Quería morir, detestaba la vida, su vida ¿Es que no podía ser feliz? Cuando su vida comenzaba a marchar en calma algo sucedía que desmoronaba todo y era ahora, justamente en este momento, pasaba algo que ni es sus peores pesadillas hubiera imaginado, si al final salía mal no podría seguir viviendo, simplemente no podría.

El miedo se apoderaba de ella mientras caminaba de un lado a otro en el pulcro pasillo en el cual la luz anaranjada del atardecer se colaba por los grandes ventanales. Sin poder aplacar su angustia, maldecía con zozobra "¡Esto no puede estar pasando!" Se decía una y otra vez, sintiendo como el mundo se le venía encima. Tenía que encontrar una forma de sacarla de ahí, en San Mungo podrían salvarla, lo sabía.

Abrazada a sí misma, iba y venía con ansiedad, se sentía agonizante, se negaba a creer que esto estaba pasando… Tenía que haber una forma de sacarla de ahí… Si algo malo le sucedía, ella no lo aguantaría…

Y en ese punto se desmoronó sobre una incómoda banca que se encontraba pegada a la pared, dejó caer su cabeza entre sus manos y comenzó a sollozar amargamente mientras las lágrimas le caían como riachuelos por las mejillas.

-¡Sarah!–Escucho como a lo lejos alguien buscaba desesperadamente mientras el sonido se iba haciendo cada vez más cercano a la par de unos rápidos y acelerados pasos

-¡Sarah! ¡¿Qué sucedió?! –Al momento alguien se encontraba en cuclillas frente a ella, tomándola suavemente de los brazos sacándola de su sopor y exigiendo desesperadamente una respuesta.

Hermione inmediatamente identificó a aquel a quien tenía enfrente, quien en su semblante denotaba angustia y preocupación.

-¡John por favor tienes que ayudarme! ¡Tengo que sacarla de aquí! Conozco un lugar ahí la podrán salvar–Suplicaba Hermione al borde del colapso, completamente desesperada

-¿Qué pasó? –volvió a decir él, apretándole los brazos suavemente intentando que por un momento se tranquilizara

-Sophie… se complicó- apenas y podía formular la oración, entre palabra y palabra a Hermione se le escapaba un dolido sollozo que no la dejaba continuar, mientras John le acariciaba los brazos intentando calmarla –

Salí a arreglar los papeles de la casa, creyendo que había mejorado… Daisy se quedó con ella… -

Se quedó en silencio por un momento mientras recordaba, a lo que volvían sollozos más sórdidos que no la dejaban continuar

- Unas horas más tarde Daisy me llamó al móvil, diciéndome que traía a la niña al hospital porque se había puesto peor… -la chica se tomó la cabeza con ambas manos suprimiendo su dolor- Llegué al hospital encontré a Daisy…- lágrimas y sollozos- me dijo que se la niña estaba completamente desvanecida y la trajo lo más rápido que pudo – no pudo seguir, sórdidos sollozos salían de su boca-

- ¡Tengo que sacarla de aquí! ¡No puedo perderla!

-¿Qué te han dicho? ¿Cómo está? –pregunto él con exigencia

-¡Nada!-le dijo ella desesperada- Lleva media hora que no sabemos nada… ¡No puedo perderla… es lo único que tengo!...

Y en ese punto Hermione colapsó, su llanto y sollozos se hicieron más profusos mientras su cuerpo entero temblaba, John la atrajo hacia él abrazándola lo más cerca posible intentando reconfortar su dolor mientras le acariciaba la espalda suavemente de forma consoladora, acomodó su cabeza en su hombro y en su cuello sentía lágrimas calientes correr, mientras ella expresaba un muy quedo y casi inentendible "no puedo perderla"

-Tengo que sacarla de aquí-dijo Hermione muy cerca del oído de él aún entre sollozos.

-Tranquila, este es el mejor lugar donde puede estar… estará bien…

-Ayúdame a sacarla de aquí-volvió a exclamar ella suplicante

- Te ayudaré pero… ¿A dónde la llevarías?

Hermione se separó de él dispuesta a explicarle las cosas con tal de salvar a su hija, justo cuando un doctor pulcramente vestido se acercó a ellos

-¿Familiares de Sophie Price?

Ambos inmediatamente se pararon de golpe y se colocaron directamente al frente de él, Hermione sabía que su tono de interrogación no era a propósito, sabía perfectamente quienes eran ellos.

-¿Cómo está la niña?- dijo John alarmado sin dejar de abrazar de lado a Hermione.

