The Vampire Diaries no me pertenece.


Gracia

Los intentos de Damon por estar cerca de Elena no tenían límite. Se instaló en su ventana, con la excusa estúpida de acompañarla a alguna parte, cualquier parte. Esta vez la acompañaría al parque ya que, convenientemente, tenía que ir a una tienda que estaba cerca. Una vez allí se separaron, Damon miró hacia atrás y la vio buscar un banco libre para sentarse. Se encontró atrapado en un trance mientras observaba como el viento movía su cabello, con la misma gracia con la que ella se movía inconscientemente.

Pero sabiendo que era solo cuestión de tiempo en la que ella se diese cuenta de que estaba siendo observada, se dio la vuelta y empezó a alejarse. Sus pasos eran más lentos de lo habitual y no dejaba de mirar por encima del hombro con la esperanza de poder echar un vistazo a Elena. No tenía ni idea de por qué encontraba su manera de andar tan fascinante.

Se encontraba a medio camino de la tienda a la que tenía planeado ir - y dejar después de un par de minutos - cuando oyó que alguien lo llamaba.

- Damon, espera. – Gritó Elena a sus espaldas.

Damon se detuvo sobre sus pasos con una sonrisa. Le encantaba el sonido de su voz. La forma en la que vacilaba mientras hablaba… podría escucharla todo el día.

- Se que no vas de compras, por lo que ¿Te importaría quedarte conmigo? – Preguntó con unos ojos grandes y redondos, como de cachorritos.

- Me encantaría. – Respondió ocultando la sonrisa gigante que se estaba formando en sus labios.