor escucharte.
Suspiré internamente -si es que eso se podía.
-Prometido –su sonrisa solemne lo respaldó- ¿Extrañas Phoenix? –prosiguió con una nueva pregunta. Me sentí aliviada.
-Sí, sobre todo a mi familia, a mi madre que es como mi mejor amiga –me sentí triste.
-Yo extraño la comida de mi madre y a ella por supuesto –sonrió de forma tierna- y ni que decir de mi papá.
Me llegué a sentir en uno de esos test en los cuales los psicólogos te lanzan preguntas y tienes que contestar con lo primero que se te venga a la mente. Conforme iba adquiriendo experiencia me di cuenta de que era mejor pensar bien en mis respuestas, no quería que mi cara tuviera un rojo escarlata permanente a causa de ellas, podía ver como él disfrutaba verme sonrojándome, pero a pesar de su diversión, terminaba apiadándose de mí y cambiaba su pregunta por otra más sencilla.
Nos emocionamos bastante con el juego, hubo un momento en el que los libros abarcaron gran parte de la conversación, y es que ambos habíamos leído casi los mismos, intercambiamos puntos de vista y me recomendó algunas obras que me aseguró me iban a encantar. Discutimos sobre cosas triviales, como cuales eran las películas que más nos gustaban o las que odiábamos. El juego traspaso las famosas 20 preguntas, pues no parábamos de hablar.
Ya nos dirigíamos hacia el pequeño estacionamiento que pertenecía a Bleecker Records cuando nuestros actores favoritos salieron a relucir.
-¿Leonardo DiCaprio?, ¿qué le ven las chicas a Leonardo DiCaprio? -se quejó.
Hasta hace poco Leonardo había sido uno de mis actores favoritos, hasta creo que estaba enamorada de él, pero después de conocer a Edward, Leonardo y el resto de toda la población masculina pasaron a segundo y último plano.
-Pues que va a ser, es un gran actor –lo defendí.
-Ajá y supongo que su aspecto físico no tiene nada que ver –se carcajeó.
-A sí tuviera una enorme joroba el no dejaría de ser un gran actor –me imaginé a mi actor favorito cargando una enorme joroba en su espalda y me estremecí al ver como su cuerpo varonil se desvanecía. Las comisuras de mis labios que hasta hace un rato esbozaban una sonrisa decayeron.
Edward me miró con una sonrisa traviesa e irresistible.
-Está bien, está bien, lo acepto… es guapísimo… -no tanto como tú, no hay nadie como tú, desvarié- Pero es un gran actor –insistí.
Y entonces se largó a reír, de esa forma tan encantadora, tan maravillosa, tan musical.
-¡WOW! ¿Ese es tu auto? –pregunté, ignorando sus musicales risotadas. En medio de la oscuridad se encontraba un flamante volvo plateado, con personalidad imponente, aire de velocidad y deportividad.
-Sí, ¿te gusta? –lo miró orgulloso.
-Claro, Es el nuevo modelo que lanzó Volvo al mercado ¿no? -Pregunté una vez que ya estuvimos cerca de él.
-Sí, un Volvo XC 60 -inquirió sorprendido- ¿sabes de coches?
-No del todo -confesé- pero coches como este jamás se olvidan, a mi papá le fascinan los deportivos, cuando vio este en un programa de TV no dejó de hablar de el por semanas. Ahora entiendo su gran admiración hacia el auto.
-Tu si sabes, y tu papá también -su gran sonrisa mostro sus relucientes dientes- a mi papá, hermana y a mí nos gusta la velocidad, por lo que todos tenemos autos veloces, aun que mamá a veces es la que nos reprende por conducir deprisa.
-Mamá es un tanto alocada, y para ella la velocidad es algo divertido, aun que claro, ella siempre nos dice que tenemos que ser precavidos, por mi no hay problema, no es como si al estar al volante me sintiera en una pista de carreras –Reneé seguro quedaría encantada con Edward y Charlie con el auto ¡oh si!
Insistió en llevarme a casa y no me resistí, apenas estaba conociendo la ciudad y no quería sufrir ningún percance. Además no me hacia mal estar con él otro ratito, tenía un esplendido sentido del humor, no paré de reír en todo el camino y por supuesto las preguntas no paraban.
¡Ah! Y si me preguntan qué tal conduce, yo diría que como un loco, ¿qué rayos hacia el cromosoma "Y" en los hombres que los volvía amantes de la velocidad?
-¿Tus flores favoritas? –preguntó una vez estuvimos estacionados frente a mi departamento. Al menos no me podía quejar, me preguntaba cosas fáciles de responder, o al menos eso creía.
-Humm… -lo pensé un instante, creo que ni siquiera yo lo sabía- no lo sé -me encogí de hombros- supongo que aparte de las clásicas rosas también me gustan los tulipanes.
Aún en la penumbra nuestras miradas se cruzaron, tímidas pero no vacilantes… fijas y expresivas… ellas lo decían todo en medio del silencio que ahora nos abrazaba.
La noche nos cubría con su manto, las únicas luces que relumbraban eran las del tablero del coche, la falta de luz no hacía que las chispas entre nosotros dejaran de brincar, aun que con la oscuridad estas se intensificaban…
Luminosidad, encubridora de sentimientos y acciones, amiga de la ternura: pasión en reposo.
Oscuridad, pasión desenfrenada… compañera íntima de los amantes, energía intensa y desquiciante, detonante perfecto de conductas y comportamientos limitados…
Corazones de sangre hirvientes… abundantes de alarmantes emociones.
-Bella…
Susurro implicado en la conspiración de las sombras.
-.
Hey Que tal! !estoy viva¡ y es mi cumple, hahaha, sean buens y regálenme un pequeño review (carita de cachorrito mojado de Alice), que mal, dejo de cumplir mis "eternos 17 de Edward" para pasar a cumplir mis "eternos 18 de Bella".
Ok, una aclaración, yo se que han de pensar que la historia va lenta, y en cierto modo así es, pero lo que pasa es que para que ocurra el conflicto y todo ese rollo que siempre existe, primero tengo que hacer que E&B se tengan un poco mas de confianza y pues ya saben siguen en la etapa del "enamoramiento", prometo que habrá algo diferente en el prox cap, y algo sumamente diferente en el que le sigue, no adelantare nada.
Se supone que no debería subir cap hoy porque es mí cumple y tengo cosas que hacer, pero para que vean que no les fallo aquí estoy.
Nos leemos pronto, Saludos.