-La niña está estable, en realidad está perfecta para tener solo 11 meses… Es muy normal que a su edad las enfermedades respiratorias leves evolucionen a más graves… por suerte el colapso de la niña solo fue el pavoroso aviso de que se podía gestar una neumonía grave, que no dejamos que se desarrollara.

Hermione llevó las manos a su boca intentando contener su grito de impresión y de nuevo gruesas lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, mientras John la abrazaba con más fuerza acariciando sus brazos.

-Quiero verla–dijo Hermione con desespero

- Lo siento, la niña aún está en observación y cuidado intensivo, ya no hay de qué preocuparse pero estas medidas son solo preventivas y para asegurarnos de que todo esté en orden, no hay que bajar la guardia.

-¿Cuándo puedo verla? –Preguntó Hermione ansiosa-

-Siento que no pueda verla en este momento, pero mañana muy temprano podrá estar con ella – Dijo el doctor, mientras levantaba el brazo izquierdo para ver el reloj que portaba en su muñeca- Ahora ya es muy tarde, así que tranquilícese y vaya a casa a descansar que mañana será otro día. Además necesita saber que la niña no saldrá hasta pasado mañana, le repito es solo por precaución, pero ya no hay nada de qué preocuparse.

Hermione sintió tanto consuelo que las lágrimas que ahora derramaba eran solo por alivio y felicidad. John por su parte, acercó a la chica de frente, la rodeo con los brazos la abrazó tan fuerte como pudo enterrando su nariz en su espesa cabellera, la chica por su parte, se acurruco en su cálido pecho y también lo abrazó dejándose tranquilizar y sentir por un momento que todo estaba bien. El Doctor al ver la escena, decidió marcharse dándoles un poco de privacidad.

Y allí se quedaron ambos abrazados por un buen tiempo mientras Hermione se desahogaba, él jamás cedió de abrazarla y de vez en cuando murmuraba frases de aliento y acariciaba suavemente su espalda para aliviarla.

-¡¿Qué paso?! –alguien preguntaba, asustándolos y provocando que se separaran

-Ya está bien Daisy- le dijo Hermione a una chica de unos 18 años quien venía con un par de vasos humeantes en cada mano y que en su cara expresaba un profundo terror.

-¡Ay qué bien! – Exhalo un suspiro- Casi muero de miedo cuando los vi… Ah hola John…¿Cómo está? ¿Cuándo sale?... me tardé demasiado, me perdí entre tanto pasillo ¡Cuéntamelo todo!- le dijo la chica tendiéndole un vaso con té caliente

- Solo fue un susto, está en recuperación, el médico dijo que ya no hay de qué preocuparse pero saldrá hasta después de mañana por precaución… jamás podré agradecerte lo que has hecho por nosotras Daisy

-No digas eso Sarah, no me tienes que agradecer, somos tu familia- De esa forma, se acercó a los dos y alegremente grito -¡Abrazo grupal! – se abalanzó intentando abarcar los dos cuerpos mientras John y Hermione correspondían.

-Está bien, ahora ve a casa Daisy, mañana tienes escuela. De nuevo gracias por todo –le dijo Hermione abrazándola y despidiéndola suavemente

-¡Cierto! Lo había olvidado.

Se despidió de ambos prometiendo volver en cuanto pudiera y exigiendo a Hermione un reporte detallado a cada hora de cómo iba la salud de la niña.

-Te llevo a casa, yo en 30 minutos estoy de regreso acá para hacer guardia–le dijo John a Hermione limpiándole el residuo de una lágrima de la mejilla

-No olvídalo, me quedare yo. Tu ve a casa, te aviso como va todo.

-No voy a dejarte sola. Los hospitales son por si solos una tortura, podemos hacerla más llevadera juntos –le dijo el sentándose en una banca y fingiendo estar sumamente cómodo.

Hermione tomó asiento a su lado, en el ventanal frente a ellos, ahora se veían las esplendorosas luces nocturnas de la ciudad. John quiso conocer completa la historia de la tarde. Hermione comenzó diciendo que la niña ya tenía días con un resfriado de muerte, un par de visitas al médico habían sido suficientes y la niña en un par de días había mejorado, claro que ella ni un minuto se separó de su lado.

Hermione siguió diciendo que justamente un día anterior la niña estaba perfecta, como si jamás hubiera estado enferma, así que planeo ir a arreglar trámites de la casa que había postergado por días precisamente por la salud de la niña. Salió y se dirigió a la oficina administrativa esperando que el trámite transcurriera los más rápido posible, horas más tarde Daisy llamó y el resto de la historia ya la conocía.

-No tenía a quien más llamar… necesitaba a alguien… así que aquí estas… -le dijo Hermione muy apenada.

John no respondió, bajó la mirada y llevó su mano a la de ella, acariciándole con el pulgar los nudillos.

Las horas pasaron y ellos hablaron de distintas cosas, compartieron anécdotas del pasado que por alguna razón tenían similitudes, el primer accidente de niños, los berrinches que hacían… A horas de la madrugada el sopor se apoderó de Hermione quien comenzó a cabecear y a temblar de frío, él la atrajo a su lado más de cerca y la recargo sobre su costado, puso la cabeza de ella descansando sobre su hombro, y el hizo lo mismo sobre su abundante cabellera, pasó un brazo por los hombros de ella y otro por enfrente intentando infundirle calor. Cinco minutos más tarde los dos caían en un sueño profundo.

Al amanecer, ambos se despertaron cuando alguien les avisó que podían ver a la niña. Siguieron a la enfermera hasta llegar a un cuarto extenso en el que había dos cuneros, en uno se encontraba su hija perfectamente sana y dulcemente dormida.

Eran las 2 de la tarde y Sophie seguía durmiendo en una cuna puesta en medio de un espacioso cuarto con tonos pastel y cenefas infantiles, completamente amueblado con encimeras blancas, sillones agradables, cortinas suaves, inclusive una cómoda mecedora en la que se encontraba su madre contemplándola, con John a su lado.

De pronto alguien irrumpió en el cuarto como de forma muy exaltada y agresiva

-¡Hermione hija! ¡¿Cómo está?! ¡¿Por qué no me avisaste Hermione Granger?!

John miró extrañado a quien reconocía fácilmente como la madre de la chica, la había visto varias veces en la tienda y ella misma se había presentado.

-Mama ¿Qué haces aquí?

-¡Fui a visitarte y la chica que trabaja contigo me lo contó todo! ¡Hermione Granger por todos los cielos! ¡¿Por qué no llamaste?!

-Mamá tranquila por favor, ya está bien, está fuera de peligro.

Hermione se acercó a su madre, mientras el lanzaba miradas acusadoras, señalando discretamente con los ojos a John.

-Bah tonterías! No me mires así, él algún día se tiene que enterar... Lo importante aquí es ¿Por qué no me llamaste? ¡Soy su abuela por todos los cielos!

-Tranquila, no quería alarmarte, además ya pasó todo.

Le contó lo sucedido y un momento despues logró calmarse. Hermione, esperaba que John pasara por alto ciertas cosas que su madre había dicho.

Pasó la tarde y en el lapso del día la niña había despertado varias veces, seguía con su jovial alegría, no paraba de reír y pedía con ansias estar en los brazos de cada uno mientras practicaba las palabras que ya sabía y exigía aprender más señalando cada objeto que había en el cuarto.

Llegó la noche y por órdenes de su madre, John llevó a casa a Hermione para que descansara, clara y autoritariamente le dijo

-Hoy me quedo yo con mi nieta, tu ve a descansar que como me han dicho llevas un día completo sin hacerlo.

A regañadientes Hermione se despidió dando un dulce beso a su hija que dormía plácidamente.

Cuando llegaron a su casa, Hermione estaba prácticamente muerta sobre el asiento de copiloto, así que John se decidió a no despertarla. Su misión iba de maravilla, encontró la llave de la casa, estratégicamente escondida en una maceta, entró a la casa con la chica en brazos y la depositó sobre el sillón de la forma más cómoda que pudo. Sabía que tal vez el lugar sería incómodo pero no quería atravesar los límites de la casa, sentía que podía invadir la privacidad de su hogar. Al sentir que era depositada sobre el sillón Hermione despertó sobresaltada y se sentó rápidamente.

-¡¿Me quedé dormida?!

John solo soltó una risilla y asintió levemente. Hermione por su parte se levantó muy apenada intentando arreglarse.

-Muchas gracias por traerme a casa… Gracias por todo… Simplemente gracias por estar aquí…-le dijo la chica sin mirarlo a la cara

-Sabes que no tienes que hacerlo –le dijo el acercándosele- yo estaré para siempre para ustedes…

Quedaron solo a un palmo de distancia y John miraba fijamente a Hermione esperando una respuesta, la chica por su parte miraba hacia el suelo poniendo repentina atención en la correa de su zapato, lentamente volteo hacia él y fijo su mirada en sus ojos. Nada pudo formular, se perdió por unos segundos en su mirada profunda.

Fue tan íntimo que Hermione no lo soportó y rápidamente se alejó de él dando la vuelta y diciendo

-Es muy tarde, si quieres puedes quedarte en la sala, te traeré un par de frazadas. Además aún no hemos comido, prepararé rápido unos tentempiés –y así se dirigió a la cocina

John sonrió de lado entre divertido y extrañado y la siguió.

-¿Cocinando casi a media noche ?Les antojaras a los vecinos tus bocadillos.

Prepararon juntos un par de bocadillos de pan con queso algunos con tomate, espinaca o pera y comieron en silencio sentados en la barra de la cocina uno al lado del otro. Cuando terminaron John le dijo

-Esta tarde, minutos antes de que me hablaras me llamó mi director gráfico quería "verme urgentemente" así como lo digo cuanto antes … ya sabes para concertar una nueva cobertura en un exuberante y apartado lugar, en el que en un par de horas estaría prácticamente llegando porque el boleto y el viaje ya estarían completamente pagados. Lo dude como suelo hacerlo desde que te conozco… Minutos después me llamaste y mi mundo se redujo sólo ti, a ustedes…

El chico miro profundamente a Hermione quien no quitaba la mirada de su plato, después de exhalar un suspiro pesado prosiguió

-Lo que siento por ti no es un secreto, lo sabes perfectamente, lo he insinuado y te lo he dicho abiertamente y no siento ningún arrepentimiento por eso –dijo él serio

-Y realmente siento mucho que sea así… Y también conoces mis sentimientos John… y como te lo he dicho… no puedo. – Volteó a verlo directamente a los ojos y siguió- Mi hija lo es todo para mí y no creo poder con más que eso… con más de lo que tenemos… No estoy preparada, no puedo querer más allá que a mi hija… Nada funcionaria bien, prácticamente estoy imposibilitada para amar… al principio todo parece marchar bien, pero al final el amor no dura, no es suficiente, terminaríamos lastimados… En realidad yo te lastimaría mucho y yo ya no podría soportar una caída más

Hermione le dijo al chico completamente atropellada mientras una a una las frases se iban atropellando a la par que volteaba para todos lados intentando justificarse y abogar por su lucha interna

-¿Cómo puedes estar segura de eso y proyectar un futuro tan fatal cuando ni siquiera lo intentas? –le dijo el elevando la mirada al cielo y volteando luego hacia ella como pidiendo una explicación de una respuesta absurda

-Lo sé, simplemente lo sé. Te quiero John, lo sabes… pero no te puedo dar más que esto que tenemos - le dijo ella tomándole las manos- Además hay cientos de cosas que no sabes de mí y que es mejor que se queden así, no quiero hacerte daño, no quiero y no puedo hacernos esto.

De pronto se alejó de él, con la excusa de llevar los platos al lavabo, se quedó observando el goteo de la llave sin poder decir más. Sintió como él se acercó y suavemente le giro para quedar de frente, le tomo con delicadeza del mentón, haciendo que de nuevo sus miradas se juntaran.

-Mira… déjame a mi decidir qué es lo que es bueno para mí y lo que no… Quiero estar contigo… déjame ser parte de esto, déjame amarlas, cuidarlas, protegerlas, quiero estar para ti cuando lo necesites… para Sophie cuando esté enferma o cuando camine y necesite apoyo, para ustedes, solo déjame…

-No sabes muchas cosas de nosotras… te alejarías si tan solo supieras… Te lastimaré…

Le dijo ella completamente contrariada y con semblante de angustia.

-Por lo pronto sé que tu nombre verdadero es Hermione Granger… -le dijo el sonriendo de lado, mientras ella abría los ojos con sorpresa debido a tan obvio descubrimiento- Mira no sé porque comenzaste una nueva vida alejada de todo, no sé porque de pronto comenzaste a echar raíces en un lugar al que no perteneces en el que no conoces a nadie, no sé porque te viste en la necesidad de cambiarte de nombre y empezar de nuevo… no lo sé y NO necesito saberlo, solo quiero estar contigo y ser parte de este nuevo inicio. Quiero estar ustedes en los mejores y si los hay, también en los perores momentos… Te quiero.

Hermione se quedó pasmada mientras se derrumbaba lo que creía había sido una fachada segura, el asunto era simple: él la conocía… y de pronto los sentimientos que había apretujado y refundido en la parte más recóndita de su ser afloraron, quería a ese hombre aunque se negara a sentirlo.

Como si él le hubiera leído la mente y conociera su ferviente victoria, lentamente acercó sus labios a los de ella mientras que suavemente levantaba el mentón de la chica, intentando hacerlo lo más suave posible para que ella no cediera. Le dio un dulce y casto beso en los labios que ella no rechazó.

-Danos una oportunidad…- le susurro el apartándose solo un poco de ella y aún con los ojos cerrados.

-No quiero hacerte daño… te arrepentirías, te alejaras y realmente te necesito conmigo… -le dijo ella del mismo modo: ojos cerrados y en un susurro.

-Déjame ser parte de esto –

- Ya lo eres –le respondió ella en un susurro cediendo completamente.

Y así de esta forma, ella lo besó dulcemente perdiendo una batalla que desde el inicio se sabía derrotada.

Fue un beso tierno en el que perdieron conciencia de todo y cuando sus labios se separaron aun siguieron abrazados por un rato más.

Para Hermione se desataba una brutal lucha interna en la que se preguntaba qué era lo correcto y qué no, se planteaba si realmente estaba haciendo bien siguiendo por segunda vez su maldito corazón. Se proyectaba pros y contras y todas las posibles formas que arruinarían esto, eran demasiadas concluía y así iba desatando toda una retahíla de ideas en su cabeza unas más fatales que otras hasta que John se separó suavemente y la saco de su ensimismamiento.

-Me voy, si me quedo sería demasiado para un solo día- le dijo el chico riendo- Paso por ti mañana temprano- Le dijo él y dio un beso rápido a la chica, se separó de ella y caminó hacia la puerta muy despacio con la mirada en el piso, cuando se encontraba en el umbral de la puerta volteó hacia ella.

- Te quiero Hermione y así, sin promesas porque sé que las odias, es preciso que sepas que mis sentimientos hacia ti jamás cambiarán… pase lo que pase.


Habían pasado dos días desde que Severus había llegado a la tienda exigiendo ver a Sophie. Dos malditos días en los que Hermione se encontraba sumida en una completa intranquilidad y angustia, no dormía, no comía y estaba completamente aterrada… sentía que su vida se desmoronaba… por segunda ocasión… Definitivamente no sabía qué hacer y no encontraba una solución por más que a cada minuto pensaba una y otras salidas, la mayoría incluían a ella y a su hija en un lugar recóndito, sin embargo la amenaza de Severus retumbaba en sus oídos "Ni se te ocurra huír".

Durante estos días se mantenía instintivamente más cerca de la niña, procuraba no alejarse ni un segundo de ella y de mantenerla cerca, durante ese tiempo a la chica se le vio como autómata, completamente dispersa haciendo cualquier cosa pero eso sí, con la niña cargada de lado en la cintura y propinándole a cada rato un dulce beso o abrazo.

John constantemente le preguntaba si estaba bien, a lo que ella generalmente respondía un escueto "Si" o "Bien", lo que el finalmente terminó aceptando, creyendo que la chica tenía demasiado trabajo.

Justamente al segundo día, se encontraba haciéndole el desayuno a la niña, la cual hojeaba un enorme libro de botánica para niños. Al momento, escucho que alguien había entrado a la tienda y automáticamente se acercó a la niña y la cargo en la cintura, espero y al momento entró Daisy a la cocina con su habitual sonrisa en la cara y le extendió un sobre.

-Correo para ti–le dijo entregándole el sobre- Huele delicioso ¿Qué te preparan Sophie? ¿Quién es una niña consentida? – La chica se dirigió ahora a la niña quien rápidamente se libró de los brazos de su madre para parar en los suyos.

Hermione aprovechando que ahora Daisy cuidaba de su hija, se acercó a la esquina de la cocina y comenzó a examinarlo que Daisy le acababa de entregar, era bastante extraño que el correo llegara tan temprano, generalmente llegaba en la tarde. El sobre era de un papel bastante rudimentario, de apariencia era rústico y rugoso en el que a simple vista se podían ver las hebras de la celulosa, le parecía parecido a un pergamino pero un poco más refinado… Suprimió un grito que retumbaba por salir, sabía de quien era.

Rápidamente lo abrió y extendió una carta escrita con tinta a mano en un pergamino ocre, en el venía escrita una sola de línea.

Mañana Café The Attendant, Londres, 11 am. Ven sola.

SS

Hermione se quedó congelada en su sitio, intentando que su shock pasara desapercibido, intentó tranquilizarse y volteó a ver a su hija, quien se hallaba en su banco alto. Desayunaba al lado de Daisy quien le daba bocados como si fuera una bebe, ambas reían alegremente completamente ajenas a Hermione.


Caramba! Esto se irá poniendo mejor.

A partir de este momento la actualizació será semanal, así que no dejen de esperarla.

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Saludos!